Capítulo 20

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada.

-Miguel Hernández

―¡Rápido! –grito la paramédica poniendo el talón de una de sus manos con los dedos abiertos sobre el esternón del joven que tenía al lado, que se encontraba tendido sobre la camilla. Estaban en una ambulancia que iba a toda velocidad para llegar al hospital lo antes posible. Luego puso su otra mano encima de la primera entrelazando sus dedos en esta y comenzó con los masajes cardiacos. Mientras ella hacía las compresiones su compañero limpiaba la sangre que cubría al chico, para poder ver bien las heridas y presionar sobre las abiertas para evitar hemorragia.

Luego de las 20 compresiones le hizo respiración boca a boca, puso su oreja en el pecho del joven y aún no había respuesta. Siguió con los masajes cardiacos.

―¡Vamos, vamos! ¡Responde demonios! –La paramédica seguía con el proceso de primero auxilios lo mejor que podía, pero la realidad era que no estaban sirviendo. En su rostro caían gotas de sudor. Se estaba agotando.

―Yo seguiré –le dijo su compañero que preparo sus manos para seguir con la resucitación. Ella asintió y saco sus manos, y él comenzó. 20 compresiones y respiración. Puso su oído en el pecho del joven pelinegro. Había reacción. Leve, pero la había―. Genial. Aguanta niño, tú puedes. Tienes una vida por delante, no te rindas –decía mientras seguía con las compresiones. Habían pasado unos 5 minutos y ya habían llegado al hospital, le pusieron una máscara de oxígeno y bajaron a toda prisa, intentando que los fierros incrustados en su hombro y su costado no se movieran. Era demasiado peligroso.

Un doctor y varios enfermeros los recibieron.

―Diagnostico –ordeno el médico, era un hombre de unos 40 años y pelado en la parte de arriba de la cabeza y en los costados tenía un poco de pelo pero estaba rapado, mientras iban todos juntos hacia una sala. Todos los presentes quedaron horrorizados con la imagen de un chico joven con dos fierros incrustados en su cuerpo y cubierto de sangre.

―Tuvo un paro cardiaco. Perdió el pulso aproximadamente durante 7 minutos, teniendo en cuenta que los bomberos tardaron en sacarlo. Hicimos compresiones torácicas y respiración. Ahora su pulso es débil –dijo el joven paramédico, que tenía ojos verdes y pelo oscuro, de unos 28 años de edad.

―Hicieron un buen trabajo –dijo el doctor felicitándolos por sus esfuerzos―. Lo vamos a llevar a cirugía ahora mismo, debemos sacarle estos fierros –les informo―. A partir de aquí nosotros nos encargaremos –dijo. Los dos paramédicos asintieron y se retiraron.

Al entrar en la sala de operaciones, ya habían 5 enfermeros, 2 de ellos mujeres, y junto con el médico entraron dos enfermeras más. Era un total de 7 enfermeros y un doctor. Hicieron un movimiento rápido y le sacaron la campera al joven, y una vez que lo pasaron a la camilla en donde lo operarían, con tijeras cortaron su remera. El doctor miro a la enfermera que tenía enfrente.

―Llama a la doctora Haruno que hace un rato la vi, necesito ayuda con esto –dijo. La enfermera lo miro horrorizada ante esa idea.

―N-No…ella no.

―¿Por qué no, señorita Hyuga? –pregunto mientras los otros enfermeros le ponían una intravenosa al chico.

―Él…-comenzó a decir la muchacha mirando al pelinegro, para luego volver su vista al médico―. Él es la pareja de la doctora. ―El médico se quedó meditando unos momentos.

―Con más razón. Llámala ahora, Hinata. ―La joven asintió y se fue. Una enfermera pelirroja miro el monitor de signos vitales.

―Doctor, hay obstrucción en la llegada de oxigeno hacía los pulmones.

