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Capítulo 06: Honestidad

Ya han pasado dos semanas desde que Ymir y Christa se hicieron la promesa de compartir sus secretos cuando fuera necesario. La condición era que, si Ymir le contaba el suyo, Christa diría su nombre y viviría bajo él.

Desde entonces no han vuelto a sacar el tema, pero sí que las ha hecho ser más unidas, algo que obviamente Sasha nota pero no se atreve a comentarlo hasta ahora. ¿Recordáis que Ymir le hizo prometer llevar sus cubos de agua? Pues es lo que están haciendo ahora, con una Ymir de brazos cruzados sin hacer nada y viendo trabajar a Sasha.

-¿Quieres qué te ayude, Sasha? –Le pregunta muy amablemente la rubia.

-Si no te molesta, por favor… -Le pide con una sonrisa torpe.

-¡Oye! Que debes hacerlo tú sola –Reclama la morena con las manos sobre su cintura.

-Vamos Ymir, no seas así –Le recrimina la rubia ayudándola de todas formas.

Ymir solo resopla y Sasha titubea un poco hasta que reúne el valor suficiente, mirando con cierto temor a la morena.

-Chicas, las veo más unidas que nunca –Siente la mirada de Ymir, así que los nervios se ponen en punta- ¡Perdón sí molesté! –Se disculpa viendo especialmente a la morena.

-Digamos que… las montañas nevadas nos hicieron más unidas –Responde la rubia con una sonrisa muy cariñosa.

-¿Y qué pasó para uniros del día a la mañana? Si no es molestia…

Ymir y Christa se miran de reojo fugazmente, pues a Ymir no le haría gracia que Sasha supiera que se quedó con Christa hasta el final, y Christa lo sabe. Por lo que Ymir salta con otra cosa.

-Dios, ¡para ya! –Se queja llevando una mano a su cintura, ganándose las miradas de ambas- Esa excesiva amabilidad empieza a desquiciarme, ¿es necesario que incluso a nosotras nos hables así? ¿Con tus compañeras? ¡Con nosotras no necesitas ser amable!

-Umm, en verdad no lo hago… -Se rasca la mejilla con mucha torpeza, intentando disimular la verdad.

-Entonces déjame aventurarme en una posible hipótesis –Sonríe de medio lado, como si disfrutara asustar a Sasha- Estás avergonzada del dialecto de tu aldea, ¿cierto? –Da en el clavo a juzgar por la sonrisa nerviosa de la ojiámbar, cosa que la chica de pecas nota- He acertado, ¿eh? –Da unos pasos para acercarse a ella y sonreírle muy burlona- Eres sensible pero al mismo tiempo una cabeza hueca, pues lo único que sabes hacer es cazar y vivir con miedo de los titanes como de los propios humanos –Christa la mira con los ojos muy abiertos mientras Sasha la mira muy nerviosa- Apuesto a que estás aquí por una razón realmente estúpida, ¿cómo tus padres? –En cuanto Sasha pone cara de dolor, Christa no duda en fruncir el ceño y mirar mal a la más alta.

-Ymir, estás hablando demasiado

-Sasha… -No duda en darle un golpe en la cabeza a la rubia con la suya mientras se cruza de brazos- ¡¿Vas a vivir el resto de tu vida detrás de una máscara por el bien de los demás?! ¡Eso es increíblemente estúpido! –Frunce aún más el ceño, ya que después de todo, Christa hacía lo mismo y muchos otros más- ¡Tú eres tú! ¡Y no hay nada de malo en eso! –Y la persona con el peor humor del mundo ha hecho que Sasha abra los ojos y ya no sienta miedo por los gritos y reproches de Ymir- ¡Habla como tú misma, maldita sea! –Termina diciendo desviando la mirada y resoplando de muy mal humor.

Christa lleva un rato acariciándose la cabeza por el golpe y observando en silencio, todavía con el ceño fruncido. Pero Sasha la mira un poco ruborizada ya que es la primera y única persona que se ha atrevido a decirle la verdad a la cara.

-Y-Yo estoy… agradecida… -Agacha la cabeza con mucha timidez, y como está siendo amable, Ymir no duda en mirarla mal- Digo… gracias… -Se lleva la mano a su nuca para rascársela con mucha torpeza- Me tomará algo de tiempo hablar como solía hacerlo… -En cuanto Ymir abre la boca para seguir riñéndola, Christa no duda en saltar para darle un cabezazo en su nuca, que es donde llega.

