¡SomeSimpleStories por fin vuelve!

...

LO SIENTOOOOO, he tardado un montón, merezco la horca, más de tres meses. O así. No tengo excusa, hubo un momento en que no tenía ganas y... cuando me puse... todo lo que tenía ideado en este capítulo se me olvido... Q3Q

Fue horrible, lo juro, empecé desde cero el cap y... bueno, a mi hermana le ha gustado, así que... LA ECHÁIS LA CULPA A ELLA, ¿VA?

Bueno, aquí tenéis el cap, es bastante largo, eeh, que me puse las pilas en semana santa (y ya era hora). Este trimestre ha sido duro, no se si ha vosotros, acabó el segundo y no hubo vacaciones ¡Hasta ahora!, que tarden llegan...

Os estoy aburriendo..

¡Disfruten!

PD: Quién escriba un review puede lincharme por tardona.


Recuerdos

Romano estaba sentado en un muro alto, muuuy, extremadamente alto. Es más, desde ahí todo parecía pequeñas hormiguitas.

Oh, espera, eran hormiguitas.

Bueno, vale, tal vez (y sólo tal vez) exageraba un poco. ¡Pero él sabía que era muy valiente y temerario y masculino y que llegar hasta ahí arriba era todo un logro!

Pero tal vez se pasaba con la cursiva...

De todas formas, hoy Romano no se sentía para nada valiente ni temerario ni masculino, ni siquiera se fijaba en todas esas hormiguitas ni planeaba pequeños ataques terroristas contra ellas. No, hoy Romano no estaba de humor. Hoy se sentía como un niño pequeño y desdichado que no tenía poder para hacer nada, a parte de para escalar muros.

Así que se limitaba a mirar sus pies balanceándose en el vacío, tampoco fijándose mucho en ellos, los tenía bastante vistos, habían estado toda su vida acompañándole y éso. Aunque tampoco es que le hubieran servido de mucho, solo para correr del enemigo. Si solo fueran algo más grandes, a lo mejor serían más útiles... Él sería más útil.

Un gato muy conocido se le acercó, era blanco y con unas manchas castañas muy curiosas en el lomo y la cabeza. Se acercó a él ronroneando y restregando su cabeza contra su hombro. Sí, de esa forma que tanto crispaba a Romano.

- Bicho asqueroso del demonio...

Le lamió la mano.

- … Y encima sordo.

Obviamente, al gato le importaba un rábano si a Romano le gustaba o no que le lamiera o que le pegase todos sus molestos pelos a la ropa, esas eran preocupaciones menores para un felino de su talla.

Romano no pudo evitar pensar que a ese gato tampoco le importaba su opinión. Soltó un suspiro, balanceando los pies.

- ¡Mau~!

El bicho ese (¿Cómo se llamaba... ?) se lanzó encima suya, en un intento de ser más molesto, o eso suponía el pequeño italiano, y empezó a acurrucarse entre las faldas del vestido de criado que llevaba. Sí, vestido. El que inventó ese uniforme era un cachondo. El caso es que el monstruo se las arregló para ponerse panza arriba, como un perrito al que quieren que le rasquen la tripa. Es más, el parásito ese parecía tener esa misma intención.

- Tu tienes un grave problema de personalidad...

El gato maulló con alegría, aunque podría decirse que maulló en respuesta, porque nadie respondía con alegría a algo así. Pero Romano no se paró de acariciarle un rato y el gato en seguida se puso a hacer la croqueta para que le rascara detrás de las orejas; si en el fondo era un aprovechado...

Con el movimiento vio un centelleo en el collar del animal: era una pequeña cruz dorada, atada a un correa rojo oscuro, era muy bonita, y parecía como nueva.

Se parecía tanto a la de su amo...

Romano no pudo evitar entristecerse otra vez.

Hoy se había levantado inusualmente tarde (inusualmente tarde para un sirviente, no para Romano) y se moría de ganas por desayunar o comer, dependiendo de la hora, así que fue a reclamar su plato de tomates de la mañana. Además hoy iba con la cabeza bien alta, porque ninguna ardilla se había meado en su cama. Pero al llegar a la cocina oyó unas palabras que le dejaron de piedra e hicieron trizas su buen humor:

- … Ha perdida contra Inglaterra...