―Hay que intubarlo –ordeno el médico. Acto seguido, le alcanzaron el tubo endotraqueal y él prosiguió con el procedimiento.

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Hinata fue lo más rápido posible hasta encontrarse con Sakura. La doctora se encontraba en la recepción, hacía solo unos minutos que había llegado. Ese día le tocaba guardia, ya que estaban escasos de personal.

―Sakura, hay una emergencia. El doctor Aizawa te necesita en el quirófano ―dijo la joven enfermera. Sakura asintió y siguió a su compañera hasta la sala.

―¿Es uno de los chicos que tuvo el accidente? Recién me informaron que chocaron con un camión ―dijo Sakura de lo más tranquila. Hinata solo pudo asentir. Al entrar no vieron al paciente en seguida, ya que los enfermeros estaban rodeándolo. Sakura y Hinata se pusieron sus batas, pero antes de que la doctora avanzara, la chica de ojos blancos se puso delante de ella.

―Respira profundo ―dijo Hinata. Eso a la pelirrosa le pareció muy raro de su parte. No era como si ella no estuviera acostumbrada a la sangre.

Tuvo un mal presentimiento.

Cuando avanzo y tuvo la vista libre, vio a un joven pelinegro con el tórax descubierto con dos fierros atravesados, intubado y lleno de lesiones. Sakura se quedó congelada. Se trataba de Sasuke. Rodeo la camilla, se acercó hasta quedar a su lado y miro al médico cara a cara.

―¿Q-Que…Qué pasó? –El médico la miró.

―Creo que las palabras sobran –dijo. Sakura asintió levemente. Inhalo y exhalo un par de veces para contener las lágrimas que amenazaban con salir. Una vez preparada mentalmente para lo que se venía, comenzaron a operarlo.

El primer paso era vendar las lesiones más superficiales para luego sacarle los fierros e intentar que no muera desangrado. Habían hecho unas radiografías y vieron que no había ningún órgano afectado, que era decir mucho. Una vez que todas las heridas habían sido desinfectadas y vendadas, prosiguieron.

El doctor tomo el fierro del hombro y tiro. Nada. No se movía. Tiro una vez más, pero no tuvo efecto. La doctora le dijo que se corriera y ella tiro. Sakura logro sacarlo de un tirón, no muy fuerte para no lastimarlo en el proceso. Enseguida comenzó a brotar sangre y más sangre, los enfermeros actuaron rápido, limpiaron la herida y la taparon, presionando, hasta que dejo de sangrar. Una vez hecho eso prosiguieron a coserlo, pero está vez lo hizo el doctor. Ahora era el turno del segundo fierro. Más complicado aún. Con un movimiento rápido, Sakura, lo saco. Repitieron el proceso.

―El pulso está bajando ―informo la enfermera a cargo de vigilar la máquina de signos vitales―. Al igual que la presión y la respiración―. Cuando la enfermera gira a mirar a ambos médicos, la maquila comenzó a hacer un ruido, que dejaba claro que ya no había pulso. Sakura sintió como su corazón palpitaba cada vez más rápido. "No, no, no, no", se repetía.

―Preparen el desfibrilador –ordeno el doctor comenzando los masajes cardiacos. Dejo de hacerlo para que tome lugar el desfibrilador―. ¡Despejen! –Y lo desfibriló a Sasuke y provoco que su cuerpo subiera y bajara. No hubo reacción, estuvo así 3 minutos pero no respondía.

―Ya está. No puede continuar –dijo uno de los enfermeros. Sakura se sintió desfallecer. Su compañero dejo de hacer las compresiones y la joven lo miró atónita ¿realmente iba a dejarlo así? Ella no estaba dispuesta a rendirse, así que sin pedir permiso a nadie, ya que ella también era una doctora aunque en ese momento no tenía casi autoridad porque el encargado era el otro doctor, comenzó a hacerle los masajes cardiacos a Sasuke. Todos los enfermeros, excepto Hinata, la miraron cohibidos.

