Naruto ©Copyright Masashi Kishimoto.-Todos los derechos reservados

El beso de plata. Copyright Annette Curtis Klause. (Historia Original).

Battle Born. Copyright ScarFake. (Adaptación).

/!\ No tienen mucha relación los personajes del libro, con los personajes del Fanfic, básicamente porque las personalidades no coincidían. Por esto, no es recomendable leer el libro para adelantar. No van a entender nada.

/!\Hizashi Hyūga está vivo, (el papá de Neji).

/!\Alternative Universe (AU).

»Extensión: 2.042

»Estructurα: Long fic.

»Clαim: Neji / Tenten.

»Rαted: k+ (De momento).


1.2 Tenten:

". . .Once upon a time, I swore I had a heart,
Long before the world I know tore it all apart. . ."


Se limpió de la boca la sangre de la rata, le repugnaba hasta lo más profundo, era impresionante que se estuviese alimentando sólo de animales de mierda que no le satisfacían en lo absoluto, la verdad es que nada satisfacía tanto como la sangre humana. No lo encontraba suficiente, era inhumano, rió. Inhumano sería una palabra utilizable en el caso de ser ella algo parecido a ellos. No había encontrado comida en el parque, excepto el niño, claro está. La tomó por sorpresa y ella había aprendido con el tiempo a odiar las sorpresas, toda clase de aparición sin previo aviso era una completa molestia, usualmente no sabía cómo reaccionar y ésta vez estaba muriendo de hambre, cansada que hasta había llorado en un berrinche patético hacia sí misma; pero ahora se acordaba de la forma como le sostuvo la mirada y del sutil ambiente de miedo que se sentía en el aire nocturno, y eso le había gustado.

Llevaba 20 minutos agachada en el callejón detrás de un grupo de tiendas, atrapando y tomando, atrapando y tomado. Agudizó la vista para observar completamente el panorama frente a ella, pero nada se movía, ni siquiera sentía el sonido que hacían al escarbar o morder. Ahora estaban escondidas, las ratas. Sabían que algo estaba sucediendo; un gato grande, pensó ella, y se asomó en su boca una sonrisa delgada y brillante. Le fascinaba causar miedo, porque éste a su vez infunde de manera casi increíble el respeto del el resto, aunque fuese una raza completamente diferente e inferior.

Había que continuar, giró el rostro en ambas direcciones y se levantó, estiró sus flacos y musculosos brazos hacia el cielo. Sólo tenía puesta una camiseta a pesar de que la noche de otoño estaba fresca. Era negra como sus ajustados jeans. A ella le gustaba el negro. Sombras, pensó. Noche. Se sentía bien vestida de negro, sin embargo, los cordones de sus zapatos eran rojos. Sangre, susurró esa noche en la tienda, cuando sus dedos se rehusaban a colocarlos de nuevo en la repisa. Le entregó cinco monedas de ryō a la mujer que la observaba recelosa y corrió hacia el callejón donde ahora se encontraba para ponérselos. Se mordió el labio inferior, no siempre había sido de esa manera, no, antes había sido alegre, antes había sido todo perfecto, antes. Pasó una de sus manos por su muslo derecho y lo disfrutó, como cada vez que saltaba y corría. Antes no podía usarlos, pero los tiempos cambian, ahora hacía lo que ella quería. Ella mandaba, ponía sus reglas en la lista y sus piezas en el tablero. Ahora.

¿Adónde iría ahora? ¿Al parque? Tal vez el niño ya se había ido, pero tal vez no. Debería ir de todas formas, pensó, y sonrió de nuevo, la misma sonrisa brillante. Tenía que verlo de nuevo, no era una mujer de fácil obsesiones y él claramente no era una, simplemente él era hermoso, oscuro como la noche, pero delgado como si alguna de las chicas de la hermandad ya lo hubiera hecho suyo. Tenten frunció y desfrunció el ceño. Molesta sin saber claramente por qué, aquella idea no le había hecho gracia en lo absoluto, no podía ser. No. Ese olor no hacía parte de él, no olía a uno de los suyos, su olor era embriagante y su pulso había sido totalmente audible. Sin embargo, había algo voluptuoso acerca de él, que le recordaba la muerte. Ojos expresivos y labios finos, también, pensó ella y se sonrió ante sus peculiares preferencias humanas.

