~Capítulo 3:Héroes orgullosos~
Tanto Gretchen, como Amalea estuvieron constantemente pendientes del reloj que había en la pared de su aula. Quedaban cinco minutos para que las clases finalizasen, y también para encontrarse con aquel tipo con complejo de héroe en aquella habitación secreta, a la que se accedía por una taquilla que escondía un pasillo (No muy extenso) secreto. Aquello no las había dejado indiferentes y, aunque la academia W fuera una de las academias públicas más prestigiosas del país, uno no encontraba habitaciones secretas tapiadas por paredes y taquillas todos los días. Al menos a su ver.
Estaba claro que aquella institución ocultaba demasiados secretos para su gusto, o al menos para Amalea, quien pasaba de meterse en follones, pero que necesitaba de la ayuda de ese héroe de pacotilla para poder sacar a su hermano de aquella pandilla de abusones. Para Gretchen, sin embargo, era una forma de evadir su triste realidad y demostrarle a su hermano lo equivocado que estaba respecto a ella. Ella no le decepcionaría nunca más.
Ella no era un fracaso de ser humano.
El profesor Edelstein explicaba los hechos ocurridos en la Batalla de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial cuando el sonoro timbre hizo enmudecer su voz ante el torrente de alumnos que salían disparados por la puerta, dispuestos a respirar del aire puro y a vivir sus horas de libertad hasta el día siguiente, donde volverían a entrar a su cárcel de seis horas diarias. Gretchen recogió sus libros en su mochila mientras la italiana preguntaba diversas dudas a su profesor sobre algunos detalles de la contienda ocurrida en Francia. Estaba claro que su...Nueva amiga no se cansaría hasta ver en su boletín de notas todo matrículas de honor. No era de esas que se conformaba con notables y sobresalientes, era competitiva y ambiciosa. A veces demasiado, pero no lo veía como algo malo, no iba a cambiar por nadie el carácter que le había tocado tener.
-A-Amalea, tenemos que irnos ya…Alfred nos espera-Le dijo la rubia en un tono bajo.
La castaña asintió y se despidió del profesor de forma educada. Joder, esta chica era bipolar, podía estar mandándote a la mierda y dedicándote un gesto obsceno pero al segundo mostrarte una sonrisa de oreja a oreja.
Las chicas se dispusieron a salir por la puerta hasta que la voz pija de Edelstein pronunció el nombre de Gretchen, haciendo que esta se volteara para ver qué era lo que su profesor quería. Este emitió un suspiro y aclaró su garanta. Parecía que el tema del que quería hablarle no tenía nada que ver con la Segunda Guerra Mundial. Gretchen temió lo peor.
-¿Podrías dedicarme unos minutos?-Edelstein miró a los ojos verdes de Gretchen para luego detenerse en Amalea.
-Amalea, espérame fuera, ahora te alcanzo…-La italiana asintió, colocándose su mochila color tierra y cruzando la puerta del aula.
-Pero no tardes mucho, tenemos ciertos asuntos ¿recuerdas?-Y cerró la puerta tras de sí, dejando solos al profesor y la alumna.
-Us…Usted dirá, profesor.
El austriaco volvió a aclarar su garganta.
-Me gustaría hacerle una pregunta, señorita…Zwingli-Dijo dándole énfasis a lo último. Aspiró aire, nervioso, como si fuera un elefante, y procedió a formular su pregunta- Por casualidad ¿Conoce a un tal…Vash Zwingli?
Gretchen le miró curiosa y aliviada. Había esperado una regañina, una charla sobre historia, incluso un intento de violación (Ya que, siendo sinceros, el tío tenía cara de cura necesitado) pero no aquello.
-S-Si, le conozco, es mi hermano-Roderich Edelstein se tensó como una batuta y retrocedió un paso-¿Por qué?...¿L-Le conoce?
Gretchen juraría que su profesor acababa de sonrojarse. El mínimo cambio de color en su tez pálida y aristócrata (Por decirlo de alguna manera) era siempre notable. Aunque ella no era precisamente observadora, era más corta que las mangas de un chaleco.
-N-No es…Por nada importante, me sonaba su nombre y ya, solo quería saberlo…-El profesor no sabía dónde meterse. Gretchen tampoco.
Se hizo unos segundos de silencio incómodo entre ambos. Roderich temía preguntar más de la cuenta, era cierto que conocía a Vash pero, su hermana no tenía porqué enterarse de su vida privada. El pasado pasado estaba, pero sin embargo…
Al final, sorprendentemente fue Gretchen la que acabó rompiendo el silencio.
-B-Bueno…Si no necesita nada más…-Dijo la rubia, retrocediendo un paso y colocándose su mochila rosa chillón-Será mejor que me vaya.
-Sí, gracias…-El profesor vio cómo su alumna, camino hacia la puerta hasta que volvió a detenerla de nuevo-¡E-Espera!-La joven se detuvo, mirando al austriaco con curiosidad, intentando imaginar con que pregunta le bombardearía ahora-Si pudieras mantener la mayor discreción sobre esta conversación con tu hermano…lo agradecería.
Gretchen asintió y salió finalmente por la puerta, dejando al profesor recordando tiempos pasados. Amalea esperaba a la rubia apoyada en una pared, mientras se llevaba a la boca una piruleta de sabor Coca-cola.
-¿Qué quería?-Le preguntó la italiana.
-N-Nada importante, solamente me riñó un poco por no haber estado atenta en clase…
-Ah, ya veo ¡Tienes que aprender de mí!-Dijo mostrándole una sonrisa alegre y, si, también egocéntrica. Aunque aquel comentario era hipócrita por su parte, ya que ella había estado tan despistada como ella-Bueno ¿Vamos?