―Sakura…-dijo el doctor, ella no lo miraba.

―¡El desfibrilador! ¡Ahora! –El enfermero hizo caso y se lo preparo. Estuvieron así durante más de cinco minutos. El doctor suspiro con tristeza y miro a uno de los enfermeros.

―Sácala de aquí –pidió. El joven asintió, cuando se acercó, ella lo empujo.

―¡No! No lo dejaré –dijo con lágrimas en los ojos. Cuando vio que el chico se volvía a acercar, inhalo, levanto su mano en forma de puño y golpeo el esternón del pelinegro con todas sus fuerzas, teniendo esperanzas que así hiciera latir nuevamente su corazón. Pero nada. No hubo reacción. El enfermo levanto a Sakura por detrás y la sacó. Aizawa miro como sacaban a Sakura a la fuerza y suspiro.

―Doctor ―dijo una de las enfermeras. Hinata miro para el suelo, sabía que era lo que estaba pidiendo. Le estaba diciendo que debía declararlo. El médico suspiro una vez que se cerró la puerta por donde se habían ido el enfermero y la joven. Miro el reloj de la pared.

―Sasuke Uchiha, hora de muerte 21:43 p.m.

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Sakura al salir se soltó del joven y le dedico una mirada muy seria. Ella ya no tenía lágrimas, solo tenía indignación. Pero más que nada, aun no caía. El problema sería cuando al fin comprendiera todo lo que paso.

―Deberías ir a casa –le dijo su compañero. Ella negó y se fue rumbo a la recepción. Su ritmo cardiaco había subido. Sentía que todo era un mal sueño, del cual iba a despertar en cualquier momento y luego reiría de aquello. Pero no, no era un sueño. No entendía nada de lo que pasaba.

Decidió ir al baño a lavarse el rostro para refrescarse.

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Como una hora después de que Sasuke había entrado al hospital, no tan lejos del allí un joven pelinegro se encontraba durmiendo, ya que no hacía mucho tiempo había vuelto del trabajo, y como no había podido dormir el día anterior, aprovecho para dormir en ese momento. Hasta que su celular comenzó a sonar. Soñoliento lo agarro y atendió.

―¿Hola? –dijo apenas audible, y con los ojos semi-cerrados.

―Hola ¿señor Uchiha? –dijo la otra voz. Era una mujer.

―Si ¿Quién habla? –dijo refregándose los ojos.

―Le hablo del hospital. Quisiera informarle que su hermano, Sasuke Uchiha tuvo un accidente y está muy grave. En estos momentos está en el quirófano ―El joven se levantó repentinamente, quedando sentado en la cama.

―¿Q-Qué? –dijo casi ahogándose. La mujer le explico a grandes rasgos lo sucedido y luego Itachi cortó. Él se quedó mirando su armario que estaba en frente. Su respiración se volvió irregular, y su corazón palpito con fuerza. Su esposa entro en la habitación y lo vio sentado, con sudor en su rostro. Ella se acercó y se posiciono a su lado.

―¿Qué pasa cariño? –dijo pasando su mano por su espalda, que llevaba una remera manga corta verde militar. Él tardo, pero le conto. Luego, Itachi se levantó y busco su ropa, mientras que ella quedo sentada, pensando.

―No –dijo él como si hubiera leído su mente. El pelinegro sabía exactamente lo que ella pensaba. La conocía demasiado como para no darse cuenta de ello―. Iré solo. Tú quédate con Taichi, ya que no sé cuánto tiempo tardaré. Yo te llamaré, tú no me llames ―dijo mientras se abrochaba el jean negro que se había puesto. Se quitó la remera y se puso otra pero manga larga, y arriba con un suéter color azul. Se puso zapatillas, y agarro su chaqueta, de cuero ecológico negra, y se la puso. Agarro las llaves y miro a su esposa ―. Me llevaré la moto, iré más rápido con ella. ―Su mujer asintió y él la beso en la frente ―. Llamaré a Shisui en el camino.