Él lo asustó. Ella había encontrado ese parque hace dos semanas y nadie venía a esas horas de la noche. Nadie que valorara un poco su vida, no hablaba precisamente por ella, sino porque los humanos, sin sonar totalmente ofuscada al respecto, mataban mucho más que ellos. Había bajado la guardia; algo peligroso, tonto. No, no iría al parque, decidió. Podía esperar. Él se sentó en la banca con mucha familiaridad, como si ese fuese su hábito. Seguramente lo volvería a ver, tenía que ser así. En cambio visitaría esa casa. No estaba lejos para caminar desde aquí y vería qué tramaba el niño. Nada estaba lejos para caminar, ya había agarrado el hábito de dejar que sus pies le llevaran a cualquier lugar.

Se fue cuidadosamente del callejón. No era bueno que la vieran aquí a menudo, principalmente porque era extraño que precisamente cuando ella se encontrase en ese lugar un montón de ratas aparecían muertas a la mañana siguiente, es que resultó ser un sitio excelente para ir de caza; no lo quería perder. Caminó por el pavimento con los hombros encorvados y las manos dentro de los jeans como si estuviera combatiendo el frío. Debía siempre mantener la imagen, ella tenía que parecer uno de ellos, ¿Quién sabe quién la estaba mirando? Tendría que conseguirse un abrigo. La calle por la que estaba caminando se cruzaba con la calle Kuri. Giró a la derecha y en la quinta casa se detuvo al final de un patio largo.

No había luces en la parte trasera de la casa, pero la luna iluminaba el jardín. Tenten se deslizaba de una sombra a otra, entre árboles y arbustos como si ella misma fuera una sombra, o una nube frente a la luna.

Llegó a la casa hecha de ladrillo tosco y se acercó al árbol que estaba en la esquina, al cual subió con la facilidad de un gato para acomodarse sobre una rama. Apenas si sacudió las hojas de otoño que aún colgaban de las ramas.

Podía ver la habitación y parecía anónima. Las paredes estaban desnudas, nada sugería la personalidad del ocupante; pero sí había un ocupante, acurrucado sobre la cama. Un niño de seis o siete años sosteniendo un libro, leyendo a la luz de la luna con un oso de peluche al lado. Te vas a arruinar los ojos, niño, pensó Tenten, y sonrió perversamente. El libro era más grueso de lo que uno esperaría para un niño de esa edad y la curiosidad por saber el título estaba enloqueciendo a la castaña. Ocasionalmente el niño ahogaba una risa y sacudía la cabeza moviendo su delicado pelo negro a la luz de la luna. Un sonido lo alertó y saltó acomodándose en la cama. Buen actor, pensó. La puerta se abrió. El oro reemplazó al dorado cuando la luz del corredor inundó el cuarto. Una mujer joven estaba en la puerta sonriendo al ver que el niño escondía el libro bajo las cobijas.

—Sai… —le dijo suavemente—, es un poco tarde para estar jugando. Son casi las doce. Tranquilízate y duérmete.

—Ajá—. Respondió el muchacho y abrazó la almohada. La mamá le mandó un beso y cerró la puerta al salir.

Tenten vio que el niño continuó despierto desafiando el sueño, aun sonriendo. Suspiró botando el aire tranquilamente por la nariz. Había un aullido en su garganta que apenas podía contener y que la estaba ahogando. Se bajó del árbol antes de delatarse. No era ni el sitio ni el momento. Al menos ya sabía dónde estaba y la paciencia hacía en ella un trabajo certero, esperaría el tiempo adecuado.

Al pasar por un árbol cerca de la cocina escuchó voces, había gente guardando platos, hablaban de manera somnolienta, se acercó con cuidado bajo el marco de la ventana para escuchar, básicamente porque podía y quería.

— … ya debería estar dormido— decía una voz de hombre.

—Pero es difícil para un niño —contestó la mujer—, ajustarse a un nuevo hogar.

—Ya ha pasado un mes—. Mencionó tras bufar despacio para no despertar dudas en su mujer.

—Sí, pero después de un año en la casa anterior y Dios sabe dónde antes…— Tenten mordió el borde de su pulgar, y frunció el ceño, cada lugar al que iba. Cerró los ojos y negó con la cabeza, no lo quería ni pensar.

—Sí, supongo que tienes razón.

—Es un niño dulce. Un poco callado—. Comentó la mujer con un tono de voz confiado, Tenten solo rodó los ojos. Idiotas.

—Oh, será un genio. Ya verás—. El hombre rió.

—Ya lo tienes todo planeado, ¿no?

—Claro. Premio Nobel—. Se rió de nuevo. Ella se mordió el labio inferior con ira, él tenía planes, él tenía quien se preocupara. Bastardo.

—Vamos a la cama— la luz se apagó. Se estaba por levantar de su escondite cuando les sintió hablar nuevamente, por lo que no cambió de posición.

