Notas de Autor: ¡Aquí SomeSimpleStories!

Espero que os guste mucho, no es un cap muy largo~

¡Feliz Año Nuevo por anticipado!

¡Disfruten! \(^o^)/


Los guardias

La sombras, los susurros y todo desapareció por encima suya, dejándole caer en solitario.

- ¡CHIGIIIIIIIIIII!

No tardó en golpearse con un suelo igual de frío y oscuro que el anterior. De cabeza además, eso solo le ocurría a él, seguro.

Se levantó frotándose la mejilla, por lo menos se había salvado del psicópata de allá arriba...

Ahora que lo pensaba, ¿Dónde estaba?

Miró un momento al "techo" del que había caído, pero no podía distinguir nada de allí, seguía igual de oscuro. Miró al suelo, y se quedó observando su sombra alargada...

Sombra.

¡Luz!

Se dio la vuelta a toda prisa y casi se queda ciego. Soltó un "agh" mientras usaba sus manos a modo de visera. Demasiado tiempo entre oscuridad, susurros y locos. Tardó un buen rato en acostumbrarse a la iluminación, antes de poder ver nada, pestañeando lo más rápido que podía. Por fin pudo distinguir de dónde venía la luz, era algo grande y soltaba un ronroneo muy suave, era...

Un reloj de arena.

Se acercó al objeto, era enorme, por lo menos tres cabezas más alto que él. Y ahora que se había acostumbrado no tenía un brillo demasiado fuerte.

Entonces, al apróximarse, oyó que algo hacía un pequeño "crag" debajo de su pie, dio un salto y retrocedió todo lo que pudo. Ah no, que se abra el suelo todo lo que quiera, pero él no iba a caer otra vez por ahí, ni de coña.

Pero no, el suelo seguía tan firme como oscuro.

Debajo estaba, medio machacada por el pie de Romano, el clavel de papel.

Esa maldita flor.

- ¡Tú! -gritó, enfadado- ¡Muere! -empezó a pisarla con toda la fuerza que podía. Le había metido un sustos de mil demonios ahí arriba, no se lo perdonaba. La iba a dejar hecha polvo. No la iba a reconocer ni su madre. Aunque, pensándolo en frío... la flor no había hecho nada... no, ella no había sido... era el espejismo. Ese maldito ESPEJISMO. Que se deja las cosas tiradas donde no debe. A ese se lo iba a cargar, le iba a pegar de hostias hasta en la foto del carnet.

Ya verás como se lo encuentre.

Cogió la maltrecha flor y se la guardó en el bolsillo, con cuidado de no cargársela más. Se acercó a ese gigantesco reloj de arena. Estaba sujeto por dos enormes columnas de madera tallada con motivos ondulados y algún que otro símbolo en idiomas antiguos, repasados con una pintura dorada. Las bases de abajo y arriba también eran de madera y con grabados parecidos, pero había algo escrito en la parte superior. Tuvo que entrecerrar los ojos para leerlo mejor...

ROMANI ITALIAE

Dio un paso para atrás, releyendo el texto otra vez. Si eso era verdad, ese reloj de ahí era suyo. Entonces ese debía de ser su tiempo...

Se fijó por primera vez en la arena del interior. Era también dorada, parecía hasta brillar tenuemente, pero había algo extraño, la arena no iba hacia donde debería.

Iba hacia arriba.

Se quedó mirando como la arena subía, en contra de la gravedad, y se iba amontonando en el techo, parecía magia. Pero había algo más inquietante... A penas quedaba nada abajo. Podía ver casi toda la base del reloj, al otro lado del cristal.

¿Qué pasaría cuando se gastase?

Extendió la mano para tocar el fino cristal que le separaba de esa arena.

- No puedes tocar el tiempo.

Romano se sobresaltó y se dio la vuelta, pero no había nadie. Miró hacia los lados pero solo había oscuridad.

- ¡Aquí abajo! -una voz infantil sonó a la vez que algo le tiraba del pantalón.

Romano bajó la cabeza.

- ¿Qué... ?

Delante suya había un niño bajito, más bien pequeño. Vestía una caperuza verdosa y le miraba fijamente con unos profundos ojos verde oscuro. Parecía bastante enfadado y fruncía el ceño, con esas inconfundibles cejas...

- ¡¿Qué pasa?! ¿Tengo monos en la cara?