Se encaminaron por los pasillos hasta subir los escalones de arriba, los cuales les conducirían al Ala Norte de la Academia W. Según habían oído, aquella parte no era usada por nadie, las aulas eran usadas para el almacenamiento de material escolar o, simplemente estaban desiertas. Al no estar huyendo de una panda de locos, como el día anterior, Gretchen y Amalea pudieron apreciar el motivo de la inutilidad del Ala Norte: El techo, paredes y, alguna que otra puerta chamuscada. Un pasillo fantasma teñido de negro y olor a ceniza y oxido envolvía todo el lugar, dándole un toque tenebroso.
-Joder ¿Cuándo se quemó esto?-Preguntó extrañada la castaña. Normalmente era observadora, tenía que haber estado demasiado concentrada en huir para no haberse dado cuenta de que el Ala Norte estaba mucho más vieja y notablemente chamuscada.
-Fue hace ocho años-Dijo una vocecilla conocida. Victoria avanzó unos pasos hacia las dos chicas-Hubo un incendio en el aula de ciencias de esta parte, el cual se extendió y acabó dañando muchas aulas, pero por suerte no dañó la estructura.
Hace ocho años…Que Gretchen recordara su hermano estaba por esa época en la Academia W.
-Pero vaya ¡Llegáis muy tarde!-Se quejó la sureña, inflando los mofletes-¡Yo ya me estaba durmiendo!
-L-Lo siento…-Se disculpó la rubia-Nos entretuvimos en una cosa y…
-¡Menos chachara y más andar, que tengo que hablar con el rubiales!-Gritó la italiana, cogiendo a Gretchen por el brazo y a Victoria por el otro, haciéndolas caminar hacia delante, en dirección a la taquilla que tapaba la entrada secreta.
Llegaron en frente de la taquilla oxidada, la sureña introdujo la clave numérica para poder abrirla y, una vez abierta, se internaron en su interior, perdiéndose en la oscuridad una vez cerraron la taquilla detrás de sí. Aquello estaba demasiado oscuro, y ni si quiera con la iluminación del móvil de Victoria se podía ver nada, aunque tampoco es que hubiera mucha distancia que recorrer.
-Joder, no costaba nada poner una puta lámpara…-Murmuró Amalea entre dientes.
Al llegar a la puerta, Victoria repitió lo mismo que hizo la primera vez: Dio tres golpes suaves, uno fuerte, una palmada y una patada. La puerta se abrió al instante, dejando ver el rostro brillante de Alfred, con el fondo del sol brillando detrás de él. Las chicas entraron en la habitación, mirando a Alfred, esperando encontrar algunas respuestas sobre los tipos que andaban con Ivan.
-Bien chicas, sentaos-Les ofreció el norteamericano- Vicky, prepara un poco de té, por favor-La sureña asintió y se dirigió a la mini hornilla que había en la sala. Había que reconocerlo, aquel salón no era muy grande pero era bastante acogedor. Gretchen hizo caso al rubio y se sentó en una silla frente a él. Amalea se quedó de pie y cruzó los brazos, no era precisamente fácil dialogar con una persona tan intransigente como ella, y esto Alfred ya lo había notado. Amalea Vargas era una chica de armas tomar.
Le recordó a cierto rubio testarudo de ojos verdes que siempre miraba a todo y a todos con el ceño fruncido.
Bueno, aquel no era el momento de pensar en cosas como esas…
-No voy a sentarme-La italiana rechazó por quinta vez su ofrecimiento-Y no me seas pesado ¡coño!
-Solo te lo digo porque voy a hablaros sobre los seguidores de Ivan, y del propio Ivan, obviamente-El estadounidense dibujó una sonrisa alegre en su rostro mientras alcanzaba a coger aquel peluche de extraterrestre con el que le vieron la primera vez-Va a ir para largo, por eso quiero que te sientes ¿Sí? No pongas las cosas más difíciles.
Amalea acabó por rendirse y se sentó al lado de Gretchen, mientras Victoria colocaba sobre la mesa una bandeja de madera en la que reposaban una tetera de metal, que contrastaba notablemente con las tazas de porcelana, probablemente inglesas, debido al tamaño y su forma. La sureña se sentó al lado de Alfred, que iba a proceder a explicar los datos necesarios sobre los miembros del grupo de Ivan.
-¿Y bien?-Amalea comenzaba a impacientarse.
-Well...Lo primero que debéis saber es que la banda, a pesar de que tengan seguidores o, afiliados, muy pocos de estos van en el grupo, es decir, medio instituto le obedece pero, nunca se les ve hablar con Ivan, ni salir con su grupo ¿No os habéis fijado?
-Llevo dos días aquí monino-Le contestó la italiana como si fuera lo más obvio del mundo. Pero tenía razón, en parte. Además, la mitad del tiempo se la había pasado leyendo TODOS y cada uno de sus libros de texto. ¡Saber qué cosas iban a caer en sus asignaturas era mucho más importante que socializar o fijarse en una panda de abusones!
-Alfie, ella tiene un poco de razón. Si yo sé cosas sobre los de Ivan, es porque tú este verano me estuviste informando. Yo al igual que ellas, acabo de entrar a bachillerato, así que no sé mucho...
Alfred caviló unos momentos y asintió poco después.
-Tenéis razón. En cualquier caso, lo que os he dicho es cierto. A pesar de que Ivan tenga muchos seguidores, solo unos pocos están en su "verdadero grupo"...Y solo las personas que estén en dicho grupo, son los que de verdad obedecen ciegamente a Ivan... ¿A qué forma de gobierno política os suena esto?
-...A un régimen totalitario-El rostro de Amalea ensombreció poco a poco al ir pronunciando aquellas palabras-Pero ¿Cómo...?
