Perdonad por el retraso, me centré más en mi otra historia porque en definitiva tiene más éxito. Pero me sorprendió que este también os guste. Además, me confundí un poco con el tiempo que pasa. Pues resulta que Sasha, Connie y los demás no se unen hasta dos años después que Ymir, Eren, Mikasa y los otros.

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Capítulo 03: Amabilidad desquiciante

Desde que la morena escuchó que querían matar a aquella chica, decidió unirse también a la milicia. Pero antes de poder unirse, se ha pasado cinco años viviendo en la calle, robando para poder sobrevivir y cada día se iba volviendo más en humana que en titán. ¿A qué me refiero con eso? Pues que tiene que comer la misma cantidad de veces que un ser humano y no como un titán. Por una parte le alegra ya que significa que su vida de titán va quedando atrás, pero por otra parte le fastidia ya que depende del alimento para poder sobrevivir y no morir de hambre.

Pero se acabó su época de ser una ladrona, ¿por qué? Pues al saber que esa chica iba a unirse al ejército, Ymir decidió ir al ejército también para poder encontrarla. ¿El motivo? Tal vez no lo sabe ni ella, pero tal vez la quiera encontrar por los secretos de las murallas. Pues el que viviese fuera de las murallas no quiere decir que sepa lo que ocurre en verdad, y mucho menos si ha vivido 60 años fuera de las murallas. Hay que recordar que las murallas se levantaron hace 100 años, y ella ni tan siquiera había nacido aún.

Ahora, con el uniforme del escuadrón, está con los brazos cruzados hacia su espalda con una mirada muy seria. Van a ser juzgados por Keith Shadis, conocido por hacer pasar a los reclutas un infierno a la hora de juzgarlos. Va uno por uno, retando e insultando a los nuevos reclutas para asustarlos entre gritos. El problema es que no todos se dejan intimidar, por ejemplo, se acerca a una chica rubia de mirada indiferente que con gran tranquilidad lo mira como si nada, diciendo lo siguiente:

-Solo busco vivir por mí misma en la Policía Militar –Comenta como si nada, sorprendiendo al hombre.

Quiere contestarle de alguna manera pero solo logra pasar al siguiente recluta, torturando a los más débiles por una forma decirlo. Son solo cuatro personas las que no se dejan intimidar: Annie Leonhardt, Reiner Braun, Mikasa Ackerman y, cómo no, Ymir. Pero por el momento no vayamos por la morena ya que vienen otras personas más antes que ella, como por ejemplo un envalentonado Eren que jura matar hasta el último titán. Eso solo logra que el moreno se gane la peor burla y risa del hombre calvo, cogiendo su cabeza y obligándolo a girar para pasar a ver a la indiferente Mikasa, confesando que ella solo está ahí para proteger a alguien muy especial para ella, su única familia. El hombre solo sonríe con algo de sorna y mira de reojo a Eren que parece no enterarse de nada, como si la burla del hombre se le hubiera quedado grabado a base de fuego en el cerebro.

Se encoge de hombros y pasa recluta por recluta hasta que se pone en frente de una rubia con la mirada más angelical que pueda encontrarse. Shadis se la queda viendo por un largo rato, notando un ligero temblor en ella y en especial, el horror en su rostro después de ver cómo ha tratado a los demás reclutas. Hay un rato de silencio bastante incómodo para todos, pero eso solo logra llamar la atención de Ymir. Los mira de reojo y no puede evitar mirarla con sorpresa al reconocerla. Es la niña que le dejó su ración de pan hace años.

-¡Y tú quién eres y por qué estás aquí! –Le grita después de ese silencio tan incómodo.

-¡Soy Christa Renz y estoy aquí para ayudar a los demás!

La morena abre los ojos de par en par, igual que la gran mayoría de los reclutas. Y digo gran mayoría porque Annie y Mikasa se dedican a mirarla de refilón, como si aquello no les importase en lo más mínimo, a pesar de que con solo mirarla ya demuestran algo más. La ojidorada sigue mirándola con gran sorpresa.

-¿Ha dicho… Christa Renz? –Piensa recordando a la perfección el nombre que escuchó en la iglesia- Pero qué… ¡¿Para eso ha entrado en la milicia?! – Termina resoplando para que su expresión se vuelva en una de fastidio- No va a durar ni dos horas... -Es lo único en lo que piensa y al parecer, Keith Shadis opina lo mismo, a juzgar por lo que dice ahora.