Romano se tapó la boca para ocultar su risa.

- No... Pero cejas sí.

No pudo evitar soltar una carcajada. El niño le miró con enfado y le metió una patada en la espinilla, pero solo consiguió caerse de culo y que roma se riera ya a carcajada limpia.

- ¡Un poco de respeto a tus mayores! ¡Impresentable!

- ¿Mayores? ¡Si me llegas a la rodilla!

El mequetrefre le metió otra patada y, joder, esa dolió. Se agachó al suelo y se llevó la mano a la pierna.

- Enano... te has pasado, maldita sea.

El chico le miró con superioridad cruzándose de brazos.

- ¡Hump! ¡No me llames enano! -el enano hinchó los mofletes con gesto infantil.

Romano frunció el ceño, sentado en el suelo para estar a la altura del chico.

- ¿Y qué haces tú aquí, Inglaterra?

El niño le miró ofendido, cruzado de brazos.

- ¿Inglaterra? ¡Ese no me llega ni a la suela de los zapatos! -Romano se preguntó si no sería más bien al revés, calculando mentalmente la altura el chico- ¡Yo soy Arthur!

- …

- Impresionado, ¿eh?

- ¿No es lo mismo... ?

En respuesta, se llevó una manita al pecho, dramáticamente.

- Yo soy Arthur, ¡qué él me copie el nombre es algo muy distinto! Inglaterra es solo un país debilucho que ha tenido momentos mejores, ¡ahora no vale ni un reloj de arena! ¿Entendido?

Romano no entendía muy bien a qué se refería con esa expresión, pero tenía otras cosas en mente.

- ¿Y entonces qué eres?

El mequetrefe volvió a explotar.

- ¿Qué qué soy? ¿Cómo que qué? Por dios, ¡Me merezco un quién!

Se llevó una mano a la cara, sería mejor controlarse y no mandar al enano volando de una patada. Contó hasta diez.

- Esta bien... ¿Quién eres? -dijo con un tono sarcástico que no se le escapó al rubio- Si puedo preguntar.

El enano sonrió.

- Mucho mejor, al final vas a ser algo educado. -se ganó una mirada asesina- ¿Pues quién voy a ser? ¡Un guardia por supuesto! -explicó como si fuera lo más obvio del mundo.

Romano se había quedado igual. El chico le miró con desdén.

- Cierto, ¿qué vas a saber tú? -soltó un suspiro, decepcionado- Pues bien, te explicaré un poco. No demasiado que nos oyen. -susurró, señalando al techo. Romano dedujo que se refería a los susurros, o eso o tanta oscuridad había vuelto loco al cejudo- Bien, como te he dicho, soy Arthur, un guardia, de dos. Y esto de aquí es un reloj, ¿entiendes?

- Ajá.

- Ya está.

- …

- ¿Contento?

- Estás de coña.

El enano volvió a mirarle como quién mira a una mosca.

- No necesitas saber más, y el reloj parece estar bien, -miró un poco de cerca al objeto, como comprobando si tenía polvo- así que... ¡Adiós! -empezó a andar en dirección contraria, hacia la oscuridad.

No, no podía dejarle así.

- ¡Eh! ¡Espera!

El enano se dio la vuelta un momento, molesto.

- ¿Qué?

Lo alcanzó corriendo.

- ¿Cómo puedo salir de aquí?

El chico lo miró de arriba a bajo, poniéndole nervioso.

- ¿Salir? ¡Ja! Sigue soñando... -siguió andando.

- ¿Qué? ¡Pero si he entrado tengo que salir!

- No se cómo has entrado, pero ya tienes que estar muerto.

Se paró en seco.

- ¿Cómo que muerto?

El niño se dio la vuelta, parándose también, parecía mirarlo con algo de tristeza desde sus ojos verde oscuro. Habló en tono serio.

- No creas que no se quién eres, Romano. Conozco a ese copiota de Inglaterra y sus locuras, aunque no sé como lo hizo para mandarte al pasado... -suspiró- Te ha tenido que pasar algo grave, y has acabado atascado aquí, en el tiempo.

- ¿Qué? ¿A-algo grave? -Romano no entendía, o más bien no quería entender.

El chico se volvió de espaldas a él.

- Sí, como morir. Tienes suerte, hay cosas peores -le dijo en tono suave. Se echó a andar.