-¿Sabéis cómo llegó el partido nazi al poder?-Continuó explicando Alfred- Por la votación del pueblo, como en una democracia. Pero el hambre y la crisis económica de aquella época hicieron que poco a poco aquel partido de extrema derecha convirtiera la democracia de Alemania en una dictadura. Para ello, se usó la propaganda, la fuerza, el miedo, para controlar y manipular a la población. Solo por el "Bien del imperio Alemán", pero era más bien por el bien propio. Hitler, en parte, quería demostrarse a sí mismo que no era el inútil que todos consideraban que era, o eso apuntan algunas teorías.
-Y ¿A dónde quieres llegar con esto Alfred?-Amalea estaba tan intrigada como Gretchen, aunque esta no dijera nada. No pensaba que fuera a recibir otra clase de historia después de salir de las clases. Sin embargo, esta se le hacía mucho más interesante. Alfred tenía la capacidad de llamar la atención, ya fuera por sus griteríos o por su labia con las palabras.
-Quiero llegar a que, Ivan está haciendo exactamente lo mismo. Utiliza el miedo que él influye para conseguir afiliados. Se aprovecha del dolor de los demás y lo utiliza a su favor para sus propósitos, como hizo Hitler en su momento. "Vuestras vidas mejorarán, si estáis conmigo, porque soy el único que va a ayudaros" quizás les diga. Pero, solo las personas que quieran verdaderamente librarse del dolor, o las que se sientan solas o estén hartas de todo, solo las personas que, de verdad crean que Ivan puede librarles de esa carga que no pueden contener...Estarán con él. Porque harán lo que sea por no sentir dolor. Obedecerles ciegamente si eso es posible.
-¡Eso no puede ser!-Amalea se levantó de la silla y se encaró con Alfred-Mi hermano no es ningún desgraciado, no tiene problemas ¡Él es feliz! Él...
-¿De verdad?-Le preguntó el rubio, seguro de que la italiana estuviese equivocada-¿De verdad lo conoces tan bien como para saber qué es lo que siente? ¿O lo qué se le pasa por la cabeza?
Silencio.
Amalea enmudeció y volvió a sentarse. Su orgullo le impedía desviar la cabeza, tenía demasiado para su disgusto. Tenía también ganas de llorar, de llorar y matarlos a todos, pero no tenía fuerzas ni para eso. Siendo sincera, a pesar de que ella adorase a sus hermanos, su relación nunca había sido buena con estos. Con Lovino solo sabía intercambiar miradas e insultos, pocas veces se ayudaban, apenas hablaban. Con Feliciano tampoco habían ido las cosas muy buenas, su relación había sido algo fría y distante, aunque a veces habían tenido sus buenos momentos. Sin embargo, no dejaba de ser algo inexistente, por así decirlo, aunque Feliciano intentase fingir que no era así. Su abuelo los había criado técnicamente él solo, trabajando muchísimas horas al día en institutos y colegios ya que él era profesor de lengua y, aunque ahora tenía un buen trabajo que le requería menos horas, tuvo que trabajar lo inimaginable para alimentar a sus nietos y no pudo pasar a penas tiempo con ellos por lo que su infancia fue prácticamente solitaria, aunque Feliciano tuviera amigos, y Lovino tuviera a Toño y...Bueno, Amalea a veces estaba muy sola y a veces demasiado acompañada. Sus padres habían muerto en un accidente de tráfico, al menos eso les había contado su abuelo. Visitaron la tumba de su madre centenares de veces, a la que conocían como Franccesca Vargas y a la que apenas recordaban. Amalea apenas llegó a conocerla ya que era una recién nacida cuando el accidente ocurrió. Su padre, Leonardo Vargas, no tenía un lugar donde reposar, ya que nunca encontraron su cadáver.
Fueron por estas causas, y por otras más relevantes, la resultante relación entre Amalea y sus hermanos. Al menos, eso quería creer.
Y allí estaba, frente a Alfred Jones, él único que había dejado a la empollona- genio Amalea Vargas sin argumentos. Aquel rubiales parecía tener la misma capacidad que el ruso para ver a través del alma de las personas. Jodido americano de los cojones.
Alfred siguió hablando.
-Mi teoría es esta: Ivan está usando los mismos métodos que el partido nazi usó años antes a la Segunda Guerra Mundial y que lo que en verdad pretende es demostrarse a sí mismo que es capaz de...No sé, ¿ser fuerte quizás?-Suspiró- La verdad, no sé qué es lo que ese tío tenga encima pero, tenga el problema que tenga eso no justifica sus acciones. Al igual que Hitler, él no va a conseguir liberarse de sus problemas con solo dañar a los demás y alcanzar su meta o poder.
-Bien...T-Tengo una duda-Gretchen levantó la mano con timidez. Victoria se contuvo de darle un mini abrazo a la chica. ¡Que monosa que era!- ¿Fue por eso por lo que quizás nos persiguió Ivan ayer? Bueno, fue a mí, y luego a Amalea. ¿Por qué somos débiles? ¿Por qué queremos...Escapar de nuestra realidad?
Alfred pensó por un momento, llevándose su dedo índice al mentón. Aquella pregunta era tan lógica como extraña, y mucho menos no esperaba que quien se la formulase fuera la propia Gretchen, siempre tan callada y temblorosa.
-Quizás, tú misma...Bueno-Miró a la italiana-Vosotras mismas sabéis que es lo que sentís, y que ha podido ver Ivan en vosotras. Otra cosa es lo que ya os dije antes: Ivan tiene el poder de ver el alma de las personas, su dolor, sus cualidades, todo. Me lo han dicho, y yo lo he visto en acción, cuando ha ido a aprovecharse de la gente que sufre para presionarlos y hacer que se convirtieran en seguidores suyos, usando el miedo y las amenazas.