-¿Aún tienes problemas conmigo? ¡Sasha necesita su tiempo, no la agobies! –Ymir se acaricia su cuello mientras Christa sonríe con ilusión- Hay muchas formas de pensar de cómo son las personas, así que Sasha, ¡di las palabras que se te pasen por la cabeza sin tener miedo de lo que piensen los demás!

-Palabras suaves hace que esto se suavice, ¿eh? –Sonríe de medio lado de manera burlona- Oh bueno, en tu caso, incluso si cambias tu manera de hablar, todavía serás una peste un poco molesta

-¡Ey! ¡Ymir, nadie es tan franco y desconsiderado como tú! –Le responde defendiéndose y tirando de su brazo.

Al ver eso, Sasha pestañea un par de veces algo incómoda por la situación hasta que termina riendo al ver cómo se pelean infantilmente.

-¿De qué te crees que te estás riendo? –La mira con un poco de malhumor.

-Ah, lo siento… -Se vuelve a disculpar hasta que enseguida tapa su boca en cuanto se da cuenta.

Ymir solo puede suspirar agotada y ver cómo ambas se ríen por ello. Las mira un rato hasta que sin previo aviso, sonríe de medio lado y dejando claro que es feliz por primera vez en su vida. Es obvio que ambas se dan cuenta.

-¡Christa, mira! ¡Ymir está sonriendo! –Empieza Sasha.

-¡Es cierto! ¡No sabía que pudiera sonreír! –Apoya a su amiga acercándose a ella.

La morena da un paso hacia atrás poniendo el brazo en medio como modo de protección, levemente ruborizada.

-¡No he sonreído!

-¡Sí lo has hecho! –Exclaman las dos.

-¡Se acabó! ¡Me voy! –Dice muy avergonzada para girarse y marcharse.

Ambas se miran, se sonríen y terminan riendo para ir detrás de ella.

-¡Espéranos! –Exclaman al unísono.

Ella solo sigue su camino intentando despegarse de ellas pero, como os habréis dado cuenta, muy en el fondo disfruta de esto.

En estos días Ymir se dedica a observar más detenidamente a Christa. Ve con más detenimiento su excesiva amabilidad y dulzura que ha causado que los soldados rasos de aquél lugar se "enamoren" de ella, cuando en verdad solo se obsesionan de ella porque es atractiva, es decir, no hace falta decir donde tienen el cerebro, ¿cierto?

Cuando Christa se percata de que Ymir la mira, no la mira mal ni con desprecio o extrañeza, sino que le sonríe y la saluda. Ymir solo alza ambas cejas, se gira sobre sus pies y se marcha, huyendo de sus sentimientos. Eso solo hace que Christa la mire extrañada pero especialmente preocupada, aunque no le saca el tema en ningún momento.

Nuestra morena empieza a aventurarse en lo que siente, en esos latidos que siente cada vez que recibe una sonrisa por parte de la rubia o incluso un inocente toque como el roce accidental de sus manos.

Y sí, si la pregunta es si es que se ha pasado toda la semana con esas dudas. La respuesta es claramente afirmativa, ¿cuándo lo va a admitir? Tal vez sea hoy.

Es de noche y todos se han ido a sus respectivas literas a descansar ya que han tenido un día bastante duro con los entrenamientos. Se han puesto la ropa no militar y las chicas hablan entre ellas, como ya podéis imaginar, Ymir está apartada rebuscando en su mochila. Está dando la espalda a Christa, quien amablemente habla con dos chicas que es la primera vez que se le han acercado.

-Oye, oye, ¡los chicos te estaban mirando otra vez, Christa! –Afirma una chica rubia de pelo corto con ilusión- ¿Te diste cuenta?

-No, ni idea… -Niega tímidamente la rubia, mirando de reojo a Ymir mientras se abraza las piernas.

-¡Pero si no apartaban los ojos de ti! –Exclama la morena con una coleta al lado- Simplemente no lo notaste –Decide sacar esa conclusión.

-Solo no me gusta que me miren sin darme cuenta –Afirma muy avergonzada.

-No hay nada que puedas hacer, tu belleza supera a cualquiera –Afirma de nuevo la otra rubia.

En ese momento, Ymir se da cuenta de que encuentra algo en su mochila, una caja pequeña plateada.

