Nota de Autor: ¡SomeSimpleStories os saluda!

Antes que nada, cometí un error en el último cap. Llamé al Imperio Árabe "Imperio Musulmán", me equivoqué, el verdadero es Imperio Árabe, aunque no me di cuenta ya que al buscar información de él en Google Imágenes en concreto te salía lo mismo XD. Como excusa os diré que esto lo estudié en inglés y solía -y suelo- traducir "muslim" (inglés) mal... Mis disculpas. En este cap se llamará Imperio Árabe, espero que no cause mucho revuelo...

Ahora, mi otra disculpa, mucho más importante... ¡Siento tardar tanto en subir! Es cierto que en agosto no pude hacer nada... pero me atrasé un montón, lo siento, de verdad, lo gracioso es que lo he empezado hoy, primer día del curso... se ve que una hace las cosas cuando menos tiempo tiene xD

Y con esto llegamos al cap 20! Que ilusión, llevo 209 páginas en mi LibreOffice! aunque tengo el tamaño de la letra al 18...

Disfrutar de este cap!


No me voy a olvidar de ti

- ¿Estás seguro?

- ¡Claro que sí!¡Será divertido!

- Como te pille...

- Venga, llevan tres cubos de agua helada, si no reacciona con eso no lo hará con nada.

- Me da la impresión de que algo saldrá mal...

- Calla Portu, ¡confía en tus mayores!

- Venga... dejadle en paz...

- Al, si se despierta gracias a esto me tendrás que dar las gracias.

- No creo que te guste lo que pase si se despierta perverter.

- Tú siempre tan pesimista...

- Espera Francia, oigo pasos.

- …

- …

- …

- ¡Otro cubo Señor Al-Andalus!

- Ah... oh, gracias.

- ¿Otro? ¿Qué pasa que os sobra agua o qué?

- Es que no avisé de que pararan...

- Y se te ha vuelto a olvidar, ahora vendrán más irmão.

- ¡Ups!

- Armándola como siempre Al... Bueno, hagamos uso de ese cubo.

- ¿Estás seguro?

- Oui, no vamos a desaprovecharlo ¡Pero lo hago yo!

- No creo que esa haya sido tu mejor decisión, França.

- Portu, ese comentario sobra... Yo nunca me equivoco.

- Ejem, ese comentario también...

- Seguro que estás envidioso porque lo querías hacer tú, honhonhon~

- ¡Venga! No empecéis a discutir.

- ¡Ha empezado él!

- ¡Habéis empezado los dos!

- …

- …

- Venga, ahora terminemos de una vez.

- psss, Portu, ¿Al puede dar miedo?

- ¿A mi qué me cuentas?

- ¡Venga!

- Oui, oui, se te ve emocionado mon cher.

- … Tú hazlo.

- Vale... A la de una...

- …

- …

- … Dos...

- …

- …

- et... Trois!

Notó como algo frío y cortante le cubría todo el cuerpo. Le llegaba a los huesos. La respiración se le cortó unos segundos, aunque no recordaba si antes respiraba siquiera. Por fin consiguió dar una fuerte bocanada de aire, mientras se llevaba las manos al cuello. Empezó a toser. Abrió los ojos, aunque solo veía formas borrosas sin ningún sentido. Empezó a removerse, quería quitarse ese frío de encima, estaba tumbado en algo blando. Consiguió incorporarse, hasta quedar sentado, pero sintió una punzada en la cabeza. Se llevó las manos a la cara y cerró los ojos. Oía unas voces agitadas de fondo, aunque no las entendía ni quería hacerlo. Unos segundos después unas manos le empujaban hasta dejarlo tumbado, no es que hubiera sido difícil, no puso ninguna resistencia. No intentó levantarse. Se llevó una mano a la frente, mientras intentaba enfocar la vista, pestañeando. Le pesaban los parpados, pero quería saber qué había pasado. Se dio cuenta de que estaba calado de agua fría.

Oh, le pegaría un buen puñetazo al que lo hubiera hecho.

Por fin pudo distinguir un techo de tela clara. Y las paredes de una tienda. Al rededor suya veía sombras de gente, una, las más alta, parecía decirle algo. Pestañeó un par de veces y pudo ver a un hombre mayor y anciano. Le sonaba de algo.

