~Capítulo 2: Héroes principiantes~
La puerta de la casa de los Zwingli se cerró con un sonoro portazo. Gretchen, con su mochila a rastras, avanzó por los pasillos de madera de fresno, arrastrando los pies con pesadumbre. ¡Había sido el peor día de su vida! Bueno no, este había sido el segundo…no, tercer peor día de su vida.
La rubia cruzó la puerta del salón para encontrarse con Vash y su amiga Elizabeta, sentados en el sofá mientras tomaban una taza de té. El chico se apresuró a levantarse para acercarse a su hermana, pero sin atosigarla. Él no era muy propenso a ser cariñoso, ni a ser simpático, ni a ser sociable, ni a ser amable, ni a ser empático, ni… ¡Bueno, vale, no era un ángel! Pero tampoco era lo que se decía un demonio del averno que devoraba el alma de los viejecitos desamparados. Sin embargo, el psicólogo de Gretchen, le había aconsejado que debía de darle apoyo moral en todo momento. Además, era su hermana y le importaba, aunque no se lo dijera muy a menudo. Elizabeta simplemente les sonrió, enternecida, mientras observaba aquella escena fraternal tan peculiar.
-¿Cómo te ha ido el día Gretchen?
Su hermana, en vez de detenerse y sonreírle a su hermano como siempre hacía, paso de largo, sin mirarle, dirigiéndose a la cocina. Tiró la mochila al suelo con desgana ante la mirada atónita de Elizabeta, quién jamás había visto un comportamiento tan pasota en aquella chica que normalmente solía ser un trozo de pan.
-¿Qué le pasa…?-Preguntó por lo bajo la húngara.
Vash siguió a su hermana, sin ser demasiado brusco con ella, tenía que encontrar las palabras adecuadas para no molestarla.
-Gretchen, siéntate anda, hoy preparé una fondue de queso, ese que tanto te gusta.
La rubia entrecerró sus ojos verdes esmeralda y por un momento, miró a su hermano con odio absoluto.
-No quiero. ¿Dónde están mis dulces?
El suizo no podía creerlo. Pocas veces había visto a su hermana de esa forma, aunque otras veces había estado peor. Prefería verla así a como estaba dos años atrás, por mucho que le doliese. Él sabía que la recuperación de su hermana a incorporase al mundo estudiantil de nuevo era un proceso lento, duro y tedioso, pero tenía que ser fuerte por ella, demostrarle que estaba allí para ayudarla. Pero ¿Acaso no se daba cuenta de que todo lo que hacía era por ella?
-E-Están en el mueble de abajo, sírvete-Odiaba que su hermana se inflase a dulces cada vez que tenía un problema, y no, no era por que ganase peso, sino porque siempre fue una niña de defensas bajas y lo menos que quería era que aquella mala alimentación le provocase una anemia.
Gretchen abrió el mueble y se llevó cuatro cajas de galletas, dos de golosinas y un zumo de piña, que cargó con las dos manos y se llevó a su habitación, cruzando por el salón, sin dedicar una mirada o un saludo a Elizabeta, quién estupefacta, no había dejado de mirarla.
Al escuchar el portazo de la habitación de la chica, Vash, se sentó en el sillón más cercano que encontró, acariciándose las sienes con los dedos, sintiéndose impotente, estúpido y mal hermano.
Elizabeta le colocó una mano en su hombro, y le dedicó una sonrisa tranquilizadora que el suizo agradeció.
-No te preocupes Vash, la pobre Gretchen solo necesita un tiempo para habituarse a su nueva vida…Entiéndela. Está en esas edades…
-Pero ya es mayorcita como para enfrentarse al mundo y no deprimirse por el primer obstáculo que le venga.
La castaña reprimió una risilla.
-Venga Vash, tú a los dieciocho no eras un modelo de conducta, jiji-El suizo notó como las mejillas se le teñían de rojo. Miró a su amiga con ojos de asesino y la chica siguió riéndose por lo bajini-¡No te lo tomas a mal, hombre! Pero sabes que para ella esto es muy difícil. No después de lo que le pasó en el instituto hace dos años…
Los rostros de ambos amigos ensombrecieron al recordar aquello. Pero por mucho que les doliese, lo pasado pasado estaba, y no se podía cambiar. Gretchen tendría que aprender a vivir con aquel trauma y superarlo día a día en su nueva academia.
-Lo sé Elizabeta, lo sé-Dijo el suizo, tomando la taza de té que había sobre la mesa, bebiendo un poco-Solo espero que algún día vuelva a ser la misma de antes.
