Advertencia: Nombres españoles, hospitales y maids (Hohoho). Aras Lorinaitis es un OC mío.
Las partes con "..." son recuerdos~
~Capítulo 5: Héroes melancólicos~
Gretchen tomaba un vaso de cola-cao mientras escuchaba la conversación de su hermano y Elizabeta, aunque sin llegar a prestar verdaderamente demasiada atención. Sus orbes esmeraldas pasaron de contemplar los grumitos de chocolate en su taza a observar la pared, de la cual colgaba un calendario que mostraba el mes de octubre, que ya tenía tachado el número uno de entre aquella fila de números en negrita. Sonrío: Ya había pasado más de un mes desde su entrada a la Academia W.
No con esto quería decir que su miedo a la sociedad y, a aquella academia hubiera desaparecido, nada de eso, sin embargo tenía que reconocer que el haber encontrado en aquel grupo de gente extraña aquel calor, aquel sentimiento reconfortante que, de alguna forma llenaba su vacío interior, la hacía feliz. Sin embargo, muchas sombras del pasado aún la atormentaban, y éstas, amenazaban con nunca volver a dejarla descansar en paz pues, nunca podría olvidar aquellas palabras, aquellos roces, aquellas decenas de ojos observándola, risas malévolas a su alrededor, el tacto de una mano áspera recorriendo su piel...
La sombra materializándose en miedo, un sentimiento del que nunca jamás podría esconderse, porque nunca jamás podría dejar de sentirlo. El dolor y los recuerdos eran mucho mayores que todas las cosas.
-...¡Gretchen!-Elizabeta zarandeó el hombro de la rubia, haciéndola volver al mundo real, lejos de sus lúgubres pensamientos- ¡Vuelve al mundo! Llevo un rato llamándote y no contestabas.
-Lo siento Eli...-Se disculpó Gretchen- Estaba pensando.
-Mmm...-La húngara entrecerró los ojos mientras dejaba asomar a sus labios una sonrisa lejos de ser inocente-¿No me digas que te estabas concentrando en los trabajados pectorales de algún guaperas de tu instituto? je...
El café que, previamente había ingerido Vash acabó siento siendo escupido por éste mientras trataba de asimilar aquella sarta de palabras que Elizabeta acababa de comentarle a su hermana con toda naturalidad. Miró a Gretchen con preocupación mientras ésta se ruborizaba como un tomate, atinando a levantarse de la mesa y a negar con la cabeza como si no hubiera mañana.
-¡N-No es nada de eso!-La rubia le dedicó una mirada suplicante a su hermano para que éste le creyera-¡Y-Yo no pienso en esas cosas!
-Ya-Respondió la húngara.
-E-Es cierto...
-Ya ya.
-¡Vash, dile que se calle!-Rogó a su hermano.
El suizo suspiró, menos mal que la húngara solo tenía una mañana libre a la semana. Tener que lidiar con ella y su hermana era a veces realmente agotador. Mujeres...
-Eli, tanto estar con el pollo te está afectando-Vash dio otro sorbo de café, intentando calmarse tras el numerito anterior, volviendo a su carácter tranquilo e indiferente. Elizabeta rió.
-Quizás, después de todo soy su novia-Sonrió, de forma melancólica. Sacó el teléfono móvil de su bolsillo y comenzó a teclear números rápidamente- Aunque llevemos una temporada separados, digamos que siempre voy a llevar una parte de él a dónde quiera que vaya...
La húngara podía llegar a ser muy bruta y pervertida, pero también demasiado cursi. Su lado más femenino florecía en cuanto menos te lo esperabas, haciéndote vomitar arcoíris y unicornios sacados de My Little Pony, mientras todo a su alrededor se volvía color rosa chicle. Vash reprimió una arcada, Gretchen también.
