Advertencia: Penes (?) Una italiana cabreada, mucho drama y un contrato heroico. Las partes que estén entre "…." Son recuerdos.


~Capítulo 4: Héroes por contrato~

Con el ceño fruncido y una sonrisa torcida, Amalea Vargas se apoyaba en una pared, cruzada de brazos y visiblemente cabreada. Dado que su carácter ya era de por sí bastante fuerte, el estar verdaderamente enojada le hacía parecer aún más mafiosa y atemorizante de lo que en realidad era más, no era una exageración decir que la italiana podía llegar a infundir verdadero terror en las personas. Entre ellos, su hermano Lovino.

Fijó su mirada en la puerta del aula que tenía en frente, viendo como los alumnos salían de ella mientras el sonido del timbre que anunciaba el inicio de su descanso, resonaba por todo el lugar. Sonrió, esta vez su hermanito no iba a escaparse.

-Te tengo cogido por los huevos, Lovi…-Se dijo a si misma mientras se acercaba lentamente al marco de la puerta, esperando a que su hermano mayor saliese para pedirle explicaciones sobre cierto asunto que tenían que aclarar. No hablaban desde aquel martes en el que Lovino había negado, delante de todos, conocer a sus hermanos, los cuales quedaron de piedra ante esto, sin entender muy bien el porqué de aquella respuesta, pero para colmo, Lovino se había cerrado en banda a responder ante sus hermanos por aquella respuesta que los traía tan preocupados. Amalea trató de hablar con él varias veces, pero siempre era más rápido que ella y desaparecía antes de poder intercambiar palabra alguna con él. En casa, su cuarto y su abuelo eran su refugio, y dado que Amalea lo menos que quería era preocupar a su abuelo, no podía más que resignarse a no derribar de una patada la puerta de la habitación de Lovino, y exigirle la verdad del porqué de su cambio tan repentino. Él siempre había sido fan de las películas sobre mafiosos, adoraba más Sicilia que la propia Nápoles dónde se había criado los primeros años de su vida pero, de ahí a aliarse con gente de dicha reputación…Había un gran trecho.

Simplemente, algo no cuadraba en aquella situación.

Pasaban los minutos y su hermano mayor no abandonaba el aula. Amalea estaba comenzando a impacientarse, dando pisotones en el suelo más propios de un toro colérico que de una persona normal, asustando a varios alumnos de tercero que pasaban por allí. Inhaló y exhaló aire mentalmente para apresurarse a entrar a su clase y sacar a su hermano a rastras de allí si era necesario, cuando de pronto vio a un chico de pelo rubio asomarse por el marco de la puerta con sigilo, moviendo la cabeza a ambos lados varias veces antes de salir. Suspiró y se dispuso a seguir su camino.

Raro, pensó Amalea. Aunque no perdía nada por preguntarle sobre el paradero de su hermano. Se acercó a él a paso lento, sin que éste pudiera notar su presencia.

-…Oye-Sus dedos rozaron el hombro del chico, quién se volvió inmediatamente hacia ella con un deje de terror en los ojos, dando un respingo y alejándose unos pasos de Amalea.

-¡W-Wah!-Gritó, completamente acongojado- ¿N-No me digas qué…Eres del club de costura?...

-¿Q-Qué?-Amalea no entendía de que puñetas le estaba hablando aquel chico. Se rio mentalmente al recordar como Feliciano había tratado de enseñarla a coser años atrás...Y como acabó pinchando con la aguja a éste porque no era capaz de bordar un tomate en su faldita-¿De qué hablas?

El chico se alejó otros dos pasos de ella. Amalea se preguntó a sí misma si de verdad podía llegar a dar tanto miedo enfadada.

-¡Dile a Mathias que NUNCA me pondré ese vestido!-La señaló con el dedo-¡Qué lo sepas!

La italiana se cruzó de brazos y suspiró. Desde luego, este no estaba siendo su mejor día.

-A ver, no conozco al Mathias ese, ni soy del club de costura-Bufó- Solo quería preguntarte si sabías dónde está mi hermano Lovino.

-¿V-Vargas?-El chico relajó su semblante y sonrió, nervioso, buscando algo con la mirada que escapaba de la mente de Amalea- Salió corriendo en cuanto tocó el timbre, en dirección hacia el cuarto de baño-Le señaló con el dedo el pasillo izquierdo- Gritó antes de salir lo mucho que se meaba desde esta mañana. Un dato…Innecesario, a mi ver.

-¡Mierda!-Dio un pisotón en el suelo-¡Cobarde, perra malparida!-Y dicho esto, se encaminó en dirección al cuarto de baño como una bala, sin tan si quiera mirar o agradecerle al chico que le había ayudado. El rubio se maldijo a si mismo por revelarle a la italiana el paradero de su hermano, ya que quizás, sin quererlo, había cavado la propia tumba de éste... Suspiró, él tenía otras preocupaciones que requerían de su tiempo como para detenerse en pensar en las desgracias ajenas.

-¡Luuuuuukaas!

Como Mathias.

-¡Mierda, mierda, mierda me encontró!-Pegó un chillido antes de salir corriendo en la misma dirección que Amalea había tomado segundos atrás.

La castaña había llegado a casi la otra punta de la academia W, jadeando por el maratón que acababa de pegarse. Se había detenido justo a la entrada del excusado masculino, agarrándose a la pared para no caer debido al esfuerzo. Sin embargo, la ira parecía hacer más mella en ella que la falta de aire y, sin pensárselo dos veces, entró dentro, sin tapujos. Lo único que le preocupaba en ese momento a la italiana era que se le fuera la pinza y acabase asesinando a su hermano.