Antes de subirse a la moto se puso el auricular manos libres en la oreja, se puso el casco y puso en su celular para llamar a Shisui.

Arranco.

La noche era oscura. La luna llena iluminaba el pavimento. Las luces de las calles se reflejaban en los autos que iban y venían. La gente vestía abrigos y bufandas. Para muchos, una noche cualquiera sin nada del otro mundo. Pero no era lo mismo para Itachi Uchiha, el cual se pasaba semáforos en rojo para poder llegar lo antes posible al hospital para saber cómo estaba su hermano menor. En el trayecto hablo con Shisui, el cual le dijo que en enseguida se cambiaba para ir. Lamentablemente el joven pelinegro justo salía de bañarse, así que iba a tardar en secarse y cambiarse. Pero lo bueno era que no iba a estar solo.

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Sakura había llegado a la recepción y tomo un informe de mala gana. Estaba de un humor pésimo, pero lo peor era que aún no caía en lo que había pasado minutos atrás. Una enfermera de pelo corto y castaño la observo.

―¿Se encuentra bien doctora Haruno? –pregunto tímidamente. Sakura la miro y alzo una ceja.

―¡Claro que estoy bien! ¿Por qué estaría mal? –dijo tirando el informe arriba del mostrador, produciendo que algunos papeles se desparramen.

―¿Qué sucedió con el chico que tuvo el accidente? –Sakura la miro. ¿El chico? ¿De qué chico hablaba? "Oh", pensó. "Se trata de Sasuke."

"Sasuke…"

―No pude –dijo con un nudo en su voz mirando hacia el suelo. Poco a poco iba cayendo en lo sucedido. Sus ojos se llenaron de lágrimas―. Soy una doctora ¿y para qué? No pude hacer nada –dijo susurrando. La enfermera apenas la escucho.

―¿Disculpe? ―Sakura alzo la vista, mientras algunas lágrimas recorrían sus mejillas.

―Está muerto ―dijo limpiándose las lágrimas con una manga.

―¿Quién está muerto? –pregunto Shizune que aparecía y se ponía al lado de la enfermera.

―¡Sasuke está muerto! –dijo la pelirrosa exaltada. Debía ser una broma, nunca nadie le preguntaba nada. Y en ese momento, que apenas podía contener el llanto, iban y le preguntaban todos los detalles. Los pacientes y enfermeros que estaban en la sala de espera se sorprendieron al escucharla gritar. Shizune se quedó sin habla, y deseo no haber preguntado nada. Pero lo peor no era aquello, Sakura miró hacía la puerta que quedaba derecho a su vista y vio a un joven pelinegro con los ojos bien abiertos.

―¿Q-Qué? –llego a articular el chico. Sakura se sorprendió y se maldijo por haber gritado. El ojinegro se acercó a grandes zancadas hacía ella y se puso frente a frente―. ¿Qué dijiste?

―Yo…Itachi…no… ―dijo entre cortada. No sabía qué decir, ella no era la que debía decirle aquello. Itachi frunció el ceño y la agarro de la muñeca con fuerza y la alzo.

―¡¿Qué demonios dijiste?! ¡¿Qué le paso a MI HERMANO?! ―Sakura no respondía, estaba demasiado shockeada. Y al verlo ahí parado, tan igual a Sasuke, le rompió el corazón, y se dio cuenta que jamás vería al pelinegro que siempre la llamaba 'molestia'. La pelirrosa lo miró a los ojos. Jamás había visto tanta desesperación y tristeza. Los ojos de Itachi se habían aguado, pero a la vez transmitía recelo, como si la estuviera culpando de todo aquello―. ¡Dime que es una maldita mentira, Sakura! –grito frenético, usando más fuerza en su agarre. Habían aparecido dos hombres se seguridad, pero Shizune los detuvo diciéndoles que estaba todo bien.

