Nota de autor: ¡Aquí SomeSimpleStories!
Ya os dije que no iba a tardar mucho en actualizar, asi que aquí lo tenéis, el útlimo capítulo...
... a mi también me da pena que se acabe, me he divertido mucho y aprendido un montón escribiendo esto... T.T
Bueno...
¡Disfrutad!
Vuelta a casa
El pequeño levantó una ceja, gruñendo.
- ¿Y tú qué quieres ahora?
- Solo burlarme de lo enano que eres, tsk.
- ¡Eh! ¡Tú eras así no hace tanto!
- Era~.
Volvió a soltar un gruñido, mientras le sacaba brillo a un reloj de arena pequeñito, con mucho cuidado y con un trapo suave. Inglaterra lo miró, sentado a lo indio en el suelo.
- ¿Y ese reloj de qué es?
Arthur agarró protectoramente el objeto, mirándole con recelo.
- Es de un conejito. -dijo, ligeramente sonrojado- Son monos. Peludos. Y no hablan.
Inglaterra intentó ignorar la indirecta.
- Siempre limpias relojes de conejos y ni siquiera has visto uno. Tsk, eres ridículo...
El más bajito le miró enfadado, chistando, pero en sus ojos verdes podía verse algo de tristeza. Oh mierda, a lo mejor se había pasado...
Le dio una patada en la espinilla.
- ¡Ouch! Bastard! ¿A qué ha venido eso? -dijo, olvidando cualquier sentimiento de culpa que se le hubiera ocurrido tener.
El enano frunció el ceño incluso más que él.
- ¡Eso por malo! -dijo, como el niño pequeño que era- ¡Vienes a incordiar! ¡Y a restregarme que tu sí que has visto conejitos! ¡Y gatos y todo eso! ¡Malo!
Oh, mierda, otra vez se sentía mal. Y el chico se estaba enrabietando...
- He-ey, lo siento, eh, de verdad. -intentó disculparse (él disculpándose, my God...)- A mi también me gustaban los conejos de pequeño...
El chico le miró fijamente, en silencio.
- … Y puede que aún me sigan gustando.
Se quedaron en silencio. Y para su sorpresa, en vez de reírse de él, el pequeño rubio se sentó enfrente suya, incando los codos en sus piernas cruzadas y apoyando la cabeza en las manos.
- ¿Y como son los conejos? -dijo con una mirada bien intensa, como si no quisiera perderse nada.
El británico le miró un poco indeciso.
- ¿Que cómo son?
- ¡Sí, empanado!
- Eeeh... Son pequeños, llenos de pelo, tienen bigotes... Había uno que tenía de pequeño muy mono, era blanco con orejas negras...
Empezó a hablarle al enano sobre ese conejito, y luego sobre más experiencias que había vivido, y más conejos y demás cosas interesantes. Se sentía bien hablando con él, que sabía tan poco del exterior. Le recordaba al pasado, cuando era un imperio poderoso y viajaba al nuevo continente para visitar a su pequeña colonia... ah, esos sí que eran buenos tiempos, era tan pequeña, levantando esos búfalos con sus manitas...
- Cursis.
Inglaterra paró su narración y junto a Arthur miró a su espalda.
Lukas estaba ahí, quitándole el polvo a otro reloj algo más grande, con esa mirada inescrutable.
- Hello.
El de ojos azules no contestó.
- ...¿También limpiando relojes de conejitos?
Levantó la cabeza, mirándole con sus ojos fríos.
- ...De trol.
- …
- …
- ¿Qué? -dijo secamante, terminando con el reloj y posándolo en el suelo, que más tarde desapareció.
- Lukas tiene un gusto horriblee. -dijo Arthur, sacando la lengua.
- Cállate si no quieres que te suba al piso de arriba.
El chico cerró la boca de inmediato, el rubio era muy capaz de cumplir sus amenazas. Lukas se giró hacia Inglaterra.
