HALL OF FAME.
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Si caes al suelo, levántate. Cuando notes tus huesos hechos polvo, recuerda por lo que has venido; ha luchar, ha decir a todos los que te hacían caer que no te detendrás hasta que caigan rendidos a tus pies.
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Capítulo 4.
Vocaloid no me pertenece.
-¡Se acabó el tiempo! –Gritó Ann.- ¡Atención, quiero una fila recta y ordenada! –Aplaudió, atrayendo la atención de sus alumnas, quienes se alzaron del suelo donde segundos antes habían caído agotadas por el exhausto entrenamiento y calentamiento de aquél día. Se acercaron y, en fila, observaban a su coreógrafa y profesora frente al enorme espejo- Bien, quiero seros sinceras, niñas. –Entristeció su mirada, recorriendo la fila.- Muchas no vosotras no vais a llegar a la gran prueba. –Suspiró, pasándose una de sus delicadas manos por su cabello rubio todavía recogido en un moño alto. Le costaba decirlo. Sus alumnas se habían convertido en sus propias hijas. Las había tenido desde muy chicas, las había visto crecer a muchas de ellas. Había conocido a nuevas alumnas también, que la habían conquistado desde el primer día.- Es duro. –Continuó.- Habéis estrenado día tras día sin descanso, esforzándoos al máximo en cada paso que aprendisteis. Me habéis demostrado lo increíbles y talentosas que sois cada una de vosotras. Tenéis un don único que si no se exprime al máximo y no se extrae todo su potencial, no habrá servido para nada. Llegasteis lejos, y si no os eligen en esa prueba, ¡no podéis tirar la toalla! –Pero a pesar de la ilusión, la emoción y el ánimo que Annie ponía en sus palabras, algunas bajaron sus miradas, incapaces de aguantarla. Incluida Rin. El miedo comenzó a crecer. Era consciente de que estaba rodeada de chicas que habían nacido para esto. Tenían muchísimo más potencial que ella.- No quiero que bajéis la mirada ni un solo momento. –Alzó su voz ligeramente.- Cul, Lily, Yuuki, SeeU, Rin, la mirada. –Las nombradas suspiraron a la vez, alzando con lentitud sus ojos. Ann les sonrió. Eran sus niñas.- Si hace falta, romperos la pierna. Sed realistas y haced lo imposible. –Rin la observó con las cejas abajo. Era fácil decirlo, pero muy difícil hacerlo.- Demostradles que todas valéis. ¡Pateadles el culo! –Exclamó con energía, sacando varias sonrisas.
-Pero… ¿qué ocurre si no nos eligen? ¿Qué pasará a quienes sí las escojan? –Preguntó SeeU, insegura. Rin la observó; sus manos se retorcían entre sí, nerviosas.
-Recordad que es una prueba donde escogen a las mejores bailarinas para hacerlas participar en concursos regionales e internacionales incluso. A quienes rechacen, se les tachará de inválida. –Ann borró su sonrisa, gesto que no anunciaba nada bueno.- La Gran Prueba se presenta una vez en la vida y en torno a vuestra edad. –Tragó saliva. La mayoría se vio sumida en suspiros y maldiciones. Aquella prueba era una selección de talentos. Se entrenaban horas y horas, sin apenas descanso. Y no llegar hasta ahí, significaría una dura derrota.- Pero, a quienes elijan, seguirán entrenando, pero subirán dos niveles respecto al resto y quizás incluso las trasladen a otra academia para entrenar. Seréis candidatas para alguna representación a nivel nacional o incluso internacional. –Casi susurró.
El silencio siguió consumiendo aquél ambiente tan tenso. Las miradas iban y venían. No sabían que decir. Rin se miró las manos, temblaban. Los golpes de la puerta rompieron el gélido ambiente. Había llegado la hora.
-Demasiado puntuales. –Habló Ann casi en un susurro, acercándose a la puerta. Las chicas se voltearon a la vez, sin romper la fila. Ante la atenta mirada de las menores, Annie tomó una profunda calada de aire antes de abrir la puerta.