-¡Entonces sé un buen cebo para los titanes! –Le recrimina para pasar al siguiente después de coger su cabeza y hacerla girar con gran brusquedad.

En el rato que Shadis juzga a los demás reclutas antes de llegar a ella, la morena no puede evitar mirar a la algo asustada rubia. No para de preguntarse porque dijo esa estupidez, ¿acaso quiere morir pronto o algo así? ¿Quiere sentirse útil de alguna manera? Demasiado complicado, pero cuanto más la mira más diferente la ve de las demás.

Esas ideas se disipan cuando el hombre se planta en frente de ella, cruzando sus miradas felinas del mismo color. Se miran como si se estuvieran retando con la mirada, como si el hombre buscara asustarla y al ver que no es así, parece alegrarle.

-¡Quién eres y qué haces aquí! –La chica suspira cansada y toma la posición de llevar su brazo izquierdo a la espalda y su mano derecha a su pecho.

-Me llamo Ymir y vengo para una nueva oportunidad –Dice sin alzar la voz y sin cambiar su expresión en su rostro.

El hombre solo se la queda mirando hasta que suelta una gran carcajada.

-¿Qué oportunidad? ¿La de ser devorada por esos titanes? –La reta, pero la morena no cambia de expresión.

-Lo dudo, señor –Solo dice eso, sorprendiendo al hombre.

Y tal como Annie, no dice nada más y pasa al siguiente. La ojidorada mira de reojo, otra vez, a la rubia de manera indiferente. En verdad esa chica llama su atención de alguna forma que no logra entender. Tal vez haya sido por lo que ha dicho sobre ayudar a los demás. En serio, ¿en qué está pensando esa niña? Eso no la ayudará en nada y mucho menos para poder matar a algún titán, por lo que está de acuerdo con lo que dijo ese hombre calvo sobre que será un buen cebo para los titanes.

Resopla una vez más para que se pasen, hasta casi el anochecer, siendo juzgados por aquel hombre. No castiga a nadie en correr por largas horas así que no hay nada interesante, exceptuando a esa chica que se la pasa observando a cada rato. ¿Lo curioso? Se dice a sí misma que esa chica no le importa y por lo tanto, es como la nada misma a pesar de que se ha unido a la milicia por ella.

Durante el transcurso de los días se la pasa observando a Christa, viendo como siempre sonríe y nunca borra su sonrisa, en como siempre ayuda a los demás a pesar de que no debería hacerlo. Su actitud solo hace que Ymir la mire de mala gana, pues a diferencia de todos esos chicos que babean por ella como unos idiotas, Ymir sabe que su sonrisa y sus actos son falsos, son simplemente para sentirse útil. Le parece demasiado ridículo hacer tantos esfuerzos para que, después de todo, nadie se lo agradezca y lo único que sepan hacer es babear por ella e intentar ligársela.

-Idiotas… -Termina pensando la titán, mirando hacia otro lado muy molesta y siguiendo con lo suyo.

Los días siguen pasando y a Ymir se le va olvidando poco a poco el motivo por el que se unió a la milicia. Pues al ver la actitud de Christa, solo piensa que en cuanto pise el terreno de los titanes, será devorada rápidamente, así que no tiene mucho sentido estar siempre encima de ella.

Como cada noche, Ymir se dedica a pasear por el lugar sin ningún tipo de rumbo. Le molesta estar en el mismo lugar que esos dos idiotas que se la pasan discutiendo siempre, le parece molesto ver como dos niños malcriados se pelean por cualquier tontería.

Suspira resignada y se desordena un poco el cabello hasta que mira hacia el frente, deteniendo sus pasos lentamente en cuanto ve a Christa sentada en el suelo, apoyada en la pared y viendo la luna con una sonrisa.

Pestañea un par de veces, ¿qué hace ahí tan sola? No le importa, así que cuando va a retirarse, sus ojos se ensanchan en cuanto tiene la sensación de ver unas alas en la rubia. ¿Cómo es posible? ¿Incluso ella la va a ver como una diosa? ¡Es ridículo! Pero tal vez sea la señal de otra cosa, como por ejemplo, que esa rubia sea la chica que iban a matar.

Se la queda mirando hasta que al final la rubia se levanta y se marcha. No le quita la vista de encima hasta que desaparece de su punto de mira.

-No puede ser… -Se susurra para ella misma. No quiere verla como una diosa, no quiere ser como los demás.