-Bueno Alfie, en eso de ver las almas de la gente eres muy parecido a él, eso que ya tenéis en común, jiji-La sureña emitió una pequeña risita extraña.
-Vicky no me compares con ese pingüino ruso, yo soy un héroe y él un villano ¡HAHAHA!
Al parecer, no solo Amalea pensó en ese momento que Alfred era un poco idiota.
-At one! Pasemos al siguiente tema. Debéis saber cuáles son los siete miembros del grupo de Ivan. Os interesará saber que dos de ellos son hermanos del propio ruso. Al otro ya le conocemos, Lovino, los otros tres también son hermanos y el último es Ivan.
Natasha Braginski: Es la hermana menor de Ivan, y la mediana de los tres hermanos. Es fría, nunca sonríe, ni se alegra de las desgracias ajenas, solo obedece órdenes. Es la chica que os persiguió ayer.
Yekaterina Braginski: Es la menor de los hermanos Braginski. A diferencia de su hermana mayor, ella suele ser alegre, y siempre va al lado de Ivan, agarrado de su brazo, apoyándole moralmente si hace falta.
Toris Laurinaitis: Es el menor de los tres hermanos que también están en el grupo de Ivan. Es inseguro y algo torpe. Está en primer año de bachillerato, lo que sí que sé es que sus hermanos mayores ya estaban en el grupo de antes, quizás entrase por eso.
Raivis Galante: Es el mediano de los tres hermanos, aunque por lo que he oído, los tres son hijos de distintas madres, por lo que tienen distintos apellidos. Está en segundo año de bachillerato, es tímido e inocente, no es que pegue mucho en el grupo de Ivan aunque, por algo estará allí…
Eduard von Bock: Es el mayor de los tres hermanos, es bastante inteligente y maduro, he hablado solo un par de veces con él pero parece simpático, tiene buena mano con los ordenadores, o eso he oído. Está en su último año en la academia.
Y por último, Lovino Vargas: No sé mucho sobre este, como ya os dije, lo conozco por mi amigo Francis, solo sé que es amigo de un tal Antonio y nada más.
-Y estos son los siete miembros de "La nueva URSS" ¿Alguien tiene alguna pregunta?-Preguntó Alfred, con una sonrisa menuda.
-Sí, ¿Quién diablos es ese Antonio? Tengo que hablar con él-Contestó Amalea. Ella creía que si hablaba con aquel tipo, lograría averiguar el porqué de que su hermano se juntase con Ivan. La verdad, le resultaba muy extraño que su hermano mayor tuviese algún amigo, dado el carácter que tenía, aunque claro, tampoco es que el suyo fuera el mejor…Las únicas personas que los habían aguantado habían sido Feliciano, su abuelo y Toño. Bueno, en este mundo a veces pueden ocurrir milagros.
-Mañana hablaré con Francis para que te de su número y puedas hablar con él. Antonio aún no empezó las clases aquí, sigue en España de vacaciones y volverá la semana que viene. Lo sé porque se supone que él está en la clase de Francis y él me lo dijo. Lo tengo todo controlado ¡HAHAHA!
Quizás fuera idiota sí, pero cuando quería podía ser muy calculador. Alfred Jones era toda una caja de sorpresas.
-Y otra cosa-Victoria alcanzó a coger una taza de té y a darle un sorbo-Esto que ha pasado hoy en el recreo ha sido un aviso. A partir de ahora debemos estar siempre juntos, el grupo, Ivan no nos puede pillar solos. Alfred puede frenarlo por el momento, es el único que puede. Sin embargo, causar conflictos en la escuela puede darles a ambos graves consecuencias, ya sabéis, expulsiones, partes de convivencia y otros castigos varios. A ninguno de ellos le conviene eso pero, a la mínima oportunidad que tenga ivan, se lanzará a por vosotras. Tened eso en cuenta.
-Entonces ¿A partir de ahora…Vamos a tener que ir siempre unidos?...-Gretchen se llevó las manos al pecho. Ahora sí que estaba jodida.
-¿Cómo una jodida fila de perros asustados?-Amalea no estaba dispuesta a seguir una orden como esa, ella era más de ir a su bola. No era ninguna cobarde, pero recordar aquellos ojos violetas penetrando en su alma y congelándola le hizo cambiar de opinión al instante. Quizás en el fondo, si fuese una cobarde. Solo un poco.
-Sí, más o menos. Pero es por vuestra seguridad-Declaró la sureña-Ya veréis que no os arrepentiréis chicas-Les dedicó una sonrisa.
-Además-Continuó el americano- debemos estar unidos para averiguar cómo disolver ese grupo de abusones. ¡Después de todo, somos héroes!
"Si, de pacotilla" Pensó Gretchen para sí mientras que Alfred volvía a reírse como solamente él era capaz de hacer.
El camino a casa se les hizo lento y a la vez ameno. Alfred no para de hablar de lo contento que estaba. Por una vez, las cosas estaban saliéndole bien, su club estaba aumentando, pronto los héroes del silencio serían tan conocidos como lo fueron 8 años atrás en la academia W. Se sentía muy bien consigo mismo cuando hacía algo bueno por alguien. Victoria asentía, mostrándole una sonrisa algo falsa. Tenía cosas más importantes en las que pensar, y no con esto quería decir que no le importaba los pensamientos de su amigo, no señor. Era solo que la simple idea de llegar a su casa le dolía.
-Vicky-La llamó el norteamericano sin recibir respuesta-¡Vicky!
-¡Ah! Eh…P-Perdón Alfie ¿Decías?...