- ¿Y tú qué haces aquí? -dijo, mirándole como quien mira una mosca.
El inglés se levantó para compensar su complejo de bajito.
- Ah, sí, quería preguntar... ¿habéis tenido alguna visita últimamente?
Arthur, que se había puesto ha hacer la croqueta por el suelo, se levantó de golpe.
- ¡Oh! Vino un chi-
- No.
El noruego les cortó, ofreciéndoles a ambos una mirada afilada. Los dos cejudos se miraron de reojo, el más bajito encogiéndose de hombros. Inglaterra volvió a dirigirse al de ojos azules.
- ¿Nadie?
- Sólo ha venido un idiota cejudo empeñado en mandar a más idiotas como él al pasado. -le miró de reojo- Por desgracia sigue aquí. A lo mejor un día de estos se queda. Por siempre.
Lukas a veces era un poco sádico. Inglaterra decidió ignorar esa parte con todo el esfuerzo que ello suponía.
- Yes! ¡El italiano que mandé al pasado y que tiene muy mal humor! ¿Qué fue de él?
Lukas sacó otro reloj de la nada y le empezó a pasar un trapo. Juraría que soltó un suspiro.
- Ah. Sí. Ese. -dijo con desinterés.
Inglaterra celebró haber sacado algo.
- ¿Y que le pasó?
- Vino y se fue.
- ¡Pero podría haberse quedado! -Arthur añadió su granito de arena mientras rodaba por el suelo.
Lukas asintió.
- Sí, podría haberlo sustituido por ti. Rendiría más.
- ¡Eh!
- Entonces sí vino. ¿Y qué pasó? -Inglaterra recondujo la conversación.
- Se fue.
Empezaba a perder los nervios. Se pasó una mano por el pelo.
- Ok, vino y se fue. Ya imagino cómo llegó, ¿pero cómo consiguió salir de aquí?
El rubio se tomó su tiempo para responder, dedicando una sesión especial al reloj. Luego le dedicó una mirada bastante gélida.
- La razón por la que quieres saberlo es para recolectar información. Solo quieres saber cómo funciona, qué es esto y quiénes somos. Me pregunto si nos tienes algún aprecio... -el inglés notó como se llenaba de rabia, pero lo que dijo después le distrajo- De todas formas no te servirá de nada esta información. A ese chico le ayudó un recuerdo, del piso de arriba.
- ¿Del piso de arriba?
El de ojos azules posó el reloj en el suelo y se volvió hacia él.
- Llegó desde arriba. No tendría que haber bajado, pero le ayudaron. Debió de tener mucha suerte.
- ¿Y qué le ayudó?
- Un recuerdo. -se echó a andar hacia algún lugar entre la oscuridad- Alguien en algún momento de su vida debió echarle mucho de menos, y su recuerdo decidiría ayudarlo. Ahora vete de aquí y pregúntate si alguien haría eso por ti.
Y se fue.
Al chico ese le gustaba hacerse el misterioso.
Arthur se quedó en el sitio, sin saber muy bien qué pensar. Notó que alguien tiraba de la pernera del pantalón. Miró para abajó y se encontró con Arthur, que le miraba fijamente. Se sentó, soltando un suspiro.
- Sí que tiene mala leche.
El niño se sentó al lado suya, encogiéndose de hombros.
- Siempre es así, supongo que él también quiere ver qué hay allá afuera. Verlo todo desde relojes es aburrido.
Dejó caer su cabeza en el hombro del inglés. Inglaterra no pudo evitar acordarse otra vez de su antigua ex-colonia, a veces pensaban que se parecían demasiado. "Si esto es lo que llaman recuerdo acabará por matarme." pensó con sarcasmo.
- Oye, Inglaterra. -la voz infantil del niño sonó con algo de eco.
- ¿Hmm?
- ¿Es cierto lo que decía Lukas?