Romano se quedó parado justo en la puerta de la cocina. Bélgica parecía estar hablando con alguien en la sala. Se pegó a la pared, intentando hacer el menor ruido posible.

- Que se joda, ya le dije que gastar tanto dinero en barquitos no iba a funcionar contra una isla -esa era la voz de Holanda.

- Broer! ¡No digas eso! ¿Y ahora que será de nosotros?

- Oh, es verdad... tardará más en pagarnos las deudas... será moroso...

- Pero, Broer...

- Además, lo tiene merecido por ir chuleándose con esa "Armada Invencible", es un maldito fanfarrón.

- Pero hermano, ya no nos queda dinero, ¿cómo nos defenderemos ahora? No nos podrá mantener, y Romano es muy pequeño.

- … Tendremos que aceptar que como el retrasado ese seguirá montando bronca con otros países, pronto nos libraremos de él. Oh, que penita me da -dijo con sarcasmo, Romano apretó los puños.

- Broer!

- ¿Qué? Está destinado a caer, ya era hora. -gruñó el holandés- Además, ese Inglaterra está creciendo muy rápido, seguro que en unos siglos habrá empezado a industrializarse y se hará con el monopolio de los textiles...

- ¿Qué?

- Nada nada... debe ser esta hierba de Nueva España...

- Estoy preocupada por España... -la voz de Bélgica sonaba como un susurro.

- Todo imperio cae, zus, acostúmbrate ya. -zanjó- Me voy a devolver estas hierbas, el vendedor me ha debido de timar... normal, era español...

De repente el holandés apareció por la puerta, sorprendiendo a un pequeño Romano pálido como la cal. Le echó una de esas miradas asesinas desde las alturas, mientras daba otra calada a su pipa, aparentemente calmado.

- Hola, mocoso, ¿Cotilleando? Debe ser el sol el que os vuelve idiotas, países del sur... Seguro que evolucionaréis más lento que el resto de Europa y os basareis en la agricultura durante muchos siglos... -miró de reojo su pipa- Maldita hierba... -fijó otra vez la mirada en él- España ha perdido, enano, ya nadie va a salvarte el culo, y reza porque alguien se lo salve a él, porque lo va a necesitar...

Dio otra calada a su pipa y se alejó por el pasillo refunfuñando cosas sobre un mercader al que iba a dar una paliza.

Romano apretó los labios, temblando ligeramente. No podía ser verdad, ¿España había perdido? ¿Una islita había ganado al imperio dónde nunca se pone el sol? No, era mentira...

- ¿Romano?

Bélgica había aparecido por la puerta, llevaba ese vestido verde largo que la quedaba tan bien, y ese lazo en el pelo tan bonito, pero no tenía esa sonrisa gatuna que tanto la caracterizaba. Solo preocupación.

Romano retrocedió unos pasos, asustado. Lo vio en sus ojos: era cierto.

- España a...

- Romano... ¿Lo has oído? No deberías haberlo hecho... ¡España está bien! ¡Pronto vendrá a casa! ¡Ya verás...! ¡Romano! ¡Romano!

Pero el italiano había salido corriendo. Ya no tenía hambre.

Y ahora estaba allí, en el muro, con ese gato-perro dándole su apoyo felino, que le servía menos que una botella vacía en un día de sol.

España había perdido, su armada invencible no había conseguido nada contra ese inglesito del norte. Ese británico que apenas habría visto un par de veces. Maldito España, ahora por su culpa tenía miedo, mucho miedo, no quería que el país desapareciese como su abuelo, no quería acabar otra vez sólo, bajo el mando de otros países fríos y calculadores...

Unas lágrimas asomaron por su rostro infantil. Todo era por culpa de España. Pero si sólo fuera algo más adulto, si hubiera crecido más rápido, como los otros países... si todo hubiera sido distinto... entonces, a lo mejor, él podría hacer algo, podría ayudar.

Pero nada había cambiado. Él seguía siendo el mismo país pequeño y gruñón con vistas al Mediterráneo, arrogante y que se creía más de lo que nunca había sido. Ese era él, y maldita sea, como se odiaba a veces.

El gato debió de notar que aún no había terminado su empresa de dar la lata, y se lanzó a lamerle con toda la emoción que solo podía tener un animal tan estúpido como ese. Seguro que si el bicho hubiera ido a pelear contra el británico habría acabado ganando por pesado.