-¿Qué te pasa? Estás muy rara…-Estaba preocupado. Normalmente Victoria era un huracán de alegría y ahora estaba sonriente pero decaída. ¡A un héroe como él no se le engañaba tan fácilmente!
-No me pasa nada, de verdad. Es solo que…
-¿Es solo qué?
- …Volvieron a rechazar a mi padre en otra entrevista de trabajo.
Alfred suspiró y le pasó un brazo por su hombro. Había oído un par de veces que la situación económica de su amiga no era precisamente buena que se dijera, además de que su madre no podía trabajar, estaba enferma. Con todo aquello debían de estar pasándolo bastante mal. Victoria era mucho más fuerte de lo que en realidad aparentaba.
-Ya veo…-Le dijo Alfred, sonriéndole con dulzura-No te preocupes, ya verás cómo pronto le sale algo. ¡Es un maravilloso contable, pronto le verás trabajando, ya lo verás!
-Sí…Llevamos seis meses diciendo lo mismo-Intentó dibujar una sonrisa en su rostro, pero solo consiguió aumentar su pesar. Alfred no sabía qué hacer para consolarla, normalmente era ella la que le consolaba a él, a veces podía llegar a ser un auténtico quejica, y nunca se había dado cuenta de que Victoria también podía llegar a sentirse decaída. Desde luego, era idiota.
-Vicky…
-¡Bueno! ¡Cambiemos de tema! ¿Sí?-Intentó desviar la conversación y sonreír, pero no pareció convencer mucho a Alfred. Aunque Victoria sabía que había un tema que ni si quiera un héroe como él podía esquivar- ¿Ya has hablado con Arthur?
Alfred se tensó como una barra de metal. ¡Bingo!
-Eh…Bueno…Aún no he…Hablado nada con él…
-¿Desde cuándo no habláis?
Alfred desvió la mirada.
-Desde hace casi cinco meses, desde que se disolvió el equipo de baloncesto…
-¡Por el amor de Dios, Alfred!-Victoria dio un pequeño salto para darle una colleja al norteamericano-¡Que vivís en la misma casa! ¡En la MISMA CASA! ¿¡Y tú todavía no has hablado con él!?-Victoria suspiró- ¿Lo saben tus tíos?
-Parecen haberse percatado de que tenemos problemas pero no quieren inmiscuirse en nuestros asuntos, agradezco que hagan eso. Supongo que ya se arreglará…
-Alfie, Arthur es un orgulloso y tú un cabezón. ¡Asúmelo! Las cosas no van a arreglarse por sí solas. Tú no tuviste la culpa de que el club de baloncesto se disolviera, fue culpa de Ivan pero…Tú caíste en sus provocaciones, os peleasteis a muerte, y suspendieron el equipo de Baloncesto. Entiéndelo, para Artie aquel equipo era su vida, era en lo que él consideraba que podía destacar. Él se siente dolido porque cree que fue tu culpa que le arrebataran lo que más amaba en el mundo.
El rubio se quedó mirando a la sureña, mudo. Aquella tía era observadora y muy metomentodo. Lo peor de todo, es que decía verdades como puños. Maldita sea.
-Vale vale…Intentaré hablar hoy con él…Espero que Matthew me ayude con eso.
Y hablando del rey de Roma.
-Chi-Chicos…-Matthew los alcanzó dando las zancadas que él consideraba correr. Llegó a donde estaban, sudando y jadeando como un francés pervertido en una peli porno, claro que el gemelo estaba así por la caminata y no por otra cosa. Él era inocente y virginal, no se podía asociar con él tales actos afrancesados y…Un momento ¿Por qué se está narrando esto?
-¡Mattie! ¿Por qué has corrido tanto?-Le preguntó la sureña, ofreciéndole una botella de agua que llevaba en su mochila.
El rubio se la tomó de un trago, dejando un gracias a medio acabar pues, aún seguía jadeando como un poseso. Estaba claro que él y los deportes no compaginaban para nada.
-Llevo gritándoos media hora para que pararais pero no me escuchabais, jope…-El gemelo hizo una carantoña e infló los mofletes, provocando las risitas de su hermano y la sureña-¡No tiene gracia!
-Sorry, Sorry bro. Pero es que hablas demasiado bajito ¡Tienes que aprender a gritar! Cómo yo, mira así: ¡HAHAHA! ¡HAHAHA! ¡HOU HOU HOOOOOOOU!
La gente que circulaba alrededor de la calle comenzó a mirarlos, extrañados. Victoria se caída de risa y Matthew, completamente colorado, rogaba a su hermano para que se callase.
-Hermano, la gente nos mira… Y además, no estamos en navidad, deja de imitar a Papá Noel.
-¿¡QUÉ HAS DICHO!? ¡NO TE OÍGO!
-P-Para Maple…
-¡MÁS ALTO!
-¡QUÉ NO GRITES, CARAY!-Gritó el gemelo menor, provocando el asombro de la sureña y su hermano, al igual que el de todos los transeúntes que cruzaban la calle.
Se miraron ambos por unos segundos y comenzaron a reír. La situación se había vuelto bastante cómica, eso tenía que reconocerlo Matthew. A pesar de que la gente siempre le ignorase por su vocecilla o por su timidez, cuando quería podía destacar como el que más. Alfred quería que él viera eso, él siempre solía sacar lo mejor de sí mismo.
Entre risas y golpecitos suaves por parte de Matthew, llegaron a un cruce, donde se despidieron de Victoria. Ella tenía que coger un autobús para llegar a donde vivía, en un barrio algo marginal, lejos de la residencia de los Kirkland, donde los gemelos vivían. Se despidió de ellos con un gesto alegre y se marchó dando saltitos. Prefería quedarse con sus amigos antes que volver a su casa, a su cruda y maldita realidad, aunque siempre lo negase. Aunque los gemelos no pudieran advertir sus pensamientos y su dolor.