Tras ella, tres personas; dos hombres y una mujer. Ambos varones vestían con un traje negro, sin corbata y con los dos primeros botones de la camisa blanca, desabrochadas, dándoles un aspecto algo más cercano. La mujer, en cambio, vestía un vestido rojo ceñido, a un palmo sobre sus rodillas, con un pronunciado escote. Usaba unas gafas de pasta negras y su cabello estaba recogido en una coleta alta, con dos mechones enmarcando su suave y pálido rostro. Sujeto a sus manos y pegado a su pecho, una carpeta negra.
-Buenos días, señorita Sweet. –Saludó, con una voz fina y dulce.- Me presento, soy Suzuki Lenka y ellos son mis compañeros. –Señaló con una de sus manos al hombre que tenía a su derecha.- Sakine Meito. –El nombrado inclinó ligeramente su cabeza hacia delante.- Y Amano Leon. –El joven rubio a su izquierda sonrió con algo de superioridad, imitando el gesto de su compañero. Annie les saludó a ambos hombres.- Hemos venido en representación de la cúpula que se encarga de organizar este año la gran prueba, para juzgar a sus alumnas. –Añadió, recolocando sus gafas con una sonrisa sencilla.
-Bien, estábamos realizando el último ensayo. –Comentó, haciéndose a un lado para dejarles pasar.- No se queden fuera, adelante, por favor. –Señaló las instalaciones con una de sus manos. Sus alumnas no habían perdido de vista a las tres personas y sintieron como el nudo de su estómago se hacía más grande.
-Gracias. –Agradecieron a la vez, adentrándose.- Veo que sus alumnas están bien educadas. –Comentó la rubia, acercándose a la fila, comenzando por uno de los extremos, con la idea de hacer un repaso visual. Rin tragó saliva. Su corazón latía a mil y sus manos temblaban. Nunca había pasado por algo tan similar. Tenía miedo y los nervios no ayudaban. Los tacones negros de Lenka se acercaban cada vez más. Rin alzó la vista y pudo observar como Ann, entre los dos jueces varones que habían quedado al margen, la observaba también, con una amplia sonrisa de apoyo. Rin le devolvió la sonrisa con algo de dificultad.- Que sorpresa, si aquí entrena la grandísima Teto Kasane. –Rin se volteó cuando escuchó a Lenka hablar con un cierto tono de simpatía forzada.
Tuvo que inclinarse hacia delante para observar a una de las alumnas, a tres personas de distancia, como sonreía con superioridad y sus ojos mostraban una seguridad envidiable. Pero, claro está, era Teto. La cuarta generación de bailarinas en su familia. Llevaba el baile en la sangre y siempre dejaba boquiabierto a quien se quedaba a contemplar sus bailes. Siempre fue la que elegían como protagonista en alguna obra que realizaban; se ganaba el cariño y la mayor parte de los aplausos del público.
-La misma. -Contestó la pelirroja sin dejar de sonreír.
Lenka le dedicó su mirada más competitiva antes de seguir con su recorrido. No dio más de cuatro pasos cuando volvió a detenerse, esta vez en Rin. La rubia menor clavó su mirada en la de Lenka cuando sintió su presencia frente a ella. Sus mojos intimidaban. Ahora mismo sentí alas ganas de salir corriendo de ahí.
-¿Qué es lo que tiene en la oreja? –Preguntó, fijándose en el aparto que Rin traía puesto en su oreja derecha.
Sintió cada mirada de sus compañeras sobre ella. No quería esto. No quería que Lenka ni ninguno de los jueces descubrieran su discapacidad. Sabía que aquello posiblemente le ayudaría a pasar, pero Rin no quería esa ayuda. Su discapacidad no debía de jugar ni a su favor ni en contra. Querían que la juzgaran por lo que era, no por lo que tenía. Significaría que había pasado a la Gran prueba por pura pena. Y no, Rin Kagamine no se permitiría eso. Tomó aire y alzó sus manos para explicarle mediante gesto su problema, pero Ann se acercó a ellas dos, interviniendo.
