HALL OF FAME.
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Lo que les unió fue la atracción disfrazada de amor.
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Capítulo 5.
Vocaloid, Utau y derivados, no me pertenecen, sino a sus respectivos creadores/dueños. Únicamente me pertenece la historia que creo sin fines de lucro.
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Rin tomó una larga bocanada de aire antes de presentarse frente a los jurados. Lenka, Leon y Meito estaban sentados observándola con una mirada indiferente. La rubia sintió su garganta seca. El miedo iba recobrando su cuerpo de nuevo y las dudas de antes volvían a acecharla. Deseó por un momento tener la suficiente cobardía para salir de ahí. El ambiente estaba en completo silencio, pero no hacían falta las palabras cuando las miradas hablaban por sí solas e incluso lograban intimidar. Rin se posicionó en el centro, mentalizándose de que podía hacerlo. Colocó sus pies, algo nerviosa, en horizontal. Ann se acercó al reproductor que descansaba sobre uno de los altavoces y, tras dedicarle una mirada de apoyo a una de sus pequeñas bellezas, puso en marcha la música. Ann, en un principio, les dio a escoger la canción que ellas preferían para aquella prueba. Otorgó una gran variedad de corrientes musicales; desde el jazz hasta la música clásica. Rin, tras pensárselo bien, se decantó por algo más clásico. Había escuchado milésimas de veces la versión clásica de Servant of Evil y había entrenado con esa canción innumerables veces. No se cansaba de escucharla y menos de interpretarla con el baile; además de que había leído la letra en braille. Adoraba la historia que había tras la letra y sentía la necesidad de expresarla a través de su cuerpo.
La música comenzó y Rin mantuvo la posición, sintiendo el fuerte golpeteo dentro de ella. Tomó de nuevo una calada de aire, manteniendo la mirada sobre los tres jueces antes de elevar su pierna derecha y sus brazos al mismo tiempo. En el momento en que escuchó la voz del cantante que los cantaba, realizó un simple giro. Se movió hacia un lado con delicados y precisos movimientos antes de volver a su posición. Recordaba las quejas del resto de sus compañeras y tragó duro antes de volver a moverse hacia un lado, de puntillas aquella vez y los brazos usados como ayuda. Pero justo cuando iba a moverse de nuevo, notó cómo su pierna resbaló sobre la pista. El corazón de Rin latió con furia de nuevo. Cayó al suelo arrodillada. En ese momento, todo se detuvo por un instante. Rin hiperventiló. ¿Ahora qué? Ella no quería ser como sus compañeras. Ella quería destacar. Golpeó el suelo con ambos puños, siendo impulsada por su instinto, antes de alzarse y realizar de nuevo dos vueltas sobre ella. Improvisó. Intentó que aquella caída formara parte de su baile. Respiró varias veces seguidas, sintiendo una ola de adrenalina por su cuerpo. Iba a conseguir llegar a la Gran Prueba. Caminó de nuevo hacia el otro lado de la pista, dándoles la espalda a los tres jueces, cuyas miradas no se despegaban de ella nada más para apuntar fallos. Rin giró sobre ella antes de realizar el mismo recorrido, pero manteniendo la belleza y elegancia que destacaba de ese deporte. Notaba la mirada de Ann sobre ella y sentía un apoyo de más. Tenía que conseguirlo, ¿no? Para ello había sacrificado y luchado. No podía darse por vencida, no ahora. Elevó su pierna derecha de nuevo hacia su máximo y estiró sus brazos hacia delante. La música seguía inundando la sala mientras Rin la bailaba. El miedo, poco a poco, disminuía por cada segundo de canción que pasaba. La joven rubia seguía disfrutando de su propio baile, concentrada en cada paso que realizaba. Les debía de dejar boquiabiertos, alucinados. Una chica con discapacidad, ya sea ceguera, sordera, síndromes de todo tipo, imposibilidad de caminar…, no conocía de barreras. Todas se podían derrumbar. Y Rin lo sabía. Lo tenía en su mente. Pero no había nada que impidiera su éxito.