-Por cierto ¿No me digas qué la mandaste a la academia W?-La pregunta fue mitad retintín, mitad ilusionada. Quizás con algo más de retintín.
Vash, que casi nunca solía sonreír, esbozó una ligera sonrisa.
-Que bien me conoces.
Siguieron charlando sobre trivialidades y anécdotas pasadas hasta que el cielo se tornó naranja.
A través de los cristales del coche, la rubia podía observar el ir y venir de los transeúntes que iban por la calle, el traqueteo de los automóviles en hora punta, el olor a tostadas con mantequilla de alguna cafetería cercana, la brisa cálida mañanera de septiembre...
El tembleque de sus piernas.
La pobre Gretchen apenas había pegado ojo. Su primer día y ya había sido amenazada por una versión joven de la mafia rusa, encima, había ido a parar a un club ilegal de frikis que se creían héroes, y se había juntado con una empollona, una loca y un fanático de Marvel y lo paranormal. Frecuentar gente como esa era lo que debía evitar, por el bien de su seguridad. La gente de esa índole siempre era rondada por abusones, criticones y eran mirados de manera despectiva por el resto de la sociedad, solo por ser diferentes.
Aquello era una injusticia, Gretchen lo sabía. Pero no quería correr su misma suerte.
No otra vez.
Su hermano miraba de soslayo a la rubia, sentada en los asientos de atrás, a través del espejo retrovisor. La vio encogida, aterrada. Sintió lástima por ella y un por un momento pareció plantearse la asistencia de su hermana a la academia, incluso pensó en vestirse de mujer y hacerse pasar por ella para que en su expediente escolar no quedara otro vacío de dos años y medio...Aunque...la verdad, ambos tenían mucho parecido, quizás la idea resultase...
¿A quién pretendía engañar? No funcionaría.
La voz le delataría.
Se guardó sus enrevesados planes para si y se concentró en conducir. Atravesó un par de manzanas más hasta detenerse frente a la enorme y atemorizante Academia W. Gretchen se bajó del coche con parsimonia, intentando alargar lo más posible su estancia en el vehículo para no tener que salir ahí fuera y enfrentarse a la horrible sociedad que tanto odiaba. Al final, los bufidos de su hermano acabaron echándola de su asiento, obligándola a enderezar las piernas y a dejar de temblar para no caer de bruces contra el suelo.
Su hermano abrió la ventanilla del asiento del copiloto para dirigirle las palabras más alentadoras que una persona como él era capaz de dar.
-Suerte-Y dicho aquellas conmovedores palabras, arrancó el coche y se dirigió hacia su pastelería, dónde él también comenzaría su jornada laboral.
Gretchen suspiró, colocándose la mochila rosa correctamente y avanzando unos pasos hacia la entrada, junto con el resto de alumnos. Seguían en el mismo plan que el día anterior: Risas, abrazos, saltos...Ya se les pasaría toda esa euforia cuando llevasen más de una semana estudiando.
Alcanzó a abrir su taquilla, dispuesta a coger los libros de biología y matemáticas cuando unos pasos acelerados corrieron en su dirección, dando saltitos. En dos segundos, Victoria Oukhira ya se encontraba a la altura de Gretchen, dándole un cálido abrazo sureño.
-¡Buenos días Gretchen!-Canturreó con una sonrisa de oreja a oreja-¿Lista para comenzar un nuevo día en esta maravillosa academia?
Si hubiera tenido el carácter fuerte de su hermano, le habría volado la cabeza con la escopeta, pero como no tenía ni carácter ni escopeta, solo logró asentir.
¡Joder! ¿Es qué siempre se iba a comer el puñetero gato su lengua?
-Dime ¿Qué tienes ahora? Yo historia ¡Es una verdadera tortura!-La sureña se tapó la cara con las manos- No me gusta para nada esa asignatura… Bueno, no me gusta ninguna la verdad, salvo biología ¡Amo la naturaleza, y el cuerpo humano! ¿No crees? Saber de qué estamos hechos, nuestros orígenes…¿No te parece interesante? ¡La historia no ofrece nada de eso! Prefiero la biología, o matemáticas…No sé tú.
Si algo había averiguado Gretchen en esos diez minutos hablando (Y cuando decía hablando, quería decir, hablando Victoria) era que su nueva amiga, era una verdadera cotorra.
Solo logró asentir.