―Lo…siento…-dijo Sakura con la voz quebrada. Itachi apretó la mandíbula y la soltó con tanta fuerza que ella casi se cae sentada al piso. El pelinegro se dio media vuelta y comenzó a dirigirse a la salido con los puños cerrados, en el camino había pateado una silla, que por la fuerza, golpeo la pared y se rompieron dos patas. Las personas miraban al joven Uchiha con tristeza, comprendiendo su dolor y su perdida.

Al salir se dirigió a la banca que estaba a la izquierda. En vez de sentarse en donde debía, se sentó arriba del respaldo. Ya que al ser de cemento había bastante espacio, sin contar el espacio que ya de por si había, porque había un pequeño muro, de la misma altura de la banca, en donde había césped y árboles, que comenzaban a esa altura, no más abajo.

Miro hacia la nada. ¿Podía ser real? ¿Realmente estaba pasando aquello? No. No lo podía creer así. ¿Su hermano se había…? No podía ser. No podía ni siquiera pensar aquella escalofriante palabra. ¿Por qué su hermano? ¿Por qué Sasuke? ¿Por qué debió ser su hermano pequeño? Itachi siempre había intentado proteger a su hermano de todo lo que le pudiese hacer mal o lastimar. Aunque algunas cosas estaban fuera de su alcance, siempre hacia lo que podía. Pero ahora, en esa situación, se sentía el peor hermano del mundo. "Debí acompañarlo al juzgado", pensó con amargura. Apoyo sus codos un poco más arriba de las rodillas y puso sus manos en su rostro, ocultando sus ojos. Se sintió miserable porque no pudo protegerlo, no había actuado como el hermano mayor que debía ser. "¿Por qué él…?", pensaba y pensaba.

"Sasuke…"

Lagrimas comenzaron a mojar sus mejillas. No era la clase de hombre que demostrara sus sentimientos de ese modo, pero la situación le ganaba. Había perdido a su hermano menor. Había perdido a una de las personas más importantes de su vida, y ni siquiera sabía cómo iba a salir adelante. Cuando murió su madre hizo un esfuerzo sobre humano para poder sobrellevar a su familia y a Sasuke, pero ahora también lo perdió a él. Debía ser fuerte, pero no lo lograba. Sentía que nada iba a ser como antes. Se iba a aislar, lo sabía. Lo presentía.

En esa situación no deseaba pensar. No sedeaba recordar, pero su mente no se lo permitió. Inconscientemente paso por su cabeza aquellos recuerdos que lo torturarían por el resto de su vida, y que jamás vería como hermosos recuerdos. No volverían a ser momentos hermosos. Solamente dolorosos.

Flash Back

Un niño pelinegro de unos 8 años de edad, y pelo corto y lacio, había vuelto del colegio, que ese día lo había ido a buscar su tío. Al entrar a la casa, su pequeño hermano de unos 3 años y cabello picudo, lo estaba esperando sentado en las escaleras. Y al verlo pasar por la puerta fue a abrazarlo.

―¡Hermano! ¡Al fin llegas! ¿Jugamos? –dijo emocionado con una sonrisa en su pequeño rostro. Para ser tan pequeño hablaba muy bien, y muchas veces lo confundían con un niño más grande.

―Sasuke, deja que tu hermano respire un poco. Recién acaba de llegar –dijo la madre de ambos pequeños, que justo aparecía. Sasuke hizo una mueca, e Itachi sonrió.

―No hay problema, mamá. Estoy bien –le dijo a su madre, ella sonrió y asintió―. Vamos a jugar, Sasuke ―dijo sonriéndole. Sasuke asintió complacido.

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―Hermano, hermano, necesito ayuda con mi tarea –dijo un Sasuke de 7 años, mientras despertaba a su hermano mayor, de 13 años, en medio de la noche. El joven se despertó y refregó sus ojos.