Romano se quedó ahí parado.

- ¡Pero no puedo estar muerto! -gritó, en shock.

- Oh, claro que puedes -el rubio no se paró.

El italiano seguía con los ojos abiertos de par en par, incrédulo. No, no podía estar muerto. No después de todo. Aunque lo último que recordaba era él mismo, apuñalado. Pero aún así no podía acabar así, no tan fácilmente. No siendo un país. Además, tenía muchas cosas que hacer. Como vigilar a su hermano, o ir a matar a Inglaterra por hacerle esto, o comer paella con España y... Y ayudar a Al-Andalus, ¡le necesitaba, estaba seguro!

Miró como se alejaba el enano.

- ¡Pues si no me sacas tú... -gritó- ...saldré yo solo!

Se echó a correr en dirección al reloj, no sabía como salir del lugar, pero la única opción que tenía era cargarse esa maldita cosa con su nombre, y lo iba a hacer.

- ¡Espera! ¡No puedes cargarte el tiempo! -oyó al enano correr detrás suya.

- ¡Claro que puedo, inútil! ¡Mira! -y con toda la fuerza que pudo dirigió su puño al fino cristal del reloj.

- Para.

Romano miró incrédulo como una mano enguantada en negro había aparecido de repente, parándole la mano y agarrándole la muñeca. A la mano le seguía un brazo cubierto por una camisa violeta que había visto en alguna parte. Unos profundos ojos azules le miraban fijamente.

- ¿Q-qué... ?

- ¿Es que no sabes ni encargarte de un país, Arthur?

El pequeño se quedó parado a medio camino de Romano.

- ¡L-lo siento, Lukas! ¡Es que me engañó! -dijo poniéndose rojo.

El de ojos azules lo atravesó con la mirada mientras soltaba a Romano, que no se atrevió a moverse.

- Buscate una excusa mejor, llevas cien años con la misma. -hablaba en un tono neutro.

El pequeño se puso rojo, salvando la distancia que les separaba corriendo.

- ¡N-no es una escusa! ¡Él me engañó! ¡Q-quería cargarse el tiem-! -se cayó con un gesto del más alto, se llevó la mano a la garganta, como si de repente se hubiera quedado sin voz.

- Eres molesto... ¿Te callarás? -el chico asintió con fuerza- Bien.

Bajó la mano y Arthur dio una fuerte bocanada de aire, pero no dijo más.

Entonces el tal Lukas fijó su atención en Romano, y ojalá no lo hubiera hecho, porque no pudo evitar temblar un poco al notar la mirada profunda y esa expresión congelada que le escrutaban.

- Y tú... ¿qué quieres? -dijo secamente.

Romano tragó saliva, pensando cada palabra que iba a decir por una vez.

- Q-quiero salir de aquí.

El silencio se hizo en el lugar, uno pesado e incómodo. El noruego no apartó la vista de él y no pudo evitar bajar la mirada al suelo. Arthur se había quedado quieto, pasando la vista del uno al otro, como si fuera un partido de tenis. Al fin habló.

- Lo siento, pero eso no es posible.

Romano levantó la vista del suelo, para clavarla con dureza en los ojos del rubio, que no cambiaron de expresión.

- ¿¡Qué?! ¡No podéis dejarme aquí! ¡Tengo que salir!

- Es imposible.

- ¡Sí que es posible! ¡Y lo vais a ver ahora! ¡Pienso cargarme ese reloj y... !

- ¿Y desaparecer?

Romano se calló de golpe, aplastado por esas palabras. El noruego siguió hablando.

- Este es tu tiempo, en concreto, el reloj que marca tu viaje al pasado. Pero ahora mismo, es más importante que tu reloj original, ya que marca tu presente. -dijo con cierto énfasis- Si lo destruyes, entonces acabarás con tu presente, romperás tu futuro y tu pasado se quedará aquí, congelado. Desaparecerás.

Romano se quedó en silencio, no había apartado la mirada del noruego en ningún momento, sabía que decía la verdad. Pero no la podía creer, no estaba muerto, no lo estaba, solo era una apuñalada, nada más, no estaba muerto...

Cayó de rodillas. Las lágrimas empezaron a escapar de sus ojos.