Victoria pasó de hablar por los codos a mirar por todas partes hasta localizar su objetivo: Amalea Vargas sostenía un libro entre los dedos mientras caminaba por los pasillos, llevándose insultos y gestos obscenos por chocar con toda persona que se cruzase en su camino y, no, no era porque sus enormes gafas no le funcionasen bien, era que, simplemente, estaba más pendiente de su libro que de la vida que circulaba a su alrededor.
Victoria chilló su nombre con tal fuerza, que ni el pasotismo de Amalea fue capaz de ignorarlo. Se giró, sorprendida, al escuchar resonar su nombre con tal tono de voz.
-¡Ven aquí, sorda!-La llamó Victoria, Amalea se acercó de inmediato.
-¿¡Qué pasa!? ¿¡Quién se ha muerto!? ¡No jodas que se nos ha muerto el musculitos friki!
La sureña comenzó a reírse como una loca mientras Gretchen se llevaba las manos a la cabeza. ¿Con quién diablos se estaba juntando?
Y de pronto, el último integrante de aquel extraño grupo, llegó dando zancazos y, de un salto, pasó sus enormes brazos por los hombros de las tres chicas. La verdad, Alfred Jones era un gigante comparado con las chicas, que eran bajitas y bastante delgaduchas. Gretchen no entendía como una persona con una agilidad y cuerpo como Alfred, no se encontraba en ningún club deportivo, y tampoco le iba a preguntar, al menos no de momento.
-¡Quita, coño!-Amalea gritaba mientras intentaba zafarse del gigante estadounidense que la atrapaba-¡Quita!
Gretchen solo se dejaba mecer sin decir nada. Parecía que iba a estar condenada a quedar muda en la academia de por vida. Al final no le hizo falta quejarse: El puñetazo en el estómago de Alfred, cortesía de Amalea Vargas, fue más que suficiente.
-¡Ay! ¡No hacía falta ser tan bruta!... –Exclamó agarrándose la tripa-…Pero bueno, a mí esto no me duele, después de todo ¡Soy un héroe, HAHAHA!
-Si quieres puedo dirigir mi puño a tu segunda cabeza…-Dijo la italiana con un tono digno de una mafiosa- A ver si opina lo mismo.
Alfred tardó unos segundos en comprender a que se refería con "Segunda cabeza".
-¡Eh, no no, gracias!-Gritó, nervioso. Por muy menuda que fuera, Amalea tenía un puño de hierro- Bueno, yo me tengo que ir, ahora tengo informática ¡Nos vemos en el recreo!-Se despidió con un gesto y se marchó corriendo a su clase, dejando a las tres chicas solas.
El estadounidense caminaba por los pasillos, intentando recordar en que aula tenía su asignatura, cuando vio a su hermano gemelo, Matthew, caminando en su misma dirección. Llevaba una montaña de libros que no le permitía ver absolutamente nada. Probablemente había vuelto a perder las llaves de su taquilla.
-¡Matthew!-Gritó Alfred, acercándose a él- ¿Qué haces con tantos libros? ¿No me digas que volviste a perder la llave de la taquilla? Jeje.
-Menos gritos y más ayuda-Le contestó su hermano. A pesar de ser gemelos, su hermano tenía la cara mucho más angelical, y era muchísimo más maduro que Alfred. Por el resto, ambos tenían casi el mismo pelo, los mismos ojos, y la misma complexión robusta y altura- Anda, ayúdame a llevar los libros.
-¡Qué harías sin mí, Matthew! –Alfred cogió un puñado de sus libros y ambos comenzaron a avanzar por los pasillos.
-Vivir más tranquilo-Le contestó con una risilla.
Ambos tenían casi las mismas clases, así que, si alguno de ellos se despistaba, podía contar con el otro para recordárselo. Siempre había sido así, su relación se basaba en la confianza, en la ayuda mutua y... ¿A quién pretendían engañar? También se molestaban todo el tiempo.
-Aaaah, así que era el aula 8º-Alfred se aporreó la cabeza con los libros de su hermano-¿¡Cómo he podido olvidarlo!? En aquella aula imparte sus clases la señorita Emma, la buenaza y amable señorita Emma.
-Sí, pero esta vez, procura atender más a sus clases y dibujar menos héroes. Si la señorita tuvo un ápice de compasión contigo para aprobarte el año pasado con un cinco, tenlo tú esta vez para estudiar para su asignatura…
-¡Claro que sí!-Se aporreó el pecho como un héroe- ¡Esta vez voy a sacar las mejores notas que se hayan visto!