-¿Qué es esto? –Piensa- Debí haberlo robado hace mucho –Concluye sin acordarse de que robó esa caja en la iglesia donde escuchó la conversación de esos dos tipos, pero enseguida se olvida de eso por lo que viene ahora.

-¿Cómo eran tus padres? –Christa abre los ojos de par en par mirando al suelo mientras Ymir las mira de reojo.

-Em… -Balbucea con una sonrisa falsa y triste.

-Seguro que ambos son muy guapos

-No realmente… -Intenta defenderse Christa y pensar cómo evitar el tema, pero recibe una pequeña ayuda.

-¡Christa! –Grita la morena mientras se pone en pie de golpe, muy molesta.

El grito ha sido tal que las tres la miran con los ojos muy abiertos, solo que las otras dos la miran con algo de miedo.

-Ven conmigo

-¿Eh? Pero ya van a apagar las luces –Le responde Christa.

-Como si me importara, vamos –Termina ordenando.

Christa la mira con mucha inseguridad pero termina por seguirla después de despedirse de las dos chicas. Una vez fuera, es cuando la rubia se atreve a hablar, corriendo tras de ella ya que al ser más alta da los pasos más largos y por tanto, está más alejada de ella.

-¡Ymir! –La nombra, pero ni caso- ¡Ymir! ¿Qué ocurre? –Le pregunta una vez la ha alcanzada.

-Eran un fastidio –Dice girándose para mirarla con fastidio- ¿Por cuánto tiempo iban a estar hablando? No te dejes llevar por ellas. Solo di cualquier cosa para terminar con la conversación y ya, ¿o acaso no quieres dormir?

-Lo siento… -Se disculpa.

La morena solo se la queda mirando hasta que se acerca a una pila de troncos posicionados en horizontal y se sienta en ellos, mirándola.

-También hay algo que quiero preguntarte, toma asiento –La invita a sentarse a su lado, por lo que la rubia se sienta a su lado con algo de inseguridad.

-¿De qué se trata?

-Mira esto –Mete su mano en su bolsillo y saca la caja que ha encontrado en su mochila- ¿Sabes lo que es? Creo que es medicina –Christa solo lo mira con curiosidad y, como que Ymir se lo está tendiendo para que lo coja, no duda en tomarlo cuidadosamente entre sus manos- Lo tenía entre mis cosas antes de venir aquí, y la verdad no recuerdo de donde lo saqué –Mientras ella habla, la rubia abre la caja y sonríe al reconocerlo.

-Esto… no es medicina, son dulces

-¿Dulces?

-Sí, están rellenos de anís y te ayudan a dormir –Le explica mientras toma uno entre sus dedos y lo va girando poco a poco, reconociéndolo- Estoy segura de que lo hacen en el monasterio, pues los he probado cuando era niña… creo… -Al recordar su infancia y no recordar una parte de ella, como por ejemplo la mujer morena de ojos azules que aparece en sus sueños, se entristece.

Ymir solo se la puede quedar mirando sin saber qué decir, y cuando va a hablar la rubia se le adelanta.

-¿Lo has probado alguna vez? –Le pregunta la ojiazul.

-No, no que me acuerde

-Ya veo…

-Puedes quedártelo –Concluye la morena, cosa que sorprende a Christa de que ella ceda algo suyo- Ya los has comido antes, ¿no?

-Lo siento, no puedo quedármelos –Le tiende la caja aún abierta- Son tuyos, Ymir, además creo que son muy valiosos

-No me interesan los dulces –Le responde apoyando su codo en su rodilla ya que la tiene alzada y con ello, apoya su barbilla en el dorso de su mano y mira hacia el frente- Pensé que era algún tipo de medicina… ya me había hecho ilusiones –Christa pestañea un par de veces hasta que mira la caja.

-Entonces me lo quedo… gracias –Le agradece sonriendo- Seguro que cuando le dé uno a Sasha, le gustará –Por aquella respuesta hace que Ymir la mire de reojo.

-¿Eso significa… que no los disfrutarás? –Pregunta un poco decepcionada.

-Eso no es cierto –Le reprocha infantilmente hasta que vuelve a sonreír- Estoy muy agradecida, gracias, Ymir

Por ese agradecimiento, la morena separa un poco la barbilla de su mano para mirarla sorprendida y con un suave latido en su corazón que la obliga a mirar al frente, levemente ruborizada.

