(N/A: Sé que tendré suerte si hay alguien ahí que todavía está leyendo. De todas formas, muchas muchas gracias)


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CAPÍTULO 67

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LA CONFIANZA, PASO A PASO

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Su corazón se encogió al verlo, había evadido estar con él los dos días anteriores aunque su corazón pidiera a gritos que esto pasara, pero ahora él estaba allí frente a su casa. Booth estaba de espaldas a la puerta pero cuando la oyó abrirse se giró rápidamente, ella estaba simplemente radiante. La mirada de él viajó por toda la figura de la antropóloga. Un vestido verde, como sus ojos se veían a veces, que tenía un corte rectangular hasta las rodillas y un escote en V con una cinta negra bajo el busto. Todo el vestido camuflaba bien su vientre, los pliegues hacían sutiles ondas que no dejaban ninguna curva del cuerpo marcada, pero esto no le importaba al agente. El corazón de él se disparó tan sólo oírle la voz, pero cuando la vio quedó paralizado por lo hermosa que era y estaba.

-Woo… Estás… eh…

Booth balanceó su cabeza luchando con retomar la concentración y poder gesticular palabras. Brennan encogió los hombros y bajó la mirada intimidada por la de él. Ángela le iba pagar por aquello, por hacerla enfrentarse a él tan pronto. Volvió a mirarle y éste seguía ahí parado mirándola con cara de idiota.

-¿Qué haces aquí, Booth? -preguntó inútilmente, ya que sabía la respuesta. Él bajó la mirada al suelo, pues mirar a Brennan a los ojos era deslumbrarse de pasión. Suspiró intentando aclarar sus ideas y le volvió a mirar para contestarle.

-Ángela… me pidió… Dijo que tú lo sabías… Yo no tenía la intención de sorprenderte… -dijo sincerándose.

Ángela le había mentido pero no se arrepentía de estar allí, aunque en ese instante estaba más que nervioso pues tener a Brennan cerca de él y no poder acercarla más era lo peor que podía sentir. Sus ojos fijos en los de ella, que mostraban sorpresa ante su aparición. La mirada fue tan intensa por parte de los dos que cuando Brennan la desvió, Booth sintió como se desequilibraba su mundo, no debería haber ido allí, ella no quería que él estuviera allí.

-Yo no… Yo… Yo me voy -dijo girándose con el ánimo por lo suelos. Sabía que no tenía que forzarla a nada, sabía que presentarse allí aunque fuera sólo como amigo era un error, le había hecho daño y por más que quisiera su perdón, había descubierto estos últimos dos días que no se lo merecía. Brennan parecía más contenta cuando él llegó y según lo que Sweets y Ángela le habían dicho, desde hacías unas semanas ella ya parecía haber superado todo lo de ellos, y él simplemente no podía volver y querer que ella lo perdonara porque si no, no sería Brennan, y peor, no sería capaz de simplemente mirarla y recordar que se había acostado con otra y que aquellos ojos azules le habían visto. Era contradictorio quererla tanto y pensar que ésta sería feliz sin él, pero era la verdad. La mirada de él se volvió triste de pronto y se giró como un derrotado, esto hizo que las hormonas de Brennan empezasen a revolucionarse, no podía verlo triste.

Mierda, es Booth –gritó para dentro de sí. Su corazón, meloso por las imposibles hormonas, gritaba. Aún hecho pedazos, no podía ignorar que aquel hombre que salía triste era el único hombre a que había abierto el corazón y aunque éste se lo hubiera roto, no estaba ella en condiciones para controlar sus hormonas protectoras de los Booths. Se mordió el labio intentando detener sus palabras, pero no pudo.

-Booth -llamó con un tono de voz dulce. Él se giró y la miró, los ojos de ella estaban tan cálidos y tiernos. Ésta bajó la mirada al sentir que él la estaba mirando firmemente-. Puedes esperarme en el sofá -dijo abriendo la puerta e invitándole a pasar. Sabía que iba a arrepentirse de ello, pero de alguna forma aquel gesto hacía que las mariposas en su vientre volasen libres. Cuando el hombre empezó a andar hacia ella, su corazón palpitaba vehementemente. Booth pasó por su lado y el perfume de él la hizo soltar un leve suspiro, el cual rogó que él no hubiera percatado.

La tensión del aire hacía que ambos quedasen en suspenso por saber cuál sería el próximo movimiento del otro. Brennan cerró la puerta tras sí y lo vio sentarse en el sofá, se mordió los labios e intentó relajarse.

