Nota de Autor: Buah buah buah, siento haber tardado LO SIEEENTO, de verdad, pero hey, SomeSimpleStories esta aquí presente para que la matéis, me dejo.

Que más decir... bueno, antes que nada, este cap lo tenía acabado hace un mes, para subirlo el 1 de Agosto... pero tuve problemas con el portátil, y hasta ahora no he podido. Supongo que por haber tardado tanto el karma me castiga.

Eso sí, siendo este el penúltimo (sí, penúltimo) capítulo, he querido esforzarme al máximo (y hacer un cap más, ya veis, por eso lo he llamado el penúltimo #immagenius) para que por lo menos os riais un rato después de saciar vuestra sed de sangre. O reíros más rato después de reíros saciando vuestra sed de sangra, lo que queráis.

Por si alguien no se acuerda del último cap (que eso pasa y lo sé por experiencia) era un flashback con chibiromano y España~

Disfrutad!


Gajes de volver al presente

- Mon dieu, te lo has cargado Arthur, te lo has cargado.

- ¿¡Q-qué dices, frog?!

- Tú y tus ritos paganos, mira lo que ha pasado ahora. Antoine te va a matar.

- ¡N-no inventes!

- Vi como sacaba brillo a su hacha el otro día, mortalmente sexy...

- Joder, ¿es que no puedes hablar de otra cosa, asshole?

- ¡Creí que te aliviaría pensar que si alguien te mataba, tuviera estilo!

- ¿Cómo coño me va a aliviar eso? ¿E-era muy grande?

- ¿El qué? ¿El hacha?

- Yes. You, pervert.

- Oh, oui, bien grande.

- …

- Me ocuparé de dejar flores en tu entierro.

- ¿¡A qué viene eso?!

- ¡GYAAAAAAAAH!

- AGG, ¿Qué pasa?

- Creo que... se ha movido.

- No way...

- …

- …

- ¡Nome!

- Shit, ¿a que viene eso?

- Qué tú la llevas, mon amour. No pienso comprobar si respira. Recuerdo la última vez que me acerqué a él más de la cuenta como si fuera ayer...

- …

- Vale, puede que que fuera ayer. No me mires así, si las cejas mataran, las tuyas serían asesinas en serie.

- … Shut. Up. ¿Y qué hacemos?

- Hmmmm... Cojamos un palo.

- Ok.

*.*.*.*

Estaba fatal, se sentía como si le hubieran metido en una lavadora sin botella de oxígeno y aún estuviera por el centrifugado. Hasta los párpados le pesaban demasiado como para abrir los ojos. No tenía energías. ¿Qué le había pasado?

Además, había tenido un sueño muy extraño... algo con gofres... no lo recordaba bien.

Entonces, intentó mover la cabeza.

Y oyó un grito.

Joder, ¿quién había ahí? Le había reventado los oídos con ese chillido. Oyó unos murmullos quejándose de fondo, dos hombres, seguro, aunque juraría que ese grito era de mujer... Bueno, sabía por su hermano que los hombres bien podían chillar como colegialas. Aunque era un poco temerario considerar a Feliciano ya como "hombre"...

Un momento, los murmullos habían parado.

Oh. Bien. Ahora podría descansar un poco y recomponerse de su dolor de cabeza. Se sentía como si se hubiese metido estrellado contra un castillo...

… Un castillo.

Se empezó a alarmar. ¿Dónde estaba el castillo? ¿Qué había pasado? ¿Por qué no oía a Al-Andalus por ninguna parte? ¿A dónde se había ido ese caballo de mierda?

¿... y el noblecito?

Obviamente, con los ojos cerrados no llegaba a nada.

Intentando ignorar que un enanito le aporreaba la cabeza con una hoya y un cazo, hizo su mayor esfuerzo para abrir los ojos. Al principio vio una mancha borrosa, oscura, luego empezó a distinguir unas vigas de madera, un techo, una lámpara...

Vale, estaba en una casa.

Pero ese no era el castillo, allí no había lámparas, y menos... eléctricas.

Cogió aire y se incorporó. Fuera llovía. Se llevó una mano a los ojos, intentando recordar. Exactamente, ¿qué había pasado?

Miró sus ropas. Eran las de siempre, estaban sucias, algo mojadas, llenas de barro... y no quería ver sus calcetines. Y, oh, Dios, esos zapatos le habían costado un ojo y medio... Pero por lo demás era su ropa. Ni rastro de nada medieval...