-Si por buenas notas te refieres a cincos, entonces te creo.
-Jaja, muy gracioso…
Se colocaron en frente del aula 8º y una joven mujer les abrió la puerta.
-¡Sentimos llegar tarde, Emma!-Se disculparon los gemelos al unísono.
La profesora intentó poner una mueca de desagrado, pero no lo consiguió al ver aquellas caritas arrepentidas. Suspiró, quitándose de en medio para que pudieran pasar.
-Anda, pasad, pero que sea la última vez.
Matthew entró primero, seguido de la profesora y por último, de Alfred que cerró la puerta tras de sí. El alumnado estaba pendiente de la despampanante profesora, algunos ni si quiera podían ocultar la baba que caía de sus bocas. En verdad, era casi tan alta como Alfred, de cuerpo esbelto, cabello castaño y ondulado, sonrisa felina y ojos verdes. Junto con el profesor Roderich, era la profesora más joven de la preparatoria W, y eso, era para muchos alumnos, digno de admirarse.
Los gemelos observaron el ambiente a su alrededor, había caras nuevas que no conocían, otras que conocían demasiado bien, y otras, que preferían no conocer. Alfred intentó contener las ganas de echar a correr cuando vio, de pronto, al ex capitán del equipo de baloncesto, mirándole con rencor en los ojos. Jorge Luis Núñez de Villavicencio, un cubano que no era conocido por su inteligencia precisamente, ya que, había vuelto a repetir curso, pero que sin embargo era alegre y campechano, pero también tenía la capacidad de partirte las piernas si le cabreabas. De hecho, ya lo intentó con él una vez.
Después de todo, según todos, fue gracias a Alfred que fuera cancelado el equipo de baloncesto.
Según todos, según todos…Eso era. ¡Él no tuvo la culpa de nada! Él solo defendió aquello en lo que creía, y se metió en líos si…Por ello se culpó a todo su equipo, despojándoles del deporte que más amaban, y a su academia del mejor equipo de baloncesto que jamás había habido en aquella institución. Y eso mismo fue lo que le dijo a Alfred la persona que en ese mismo momento le miraba de soslayo, aparte de Jorge Luis. Un rubio cejudo de ojos verdes que se esforzaba en mirar los pechos turgentes de su profesora, en vez de los ojos azules del americano.
Aquel al que Alfred conocía como Arthur Kirkland.
-Bien chicos-Les dijo su profesora-Sentaos donde queráis-Y dicho esto, señaló los dos pupitres libres que quedaban en el aula. Uno al lado de Jorge Luis, el otro…Al lado de Arhur. Alfred quería morirse. Miró a su hermano, y este le miró a él con una sonrisa nerviosa. Tenía que elegir entre morir a manos del cubano, o morir a manos de Arhur.
Al final eligió la más conveniente para su integridad física.
Arthur quitó su mochila verde oscura de la mesa de al lado, la cual llevaba colgando un gracioso llavero de Ben Gordon. Uno de sus jugadores favoritos de la NBA…pensó Alfred para sí. Se sentó a su lado y sacó el libro de su mochila, rezando para no haberlo olvidado en casa y así no tener que compartirlo con Arthur.
Durante la clase ninguno de ellos se dirigió una palabra. Tan solo miradas poco discretas de las que, sorprendentemente, ninguno de los dos se daba cuenta. Trataban en determinados momentos en retomar la clase, atender y aprender algo, pero no podían. No estaban tan juntos desde hacía meses. Casi cinco meses para ser exactos.
Aunque se vieran todos los días, comieran juntos todos los días, vieran la tele juntos todos los días…Aquello no era lo que Alfred consideraba proximidad con el cejudo.
Sorprendentemente, se las habían arreglado para mantener el menor contacto posible, a pesar de que vivieran juntos en la misma casa. Y si, aquello no era una broma.
El americano buscó a su hermano con la mirada, este intercambiaba notitas con el cubano mientras se tapaban las bocas para no partirse de risa. ¡Para que luego él le reprendiese con que debía prestar más atención en las clases!...Bueno, de tal palo, tal astilla.
El resto de la clase pasó lenta y asfixiante, entre miradas furtivas, notitas y las lecciones sobre los documentos en HTML de la encantadora profesora Emma.
Victoria trataba de callar los rugidos que provenían de su estómago con un snack de chocolate que llevaba en su bolsillo derecho, sin resultado. En verdad, aquel aperitivo no era suficiente para ella, que amaba comer como el que más, incluso más que a Alfred. Era la única que podía superarlo en el arte de comer hamburguesas.