-¡Lovino!-Gritó la italiana, provocando que todos los presentes que se encontraban aliviando la carga en ese mismo momento, se girasen en su dirección, sorprendidos. Después de unos segundos de shock, algunos atinaron a abrocharse la bragueta; otros, simplemente se volvieron de medio lago, aún orinando, escondiendo su virilidad-No os preocupéis ¡No me interesan para nada vuestras pililas arrugadas de pis!-Les dijo a los presentes. Era cierto ¿Qué le podía interesar a ella observar aquello? ¡Nada de nada!

Bueno, quizás si echó una pequeña y sutil mirada hacia abajo. Una muy pequeñita.

La italiana detuvo su mirada en el rostro de Lovino, el cual la miraba estupefacto, abrochándose la bragueta a toda velocidad, mientras retrocedía unos pasos. ¡Ciertamente su hermana estaba loca!

Y él muerto.

-¡AHÁ! ¡AL FIN TE ENCONTRÉ RATA TRAIDORA!-Su hermana le alcanzó en cuestión de nanosegundos y le agarró del cuello de la camisa blanca que llevaba puesta-¡Tú y yo tenemos cierto asuntillo pendiente!

S-Sorella, idiota! Este no es el mejor sitio para…

-¡Callando!-Se hizo un silencio general tras su grito. Todas las miradas se encontraban posadas en la joven que sostenía del cuello al italiano que, por lo menos, medía diez centímetros más que ella. Ésta rodeó el lugar con la mirada y bufó, enseñando los dientes como un León a punto de cernirse sobre su presa-¿¡Y vosotros qué coño estáis mirando!? ¡Aquí no hay nada que ver!

Fue cuestión de segundos que el baño quedase vacío de miradas y murmullos confusos, ahora únicamente ocupado por los italianos, y las miradas cargadas de ira y odio que mutuamente se dedicaban. La calma que precedía una tempestad.

-¿Me vas a explicar de una vez qué te traes con esos tipos?-Preguntó la italiana, intentando no asesinarle con la mirada. Su ira le nublaba la mente, sin embargo, aunque no lo reconociese, su preocupación era mucho mayor. Lovino realmente la tenía preocupada.- ¿Por qué negaste conocernos delante de Ivan el martes pasado? Lovino ¿Acaso te avergüenzas de nosotros? ¿Es eso?

Lovino se tensó y negó con la cabeza. Agarró las muñecas de su hermana y se libró del agarre en el que le había sometido.

-Para protegeros…De mis propios asuntos Amalea.

-¿Qué asuntos?...-Su hermano giró la cabeza y entrecerró los ojos cuando vio el rostro notablemente preocupado de su hermana. Era un jodido libro abierto-...Me estás asustando.

-Amalea-Posó sus manos en sus hombros y la miró directamente a los ojos- No te alejes nunca del americano ¿Me oyes? Nunca te alejes de él.

Lovino dio media vuelta, ignorando la mueca que ponía su hermana al no entender aquello que acababa de decirle. Ella se giró hacia él e intentó seguirle, dispuesta a exigirle una respuesta coherente, algo con sentido…Algo que ella pudiese entender. Sentía que cada vez que exigía una respuesta a algo que no comprendía, siempre era contestada con unas palabras en un orden aleatorio que nunca cuadraban en ninguna parte. Era frustrante.

"Abuelo ¿Por qué no volviemos a Nápoles?"

"Porque no quiero volver a ver caer a nadie más"

-¿Por qué nunca has confiado en mí?...Lovino.

El italiano tomó el pomo de la puerta y la abrió lentamente, decidiendo si contestar o no a su hermana. La controversia de pensamientos y sentimientos lo confundieron por unos instantes, los suficientes como para que su hermana llegase hasta él y le tomase del brazo, intentando retenerlo un poco más.

-No te metas en mis asuntos, Lea…Si no quieres tener problemas-Se zafó del agarre de su hermana y cerró la puerta tras de sí, dejando a Amalea sola en aquel baño, que ahora se convertía en un espacio oscuro y silencioso, pues las luces se apagaron en el mismo momento en el que Lovino se marchó. Amalea quedó estática, y por primera vez en mucho tiempo, fue capaz de leer entre líneas, de leer la frustración de su hermano a través de aquellas frías palabras que le había dedicado. Lo más triste de todo, era que aquella conversación había sido la más humana que habían tenido en todos los años que llevaban conviviendo juntos.

Frustrada, dio una patada en la pared y suspiró. Dibujó una sonrisa en el rostro, y salió del excusado masculino, fingiendo que no había pasado absolutamente nada, y mientras caminaba por los pasillos, tomó una decisión que, viniese para bien o para mal, era la que había tomado. Por mucho que a ella le jodiese.

Necesitaba la ayuda de Alfred.


Gretchen se sentó a la mesa del comedor junto con Victoria, Feliciano y Kiku, tan temblorosa como de costumbre. Aún no era capaz de acostumbrarse a la sensación de estar rodeada de tanta gente, pero al menos, ya podía abrir la boca para algo más que respirar y así poder intercambiar algunas palabras con sus ahora amigos.

Por otra parte, aquello empezaba a no resultarle tan malo. Eran una panda de raros, sí, pero eso no les quitaba que fueran gente simpática y amigable, de hecho, ella era como ellos, una persona aislada del mundo y la sociedad, que había encontrado su sitio en un grupo de gente que le hacían olvidar lo triste y vacía que se había vuelto su mera existencia.

¿Cómo había podido cambiar tanto su vida en dos años y medio?

-¡Gretchen!-La sureña zarandeó a la rubia fuertemente, sacándola de sus pensamientos- ¡Te estaba hablando sorda!

-Ah, eh…Lo siento-Se disculpó.

Victoria suspiró.