Se metió la mano en el bolsillo derecho. Sí, ahí estaba su móvil, su quedirísimo móvil táctil, ¡ese de última generación... !

Sin batería... bien.

Iba a inspeccionarse más cuando notó que algo le pinchaba en la espalda. Se llevó ahí la mano, molesto, pero no encontró nada. Entonces algo volvió a molestarle, más arriba.

- Honhonhon...

- Stop it, frog...

Se le erizó el vello de la nuca, sus ojos abriéndose alarmados.

Esas voces...

Oh, mierda, si hubiera sabido que esto era el infierno, se habría portado mejor en vida.

Giró la cabeza lentamente, como quien espera ver un asesino preparado para cortar su cabeza con una sierra eléctrica. Y como le gustaría estar en la piel de esa gente.

Por fin vio esa sonrisa macabra que se aparecía en las peores de sus pesadillas.

- Bonjour, Romano~, un placer verte~.

- Chi... ¡CHIGIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!

*.*.*.*

El italiano iba a tomar un sorbo de su taza cuando se dio cuenta de que no quería morir tan joven. Dejó el té a un lado, una pena, porque la taza estaba bien calentita. Pero no dedicó ni una mirada al brebaje, no, ni siquiera pestañeó. Sería demasiado peligroso quitarle los ojos de encima a los dos elementos que tenía delante.

- ¿Q-qué estabais haciendo? -intentó decir lo más serio posible.

Una de las figuras se recostó en el sofá de aire victoriano, en frente suya, dejando escapar un suspiro.

- Qué has estado haciendo tú, sería la pregunta correcta.-tomó un sorbo de su té, valiente- Anyway, es todo culpa de ese frog.

- "Ese frog" ya ha sufrido bastantes ataques contra su cara, sourcils. -la otra figura, al lado, se puso una tirita en la nariz- Roma, cher, deberías aprender a controlarte más...

Francia e Inglaterra estaban sentados en frente suya. Sólo separados de él por la mesa de té que había visto en su anterior visita. Mesa que ahora era tierra de nadie,porque no pensaba acercarse ni medio centímetro más de lo que estaba a esos dos locos.

Y si alguien se pregunta donde había dejado la taza, en el sofá. El mueble ese no lo tocaba ni muerto.

El francés se retocó la tirita de la nariz por séptima vez y cerró el botiquín que tenía encima de la mesa, bastante insatisfecho con el resultado.

- B-bastante es que te haya tocado para hacerte eso. Siéntete agradecido, vaffanculo.

- Oh, eso dolió, Romano, yo que me preocupaba por ti... -el francés sobreactuó, como siempre, quitándose una lagrimita.

- ¿¡Por mí!? -puso las manos sobre la mesa, pero luego las retiró, asqueado- ¡M-me estabas acosando con un maldito palo y r-riéndote como un psicópata! ¡Exijo una indemnización, joder!

- ¿Indemnización?

- ¡Por intento de violación!

- ¿Violación? ¿En serio piensas eso de mí? S'il vous plaît...

- ¿Quieres una lista de todo lo que pienso de ti, bastardo?

- Según, ¿el físico incluido...?

- ¡Pervertido!

- Hey, callad ya, sois demasiado ruidosos. -Inglaterra posó su taza en la mesa, algo molesto. Los dos se callaron al instante, pero solo para que no repitiera ese gesto, por si salpicaba- Si os peleáis hacedlo fuera de mi casa, inútiles, pero a mí no me metáis.

- ¡Pero si ha empezado él! -gritaron los dos a la vez.

El británico los ignoró.

- Anyway, ¿Qué fue de ti?, me preocupaste bastante -dijo con un repentino brillo en los ojos, o a lo mejor se había engominado las cejas. Aún así, que Inglaterra dijese que se preocupaba por él no sabía si era bueno o malo.

El italiano frunció el ceño, cierto, tenía que contarle todo, pero...

- ¿Y qué pasa con este? -preguntó, apuntando acusador al de ojos azules.

El francés sonrió con su única sonrisa: la perversa. Y si tenía alguna más, Romano no la había conocido.

- Tranquilo, mon petit italien, ya me he enterado de todo. Aquí sourcils me lo contó. Y además... me acuerdo.

Sus últimas palabras le sentaron como un scone. Abrió los ojos como platos, aún apuntándole con el índice.