―¿Qué sucede, Sasuke?

―Me olvide que tenía tarea, y no entiendo ¿Me ayudas? –dijo con una sonrisa de oreja a oreja. El joven pelinegro asintió y ayudo a su pequeño hermano con la tarea. Sin quejarse de que lo había despertado a las 3 a.m.

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Era un día soleado, y un joven pelinegro estaba manejando para ir a su casa. Cuando llego, y abrió la puerta fue a la sala. Al llegar vio a su hermano y a su hijo jugando en el suelo. Ya hacía un año que Sasuke vivía con él, pero no se arrepentía de nada. Hacía un tiempo su madre había fallecido y su hermano no la pasaba bien. Le costaba mucho sobrellevar su muerte, es por eso que Itachi, le había dicho que viviera con él y su familia. Sin chistar, Sasuke había accedido, y poco a poco se iba recuperando.

―Sabes, pareces un niño cuando estas con Taichi –le dijo Itachi poniendo una mano en su cintura y una media sonrisa. Sasuke lo miro e hizo una mueca.

―Y tu pareces un esposo psicópata cuando estas con tu esposa –lo desafío. Itachi sonrió.

―No lo niego –dijo acercándose al sofá para sentarse. En ese momento su hijo salto a abrazarlo.

―Te extane papi –dijo abrazándolo por el cuello. Solo tenía un año, aunque hablara, sus palabras no eran perfectas. Itachi sonrió. Cuando Taichi se separó, quedo sentado en sus piernas, mientras que Sasuke se levantaba y se sentaba en el sofá junto a su sobrino y hermano―. Hoy el teo Sake me compo un helado. –Itachi no pudo evitar reír por como su hijo llamaba a su hermano "teo Sake". Sasuke hizo una mueca. En ese momento apareció Azumi, su esposa y se sentó junto a él. Sasuke se levantó.

―Vamos Taichi, dejémoslos solos ―dijo. Taichi sonrió y tiro los brazos hacia Sasuke, este lo alzo―. Vamos a mi habitación–dijo mientras se iba. El pelinegro hacía mucho tiempo que no se sentía en paz, y con esa escena de su hermano y su hijo lo conmovió. Sasuke no era la clase de chico que era muy abierto, pero le ponía feliz que cuando estaba con Taichi, su parte de niño salía, aunque fuese un poco.

Fin Flash Back

Al recordar todo aquello, un nudo gigante se formó en su garganta. Aun no lo entendía ¿por qué debía pasar eso? Ningún hermano mayor desea enterrar a su pequeño hermano. No estaba preparado. Y nunca lo estaría. Sasuke había sufrido mucho, y ahora que todo se podría llegar a arreglar pasaba aquello. Parecía una maldita broma.

―Itachi…―Escucho como lo llamaban. Reconocía esa voz. Era Shisui. No se atrevía a mirarlo. Se sentía demasiado miserable y culpable como para hacerlo. Escucho como los pasos de su amigo se aproximaban y se sentaba junto a él―. Dime que me estas bromeando –dijo con la voz quebrada. "No…", pensó. "No te estoy bromeando", aunque en realidad no le haya dicho nada, Shisui era demasiado listo, sin contar que lo conocía de sobra. El joven de cabello alborotado, que vestía un jean azul oscuro, un buzo con capucha color gris topo y una campera negra, suspiro intentando aguantar las lágrimas. No debía llorar. Debía aguantar por Itachi. Si él se ponía a llorar iba a ser parte del problema y no de la solución. Tenía que ser su pilar, y evitar que su amigo se desmorone.

Luego de media hora sin dirigirse la palabra, Itachi levanto la vista y lo miro. Shisui lo estaba mirando. Suspiro y saco algo de su bolsillo. Su amigo hizo una mueca y exhalo ruidosamente. El pelinegro de cabello largo no le prestó atención. De la cajita saco un cigarrillo, lo puso en sus labios y lo prendió.