- ¡Agg! ¡Quita, lapa! ¡Te voy a llamar lapa! ¡Nos vamos a caer! ¡Para, inútil! ¡QuitAAAAAAAAAAH!

Romano calló de culo al suelo, con un sonido hueco. Estaba ileso, por suerte, pero fue gracias a su musculoso cuerpo, envidiado por todo el mundo recién descubierto, su resistencia y su gran aguante desarrollados durante años... Para nada tuvo que ver la hierba mullida del césped ni que el muro fuera de metro y medio, ¡para nada! ¡Qué nadie se confunda!

Y hablando de su agresor... ese repugnante felino le miraba desde las alturas del muro, con esa sonrisa propia del Gato de Cheesire (¡Qué anacrónico que era!), y lamiéndose una pata orgulloso. Romano no tardó en echarle piropos.

- ¡Gato asqueroso! ¡Mal nacido! ¡Fregona con patas! ¡Felpudo sucio! ¡Escoba...

Iba a seguir insultándole con todos los instrumentos de limpieza que conocía, pero le interrumpió una cantarina, aunque algo apagada, voz a su espalda.

- ¿Romano? ¿Estás bien?

El italiano se giró, aún sentado en el suelo. Detrás suya estaba la belga, con cara de preocupación. Oh, mierda, le había visto así, subyugado bajo los poderes de un gato idiota. Moriría de vergüenza, deshonrado.

- E-estoy bien, ¡es todo culpa de esa Lapa! ¡Ha sido ella! -dijo, apuntando al gato con los mofletes hinchados.

Por otro lado el felino maulló a modo de saludo, con esa enfermiza felicidad.

- No te hagas el bueno ahora, ¡Te estoy vigilando! -le gritó, llevándose dos dedos desde sus ojos hacia los del animal.

- Maaau~ -el gato saltó del muro y se lanzó a lamerle la cara. Otra vez.

Romano se puso rojo intentando quitárselo de encima (no es que el bicho fuera casi más grande que él, solo que no quería hacerle daño, así de misericordioso era).

- ¡Agg! ¡Quita! ¡No puedes lamer al enemigo cuando te amenaza!

- Maaau~

- ¡No me cambies de tema! ¡Eres más idiota que un inglés en la cocina!

Bélgica soltó un risita, haciendo que el gato saliera disparado a sus brazos, para acariciarle. Romano lo miró un tanto celoso, otra vez con los mofletes hinchados.

- ¡No le toques, Bel! ¡Te está comprando!

La mujer volvió a reír.

- ¿Platero? Platero es un gatito muy bueno, ¿a que sí~? -dijo, con una sonrisa que guardaba gran parentesco con el bicharraco.

- ¿Platero? ¿Qué chorrada de nombre es ese?

- Se lo puso España. ¡Y es precioso! ¿A que sí, pequeñín~? ¿A que es muy bonito~? -el gato ronroneaba mientras la chica le acariciaba la cabeza.

- ¡Pero si parece el nombre de un burro! ¡Casi como su amo!

- ¡Romano! No seas cruel, España no es un burro.

- Sí lo es, hmp, y mucho. ¡Siempre está echándome la culpa de que mancho las sábanas! ¡Es un idiota!

- Te has sonrojado~, que mono~

- ¡Hmp!

Romano no vio otra cosa que hacer que aplastar la cara contra la hierba, porque sí, se estaba poniendo más rojo que un tomate maduro, y no podía dejar que una dama le viera así.

Se quedó un rato bocabajo, sumido en sus pensamientos. La belga no dijo nada, acariciando el gato que parecía relajarse en su regazo, soltando pequeños ronroneos. Romano apretó los puños, agarrando unas briznas de hierba.

- ... Va a volver, ¿verdad?

La belga levantó la mirada del felino.

- … ¿Eh?

Sabía que le había oído, pero aún así lo repitió.

- España va a volver, ¿verdad? N-no va a morirse ni desaparecer, ¿no? No le puede pasar eso, a-a los bastardos no les pasa e-eso, ¿cierto? -levantó la cabeza de la hierba, tenía los ojos un poco hinchados.

Por el polen, que nadie lo dude.