- ¿T-te acuerdas de mí?

El francés se recostó en el sofá, apoyando la barbilla en su puño. Le habría quedado hasta bien la pose si no fuera por esa tirita pegada a la nariz.

- Oui. -respondió simplemente.

- ¿D-de todo?

- Oui, incluso de lo malo que eras con la espada, honhonhon~

- ¡Eh! ¿Quieres un dagazo? Porque no se si tú, ¡pero yo acabo de volver ahora mismo!

- Te seguiría machacando, cher.

- ¡Ja! Espero que estés acostumbrado a la comida de aquí, ¡Por qué vas a tragar polvo!

- LO QUE OS VAIS A TRAGAR ES LA MESA.

Los dos se callaron al oír al británico. Daba miedo. Inglaterra se levantó de un saltó plantando las dos manos sobre la mesa. La taza tembló y una gota cayó. Francia soltó un gritito.

- ¿¡Se puede saber qué coño os pasa con la comida inglesa, shit!?

- Técnicamente es qué le pasa a la comida inglesa con nosotros...

- ¿QUIERES SALIR A LA CALLE, FROG?

Justo entonces un rayo cruzó el cielo, seguido por un trueno que retumbó por todo el edificio. Los dos invitados se quedaron mudos.

- N-no, merci. Aquí... Aquí se está bien. -se excuso el francés, pegándose a la esquina del sofá.

El de ojos verdes se sentó, aparentemente más calmado. Tomó un pequeño sorbo de su té.

- Bien. Romano, deja tu taza en la mesa, no queremos que se nos manché el sofá, ¿verdad? -ordenó mortíferamente, extresando el "mos".

El italiano dejó el té sin rechistar.

- Perfecto. -dijo más para sí mismo, y se acomodó en su asiento- ¿Entonces tú estabas ahí? -preguntó hacia el gabacho.

El rubio asintió aún no muy seguro de hablar.

- ¿Y a qué esperáis? Empezad a contarme.

Romano y Francis empezaron a contarle todo lo sucedido hace tantos años. El italiano contó a regañadientes como había acabado atado de manos por el España de entonces y terminado en su castillo, y todo lo que pasó después con el noblecito. El francés empezó a comentar cosas desde su "entrada en escena", como él lo llamaba, y al parecer aún reservaba unos bonitos recuerdos de Portugal. Pero Romano se guardó todas esos escalofríos y sensaciones raras que había tenido, y Francia no parecía acordarse de los desmayos, por suerte. Ese tema ya se lo comentaría más tarde al británico.

Inglaterra escuchó interesando, como si tomara nota mental de cada cosa que decían. Le contó a Romano que el salido francés había aparecido en su casa justo después de la llamada telefónica que le hizo, y que mientras le intentaba echar a patadas él apareció en el salón como si nada, tirado en el suelo inconsciente y con las ropas hechas un asco.

El italiano pestañeó un par de veces.

- Pero entonces... ¿Cuanto tiempo he estado fuera?

El francés e Inglaterra se miraron unos instantes, luego el segundo consultó su reloj.

- Pues... entre una o dos horas.

Romano se quedó un momento en silencio, pasmado. Tan... Tan poco tiempo... no podía ser...

- P-pero si he pasado allí casi dos meses... -murmuró, más bien para sí mismo.

- Well, en realidad, dos horas es bastante tiempo. En teoría, solo haberte enviado tendrías que haber entrado de nuevo por la puerta, así que me asustaste bastante cuando no volviste. Y cuando después conseguí llamarte y dijiste que no querías irte... ahí ya no sabía cuando regresarías, y después vino el frog este a incordiar para mejorarlo todo...

- ¡Hey! Que fui yo el que se pegó el susto. -dijo Francia, levantando las manos dramáticamente- Te juro que parecías mort ahí tendido, oh, al hermano mayor Francis casi le da un ataque, además de qué diría Toni como se enterara...

- La desaparición de un país montaría un revuelo enorme...

- … con su hacha...

- Y tu mientras pasándotelo en grande diez siglos atrás, bitch...

- … tan sexy...

- Y enci-¿¡Pero es que no piensas en nada más!?

- ¡Claro que sí!, pero es que, una cosa lleva a la otra y... seguro que me entiendes, mon amour~.

- Me das ascos, frog.

- Todo un halago viniendo de ti~.