Por la cabeza del británico pasaron las palabras que había dicho el guardia. Volvió a enfadarse un poco.
- Claro que no, no puedo negar que siento curiosidad por este lugar, pero algo como el tiempo creo que se me queda demasiado grande. Mejor os lo dejo a vosotros.
El chico se quedó en silencio un momento, Inglaterra estaba seguro de que estaba planteándose si creer o no en él, total, él había sido así de pequeño, no era para olvidarse. Y también sabía que iba a elegir sí.
Aún así no dijo nada. Era curioso como ambos, Lukas y Arthur, se tomaban su tiempo siempre para decir algo. Supuso que de tanto trabajar con relojes el tiempo había perdido valor para ellos. No le molestó demasiado, tampoco es que él tuviera algo qué hacer. Los scones siempre se hacían solos, aún que ya hubiera tenido que cambiar de horno dos veces...
Arthur soltó otra pregunta.
- ¿Tú crees que alguien haría eso por ti? ¿Te sacaría de éste lugar?
Inglaterra chistó.
- ¿Qué insinúas, mocoso?
- Que con lo antisocial que eeeres...
- ¡Eh! ¡Cállate!
El chibi soltó un risotada agarrándose la tripa, el británico se pregunto si, si se cayera, sería capaz de levantarse por sí solo. Hmmm, tal vez tendría que probarlo.
Después de un rato el enano debió de quedarse sin oxígeno, porque se quedó dando bocanadas enormes de aire.
- ¿Entonces crees que hay gente que te salvaría? -dijo después de medio-recuperarse.
Inglaterra se quedó callado. Se le pasó por la cabeza un japones de mirada profunda, cierto pervertido francés y un molesto comedor de hamburguesas americano. No pudo evitar sonreír un poco para sus adentros, intentando convencerse de que recordarlos le molestaba.
- Sí, sí hay.
.*.*.*.*
El cielo era de un azul rompedor con apenas dos o tres nubes blancas y esponjosas que seguramente pronto se desvanecerían. Ah, había echado de menos este tiempo.
Romano se quedó parado delante del lugar.
Y esta era la casa de España. Suspiró, frunciendo el ceño como siempre.
Estaba delante de una verja de hierro. A través de ella se podían distinguir un pequeño jardín con florecitas de toda clase en macetas y un pequeño camino de baldosas de mármol que conducían a la casa, era un lugar acogedor. Desde luego, más que Inglaterra.
Ja ja, se podía pasar el día entero haciendo comparaciones con el país gringo y no se cansaría. Una pena que el sol le estuviera quemando en la nuca y que no se hubiera cambiado de ropa desde que volvió de casa del inglés.
Aunque ahora que lo pensaba, tal vez tendría que ir a su casa y cambiarse...
No, ahora que estaba aquí no podía irse, los billetes de avión estaban demasiado caros.
Que conste que lo hacía por los billetes.
Colando la mano entre las barras de la puerta se abrió así mismo (ese bastardo era tan idiota que ni siquiera cerraba la puerta, un día le robarían), y en pasos largos se fue hacia la puerta general de la casa, apreciando que nada había cambiado desde la última vez, tal vez alguna flor más, alguna flor menos. Aún se le hacía raro que hubiera pasado tan poco tiempo desde entonces.
Por fin llegó a la puerta. No era nada demasiado llamativo, era de madera y pintada de azul. Hacía buen juego con el resto de la casa, de color blanco. Le daba un aspecto mediterráneo muy relajante, para algo estaba perdida entre la ruta de pueblos blancos de Andalucía, que era un zona muy bonita, aunque no lo diría en alto. Se había apostado que el castaño iba a estar en esta casa, porque aunque tuviera unas cuantas desperdigas por toda la península, en esta época del año cerca del verano andaba siempre por aquí. Se preguntó que andaría mal con el tiempo de Inglaterra para que hiciera tanto frío... (jaja, más comparaciones).