-Como si me importara…

-¿Puedo probar uno?

-Dije que son tuyos, haz lo que quieras

-En ese caso… -El caramelo que tenía entre sus dedos desde hace rato lo lleva hasta sus labios- Comeré uno

Mientras se come ese caramelo, Ymir mira fijamente sus labios. Por primera vez se fija en ellos y tiene la tentación de besarla, por lo que en cuanto se da cuenta de eso decide seguir con el tema para alejarse de esa idea.

-Y bien, ¿a qué sabe? –Le pregunta mirando con inseguridad al caramelo.

-Sabe bien –Coge otro de la caja y se lo acerca a Ymir- Prueba uno

-¡¿Qué?! No lo quiero –Se niega apoyándose sobre su mano izquierda mientras la otra la apoya en su rodilla.

-Solo uno, ¡anda! –Se lo acerca un poco más para tentarla.

Titubea un poco hasta que suspira y cede, abriendo la boca para dejar que Christa le dé aquel caramelo a probar.

-¿Y bien?

-Sabe horrible –Responde con un rostro casi tétrico, como si hubiera probado la peor comida del mundo.

-¿En serio? ¿El sabor no te relaja? –Le pregunta mientras cierra la caja y se lo guarda en el bolsillo del pantalón.

-Para nada, sabe horrible –Vuelve a apoyarse en el dorso de su mano mientras mira hacia otro lado, intentando quitarse el mal sabor de boca- ¿Qué le ocurre a tu lengua?

Christa solo puede reír hasta que mira el cielo, específicamente la luna. Ymir la mira curiosa y sigue su mirada.

-¿Luna llena?

-No –Niega la rubia- Casi, pero no

-¿Y eso qué importa?

-Aunque no sea llena, creo que será suficiente… -Habla la rubia bajándose de los troncos y sonriendo a la morena- Ven conmigo

-¡¿Eh?! –Arquea la ceja y la mira con reproche infantil- ¿A dónde?

-A un lugar donde pueda expresar mi gratitud por los dulces –Le dice con una sonrisa cálida.

Ymir se la queda mirando y por esa sonrisa, provoca que un suave rubor suba a sus mejillas pecosas, manteniendo su rostro neutro. Christa se va girando sobre sus pies, sin parar de sonreírle mientras lleva sus manos hacia su espalda y entrelaza sus dedos.

-¿Vamos? –La invita amablemente y, sin rechistar, Ymir asiente levantándose de su asiento y la sigue.

Se mantienen en silencio durante el viaje, adentrándose en el bosque. Ymir solo ve como las cabañas se ven más lejos de donde están ellas.

-¿Falta mucho?

-No mucho, ya casi estamos –Le responde sin quitar los ojos del frente- ¿Te acuerdas del caballo que se perdió durante nuestro entrenamiento? –Le pregunta por uno de los tantos entrenamientos de supervivencia que han tenido que hacer- Vine a buscarlo –La morena la mira como si la ojiazul no tuviera remedio en cuanto a su amabilidad- Al parecer se fue a un lugar específico –Ahora pone cara de curiosidad pero al mismo tiempo neutra.

-¿Qué tiene de especial ese lugar?

-Ahora lo verás –Le responde sonriéndole y entonces la morena siente un sentimiento cálido.

-¿Qué co…? –Piensa un poco molesta consigo misma- A lo mejor es efecto del dulce –Termina por concluir.

-Quería venir de nuevo en la noche ya que la luna brilla de manera especial –Sigue sin verla pero su flequillo tapa sus ojos y parte del rubor de sus mejillas, aunque se ve una sonrisa preciosa- Te aseguro que se ve hermoso

Por un momento la morena se queda pálida por los latidos de su corazón.

-No, no es eso… -Piensa refiriéndose a lo del caramelo- Siento como si fuera absorbida por ella o algo así –Sigue pensando, mirándola de reojo- Es como si me absorbiera a un lugar donde no puedo salir, donde no puedo ver… -Su mente empieza a jugar con ella.

Por un momento se ve a ella en forma de titán y a Christa como una niña pequeña. Alarga el brazo para llegar a ella pero enseguida otras manos la alcanzan, viendo como el rostro lloroso pero neutro de una Christa pequeña la mira, apunto de ser devorada. Cuando todo eso se le pasa por la cabeza, de verdad se queda pálida con el corazón en forma de puño, pero la voz del ángel la distrae.