Ambos gemelos se dispusieron a seguir caminando, mientras hablaban de sus clases y sus compañeros. Al parecer, Matthew había hecho buenas migas con el ex capitán del equipo de baloncesto, Jorge Luis Núñez de Villavicencio, aquel cubano con el que tan bien se llevaba Alfred el curso anterior y que ese mismo día le había asesinado con la mirada. Le había contado que amaba el baloncesto, pero no hizo ninguna alusión a Alfred ni a que este fuera su hermano (O quizás no se hubiese dado cuenta de que él era el gemelo de Alfred, aunque esto era poco probable, sin embargo ya les había pasado más de una vez), también le habló de su tierra, Cuba, y sobre su novia, Maddie, que estaba ya en el último año de bachillerato. Alfred se alegró de que a su antiguo amigo le fuera tan bien en la vida, a diferencia de él. Pero iba a cambia ¡Si señor!
Siguieron caminando hasta llegar a la residencia de los Kirkland, pero antes de que Matthew llegara a rozar el picaporte de la puerta, Alfred le detuvo.
-¿Qué pa…?
-Necesito tu ayuda para una cosa, Matthew-Miró a su gemelo, entre decidido y asustado. Se lanzó a la piscina- Voy a intentar arreglar las cosas con Arthur.
Arthur miraba dudosamente el té que reposaba sobre la mesa. Quizás la cocina jamás se le diese bien, pero en el té, los ingleses eran los amos, y si era bien que Vladimir solía presumir de su delicioso brebaje rumano, no podía estar más equivocado.
-¿Qué diablos…?-Dijo el inglés señalando el brebaje-Parece que tiene moho…
-¡Es qué es moho!-Declaró el rumano, como si fuese lo más obvio del mundo-Es lo mejor para el cutis según mi abuela.
-¡Idiota! ¡Si es algo para el cutis entonces se tiene que echar en la cara!
-Milongas. Mi abuela dice que las cosas que de verdad funcionan se absorben por dentro y que luego afloran por fuera ¡Está probado!
-Y una leche, yo no voy a probar eso….
-Como quieras-Dijo Vladimir dando un sorbo a su "té" ante la mirada asqueada de Arthur-Bueno, aún no me has contado como te fue con tu querido primo.
Arthur le dedicó un gesto obsceno con el dedo agregando un "idiota" al final. Suspiró mientras que el rumano seguía dándole sorbos al brebaje. ¿Cómo diablos podía tomarse eso sin vomitar? Seguramente en unas horas se encontraría fatal, y ese sería su castigo por haberle casi obligado a tomarse esa monstruosidad.
Y dos horas más tarde, Vladimir estaba cagando en el váter como un gordo estreñido en un MCdonals, gritando millones de maldiciones contra su abuela y su remedio casero. La que creía ser la reencarnación de Houdini. ¡La madre que la parió!
Pero bueno, era mejor dejar esa historia para otro momento...
-¿Y bien?-Vladimir seguía esperando una respuesta- ¿Qué tal con tu primo Alfred?
-Simplemente…Nos sentamos juntos en la clase de informática, eso es todo.
-¿Todo?
-Todo.
-Mmm…Ya veo…
-¿Qué ves?
-Que sois gilipollas.
-¿W-What?
Vladimir ahogó un suspiro ante la cara de póker del inglés. ¡De verdad que este cejudo no entendía nada!
-Mira, no sé si tanta ceja no te deja pensar o es que ambos tenéis problemas mentales. Tío, asúmelo, esto no va a arreglarse solo. Ni la magia negra curaría vuestra cabezonería ¡Créeme! He mirado hechizos de mi abuela.
Dos horas más tarde, también se encontraría mirando hechizos para controlar la cagalera.
-La verdad Vladimir, no tengo muchas ganas de hablar con él ¿sabes? Por su culpa el club de baloncesto fue suspendido y…
-¿De verdad qué es solo eso?
-¿Qué?
-Mec.
-Vladimir, hoy estás siendo irritante.
Dos horas más tarde, su ano también lo estaría.
-Agh, quiero decir ¿De verdad es eso solamente? ¿Solo estás enfadado con él por lo del club de baloncesto?
-Y… ¿P-Por qué otra cosa iba a estar enfadado sino?
-No sé, tú sabrás.
Arthur caviló sobre aquellas palabras, mientras Vladimir daba pequeños sorbos a su té. En verdad si estaba enfadado por muchas cosas respecto a Alfred, demasiadas. ÉL tenía que haberle venido llorando, de rodillas y a pedirle perdón. ÉL tenía que preocuparse por esta situación, de ÉL y solamente de ÉL era la culpa de todo esto. Sí…
Pero a la vez sentía que muchas de las palabras que le dedicó cinco meses atrás, tenían que ver con el orgullo y la cabezonería que el estadounidense estaba mostrando en aquel conflicto. Aunque nunca lo dijera en voz alta, todos los días se arrepentía de cada una de las palabras que le dedicó a su… primo. Entre su orgullo inglés, y la cabezonería norteamericana, habían roto casi todos los lazos creados a través de las experiencias de su infancia y convivencia juntos.
Vladimir esperaba una respuesta y Arthur no sabía cómo dársela, su orgullo le obligaba a cerrar la boca y no soltar prenda.
Para la suerte del británico, su teléfono móvil sonaba en ese mismo instante. "Salvado por la campana" pensó.
-¡ARTHUR KIRKLAND!-La voz estridente de Brigitte Kirkland dejó sordo a su hijo de cuajo. Su mala leche y su sentido del humor eran igualitos al de su primogénito, por lo que ambos caracteres solían chocar normalmente-¿¡SE PUEDE SABER DÓNDE ANDAS!?