Después de unos segundos de estúpida reflexión delante de la puerta consiguió darle al timbre. Oyó el murmullo de un "ding-dong" rebotar en el interior de la casa.
Y ya está.
Un pájaro pio por ahí.
Oyó un coche pasar por la carretera.
…
Otro coche.
…
Mordiéndose el labio y frunciendo más el ceño decidió llamar otra vez. El sol le quemaba la nuca, joder.
Otra vez un ding-dong.
Silencio.
Pájaro.
Coche.
Decidiendo que a la tercera va la vencida, y (contando hasta diez) volvió a llamar. Y escuchó otra vez el ding-dong, el pájaro, el coche y una vocecita en su cabeza que se estaba muriendo de risa mientras le señalaba con el dedo.
Ese bastardo se las iba pagar.
Dio cuatro timbrazos y un buen puñetazo a la puerta de las narices.
- ¡Bastardo! ¡Para que coño tienes un timbre en tu puerta si nunca abres! -gritó al objeto en cuestión. Obviamente, no hubo respuesta. No, para que España te abriera se necesitaba un nivel especial. Y él desde luego no tenía la paciencia para obtenerlo, pero como le empezaba a dar rabia la puerta esa decidió que la acabaría tirando abajo. ¡Así se hacía, Italia Romano!
Así que volvió a dar puñetazos, timbrazos y algún que otro grito esperando que en algún momento el inútil que se creía responsable le abriera la puerta, claro que también dio alguna patada, pero como a la segunda no le gustó como había sonado su pie decidió abandonar esa idea. ¡Pero siguió intentándolo!
Al final empezó a cansarse de aporrear la puerta y decidió optar por algo diferente. Retrocedió unos pasos.
- ¡Tú lo has querido, cazzo! La voy a tirar abajo. - dijo preparándose, mirando de reojo la puerta.
Contó hasta tres.
Y se echó a correr.
- ¡Hola, Roma-
–BAMP–
Soltó un "¡chigi!" al chocar contra el español, que cayó bajo él al suelo aún con su sonrisa de :D. El nombrado soltó un quejido.
- Au, Roma, vaya saludo más... más... más Roma. -dijo, con una risita contenida mientras se frotaba la nuca- me pregunto cómo el jefe acaba siempre con un golpe cuando vienes, jaja...
Romano se medio incorporó, con furia italiana, girándose cara a cara.
- Mira bastardo, es tu culpa s-
Se quedó cayado.
Él que tenía delante era España.
Le miró de arriba a bajo. Era España. Sí, España. El de siempre. No medía metro cincuenta ni era un niño metomentodo con el pelo revuelto, no. Era el España adulto, al que lo que más le preocupaba era cómo crecían sus tomates y si daba bien de comer a su tortuga. El que ya no vivía en castillos, con noblecitos pijos y caballos cabrones.
Había vuelto al España de siempre. Por un momento no se lo podía creer.
Los ojos verdes del castaño le miraron algo confusos.
- Hey, Roma, ¿estás bien...
El italiano le pellizco en la mejilla. España soltó otro quejido infantil.
- ¡Aaaay! Romaa, ¿a qué ha venido eso?
El nombrado se quedó callado mientras se empezaba a poner rojo. Miró para otro lado.
- N-nada bastardo...
- ¿No?
- E-es solo que... e-estás aquí...
Apenas había terminado de hablar el español le aplastó en un abrazo, pillándole por sorpresa. Podía notar al castaño sonreír debajo suya.
- Roma, eres taan mono a veces~ -dijo, apretándole más.
- N-no lo repetiré nunca más, é-estupido...
- ¡Ja, ja! Eso dices siempre~.
Después de unos segundos, decidió que ya era hora de acabar con el momento de cariño.
- Bastardo, me estás aplastando y hace calor, suéltame ya, joder.