Rin notó que únicamente quedaba un minuto para terminar su intervención. Había realizado todo aquello que había aprendido en las clases junto a Ann con el máximo esfuerzo y ganas que pudo. Alzó su mentón, mentalizándose del último paso. Tenía que conseguirlo, ganaría y lograría pasar a la Gran Prueba junto a Miki. Su sordera no iba a impedir nada. Tras otro delicado giro, recorrió un pequeño tramo para coger carrerilla y, entonces, saltó tan alto como pudo y, en ese momento, su pierna derecha se estiró tanto como pudo y la izquierda, se flexionó para conseguir que el pie tocara la cabeza de Rin antes de caer al suelo con delicadeza. Su pecho subía y bajaba con rapidez gracias al esfuerzo que hacía para conseguir rozar la perfección. Se arrodilló al suelo y se encogió sobre sí misma justo cuando las campanas sonaron y la música llegó a su fin.
— Rin, ya puedes levantarte. —La voz de Ann la obligó a alzar la mirada. Su profesora le sonreía con dulzura, tendiendole la mano. Nuestra joven rubia tragó duro antes de aceptar su mano y alzarse del suelo. En ese momento, se veía incapaz de mirar hacia los jueces. Temía ver sus rostros serios y demasiado profesionales, temía escuchar su veredicto, temía que la echaran ya.
— Me habría gustado verte bailar durante más tiempo, querida. —La voz de Lenka y aquél comentario, aceleraron de nuevo el corazón de la muchacha. Rin tragó duro antes de mirar por fin a aquella crítica, quien entonces le sonreía débilmente—. Tus compañeras te estarán esperando. —Señaló la puerta donde tras ella, el resto de sus compañeras esperaban su turno. Rin asintió antes de inclinarse hacia ellos.
Ann la acompañó hacia la puerta y, tras abrirla, le guiñó el ojo y le susurró lo orgullosa que estaba de ella. Rin sonrió por primera vez desde que entró. Cuando la puerta se cerró para su veredicto, Rin se volteó y lo primero que consiguió fue el cuerpo de Miki sobre el suyo.
— ¡Dios del Cielo, Rin! —La voz feliz y contenta de Miki confundió a Rin, quien pestañeó varias veces seguidas después de que su pelirroja amiga se hubiera separado de ella. Vio su larga sonrisa y su mirada—. ¿Por qué no están saltando de alegría? —Le preguntó, sacudiéndola de los hombros. La confusión de Rin iba a más—. ¡Has estado ahí durante casi cinco minutos! —Casi gritó. Esta vez, la confusión pasó a ser sorpresa. Los ojos de Rin se agrandaron y su boca se abrió de par en par.
¿Cinco minutos? ¿Ella había sido capaz de estar ahí metida durante casi cinco minutos? Miró al resto de jóvenes. La mayoría de ellas la fulminaba con la mirada, celosas, mientras que una minoría la sonreían apoyándola. ¿Era cierto? Volvió a mirar a Miki, quien seguía con aquella sonrisa. Rin cerró su boca y se acercó corriendo hacia su libreta. Tomó su bolígrafo y escribió en una hoja limpia: No puede ser. ¡Es imposible! 'Servant of Evil' no dura más de tres minutos. Le entregó la hoja a Miki. La pelirroja únicamente amplió su sonrisa antes de elevar su mirada del papel. Rin alzó una de sus cejas.
— ¿Elegiste la versión clásica? —Le preguntó. Rin asintió con lentitud. Neru, quien había estado al margen, alzó su rostro y se fijó en la joven muchacha sorda.
— ¿Bailaste la versión clásica de Servant of Evil? —Le preguntó Akita esta vez, consiguiendo que se alzara un murmullo a su alrededor. Varias de sus compañeras la observaban sorprendidas esa vez. Rin se veía confundida, sorprendida y alucinada. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Sí, había interpretado Servant of Evil, un musical que adoraba desde bien chica. La había escuchado las suficientes veces como para saberse de memoria hasta la melodía sin voces y la había bailado hasta saber exactamente qué paso va con qué fragmento.
— Es imposible que hubieras durado ahí casi cinco minutos bailando esa pieza. —Esta vez, la voz fría de Teto calló de inmediato el resto de murmullos que se había levantado. Rin pasó su mirada hacia ella. La mirada de Kasane la fulminada con recelo. Su frente estaba arrugada y a Rin comenzaba a intimidarla—. Servant of Evil necesita de profesionales para interpretarla y mucho tiempo para practicarla. No puede llegar una novata y bailarla al completo. —Cada palabra que salía de su boca parecía cargada de veneno que se clavaban dentro de ella. Rin bajó la mirada, apretando los puños.