Los dos empezaron a discutir, pinchándose el uno al otro y casi llegando a las manos, pero Romano ya no les prestó demasiada atención. Se quedó mirando su reflejo en la taza de té, pensativo. Recordó todo lo que había pasado durante esas semanas con Al-Andalus. Habían sido tantas cosas, había conocido a tanta gente. Hasta se había hecho amigo de Portugal, con el que nunca había compartido más de dos palabras, y coexistido con el francés pervertido... que al fin y al cabo no había estado tan mal, aunque nunca, nunca, lo reconocería.

Y además había conocido a España. Más a fondo.

Se había dado cuenta de la vida que pasaba un país como él, y los enemigos a los que se enfrentaba. Porque no todos los países eran invadidos casi al completo por un imperio y aún así luchaban para volver a conseguir todo de vuelta (vale, sí, Polonia debía ser el amo en eso de reconstruirse, pero es que ese pijo le caía mal) . Él mismo no había hecho nada por evitar esos ataques en su historia. Y menos contra un imperio como el árabe, tan poderoso... Y escalofriante...

Ahora veía a España con un nuevo respeto, valorando más la voluntad y el empeño que le ponía a todo, aunque a ojos del italiano solo fuera dar la puñeta. Puede que se estuviera equivocando. Un poco.

Pero solo un poco.

Pero... que todo lo que hubiera hecho y descubierto se hubiera reducido a dos horas... le hacía pensar que todo ese tiempo en el pasado no había valido nada. Parecía tan injusto...

- Oh, ha dejado de llover, por fin~.

El repentino comentario del francés le sacó de sus pensamientos. Levantó la cabeza de la taza y miró en la dirección del pervertido.

Guau, a veces en Inglaterra el cielo era azul. Increíble.

Francia se levantó y se estiró, como reponiéndose de la acalorada discusión sobre hachas que había tenido con Inglaterra. El británico aún le miraba con el ceño fruncido.

- ¿Qué haces, bastardo?

El otro le miró algo sorprendido.

- Moi? Pues irme ahora que hace sol, pero... -no tardo mucho en agacharse lo más cerca posible del inglés- si me quieres más tiempo~ podemos hacer mucho~.

Apenas había terminado el "~" cuando el inglés le dio una patada en su parte favorita. (la parte favorita del francés, no la de Inglaterra, pero quién sabe...)

El gabacho se contrajo de dolor, sacudiendo exageradamente sus cabellos rubios.

- Angleterre, Angleterre, deberías empezar aprender a controlar tu ira, el hermano mayor solo quería amainar tu soledaaad...

El británico le echó una mirada asesina.

- Vete ya de aquí o te mando al cenozoico, pervertido. Y a ti sí que no te traigo de vuelta.

Francia pareció comprender perfectamente la amenaza del inglés, pero aún así le lanzó un mirada dramáticamente dolida.

- Ah... es una pena que ya no seas el petit lapin que no le importaba que me pasara por aquí de vez en cuando~ -dijo, levantándose hacia la puerta y recogiendo la chaqueta, Romano e Inglaterra siguiéndole por pura cortesía, porque si lo hubieran pensado dos veces se habrían quedado en el sofá-. Bueeno, otra vez será...

- Como si no hay otra, frog.

- ¡Pero que buen día hace!

- ¡No me ignores!

El de ojos azules se rió de esa manera tan terrorífica para Romano, y para su desgracia, también se giró a él mientras abría la puerta.

- Supongo que no tengo que decirle nada a Antoine, ¿verdad?

Romano asintió, intentando mantener esa distancia de dos pasos del francés en la medida de lo posible.

- S-supones bien.

- Très bien~.

- A Prusia tampoco.

- Joooo. Sois tan aburridos...

- Ya te estas marchando, frog. -presionó Inglaterra, que se había cruzado de brazos apoyando un hombro en la pared.

- Oui, oui, ya me voy, chers, ya me voy~.

El francés ensanchó su malvada sonrisa, le dio dos besos en las mejillas a Inglaterra, como marcaba la normativa franchuta, y se marchó más volando que corriendo.

Se quedaron en un silencio incómodo, mientras el sonrojo del inglés incrementaba por momentos. Por fin se decidió a hablar.

- Tha... T-that... -tensó los brazos en puños- ...That jerk! ¡¿Qué se cree que hace?!

Romano se encogió débilmente, sin atreverse a hablar por si acababa mandado a alguna época remota.