-¿Y cuándo va a volver Gilbert?-Preguntó Vash, intentando parecer desinteresado. Aunque su relación con el cónyuge de Elizabeta no fuera la mejor, se podía decir que eran amigos desde hacía muchísimos años, ocho para ser exactos. Se conocieron en la Academia W, cuando ambos cursaban bachillerato, aunque Gilbert fuera un año mayor que él. Por otra parte, Elizabeta y Vash, cursaban en el mismo curso, coincidiendo en casi todas las clases y haciéndose amigos por coincidencias de la vida, aunque hubo algo que los unió realmente más que todas las clases y sus asignaturas...Algo que, literalmente, fue marcado a fuego en sus corazones, y que nunca jamás podrían olvidar.
Pero ahora eran adultos, no tenían tiempo para preocuparse por cosas del pasado. Sus presentes eran más importantes y requerían de una mayor atención que estar rememorando sucesos de cuando no eran más que unos críos soñadores dispuestos a comerse el mundo, sin darse cuenta de que éste propio los estaba devorando a ellos.
-Supuestamente vuelve de Alemania por navidades. Ya sabes, ese maldito edificio de Berlín no va a construirse solo sin su asombrosa presencia, o eso dice él. Cosas de arquitectos...-Le contestó la húngara, ignorando los lúgubres pensamientos del chico. Tanto Vash como Gretchen parecían tener esto en común, lo cual era extraño, ya que, a parte de su apariencia el resto de sus seres eran totalmente opuestos-¡Agh! De verdad que estoy empezando a odiar su dichoso trabajo...
-¿Recuerdas aquella vez , en la preparatoria, cuando se subió a la mesa del comedor y comenzó a tocar una guitarra invisible?-La húngara dejó escapar una risita y Vash con un aire divertido, prosiguió comentando-¡Gritó a los cuatro vientos que iba a ser el nuevo Kurt Cobain!-Los dos comenzaron a reír como posesos ante la mirada extrañada de Gretchen, quién alucinaba. Su silencioso y apático hermano únicamente carcajeaba al recordar viejas anécdotas con la húngara, su lado nostálgico siempre le hacía sacar una sonrisa deslumbrante, lo cual era muy extraño en él. A Gretchen le hubiera gustado tener algún buen recuerdo de su infancia o su adolescencia que recordar con añoranza...Desgraciadamente no tenía ninguno que rememorar.
-¡Ay, Dios, si! ¡Fue buenísimo! Los del club del Rock vinieron de enseguida a darle una somanta de hostias-La castaña reía sin parar, seguido de Vash que era observado por Gretchen, aún extrañada-¡Si hasta Rode le dio una patada!
Las risas fueron aminorando cuando Vash escuchó esto último. La húngara atinó a taparse la boca y a repetirse a si misma lo tonta que era por haberse dejado llevar por la emoción sin medir sus palabras. Gretchen miró a su hermano, quién había retomado su expresión seria e indiferente, aunque podía apreciarse un ligero rubor en sus mejillas, y no precisamente por las risas anteriores. Se levantó y carraspeó un par de veces, encaminándose al fregadero para limpiar los restos del desayuno.
-¿Qué pasa, Eli?-Le preguntó la rubia en un susurro, sin que su hermano llegase a oír nada.
-Nada nada, cosas...Cosas nuestras...-La risilla pervertida de Elizabeta volvió a hacer su aparición, asustando a joven. ¡De verdad que Elizabeta podía llegar a ser una auténtica diablillo!-Pero Vash-Miró al suizo, quién se volteó para mirarla, temeroso de lo que su boca pudiera soltar-...Tienes que reconocer que aquello fue épico.
-S-Si, lo fue...-Dijo Vash, casi en un suspiro, su lado nostálgico resurgía de nuevo-Lástima que nunca pudiera cumplir su sueño. La verdad, no era un Kurt Cobain, pero tocaba "asombrosamente" la guitarra, como él diría.
-Sí, él amaba la música. Lástima que su padre le tuviera destinado otro camino, Gilbert nunca pudo negarle nada-Elizabeta miró con aire triste a Vash y éste solo atinó a poner una mueca. Gretchen esta vez si llegó a entender algo de aquella extraña conversación pues, ya había oído más de una vez lo controlador y estricto que era el padre de Gilbert, quién hoy día, sorprendentemente seguía tomando las decisiones por él. Ocho años atrás, en vez de tomar el camino de la música, fue obligado a seguir los pasos de su padre, quién también era arquitecto. Realmente no sabía mucho más-Solo espero que a Ludwig no le ocurra lo mismo...