Corrió hasta el comedor una vez el timbre del recreo resonó entre las paredes de la academia. Una vez allí, se colocó la última de la fila, con la bandeja pegada al pecho, para que la cocinera le sirviera su desayuno. Se movía cómicamente, balanceándose de un lado a otro mientras esperaba por su comida. Era lo que siempre solía hacer cuando estaba nerviosa, algo infantil por su parte pero, era lo que hacía y, no veía nada de malo en ello.
Oyó algunas voces de detrás suya, femeninas. Puso atención a lo que decían pues, le interesase o no, siempre fue muy cotilla. Las féminas en cuestión, para su sorpresa, criticaban despectivamente su vestido azul, sus zapatos blancos y sus coletas infantiles. Antes esto, Victoria apretó la bandeja aún más fuerte contra su pecho, decidida a hacer oídos sordos a aquellos comentarios, estaba muy acostumbrada a ellos pero aun así le dolían, siempre le dolían. Ignoró aquello hasta que escuchó el único insulto que podía con ella y con toda su fuerza. Aquella frase provenía de un grupo de gente que criticaba por criticar y que, sin embargo, a pesar de no conocerla, ya creían tener el derecho de juzgarla por cualquier trivialidad.
De juzgar a la "Negra de mierda".
Alcanzó a coger de su bolsillo un par de tapones para los oídos que siempre llevaba con ella y se los colocó en ambos conductos auditivos, ante la mirada extrañada de quienes la rodeaban. Quizás habían comenzado a emitir más burlas hacia su persona pero no le importaba. Ya no podía oírles.
Una vez le fue dada su comida, se volvió hacia Gretchen que acababa de llegar al comedor, temblando como una hoja. Otra vez.
Dibujó una sonrisa falsa en su rostro y fue a su encuentro.
-¡Gretchen!-Gritó la sureña-¡Ven, estoy aquí!
La rubia caminó a paso lento hacia ella, fijando la vista en todos lados, procurando ver con la mirada a aquella mafia comunista rusa que casi acaba con su vida el día anterior. Llegó a donde estaba la castaña y esta la cogió del brazo para dirigirla a una mesa.
-¿A-A dónde me llevas?...-Preguntó Gretchen, sin recibir una respuesta de la chica, no porque no quisiera contestarla, sino porque aún llevaba los tapones puestos.
Llegaron a una mesa situada al fondo. La misma mesa en la que Gretchen vio a Amalea y al otro chico sentados el día anterior, y en la que seguían sentados, con la diferencia de que esta vez, un asiático de pelo negro y ojos marrón oscuro los acompañaba mientras leía un comic manga. Victoria gritó el nombre de la italiana quien se volvió de inmediato a su dirección, poniendo una mueca que bien podría interpretarse como una sonrisa.
-Eh…Hola chicas-Saludó Amalea. El chico que la acompañaba el día anterior, le dedicó una sonrisa alegre y posó una mano en su hombro. El asiático miró a ambas chicas, pero sin despegar los ojos de su querido manga.
La sureña se quitó los tapones de los oídos ante la mirada de los chicos, como si fuese lo más normal del mundo.
-Perdón ¿Decías?-Le contestó Victoria.
-Que dije hola.
-Aaah, vale-Soltó una pequeña risita y se sentó con ello mientras indicaba a Gretchen que se sentase entre ella y el pelinegro- ¡Hola a todos!
El chico castaño le saludó amigablemente con la mano.
-¡Chao! Ve ¿Eres amiga de mi hermana?-Preguntó el chico que tanto se parecía a Amalea- ¿Sí? ¿¡Ves Amalea!? ¡Te dije que harías amigos!
-¡Cállate coño!-Le gritó su hermana tirándole la manzana que reposaba sobre su bandeja de comida-O haré que te tragues tus gilipolleces junto con tu bandeja.
Victoria comenzó a reírse.
-¡No le digas eso al pobre chico! Bueno, a tu hermano ¡Os parecéis mucho!
-Bah...-Amalea bufó, tapándose la cara con un libro, el cual tenía como título La ciencia es diver. Lo que nadie notó, fue la ligera sonrisa que se formó en sus labios al escuchar que alguien pensaba que se parecía a su (Aunque no lo reconociera) maravilloso hermano.