-Te decía que si sabes qué te dijo Lea antes-Sonrió. Feliciano, que se encontraba en frente de ella, alzó la mirada al escuchar la abreviación del nombre de su hermana.

-S-Solo me dijo que no iba a poder venir hoy en el recreo porque tenía que…Hablar con Lovino sobre lo del grupo URSS.

-Entiendo. Se lo diré a Alfred en cuanto lo vea para informarle... ¡Ese idiota se puso a dibujar en historia y le castigaron por ello! Menudo héroe está hecho…

-Ve, Vicky no te enfades con él. A mí también me han echado varias veces de clase por dibujar-Sonrió Feliciano con timidez. La verdad es que el italiano era como una especie de hermano pequeño para todos los que se reunían en aquella mesa, a pesar del poco tiempo que se conocían. Feliciano era todo energía y buen humor, a diferencia de Lovino, el cual, parecía ser frío y bastante mal hablado, por no hablar de la menor de los Vargas, que eran bipolar y chillona a más no poder.

-Feliciano-kun, tú tampoco deberías dibujar…-Kiku dejó de apuntar cosas en la libreta en la que siempre estaba sumergido para dedicarle una mirada al italiano, éste sonrió y asintió mientras mordía una manzana. Kiku era silencioso y respetuoso, siempre escribiendo en una libreta azul que no dejaba ver a nadie por motivos desconocidos, cosa extraña en él ya que siempre dejaba que lo observasen dibujar aquellos característicos dibujos manga que tanto le gustaban. Debía de ser muy privado el contenido de aquel cuaderno para no querer mostralo.

-¡Eso eso! Como dijo una vez Albert Einstein: Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber-Explicó Victoria con una sonrisa, a punto de dar, otro de sus interminables discursos de charlatana incansable- ¡Las clases no son para pasarlas dibujando, ni mucho menos! ¡Hay que estudiar, estudiar! ¿Sino cómo llegaremos a tener un buen trabajo el día de mañana? Es que si no tooooodos acabaremos en el paro. Porque…-Cuando estaba a punto de nombrar a todos y cada uno de los científicos que contribuyeron al mundo con su granito de arena por haber estudiado y tenido curiosidad científica, alguien le tapó la boca con la mano-Agaagaah…

-Mon cher cousin! ¡No desgastes tanto en hablar sobre científicos empollones y háblale más a este primo tuyo, que me tienes abandonado!-Exclamó una voz con un notable acento francés. Victoria se giró para abrazar al francés cariñosamente a la vez que este se lanzaba hacia ella para corresponderla. A su lado, Matthew sonreía al ver aquella escena tan propia de ellos dos, ya que, aunque por fuera su aspecto pareciese mentir, eran primos de sangre, casi hermanos desde la infancia. Recordó entonces, una pequeña escena de Francis, Victoria, Alfred, Arthur y él jugando en el parque a los piratas. Ah, los viejos tiempos…

-Francis, pardonnez moi, ma pauvre cousin!-Se disculpó la sureña- ¡He estado muy ocupada, y a parte tú estás en un curso superior!

-La semana que viene ya no cuentes tanto con mi encantadora presencia, ya que tendré que dedicarle también tiempo a mi Antoine-El francés giró la cabeza levemente, simulando falso enfado, a la vez que mordía su pañuelo color crema ante la mirada divertida de todos los presentes- ¡Qué lo sepas!

-¡No te enfades, ma chéri! …Gretchen, Feli, Kiku ¡Os presento a mi querido primo Francis!-Le acarició la cabeza a su primo con dulzura mientras le daba otro pequeño abrazo- ¡Ah! Bueno, creo que tampoco conocéis a Mattie ¡Saluda!-Señaló a Matthew que se encontraba detrás del francés, observando la escena-P-Parece que me olvidé de ti…Otra vez. ¡Lo siento!

-No tiene importancia, maple-Quitó importancia el rubio-Encantado chicos.

-Enchanté-Repitió Francis pero en francés.

Feliciano echó una risilla.

-Ve ¿Eres el hermano gemelo de Alfred verdad?-Preguntó el italiano.

-Sí, el mismo-Sonrió- Por cierto ¿Y mi hermano? ¿No debería estar aquí? Es que hoy no tuve clases con él.

-¡Se quedó castigado el muy memo!-Contestó la sureña- ¡Y es que la educación es algo muy importante porque…!-El timbre sonó justo en ese momento, cortando el discurso sobre la educación que no había llegado a acabar por la interrupción de Francis. Sus amigos comenzaron a levantarse de sus asientos para incorporarse a las clases-¡E-Esperad! ¡Aún no acabé de hablar jopé!

Los chicos rieron, pero una parte de ellos deseaba salir corriendo lejos de ella para no tener que soportar otro discurso, y es que Victoria podía llegar a ser verdaderamente parlanchina y pesada, incluso más de una vez había llegado a hacer dormir al propio Francis, el rey de la noche, con sus incesantes charlas. Podría ganarse la vida como cantante de nanas.

-Bueno gente, fue un placer conocerles pero yo me debo ir yendo…Además-Señaló a un grupo de chicas que le observaban desde una distancia considerable, las cuales le sonreían y le mandaban besos-Mi séquito me espera. Au revoir!-Le dedicó un guiño a "sus chicas" y comenzó a caminar cual modelo en la pasarela de Cibeles. Matthew fulminó a las féminas con la mirada disimuladamente, sin que nadie se diera cuenta y se despidió del grupo con un gesto. Bueno, Gretchen si se dio cuenta…Todo por culpa de cierta húngara y su obsesión por el amor entre hombres. Sonrió, estaba tan chalada como ella al verlo en todas partes.