-No creo. Después de todo, fue él que más sufrió con el divorcio y...-Vash miró al reloj de la cocina y ahogó un grito-¡Mierda! ¡Gretchen, vamos que llegamos tarde!-Repetía eso una y otra vez mientras corría por los pasillos de su piso- ¡Hoy llegaba el encargo de la nata a primera hora!-Elizabeta reprimió una carcajada- ¿¡Y tú de que te ríes?
-Nata... ¡Digo, nada!-Y volvió a reírse.
-¡Gretchen coge tus cosas. Vamos!-Abrió la puerta y salió, seguida de Elizabeta y por último, de Gretchen, quién metía los libros de sus diversas materias a toda velocidad.
La puerta del hogar de los Zwingli se cerró, haciendo sonar un sonoro portazo en su interior que no llegaron a escuchar. Cada uno se apresuraba a alcanzar sus respectivos puestos en la sociedad, y a continuar con la aburrida rutina del día a día, tal y como la vida les ha indicado que debía ser.
-...Y así es como nacen los bebés-Heracles Karpusi señalaba con el dedo las diapositivas que se proyectaban en la pizarra; Una descripción gráfica de todas las fases del parto, con vídeos e imágenes reales, siendo mostradas a la vista de todos los alumnos, mientras éstos trataban de no vomitar el desayuno...Salvo Amalea Vargas, quién no quitaba la vista de la pantalla, apuntando a la vez todo lo que su profesor de biología exponía verbalmente.
-¿C-Cómo puedes ni tan si quiera inmutarte...?-Le susurró Gretchen quién se tapaba los ojos con ambas manos.
-Si quiero estudiar medicina tengo que empezar a acostumbrarme a esto...Y tampoco es que sea para tanto, solo es una cabeza saliendo por un coñ-
-¡No hace falta que digas por donde sale!-Le gritó la rubia en susurros, aunque dado el cacao mental en el que se encontraba Heracles en ese momento, era difícil que pudiera darse cuenta de la pequeña conversación de las compañeras de pupitre-Espera ¿Medicina?
-Sí, medicina. Concretamente voy a ser cirujana-Amalea sonrió, confiada, sin dejar de apuntar en su libreta. Ciertamente tenía una gran capacidad de concentración-Y así...Podré salvar muchas vidas...
La rubia miró a la italiana quién había dejado de escribir por un instante; su sonrisa se había tornado en una mueca melancólica que, lejos de ser feliz, parecía estar rememorando algún suceso oscuro que escapaba de la mente de todos. De enseguida retomó su actividad y se dispuso a escribir de nuevo en su cuaderno. Gretchen la imitó, copiando los apuntes de su amiga cuando la voz ronca y tosca de Heracles sonó una vez todas las diapositivas fueron mostradas. El griego apuntó con el dedo a las filas del fondo, dónde un castaño de ojos verdes escondía la cabeza, poniéndose detrás de su libro de texto.
- …Lorinaitis...-Lo llamó por su apellido, haciendo que el nombrado se tensase como una barra de metal. Algunos se giraron para ver al susodicho "Lorinaitis" atraídos por una curiosidad o, más bien por la gracia de ver a alguien nervioso siendo preguntado por un profesor- ¿Me puede...Resumir más o...Menos...De que va...El tema del parto...?
-E-Eh...Y-Yo...N-No sé...-Se escucharon algunas risillas de fondo. El castaño quería morirse.
-¿No ha prestado...Atención a la...Clase?-Heracles seguía con cara de eterna ensoñación mientras miraba al chico, quién negó con la cabeza tímidamente.
-¡Es que le dan miedo las vaginas!-Sadik, también conocido como el chico de la máscara de risas irrumpió con su chiste del día, haciendo que toda la case rompiese a carcajadas por la broma. El tipo en cuestión tenía una enorme facilidad para aliviar tensiones.
-Adnan...
-¡Era una broma profesor! Se lo juro por las delicias turcas.