-Ella es Rin Kagamine. –La presentó, dedicándole de nuevo esa sonrisa de apoyo.- Es una de nuestras alumnas que más se aplica y… bueno, por desgracia sufre una discapacidad, no puede oír y tampoco hablar. –Comenzó a explicar. Lenka observó a la menor con gran curiosidad y sorpresa. En todos sus años como bailarina y crítica, jamás había visto a una chica especial, por decirlo de un modo, que practicase ballet ni mucho menos escuchó que alguna lo practicara.
-¿Entonces no es capaz ni de oír ni hablar? –Preguntó de nuevo, alzando una ceja curiosa.
-Oír si que puede, por eso tiene ese aparato en su oreja. –Contestó. Rin volteó su rostro a un lado, haciendo más visible el aparto. Lenka asintió con lentitud.- Puede escuchar mucho mejor. Se comunica a través de gestos simples y una pequeña libreta. –Añadió. Rin asintió, volviendo a observar a ambas rubias. Sus latidos habían disminuido, pero seguía sintiendo ese nudo en el estómago.
-Interesante. –Murmuró la crítica. Mantuvieron la mirada durante unos segundos más hasta que decidió decirle algo más antes de terminar de recorre la fila.- Que sepas que su… eh… discapacidad auditiva y oral no intervendrá en nuestra decisión. –Y por fin, Rin pudo sonreír de alivio. Se inclinó, agradeciéndolo. Era gusto lo que quería.
Cuando Lenka finalizó aquella revisión visual tras corregir la postura e intercambiar comentarios con algunas alumnas más, Ann condujo a los tres a una habitación preparada exclusivamente para ese momento. Cuando abrió la puerta, mostró una cálida habitación amplia, pintada de blanco. Tenía una mesa larga de cristal donde tres sillas blancas de piel se situaban tras ellas. Una ventana amplia dejaba entrar la calidez y el sol de aquella mañana tan resplandeciente. El espejo ocupaba parte de la pared frente a la mesa y sillas. A ambos lados del espejo, dos altavoces negros cuidadosamente colocados. Sobre uno de ellos estaba el lector de discos. Lenka Suzuki, Meito Sakine y Amano Leon entraron a la sala cuando Ann lo pidió, tomando asiento sobre las sillas.
-En esta prueba deben de mostrarnos lo que han aprendido a lo largo del tiempo. Los movimientos y pasos que han estado ensayando y practicando. –Habló Leon por primera vez. En contraste con la voz de Lenka, la del hombre era más rígida y tenía un aire de burla incluso.- Entrarán una por una, sin ningún espectador más que no seamos nosotros y usted si lo desea. La demostración no durará más de cinco minutos si no somos nosotros mismo quien decidamos añadir o restar el tiempo, ¿de acuerdo? –Preguntó tras finalizar. Ann respiró profundamente lo más discretamente y asintió.
-¿Algo más que desean añadir? –Preguntó, a lo que los tres negaron con una pequeña sonrisa.- Entonces, que comience el espectáculo.
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El grupo entero de alumnas estaban sentadas a lo largo de la pared, junto a la puerta donde se debatiría el nivel de cada una a vista cerrada. La primera que entró fue Akita Neru, que desprendía demasiada seguridad y confianza. La mayoría se encontraban con los nervios a flor de pie, a excepción de tres o cuatro muchachas. Algunas se mordían las uñas, otras intentaban despejar su mente cerrando sus ojos y tomando profundas respiraciones y varias conversando e intentando evitar pensar en ello. Rin era de éstas últimas. Miki, una de sus compañeras con quien mejor se llevaba, se había sentado junto a ella y comenzado ha hablar. Rin usaba su libreta y signos simples.
-Lo sé, demasiada presión para nuestra edad. Deberían de mandarnos a todas a la Gran prueba, en grupo y dejarles con la boca colgando con nuestra coordinación tan perfecta. –Comentó la pelirroja con ese tono tan risueño propio de ella. Rin rió ante su propuesta. Miki era una de las mejores y a la única que no la trataba como a una pobre enferma. Hablaba con ella con un tono de voz normal, no se reía con exageración ante lo que escribía, le golpeaba en el brazo cuando hacía algo mal. La trataba como si fuera una chica normal. Mentira. La trataba como la chica normal que era.