Ah, sí, era el médico que curó a Al-Andalus.

- No te muevas, no es bueno que gastes fuerzas. -le dijo con voz tranquilizadora.

Romano iba a hacerle caso, pero vio que detrás suya había tres personitas. Una con los ojos verdes brillando de emoción, otra intentando frenar a la primera de que se lanzara a darle un... ¿abrazo? y una tercera que llevaba un cubo vacío en brazos...

No le costó mucho atar cabos.

- Q... -fue lo último que pudo decir Francia antes de recibir un fuerte puñetazo en la cara.

Los presentes se quedaron petrificados viendo como el rubio caía, casi a cámara lenta. De fondo se oyó un "te lo dije" de Portugal.

El curandero estaba un tanto atónito, Al-Andalus no tardó en sacar un sonrisa y darle unas palmaditas tranquilizadoras en la espalda.

- Se recupera rápido.

Romano se masajeó los nudillos, sentado en la cama, mientras lanzaba una de sus miradas asesinas al público, con el ceño fruncido.

- ¿Qué está pasando? -preguntó con uno de sus peores tonos.

Todos se quedaron callados, puede que con miedo a que se lanzara a atacar al que le respondiera. Sabía dar miedo si se lo proponía.

El curandero respondió después de revisar la nariz del francés.

- Le hemos encontrado tirado entre las tiendas del borde del campamento. Tenía el pulso bajo y fiebre...

- ¡¿Y hacía falta tirarme un cubo de agua fría?!

Esta vez Al-Andalus respondió.

- No, ¡en realidad te hemos tirado cinco! -dijo sonriente.

Portugal se llevó las manos a la cara, seguramente preguntándose por qué le tocó ser su hermano.

- ¡¿Qué?!

Empezó a quitarse las mantas de encima con intención de levantarse y matar al castaño de las peor de las maneras, Al-Andalus debió de leer la atmósfera porque retrocedió unos pasos. Pero en cuanto puso un pie en el frío suelo, le vino otro pinchazo a la cabeza y se llevó otra vez las manos a la cara. Eso sí, sin abandonar su mirada asesina.

- Tienes suerte de que me acabo de despertar, maldita sea. Me vengaré más tarde...

El curandero le volvió a recostar en la cama, esta vez el italiano se intentó resistir, pero o el hombre tenía mucha fuerza o él era un debilucho (votó por la primera, ¡él no era débil!).

- … Asique necesita algo de reposo -concluyó su pronóstico.

Romano soltó un gruñido, no le gustaba que la gente decidiera por él que hacer, aunque tuvieran razón.

- ¿Y cuánto tiempo tengo que estar aquí? -preguntó de mala gana.

- Hasta que le deje de doler la cabeza... -le puso la mano en la frente- Y le baje un poco más la fiebre.

- Vaya... ¡¿Y podemos quedarnos con él?! -Al-Andalus había vuelto a la carga.

El curandero asintió, "siempre que no le molestaran" dijo, y se fue ignorando las suplicas de Romano de que le sacara de ahí.

Al-Andalus le dio un abrazo.

- ¡Roma! ¡Menos mal que te despertaste!

A Romano le molestaba tanto afecto junto y se apartó al moreno de encima. Se puso la almohada en la cara.

- Dejadme en paz. Me suicido. -dijo con la voz ahogada.

Al-Andalus se la retiró al instante, con unas lagrimitas asomando por sus ojos. Mira si era inocente el chico.

- ¡Roma, no! ¡Qué te acabas de despertar!

Portugal se llevó la mano a la cara.

Romano pasó olímpicamente de Al-Andalus y miró a su alrededor. Estaba en la tienda donde trataban a los heridos, ya la había visto un par de veces aunque era la primera vez que entraba... se fijó que en el suelo había un bote de tinta.

- ¿Qué hace eso ahí?

Al-Andalus miró un momento el bote y sonrió ampliamente.

- ¡Cómo no te despertabas con los cubos de agua, Francia dijo que probáramos a pintarte la cara con tinta!

- ¿¡Qué?! -Romano se llevó las manos a la cara con horror.

- Tranquilo, ¡Francia pinta muy bien!

Dicho rubio apareció de la nada abrazando al castaño por detrás.

- Oh la la~, mon cher. Si quieres, un día te maquillo.