Si ella pudiera hablar…
Antes de que Miki y, sorprendentemente, Neru, intervinieran en su defensa, la puerta volvió a abrirse. Ann repasó a sus niñas con una ceja arqueada. Todas se miraron entre sí antes de carraspear y sonreírle. La rubia mayor les devolvió la sonrisa antes de fijarse en Teto.
— Kasane Teto, tu turno. —La muchacha se alzó del suelo y sacudió su vestimenta mientras caminaba hacia Ann.
— Suerte. —La voz de Miki detuvo sus pasos. Ante la mirada curiosa de Ann, Teto se volteó para ver a la pelirroja, que sujetaba la libreta de Rin entre sus manos—. Hasta las más grandes personas pueden caer. —Terminó de leer antes de alzar la mirada. Pero Miki notó que no era a ella a quien Teto miraba con frialdad, sino a su compañera Rin. Cuando observó a la rubia, ella le dedicaba su sonrisa más triunfante a Teto antes de que ésta bufara y entrara en la habitación seguida de Ann, que prefirió reprochar a ambas con una pequeña mirada.
La sala quedó en completo silencio antes de ser nuevamente rota con la voz de Neru.
— ¿De verdad bailaste la pieza al completo de Servant of Evil? —Volvió a preguntar, sin creérselo aún. Ella también sabía que esa pieza era una de las más complicadas para bailar sin acompañarte. Le costaba imaginarse a aquella rubia minusválida transformando su música en baile. Vio como Rin asentía de nuevo. Akita abrió los ojos impresionada—. Son cinco minutos de música ininterrumpida. —Le recordó. Fue esta vez Rin quien quedó impresionada.
Ella estaba segura de que no había escogido la versión larga, estaba segura de que le había pedido a Ann la versión más simple; la versión de tres minutos.
Rin pestañeó varias veces seguidas antes de mirar de nuevo a Miki. Se señaló a sí misma y a la puerta, como diciendo por gestos que necesitaba salir. Miki, segundos después, comprendió el mensaje y le sonrió, asegurándole que se lo avisaría a Ann.
La muchacha le devolvió la sonrisa antes de tomar su libreta con fuerza y salir del recinto.
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— ¡Eh, Len! ¿Nos vamos? —Mikuo se había acercado al casillero de Len, quien terminó de colocarse su camisa y tomar sus preciados guantes en una mochila que Yuma le había entregado. El rubio sonrió y asintió en dirección hacia su nuevo amigo, quien se volteó y caminó hacia la salida, seguido de Len. Cuando ambos se despidieron de Yuma y salieron del gimnasio, el joven Hatsune se volteó para ver al rubio, quien no dejaba de lado su sonrisa de triunfo—. ¿Cuándo comenzaste a luchar, Len? —Le preguntó entonces, consiguiendo que su compañero se volteara para observarle antes de contestar.
— Bueno… Si te refieres a luchar de verdad como hoy… Esta es mi primera vez. —Mikuo abrió los ojos como platos ante la respuesta de Len. No podía creerse que un novato de los de verdad, el novato que comienza el primer día literal, le hubiera ganado.
— ¿Y nunca te has enfrentado a alguien? —Le preguntó de nuevo, rezando porque dijera que sí y no quedar mal ante nadie. Perder contra un novato…
Len meditó durante unos segundos, borrando su sonrisa y haciendo cuentas de todas las peleas en los que fue partícipe.
— Sí, con unos cuantos. —Contestó finalmente, encogiéndose de hombros. Si mal no recordaba, había luchado con Dell, con varios chavales en una cancha cercana y con aquel matón que logró llevarle directo al hospital—. Me peleé con un grupo de chavales en una cancha que se apropiaron de la pista de baloncesto, asustando a los críos que estaban jugando. Estaba con unos amigos y no dudamos en salir a defenderles. —Recordó con una sonrisa nostálgica la lucha que se debatió ahí. Sus dos amigos, Rinto y Kaito, no se lo pensaron en seguirle y prepararse para cualquier asalto por parte de aquél grupo de ocho jóvenes. Mikuo le escuchó asombrado—. Ellos eran ocho personas y nosotros tres. Pero antes de que les ganáramos, vinieron los de seguridad. Ellos huyeron y nosotros fuimos sacados de la cancha y nos prohibieron la entrada por dos semanas, pero tuviste que ver sus caras magulladas. —Su sonrisa se amplió, contagiando a Mikuo.