Creo que sería buena idea. Pero sería perfecto si solo saliéramos tú y yo. Ya sabes, entre tu elegancia y mi cara bonita, ganamos seguro, escribió en una de sus hojas sonriendo tras mostrárselo a Miki, quien no tardó en leerlo y soltar una carcajada. Varias de sus compañeras se voltearon a observarlas.
-Ya lo creo. –Apuntó a su favor, riendo de nuevo.
Pero sus conversaciones y risas no tardaron en desaparecer cuando, minutos después, la puerta de abrió de par en par y apareció Neru tras ella. Todas la miraron extrañadas. La rubia estaba pálida, con la mirada decaída y una mueca de angustia. Algo muy malo había pasado ahí dentro. Cuando las puertas se cerraron –seguramente para que los tres jueces y Annie hablaran de su actuación-, Neru cayó al suelo de rodillas y se cubrió el rostro. Ninguna de las chicas se movió, aún sorprendidas por el cambio repentino de la personalidad de Neru. Ia se alzó del suelo y avanzó hasta su amiga.
-¿Neru…? –Preguntó preocupada.
-Es horrible… -Susurró, sin mover ni un solo músculo.- Todo… Ellos estaban ahí, sin perderme de vista; uno te miraba el rostro, otro el cuerpo y otro las pierna, todo. La música comenzó a sonar y… y… caí. ¡Caí dando una puta vuelta! –Estalló en un sollozo, golpeando el suelo con uno de sus puños.- Me dijeron que era suficiente. –Consiguió continuar tras varios segundos de silencio donde solo se escuchaba sus sollozos.- Que me fuera. Pedí una nueva oportunidad… -Sus cristalina mirada, de rabia y dolor, seguían puestos sobre un punto del suelo. No podía mirar a nadie a la cara. Su orgullo, su trabajo, se había arruinado en tres simples minutos. El resto del grupo la miró asustadas y conmocionadas. Su una persona con tan orgullosa y segura como lo era Neru había acabado así, Rin no quería pensar lo que ocurriría a ella.
-¿Qué ocurrió después? –Se atrevió a preguntar la propia Ia, arrodillándose a su lado.
-Me la dieron… pero… al final… -Sorbió por la nariz y se mordió la lengua conteniéndose.-… al final no supe que hacer y… me quedé ahí de pie hasta… hasta que la música terminó. ¡Me ha salido horrible! –Gritó, despeinando su cabello que había estado amarrado en un moño. Rin y Miki la observaron aterrorizadas. Neru Akita había caído en su primera oportunidad, y no supo improvisar en el final en la segunda oportunidad. Esto parecía ser una pesadilla.
-No exageres, Neru. –Habló por primera vez Teto entre dos de sus amigas. No dejaba de sonreír y mirar a la rubia, quien había clavado su mirada de color miel en lo ojos rojos de ella, sin creerse lo que le había dicho.- Eso te ha pasado por confiar en ti misma demasiado. Pensaste que lo ibas ha hacer mejor que nadie, y fallaste. Ha sido tanto por tu culpa, como por tu cabezonería. –Añadió con evidente noto de superioridad. Rin la observó con detenimiento. Había cambiado sus coletas en forma de taladros en un sencillo moño alto como el resto, dejando ver su rostro con más claridad. Su rostro era delicado y suave tanto a la vista como al tacto. Su mirada era el reflejo de su propia alma; llameante, orgullosa, fuerte. Recopilaba toda la destreza y seguridad del equipo de ballet al completo. Cada paso lo medía la milímetro, sus vueltas las realizaba con elegancia y precisión. Cuando tenía que transmitir algún sentimiento, lo hacía hasta calarte por dentro. Lo tenía todo.
-¿¡Y tú que sabrás, idiota?! -Le escupió, llena de ira por las palabras que había pronunciado con tanta frialdad.
Antes de que Teto le contestara, el rostro de Ann asomó tras la puerta.