- ¡Vale! -dijo Al-Andalus sonriendo como si nada.

Romano arrancó la almohada de las manos del castaño y la lanzó a la cara del francés.

- Auch, Roma, calme, no me dio tiempo a pintarte un precioso bigote. -se quejó el francés, cogiendo la famosa almohada.

- França, o sueltas ya a mi hermano o seré yo el que empiece a tirarte cosas... -dijo Portugal con un tono oscuro.

El rubio levantó los brazos como si le apuntaran con una pistola, aunque no existieran.

- ¡Hermano! No me ha hecho nada...

- Jo que no...

- Romano, no me delates trître.

- Perverter...

- Pero si no me ha hecho nada...

- ¡Claro que no! ¡Estos dos solo se han aliado para confundirte!

- Lo que tu digas, bastardo.

- ¿Ves? Si hasta Roma me da la razón...

- Cambio de idea, estoy con Portugal.

- ¡Ah! ¡Me estáis liando!

- Será mejor no meter demasiadas cosas en esa cabecita tuya... -zanjó Francia, dando unos toques con el dedo a la cabeza de Al-Andalus, que se rió.- Hablemos de algo más importante... Romano, ¿qué hacías inconscient?

Todo se quedó en silencio y los tres países miraron al italiano, que sintió la necesidad de esconderse bajos las sábanas.

- Y-yo qué se, no estaba despierto.

- Venga Roma, de repente desapareciste... -dijo Al-Andalus con cara de preocupación.

Portugal le miró más serio.

- Te hemos encontrado esta mañana, estabas tirado entre un par de tiendas en el borde del campamento.

- ¿En las tiendas? -preguntó Romano.

- Oui, mon cher, y me apuesto mi mejor vestido a que esa posición era muy incómoda...

- Francia, ¿llevas vestidos?

- Al, yo llevo todo lo que me quede bien~ y no es poco.

- Ja ja ja...

Romano ignoró la conversación de los tres países, a la que Portugal también se había unido. Le parecía raro que lo encontraran ahí. Recordaba con claridad que se había ido a las afueras del campamento para estar más tranquilo, y se había asegurado de que no hubiera ninguna tienda cerca. Pero entonces apareció ese hombre, el Imperio Árabe... y todo se volvió borroso. Apenas recordaba la conversación que tuvieron, sólo que ese imperio sabía quién era, no con detalles, pero lo suficiente como para darle escalofríos. Ese hombre había provocado que se pusiera nervioso, muy nervioso, aún notaba su corazón latir a toda velocidad con solo recordarlo. Y luego... ¿Había caído inconsciente? ¿Así de fácil? ¿Tan débil era? Bueno, últimamente no es que estuviera muy fuerte, sabía que eso tenía que ver por haber viajado al pasado, de alguna manera. Si se había desmayado por un corte, con ponerse nervioso podía haber pasado lo mismo...

Entonces no entendía por qué seguía entero, en ese estado el árabe podía haberle partido en cachitos y nunca nadie volvería a saber de él, ese hombre no era conocido por su afecto... Además, ¿cómo había llegado a las tiendas? ¡Los desmayados no andan! No qué el supiera, que tampoco sabía demasiado...

Pero el único que podía haberle llevado de vuelta al campamento era el Imperio Árabe.

Sabía algo.

- ¿Romano? ¡Eeeeeoooo! -Francia le pasaba la mano por la cara.

El italiano se sobresaltó.

- ¡¿Q-qué?!

- No has respondido a la pregunta. -dijo Al-Andalus, con cara de preocupación.

- ¿Q-qué pregunta?

- Cómo acabaste así, esa pregunta. -respondió Portugal, algo molesto.

Romano se quedó callado un momento.

- …

- Et bien?

- No me acuerdo. -los otros tres le dedicaron una mirada de sorpresa.- No lo sé, iba andando y de repente estoy aquí, rodeado de gente que quería que pillase una hipotermia, ¿vale?

Portugal le miró fijamente, casi como si pudiera leerle la mente, Francia también parecía curiosos, y las miradas del francés siempre habían sido indescifrables y terroríficas para el italiano, en muchos sentidos.

Por suerte, Al-Andalus era otra historia.