-Mi nombre es Feliciano, ve-Se presentó Feliciano alegremente- Y este que está a mi lado tan callado es Kiku-Dijo abrazando al asiático el cual se quedó estático como una roca al sentir el contacto del italiano-¡Saluda Kiku!
-B-Bue...nos días, mi nombre es Honda Kiku. Mucho gusto en conocerlas-El chico juntó las dos manos e hizo una pequeña reverencia, de manera natural. Gretchen imitó al japonés para intentar hacerle sentirse cómodo, ganando unas risillas por parte de Victoria y los italianos.
¡Maldita fuera su, a veces, impulsividad inoportuna!
-Mi nombre es Victoria, pero llamadme Vicky si queréis! Odio mi nombre, es decir, prefiero llamarme Angélique, o Annabelle...¡Amo los nombres franceses! Pero como Seychelles, de donde viene mi familia, también perteneció a Inglaterra, me pusieron Victoria por dos razones: Por la Reina Victoria y por las Cataratas Victoria porque, según mis padres yo nací como el agua de aquellas cataratas ¡A toda pastilla! Bueno, ahora que os cuento esto creo que mi nombre si es interesante y...¿Qué os estaba diciendo yo?
Amalea se llevó las manos a la cabeza. Feliciano reprimió una risilla.
-Que como te llamabas...
-¡Ah sí! pues eso, que me llamo Victoria pero llamadme Vicky anda! Y esta que está a mi lado...-Le revolvió los cabellos a la rubia-Es Gretchen. No es muy habladora pero...Es muy interesante ¿verdad?-La sureña le guiñó un ojo, probablemente refiriéndose al suceso del día anterior, cuando fue acaparada por Ivan y sus seguidores.
-E-Es un placer conoceros...-La chica se llevó las manos al pecho. Creía que se iba a quedar muda de por vida.
-Y…¿Se puede saber qué necesitáis?-Amalea miró a sus supuestas amigas por encima de sus gafas de culo de vaso. Ser amable no era precisamente su fuerte, al menos, no solía serlo todo el tiempo.
-Pues a comer ¿A qué si no? Los héroes tenemos que estar siempre juntos ¿No?-La sureña mordió su manzana y sonrió con naturalidad, como si lo que hubiera dicho fuese de lo más normal- Solo nos falta Alfie y estaremos completos…
Amalea dejó el libro en la mesa y se levantó. Su hermano la miró, asustado, repitiendo varias veces la palabra "Ve".
-Mira, escúchame bien porque no lo voy a repetir más veces: No. Soy. Un. Héroe ¿Te enteras?-Dijo dando varios pasos hacia la sureña- ¡Así que deja de dar el coñazo con eso, leñe!
-Todos somos héroes Amalea-Victoria no se inmutó en absoluto ante el aura amenazadora de la italiana. Seguía sonriendo, mirando los ojos de Amalea, cubiertos a través de sus gafas- Pero nosotros no somos como los héroes de la tele, las películas o los comics, no somos Batman, Spiderman o Superman. Somos héroes cotidianos, cada uno de nosotros hemos hecho, por mínima que sea, una buena acción. Y eso ya nos convierte en héroes ¿No crees?
Todos los presentes miraron a la sureña, sorprendidos por aquel extraño y, a la vez, emotivo discurso. Victoria seguía mirando a la italiana. Esta, volvió a sentarse a su mesa, abriendo su libro e intentando ignorar a los presentes.
-Está claro que no me conoces…-Murmuró entre dientes.
Victoria estaba a punto de volver a hablar sobre los héroes y lo mucho que admiraba a Stan Lee, cuando notó un frío helado sobre su espalda. Todos lo notaron. Se dio la vuelta encontrándose con el rostro aniñado con la que media preparatoria temblaba al ver: Ivan Braginski. Pero eso sí, siempre acompañado de su séquito personal, el cual estaba detrás suyo.
-Tú…-Susurró la sureña al encontrarse con los ojos violáceos del ruso. Este, le dedicó una mirada breve, para luego posarla sobre los rostros de Gretchen y Victoria.
-La de las gafas fue la que ayudó a la rubia a escapar-Dijo una chica de cabello plateado. La misma chica que había perseguido a Gretchen y Amalea el día anterior.