La belga se quedó un momento callada, mirándole con sorpresa, pero luego sonrío y se agachó hacia él revolviéndole el pelo con la mano. Platero saltó de su regazo.

Su voz sonaba tranquilizadora.

- Claro que vendrá, Roma, seguro que estará igual de fuerte y sonriente que siempre. Nadie va a desaparecer. -sonrió más al notar que la cara del italiano se iluminaban un poco- No tuviste que oír a mi hermano, siempre está exagerando las cosas, ya sabes como es~.

Romano se sentó en la hierba, con resto de hojas por todo el vestido.

- ¿Entonces va a volver?

- Sí~.

- ¿Y todo volverá a ser como antes...?

La belga vaciló un momento a la hora de contestar, pero notó la emoción brillando en los ojos de Romano. No solía mostrarse asi. Sonrió.

- Claro que sí, todo irá igual que siempre~.

Romano se quedó callado unos instantes, mirando fijamente la hierba. Por un momento la belga vio una pequeña sonrisa cruzar su cara y soltó una pequeña risita. El italiano pareció notarlo y miró a otro lado, hinchando los mofletes y notando como cada vez se ponía más rojo.

- N-no estaba preocupado, m-maldita sea -dijo en su voz infantil.

La belga se rió y se lanzó a darle un fuerte abrazo. Romano no lo vio venir y casi se asfixió en su enorme... bueno, que casi se asfixió, no hace falta dar más información.

- Estas rojo~.

- ¡Hmp!

- Vamos a preparar unos buenos waffles, ¿vale? ¡Hay que estar preparados para cuando vuelva!

- S-¡Sí!... ¡Hmp!

~.~

- Frikis...

Holanda miró por decimotercera vez su pipa, de verdad que no acertaba con una hierba medio normal.

Estaban los tres en la cocina. Bel con un gran bol de madera batiendo una masa y dictándole una lista de ingredientes a Romano, que estaba de puntillas en un taburete, asomado al borde de la mesa (¡Es que las hacían muy altas!) intentando leer las etiquetas de los botes que tenía en frente en español, ese maldito idioma que tenía conquistado toda la península.

- Romano, eso es pimienta... ¿Por qué has traído la pimienta a la mesa?

- Y-yo que sé, fue la ardilla... ¿Aquí qué pone?... ¿Sal...?

- Azúcar~.

- ¡Y-ya lo sabía! ¡Hmp!

- Frikis...

- Broer, ¿Qué dices? Es la cuarta vez que sueltas esa palabra...

- Déjame en paz, no lo sé ni yo...

La belga se rió mientras el holandés bufaba y romano le pasaba el aceite convencido de que era canela.

Entonces Platero entró corriendo en la cocina, maullando como un descosido y subiéndose a la mesa.

- ¡Hey! ¡Qué vas a tirar el chocolate fundido! ¡Gato estúpido!

- Romano, eso es ajo en polvo...

- ¡N-no lo había leido, vale!

- Claro que sí, Roma~

- ¡... Hmp! De todas maneras, ¿Quién dejó entrar al matarat-

- Oh... Huele muy bieen~...

Todos se quedaron callados de repente, incluso Holanda dejó un momento de dar caladas a su pipa. El gato soltó un maullido de orgullo.

Por la entrada asomó una cabeza castaña. Tenía todo el pelo revuelto y sucio, al igual que la venda que asomaba entre los pelos. La mejilla izquierda estaba tapada con un parche y lucía una sonrisa cansada, pero feliz.

Romano abrió los ojos con fuerza.

- E-espa... -no creía lo que veía.

El español amplió su sonrisa, parecía hasta menos cansado, acercándose a la mesa de la cocina ayudándose de la pared.

- Roma~, has crecido mucho~, deja que el jefe te de un abr-AGH!

España cayó de culo al suelo, con las manos en el estómago, mientras el italiano se colocaba el trapo de la cabeza.

- E-ese cabezazo no fue m-mono, Roma...

- ¡Bastardo! ¡Perdiste! -le metió una patada, para variar- ¡Maldito! ¡Inútil! ¡Débil! ¡Asqueroso! ¡Bastardo!

- T-te estás repitiendo...

- Stupido! Cretino! Imbecille! Stronzo!

- ¿R-roma?

- ¡Mentiroso! ¡Lento! ¡B-bastardo... !