-Voy a… a terminar de cambiarme. Hay cosas en la nevera… Si te apetece. No he cambiado nada de sitio desde que… Vengo ahora -dijo nerviosa como si tuviera delante a un desconocido o como si fuera una adolecente avergonzada delante del chico que le gusta. Booth le miró con una pequeña sonrisa y ella se sonrojó.

-Gracias -dijo tiernamente. Ella le sonrió y salió.

Booth dejó viajar su mirada por toda la sala.

Nada ha cambiado. Pensó al sentir el olor del perfume de ella que había en cada rincón de aquella habitación. Vamos Booth para de soñar, pensó al ver que estaba con los ojos cerrados y delirando con el olor de esta. Miró hacia donde quedaba la habitación. Qué ganas tenía de entrar allí, abrazarla y llevarla a la cama y hacerle el amor. Suspiró para que aquel pensamiento saliera de su cabeza y fue hasta la nevera, pero antes de llegar allí vio las marcas en la pared. Habían trece. Cada una con una data distinta abajo. Como buen agente, se percató que eran de hacía más de cuatro semanas y todas estaban a la misma altura del abdomen de Brennan. ¿Por qué marcaría la pared? A ella no le gustan las cosas que salen de sus patrones normales, y marcas en la pared son muy fuera de patrones, pensó mientras se giraba hacia la nevera. Seeley, te estás volviendo loco. Vamos, tómate una cerveza fría, te ayudará a relajarte y detener las paranoias, que ya pareces Hodgins.

Brennan entró en su habitación y la cerró mientras recostaba su espalda contra la puerta. Suspiró y se mordió el labio para evitar la sonrisa que apareció ante la sensación de tenerlo de vuelta en su casa. Miró hacia su vientre, estaba bien escondido de él. Pero, ¿hasta cuándo voy a poder negarle a todos que están ahí? Pensó frustrada. Fue hasta el baño. ¿Qué piensas hacer? Se preguntó a sí misma ante el espejo. Booth parecía tan triste cuando se iba… ¿Por qué simplemente no puedo olvidarlo? ¿Por qué tengo ganas de abrazarlo después de todo lo que me hizo?... ¿Y si lo vuelve a hacer? Miró su vientre y lo acarició. «Lo lamento, pero no puedo… Por ustedes, no puedo… Si él se vuelve a ir y me vuelve a dejar… No… No podré con esto. No puedo», dijo apoyándose en el lavamanos. Suspiró intentando no llorar, se miró a sí misma y respirando profundamente por algunos instantes, se guardó todo aquello. Aquella noche no iba a pensar en ello, quería ir con Booth, verlo sonreír le hacía feliz e intentaría hacer lo mismo. Cogió un abrigo y salió hacia la cocina.

Booth abrió la nevera y se quedó mirando su interior. Miró hacia la habitación y luego a la nevera. No había cerveza, al contrario había cosas que Brennan nunca comía, y muy pocas verduras. Abrió el congelador y miró dentro. Carne. Pensó. ¿Qué diablos está haciendo Brennan? Pensó moviendo las cosas dentro de la nevera. Brennan volvió hacia donde estaba Booth y lo miró desde atrás.

-¿Qué haces, Booth? -preguntó curiosa. Booth se giró con los ojos abiertos como platos.

-Nada -dijo cerrando la nevera desconcertado por ella haberlo visto mover sus cosas. Brennan no evito reírse por su cara de haber sido atrapado in Fraganti. Booth la vio sonreír y se quedó maravillado. Era la primera vez desde que volvió que ella le sonreía así tan tranquila-. Estás preciosa -no pudo evitar su comentario. Brennan agitó la cabeza negando.

-Dices eso para que me olvide que removías mis cosas -comentó ladeando la cabeza. Booth sonrió al verla tan relajada con él como estaba.

-Pensé que las cervezas seguían en la nevera, pero no.

-No bebo -dijo cambiando el humor a algo más serio.

Booth juntó sus cejas, claramente confundido.

-Digo que no puedo beber, Booth –explicó. Él la miró de arriba a abajo y luego hacia la pared.

-¿Tiene algo que ver con las marcas en la pared y el hecho de que vomitaras en la escena del crimen? -interrogó serio.

Brennan bajó la mirada y luego se giró. Maldita sea, ¿por qué tiene que ser tan observador?, se preguntó a sí misma antes de suspirar y huir del asunto.

-Deberíamos irnos, Booth, es tarde…

-Brennan –el intento de dejar el tema ahí claramente dejado de lado. La cogió del brazo y la giró quedando frente a frente con ella. Brennan le miró. No podía mentirle mirándole así de cerca. Giró el rostro de pronto e inhaló.