No podía estar muerto, no podía estar muerto, no podía estar muerto... Era el único pensamiento que inundaba su mente, y no quería que se fuera, no aceptaba otra cosa. Había estado soportando todo eso ahí arriba, en ese lugar extraño, con esos espejismos, huyendo sin parar, para que ahora unos tíos raros vinieran y le dijeran que nunca podría salir de allí, que se quedaría en ese lugar para siempre. ¿Ahora qué pasaría con toda su vida? ¿Desaparecería, sin más? ¿Ya solo sería una sombra del pasado? ¿Uno de esos susurros?...

Sacó la flor de papel del bolsillo, estaba destrozada.

- Al final no has servido de nada. -la dijo con la voz ahogada.

La tiró con fuerzas lejos de él, y se llevó las manos a la cara, intentando acabar con sus lágrimas. No había forma de salir, se iba a quedar allí, ahora sí que estaba muerto.

Oyó a alguien correr al lado suya.

- ¡Lukas, mira esto!

El alto se dirigió a paso lento hacia Arthur. Romano levantó la vista, restregándose las lágrimas, con los ojos rojos.

Arthur tenía la flor en la mano.

- Un clavel... -dijo, entregándoselo al más alto.

Lukas observó a la figurita unos segundos, para luego girarse al italiano.

- ¿De dónde la has sacado? ¿Ya venías con ella?

Romano le miró un momento con la mente en blanco, pero luego volvió en sí.

- No... me la dieron... allí arriba -dijo mirando al "techo".

El noruego asintió vagamente mientras daba vueltas sobre sí misma a la flor, exactamente como había hecho el espejismo del español. De repente una pequeña sonrisa se formó en su cara.

- Con que de ahí arriba, ¿eh?... -susurró para sí mismo.

Le lanzó la florecita a Arthur, que la cogió al vuelo por los pelos.

- Ábrela.

El de las cejas se quedó parado con los ojos como platos.

- ¿Q-que la abra? ¿D-de ver-

- ¿Me has oído mal? ¿O no sabes?

- ¡N-no! ¡Ya lo hago! E-es que está muy rota... ¡Ya!

El clavel dio un brillo y se convirtió en una rosa de papel, casi parecía real.

Romano lo miró sorprendido.

- ¿Q-qué pasa?

El más alto de los rubios fijó su mirada en él, mientras que el otro parecía concentrarse en que la flor se hiciera algo más grande.

El de ojos azules se le acercó y miró el reloj. Ignorando su confusión.

- Tienes mucha suerte.

- ¿Eh?

- No está parado. -dijo con la vista fija en el reloj- Puede que te saquemos de aquí.

Romano notó un inmensa alegría ante esas palabras sin emociones, pero entonces se dio cuenta de algo.

- Espera... lleva funcionando todo el rato.

- Sí.

- Y podríais haberme sacado en todo este tiempo.

- Sí.

Sintió algo crujir en su interior.

- ¿QUERIAIS QUE ME MUERIESE AQUÍ?

- … En realidad, solo estarías vagando eternamente en la oscuridad.

- ¡Es lo mismo! ¿Por qué no queríais sacarme?

- ¡Ya está! -Arthur se acercó corriendo con lo que era ahora una gran rosa de papel, callándoles. La miraba con orgullo- Me quedó genial.

- Aceptable.

Arthur se puso rojo y soltó un gruñido.

- ¡Ni que lo hiciera todos los días!

- Dásela antes de que se cierre.

- ¡Ah! ¡Sí! -el chico le pasó corriendo la flor a Romano.

El italiano la cogió como pudo, intentando no cargársela, pero de repente soltó otro resplandor y dio un salto.

- ¡Y-yo no he sido!

El de ojos verdes se sobresaltó también, pero por otras razones.

- ¡Para! ¡No la puedes soltar! ¡Tiene que ajustarse bien!

- ¿Eh? ¿Qué dices enano? -de repente vio que la planta paraba de brillar, pero ya no era una rosa- Que coño... ¿Una margherita?

El chico se puso de puntillas, intentando atisbar algo por encima de sus enormes cejas.

- ¡Oh! ¡Y de verdad! ¡Entonces salió bien! -pegó un saltito- Aunque es muy pequeña.

- Es una margarita enano, no son grandes.

- Ah... ¿y te suena de algo?

- Claro... -miró un momento la planta- Es nuestra flor nacional -con "nuestra" se refería a Feliciano, aunque la flor tendría que valer solo a su fratello, por que ninguno de sus significados pegaban con Romano.