El italiano se había echado encima suya, ahogando su voz en el abrigo manchado del español. De vez en cuando soltando un puñetazo.

- No estás muerto... -dijo al fin, en un tono casi inaudible.

España le miró y sonrió feliz, aplastándole contra él en un abrazo de oso.

- Ains, claro que estoy vivo~. Que mono Roma preocupándose por mí~-

No le había dado tiempo a repararse del golpe anterior cuando recibió un puñetazo en toda la cara de parte del italiano, que le hizo darse un golpe en la nuca contra la pared y empezó a sangrar por la nariz.

- ¡A-auch! ¿Y-y ezo a qué a venizdo? -dijo llevándose la mano -llena de vendas sucias, pero Romano intentó ignorarlo- a la cara.

- ¡Te lo mereces! ¡Hmp!

- ¿P-poz qué?

- ¡Por bastardo!

- ¡P-pero ezo no ez una ezcuza, Roma!

- A lo mejor necesitas otro puñetazo, inútil.

El español se río divertido recostado en la pared, revolviendo el pelo del italiano, que soltó unos gruñidos. Volvió a reírse y se quedó mirándolo un rato, feliz de haber vuelto.

- A lo mejor el jefe necezita un abrazo~

Romano frunció el ceño e hinchó los mofletes, para nada sonrojado. Miró para otro lado. Maldita sea, sentía la mirada del español en su nuca, ¡era demasiado molesto!

- S-solo uno...

El español volvió a sonreír y le aplastó entre sus brazos.

España por fin se bañó y se cambió las vendas, que estaban echas un desastre, por otras que por ahora le duraban, quitando la de la nariz claro, porque Romano sabía golpear de lo lindo.

- Roma, un día te mando al frente -dijo, cambiándose por tercera vez el algodón de la nariz.

- ¡Seguro que machacaría a muchos soldados!

- Jajaja, huirían aterrados~

- ¡Y sería tu jefe!

- Jajaja. Bel, Roma tiene fiebre.

Se llevó otro puñetazo en el estómago por el sarcasmo.

Estaban en el gran salón de la casa, o más bien palacete, en el que vivían. El lugar era enorme y laberíntico y más de una vez Romano se había perdido. "Jajaja, se parece a ti~" había pinchado España más de una vez a Austria, cuando venía de visita. Lo cual solía ser bastante desde que se habían casado... o lo que quiera que fuera esa alianza.

Tampoco es que Romano le diera muchas vueltas.

El italiano gruñó, sentándose encima de la maltrecha tripa del castaño, ¡para que sufriera, por inútil!, nada tenía que ver con que le hubiera echado de menos, que nadie se confunda.

España, que a todo esto estaba tumbado en el sofá sufriendo el ataque del enano, sí que soltó unos quejidos, y el italiano no se molestó en reprimir una sonrisa de triunfo.

- Romaa, e-éres malooo.

- Vendetta -dijo el italiano en su futuro tono mafioso.

Holanda pasó por delante suya, con algún libro en su idioma raro bajo el brazo, dando caladas a su pipa.

Se paró un momento a verlos.

- Chibi... -dijo, y se fue hacia la mesa, ya ni molestándose en preguntarse que narices le había metido a sus hierbas.

España y Romano le siguieron con la mirada.

- ¿Qué ha dicho? -dijo el primero.

- ¡Pr-pregúntale tú, que eres el jefe! -respondió el segundo.

- Ah, con que ahora si lo soy, ¿eeh?

- … ¡Calla! ¡Hmp! -se acomodó en el estómago del español.

- Ouch, Roma, quítate, que ahí me hice una herida fea...

- Eso te pasa por ser un idiota, idiota.

- ¿Me acabas de llamar dos veces idiota?

- Tres, idiota.

El de ojos verdes volvió a reírse, debía de tener algún motor interno o un contador que saltaba cada dos por tres, porque siempre soltaba alguna carcajada.

Pero luego se quedó en silencio. Mirando al italiano, pensando en algo.

Era demasiado molesto.

Romano intentó ignorarlo, pero como ignorar no era su talento, y era Romano al fin y al cabo, se giró molesto al saco de vendas que era el español.

- ¿Qué narices te pasa, bastardo?

España se quedó un momento estático para luego abrir algo más los ojos, como si se acabara de dar cuenta de que el chico le estaba mirando.

