Hall of fame.
Vocaloid no me pertenece.
You can be a hero
You can get the gold
Breaking all the records
They thought never could be broke.
Capítulo 3.
Agarró aire cuando entró. Cruzó el amplio vestíbulo hasta hallar otra puerta que daba justo a la sala de ballet. Varias alumnas ya habían llegado, hablando entre ellas mientras estiraban sus músculos. Rin tomó otra bocanada de aire y atravesó la sala para llegar a las taquillas situadas al fondo. Pudo notar algunas miradas sobre ella, obligándola a bajar la cabeza y la mirada, intimidada.
-Eh, esa es sorda. –Consiguió oír a lo lejos cuando abrió su taquilla. Aunque no era complicado. Es más, pudo a verlo escuchado sin el aparato que ahora tenía en su oreja derecha. Metió su bolso dentro y cerró de un portazo cuando el siguiendo comentario hizo eco en su mente:- Sorda y muda. Dios, debería estar en casa, este sitio no es para ella.
Se apartó de las taquillas y se acercó, ante la atenta mirada y murmullos de algunas, a la larga barra que cruzaba el amplio espejo que, a su vez, cubría toda una pared. Se agarró a ella colocó el pie derecho frente al izquierdo, en horizontal ambos. Flexionó las rodillas e hizo un par de sentadillas antes de que la señorita Annie, la profesora de aquella clase, entrara con algo de prisa. Jadeaba y el bolso que debía de estar en su hombro había resbalado hasta su antebrazo. El moño que traía se había desecho, dejando caer algunos mechones de pelo a cada lado de su rostro.
-Disculpad… -Habló con un ligero acento ruso. La mayoría de las bailarinas se acercaron, formado un semicírculo alrededor de Annie quien inmediatamente se recompuso y se aclaró la garganta, dejando el bolso al lado de la puerta y deshaciendo por completo el moño, atándolo en una simple coleta alta.- El tráfico estaba peor de lo que esperaba. –Se excusó, pasando su mirada cristalina por las alumnas.
Sweet Annie era de las mejores profesoras que tenía aquella academia. A diferencia del resto que eran serias y apenas con una pizca de paciencia, Annie era divertida y con una paciencia infinita. No era lo mejor para un deporte tan estricto, pero ella pensaba en lo esencial: que los alumnos no tengan solo como meta el ganar. Competir, divertirse, aprender, era lo que de verdad buscaba.
-Bien, como sabrán, mis niñas, queda una semana para la gran prueba. –Sonrió de lado, posando sus manos a cada lado de su pequeña cintura.- Pero hoy, exactamente dentro de una hora, tres jueces os probarán en un pequeño test para comprobar vuestro nivel y elegir las que se presentarán a la gran prueba. –Comprobó el reloj que tenía colgado a su derecha.- Quiero que os empleéis a fondo, ¿de acuerdo? –Alzó una ceja estrechando su sonrisa algo entristecida por aquellas que ni siquiera tendrían la oportunidad de ir.- Estaré ayudándoos a cada una. ¡Vamos! –Dio varias palmadas e, inmediatamente, todas corrieron para practicar lo aprendido hasta ahora.
Nuestra rubia sentía como su estómago se revolvía, preso de los nervios. Dentro de una semana sería la gran prueba y hoy, tres jueces, llegarán para comprobar el nivel que tenían. Aquella mini cata diría si era lo suficientemente buena para llegar a la prueba más importante. El momento en que se debatiría parte de su vida.
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Aún con la sonrisa tonta dibujada en su rostro, Len se paró frente al pequeño gimnasio situado varias cuadras más allá de la academia de ballet en donde dejó a Rin. El rubio no podía borrar su sonrisa cuando volvió a recordarla. No sabía si se había enamorado, pero lo parecía.
Se aclaró la garganta y sacudió su cabeza, intentando disimular la sonrisa. Entró y pasó su mirada por el recinto. Un pequeño cuadrilátero en el centro y, alrededor, pegados casi a la pared, pesas ocupadas por algunos hombres grandes que reían con una voz bastante aguda. Relajó sus hombros y se abrió paso hasta llegar frente al cuadrilátero, donde un hombre alto y esbelto, con un gorro negro que le cubría el cabello extrañamente rosa no perdía de vista el combate de calentamiento. Vestía unos pantalones de chándal largo y gris junto a una camisa negra y, sobre ésta, un chaleco fino del mismo color que los pantalones.
-¡Hey! –Saludó cuando se volteó, encontrándose al rubio que sonrió de lado.- Nuestro pequeño Len. –Le revolvió el cabello sonriendo cuando éste se acercó.
Tenían varios mese de amistad, aunque Yuma le casi doblara la edad. Se conocieron tras una pequeña pelea en un parque cercano, en donde el rubio era partícipe. Peleaba contra un adolescente de su misma edad. Según lo que había contado, éste había propinado un empujón a uno de los nerds que conocía. Corrió a defenderle y recibió un golpe bajo que lo dejó de rodillas en el suelo, lo que aprovechó para terminar con un rodillazo en la cara. Por suerte, Yuma llegó a tiempo y detuvo aquello antes de que pudiera llegar a peor. Aquél matón logró escabullirse y no dieron con él hasta días más adelante. Rescató a Len y pudo llevarlo al hospital, en donde avisaron a su madre y lo mantuvieron en observación. Yuma aparecía día tras día para visitarle y saber como le iba.
Desde aquél momento, sintió la necesitad de cuidarlo. Tenía un gran potencial cuando le vio propinarle un golpe en la mandíbula a aquél fanfarrón, que le doblaba de peso y altura, antes de que lo dejara K.O en el suelo. Con el permiso de la madre, logró conseguir apuntarle a un pequeño gimnasio, donde pasaba más de veinte horas semanales a entrenar, llueva, truene, nieve o haga un calor insoportable. No faltaba.