-Furukawa Miki, tu turno. –Habló con una sonrisa débil, observando como la pelirroja se alzaba del suelo. Rin escribió con rapidez sobre una de las hojas de la libreta: Consigue que caigan rendidos a tus pies. Miki sonrió tras leerlo y le guiñó un ojo.
-No lo dudes que lo haré. –Aseguró antes de adentrarse a la habitación y desaparecer tras la puerta.
Rin se mordió el labio y esperó junto al resto. El miedo ya se había echo de nuevo con ella. Le sudaban las manos y su corazón iba a mil. Sabía que debía relajarse y tomárselo en calma, pero simplemente no podía. Veía al resto de alumnas y deseaba huir de ahí.
Los minutos iban pasando lentamente, torturándola. ¿Qué había sido de Miki? ¿Y si lo ha hecho tan mal que todavía la están regañando o criticando? ¿Y si se había roto la pierna? ¡No, no! Rin sacudió su cabeza, alejando esas ideas. Debía pensar en positivo. Positividad, positividad. ¿Y si lo hacía ella mal? Pero antes de comenzar su propia tortura interna, la puerta se abrió y de ahí apareció una Miki menos risueña. Todas las miradas se centraron en la pelirroja cuando la puerta se cerró.
-Me dieron dos minutos más. –Murmuró, sonriendo y consiguiendo sorprender a la mayoría. En ese caso, Miki tenía el puesto asegurado.- Pero… me ha costado. –Continuó.- No dejan de observarte de tomar nota de absolutamente todo, de reprocharte hasta la manera de mover los brazos. -Describió, tragando saliva.
Neru, que se había acomodado junto a Ia cerca de la puerta, asintió con vehemencia ante las palabras de la muchacha. Rin suspiró y tragó duro. Positividad… iba ha conseguirlo. Iba ha conseguirlo.
-¿Y qué te esperabas? –Intervino de nuevo Teto, mostrando el mismo semblante que dejó ver al enfrentarse a Neru.- Es ballet, el baile más delicado, milimétrico y bello que hay; no breack dance ni flamenco. Aquí exigen la perfección. Si no la tienes ya puedes irte por la puerta. –Argumentó, ampliando su sonrisa a la misma vez que se ganaba la mirada más seria de Miki.
-Si no te has percatado todavía, no todas venimos siendo las hijas, nietas y bisnietas de bailarinas importantes. No lo llevamos en la sangre, por lo que nos tenemos que esforzar al límite. Y tampoco estamos acostumbrados a las críticas de personas con experiencia. –Subrayó, acercándose a la rubia, que mantuvo la mirada en un punto perdido del suelo, nerviosa.
-Si no estás acostumbrada a críticas exigentes, ¿qué haces aquí? –Preguntó con un tono superficial, dando a entender que aquella pregunta no venía con buenas intenciones.
Miki frunció el ceño, pero de nuevo, las palabras quedaron incrustadas en su garganta cuando la puerta volvió a abrirse. Ann parecía cada vez más cansada tras nombrar a la siguiente. Para ella, también era duro ver como aquellas personas juzgaban sin pelos en la lengua a sus pequeñas bellezas. A pesar de que sabía que eran sus trabajos, que debía mantenerse firme y que era lo mejor para ellas, le dolía bastante.
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A Rin apenas le quedaba uña por morder. Miki intentaba darle tema para hablar, pero nada parecía despistar a la rubia que seguía presa de los nervios y del miedo. La próxima era ella. Habían salido y entrado seis chicas más tras Miki y tan solo dos anunciando que les habían otorgado dos o tres minutos más, como a Miki. Pero una de ellas, a penas llegó a los tres minutos. Salió destrozada y no tardó en desaparecer del estudio con una de sus amigas pisándole los talones.