- Ah, lo siento Roma, estaba pensando y me quedé embobado~.

El nombrado le miró con el ceño fruncido, no sabía si porque le molestara que le miraran o por la cosa de que supiera pensar.

- ¿Y se puede saber en qué pensabas? No es que mi importe.

España no prestó atención a su contradicción, pero se quedó pensativo un rato mirando al techo. Romano por un momento temió que fuera algo de lo de Inglaterra. El país ya les había avisado de que no pasaba nada, que "el jefe se esforzaría más la próxima vez~" y que "iba a traer más plátanos de las Américas", así que no podía pasar nada malo, ¿no? Ya les había contado todo... tembló ligeramente.

Pero lo que el español dijo borró todo lo que se le pasaba por la cabeza al instante.

- Es que me recuerdas mucho a alguien, Roma -dijo sin apartar la mirada de las vigas de madera.

El italiano frunció el ceño.

- Se llama Italia Veneciano, y es mi hermano, bastardo.

El español pestañeó un par de veces y volvió a mirar al chico, aunque Romano se dio cuenta de que sus ojos no le miraban directamente. Seguía pensativo.

- Ah no, Feliciano no~. Es a otra persona... -era entretenido como su voz sí parecía estar dirigiéndose a él- De alguna manera me recuerda mucho a ti... Me lo pasé muy bien con él, era muy divertido~.

Romano no pudo evitar sentir curiosidad.

- ¿Y-y quién era?

El español sonrió.

- No me acuerdo.

- ¿Qué?

- Q-que no me acuerdo. ¿Estás bien del oído?

- ¡Claro que sí, bastardo! ¿Pero como te puede caer bien alguien del que ni te acuerdas?

El país le puso un puchero.

- ¡Pero sí que me acuerdo!

Romano se llevó la mano a la cara, ¿y ese era su jefe? Que bajo había caído...

- Sólo que... me pidió que le olvidara...

Romano se quitó la mano de la cara para mirarle fijamente. El bastardo se había llevado los brazos detrás de la cabeza y miraba al techo con aire un poco tristón. Por un momento sintió pena hasta de estar sentado encima suya. Pero antes que en quitarse de su tripa estaba más interesado en aclarar sus dudas.

- Te dijo que le olvidarás.

- ¡Sí!

- Y le olvidaste.

- ¡Sí!

Frunció el ceño.

- No te entiendo, bastardo...

El español sonrió.

- Oh, no es tan difícil. -empezó a explicar- Me lo hizo prometer, que no me acordara de él... -miró otra vez a las vigas- Aún me acuerdo de sus palabras "Olvidate de mí, no quiero que te acuerdes de mi, nunca más. No volverás a mencionar mi nombre, a nadie, ni a ti mismo, ni siquiera dejes que nadie más lo mencione; no me escribirás en ninguno de tus diarios y te desharás de todas las cosas que tengas relacionadas conmigo. Ni se te ocurra dedicarme ningún pensamiento siquiera. ¿Me entiendes?" Por supuesto que yo no entendía nada, ¿pero qué iba a hacer? Era lo último que me pedía, se iba a ir...

- ¿Cómo que se iba a ir? -Romano ya había decidido sentarse en el sofá, muerto de curiosidad. España se había acomodado entre las almohadas, en frente suya.

- Es que desapareció, así, de pronto. -chasqueó los dedos- Había estado meses con él, y de repente se fue, sin más. Y todas sus cosas desaparecieron, no quedaba ni rastro de él.

- ¡P-pero eso es imposible! -saltó el italiano.

- Ya ves que sí...

- ¿Y entonces que pasó? -el italiano le cortó, mirándole impresionado. Ya sin disimular.

El imperio suspiró.

- Pues prohibí que se hablara o preguntara por él en el castillo, para siempre, incluso a Lesmes, el noble que cuidaba de mí. Siempre fue una buena persona... -sonrió un poco, parándose un momento- No pude tirar nada suyo, porque no me quedaba nada, tampoco tenía nada escrito sobre él. Así que ya solo quedaba olvidar. -se llevó un dedo a la sien- Y eso fue muy difícil, aún estando en guerras, créeme.

- ¿Y por qué? -los ojos oscuros del italiano no se apartaban del castaño, que le miró un poco sorprendido.