-Hola. –Saludó más risueño, fijando su mirada en el cuadrilátero en donde, otro conocido, se batía en duelo contra uno de los pesos pesado del gimnasio. Observó como el de cabellos marrones le propinaba al rival un codazo en el vientre y, aprovechando que se había cubierto su abdomen con una mueca de dolor, el joven le agarró de los hombros y le asestó una patada en el mismo lugar, ocasionando dolor también en las manos desnudas y ensangrentadas. Len lo miró con recelo. Si él pudiera luchar con la misma facilidad…
-Bien, chaval, te estaba esperando. –Yuma le agarró del hombro, llamándole la atención. Len volteó su rostro y le devolvió la sonrisa.- Por fin me han traído tus guantes. –Le anunció, pillando desprevenido a Len. Había estado esperando tanto tiempo para conseguirlos.
-Bromeas. –Balbuceó, sonriendo alucinado. Yuma soltó una pequeña carcajada y negó con la cabeza- ¿Y dónde están? –Preguntó con emoción, mirando a ambos lados de su amigo por si por casualidad lo tenía en la mano y no se había dado cuenta.
-Antes tendrás que cerrar los ojos, pequeño saltamontes. –Le dijo, ampliando su sonrisa. Len acató las órdenes sin perder ni un segundo más.
Yuma soltó otra suave carcajada y se volteó, acercándose a una mesa donde tomaba los combates y quienes perdían o ganaban en estos. Encima de la mesa, una caja sin abrir, con el nombre de Yuma y la dirección de las instalaciones. Abrió la caja con cuidado y sacó los guantes de su compañero. Eran unos guantes de boxeo negras, pero con la zona que protegía las palmas de las manos, de un color amarillo suave. Se acercó a Len, que seguía con los ojos cerrados y le habló de nuevo:
-Ahora, extiende las manos. –Le ordenó, observando como el rubio extendía las manos con evidente emoción. Colocó los guantes sobre las manos tendidas.- Ahora abre…
-¡Oh, Dios, me encantan! –No terminó la frase porque el menor ya lo abrió justo después de sentir el tacto de la prenda. No perdió tiempo en probárselas y mirarlas con admiración. Unos guantes de boxeo de verdad, de los que llevaban los boxeadores de verdad. Como el boxeador que llegaría a ser.
Yuma lo miró con cierta ternura. Len era lo que más parecido a un hermano pequeño que tenía, y el cariño que le había cogido era impresionante.
-Gracias, gracias, gracias. –Agradeció, rodeándole los hombros y dándole un pequeño abrazo que Yuma no negó en corresponder.
-No es nada, ya sabes, regalos que se dan entre mejores amigos. –Ambos rieron y chocaron los nudillos sobre la gruesa capa de uno de los guantes.
Ahora sí que podía entrenar de verdad. Ahora ya no tendría que usar los destrozados guantes que tenía. Ahora, su sueño de ser el luchador profesional más grande de la historia, recobraba aún más fuerza.
¡Hey, hey, gente! Maisa vuelve a la carga con el tercer capítulo de Hall of fame. e^e
Solo decir que me alegró los cinco reviews que me llegaron y me dieron apoyo. :') ¡Por no hablar de las 261 personas que la leyeron! Muchisisisisisimas gracias, ¡no saben lo que significa esto para mí! Sobre todo, daros las gracias a los que comentaron de nuevo, a los que dieron favorito y siguieron esta historia: a Mekuto, Dianis Mar, Gabriela Kagamine, Umiila, Kamichi77, Bere3442, Kiaraen Kagamine, Campiz Michaela y cecheverriac. Y a las 252 personas restantes, de verdad. ¡No me cansaría de agradecéroslo! Es que me impacta bastante porque… woah. Y en especial cuando se trataba de Hall of fame que no me imaginé que tantas personas la visitarían… ¡Muchas gracias de nuevo! *~*
También, quería comentar que Los protegidos, una saga que empecé hace tiempo [pero que sigue en espera.(?)] sufrirá algunos cambios. Quizás ponga un prólogo y luego, dé un salto diez años más adelante. ¿Por qué? He visto que si me enrollaba con el que hago ahora, en donde los pequeños protagonistas son aún muy pequeños, tendría que hacer capítulos largos y comprensibles en cuanto a la trama. Para que nos entendamos y tampoco me líe yo: reconstruiré el primer capítulo y quizás el segundo y los convertiré en prólogo añadiendo cosas y, luego, comenzaré la historia real, dando un salto diez años más tarde para no enrollarnos y hacer que podáis seguir con más facilidad la trama. Creo que lo he explicado lo mejor posible, porque en cuanto a dar explicaciones, se me da fatal. 8D
Y creo que me llevará tiempo si no encuentro ayuda pronto. ;u; Estoy por la mitad del prólogo y aun tengo que mejorar en cuanto a expresar las emociones que me doy cuenta de que no son ni la mitad de buenas que la mayoría de vosotros. ¡Argh, tengo que aprender! Pero, bueno, solo avisaros de ello para que no penséis que esa historia se quedará en la nada. JAJAJA. Nunca. La seguiré hasta el final. e_é Y si hace falta, haré hasta una segunda parte. (?)
Bien, dicho todo lo que tenía que decir: ¡De nuevo, muchas gracias por leer, darle favorito y seguir esta historia! :') La alegría que me da saber que tanta gente se ha molestado en leerla… Aún no me lo creo. JAJAJ. Pero no quiero alargar esto más.
Frase del mes: ''Espero que cuando la gente grite, grite tu nombre. Espero que cuando todos corran, tú elijas quedarte.''
¡Un besazo enorme y hasta la próxima!
Maisa. 3