En estos dos años cuales no se atreve a acercarse a ella, se la pasa observándola una vez más. Y cada día que pasa, le parece más interesante su manera de actuar, e incluso ya no le parece ridículo. Pero una pregunta pasa miles de veces por su cabeza, y es que si sabía que querían matarla, ¿por qué se encabezona con querer ayudar a los demás? Es algo ridículo, o al menos así sigue pensando aún la morena arisca.

Se pasa mucho tiempo pensando en la manera de poder acercarse a ella, pero de alguna manera en que no pareciera una interesada. Es irónico que se tarde esos dos años en poder encontrar la oportunidad perfecta, que irónicamente llega el día de hoy, donde Keith Shadis vuelve a torturar a los nuevos reclutas a base de gritos, como siempre.

Solo que este día es especial. Pues ha aparecido una chica que no se le ocurre otra cosa que comerse una patata delante de él. De manera muy inocente, le entrega la mitad de su patata al comandante, así que a modo de castigo impuesto por Shadis, le toca correr por unas cuantas horas.

En la noche, la morena se dedica a caminar por los alrededores de manera muy tranquila, hasta que de lejos ve como la rubia entra a escondidas a la cocina y sale con un pan y una bota de agua. Ver aquello solo le entra curiosidad, por lo que decide seguirla. Mantiene una distancia segura entre las dos para que la rubia no se dé cuenta, pero entonces ve cómo se acerca a la chica patata, quien está tirada en el suelo.

Se esconde para asomar la cabeza y ver lo que sucede. Sus ojos se ensanchan y una pequeña gota cae por su mejilla en cuanto ve como la chica patata se lanza a morder la comida que le da la rubia. Si no fuera porque se aparta a tiempo, el bocado hubiese ido a por ella, pero Christa se aparta junto a un grito. En cuanto Sasha se da cuenta de lo que sucede porque se encuentra con un pan en la boca y mira a la rubia, sus ojos brillan.

-Sería aconsejable que primero bebieras –Le dice muy amablemente pero de manera tímida.

-¡Diosa! –Exclama abrazándola.

Eso fue la gota que colma el vaso. Con un rostro muy serio y molesto, no duda en acercarse a ellas de manera autoritaria.

-Oye, vosotras, ¿qué creéis que estáis haciendo? –Pregunta llamando la atención únicamente de la rubia, pues la morena ha decidido devorar el pan que le ha cedido la rubia.

-Es que… Ella se la ha pasado corriendo durante horas y pensé…

-¿No es la chica de la patata?

-Sí, es ella

-Entonces preguntaré de nuevo, ¿qué crees que estás haciendo? –Pregunta ya con una mirada amenazante que logra asustar a la ojiceleste.

-Yo… -Solo logra decir eso, pues está muy asustada.

-Te vi entrar en la cocina y robar el pan para esta chica. Ver eso me ha molestado mucho, pues parece que estés alimentando a una mascota a espaldas de tus padres –La riñe severamente- Entonces dime, ¿la estás ayudando para hacer algo bueno o para aumentar tu estúpida moral? –Le sigue cuestionando severamente, ya con Sasha cayendo dormida por el cansancio sobre las piernas de la ojiceleste.

-¿Qué…? No… -Empieza la rubia aún algo asustada, pero pone tal expresión que causa que la cara de Ymir se relaje- Solo lo hice porqué de verdad quería ayudarla, nada más… -Responde de manera tímida y ya no tan asustada.

-Ya, como si yo supiera algo de eso –Comenta de manera desinteresada y se acerca a Sasha para agacharse hasta ella- Vamos, llevemos a la chica patata hasta su cama, puede ser muy duro para ti si la cargas

-Esto… -La mira entre asustada y extrañada- ¿Por qué estás haciendo algo bueno? –Ante esa pregunta, la morena solo carga a su espalda a Sasha para mirar ahora con una sonrisa de medio lado a la rubia.

-A diferencia de ti, lo hago para que ella se sienta en deuda conmigo –Empieza a caminar pero al ver que la rubia titubea un poco, la mira de reojo con una sonrisa burlona- ¿Me vas a dejar sola con esta idiota?

-¡N-No! Voy… -Accede a ir con ella.

La morena carga con la más pequeña mientras la rubia las sigue con cara de preocupación por la chica patata. Al llegar a los dormitorios de las chicas, la ojidorada deja poco a poco a la glotona en su cama para que ahora la rubia la tape cuidadosamente con la manta.

-¿Crees que estará bien? –Pregunta muy preocupada por esa chica.

-Claro que estará bien. Lo único que ha hecho ha sido correr después de comer esa patata –Le comenta de manera desinteresada- Solo mira esa expresión que tiene de felicidad estúpida –Nota que la rubia se la queda mirando algo tímida, por lo que la mira de reojo aburridamente.