- Oh, ¡lo siento, Roma! -el español aflojó su agarre. El italiano se incorporó, aún aplastándole. Vendetta- Guau, ¡estás tan rojo como un tomate!
Fin de vendetta.
- ¡Es el calor!
El español se rió, quitándose al italiano de encima (maldito forzudo) e incorporándose sobre sí mismo, frotándose dolorido la espalda.
- Bueno, Roma, seguro que tienes mucha hambre y... -de repente se dio cuenta de como llevaba las ropas el italiano- y-y ¿qué te ha pasado?
El italiano se miró a sí mismo, sin saber muy bien a qué se refería. Luego se dio cuenta de que, aunque a tiempo real no había pasado apenas nada, él sí que había estado dos meses correteando en la edad media, pero cualquiera diría que era un refugiado del tifón de Filipinas.
- ¿Esos no eran tus pantalones favoritos?
- Ya no. Cállate. -dijo secamente, intentando no pensar en su ropa o rompería en llanto. Oh, esos pantalones, oh, esos zapatos...
España le dio unas palmadas de apoyo en el hombro, como si entendiera su dolor.
- Tranquilo, Roma. Tu sube a cambiarte de ropa y yo ya me encargo de esto. -dijo sonriente- Y de paso prepararé unos tomates, ¡qué seguro que tienes hambre!
Ese fue un segundo golpe emocional para el italiano.
¿Había dicho tomates? ¿Rojos y redondos tomates que brillaban a la luz del sol?
Subió corriendo las escaleras hacia la habitación de España, cubriéndose la cara intentando reprimir las lágrimas. El castaño se le quedó mirando desde abajo.
- ¿Estás llorandoo?
- ¡D-déjame en paz! ¡No lo entenderías! -gritó el italiano, dejándose casi llevar por sus emociones, mientras giraba hacia la habitación del español lo más rápido posible.
Poco después ya estaba vestido, con una camisa de esas gigantonas del país (las prefería grandes a pequeñ-Merda, sonó mal) y unos pantalones de goma que por lo menos no se le caían. Estaban tomando un bol de tomates tirados en el sofá, bueno, en realidad, solo Romano los engullía, porque apenas había traído el bol España, el italiano se lo había arrebatado de las manos y el pobre castaño no se había atrevido a rechistar porque el chico hasta derramó unas lágrimas de felicidad al ver las frutas. El español ya debía de pensar que Romano tenía algún problema tipo regla o algo, porque no se atrevía a decir mucho. Aún así, sonrió.
- ¿...Te gustan, Roma? -dijo, pensando que era la mejor frase con la comenzar una conversación.
El italiano le echó una mirada asesina mientras se zampaba otro tomate (así, zampar, quién sabe si masticaba) y cubría el bol protectoramente.
- … Mío. -murmuró, abrazado al cacharro.
España asintió lentamente por si le mordía al hacer movimientos bruscos. Intentó buscarle un lado bueno a que Romano estuviera con la regla... por lo menos no insultaba.
- Hey, Roma.
Otra vez la mirada mortífera. Al menos solo quedaban dos tomates.
- Sabes que puedes llamarme Antonio. -sonrió- "España" es demasiado formal~ -soltó una pequeña risa.
- Tranquilo, te quedas con bastardo.
- ¡Ok! ¿Eh? No, espera, eso no...
- Hmp.
- Romaaa, eres maloooo.
- Y tú un infantil. Bastardo.
Antonio no pudo evitar reírse con la discusión, para luego seguir bombardeando con preguntas.
- Entonces, Roma...
- Calla, estoy comiendo, cazzo...
- ¡Pero si ese era el último tomate!
- Pues tráeme más.
- Luego, ¡antes contesta!
Romano puso los ojos en blanco.
- Dispara.
España sonrió. El tomate era el perfecto chantaje, siempre.
- ¿Por qué ibas con esa ropa tan maltratada?
Romano se quedó callado, pillado de sorpresa. Ahora a ver que le decía a este...