- ¿Por qué? Pues... -se rascó la nuca con la mano- No lo sé, ya te he dicho que no me acuerdo. Pero era diferente a la gente de entonces. Parecía que supiera muchas cosas... no recuerdo por qué, pero era especial, eso sí... Ah, pero creo que si le viera ahora no le reconocería... -suspiró.

Pero a Romano aún le rondaban cosas por la cabeza.

- ¡¿Pero cómo pudo desaparecer sin más?! ¡¿Sabía magia?! Además, si estuvo tanto tiempo contigo, si erais amigos, ¿por qué se fue?, yo no le volvería a hablar por hacerme eso, ¡hmp!

El español se rió, pinchando el moflete de Romano.

- Jaja~, tú seguro que no lo harías, Roma~ -volvió al reír- Pero estoy seguro de que tuvo sus razones para irse, seguro que no tuvo otra opción...

Se quedaron callados un rato, cada uno mirando a un lado. Romano se puso a jugar con sus dedos, pensando. ¿Cómo podría alguien hacer eso? Desaparecer así, y no querer que nadie te recuerde... No le cabía en la cabeza. Bueno, estaba claro que el bastardo aún se acordaba de él, pero seguramente ya solo sabía lo que le acababa de contar... ¿Pero algo así podría ocurrir?

- Oye, bastardo...eeeeh... España...

El nombrado salió de sus pensamientos y le miró con una sonrisa tranquila. No todos los días a uno le llamaban por su nombre.

- ¿hm?

- … Eeeh... -pensó como formular la pregunta...- ¿Estás... Estás seguro de que no te lo has imaginado? O sea, no te acuerdas apenas de él y no tienes ninguna pertenencia suya... ¿Y si nunca ha existido?

Para su sorpresa, el español amplió su sonrisa.

- Oh, ¡pero sí que dejó algo!

Romano abrió los ojos como platos.

- ¿El qué?

El español sonrió misteriosamente y se levantó pesadamente del sofá.

- ¡Espera un momento!

Y se fue volando del salón. Casi podía oírle soltar un "¡Ay!" cada vez que daba un paso, y aún así no parar de correr. Se llevó la mano a la cara, pensando si irse a matar hormiguitas al jardín y dejarle tirado.

Pero estaba demasiado interesante.

Aunque como buen sur italiano que era no lo reconocería.

Por fin volvió el español, con algo bajo el brazo. Resopló apoyándose en el marco de la puerta.

- Dios mío... que casa... más... grande...

Holanda pasó por detrás suya, yendo para nosedónde.

- Vete a vivir a una chabola -miro el humo de su hierba- ...que asco de vida, joder.

Y siguió su camino.

España se quedó en un silencio incómodo, pero enseguida volvió a su rol de traer lo que quiera que tuviera que traer. Se sentó al lado del italiano, que ya estaba muerto de curiosidad.

- ¡Mira!

Se puso sobre el regazo una cajita pequeña, de madera, muy muy desgastada. Se podía averiguar los restos de una H enorme en la tapa, pero si había más detalles hacía tiempo que habían desaparecido. Parecía increíble que el español aún pudiera abrirla.

Romano no podía ver bien lo que había dentro, distinguía unas especies de hojas medio rotas que parecían más viejas que la puerta. El país se puso a levantar una tras otra con mucho cuidado, porque en serio parecía que se fueran a deshacer al mínimo roce.

- ¿Qué es eso? -no pudo evitar preguntar.

- Cartas, cartas muy viejas... ¡Aquí está! -dijo, aún concentrado en no rasgar ninguna hoja.

Romano se asomó un poco más al regazo del español.

- Un... ¿clavel?

España asintió con una sonrisa. En su mano descansaba una pequeña flor de papel rojo sangre llena de pétalos. Parecía prácticamente nueva, como si hubiera sido hecha ayer mismo.

- ¡Sí!, -el castaño respondió, animado- el día que desapareció me la encontré, solo irse. Estaba tirada en el suelo, la pisé, jaja~ -sonaba a típico de España, cómo no creerle...- Así que la cogí corriendo y la guardé con mucho cuidado aquí dentro, gracias a ella no me he olvidado del todo de ese chico. Me pregunto si la dejó a posta, quién sabe~.