— Vaya, vaya… Menudos héroes estáis hechos. —Halagó el joven, con un tono divertido en su voz. Len asintió orgulloso—. Cuéntame más.
— Bien, bien, si insistes… Tuve otros encontronazos con más chicos en parques y polideportivos, pero sin importancia. Aunque si preguntas cómo llegué aquí… Yuma me encontró luchando con un chaval de mi misma edad. —Torció el gesto levemente al recordar los duros golpes que recibía—. Era bastante bueno, pero aún así intenté darle su merecido. —Mikuo escuchó atentamente su relato—. Empujó sin justificación a un compañero y el primer impulso que se me pasó por la cabeza fue devolvérsela. Aunque… me dejó K.O. y en el hospital. —Endureció su mirada—. Pero ahora estoy bien. Yuma no había dejado de visitarme en el hospital; decía que tenía gran potencial y que él mismo podía enseñarme a luchar mejor.
— Luchar contra ocho chicos, proteger a una mocoso, caer K.O. defendiendolo... —Mikuo le golpeó el brazo antes de soltar una pequeña risa—. Estás hecho un campeón. —Aseguró observando a su nuevo amigo sonreír ampliamente mientras se acariciaba el brazo—. ¿Alguna pelea más que deba saber antes de replantearme una revancha? —Le picó.
Len asintió poco después, recordando el encuentro con Dell.
— Peleé contra un chico cuando él le estaba gritando a quien parecía su ex novia. Creí que no le tocaría un pelo hasta que le vi alzar su mano en su dirección. —Len frunció el ceño y borró de inmediato su sonrisa cuando rememoró el momento en que ese idiota se atrevió siquiera a levantarle la mano a aquella joven, quien tenía un largo y sedoso cabello turquesa—. No me lo pensé dos veces y corrí a detene… —Pero detuvo su narración cuando notó que su compañero había detenido la marcha. Se volteó para verle parado a unos pasos de él. Len le miró curioso. Mikuo tenía sus ojos como platos y su boca quedaba entreabierta.
— ¿E-ese tío se… se llamaba por casualidad Dell? —Preguntó casi balbuceando, temiendo en parte por saber la respuesta, pero ansioso por otra por encontrar a quien salvó a su pequeña hermana. Len asintió lentamente, sorprendido porque Mikuo hubiera adivinado el nombre de aquél subnormal—. ¿Eres el chico que le dio una paliza y salvó a mi hermana? —Esta vez, quién quedó con los ojos como platos y la boca colgando fue Len. ¿Esa chica y Mikuo eran hermanos? Aunque ahora que se detenía a pensar, era imposible no haberlo reconocido. Eran muy parecidos, sobretodo por el característico cabello turquesa. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?— Salvaste a mi hermana de ese idiota mal nacido. —Dijo, más para él que para Len y sonrió poco después antes de acercarse de nuevo al rubio y colocar su mano sobre uno de sus hombros—. Te debo uno muy grande, amigo. —Aseguró antes de dedicarle otra sonrisa y voltearle por los hombros para continuar su camino—. No pensaba abrazarte, eh. —Bromeó. Len le observó todavía sorprendido, pero pronto le devolvió la sonrisa ante su comentario.
— Entonces, ¿salvé a tu hermana? —Preguntó el joven rubio, algo picón. Mikuo alzó una de sus cejas en su dirección antes de asentir—. ¿Me tengo que sentir privilegiado o algo? —Ambos jóvenes rieron ante el comentario de Len.