¿Salvado? Y una porra.
-¡Ma-Mamá!
-¡VEN PARA ACÁ INMEDIATAMENTE! ¡DEJASTE LA COCINA HECHA UN DESASTRE! ¿¡O acaso te creías que la iba a limpiar yo!? ¡PUES NO! ¡NO SOY TU CHACHA, ASÍ QUE ARREANDO!
Brigitte colgó el teléfono antes de que su hijo pudiera protestar. ¡A veces podía ser demasiado pesada! Pesada y controladora, justo como él.
-Veo que estuviste practicando lo que aprendimos en clases de cocinas, je…-Le dijo Vladimir. Otro gesto obsceno por parte de Arthur hizo que el rumano comenzase a reír-¡No me pongas esa cara joder!-Siguió riéndose.
-Vete a la mierda, Vladimir-Sonrió Arthur.
-Vale, iré a tú casa a revolcarme con tus scones-Bromeó.
Arthur se marchó de la tienda de antigüedades donde, hasta hace unos momentos, había estado tomando el…"té" con el rumano. Desde luego ¿Cómo podía ser amigo de una persona tan cínica, sarcástica y bromista como él? ¡Él no era así! ¡No señor!
¡Mal rayo le parta por haber insinuado que sus scones eran mierda!
Dos horas después, el rumano estaba cagando scones.
-¡Maldita sea, abre la puta puerta Lovino!-Amalea aporreaba la puerta de su hermano mayor, roja de rabia. Lovino, desde su habitación, temblaba al notar el aura oscura de su hermana, cortando espiritualmente sus pelotas, ¡Y una porra le iba a abrir! Feliciano agarraba a su hermana de los brazos para evitar una tragedia y una puerta rota-¡Suelta fratello idiota! ¡LOVINO!
-S-Sorella…El abuelo está a punto de llegar, no quieras que te vea así…
Y no se equivocaba, poco después se escuchaba el sonido de la puerta abrirse. Roma Vargas no llegaba dando saltos acrobáticos como lo hacía en la Academia W, de la cual era director, sino caminando como cualquier persona normal…Bueno, él caminaba como una persona-no-tan-normal.
Amalea cesó los golpes hacia la puerta de Lovino y susurró un "Por esta te libras" antes de desaparecer dentro de su habitación. Feliciano soltó un suspiro seguido de un "Ve" y se dispuso a recibir a su abuelo.
-V-Ve abuelo, ¿Qué tal tu día?
-¡Muy bien Feli! Aunque vengo algo cansado, ahora lo que más deseo en el mundo es un baño y una copa de vino-Soltó cantarín. Roma Vargas era alguien excéntrico y alegre, pero más lo primero que lo segundo- ¿Y tus hermanos?
-E-En sus cuartos. Lovi está echándose la siesta y Amalea está estudiando-Mintió, no quería agobiar a su abuelo, ya tenía bastante con lo suyo.
-Ah, entiendo…-Su abuelo sonrió, aunque por dentro sabía que algo no iba bien, él no era tonto, aunque pareciese lo contrario. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Feliciano abrazó cariñosamente a su abuelo y este le correspondió. Ellos dos eran los únicos abrazones de la familia, o de la familia que quedaba. Amalea y Lovino era más tercos y ariscos que una mula, aunque cuando la italiana quería, podía llegar a ser muy cariñosa. Otro caso muy distinto era Lovino.
-Abuelo ¡Me encantó el salto ese que hiciste en el la piscina hoy!-Dijo refiriéndose a lo ocurrido en su clase de gimnasia. Les tocaba nadar, y su abuelo hizo una entrada magistral para enseñarles a los alumnos los fundamentos básicos de la natación, a pesar de las protestas de su profesor de gimnasia, Kyle, un australiano alegre y paciente, pero que odiaba con toda su alma que interrumpieran sus clases.
-Gracias Feli! Me alegro de que te haya gustado.
-¡Sí! Pero, abuelo…
-¿Sí?
-¡No vuelvas a hacerlo!
Y antes de que Roma pudiera protestar nada, Feliciano ya se había encerrado en la cocina a preparar una deliciosa pasta para cenar, a modo de futura disculpa. Desde luego ¿Qué tenía de malo que un hombre maduro y sensual como él diera giros acrobáticos en el aire para llamar la atención? ¡Nada malo!
¡Claro que no!
En otro punto de la ciudad, las cosas iban de igual forma para Alfred Jones. Se suponía que Matthew iba a entretener a sus tíos para que Arthur y él pudieran hablar y, con suerte, arreglar las cosas y volver a ser lo mismo de antes. Pero no, Arthur tenía que llegar tarde haciendo no-sé-qué y cabrear a la tía Brigitte, ganándose sus constantes reproches todo el tiempo, sin descanso. Arthur estaba agobiado por su madre, y Alfred por haber perdido una oportunidad ¡Con lo mucho que le había costado reunir el valor!
Por otro lado, Matthew también andaba agobiado por andar de árbitro entre la pelea de los Kirkland.
-¡Yo tengo razón! ¿¡Verdad Mattie!?
-¡No! ¡Dile a esta mujer que el té de las seis no existe! Aunque sea una hora menos aquí que en Inglaterra ¡No me puedes castigar por no haber acudido! ¿Verdad que si Matthew?
-Y-Yo no estoy a f-favor de nadie, maple…-Matthew temblaba al ver aquellas furias británicas cernirse sobre él. Jodida mala suerte, siempre era visible en los momento más inoportunos. Había que joderse.
Alfred suspiró, y se sentó junto al señor Kirkland, que miraba entre divertido y nervioso la escena.
-Vaya par de dos-Comentó Alfred con una media risilla.