Kiku y Feliciano se despidieron de las dos chicas y se encaminaron hacia sus clases. Victoria agarró del brazo a Gretchen efusivamente y avanzaron juntas hacia su aula correspondiente, donde les esperaba una exasperante clase de matemáticas, en la que, al parecer, estaban juntas…Suspiraron.

-¡Aish, me gustan las matemáticas, pero con ese sueco que nos han puesto no me entero de nada!-Exclamó Victoria. Gretchen, como siempre escuchaba atentamente sin aportar nada más que un movimiento de cabeza-¡Aunque estudiar es mejor que no hacer nada! ¿No crees?...Eso me recuerda que, si los científicos no hubieran estudiado ni sentido curiosidad, nunca hubiéramos tenido electricidad, ni móviles, ni televisión…¡Ni la Ninento deése! Porque los estudios son…

En ese momento, Gretchen supo que se tendría que tragar todo el discurso que su amiga Victoria había estado conteniendo durante todo el recreo, porque Victoria, jamás de los jamases, olvidaba un discurso sin acabar, y como Gretchen apenas podía hablar sin temblar, solo atinaba a asentir, sin poder acallar a su amiga. Le esperaba una buena…

Estúpido gato come lenguas.


-Ah…Al fin jueves…-Alfred se estiraba como un gatito mientras bostezaba con pereza. Aquella imagen recordaba a la de su perezoso profesor de biología, Heracles, que más que explicar las cosas, las bostezaba-¡Maldito profesor Roderich! ¡Me tuvo de pie todo el recreo en una esquina, como a los niños pequeños!

-Eso te pasa por dibujar en su clase, mon ami-Francis acarició la cabeza del estadounidense con ternura mientras le pasaba su otro brazo por la espalda- Estás mucho más grande que yo Alfie, onhonhonhon…

Matthew agarró las orejas de Francis, estirándolas una y otra vez mientras éste pegaba chillidos agudos como una rata por el dolor del agarre. Alfred y Vicky comenzaron a reírse a carcajadas por la escena, Matthew podía llegar a ser muy agresivo cuando quería, a pesar de aquella apariencia tan angelical que tenía.

-Las manos dónde pueda verlas, maple-Estiró aún más las orejas de Francis-¡Deja de toquetear a mi hermano ya, hombre!

-Vale vale-Se zafó del agarre para darle un abrazo a Matthew que, fue dado con tanta fuerza que logró levantarlo en el aire-¡También tengo abrazos para ti mon trésor!

-¡S-S-Suéltame, m-maple!-Le gritó el rubio, moviendo la cabeza de un lado a otro completamente sonrojado-¡He dicho que me bajes!

-¡Oh vamos! Cuando éramos pequeños te encantaba que te llevase en brazos, como al cejudo, onhonhonhonhon…

Alfred, en ese momento, se tensó como una barra de metal. "Cejudo" era una palabra que en su presencia, por el bien de su salud mental, no debía ser nombrada…Mucho menos si la cotilla y pesada de Victoria andaba cerca para indagar e insistir sobre las mejores formas de hacer las paces. Solo le quedaba rezar para que su querida amiga Vicky no le preguntase sobre el tema...

-Hablando del cejudo…-La sureña se agarró a Alfred y le miró a los ojos-…¿Hablaste con él?

Mierda.

-Eh…Bueno…Si. Hablé con él.

-…¿…Y?-Ahora era Francis el que se metía en aquella conversación-¡Vamos! Quiero volver a los viejos tiempos, yo, tú, Arthur, Mattie y Vicky ¡Los cinco juntos! Como cuando éramos pequeños-Suspiró el francés, con un deje de melancolía en los ojos. Los cinco habían sido inseparables desde la escuela primaria, siempre juntos, pasase lo que pasase, unidos por los juegos, la alegría de la infancia…Y también por el dolor. Porque, después de todo, cada problema que habían padecido en aquella época los había unido mucho más, en vez de separarlos. Ellos, siempre juntos, habían enfrentado a la sociedad ya desde muy jóvenes, siempre ayudándose, tanto a sí mismos como a los demás. Tal y como les había enseñado una personita muy especial que, ya no estaba entre ellos.

Alfred se llevó una mano a la frente y desvió la mirada.

-No quiso…Hablar conmigo. Me odia ¡Me odia!-Comenzó a morderse la manga de la chaqueta, imitando a Francis.

-Deja de imitarme así, mon cher gras-Bromeó el Francés- Pues si no quiere hablar contigo solo queda una opción…¡Enciérrale! ¡Presiónale! ¡Oblígale a que te escuche por toooodos los medios! No puede estar enfadado contigo de por vida ¿No?

-Él cree que fue mi culpa que el club de baloncesto fuese suspendido…Pero no fue así. Todo fue culpa de Ivan.

-Lo sé, lo sé-La sureña le dio varias palmaditas en el hombro-¡Pero no te preocupes! Yo tengo, un plan B…Jujujujuju….

-¿Qué plan es ese, primita Vicky?

-Ya lo verás, ma petit Français

- Onhonhonhon…-Rieron ambos primos al unísono, ante la mirada algo asustada de los gemelos. Esa compenetración de risillas pervertidas daba auténtico repelús.

Matthew se llevó las manos a la cabeza.

-Como se nota que son primos…Maple-Murmuró para sí mismo.

Cuando llegaron a un cruce, los gemelos se despidieron con un gesto hacia la casa de los Kirkland, donde su tía Brigitte les esperaba con un pastel de carne recién hecho. Francis tomó un camino empinado que llevaba a los enormes caserones de la zona adinerada de la ciudad. Se despidió de Victoria con un abrazo y un beso en la mejilla (Como siempre) y se fue dando saltitos. Victoria suspiró y se encaminó hacia el área de trenes, donde tendría que coger un tren, luego de un autobús, para poder llegar a su casa (Más bien piso enano) que se encontraba en un área algo apartada de la ciudad. Un barrio marginal.