- ¡Un día le rapo el pelo mientras duerme! I swear!

- …

- ¡Y le afeito!

- …

- Y le... le... ¡Agg!

Se volvió otra vez hacia el salón murmurando unos cuantos insultos ingleses para sí mismo. Romano decidió que con esta gente, cuatro pasos de distancia era lo mejor, y así intentó cumplirlo. Pero Inglaterra se había sentado en el sofá, y el que había en frente estaba solo a dos. Mierda.

Mientras el italiano intentaba sentarse con el menor ruido posible, Inglaterra bebió un sorbo de su querido té, y pareció relajarse momentáneamente. Eso debía llevar sedante, mucho sedante.

El británico posó su taza en la mesa con el estilo de alguien que perteneciese a la familia real, mientras observaba algo divertido los movimientos semi-ninja de Romano para sentarse. Por suerte no vio las miradas asesinas que le lanzaba a su querido té de vez en cuando.

- ¿Qué más quieres contarme?

Romano se consiguió sentar por fin, en el lado opuesto al que reposaba la archiconocida taza de té. Le miró con el ceño fruncido.

- ¿Y quién dice que quiera decirte algo más? -medio-gruñó.

El inglés también le miró de mala manera.

- Te habrás quedado aquí por gusto -dijo sarcásticamente.

- ¡O a lo mejor no quería salir a la vez que ese pervertido! ¡Ja! -sentenció el italiano, y lo cierto es que sonaba convincente.

- Geez, ve al grano ya, wanker.

Y a esto se le llamaba una conversación entre antisociales.

Romano se paró un rato a pensar como contar el resto de la historia, lo que antes no le había dicho cuando estaba con Francia.

- Mientras estaba en el pasado... pasaron cosas extrañas.

Inglaterra apoyó los codos en las rodillas, sujetando profesionalmente la taza, con gesto interesado.

- Sigue.

Romano le contó más o menos todo lo que había pasado, desde que se hizo ese corte con la espada árabe, pasando por cuando se encontró con ese imperio escalofriante, y hasta cuando fue atacado por el Al-Andalus doble con una espada. El inglés frunció el ceño, pensativo, cuando el italiano terminó su narración. Después volvió a levantar la mirada.

- Es probable que estuvieras inestable. -sentenció.

- ¿Inestable?

El inglés asintió.

- Yes. Cuando viajas en el tiempo, vas a un lugar donde no deberías estar, al que no perteneces. Si el tiempo fuera una corriente de agua, tu irías en contra de ella, y cuando la corriente es demasiado fuerte para ti, solo te quedan dos opciones. Una es dejarte llevar por ella hasta volver donde estabas.

- ¿Entonces mi cuerpo quería volver al presente? -preguntó.

- Sí, por eso estabas inestable. Cuando algo se salía de los parámetros, te afectaba de sobremanera. Hasta hacerte un corte te podría dejar K.O., y cuando el Imperio Árabe habló contigo, los nervios te fallaron y acabaste inconsciente. -explicó.

Romano se llevó la mano a la barbilla.

- ¿Y por qué me curaba tan rápido? ¿No tendría que ir a peor?

El inglés se aguantó una pequeña carcajada.

- ¿Acabar en cama no te parece ya bastante mal?

Romano gruñó.

- Que sí, pero explícamelo ya, joder.

- Mind your mouth, Lovino. -le amenazó el británico- Si tu cuerpo quería volver al presente, querría volver a como estabas en ese momento, y me parece que no habías recibido ningún hachazo cuando llegaste a mi casa.

- Puñalada, que eso fue una espada. Y la suerte fue que no me hubiera partido un rayo. Tu tiempo es orrible.

El inglés enarcó una ceja, mostrando una sonrisa malvada.

- ¿He oído que querías irte al carbonífero?

- Y a la edad de piedra, no te jode...

- ¿Decías?

- N-nada... -decidió que ya había tentado bastante a la suerte- Y... ¿Por qué a veces me despertaba y estaba desapareciendo? Ahí no estaba herido.

Pareció funcionar, porque el inglés borró esa sonrisa tan terrorífica y la cambió por un gesto pensativo.

- Eso sería por que el nivel de inestabilidad subiría demasiado, es algo puntual, no programado. Podrías haber desaparecido en cualquier momento.

- ¿Y si al desaparecer no hubiera vuelto al presente? -preguntó.