- Tranquilo Roma, no pasa nada si no lo recuerdas, algún día te volverá. -le puso la mano en el hombro, como reconfortándolo.- Venga chicos, vayámonos, que el curandero dijo que si le dejábamos descansar estará recuperado para la tarde.

Si al final el doctor iba a ser buena persona.

El comentario de Al-Andalus pareció funcionar, porque Portugal y Francis dejaron de hacerle caso.

- Oh, c'est vrai!, tengo que ponerme a hacer las maletas...

El castaño se quedó congelado.

- ¿C-cómo que las maletas?

- No puedo alejarme de mi país tanto tiempo, ¿y si Sacro Imperio Romano ha vuelto a atacarme?

- Pero lo habrías sentido...

- Pero hay que prepararse para contraatacar, ese chico es pequeño pero matón, y una cucada, todo sea dicho.

- Seguro que si llega a ser feo le echas a patadas... -pinchó Portugal.

Francia le dedicó una sonrisa difícil de interpretar.

- Aprecio tú opinión, mon cher, tú eres bastante mono, dime, ¿debería conquistarte? -le dijo con un tono poco agradable, acercándose a él.

Portugal retrocedió unos pasos y le miró de la peor de las maneras.

- Ni lo intentes.

Francia sonrió.

- Eso ya lo veremos. -dijo sin abandonar ese tono, se dio la vuelta hacia la puerta.- Bueno, me voy, que hay mucho que recoger, nos vemos esta tarde, au revoir! - y desapareció.

- No sé cómo puedes ser amigo suyo. -gruñó Portugal.

- ¡En realidad es muy majo! Me cuida mucho... -intentó defenderle el otro castaño.

Romano rió por lo bajini.

- No lo dudo... -dijo, ocultándose la boca bajo las mantas como si estuviera riéndose.

- ¿Ves? A Romano también le cae bien. -dijo Al-Andalus, apuntando al italiano con la mano.

Portugal se llevó la mano a la cabeza, murmurando algo como "Me tocó un hermano tonto" y se dirigió hacia la entrada.

- Me voy, yo también tengo que preparar las maletas.

- ¿Qué? ¿Tú también te tienes que ir? -se giró hacia él el castaño, sobresaltado.

- Claro, te dije que no iba a acompañarte a la batalla, para mantenerlo todo en orden mientras tú no estés. Y cómo saldrás dentro de pocos días hacia Toledo...

- ¿¡CÓMO?! -ahora le tocaba a Romano sobresaltarse.

Al-Andalus dio un salto al ver al italiano incorporarse de golpe.

- Hey Roma, no aún no puedes hacer movimientos bruscos...

- ¿¡Cómo que nos vamos en unos días?!

Portugal volvió a llevarse la mano a la cara con un suspiro, empezaba a ser un gesto común en él.

- Vosotros dos... No os enteráis de nada. -dijo, y salió afuera.- Me iré a la vez que Francia, por la tarde.

Al-Andalus y Romano se quedaron solos, en una atmósfera de tensión. El italiano se cruzó de brazos, ignorando las quejas de su cabeza por levantarse de golpe.

- ¿Y bien? -dijo, dedicándole una mirada que habría matado a un oso.

Al-Andalus puso una sonrisa nerviosa.

- E-eh, y-ya ves, qu-que nos vamos dentro d-de p-poco... -dijo un poco tembloroso.- D-deja de mirarme así, a-anda.

Romano no hizo caso de su súplica.

- ¿Dentro de cuánto?

Al-Andalus se puso a contar con los dedos de su mano.

- C-cuatro días.

- ¿Y por qué no me lo has dicho antes? -siguió con el cuestionario.

El castaño miró al suelo.

- E-estabas inconsciente...

- ¿Hace cuánto que lo sabías?

- P-pues unos días... -le miró brevemente, pero el italiano no había cambiado su expresión.- ¡S-se me olvidó! ¡Han pasado muchas cosas!

Romano se tumbó de espaladas a él, tapándose con las mantas.

- No te gusta que la gente se olvide de avisarte de las cosas, pero tú haces lo mismo. Algún día se te olvidaran cosas demasiado importantes. -dijo con algo de rencor en su voz.

Odiaba qué al castaño se le olvidara avisarle de las cosas. Incluso cuando era un imperio le avisaba de que se tenía que ir a alguno de sus viajes el día antes o con apenas unas horas de antelación, u otras veces ni siquiera tenía tiempo de despedirse. Y Romano se enfadaba, porque le hacía sentirse poco importante, como si solo fuera un territorio más, un peso en la espalda. Como siempre le trataba todo el mundo.