-¿Ah si? ¡Qué bien! Ya que estamos aquí, matamos dos pájaros de un tiro…Gracias, Natasha-Le dijo risueño el ruso- ¿Por qué huiste ayer? Gretchen…Si yo solo quería llevarte a un sitio muuuuy divertido, ¿No es así, chicos?-Dijo girándose hacia su plebe. Una chica de pelo rubio corto asintió de forma inmediata, agarrándose al brazo de Ivan con dulzura. Otros tres chicos asintieron también, temblando como hojas. Y otro chico, de pelo castaño y ojos del mismo color, solo se limitó a mirar, sin asentir. Esto no pareció gustarle a Ivan, que se volvió hacia el último, hinchando los mofletes de forma infantil.
-No te he visto asentir, Lovino...-Le dijo al chico castaño, el cual parecía llamarse Lovino. Aquel Lovino que, junto con Natasha, habían perseguido a Gretchen el día anterior. Amalea y Feliciano dieron un respingo y se levantaron de la mesa.
-¡L-Lovino!-Amalea intentó dirigirse al susodicho, siendo frenada por Victoria- ¡Suelta, joder!
-¿La conoces? ¿Da?-Le preguntó la chica del pelo rubio corto.
Lovino tardó unos segundos en responder.
-No.
Feliciano miró confundido a Lovino, pero prefirió callarse. Amalea volvió a sentarse al sentir que sus piernas le temblaban, también extrañada de que su propio hermano hubiese negado conocerla. ¿¡Cómo podía haberle hecho eso!? ¿¡Cómo podía juntarse con gente así!? Será…Será…
¡Será gilipollas!
-Bien-El ruso se giró hacia Amalea- ¿Cómo te llamas?
-¿Y a ti qué coño te importa?-Dijo desafiante, mirando a los ojos al ruso. Sin embargo, se arrepintió en ese mismo instante, cuando vio aquella mirada fría y hueca, atravesar los cristales de sus gafas, sus ojos, su alma, y congelarla por completo. Trató de mantener la compostura hasta que por acto reflejo retrocedió al ver como Ivan se acercaba a ella.
-Déjala en paz, Ivan-Dijo una voz chillona detrás suya. El ruso se volteó para enfrentarse al perteneciente de esa voz. Su mayor enemigo- No te han hecho nada, lárgate.
-Pero mira quien está aquí…Pero si es SuperJones. ¿No me digas qué este es tu séquito de este año? Da-Sonrió de forma burlona, avanzando hacia él- ¿Dónde están esos deportistas del año pasado con los que te juntabas? ¿Y el enano inglés?...Oh, cierto, ya no sois amigos.
Alfred tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no partirle la cara al ruso.
-¿Y tú qué? ¿Sigues amargado de vivir en un Iglú o qué? –Intentó controlar su rabia pero no podía, ya bastante la estaba controlando. El año pasado acabó en muchos problemas por su culpa, golpearle la cara sería volver al principio de todos los problemas de los que juró zafarse el día en el que el Club de Baloncesto fue suspendido-Lárgate. Ambos sabemos que tenemos mucho que perder si volvemos a pelearnos de nuevo.
El ruso sonrió de manera juguetona al ver las venas de Alfred a punto de explotar.
-Tienes razón, da-Dijo volteándose hacia sus seguidores, no sin antes dedicarle una mirada a Gretchen y Amalea, una no muy amigable- Pero considera esto como un aplazamiento. Dentro de un tiempo…Obtendrás lo que mereces.
Y dicho esto, él y sus seguidores se marcharon por donde vinieron, en fila india, como una especie de ejército estudiantil. Lovino, el último de esta, echó una mirada a los italianos y, cuando nadie le veía, se despidió de ellos con un gesto. Amalea contuvo las ganas de tirarle a la cabeza su puré de…De algo.
-Se puede saber…¿Qué cojones acaba de pasar?-Amalea miró a su hermano, tan confundido como ella-Nuestro hermano se ha convertido en un mafioso comunista…
-No sorella…Él ya era algo así antes…
Alfred se metió en la conversación.
-Espera ¿Hermano? ¿Qué hermano?
-El castaño, el de pelo castaño, el que tenía un rizo en la parte izquierda de su cabeza. Lovino. Ese es nuestro hermano mayor-Amalea se levantó de la mesa y se acercó al norteamericano- Dime Alfred, tú estabas el año pasado aquí, tú que…Pareces conocer a Ivan. Mi hermano también estaba aquí el año pasado así que…¿Sabes por qué cojones está ahí metido Lovino?
Alfred pareció pensárselo.
-Le recuerdo, pero poco. Mi amigo Francis es amigo de un español llamado Antonio y creo que Lovino se juntaba con él. Intercambié alguna que otra palabra con él pero nada más, no sé cómo ha podido acabar ahí. Quizás le comieran la cabeza con algo, pero esa es solo una hipótesis.