-Es complicado de explicar, Booth -dijo sincera ya que no sabía cómo empezar a contarle todo aquello-… Sólo dame tiempo -dijo soltándose de él.

Booth suspiró, sabía que ella no volvería a confiar en él de la noche a la mañana pero esto lo estaba preocupando.

-¿Volverás a confiar en mí algún día? -preguntó en un tono triste. Brennan le miró y sonrió.

-Vamos… -dijo simplemente. Aquello era más que una respuesta para Booth, era una forma de decir que aún estaba en ello. Sonrió y asintió saliendo con ella hacia el coche.

El camino fue marcado por el silencio de los dos y la voz de Elvis en la radio. Brennan no paraba de pensar en su pregunta de si confiaría en él algún día, pero en verdad no había perdido la confianza en él, solo había perdido la confianza en ellos. Podía confiar su vida en las manos de él, pues lo conocía pero ya no podía confiar su corazón, pues éste estaba en pedazos tan frágiles que tenía más recelo antes de volverlo a confiar a alguien aunque ese alguien fuese Booth.

El auto se detuvo y Booth bajó dando la vuelta para ayudarla a bajar. Brennan sonrió recordando las veces que él había hecho lo mismo. Ambos se dirigieron hacia la entrada. Booth estaba al lado de esta, sin tocarla en ningún momento.

-No puedo –dijo Brennan, obligándolo a mirarla. Booth esperó-. Eres mi amigo… Mi mejor amigo -dijo con una sonrisa reconfortante-, pero aún no sé hasta qué punto ésta amistad salió dañada de esto… -dijo haciendo un gesto como diciendo "de lo nuestro".

-Brennan… -exclamó tapándole la boca con un dedo.

-Quiero creer en que tus palabras sobre mí eran un arrebato de tu furia y de tu ego como macho alfa… Sin embargo… Soy incapaz de racionalizarlas… Así que esta noche no deseo pensar en eso… Sé que es irracional pero te pido que seamos como siempre hemos sido… Entraremos, nos reiremos de Hodgins cuando Cam vea que todos están pasándose de alcohólicos por tanto beber ponche, quizás bailaremos pero después me llevarás a casa y… Y dejaremos lo que sucedió entre nosotros para cuando yo pueda razonar y llegar a una conclusión acerca de los efectos de esto tanto en ti como en mí, y sólo así saber si puedo seguir siendo tu compañera -dijo seria, triste y melancólica.

Booth suspiró y tomó su mano.

-¿Así que bailarás conmigo?

La antropóloga lo miró, él tenía una sonrisa cálida. Esto era lo que ella quería, era lo que él iba a hacer, dejar que ella decidiera cuánta confianza le debía dar y así él poco a poco volvería a ser su compañero. Esto era sólo si no metía la pata nuevamente, cosa que no tenía pensado hacer. Brennan le miró extrañada ante su pregunta pero luego sonrió al ver que él estaba intentando amenizar el clima melancólico, así que sólo asintió.

-¿Me permites?

El sexy agente le ofreció su brazo para que ella lo tomara y pudieran entrar. Brennan sonrió y le enlazo su brazo con el suyo. El salón de fiesta del Jeffersonian estaba lleno. Científicos, empleados, benefactores, todos estaban allí y todos vieron cuando la pareja entró de brazos dados y sonriendo. El equipo estaba en una mesa delante de todos. Se dirigieron hacia ellos deslizándose por entre todos los presentes y arrancando conversaciones en bajo tono en la mayoría de los presentes. Cuando llegaron a la mesa, Ángela tenía una sonrisa pícara en los labios mientras Cam miraba a Brennan con expectativas de que el romance había vuelto. Pararon y se sentaron, las conversaciones a cerca de su reenlace fueran cortadas por Booth al decir lo que a ellos siempre los caracterizó: "Somos sólo compañeros", respondió y todos después de esto ya no volvieron a tocar el tema. Brennan giró la mirada ante una mano que le invitaba a bailar, Sully le invitaba a bailar. Brennan se levantó y se fue con él. Booth bajó la mirada y se concentró en su ponche para contenerse. Ángela se aproximó a él con pena.

-Ella no está con Sully -soltó sin rodeos. Booth sonrió y le miró.

-Lo sé, nunca estuvo… Yo he sido el que ha fallado de los dos. Ella tiene el derecho de buscar a alguien que le sea fiel y su…

-No, Brennan es tuya. Y no me vengas con lo de compañeros y ahora sí que me lo trago… Ve allá e invítala a bailar, se su hombre. No la dejes hacer lo que quiere. Pues por más que diga que sabe hacer las cosas por sí misma, es Brennan y no lo sabe. Vamos, tigre, ve por tu gatita -dijo con una sonrisa cálida.