El timbre sonó y una horda de estudiantes salió por la puerta en ese mismo momento, ansiando la media hora de libertad que les proporcionaba el recreo. Amalea y Gretchen alcanzaron a escuchar como Heracles llamaba al chico de antes para que se quedara un rato más. Le dedicaron una mirada.
Era Toris Lorinaitis. De la nueva URSS.
Cuando el aula se vacío por completo, Heracles cruzó los brazos y suspiró. Miró a su alumno con aquella mirada adormilada y reprimió otro de sus tantos bostezos.
-No vas muy bien...En biología...
-Lo sé...
-En lo que llevamos de curso...No has aprobado ningún examen...
-Es que...No entiendo la materia señor Karpusi-Se excusó el lituano. Era cierto, la biología nunca había sido su fuerte, no era capaz de comprender los misterios del cuerpo humano, ni el animal ni el de cualquier otro ser vivo, simplemente, no le encajaba en su mente, por mucho que tratara de esforzarse...Más aún cuando se le mostraba las dichosas diapositivas anteriores. Aquello le quitaba las pocas ganas de estudiar que le quedaban.
-Entonces...-Heracles caviló unos instantes y cerró los ojos. Por un momento pareció que se había quedado dormido, hasta que abrió los ojos con pereza y sonrío, como triunfante-...Necesitas un tutor.
-¿Un tutor?-Toris frunció el ceño, cosa extraña en él, una persona risueña y callada que siempre guardaba todas sus emociones negativas dentro de él-No, gracias.
Heracles suspiró.
-No es una pregunta, es una orden...Vas a tener un tutor que te...Ayude con la biología-Toris sintió la vena de su cuello hincharse.
-Pero...
-Pero nada-Le cortó su profesor- Te buscaré a...Alguien de la clase que te...Ayude a asimilar conceptos-Miró alrededor de la clase, posando sus orbes verdes en un pupitre en particular-...Es más, ya tengo a la...Candidata perfecta...
Lovino posaba su cabeza encima de la mesa, dejándose arrastrar por aquel mar de pensamientos y voces que carcomían su mente, aquella insulsa rutina que era su vida, la soledad en la que se encontraba inmerso a pesar de estar rodeado de gente. Siempre se había sentido vacío, pero nunca antes se había sentido tan desamparado aunque no lo reconociese. Él estaba más que acostumbrado a que todo lo que apreciaba le dejara tirado como a una colilla, tales como sus padres, su abuelo, Feliciano, Lea...
Toño.
¿Dónde estaría él ahora?
"¿Por qué no puedo acercarme a ti? ¿Eh?"
"Porque si lo haces...Dudo que pueda contenerme mucho más, Lovi"
¿Dónde estaría el bastardo de Antonio?
Su pecho volvió a encogerse de nuevo, una punzada de dolor recorrió su ser haciendo que pegase su cabeza aún más a la mesa, tratando de ser absorbida por ésta para no tener que enfrentarse a la vida que le había tocado vivir. Una existencia irrelevante que pasaba desapercibida, un Don Nadie que lo único que podía hacer en la vida era esperar a morir.
Hace tiempo llegó a pensar que aquello no era así, que el mundo podría llegar a darle una oportunidad, que él podía llegar a ser alguien en la vida y que al fin sería reconocido y respetado, siendo tratado como realmente merecía, y no como la mierda que algún día creyó ser. Él le había hecho creer que era así. Pero ahora él se había ido y le había dejado solo. Volvía a ser un puto Don Nadie.
Alzó la cabeza de su escondrijo y vio la luz del sol inundar sus ojos. Delante de la ventana, Ivan daba vueltas a un girasol con una sonrisa en los labios, una sincera y alegre, como la de un niño pequeño con un juguete nuevo; Ravis y Eduard observaban la pantalla de un ordenador, tecleando constantemente en el teclado, completamente concentrados; Yekaterina leía un libro y Natasha miraba a ninguna parte, con aquellas orbes oscuras y frías perdidas en algún lugar de sus pensamientos.