- Pero entonces tú me avisarás, ¿verdad? -la voz de Al-Andalus sonaba pensante.- Me dirás cuando hago esas cosas y me regañaras ¿no? Y entonces yo pediré perdón mil veces, de verdad, y me esforzaré en no volver a hacerlas, aunque falle. Porque soy un cabezón...

Pero siempre se disculpaba.

Romano se giró hacia él, atravesándole con la mirada, pensando. Al-Andalus tenía una pequeña sonrisa, si le asustaba su cara, no lo mostró.

- ¿Verdad? -repitió, mirándole a los ojos.

Romano se volvió a dar la vuelta y se tapó con las mantas, con un gruñido.

- Esta tarde iré a despedirme de esos dos inútiles, más vale que llegues pronto. -volvió a gruñir.

Al-Andalus se quedó un momento callado. Pero de repente oyó como daba un saltó.

- ¡Vale! ¡Te juro que no llegaré tarde! -Romano dudaba bastante de eso último- Te dejo tranquilo, ¡hasta luego! -dijo, saliendo corriendo por la puerta.

Se tapó hasta la cabeza con las mantas.

- Maldito crío. -murmuró antes de quedarse dormido.

-o-

Tenía una sensación extraña. No dolía, pero tampoco le agradaba. Era como si estuviera suspendido en el aire, no sentía nada encima suya o debajo, ni frío, ni calor. Como si jamás hubiera sentido nada. Un escalofrío le recorrió la espalda.

Y abrió los ojos.

Estaba en la tienda de enfermería. Todo estaba normal, ni siquiera era de noche. Se preguntó si había dormido más de dos horas.

Pero esa sensación persistía.

¿Porqué no notaba la cama en la que estaba tumbado? Tampoco notaba la sabana que le cubría ni la ropa que llevaba puesta, era extraño.

Se incorporó hasta quedarse sentado en la cama. Se frotó los brazos, aún debajo de las sábanas, estaban helados. Todo él estaba frío. ¿Tanto había bajado la temperatura? No lo sabía, no lo notaba.

Se llevó la mano a la mejilla, también helada. Si no fuera porque respiraba perfectamente creería que estaba muerto.

Se frotó las manos en busca de calor y las echó un vistazo. Pero se quedó -aún más, si era posible- helado.

¿Dónde estaban sus manos?

Bueno, estaban ahí, las notaba y las veía. Por poco, pero aún podía verlas, apenás una silueta. Se las llevó a los ojos, nervioso, podía ver a través de ellas perfectamente, como si estuvieran hechas de aire. Se levantó las mangas de la camisa, pero sus brazos estaban igual.

Echó un rápido vistazo a su alrededor. Encontró un pequeño espejo de plata bruñida al lado de su cama y lo cogió con su casi desaparecida, pero aún tangible, mano. Y miró su reflejo.

O lo que quedaba de él.

Miró con horror como su cara iba haciéndose más y más transparente, casi hasta el punto de poder ver la pared de detrás.

Sabía lo que pasaba. Se estaba hiendo. No sabía a dónde ¿Al presente? ¿De vuelta a casa? ¿Por fin?

¿O estaba desapareciendo?

Lo cierto es que ignoraba lo que le iba a pasar si seguía así, pero ahora debía quedarse ahí, le había prometido a Al-Andalus que le acompañaba a esa guerra suya.

Y le había prometido que se despediría con él de esos dos, esta tarde. Tal vez no lo hubiera parecido, pero eso también era un promesa.

Tenía que evitar irse, por el momento.

Empezó a frotarse las manos y los pies con fuerza, encogiéndose y tapándose todo lo que podía con la manta. Tenía que entrar en calor, era lo único que se le ocurría.

Se echaba el aliento en las manos y escondía los pies lo máximo que podía dentro de el enorme camisón que le habían puesto los médicos. Abrazado así mismo, como un niño sufriendo una pesadilla.

Estuvo así lo que le parecieron horas, aunque puede que solo fueran minutos, hasta que empezó a notar un ligero calor en sus mejillas y el peso de la manta encima suyo.