Inglaterra suspiró, dejando la taza en la mesa.

- La segunda opción al ir contra corriente. -dijo. Romano levantó una ceja y el inglés le respondió con una mirada entre nerviosa y tranquila- Morirte.

El italiano tragó saliva, quedándose un poco frío. El rubio no cambió de expresión, aún mirándole fijamente.

- Y-ya veo. -dijo, un poco incómodo.

- Tendrías que haberte muerto.

Eso desde luego que no ayudaba. Se puso rojo como un maldito tomate. Tragó saliva.

- Oye bastardo, s-se que te caigo mal, y tú a mí, pero coño, te estás pasando un poco... -dijo tembloroso.

El inglés seguía mirándole con la mano en la barbilla y le estaba acojonando.

- Deberías estar muerto ahora mismo...

- Que sí, joder.

- … ¿Cómo conseguiste no palmarla con esa puñalada que dijiste antes? Eso, y tener que volver al presente. Te tendría que haber matado.

Romano notó que se relajaba, un poco, demasiado poco. Vale, seguía con miedo. Pero habría que ignorarlo. Pensó en la pregunta del británico. Es verdad que había pasado algo entonces, pero no se acordaba bien, por no decir nada. Aún así sentía que algo había ocurrido, mientras estaba inconsciente, y no tenía que ver con la batalla que estaba ocurriendo fuera.

- No... no lo sé. -dijo después de comerse el coco un rato.

El inglés le miró fijamente a los ojos.

- ¿No lo sabes?

- No.

- ¿Nada?

- No.

- ¿No recuerdas nada?

- ¿Recordar qué?

- Nada.

Romano se quedó cortado. El británico tomó un sorbo de té tan ricamente, ignorando la cara que ponía. Después por fin posó la taza sobre la mesa y se levantó, estirándo un poco la espalda.

- Well, supongo que ya no tienes nada más que contarme, ¿verdad?

El italiano se quedó un momento pensando, aún sentado en el sofá.

- Creo que no... -dijo, levantándose.

- Ala, pues bye, que tengo que cocinar.

- Sí, sí, mejor me voy...

- ¿Qué has dicho?

- N-nada.

Inglaterra le acompañó a la entrada y le abrió la puerta, la luz del sol dejándoles ciegos por un momento. El rubio soltó un gruñido molesto.

- Y nada de dos besos al salir. -le amenazó.

Romano chistó.

- Descuida.

Se asomó un momento por la puerta, comprobando si había alguna nube maligna esperando a que saliera para calarle entero. Entonces se fijó en el pequeño jardín de la entrada. Rosas.

- ¿Qué es eso?

Inglaterra se asomó por la puerta, buscando a qué se refería el italiano, ceñudo.

- ¿Qué es qué? -dijo, mirando a su alrededor, Romano tenía una cara pensativa. Soltó un suspiro- Un jardín. Con flores. A veces alguna abeja. Que pasa, ¿en Italia no hay?

Romano le soltó un gruñido.

- Claro que hay, bastardo. Pero a qué vienen las rosas, ¿regalo de Francia? -enarcó una ceja, disfrutando del momento.

El británico se puso rojo por un momento, haciendo de las manos puños.

- Wha- -miró a las rosas y luego a Romano, molesto- ¡Es mi flor oficial! ¡La Rosa Tudor! ¡Ignorante!

Romano salió afuera, asintiendo repetidamente.

- , , claro.

- ¡No te burles de mis plantas! ¡La tuya es una inútil margarita!

- ¡Hey! ¡Con mis florecitas ni media!

- ¡Son enanas y solo sirven para nombrar pizzas!

- ¡Hasta mis flores son mas apetitosas que tu comida! ¡Zasca!

- ¡Ni zascas ni zascos!

- ¡Ni zuscos ni zuscas! ¡JA!

Inglaterra se llevo la mano a la frente, con un largo suspiro.

- God, sí que eres insoportable... No se como te puede aguantar el España ese...

Romano soltó una risa pícara.

- Fácil, él es peor que yo.

- Me lo creo...

- ...Y tiene una flor más bonita que la tuya.

- ¡Que te calles!

Romano ya estaba en la verja de entrada a este nivel de la conversación. Inglaterra seguía mirándole desde la puerta, con su cara de mal humor característica. El italiano volvió a mirar de reojo las rosas al lado de la entrada.

- Oye, Inglaterra...

- What?