Llegó a la estación de trenes, divagando entre un mar de pensamientos que rondaban por su cabecita. Pagó el billete, y se colocó detrás de una fila de hombres trajeados que hablaban de política, mujeres bien vestidas que hablaban por teléfono y colegialas que chillaban de emoción sobre "el guapísimo capitán del equipo de natación" de su instituto. Suspiró. Aquella era su rutina, su misma y tortuosa rutina, menos cuando tenía que trabajar en aquella cafetería en la que había conseguido un trabajo a medio tiempo, todos los viernes y sábados por la tarde. Era lo poco que hacía variar su vida, al menos algo.

El tren la dejó en una parada algo destartalada donde, como siempre, solo ella se bajaba. La periferia no era un sitio donde mucha gente viviera, y si había una parada en aquella zona, era porque en la mañana, en la hora punta, muchos trabajadores que carecían de vehículo se bajaban allí para ir a trabajar a las fábricas que se encontraban cerca. Volvió a suspirar, estar sola entre polígonos industriales daba verdadero repelús.

Cogió un autobús en el que iban solamente dos personas y se encaminó hacia el barrio donde vivía, ya en las afueras de la ciudad. La nada era lo único que veía por la ventana, quizás unas cuantas colinas desnudas, árboles desnutridos por el calor y la contaminación, algún que otro perro abandonado o bolsas de basuras que Dios-sabe-que-contendrían dentro. Volvió a suspirar, por enésima vez. Cerró los ojos un segundo, dejándose mecer por el traqueteo del autobús, sin llegar a dormirse. Un sonido agudo le hizo volver a la realidad de inmediato, abriendo los ojos y encontrándose con aquel barrio oscuro y desolador que tanto detestaba. Aquel barrio al que pertenecía.

-Niña, bájate ya que no tengo todo el día-Le espetó el conductor del autobús, temblando. Siempre lo hacía cuando llegaba a aquel barrio apartado de la mano de Dios, también la miraba con asco a ella por pertenecer a aquel lugar, pensando que, quizás, debido a la belleza de la sureña y sus ojos tristes, fuese una jovencita que se viera obligada a vender su cuerpo en algún bar de mala muerte…Aunque tampoco es que le interesase su vida. La echó del autobús a bufidos, y se dispuso a seguir su ruta una vez la muchacha hubo bajado.

Victoria llegó a su piso corriendo, después de esquivar al grupo de jóvenes yonkis que la observaban con un rostro bastante depravado. Su barrio estaba constituido por varios edificios en ruinas y a medio construir, debido a los problemas de corrupción con la constructora que hubo con dicha urbanización. Todos los edificios que estaban terminados (Seis en total) estaban ocupados, en su mayoría por ocupas, drogadictos, proxenetas, y toda clase de gente marginada, pobre o desgraciada que, se había visto obligada a vivir en condiciones ilegales e insalubres. Las calles no estaban pavimentadas, no había a penas electricidad, y perfectamente, podías encontrarte manchas de sangre, jeringuillas o condones usados en cualquier esquina. Para muchos, aquella gente de aquel barrio eran una panda de desalmados, ladrones y malas personas que estaban allí por voluntad propia, pero para Victoria Oukhira, aquella gente había acabado allí por todo su dolor y soledad, porque nadie tuvo la compasión suficiente para tenderles una mano y ayudarles cuando más lo necesitaban. Las drogas y el alcohol se convirtieron en el bálsamo de muchos y en los ingresos económicos de otros. Victoria siempre ha sabido que, tanto el dolor como la industria del sexo mueven el mundo: El dolor es el vacío emocional que sientes al ser rechazado, ignorado, insultado, agredido…Todo eso, abre una brecha en el corazón de la gente que los absorbe hasta hacerles caer en lo más profundo del abismo al que llamamos angustia; El sexo es solo la manifestación física de ese sufrimiento o vacío que podemos llegar a sentir, intentando llenarlo con el calor humano de un desconocido. Algo que, más que lograr que nos sintamos queridos y valorados, solo hace que nos hundamos aún más en la miseria, y que abramos aún más la brecha de nuestro vacío.

Porque el dinero mueve al mundo. Porque el dolor y el sexo se lo dan.

Victoria abrió la puerta del diminuto piso donde vivía, el cual se encontraba tan oscuro como siempre para ahorrar en electricidad. Tropezó con dos botellas de cerveza que se encontraban desparramadas por el suelo, las miró con asco y las cogió, estaban pegajosas. Avanzó por el angosto pasillo, deteniéndose en la habitación que daba a la salita, donde había otras tres botellas de alcohol apiladas en un rincón de la puerta. La televisión estaba sin señal, mostraba varios puntitos en blanco y negro mientras un sonido sordo salía de ella. Su padre, Jacques Oukhira, apoyaba la cabeza en la pantalla del televisor, con la mirada fija en alguna parte, pero sin llegar a mirar realmente a nada. Su espalda se encontraba encorvada y desencajada, que a través de su camisa blanca mostraba su extrema delgadez. Sus dedos largos y peludos, agarraban una botella de cerveza medio vacía que, en un vano esfuerzo intentó levantar varias veces, pero que debido a la falta de energía, no lograba levantar, dejándola caer y derramando todo su contenido en el suelo.