Soltó un suspiro de alivio y, como última prueba, abrió los ojos y miró sus manos. Estaban ahí, las veía perfectamente, contó los dedos y todo por si acaso, dos veces.

Pero no se quitó la sábana de encima, ni se movió un pelo, quien sabe si le volvía a pasar, sabía que lo haría, y tenía que evitarlo.

Pero en algún momento ya sería imposible.

Intentaría atrasarlo lo máximo posible.

-o-

- Romano, no te tapes tanto, estás sudando.

El nombrado se removió un poco en sueño y abrió los ojos. Es verdad, tenía calor. Miró a la persona que le agitaba levemente del hombro. Al-Andalus.

No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, lo había conseguido, era visible.

El castaño le miró extrañado.

- ¿Romano? ¿Estás sonriendo? ¿Tienes fiebre? -dijo, poniéndole la mano en la frente.

El otro gruñó, volviendo a su cara habitual.

- Estoy bien inútil, me has despertado... ¿Estoy sudando? -dijo, llevándose la mano a la frente y notándola mojada- ¿Y qué haces tú aquí? Habíamos quedado fuera...

- Estabas encogido y tapado con la manta hasta el cuello, bueno, en realidad te habías cubierto hasta la cabeza. ¡Con este calor uno no puede hacer esas cosas! Y... te dije que llegaría a tiempo, ¡y para demostrártelo he venido a buscarte y todo! -explicó sonriente.

Romanó soltó un gruñido mientras se levantaba, no había entendido nada de lo que había dicho el castaño, demasiada información cuando acababa de despertarse.

- Bien... Ahora vete. -le soltó al castaño.

El chico le miró sin entender.

- ¿Qué?

- Que te vayas. -repitió, pero Al-Andalus no cambió su cara- No me pienso cambiar delante tuya, fuera, vamos. -hizo gestos con las manos para que saliera.

- Aaaah, haberlo dicho antes. -le respondió el menor con una sonrisa, saliendo- No Francia, se va a cambiar ahora... qué no... -se puso a discutir con alguien de fuera. Provocando que a Romano le dieran escalofríos.

Se cambió lo más rápido que pudo y consiguió ponerse la última bota justo cuando cierto francés asomo la cabeza por la entrada.

- Oh, merde -susurró.- ¡Hola Romano! ¿Has dormido bien?

- Te he oído pervertido, así que quitate esa sonrisa estúpida. -señaló a su bota- Tienes suerte de que ya me la haya puesto.

El rubio no quitó esa cara suya, o a lo mejor era así y no se la podía cambiar.

La cabeza de Al-Andalus emergió de la nada junto a la del francés.

- ¡Oh! ¿Ya estás listo Romano? Mi hermano nos espera a la salida del campamento. -dijo, y volvió a desaparecer.

Francia se quedó un momento más ahí, como lamentándose por haberse asomado demasiado tarde.

Romano salió por la puerta, quitándole del medio con un empujón y sacándole de su ensimismamiento.

- ¡Au! Roma, que mi nariz aún esta dolida por lo de esta mañana...

- Tú nariz me importa menos que las hormigas, vamos -gruñó el italiano, marchando por delante de él.

- Eeeeeh, excusez moi, Romano, pero vas en dirección contraria...

- …

- ¿Romano...?

- Agh, venga, vamos, maldita sea...

- Honhonhonhon...

Por fin (sí, por fin, porque les costó) llegaron a la salida del campamento, bueno, salidas haber había muchas, esta solo era un poco más espaciosa por los carromatos que iban y venían.

Estaban colocando las últimas maletas, las de Francia, que parecía que se había traido el palacio entero, en el carro. Al parecer el rubio había llegado con una guardia real o algo parecido de la que se había estado escabullendo, así que ahora a los soldados no les hacía mucha gracia cargar con las maletas de su superior cuando no le habían visto el pelo. Había más de una mirada asesina por ahí.

No hace falta decir lo bien que le caían a Romano esos soldados.

Portugal iba también con otro carro, más pequeño, ya que no se iba tan lejos y ni con un cuarto del arsenal de maletas del galo, que por fin había terminado de subir la última.

- Y con esta va la última... -le dio un último empujón al baúl que acababa de subir.

- ¿P-por qué os tenéis que ir? ¡BUAAAAAH!