Kiku escribía en una libreta algo que Gretchen no pudo ver pero que parecía importante. Había comenzado a tomar notas desde que Ivan se les había acercado a…Conversar, por decirlo de alguna manera. Gretchen prefirió no preguntarle, aunque la curiosidad le carcomiese. En ese momento, Victoria se levantó y puso una mano en el hombro de Amalea. Kiku levantó un poco la vista hacia la escena, y volvió a centrarse en escribir.
-Amalea-Se volteó hacia Gretchen-Gretchen, si Ivan se ha fijado en vosotras es porque sois especiales, ya sea para bien como para mal. Él tiene ese don, ve las potencialidades de las personas a través de sus ojos.
-Es cierto-Alfed se acercó a su amiga y le dedicó una sonrisa- El año pasado Ivan se fijó en mi por mi perseverancia y acabamos teniendo problemas. Nuestros objetivos chocaban y…Digamos que acabé con problemas serios por su culpa. Ahora que os ha puesto los ojos encima, no va a quitarlos. Y yo soy el único que ha conseguido hacerle frente, por eso es necesario que permanezcamos juntos.
El timbre de las clases volvió a sonar, creándose un barullo general, junto con los gritos de la gente y el movimiento de las mesas y sillas siendo arrastradas por el suelo. Kiku miró a Feliciano para volver juntos a clases pero el italiano miraba la escena que se había montado por culpa de aquel ruso. No entendía muy bien las rencillas que tenía el estadounidense con Ivan pero…Si su hermano estaba involucrado, entonces si que le convenía escuchar.
-Y…¿Cómo diablos podemos frenar a ese ruso? ¿Cómo podemos sacar a mi hermano de ahí?
Alfed se colocó su mochila al hombro y retrocedió unos pasos.
-Por lo pronto no te aceleres. Lo que vamos a hacer primero es reunirnos y trazar un plan. Un héroe tiene que pensar con la cabeza fría, tenlo en cuenta-Alzó su pulgar hacia arriba, indicándole a los presentes que todo iría bien- Después de las clases, los cuatro nos reuniremos en donde ayer y trazaremos un plan y os explicaré mejor la situación ¿Ok?
-¿Los cuatro…?-Amalea miró a su alrededor intentando adivinar quién sería ese cuarto.
-¡Gretchen por supuesto!-Victoria abrazó a la rubia, siendo pillada por sorpresa- A ella también le incumbe este asunto y, como héroes que somos, tenemos que apoyarla ¿Oui?
-Otra vez con la mierda de los héroes…-La italiana comenzó a murmurar cientos de insultos en italiano contra todos los presentes, porque se le daba la gana, punto. Sin embargo, los chillidos de Alfred impidieron a todo el mundo oír sus improperios.
-Al finalizar las clases, nos vemos en nuestro cuartel general ¿alright? ¡Y no admito objeciones! ¡HAHAHA!-Y dicho esto, se marchó dando saltitos hacia su siguiente clase, seguida de Victoria, Gretchen y Amalea, las cuales eran arrastradas por los brazos fuertes de la sureña. Kiku y Feliciano se miraron, intentando explicarse qué diablos había pasado. ¿Qué era eso de héroes? ¿Y ese cuartel general? Feliciano temió por unos segundos que Alfred y sus héroes fueran otra mafia rival a la rusa.
Se encaminó junto con Kiku a su clase de historia, sin tener el conocimiento de que aquel momento anterior, precedería un gran cambio en todas sus vidas.
"Basta un instante para hacer un héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien"
-Paul Brulat
Notas: Holiwis people…¡Siento muchísimo mi tardanza en escribir T-T. Planeaba escribir el cap mucho más largo pero, sigo de exámenes, son casi las dos de la mañana y…Pos eso, lo siento.
En este cap he dejado muchas historias y tramas abiertas, demasiadas, diría yo, y sé que os voy a liar, pero amo crear historias enrevesadas y dramáticas. Espero que vuestras cabecitas puedan soportarlo pues, en el próximo cap abriré más tramas. La verdad, muchos sucesos de esta historia tienen mucho que ver con lo que pasó el año anterior a los sucesos presentes, con eso lo digo todo~
¡Eso es todo! Nos vemos si Himaruya-sama quiere la próxima semana y, si os gustó, ya sabéis, dejadme un review o algo, me anima a escribir x3U
¡Un fusosososo para todos!
Ja na!