La puerta se abrió lentamente, haciendo que todos se voltearan al oír el chirrido de la entrada. Toris entró tímidamente y se disculpó por el retraso, dejando su mochila encima de la mesa y saludando a sus hermanos con la mirada y una sonrisa nerviosa.
-¿Dónde estabas?-Le preguntó el ruso.
-El señor Karpusi tenía que hablarme de una cosa de Biología...¿Lleváis mucho tiempo aquí?
-El suficiente como para aburrirnos-Lovino bufó, haciendo que Toris se tensara aún más de lo que estaba. Ciertamente, los italianos daban miedo.
Yekaterina cerró su libro a la vez que Ravis y Eduard apagaban su ordenador, fijando la mirada en Ivan quién seguía jugando con su girasol. Natasha se acercó su hermano y se apoyó en la pared, al lado suya, siendo iluminada por los rayos del sol de la ventana, dándole algo más de calidez y color a su pálida tez.
-Las elecciones a presidente del consejo estudiantil se acercan-Ivan seguía jugando con su girasol sin mirar a los ojos de los demás, quienes los miraban atentamente, salvo Lovino, que pasaba completamente de todo.
-¿Y qué pasa con eso?-El italiano miró de soslayo al ruso, ganándose una mirada heladora de Natasha, quién no toleraba que nadie desafiase a su hermano.
-¿No lo entiendes? ¿Da?-Le preguntó al castaño-Es mi oportunidad para alcanzar el poder en esta academia. Y cuando ese momento llegue, todos nosotros dejaremos de estar en la sombra y alcanzaremos la luz. Llegaremos al fin al campo de girasoles...¿No es estupendo?
Lovino rodó los ojos pero no dejó de prestar atención a las palabras del ojivioleta. Era la oportunidad de todos, su oportunidad para llegar a ser alguien en algún lugar. O para autoengañarse a sí mismo, daba lo mismo, solo quería tener un motivo por lo que seguir con vida, llenar de esperanza su corazón vacío; inundar las cuencas de sus ojos con la luz brillante del final del túnel, a parte de los rayos fulgentes del sol que solo le recordaban que los días pasaban y él seguía de la misma forma en la nació: En la más absoluta soledad.
-¿Cuándo son las elecciones?-Eduard fijó sus ojos en los del ruso quién solo atinó a reír infantilmente como solía hacer.
-Pronto. La campaña comenzará dentro de poco, pero las elecciones serán en abril, ya que las funciones del presidente estudiantil comienzan en dicho mes...Este año ganaré. Este año ganaremos.
El año pasado, cuando Ivan se encontraba en segundo curso, había tratado de alcanzar el poder llegando a ser presidente del consejo estudiantil. Era algo fácil dado a su popularidad y el miedo que llegaba a infundir en los demás, solo unas cuantas amenazas y miradas y podía llegar a tenerlos comiendo de la mano. Simple.
Alcanzaría la luz y llegaría al campo de girasoles; su paraíso particular.
Con lo que no contaba era con la intromisión de cierto estadounidense con complejo de héroe. El único que tuvo el valor de hacerle frente. Solamente él fue capaz de igualarlo en una pelea cuerpo a cuerpo, una lucha épica entre dos polos opuestos igual de fuertes. Sin embargo, dejarse arrastrar por sus mayores impulsos violentos les trajo consecuencias desastrosas a ambos. Ésta vez sería diferente; ésta vez él ganaría la partida.
Todos sonrieron, menos Natasha a quién nunca nadie le había visto sonreír. A diferencia de sus hermanos, ella siempre mostraba un rostro sereno y calmado, con una mirada helada, casi sin vida que, de alguna forma transmitía un sentimiento negativo de pesar y llanto silencioso, el murmullo de unos sollozos acallados por el orgullo de la joven quien no mostraba compasión por nadie que no fuera su hermano Ivan.
Todos los miembros de la URSS comenzaron a planificar la campaña electoral, a pesar de que aún les quedasen muchos meses por delante. La falsa esperanza de llegar a ser algo en alguna parte les daba la ilusión y la fuerza suficientes como para hacer y afrontar lo que fuera que se les pusiera por delante.