Al-Andalus lloraba como una magdalena.

Francia le dio unos toques en la cabeza, mientras le prestaba un pañuelo. El castaño se sonó fuertemente en ellos.

- Tranquilo, Al, tranquilo. Esto no es un adiós, sino un hasta luego -puso lo que en el futuro se llamaría voz de película.

Al-Andalus seguía deshidratándose.

- P-pero tú, y Portugal, os vais... ¡BUAAAAH! -volvió a su llanto.

- Irmão, no me voy tan lejos -ignoró el "¡yo también existo!" de Francia- Además, aún tienes a Romano.

Al-Andalus paró un momento de llorar y miró al italiano, que estaba apoyado en uno de los carromatos, unos segundos.

- ¡BUAAAAAAAH! -se echó de nuevo a llorar en el hombro de Francia, más si cabe.

- ¡Eh! ¿Qué quiere decir eso? -le gruñó el italiano.

El castaño volvió a sonarse fuertemente en el pañuelo que le había dado Francia.

- Os... echaré de menos... -esta vez no acabó la frase con un "BUAAH", algo bueno en teoría.

Portugal se llevó la mano a la cara y se acercó a su hermano.

- Al-Andalus, venga, no pas-

Se cortó cuando su hermano se lanzó a darle un abrazo, puede que por no poder respirar.

- Her-hermanito, n-no te vayas...

Portugal le alejó un poco de él, revolviéndole el pelo con una mano.

- ¿Hermanito? Pero si soy mayor que tú.

- D-da igual, ese no es al caso...

- Al-Andalus.

- ¿Qué?

- Limpiate la nariz, anda...

El castaño no pudo evitar reírse un poco y sonarse por tercera vez.

- Mocoso... -se quejó Romano.

Portugal se separó del abrazo de su hermano.

- Bueno, Al, nos tenemos que ir ya, será mejor que no llegue por la noche...

- P-puedes quedarte otro día más y eso...

- No, lo siento hermano...

Al-Andalus volvió ha echarse a llorar, decir que era malo en las despedidas sería poco.

Francia le dio su "abrazo" (ahí había más que eso, pero el castaño ni se enteraba) de despedida. Por una vez, Portugal le dejó que se acercara a su hermano, se giró a Romano.

- ¿Tú te quedas con él? -le dijo, serio.

- Sí... -el italiano estaba algo nervioso de que le mirara así.

- Que no le pase nada, le dejo en tus manos. -le tendió la mano.

Romano se la dio, con la mirada del portugués clavada en él. Se preguntó que pasaría si le pasaba algo a Al-Andalus... no, no quería imaginárselo...

Francia se separó del castaño con cara de satisfecho.

- Al, ha sido una estancia magnifique, espero que un día te pases por mi casa~ -dijo, subiéndose de un salto encima de la torre de maletas de su carro. Ignoró la mirada asesina de Portugal.

- ¡Vale! Ah, ¡Francia! -sacó el pañuelo- Toma, que te lo dejas.

El rubio miró el trozo de tela con algo de desconfianza y luego sonrió al moreno.

- No hace falta, q-quédatelo tú... ¡Ah Romano! -dijo de repente, señalando al italiano para llamarle la atención.- ¡Qué sepas que no me voy a olvidar de ti! ¡Nunca olvido una cara, no como este sureño...! -miró de reojo Al-Andalus.- Ten por seguro que nos encontraremos algún día... y puede que te conquiste~ -le mandó un beso.

Romano sintió un escalofrío y agradeció que los carros se pusieran en marcha, haciendo que el francés perdiera el equilibrio y se perdiera en su séquito de maletas.

Al-Andalus se despidió con lágrimas en los ojos (aún) y hondeando con fuerza su mano. Portugal se despedía de vuelta y miraba de vez en cuando al carro del francés, que había sacado un pañuelo y se despedía dramáticamente, seguramente con ganas de que sus caminos se separasen lo antes posible.

Una vez hubieron desaparecido, Al-Andalus se dio la vuelta hacia Romano, sonriente, satisfecho por su gran despedida.

- ¡Ahora nos toca a nosotros!


Notas de Autor: Este es un capítulo largo y han pasado muchas cosas y creo qe es el que más diálogo tiene xD. Pensé en dividirlo en dos o así, pero creo que está bien... ¡Espero que os haya gustado!