- Verás... -empezó, suspirando- Sufrí un accidente de avión, todos murieron menos yo, y vine andando hasta aquí. Sí, desde Madrid. Para que luego cierto bastardo inútil al que le pesa el culo no me abriera la puerta hasta que no me fui a estrellar contra ella. Y esa es mi historia. -dijo, con una mirada que mataría gatitos.
El español levantó las manos en el aire, como si acabara de ser atrapado por la policía.
- ¡Estaba haciendo algo importante! -se excusó.
- ¿El qué?
- ¡Enseñar la casa a Lucil!
Se hizo el silencio.
- ¿Lucil?
El español sonrió una sonrisa que rezumaba orgullo.
- ¡Mi nueva tortuga! ¡Quería que lo viera todo!
Romano le miró incrédulo.
- ¿Entonces me escuchaste llamar a la puerta?
- ¡Sí!
- ¿Y por qué NO me abriste, retrasado?
El español se rió como si le hubieran contado el mejor chiste del mundo.
- Jajaja. Qué inocente, Roma~. -se quitó una lagrimita- Las tortugas andan muy lento~.
Romano intentó reprimir las ganas de estrangularle agarrando con fuerza el bol. Contó hasta diez. O hasta veinte.
- Quiero mis tomates. Ahora.
Estuvieron teniendo conversaciones estúpidas (y Romano consiguió esquivar el tema de su ropa con éxito) como esa un buen rato, más cuando la demanda de tomates de Romano bajó. Después ya llegó la hora de comer y se pusieron a cocinar unos espaguetis en contra de la petición del español de preparar paella o alguno de sus platos raros. Antonio casi se queda en shock cuando vio al italiano soltar unas lagrimitas al ver la pasta cociéndose, aunque dijera que era por el vapor.
Así que cuando acabó el proceso de comer de Antonio y el de engullición de Romano, volvieron al sofá, esperando a que llegara la siesta mientras el italiano zapeaba viendo la tele, reprimiendo un lloro de alegría por estar usando un aparato eléctrico. Además, su móvil estaba cargando. ¿Qué más podía pedir?
Notó como Antonio empezaba a cabecear en su sitio, inclinándose hacia su dirección mientras iba quedándose frito. Acabó cayendo casi como un peso muerto en el hombro del italiano, que se sonrojó un poco (porqueodiabaelcontactoconotraspersonasypunto) pero tampoco apartó al español de encima, tampoco es que le molestara de verdad.
Después de un rato de estar viendo la tele y de que Romano se pusiera a pulsar botones del mando a distancia simplemente por que funcionaban, oyó unos murmullos viniendo de su hombro, ahora almohada.
- ¿Qué has dicho bastardo? No me babees tu camisa. -una frase rara, pero bueno.
Antonio se medio incorporó o más bien acomodó en el hombro del del rulo, entreabriendo un poco los ojos.
- Que... encontré esto en... tu chaqueta. -dijo vagamente, metiéndose la mano en el bolsillo del pantalón, sacando un cosa roja y pasándosela al italiano para que la examinara.
Romano lo cogió con cuidado dándole vueltas con los dedos.
- … ¿Una flor?
- Se parece... -bostezo- a una mía...
Romano la miró de arriba a abajo. No es que fuera demasiado grande. De papel, con un color rojo carmesí. Un clavel. Estaba algo maltratada, como si la hubieran pisoteado. Lo cierto es que Romano no recordaba haberla visto antes, y menos haberla metido en su chaqueta.
Pero aún así le daba una sensación de déjàvu increíble. Es más, si le dijeran que él había sido el que la había aplastado se lo creería.
Entonces le rebotó lo que había dicho el español antes.
- ¿Qué decías de una tuya... ? -se calló al ver al castaño.