Itachi no fumaba muy a menudo. Solo en situaciones específicas y Shisui, como amigo que era, sabía exactamente en cuales. La primera vez que lo vio fumar fue cuando su madre había muerto. Él estaba pasando por un momento lleno de presiones, en donde debía estar emocionalmente estable, y para ello, pasó a fumar. Luego, cuando Sasuke había ido a vivir a su casa lo había dejado hasta que paso lo del homicidio, más específicamente cuando se dijo que el arma usada llevaba las huellas digitales de su hermano. Después que más o menos resolvieron el caso, hacía un par de días, lo había visto fumar pero casi nada. Pero ahí estaba nuevamente fumando, y temía que esta vez iba a ser para siempre. Y no lo culpaba. Aunque no compartía al 100% el hecho de que fumar te sacara el stress, si bien solo fuese psicológico, debía aceptarlo. El dolor de Shisui no se podía comparar con el de Itachi. No era lo mismo un primo a un hermano. En especial cuando se hablaba de que eran Itachi y Sasuke. Esos dos se llevaban muy bien, aunque no siempre, pero se notaba el cariño de ambos. Ellos no eran de demostrar sus emociones, pero al ver sus pequeñas acciones y sus ojos se notaba el aprecio. Shisui sintió como su corazón le comenzaba a doler. "Debo ser fuerte…", pensaba.

―Dame uno –le dijo a Itachi. Este lo miro sin entender―. Que me des un cigarrillo ―especifico. El pelinegro dudo, pero le tendió el paquete para que agarrara uno, y después le paso el encendedor.

―No sabía que fumabas –dijo Itachi teniendo su mirada en un punto cualquier frente a él.

―He probado alguna vez en mi vida. Pero no me puedo definir como un fumador, al menos no todavía ―dijo con una media sonrisa, para luego poner el cigarro en sus labios y prenderlo.

Ambos jóvenes casi no hablaron. Aun no estaban mentalmente listos para hablar de aquel tema, que aún no podían aceptar. Dejaron que el humo del tabaco inundada sus vías respiratorias. El alquitrán, la nicótica, el monóxido de carbono y miles de otros componentes entraban en sus pulmones, llenándolos, y haciendo una respuesta psicológica de tranquilidad. Una tranquilidad que en realidad nunca existiría.

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"Ahora no tenemos ni idea de quiénes o qué podrían ser los habitantes de nuestro futuro. En ese sentido, no tenemos futuro. No en el sentido en que nuestros abuelos tenían futuro, o creían tenerlo. Imaginar un futuro completo es cosa de otro tiempo, un tiempo en el que el "ahora" tenía una duración mayor. Para nosotros, por supuesto, las cosas pueden cambiar tan bruscamente, tan violentamente, tan profundamente, que futuros como los de nuestros abuelos tienen un "ahora" que no basta como base. No tenemos futuro porque nuestro presente es demasiado inestable."

-William Gibson

Continuara...


¡Hola! ¿Cómo están? Espero que muy bien.

Cuentenme si les gusto el cap :) Está vez me quedo bastante largo jeje.

Por favor, no me tiren cuchillos ni nada de eso, gracias jajaja.

Dejen sus review así sé si les gusta, ¡es la única forma de que me entero de ello!

Gloria Moreno: Gracias por tu review. Me mato cuando dijiste que merezco un aplauso jaja XD O cuando dijiste que Sasuke no se puede morir antes del lemon...pues...YOLO jajajaja. Espero sigas leyendo! :)

Rossy: SIIII, SOY TERRIBLE! LALALALA...acá está mi otra idea perversa jaja. YO TAMBIÉN AMO A ITACHI! :3 A mi también me encanto cuando paso su mano por el pelo fue tan jahgsjag como bien dijiste in your face, bitch! jajaja XD Espero sigas leyendo amiga ^^

¡Me despido!

~FenixCarmesi~