-Papá…-La llamó su hija, con un hilillo de voz. No era la primera vez que veía a su padre de aquella forma, pero le dolía, le dolía tanto como si fuera la primera vez. Llevaba más de seis meses sin trabajo, a pesar de haberse graduado en economías en la universidad. Ni la crisis ni la suerte estaban de su parte, y a los prejuicios de la sociedad…Su color de piel tampoco-Otra vez…

-Cariño…-Le dijo con voz ronca su padre. Su extensa barba tapaba las facciones tristes de su rostro color chocolate, color que compartía con su hija. Ambos siempre habían sido muy semejantes en aspecto y dicharacheros en carácter, pero ahora…Uno era la sombra oscura de lo que un día fue, y la otra, era un intento vano por seguir viva para sacar a su familia adelante-Márchate…No quiero que me veas así…

Porque el dolor mueve el mundo, y el alcohol destruía el suyo.

Victoria le dedicó una mirada a su progenitor y se pasó por la habitación del matrimonio, donde su madre yacía durmiendo con un desgastado camisón color añil que su marido le había regalado años atrás. Vio en su frente perlada de sudor un pañuelo rosa mojado y, a su lado, una palangana con agua fresca. Su rostro estaba rojo, lo que significaba que volvía a tener fiebre de nuevo. Daphné Bonnefoy, mujer fuerte por naturaleza, obligada a encontrarse postrada en una cama sin poder moverse por sus incesantes problemas de corazón. En el pasado, había sido igual de alegre que su hija, siempre llevaba el pelo recogido en unas coletas que dejaban brillar y destacar su largo pelo rubio, sus ojos color cian, eran profundos y serenos, los cuales eran el espejo de su alma hermosa y caritativa. Ahora, su tez se había vuelto más pálida y su pelo, recogido ahora en una trenza semi-deshecha, había perdido todo su brillo, al igual que sus ojos. Lo único que no perdió con los años, fue su sonrisa, una sonrisa imborrable, a pesar del dolor, a pesar de todo.

Mojó en agua el pañuelo que reposaba sobre la frente de su madre y lo volvió a posar en él. Besó a su progenitora en la mejilla y cerró la puerta con cuidado para procurar no despertarla. Suspiró de nuevo, encerrándose en el minúsculo cuarto de baño que había en aquel piso. Se enjuagó la cara con agua y se desamarró las coletas, dejando caer su pelo suelto. Miró su rostro en el espejo y vio su color reflejado en él. Color chocolate, pensó Victoria y sonrió, sin embargo, su sonrisa no duró mucho al recordar todo lo que ese color conllevaba…Desprecio, humillaciones, miradas despectivas, asco, dolor…Años de dolor. Todo por no ser del color que los demás consideran es el mejor. Todo por ser negro.

Abrió un pequeño mueblecito de cristal que contenía bastantes botes de pastillas para los dolores de su madre, algunas ya estaban caducadas desde hacía meses pero a la sureña no pareció importarle, solo quería olvidar que por culpa de su color de piel su padre no tenía trabajo, por culpa de su color, su madre había perdido a su familia.

Todo por culpa de la sociedad, el maldito complot para seguir creando dolor, seguir moviendo el mundo. Todo era…Una conspiración en su contra.

Vertió en su mano varias pastillas de aquel bote que, ni si quiera llevaba etiqueta alguna que pudiera advertir los efectos que podían tener en ella, y se las tomó de golpe. Tosió varias veces y sintió como su cuerpo comenzaba a pesarle, sus párpados se le cerraban y sus piernas le fallaban haciéndola caer de rodillas. La oscuridad nubló sus ojos y todo lo que le rodeaba tomó formas extrañas, todo se volvía color sepia, color gris, color blanco y negro, nunca colores vivos, nunca los había sentido a pesar de todas las veces que había ingerido aquellas medicinas.

Supo entonces, que había vuelto a tomarse aquellos antidepresivos que su madre compró meses atrás, cuando sus vidas comenzaron a desmoronarse. Apoyó la cabeza en la pared del angosto y oscuro cuarto de baño y se abrazó a sus piernas, dejándose mecer por las alucinaciones y el desasosiego que las pastillas brindaban a su mente, siendo llevaba por aquella falsa calma que los medicamentos parecían darle.

Porque sedada era cuando verdaderamente podía dar esquinazo al malvado dolor. Una medida desesperada que tomaba todos los días.


-Siento haberos citado tan de repente siendo viernes pero… Me gustaría dejar claras algunas cosas-Amalea fijó sus ojos en sus tres amigos, los cuales no entendían el porqué de la urgencia con la que les había reunido la italiana en la habitación secreta. La italiana, de palabrería basta y griterío gratuito, ahora se encontraba sumisa y apagada, con unas enormes orejas totalmente apreciables a través de sus gafas de culo de vaso.

-¿Qué ocurre, Amalea?-Se apresuró a preguntar Alfred, el cual sostenía entre sus manos a su peluche Tony, que le daba algo de tranquilidad cuando se encontraba nervioso por lo que fuera.

-Necesito…N-Necesito ayuda con mi hermano y…Él no me lo dijo pero…Pero…Eres el único que puede sacarle de ahí, del grupo de Ivan. L-Lo leí entre líneas cuando hablé con él. Ayúdame…-La italiana notó su tono suplicante y añadió-…¡O-O te corto los huevos con una navaja!

Alfred sonrió, seguido de Victoria. Gretchen, como siempre, se limitaba a escuchar las conversaciones y a asentir con la cabeza cuando le preguntaban. Amalea era orgullosa, pero la situación en la que se encontraba le obligaba a pedir ayuda, a pesar de que odiaba hacerlo. Lovino era mucho más importante para ella que todo su orgullo italiano.