España se había vuelto a dormir, sin roncar ni nada. Parecía estar muy tranquilo, como si el hombro del italiano fuera lo más cómodo del mundo. Romano no pudo evitar sonreír un poco, contagiado por la ligera sonrisa dormida del moreno.
Decidió guardarse la florecita, le recordaba mucho a la emoción del español, y pensó que no estaría mal echarse un siesta.
Se recostó un poco intentando no despertar al castaño en el proceso.
Nope, nada mal.
A lo mejor luego se despertaba y maltrataba al español un rato por quedarse dormido encima suya.
Pero por ahora estaba bien.
Estaba en casa.
.
-Fin-
Nota de Autor: Me he releído este cap antes de subirlo (porque hace un mes que lo escribí y no recordaba todo) y espero que os haya gustado, porque a mí sí :'D
Bueno, y con esto acaba se acaba Romano en el pasado...
Así que os agradezco a todos por haberlo seguido, todos los views y reviews (oh dios, no creo que haya una sensación mejor que leeros a vosotros, ¡os quiero!), toda la gente que se añadía la historia a favorites y Story alert, me sacabais una sonrisa cuando veía los mensajes por la mañana antes de ir a clase, y eso es motivante eh.
También os agradezco que hayáis llegado hasta aquí porque he leído los primeros caps y creo que he mejorado bastante con el estilo de escribir, directamente creo que apestaba escribiendo (eeeespero que ya no tanto), así que muchas gracias porque lo vuestro es una proeza. ¡Besoooos!
Ya estoy trabajando en más historia que subiré en algún momento, pero no se cuando porque... el curso... empieza... *pegarse un tiro*
De todas maneras, estad atentos porque mi hermana va a subir sus historias (aquí, en SomeSimpleStories) y de verdad que no tienen desperdicios, solo estad atentos al pequeño usario que somos porque ya ha empezado, y aún le quedan más por subir~.
MUCHAS GRACIAS A TODOS POR SEGUIR HASTA AQUÍ Y AGUANTAR QUE ACTUALIZARA TAAAN LEEENTAMEEEENTE. SOIS LOS MEJORES, Y ESPERO QUE ESTE FINAL SEAA DIGNO DE VOSOTROOOOS ;º;
(soy malísima despidiéndome, lo siento)
Y bueno, cualquier cosa que queráis decir, un review, os responderé por privado, estaré atenta, decidme lo que queráis, os dejo, si os ha gustan los conejitos, o Lucil, cualquier cosa: Revieeew!
Y ahora, pues eso: Reviews~ (De verdad. Os quiero. Mucho.):
yolandachiku: Me alegro de que este te encantara, y espero que este último te haya merecido la pena~
Francia y el hacha y España sexy, es incomparable *~* Seguro que hasta Inglaterra tiene nevidia, pls xD
¡Muchas gracias por el review!
horus100: Lo queríaacabar en fluffyness, no así súper drama romántico, ¡espero que este final haya estado acorde con tus gustos!
¡Muchas gracias!
Corona de lacasitos: ¡Espero que este último cap haya estado a la altura de tus reviews~!
Poner a dos tsunderes como Ingalaterra y Romano juntos es tan genial... y ya, añadiendo a Francia, es matante xDD
Adoro el FrUk, no sé cuando me empezó a gustar, pero es que son tan monos que no pude evitar poner un poco de perv!Francia *¬*
¡Gracias por seguir hasta aquí esta historia, de verdad!
Besooos
Mariam Alexius: Gracias por tu review, pero no suspendas eeh, fusosososososososo!
Espero que este cap tenga también tantos puntos buenos como el anterior, pero no estoy segura (es más corto y eso), ¡así que por lo menos esperaré que te guste tanto como los demás y sea un buen final para esta historia!
¡Muchas Gracias!
¡Os vuelvo a agradecer a todos haber leído hasta aquí, se que soy plasta, pero os lo agradezco de verdad!
Yyy
MAKE PASTA NOT WAR~!