Lo que Romano se lleva en desmayos se lo gana Francia a golpes... si el pobre va a quedar peor que Roma...

Espero que os hayan gustado Portugal y Francia. Se qué Portugal no ha sido diseñado aún por Himaruya (y como decida hacerlo chica la he cagado...)y no me gusta mucho tener que inventarme un personaje no oficial, ¡Pero a falta de Prusia bueno es Portugal! Así que si a alguien le ha parecido muy OC me lo puede decir, yo he intentado basarme lo máximo en las wikis, ¡Y espero que os haya caído bien!

He escrito un mini one-shot, se titula "Dueño del Mundo", con Rusia como personaje principal. Es muy cortito y decidí usar un estilo algo distinto a las historias normales, así que me gustaría que alguien me dijera su opinión xD No os obligo a leerlo, puede que no os caiga bien Rusia, aunque una vez fue mi personaje favorito (luego llegó España... ya sabéis... *¬* xD). ¡Tomároslo como pago por tardar tanto en subir!

Y ahora... Reviews! (siento si no siempre respondo todos, ¡os mando un abrazo psicológico!):

horus100: Seamos sinceros, Romano es un cabrón, de toda la vida, es lo que le diferencia de su hermano xD

Que si va a haber cambios históricos... tengo como regla no hacer spoilers, así que no contestaré la pregunta~

Gracias por leer!

rin06rimichi: Me encanta que te guste esta historia, y que me digas tu opinión de las conversaciones! me hace muy feliz!

Respuestas de tus preguntas en los reviews~:

- Cap. 13: En la wiki (hecha por fans) te decía que no se llevan demasiado bien ya que siempre están compitiendo el uno con el otro. Yo creo que en el tiempo en el que estoy yo no hay ninguna razón aún como para que se lleven mal, es más, ahora toca trabajo en equipo~ en cambio, lo de que se lleva mal con Francia lo he mantenido xD

- Cap 14: La verdad es que en el tiempo en que están las expresiones son un reto xD, en este mismo cap me habría gustado poner a Francia diciendo: "Siempre nos quedará París", pero claro, ¿Qué París? la ciudad es antigua, pero no hay que pasarse... xD

Y sip, hubo mucha gente que quería sacar el móvil~ es más, tenían ideas muy chulas! lo cierto es que gracias a esa llamada la historia ha mejorado bastante xD

- Cap 15: Feliciano correría la San Silvestre si de premio hubiera pasta...

Me encanta la rivalidad entre Noruega e Inglaterra... y si añadimos a Rumanía que por lo que he oído es un tanto vampírico, mejor! creo Inglaterra, como país que es, se ha visto todas las pelis del cine americano de la historia... creo que por eso ha acabado viendo seres mágicos xD

Olé España!

- Cap 16: Estuve pensando en despertar a Roma de una manera distinta... e.e Que pena que ya sea demasiado tarde~ Francia nació pervertido, le adoro *¬*

En una buena historia siempre tiene que aparecer la típica chaqueta multiusos con cuatrocientos bolsillos dentro, hueco en la manga para las dagas incluido. xD

Finales raros forever!

- Cap 17:Yo también caí una vez en la adicción a la cocacola... Ahora he empezado con la fanta... xD

Me alegra que te guste Portugal! Y gracias por todos estos reviews! es que no pude evitar responder a cada uno de ellos y hoy tenía tiempo de sobra~ Espero que este cap también te guste! Gracias por leer!

Solanco Di Angelo Redfox Roma: Gracias por leer! Este Roma... siempre le pasa algo~ que te guste!

MapleMary: Siento haberme atrasado un montón, watashi no baka! (se lo oí a japón en el cap en el que baila con Suiza xD) Hay muchos datos curiosos que pone himaruya, ah, ojalá tenga sus mangas para leerlos~

Espero que hayas tenido unas buenas vacaciones!

Gracias por leer!

Romano Vargas: Fin del a espera~ xD

Raito: Gracias por leer~! intetnaré subir más pronto~ (no prometo nada...)

Muchas gracias a todos! ya sabéis, os gusta, lo odiáis, os habéis enamorado de francia, o queréis lanzarme un tomate por tardona... me lo podéis poner en review! Da? ^J^

Make Pasta Not War!

Ciao!