- ¿Estás seguro de que no nos volvimos a ver?

- Hm, ¿cuándo?

- En el pasado.

El inglés levantó las cejas.

- Nope.

- ¿De verdad?

- Sure. -respondió. Juraría que le miraba fijamente, pero a esa distancia no estaba seguro- Vete antes de que estropees algunas de mis maravillosas flores, inútil. -dijo, metiéndose definitivamente en su casa, con un portazo.

Romano frunció el ceño, volviendo a su gesto normal y sacudiéndose las ideas que se le iban cruzando por la cabeza.

Era imposible que hubiera vuelto a ver a Inglaterra en el pasado, pero de nuevo, esa rosa le producía cierto déjà vu...

Agg, malditas palabras francesas, nunca traían nada bueno.

Cerró la puerto y se fue corriendo a la parada de bus más cercana, aprovechando que aún no se había puesto a llover.

Tal vez, solo tal vez, tuviera ganas de ver a España de nuevo.


Nota de Autor: ¡Hasta aquí! ¡Espero que os haya gustaado!

PD: Espero que aceptéis el pocopocopoquísimoapenasatisvo de fruk, es uno de mis OTPs, asique sorry si a alguien no le ha gustado.

El siquiente cap ya está escrito, asique lo subiré en unos días, menos de una semana, jurado. Mañana. Puede. :D

Otra vez, siento por haber tardado tanto en actualizar, lo siento ;-;

Ahora, si queréis decirme vuestra opinión, si lo queréis, lo odiáis o si compartís la opinión de Romano sobre el té: Review~

Y si queréis volver a ver a Arthur y Lukas... jeje, esperad al siquiente cap~

Ahora, Reviews (gracias por soportarme, gente \(^o^)/ ):

Corona de lacasitos: España siempre es tierno ^.^ taaan cute, por lo menos está ahora más o menos preparado para el Romano adulto xDD

¿Qué habrá mas cute que Romano tsundere? Y Platero es la estrella del capítulo, espero que su nombre esté a la altura del del resto de animales xD

Me alegro que te haya gustado Holanda y sus hierbas, porque a mi me ha encantado XDDD Hasta yo me reía mientras le sacaba xD

PD: Las drogas son malas, no las toméis, niños.

¡Siento haber tardado tanto y muchas gracias!

Mariam Alexius: Graciaaas, ¡siento haber tardado tanto en actualizar! Gomen!

Y la historia se acaba... ya en nada. Con fluff y de todo, ¡qué conste! Habrá algo de Lukas y Arthur, espero que me haya salido bien... *temblar*

En parte en este cap estaba bastante bloqueada y tenía miedo de que no fuera bien, porque lo daba ya como el último, pero creo que me siento orgullosa de como me ha quedado, yep! ¡Espero que te haya gustado!

Yolandachiku: ¡Aquí está el capítulo! ¡Espero que te haya gustado mucho y que haya merecido la pena la espera (lo siento por tardar, lo siento, lo siento)!

¡Cuídate también!

horus100: Holanda y sus hierbas desde luego que se ha hecho famoso, tiene futuro como oráculo XDD ¡Muchas gracias! y siento haber tardado tanto, no pararé de disculparme *bows*.

¡Espero que este te haya gustado!

Cri Ever: Oh Dios, tantos cumplidos juntos, no los merezco por tardar así, ¡muchas gracias! *llorar*

Me alegro de que te hayan gustado los personajes, intenté hacerlos lo menos OC posible (excepto Portu... que es Portu, e intenté hacerlo divertido y basado en su hetawiki personal xD) y Francia es que es taaaan genial, ains, espero que me haya salido igual de bien de mayor, no se yo, no se yo, se ha hecho todo un hombre *sesuenapañuelo* XDDD

Este capítulo es de por sí como el final de la historia, aunque quede otro, que es más un epílogo que otra cosa. Espero que haya estado a la altura del resto de la historia o que la haya pasado y todo. Siento tanto haber tardado, de verdad T.T

PD: Y ya estoy escribiendo más historias, pero tardaran en aparecer por fanfiction, porque... empieza el curso, if you know what I mean XD

¡Muchas gracias por seguir la historia hasta aquí, ya solo queda un poco más! ¡Y espero que este cap te haya gustado!

Muchas gracias por leer, a todo el mundo, sois geniales, snif snif.

Y recordad...

MAKE PASTA NOT WAR!