-Ya te lo dije hace unos días Amalea, soy un héroe no…Somos héroes-La cogió de los hombros y la miró a los ojos-Hace ocho años, una persona a la que quise mucho me dijo una vez…En cada parte de nosotros, un héroe habita y lucha, no contra un genio del mal, sino contra nuestro propio mal y dolor. Un héroe no tiene porqué llevar capa y antifaz, solamente necesita del valor y de la verdad para poder volar y ayudar a los demás. Un héroe no necesita ser visto ni reconocido por nadie, el verdadero héroe lucha para salvar a la gente de sí misma. Un verdadero héroe siempre se enfrentará a lo conocido, al sufrimiento y al miedo, sea en la situación que sea, porque él ya las ha vivido anteriormente. Porque después de todo, un héroe es la materialización de las esperanzas de la gente, y también es, el silencio de todas las desgracias-Alfred miró por la ventana, la luz del sol iluminó su rostro unos instantes antes de que varias nubes que poblaban el cielo tapasen al astro, dejándolos medio a oscuras-Confía en mi Amalea.

-Gracias-Amalea sonrió de medio lado y se giró hacia la mesa, donde había dejado una carpeta de color verde nada más entrar a la habitación. La abrió y de ella sacó lo que parecían ser unos documentos bastante importantes, les dio una copia del documento a cada uno y les miró seriamente-Leedlos por favor.

Unos segundos después, una mueca de extrañeza ya asomaba por los rostros de sus amigos.

-¿Es…?-Victoria leyó la primera parte del documento mentalmente. No entendía muy bien el porqué de aquello pero esperaba que la italiana se lo explicara.

-Un contrato-Concluyó Amalea-Para dejar bien claro los propósitos por los cuales…Formaremos un club.

-¿Un club de qué?-Preguntó Gretchen, curiosa, que abría la boca por primera vez en todo el día.

Alfred sonrió.

-Aquí en este hueco del principio…-Señaló un enorme hueco que, hacía de título del documento- ¿Es dónde se coloca el nombre del club?-Amalea asintió y Alfred soltó una risilla alegre. Cogió un bolígrafo y comenzó a escribir en el papel- Ya está.

Victoria se asomó a cotillear lo que había escrito el estadounidense en el papel. Le dio un cálido abrazo a su amigo a la vez que una sonrisa sincera e ilusionada iluminaba su faz.

-No me puedo creer que…Hayas puesto ese nombre Alfie…Te acordaste.

-¿Cómo iba a olvidarlo Vicky?-Le sonrió. Amalea y Gretchen no entendían el porqué de tanto sentimentalismo de repente, sin embargo, decidieron no hacer preguntas al respecto. La italiana tomó el documento de Alfred y una pequeña risilla salió de sus labios.

-Héroes del Silencio-Leyó en voz alta- Aquello nos lo dijiste la primera vez que nos encontramos los cuatro ¿Verdad?

-Si…-Le respondió el estadounidense. Dejó del documento sobre la mesa para que todo el mundo pudiese verlo con él, a la vez que Alfred se disponía a leer:

Contrato sobre el funcionamiento y los acuerdos de la agrupación: Héroes del Silencio.

El contrato reúne a las partes Alfred Jones de segundo curso, Gretchen Zwingli de primer curso, María Amalea Vargas de primer curso y Victoria Oukhira de primer curso, para acordar los propósitos principales que regirán el club que los mismos fundaran el día _ del mes _ del año_.Para que este documento se valide, las partes deben de estar de acuerdo en los siguientes apartados:

1º Ayudarse mutuamente en caso de necesidad.

2º No juzgar a otro miembro, sea la cosa que haya hecho o le haya sucedido.

3ºLas partes se reunirán en la habitación secreta al menos dos veces a la semana, al finalizar las clases.

4º Se deberá encontrar la forma de que Lovino Vargas se aleje de la agrupación "Nueva URSS" .

5º Y por último, siempre estar unidos.

Una vez se hayan aceptado las condiciones del contrato, cada parte escribirá en el hueco de abajo que es lo que realmente espera aprender en esta agrupación con la ayuda de sus compañeros, ya que, como el señor Jones dijo una vez, aquí se reunirán los ideales y pensamientos para hacer de este lugar un lugar mejor, también refiriéndose a nosotros mismos de forma indirecta.

-¿Qué es lo que esperas mejorar de este lugar y de ti mismo? ¿A qué te comprometes?

Una vez rellenado el documento, las partes reunidas deberán firmarlo para validarlo por completo.

Firma:

Alfred miró a Amalea con los ojos brillantes de emoción y alegría. Jamás pensó que alguien pudiera crear tal contrato pues, de él haber hecho uno, hubiese sido exactamente igual al que la italiana redactó. Agarró un boli de color azul y comenzó a escribir, ante la atenta mirada de todos.

-¿Qué es lo que esperas mejorar de este lugar y de ti mismo? ¿A qué te comprometes? Quiero dejar de ser tan cabezón, y aprender a escuchar…Escuchar atentamente a los demás para no volver a fallarles…Nunca más. Quiero mejorar este mundo, ayudar a las personas que han pasado por el mismo dolor que yo he podido pasar en mi niñez. Me comprometo a ser un héroe del silencio.

"Mami…¿Estabas llorando?"

"No…Mami nunca llora, Alfie"

Alfred miró a las tres chicas y éstas sonrieron, algo impresionadas por aquellas palabras tan adultas que Alfred había escrito en el documento, el cual, normalmente era inmaduro e infantil.

Victoria le arrebató de los dedos el bolígrafo al norteamericano y comenzó a escribir en su copia del documento.

-¿Qué es lo que esperas mejorar de este lugar y de ti mismo? ¿A qué te comprometes? Quiero ser, de verdad positiva, no solo para los demás…Ser verdaderamente positiva y sincera conmigo misma, no más engaños y llantos reprimidos. Quiero enfrentarme a la realidad, de verdad. Y me comprometo…A ser una héroe del silencio.