— Si somos sinceros, más que privilegiado. —Comenzó a presumir Mikuo, alzando su mentón—. Estás delante del hijo legítimo del gran Hatsune, encargado del año de la organización que se encarga de la Gran Prueba. —Usó su mano libre para pasarla frente a ambos. Len miró a su nuevo amigo con una ceja alzada mientras intentaba no soltar una carcajada. Mikuo no pasó desapercibido el gesto y le propinó otro suave golpe en su hombro—. Oye, no te rías delante de mí que tampoco sabes de lo que trata la Gran Prueba. —Pronunció las dos últimas palabras con un tono de voz alto y destacándolas—. Ahí se presentan las de ballet para conseguir su más grande sueño. —Comenzó a explicar, aunque Len se quedó en ballet, la cual le hizo recordar de inmediato a la chica que le sacó del cubo de la basura. Esa preciosa rubia de aspecto delicado y con un lamentable problema auditivo y oral que, si mal no recordaba, practicaba ese mismo baile. Sonrió casi sin quererlo mientras mantenía su mirada en la calle. Sabía que se estaban acercando al mismo recinto donde había dejado a su salvadora. ¿Estaría fuera? ¿Se habría ido ya a su casa?— … y tienes roto el pantalón por la parte de atrás. —Aquél comentario bastó para que Len se detuviera y girara su cuerpo lo máximo que pudo para mirar, avergonzado, su pantalón por la parte trasera. Pero no distinguió ningún agujero. La risa de Mikuo confirmó su sospecha. Se recompuso antes de golpearle en el hombro con un leve sonrojo en sus mejillas.
— ¡No hace gracia! —Casi le gritó, alzando su mentón con el poco orgullo que tenía mientras las risas de Mikuo seguían.
— ¡Lo siento! —Se intentó disculpar entre sus carcajadas que poco a poco logró controlar—. Es que andas distraído. —Se excusó, encogiéndose de hombros mientras ampliaba su sonrisa. Len seguía con el mentón alzado y la mirada en el camino, todavía mosqueado con la broma—. Oye, que tú tampoco me estabas escuchando. —Le acusó con cierta diversión el joven Hatsune—. ¿Qué te estaba diciendo? —Le retó a que contestara.
Len carraspeó antes de humedecerse los labios, nervioso
— Algo de la Gran Prueba que… —Y se quedó en blanco, rascándose la nuca en un tic nervioso. No había prestado atención a lo que Mikuo decía. Estaba demasiado entretenido con la imagen de Rin vagando en su mente. Mikuo le sonrió triunfante.
— Hay una chica dentro de esa cabeza, ¿eh? —Le picó Mikuo, ampliando su sonrisa. Len se sonrojó levemente, escondiendo su cabeza entre sus hombros.
— Y una mier... —Pero sus palabras quedaron atrapadas en su garganta cuando, en la puerta del recinto, sus ojos dieron con Rin, sentada en el escalón y con la mirada perdida en sus pies. El moño que se había peinado se había desecho y varios mechones caían a cada lado de su rostro, enmarcándolo como un bello cuadro.
Mikuo sonrió con cierta picardía cuando vio que su nuevo amigo se había sonrojado observando a aquella chica. Sin ser discreto, empujó a Len hacia delante. El rubio ahogó un grito e intentó equilibrarse antes de caer por semejante empujón.
— ¡Idiot...! —Pero cuando volteó su rostro para encarar a Mikuo, éste ya corría calle arriba. Maldito idiota, cuando volvamos a luchar, no tendré piedad, se aseguró mentalmente, sacudiendo su camisa e intentando hacer como si nada hubiera ocurrido. Pero, cuando volvió a observar el recinto de ballet, se sonrojó cuando vio que el rostro de su salvadora se había alzado y que entonces, su azulada mirada se fijaba en él, sobre su pequeña sonrisa. Len no pudo hacer otra cosa que devolverle una tonta sonrisa y agitar su mano para saludarla. Imbécil, ¿qué puñetas haces? ¡Ves con ella! Y como si sus piernas obedecieran la orden impartida por su subconsciente, Len caminó hacia Rin.
La rubia se alzó de golpe, algo nerviosa y sonrojada, al ver que Len se acercaba a ella. Se sacudió el tutú por la parte de atrás antes de colocar los mechones rebeldes de su cabello, tras sus orejas. Ambos, sentían como sus corazones palpitaban con fuerza dentro de ellos a medida que se acercaban al otro. Era atracción, una atracción muy fuerte del que ambos todavía no tenían conocimiento. Una atracción que surgió aquella misma mañana. Una atracción que unió sus caminos. Una atracción que en menos de veinticuatro horas, se había hecho con ambos cuerpos. Una atracción que se disfrazaba de amor. Len se detuvo cuando estuvo frente a la rubia y se rascó la nuca, sin saber qué decir. Rin amplió su sonrisa, apretando con fuerza su pequeña libreta. Deberían de decir algo, ¿no? Len miró al suelo en el momento en que Rin abrió su libreta para escribir.