-Sí, pero tú no eres el que tiene que dormir con una de esas fieras esta noche.
"Ya me gustaría a mí" pensó Alfred… ¡Aunque solo lo decía para poder hablar con Arthur a solas! ¡No es para malpensar! ¿Eh? ¿Por qué todo el mundo tenía que malpensar de algo así? ¡P-Panda de pervertidos! ¡Hijos de Francis!
Al final, la discusión acabó con un empate y un portazo por parte de ambos combatientes. Suspiraron los gemelos y el señor Kirkland: Mañana por la mañana, la discusión continuaría. Esto no había acabado, para sus desgracias.
-Bueno chicos-El señor Kirkland se levantó y les dio una palmada en la espalda a ambos-Me voy a dormir, vosotros deberíais hacer lo mismo. Buenas noches.
-Buenas noches tío Hershel-Los gemelos se despidieron con un gesto de su tío y se dirigieron al piso de arriba, donde se encontraban las habitaciones. Matthew subió rápidamente las escaleras y agarró su pijama y una toalla, metiéndose en el cuarto de baño. Cuando Alfred quiso detenerlo, él ya estaba dentro ¡Joder, nada le salía bien!
-¡Yo primero!
-¡Matthew, cabrón!-le gritó su hermano.
-¡ALFRED, DEJA DE DECIR PALABROTAS, COÑO!-Gritó su tía desde su habitación, en el tercer piso.
-¡Lo siento!-Se disculpó.
En ese momento, Arthur salía de su habitación con una toalla en la mano, también dispuesto a ducharse. Se detuvo un instante al ver a Alfred frente a la puerta, también esperando su turno, apoyado en la pared del pasillo. Jodida distribución del hogar, que solo tuviera que haber una bañera en toda la maldita casa.
Se quedaron un rato en silencio, entre la oscuridad del pasillo y el sonido del agua de la ducha cayendo sobre Matthew, quien cantaba una canción en un francés mal pronunciado. Arthur no estaba dispuesto a marcharse, Alfred tampoco. Además, para el norteamericano suponía la oportunidad perfecta para hablar y aclarar las cosas. Pero no se atrevía, ambos estaban condenados a vivir en silencio por sus miedos y su cabezonería y…
-¿Quién está ahí dentro?
¿Eh?
-¿Q-Qué dijiste?-Al estadounidense le brillaban los ojos como chirivías ¿De verdad Arthur acababa de hablarle a él? ¿De verdad él acababa de romper su silencio impuesto por casi cinco meses? Alfred sintió que las piernas le bailaban de emoción, y aunque intentó mantener la compostura, no podía evitar temblar un poco.
-Q-Que quién está ahí den… ¿Oye qué te pasa?
-N-Nada importante-Mintió, era su culpa que se encontrase de aquella manera. Recordó entonces, que él ya se había encontrado en una misma escena similar el año pasado, él y Arthur a solas en ese mismo pasillo, decididos a hablar sobre otro tema que zanjaron tiempo atrás…
Alfred estaba decidido a tragarse su orgullo y hablar con él, pero justo tenía que ponerse cantarín el jodido Matthew de los cojones.
…Quand il me prend dans ses bras
Il me parle tout bas,
Je vois la vie en rose…
¿¡Y por qué se tenía que poner a cantar precisamente ESA misma canción!?
-A-Arthur…-El susodicho le miró, sorprendido- T-Tengo que…Hablar contigo.
…Il me dit des mots d'amour,
des mots de tous les jours,
et ça me fait quelque chose…
-¿De qué?...
Alfred quería morirse, morirse y matar a Matthew por ponerse a cantar como una amorosa pastillera en proceso de aprendizaje del francés. Dio unos pasos, acercándose a Arthur, intentando reunir el valor y las palabras para poder formular una frase con sentido y arreglar las cosas de una maldita vez con el bastardo cejudo.
-Sobre lo que pasó con el club de baloncesto, sobre…Lo que pasó entre nosotros…
…Il est entre dans mon coeur
une part de bonheur
dont je connais la cause…
-Arthur, bueno…yo…
…C'est lui pour moi, moi pour lui.
Dans la vie…
-…Pues yo no quiero hablar contigo-Y dicho esto, Arthur retrocedió sobre sus pasos, sin mirar a Alfred a la cara, y se metió en su habitación, odiándose a sí mismo por haber dejado que su maldito orgullo inglés le dominase de nuevo.
…Il me l'a dit, l'a jure pour la vie.
Y así, Alfred Jones quedó estático como una roca, asimilando que Arthur acababa de dejarle tirado y con la palabra en la boca. Su alegría y su buen humor, fue quedando a la altura del betún, al compás de aquella canción de amor nada acorde con la enorme desilusión que lo carcomía por dentro.
Notitas: ¡Vaya por Dios Arthur! Mira que despreciar a Alfred mientras sonaba La vie en rose, una de las canciones más románticas después de las de Peter la Anguila (?)
¡Holiwis! Siento que este capítulo haya sido tan largo, pero tenía que explicar bastantes cosillas y ubicaros un poco en la situación en la que se encuentran los personajes principales. A partir del siguiente capítulo, las cosas comenzarán a avanzar, no os preocupéis~ espero no estaros liando con tanta trama, como dije en el anterior cap, en este iba a abrir algunas más, y eso hice, pero que iré desarrollando a medida que avancen los caps. Y ¡Volvió a salir mi rumano favorito! Con cagalera, pero mi favorito (?) en el próximo cap procuraré darle más protagonismo, aunque de todos modos vaya a tenerlo pronto por cosas que esta autora loca sabe~ y bueno, si os gustó ya sabéis, dejadme un review o algo xD
En fin, nos vemos pronto. Ja na!