—Todo estará bien, ya verás —dijo la mujer—. No puedes esperar perfección cuando adoptas un niño mayor.

—Sí, que lástima también lo de la piel delicada. Demasiado sensible. Tal vez si nosotros… —su voz se perdió en el interior de la casa. Quería seguir escuchando por lo que se sentó sentó entre los arbustos por un rato largo. Respiró la esencia de la noche, hizo planes y los abandonó. No había movimiento en la casa, los sueños titilaban en las ventanas; todas excepto una, donde el hambre oscura llamaba.

Finalmente, cuando escuchó el primer pájaro de la mañana, se levantó con un único y flexible movimiento. Su cuerpo no se quejó ante la interrupción de la vigilancia. Era como si apenas algunos segundos antes se hubiera sentado a observar. En silencio, abandonó el patio de la misma forma como había llegado y acompañada por los pájaros que se despertaban, alzó un brazo por sobre su cabeza estirándose un poco, más por costumbre que por necesidad y regresó a lo que era su casa esta semana: un colegio abandonado en Sutorīto.

Retiró una tabla de madera y se deslizó, a través de una ventana rota, a la oficina del rector. El cuarto, sucio de polvo y telarañas, fue en tiempos pasados el infierno para los de sexto grado, pero todo lo que quedaba ahora era un viejo archivador en el que solamente un cajón funcionaba y una mesa con el borde oxidado y sin asiento. Unas repisas pegadas a la pared completaban el cuarto y el piso de madera había tenido mejores tiempos. Una maleta deteriorada reposaba sobre una de las repisas.

Al colocar la tabla en su lugar, el cuarto quedaba oscuro. El amanecer lograba entrarse por las rendijas aquí y allá, finos rayos que alumbraban las alegres motas de polvo, pero que no penetraban la oscuridad. Paseó sus dedos por entre los ases de luz y se concentró en la oscuridad, la poca iluminación en la habitación no le molestaba a Tenten porque ella realmente no necesitaba mucha luz para poder ver. Tomó la maleta, la colocó sobre la mesa y la abrió. Dentro había una pequeña pintura con marco dorado. Era un grupo familiar: un hombre, una mujer con un bebé en sus brazos y una pequeña niña. El óleo estaba viejo y rajado. En la parte inferior de la pintura había tierra, tierra seca y negra, casi volátil como las motas de polvo en el cuarto. Tenten la acarició con sus dedos y suspiró. Este era su sueño; la tierra de su patria. La tierra donde ella habría descansado eternamente si de verdad hubiera muerto, aún tenía el poder de permitirle algo de esa paz. Era, tal vez, una prueba de esa muerte lo que la renovaba. Sin eso, se perdería en el infinito y se convertiría en una cosa marchita, sin posibilidad de movimiento, de alimentarse; pero al mismo tiempo sin poder morirse. Un infierno viviente.

Acercó la pintura a sus labios y la besó suavemente, la devolvió a la maleta, la cerró y cerró los seguros. Necesitaba descansar, pero no en el trance comatoso que muchas veces la dominaba. Siempre sabía cuándo iba a suceder pues era después de una intensa sesión de alimentación; de un humano. Ahora sólo necesitaba un período de letargo para recargar, por así decirlo. Levantó la maleta de la mesa y la deslizó dentro del hueco donde se acurrucó después. La abrazó como si fuera un tesoro.

Estuvo un rato ahí, con los ojos abiertos mirando más allá del cuarto y del colegio. Antes de dormirse, pensó, por un momento, de nuevo en el niño. Hermoso, susurró, pálido como la leche maldita, delgado y agudo como el dolor; y minutos más tarde se elevó hacia las estrellas.


Sé que arriba dice explícitamente que es un Alternative Universe, sin embargo quise mantener la moneda que se usa en Naruto, porque vamos, he utilizado todos los recursos que he podido de la Serie/Manga.

Sé que salió Sai, sólo intenten imaginárselo de chiquitito, no es tan difícil, lo prometo. Tiene un papel sumamente importante, en cuando a la relación con Tenten, pues aún no puedo dar luces de nada, sólo decir que me saldré un poco de lo establecido para darles relación. Espero que aquello no les moleste.

Gracias por los comentarios, aunque no los esperaba se agradecen en demasía. No creía tener una buena cabida aquí, es bueno saber que ha gustado. En cuanto a los tiempos de actualización, mi máximo será una semana, pero puede que esté actualizando antes, todo depende del ánimo y del tiempo.

Scarfake.