Claro que era la única que tenían.

Así que tocaba aceptarla.

- Entonces sí que era para tí.

La voz de Lukas sonó detrás suya, haciéndole saltar.

- ¡No la sueltes! -Arthur chilló.

- ¡Qué no la suelto joder! Y claro que es mía -le gruñó al alto.

Lukas ignoró sus quejas, hablando lentamente.

- Tienes suerte.

- Ajá.

- Si no te hubieran dado ese pase, seguirías lloriqueando.

- Aj-¡Eh! N-no lloraba, es s-solo, solo... -se puso rojo- agh, déjame en paz.

El rubio le dio unas palmadas en el hombro.

- El Recuerdo que te dio ese pase... Agradéceselo, debió de echarte mucho de menos en ese tiempo. Debes ser alguien importante para él.

Romano se puso rojo, pero ahora por otras razones.

- Ese bastardo...

- ¿Quién era?

- ¿¡Y a ti qué te importa, mequetrefe?!

- No me llames mequetrefe, ¡hmp!

- ¡Lo digo porque lo eres! ¡hmp!

- ¡hmp!

- ¡hmp!

- PARAD. -la voz del rubio pareció ser lo suficientemente aterradora para hacerles estremecerse- El reloj está yendo más lento, si no te vas ahora, no saldrás.

Romano observó un momento la arena, era verdad, cada vez subía menos.

- ¿E-entonces... ?

- Estabas herido, si sigues en ese estado morirás, y el reloj se parará.

- ¡P-pues sácame ya! -se estaba agitando.

El rubio parecía no notar los nervios.

- Tira el pase al suelo.

- ¡Pero si este me lleva gritando que no lo suelte todo el rato!

- ¡Eh!

- Tiralo ya, o tendremos un nuevo guardia, para siempre. -dijo con cierto tono oscuro.

Romano soltó un gruñido y soltó la flor delante suya.

La planta calló casi a cámara lenta al suelo, y al rozarlo se deshizo en sus narices.

- Otra vez no -dijo el italiano, cabreado.

Entonces notó que alguien tiraba de sus pantalones para atrás.

- ¡Eh!

- ¡Vamos! ¡Apartate! -le mandó Arthur.

No sabía a que se refería hasta que de repente el suelo volvió a abrirse, haciendo un agujero brillante y redondo. Entonces Romano se dio cuenta de lo que pretendían.

- Oh no.. caerse otra vez no.

- Caerse sí -oyó ese tono neutro.

Le pegó un empujón.

- ¡Eh! ¡Espera! ¡Tengo una pregunta! -dijo consiguiendo mantener el equilibrio unos segundos.

- Di.

- ¿Qué pasará cuando ese maldito reloj se acabe?

El de ojos azules levantó las cejas.

- … Puede que acabes con nosotros una larga temporada.

Y dicho esto, le empujó al vacío.


Notas de Autor: ¡Espero que os haya gustado! Espero que haya salido bien, es la primera vez que pongo tanto tsundere junto... xD

¡Tengo mucha prisa hoy! Todas vuestras dudas se descubrirán más adelante~

Reviews~

Hanatarou Hikari: España tiene una historia bastante triste, lo estuve pensando el otro día xD, entre reconquistas, invasión de países, caídas de imperios, guerras de sucesión, guerras civiles, dictaduras... que dramático, ¿no? xDD, por lo menos sí, está nuestro querido Romano, que aunque en esta historia no están juntos (porque no la diseñé para el romance etc.), pero siguen siendo... cercanos :D .

A lo mejor ese unicornio sabe dónde esta Mattie~ (llamo a así a Canadá xD)

Espero que te haya gustado~

horus100: Gracias~ Espero que este también te haya gustado~

Estuve buscando lo de la alabarda, pero lo que no sabía es si esa arma existía en los tiempos de Al-Andalus, así que no me quise arriesgar con los nombres :D, así que por ahora será la gran, increíble y adorada "hacha de mango largo" XD

Muchas gracias por le Review~

Tardaré un tiempo en subir el nuevo cap, el año que viene lo veréis xD Además estoy escribiendo un oneshot spamano~ *¬*

¡Feliz Año Nuevo!

MAKE PASTA NOT WAR!

Cualquier cosa, un review~

Ciao!