"¡Daphné, hija, ese negro te traerá problemas!"

"¡Ese negro como le llamas es un hombre estupendo, y si algún día llegamos a tener problemas, será por culpa de gente con prejuicios como los tuyos!"

Amalea sacó de su bolsillo un bolígrafo negro y se dispuso a escribir en su parte del contrato.

-¿Qué es lo que esperas mejorar de este lugar y de ti mismo? ¿A qué te comprometes? Quiero ser más sincera con la gente, y que ésta sea más sincera conmigo. No quiero refugiarme en las malas palabras para esconder mis verdaderas opiniones, quiero ganarme el derecho a conocer todas las verdades que me fueron escondidas durante años, comprometiéndome así, a ser una héroe del silencio.

"¡Lovi! ¿Por qué me tratas así?"

"…Porque hay algo que tú no sabes, y por lo que no…Puedo perdonarte, Lea."

Todos se giraron hacia Gretchen, la cual estaba estática, sin saber que decir, escribir o hacer. Nunca nadie había contado con su opinión, nunca a nadie le había importado lo que ella quería, o lo que ella pensaba...Se sintió feliz, aunque su cerebro hubiese colapsado otra vez. Tenía miedo de que sus amigos se rieran de ella por las ideas descabelladas de su mente, por sus divagaciones o sus meras ilusiones por contribuir a la sociedad. Alfred acarició la cabeza de la rubia, sacándola de sus pensamientos.

-Te toca, Gretch-Le sonrió y ella le correspondió, aún más cuando escuchó aquel sobrenombre, nunca había tenido uno-Sabemos que te cuesta expresarte pero… ¡Inténtalo! ¿Ok?

-…¿No os burlaréis de mi?...-Preguntó la rubia, desviando la mirada. Tenía pánico a las burlas y a las malas contestaciones…Sin embargo…Sentía que, de alguna forma, podía confiar en ellos.

-¡Claro que no, mema!-Amalea subió el pulgar, como gesto para indicar que todo estaba bien- ¿Acaso no leíste las condiciones o qué? Regla número dos: No juzgar a otro miembro, sea la cosa que haya hecho o le haya sucedido.

-Lea tiene razón-Victoria agarró las manos de Gretchen, cediéndole un boli de color azul- Adelante.

Gretchen se acercó a la mesa y dejó su copia del contrato sobre ésta. Lo observó unos segundos antes de posar sobre el papel la punta del bolígrafo. Sonrió.

-¿Qué es lo que esperas mejorar de este lugar y de ti mismo? ¿A qué te comprometes? Quiero dejar de temblar. Quiero dejar de tener pesadillas por las noches. Quiero dejar de tener miedo al rechazo, a las burlas, a la gente…Quiero dejar mi pasado atrás de una vez, y quiero ayudar a las personas que…Alguna vez sufrieron tanto como yo, tenderles una mano, y sacarles del abismo…Y yo…Me comprometo a ser una héroe del silencio.

"¡Yo solo quería ayudarte!... ¿Por qué?..."

"¡ALÉJATE DE MI! O tendrás serios problemas… ¿No me has oído? ¡FUERA!"

Cada uno colocó en la mesa su contrato, dejándolos apilados. Los cuatro se miraron, con una sonrisa que, nunca habían visto o, mostrado a nadie, una verdadera sonrisa de triunfo, de esperanza. Alfred colocó su mano encima de los documentos y miró a las demás. Inmediatamente, las cuatro manos se posaron encima de las del estadounidense, unas encima de las otras, sellando así, el contrato que acababan de firmar.

-¿Héroes del silencio?-Les preguntó Alfred. Las chicas le miraron, se miraron, y sonrieron, mirando a los documentos.

-¡Héroes del silencio!-Gritaron los cuatro al unísono, levantando las manos de golpe y abrazándose de inmediato, celebrando de esa manera, aquella extraña unión.

Quizás alguna vez hayan sido débiles, quizás tengan miedo, quizás estén pasando por alguna mala racha pero…Mientras estén unidos, nada podrá con ellos, nada podrá superarles. Nadie podrá separarles.

Porque un héroe, antes de convertirse en héroe, debe salvarse primero a sí mismo.


Notitas: ¡Holiws! Aquí os traigo un cap recién escrito y salidito del horno. ¡Descubrimiento en este cap...Gretchen es Fujoshi! (?) Lo reescribí al menos tres veces y... Bueno ._.U ¡El caso es que aquí está! A parte, me costó escribirlo porque no andaba inspirada, y al leerme un fic, me vino de golpe (Si os gustan los spamano, os recomiendo "Mil Mares" de Petit W, es...Aish, es simplemente precioso) ¡Pues ya veis que las cosas comienzan a ponerse algo dramosas, y en el siguiente se pondrán aún mejores, jujuju…En fin. En este cap, he criticado notablemente la discriminación racial, y como mucha gente aborda los problemas, a base de drogas o servicios sexuales, ya que, tristemente, es la cruda realidad. La pobre Vicky…Creedme, aún le queda drama para rato, al igual que, con el tiempo, saldrán las demás historias de los demás personajes. Tooodos, tienen una historia arrastrando, pero procuraré que no se os haga muy pesada. Los recuerdos que os puse en la escena final, tienen muchísimo que ver con la trama principal de sus historias, solo os digo eso~ ¡Y sí! Os confirmaré que habrá un poco de DeNor ¡yeheeeee! ¡Y bueeeno, si os gustó ya sabéis, dejadme un review o algo y nos vemos en el próximo cap! Si tenéis alguna duda o veis algún error ortográfico, hacédmelo saber ¿sí? Siempre se me escapa alguna falta xD

¡Ja na!