-Ya llegamos –Le anuncia girándose un poco para poder verla y sonreírle- Mira

Ymir abre los ojos sorprendida al ver tal hermosura. Era como si hubiera un hueco en el bosque, como un cuenco hecho adrede para que la luna pudiera iluminar a la perfección al pequeño lago que hay y reflejarse en él.

-Sabía que la luz de la luna se reflejaría

-Esto es demasiado pequeño como para ser un lago, ¿en serio querías mostrarme esto? –Le pregunta llevando su mano a su cadera y disimulando la incomodidad que había sentido.

-Sí… -Asiente mirando el lago hasta que le sonríe con torpeza- Lo siento, te hice venir hasta aquí, pero en verdad quería verlo –Le sigue hablando, mirando fijamente el lago con una sonrisa tranquila.

La ojidorada se queda en silencio, mirándola de manera seria hasta que va dando pasos para acercarse a ella.

-¿Querías? –Sin previo aviso rodea su cuerpo, desde su hombro diestro hasta su costilla izquierda, aproximando su cuerpo al de ella mientras toma su barbilla de manera arisca y sonriéndole de la misma manera- ¡Se supone que esto era un agradecimiento por los dulces y me trajiste aquí! Persiguiendo tus propios deseos… que egoísta por tu parte, Christa –Le dice con el objetivo de molestarla.

Por el gesto de la morena de medio abrazarla y atraerla hasta ella, la rubia solo abre los ojos sorprendida mientras la mira como si no tuviera remedio.

-¡Pero bueno! Esa no era mi intención –Se queja infantilmente.

-No odio ese tipo de honestidad –Le confiesa con una sonrisa egoísta- De hecho… me agrada mucho –Confiesa de nuevo, atreviéndose a besar su frente mientras la rubia cierra un ojo.

La mira sorprendida, llevando su mano derecha hasta el brazo que la rodea.

-¿Ymir? –La nombra sorprendiéndose por ese gesto.

La morena termina por abrazarla por la espalda de mejor forma, pero por los hombros y no por la cintura. Cierra los ojos suavemente por un momento, dejando sus labios sobre su frente mientras sonríe de medio lado, sintiendo ese cálido sentimiento del cual empieza a ser consciente.

-Hace frío y tú me trajiste aquí, así que responsabilízate –Le dice de manera egoísta mientras Christa infla las mejillas infantilmente- No hace tanto frío estando así, ¿cierto? –Dice después de que estuvieran un rato en silencio.

-Tienes razón –Asiente la menor con una sonrisa más bonita que nunca- Se está bien –Confiesa ahora con sus manos sosteniendo los brazos de la morena, como si le pidiera que no se separase de ella.

Ya debéis saber que ninguna de las dos ha recibido un abrazo nunca en su vida, ni tan siquiera el afecto de alguien. Por lo que Ymir se sorprende a sí misma por esas ganas que tiene de abrazar a alguien, pero no le incomoda que sea la rubia; mientras que Christa disfruta de su primer abrazo, un abrazo que ha anhelado siempre recibir.

Se quedan un buen rato de esa forma, calladas y con los ojos cerrados y sonriendo. Pero tarde o temprano tendrían que separarse.

-Ymir, es hora de irse, nos castigarán… -Le informa girándose un poco dentro de sus brazos.

-Cierto, no quiero correr todo el día –Resopla soltándola suavemente.

Se sonríen y empiezan a caminar. Ymir deja que Christa se adelante un poco para poder ver su espalda y permitirse llevar una mano a su pecho, dirigido a su corazón.

-Ya no puedo negarlo más, ¿cierto? Corazón testarudo –Piensa para sí misma hasta que vuelve a ponerse a su lado y le molesta un rato.

Al fin, después de tanto tiempo, admite que siente algo por la rubia.

….

En el anterior capítulo se me olvidó decir que me ambienté en el capítulo 40, mientras que en este ha sido en el capítulo 36 junto al doujinshi Messenger.

Hace tiempo traduje el doujinshi Un perfume lejano, del cual me ambientaré más adelante. Lo podéis descargar aquí desde MediaFire:

download / vpzfa2gxdazvjtg / Un + perfume + lejano . zip

No soy una gran traductora, pero espero que lo disfrutéis :)

Por otro lado, si os ha gustado el capítulo, por favor dejad un review, ya que eso anima mucho a las escritoras y escritores de este lugar n.n