Booth rió y se levantó asintiendo.

Brennan sabía qué era lo que Sully quería saber, por eso le había cedido el baile. Desde que salió del hospital éste la había cuidado como si fueran sus bebes los que tenía dentro de ella, había abandonado su puesto en el FBI porque ella sólo podía dejar de ir a campo si el agente asignado lo quisiera, así que él lo dejó por Brennan.

-¿Cómo estás? Y ¿Los pequeños?

-Estoy bien, Sully y ellos están un poco revoltosos desde que volvió Booth… Pero creo que es por mi culpa.

El baile era lento, pues a los cerebritos del instituto no les gustaba fiesta con bailes muy agitados. Sully la conducía despacio.

-¿Por qué tú culpa? ¿Aún no lo sabe? -ella desvió la mirada y él supo que no- ¿Cuándo piensas decírselo?

Brennan le miró agitada.

-No lo sé, Sully, no es tan simple. No sé cómo hacerlo.

-Él es el padre. A Booth le encantan los niños, sabes como él es con Parker… No vas a poder esconder a estos dos bajo tu ropa durante nueve meses, Brennan.

-Sólo faltan seis -dijo ladeando la cabeza nerviosa por la forma en que la reprendía. Sully suspiró ante los ojos apenados de esta.

-Díselo… Si no lo harías por ti, hazlo por ellos -dijo cariñosamente. Brennan sonrió y asintió. Booth llego al lado de los dos y toco a Sully en el hombro.

-¿Puedo? -pidió Booth.

Sully, que ya lo había visto antes acercarse a ellos, sonrió y asintió dándole la mano de Brennan a Booth. Ella miró a Sully nerviosa por dejarla con Booth después de lo que le había dicho. Sully sólo se aproximó a su oído para susurrarle:

-¡Lo amas! -afirmó y salió.

Booth le siguió con la mirada unos metros y luego miró a Brennan que tenía la mirada baja. Se aproximó y la atrajo para bailar. Brennan bailaba con la mirada a lo lejos, de una forma fría con él. Sabía que si lo miraba, él comprendería que ella estaba escondiendo algo. Booth se mantuvo callado, ella no parecía a gusto bailando con él y esto le deprimía. La música paró y él se quedó quieto mirándola, esperando alguna reacción, pero nada.

-Vamos a sentarnos -dijo desistiendo de aquello, ella estaba más a gusto bailando con Sully que con él, no le iba a forzar que estuviera a su lado cuando no quería estarlo.

Brennan le miró con los ojos húmedos, tenía miedo de decírselo y no que él digiera que no eran suyos o que no desease a aquellos dos tanto como ella, si no miedo de volver a hacerle daño y de hacerse daño. Se mordió el labio y le sujetó la mano antes que él se alejara más.

-La carne le gusta a Parker.

No sabía qué decir así que decidió darle algo que compartir.

-No… ¿Qué?

Booth le miró confuso. Brennan sonrió tímidamente y le atrajo para que bailasen, sin dejar de mirarlo a los ojos ningún segundo.

-Bailemos, Booth, que deseo bailar contigo -dijo con una pequeña sonrisa que se volvió mayor al ver que éste le correspondía con una. Booth le atrajo y se quedaron a casi un palmo de distancia entre sus cuerpos, una gran distancia para ellos pero que por ahora era bastante próxima.

-¿Me vas a decir qué pasa con la carne y Parker? -preguntó mirándole con dulzura. Brennan suspiró relajándose y dejándose guiar por él.

-Parker come carne y la he comprado para él… También los lácteos y algunos dulces… Yo creo que él me está enseñado cómo comer como tú -dijo riéndose al recordar el niño.

Booth no entendía nada, pero sólo verla sonreír así ya era un gran logro.

-Así que yo te hago comer carne y lo desprecias, pero Parker te hacer comer carne ¿y te pones a reírte?

-No me hace comer carne, yo la como cuando tengo antojos -dijo riéndose antes de darse cuenta de lo que había dicho.

Booth la miró sorprendido. Vómitos, marcas en la pared, mi hijo, antojo. La secuencia de cosas raras que había notado hacía poco, ahora no salían de su cabeza, abrió los ojos como platos y la miró. Brennan percibió lo que había dicho y paró de bailar, asustada ante la mirada de Booth, que como agente del FBI sabia interceptar más que deliberadamente bien a una prueba tan clara.

-¿Antojo?