-Gracias, me alegra que estuvieras ahí para ayudarme –Le agradece la ojiceleste para tenderle la mano- Me llamo Christa Renz, un gusto –Se presenta muy agradecida pero algo tímida.

Ymir se la queda mirando hasta que suelta una risa sarcástica.

-¿Te alegras de qué estuviera por ahí? –La mira de manera crítica- ¿O ha sido más bien por qué fue conveniente para ti el sentirte útil? –La sigue cuestionando duramente, cosa que hace que la rubia abra los ojos sorprendida y baje un poco el brazo, pero no del todo- Si tuviera que elegir entre vosotras dos… Elegiría a esa tonta para mi propia compensación –Sigue hablando con dureza, cosa que hace que la rubia la mire con mucha seriedad.

-No fue eso… De verdad que quería ayudarla… -Le responde muy apenada ya bajando el brazo del todo pero enseguida la morena le estrecha la mano, mirándola de manera indiferente.

-¿A qué le tienes miedo? –Su dureza cambia a una de aburrimiento tras ver que la chica es sincera- Solo querías hacer algo bueno, ¿no? Entonces está bien, ¿de acuerdo, Christa? –Le dice de manera mucho más suave y cuidadosa.

La rubia sin duda alguna se sorprende por ese cambio de actitud hasta que asiente algo tímida. Ymir siente esa mano tan pequeña entre la suya, sintiéndose extraña ya que nadie le había tendido la mano nunca, ni tan siquiera como una presentación. Además, le sorprende lo pequeña que es su mano y ella en general.

-¿Cuál es… tú nombre? –Pregunta muy tímida pero sin soltar su mano, clavando sus ojos azules sobre los dorados de ella.

Ymir se queda callada mirando esos preciosos ojos azules. Se siente extraña, en especial porque Christa es diferente a las demás y sin saber porque, se ha vuelto en un misterio para ella. Pero ese sentimiento de extrañeza y al mismo tiempo de comodidad, azota de manera muy violenta a la cabeza de Ymir, ya que esos sentimientos significan que su lado humano está luchando por derrotar a su lado titánico.

-Mi nombre es Ymir –Dice al fin, con la misma expresión de indiferencia.

Christa le sonríe muy dulcemente, soltando su mano lentamente. Esa sonrisa hace que el corazón de Ymir reaccione de manera extraña, muy incómoda y molesta para la morena. Su expresión se relaja mucho, sin duda alguna, pero se vuelve en una indiferente de nuevo en cuanto escuchan que la chica patata se va despertando.

-Hola chicas… -Saluda muy somnolienta- Os agradezco el haberme ayudado

-¿Y qué puedes hacer por nosotras? –Pregunta de manera burlona la mayor, haciendo que ambas pestañeen de manera confusa- Te hemos ayudado y alimentado, ¿no crees que nos has de devolver el favor?

-¡C-Claro! ¿Qué debo hacer mis diosas y salvadoras? –Dice con una risa nerviosa mientras Christa la mira extrañada, sin saber que trama la mayor.

-Sacarás el agua que nos toque sacar a mí y a Christa –Comenta sin pensarlo dos veces, junto a una sonrisa realmente arisca y burlona.

-Ey, no le hagas hacer eso, no está bien… -Protege a Sasha de manera tímida.

-¡Claro que no! ¿Cierto, chica patata? –La mira con una sonrisa muy amplia que la hace temblar un poco.

-N-No, claro que no… Pero me llamo Sasha –Se defiende algo nerviosa la chica para ahora mirar a la rubia, con la que se siente más cómoda- ¿Y cómo os llamáis?

-Yo me llamo Christa Renz y ella es Ymir –Le sonríe de manera muy dulce- Un gusto conocerte, Sasha –No se sabe si es por el hambre o qué, pero Sasha vuelve a ver cierta luz que envuelve a la rubia, así que no puede evitar abrazarla.

-¡Diosa!

Christa solo puede reír suavemente por ello mientras Ymir resopla apoyándose sobre el dorso de su mano. No sonríe pero por dentro sí. Pues eso es solo el inicio de una buena amistad entre las tres.

….

Para poder hacer este capítulo me he ambientado en los días de nuestros protagonistas como reclutas (Tomo 04), una parte del doujinshi Messenger y un vídeo que subió una usuaria llamada TomboyDanteMC (/watch?v=zRaqABokmRA).

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¡Gracias por leer!