Romano hinchó los mofletes, mirando la flor de reojo.

- Hmp, estas historias dan dolor de cabeza... ¿Por qué no la tiras si dijo que le olvidaras?

El Español le miró un tanto dólido.

- ¡Nunca! ¡Para algo que me queda!...

- Hmp.

- … Si Romano me diera algún regalo, también lo guardaría~.

El italiano se sonrojó al nivel del clavel, casi parecía echar humo.

- ¡A-a ti no te doy ni la ardilla, b-bastardo!

- Ains, que mono, sonrojado~

- ¡C-calla! ¡T-tengo hambre, dame comida!

El español volvió a levantarse, dejando la caja en la mesa.

- Esta bien, esta bien... ¿Una paella para mi Roma~?

Romano ganó al clavel.

- M-más vale que sea la mejor de mi vida si no quieres un cabezazo, b-bastardo.

- ¡Fusososososososo~!

Y entonces se despertó.


Nota de Autor: Bueno, y aquí está el cap.

Se que muchos querríais saber que fue de Romano, y eso ¡pero tenía que poner este lapsus!

Espero que os haya gustado, no se si me ha quedado mu bien, dudo de muchas cosas, pero las hierbas de holanda han salvado el capítulo xD

¡Espero que os haya gustado! ¡Y siento mucho mucho tardar!

Ah, tengo que deciros una cosa... a este fic no le queda mucho. Puede que el próximo cap, puede que un epílogo y todo, no lo sé, según como vaya el próximo. ¡Espero por favor dejaros un buen sabor de boca!

Ah, os quiero recomendar unas historias, para los que leais en inglés. ¡Son geniales!

- "Nightmare Apocalypse" de ElizabethScaffie (Italia se despierta en un mundo devastado por terribles criaturas. Este fic me mantuvo en vilo en cada capítulo y lo amo, ¡merece la pena! ¡aún no he leído nada tan original! No hay un pairing especial, se centra en GerIta, y en Spamano, pero de una manera... diferente. ¡Leerlo y punto!)

- "And Three Makes Five" de Sunny Day in February (Los países tendrán que apañárselas cuidando de niños! no es malepreg o como se diga. He reído sin parar en esta historia, incluso si no comparte algunas de las pairings. Está centrada en spamano, pero también hay algo de: GerIta, USUK, PruCan, NetherlandsxLiectenstein (y no se si tiene abreviatura porque es la primera vez que lo oigo), AusHun, y tengo la sensación de que me dejo alguna... ¡bueno, leerlo! :D)

Yyyyy Reviews~:

MappleMary: Siento haber tardado tantos, ¡de verdad!

Uuuuuuh el DenNor, que parejita, nee? Bueno, a lo mejor explicó más tarde algo o eso. Pero, si Noru está por Den en la vida real, ¿por qué no debería sentir algo su yo del relojito? Total, tienen la misma personalidad y ven todo desde ahí. Creo que es cute, no me judguéis :3

¡Espero que este te haya gustado!

Corona de lacasitos: La despedida del cap anterior fue dramática, yep, nuestro pobre Al-Andalus... me siento mal por él T.T . Bueno, aquí se aclara como lo va pasando España~ Debe tener un Déjà vu increíble xD

¡Hey, choca amante del DenNor! *chocar* ¡Siempre es un placer conocer a alguien que ame los mismo OTPs!Bueno, en el review de arriba, el de MappleMary, también explico un poco el dennor, así que te lo paso aquí, no vaya a explicarlo mal ahora eh? xD: "si Noru está por Den en la vida real, ¿por qué no debería sentir algo su yo del relojito? Total, tienen la misma personalidad y ven todo desde ahí. Creo que es cute, no me judguéis :3"

A lo mejor aclara algo~

¡Ojalá que este te haya gustado! ¡Gracias por leer!

Horus100: Espero que me haya salido bieen, y este cap igual. ¡Gracias por leer!

Yong Soo Kirkland: ¡Me alegra que te guste! Y espero que este haya dado la talla al anterior, porque me fue taaan bien con los tsunkuuderes... :D Estoy pensando en que deberías sacarlos juntos en futuros fics xD

¡Espero que esté te guste!

¡Gracias por leer! Cualquier cosa un review, eeeh :D

y recordad...

MAKE PASTA NOT WAR!