Di algo, cabeza de banana. ¡No dejes que crea finalmente que eres un completo bobo! Su subconsciente volvió a gritar dentro de él. Len rodó los ojos, sonrojado, antes de volver a alzar la mirada hacia la muchacha.
— Me alegro de volver a verte, Rin.
Rin volteó su libreta justo en el momento en que escuchó a Len hablar. Ambos, él tras leer lo que Rin había escrito con su bonita caligrafía, soltaron una risa. Ella con una carcajada que se esforzó porque fuera muda. Odiaba la risa gutural que producía cuando reía, por ejemplo. Pero se enamoró cuando Len rió, una carcajada suave y dulce, diferente a todas las que escuchó entonces. Y le encantó todavía más cuando supo que fue ella quien lo ocasionó cuando escribió en su libreta: "me alegro de volver a verte, Len".
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BUUUM. He subido tres capítulos nuevos esta semana: "Los Protegidos", "¿Puedo soñar contigo?" y "Hall of fame". ¡Esto debe de estar en el libro Récord Guinnes! (?)
Hey, heey, heeey, mis bonitas criaturas. He vuelto a aparecer con "Hall of fame", fic que tenía algo abandonado. c:
Lado bueno Mai: Especificando, lo tenía abandonado desde hace cinco meses y "Romeo&Cinderella" junto con "Spice!" ya ni te cue...
*Coge a su lado bueno y la mete en un armario que cierra con candado. La llave la tira al retrete antes de tirar de la cadena.*
¡Lo que iba diciendo! Tenía algo abandonado este fic y este capítulo lo tenía suelto y sin acabar. Realmente no pensaba subirlo porque el principio no me convenció mucho... Igual, pensé que retocándolo y puliendo la parte final, tampoco quedaría tan mal.
¡QUIERO OPINIONES EN VUESTRO SEXYS REVIEWS! ¡AQUÍ Y EN "¿PUEDO SOÑAR CONTIGO?"! *DándosePublicidadASíMisma:ON*
Okey, okey, ya paro. Pero, aprovechando que estoy dando publicidad... Me hice wattpad, gente. :'D Seh, Mai Sakura por fin se moderniza. (?) Nah, en realidad quise probar y tampoco está taaaan mal como pensaba. Por si alguien se quiere pasar: Maaisa06
Ya tenéis tarea hoy, JAJAJAJAJAJokno.
RONDA RÁPIDA DE PREGUNTAAAAAS: ¿Evaluación del capítulo? ¿Tendrá Ann algo que ver con el cambio de la versión de Rinny? ¿Habrá pasado la prueba? ¿Y Teto? ¿Logrará llegar a la Gran Prueba? ¿La minusvalía de Rin volverá a causar estragos en su vida? ¿Y qué me dicen de Len? Sí, salvó a la hermana de Mikuo de las garras de Dell. ¿Y que Mikuo es hijo de quien dirige la Gran Prueba? ¿De qué color eran los calzones de Len? ¿Por qué creé esta ronda de preguntas cuando apenas hago un par? ¿Por qué tengo ganas de comer un cuenco lleno de helado?
¡NO OOOOOLVIDEN SUS SENSUALES REVIEWS!
Y, ahora, otra ronda que sé que os gusta.
RONDA RÁPIDAAA DE REVIEWPUESTAS:
maki-imotto: ¡Graacias por molestarte en mandarme un review! Aquí tienes tu nuevo y sexy capítulo, ¡espero que haya sido de tu agrado!
Gabriela Kagamine: Yo también la he cogido asquete, PEEERO, dicen que no hay que juzgar por la portada. JAJAJAJA, te volví a dejar con la intriga porque hasta el próximo, no se sabrá nada de la evolución a Rin. #MaiMalota (?)
m: ¡Gracias a ti también por comentar! Y por halagarme. ;u; Aunque sigo en mi derecho de decir que mi forma de escribir es todavía mala. (?) ¡Miles de gracias por comentar y espero que este capítulo te haya gustado!
Y al resto, de nuevo, un billón de gracias por leer, darle favorito y seguir este fic. ¡SUS QUIERO MUCHOTE!
No saben lo complicado que es escribir desde el móvil. (?)
¡Que la vida os sea súper bonita!
Un abrazo virtual,
MAISA.-