Las puertas se abrieron y dejaron paso a Kagane Rui, que se acercó al grupo con la vista en algo, fría. Era el turno de Rin. Nuestra rubia tomó profundas respiraciones controlando su imparable corazón. Debía de hacerlo. Había soñado con esto durante toda su vida y no iba a darse por vencida todavía. Era Rin Kagamine. Futura bailarina profesional. Demostraría que podía hacerlo. Su invalidez para hablar y oír fue una barrera que pasó con dureza el mismo día en que quiso dedicarse al baile. Rin estaba decidida a que aquella barrera no volvería a joderla. De eso estaba segurísima.
-Kagamine Rin, tu turno. –La menor tragó saliva y se alzó del suelo. Miki le dedicó su mejor sonrisa y asintió.
-Dales una patada en el culo, rubia. –Dijo, guiñándole el ojo. Rin asintió devolviéndole la sonrisa. Podía hacerlo, era capaz. Solo tenía que ignorar la velocidad con la que iba sus latidos, el nudo en su estómago y las ganas de salir corriendo.
-Te esperan, chica. A ver si aprendemos a andar con más rapidez… -Oyó el comentario de Teto, sentada a un par de pasos de ella, con una nueva sonrisa superficial antes de añadir:-… y a escuchar. –Varias chicas de su alrededor soltaron una carcajada por lo bajo. Rin frunció el ceño y apretó los puños. Lo que podía soltar por su boca ahora y se veía incapaz.
-Y haber si tú aprender a calla. –La voz molesta de Ann se escuchó con fuerza. Teto y el resto de sus compañeras callaron de inmediato.- Vamos, Rin. –La aludida se acercó a Ann, quien la condujo hacia dentro. Escuchó el último comentario de Miki antes de cerrar la puerta, que logró sacarle una pequeña sonrisa.
-Esos comentarios la hacen más fuerte, querida.
-¡Abajo, Len! –Gritó Yuma desde fuera del rink, sosteniéndose sobre una de las gruesas cuerdas que rodeaban el cuadrilátero. Observaba serio la lucha que se debatía dentro.
Tras entregarle su regalo, Len no había dejado de dar saltos de ilusión mientras se miraba los guantes sin creérselo aún. Su deseo de estrenarlos fue tan intenso y cansino para Yuma, que tras terminar la anterior lucha, dejó que su joven amigo entrara. Len no dejaba de sonreír y no perdió un segundo más en subirse al rink. Eso sí, enredándose con una de las cuerdas y caer al suelo. Aunque Yuma –tras una pequeña carcajada que quiso evitar a toda cosa- le preguntó si se encontraba bien para seguir, el futuro luchador se alzó del suelo enseguida y contestó un energético sí. Yuma había llamado a uno de los luchadores más jóvenes que se habían acercado. Uno de ellos, Mikuo Hatsune, se había ofrecido a luchar contra el rubio. Antes de empezar, el entrenador se acercó a Len y le entregó un casco y un pequeño trozo de plástico blanco que protegía los dientes. Len se negaba a ponerse aquél casco anticuado, argumentando que le despeinaría y sería el culpable de sudar y no poder ver a su adversario. Yuma estuvo un buen rato observándole, pestañeando varias veces seguidas sin procesar aquella idiotez. Pero Len finalmente, se colocó el casco tan pronto como Yuma le dedicó su mirada más asesina y su comentario: Y a parte de tu cabello, algo más acabará por despeinarse. Tras ello, le dio unas breves indicaciones y los puntos débiles de su adversario; el costado izquierdo y rodilla derecha.
-¡Protégete, Len! –Volvió a gritar y, antes de que Len recibiera el golpe dirigido a su hombro, lo detuvo y, con rapidez, dio una vuelta completa sobre sí, esquivando el golpe e ir a por la rodilla derecha de Mikuo. Con su pierna, golpeó la parte posterior de su rodilla, consiguiendo que el muchacho bajara la guardia, agachándose sobre sus rodillas como acto reflejo. A Len solo le bastó con empujarse hacia atrás y conseguir que su contrincante cayera al suelo y alzara el brazo como signo de rendición.- ¡Así me gusta! –Yuma, satisfecho, hizo sonar la campana que tenía a su lado. La pequeña lucha había llegado a su fin.
Len suspiró aliviado tras sacar de su boca aquella cosa que ahora estaba cubierto de su propia saliva. Se acercó a su rival algo cansado. Mikuo había sido un hueso duro de roer. Había conseguido darle con fuerza en su frente, logrando una pequeña herida de donde brotó un pequeño hilo de sangre y que fue atendido en el mismo momento, desinfectándola y cubriéndola con una pequeña tirita. A pesar de ello y de las insistentes preguntas de Yuma de querer seguir, él luchó. Mikuo seguí tendido en el suelo, recuperando todo el aire perdido en la batalla. Len no dudó en ofrecer su mano desnuda para ayudarle. Cuando Mikuo vio la humildad y la simpática sonrisa del muchacho, accedió a su ayuda.
-Gracias. Luchas bien para ser un novato. –Halagó, mirando con algo de orgullo y satisfacción. Len sonrió de lado.
-Y tú bastante bueno para llevar un año entrenando. –Le devolvió el halago.- Lo siento si te hice daño. –Se disculpó, pillando desprevenido a Mikuo. Nadie le había ayudado a alzarse del suelo y mucho menos, nadie se disculpó por haberlo echo. Sonrió de nuevo.
-Disculpa aceptada. Yo… siento haberte hecho la herida en tu frente. –Se disculpó también, sonriendo esta vez nervioso.
Len le restó importancia. Era una herida más de las que vendrían. Yuma se acercó a ambos y les felicitó, dándoles un suave golpe en sus espaldas desnudas. Ambos soltaron un gemido y acariciaron instintivamente sus espaldas. Estaban completamente agotados y con el más suave golpe, sus cuerpos manifestaban un dolor a un nivel extremo.
-Creo que será mejor que os deis una buena ducha. Os hace falta. –Comentó el mayor, haciendo hincapié en buena ducha mientras se secaba las manos en su chaleco. Ambos menores estaban sudando y él mismo lo había comprobado. Mikuo y Len soltaron una carcajada y decidieron ir juntos a la ducha. Quizás Mikuo había perdido una pelea contra un novato, pero estaba seguro de que había ganado un nuevo compañero.
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HEEY, HEEY. ¡Cuarto, cuarto capítulo de Hall of fame! *-* ¿¡Quién estaba ansioso y ansiosa de que lo subiera?! –De fondo, no se escuchan siquiera los grillos.- Bueno… es un comienzo. (?) ¡Pero yo estoy bien orgullosa! Lo comencé hace dos o tres días y me he sorprendido terminándolo hoy. Y sé que es algo largo… pero lo largo gusta, ¿no? Y he dejado misterio en cuanto a la prueba de Rin, JAJAJAJA. Lo sé, malota de cabeza a los pies. (?) Nah, lo hice tan solo para mantener la intriga. ¡No pensarán que soy de esas que le quitan la gracia a las historias!
Ahora, no tengo mucho que decir. Solo que un reviews es totalmente gratis y tan solo hace falta los dedos para escribir vuestras críticas, abrazos, saludos, peticiones de matrimonio, patatas, comida, insultos, bailes, música, números de teléfono… ¡Que yo los recibiré con los brazos abiertos! Lo digo enserio, es gratis. ¡Además de que me encanta leeros y como me mandáis vuestros apoyos! Si es que sois para comeros… Aprovecho para agradeceros infinitamente vuestros reviews en Spice!, ¿Puedo soñar contigo? y La que me vuelve loco. ¡NO podéis imaginaros lo súper feliz que me puse! ¡Os súper quiero, enserio! *_*
AH, AH, por cierto. El miércoles de la semana que viene, el día 18 comienzan mis dulces mini vacaciones hasta el lunes siguiente, un pequeño relax gracias a una de las fiestas más bonitas de España. ¡Lo que significa que tengo tiempo para escribir y adelantar capítulos! :'D Tomároslo como la mejor noticia del año. (?)
Y, bueno, únicamente eso. Muchas gracias, sobretodo a ti, que seguramente, sin tu apoyo ni mensaje, no hubiera continuado.
¡Que la vida os sea bonita y hasta pronto!
MAISA.-