Y solamente esto era lo que, de alguna forma, hacía que sus vacías vidas les merecieran la pena.
Los recreos se habían convertido en una bendición para Gretchen, siempre y cuando pudiera estar con sus amigos. Habían invadido, por llamarlo de alguna forma la mesa del comedor en la que Feliciano y Kiku habituaban comer y a la que, más tarde, se acoplaron Matthew y Francis, haciendo éste último alboroto por los dos, ya que el pobre de Matthew apenas destacaba en alguna parte.
En éste tiempo eran comunes las risas, las bromas pervertidas hacia todos los comensales -Cortesía de Francis y Victoria- los llantos -Por parte de Feliciano- las collejas -Nunca cabrees a una italiana que se encuentre estudiando- y las cientos de conspiraciones del Club de los Héroes del Silencio que, muchas veces solían ser los protagonistas principales durante los veinticinco minutos de descanso que duraba el recreo.
-¡Hey!-Alfred chilló como habitualmente solía hacer, ganándose así la atención de todos-¿Sabéis que se acercan las campañas electorales a consejo estudiantil?
La punta del lápiz que se deslizaba sobre la libreta de Kiku se rompió en el mismo instante que Alfred terminó de hablar. El nipón palideció y escondió la cabeza, nervioso, comportándose de manera extraña, aún más extraña de lo normal. Quiso morirse cuando vio todas aquellas miradas posadas en él.
-¿Pasa algo Kiku?-Feliciano pasó la mano por el hombro de su amigo y éste solo atinó a encogerse aún más sobre si mismo.
-Nada nada…E-Estoy bien, Feliciano-kun-Le respondió el japonés mientras escondía su libreta del alcance de todos.
Francis suspiró.
-Ah…Mi Antonie sería el candidato perfecto para las elecciones…Lástima que no esté aquí-Suspiró de nuevo y tomó un trago de su zumo de uva.
-¿Antonie? ¿Ese amigo tuyo?-Le preguntó la sureña, preocupada. Era extraño ver a su primo decaído sin morder su pañuelo como una diva como hacía normalmente- Se me hace raro que ni si quiera te haya llamado, además ya ha pasado como un mes desde que el curso empezó, se supone que tendría que estar aquí…¿No le habrá pasado nada malo?
-¡Oh mon Dieu, no me asustes!-Le gritó el francés con los ojos abiertos como platos- ¡Nada puede pasarle a mi Toño! Si España es un lugar muy seguro, quitando de los San Fermines…
En ese momento, el cerebro de Amalea pasó de concentrarse de su libro de biología a las palabras del francés. Fijó sus ojos en alguna parte, tratando de encontrar algo de sentido en aquellas palabras que una parte de su cerebro le indicaba que tenían relación con su persona. Inspiró aire y concentró todas sus neuronas. Antonie: No tenía ni idea de lo que esa palabra significaba pero le recordaba a algo. España: Era el país al que fueron una vez de vacaciones cuando eran jóvenes con la familia de… Toño: Él le enseñó a cocinar gazpacho español, gran amigo de Lovino y suyo desde la infancia. Él estudia en ésta academia, ésta en segundo, en el mismo que Lovino. Lovino y Toño tienen la misma edad…
Ay madre. ¡Siempre estuvo ahí!
-¡Me cago en la puta!-La italiana pegó un salto y comenzó a zarandear a Francis ante la atónita mirada de todos-¡Tú lo sabes, lo sabes, lo sabes, di, di, di, suéltalo!
-¿¡D-De qué estás hablando petit!?-El francés no entendía un ápice de lo que la castaña estaba tratando de decirle, estaba tan confundido como los demás. Si no fuera por aquellas enormes gafas que la italiana llevaba puestas quizás podría haberle parecido una fierecilla atractiva.
Victoria trató de intervenir, pero fue frenado por Feliciano.
-Ve, no vayas…Mi hermana puede ser muy buena pero enfadada es terrible…
La sureña le dedicó una mirada a la italiana, quién seguía zarandeando al francés mientras que desprendía un aura lejos de ser angelical.
-S-Si…Será mejor….-Le contestó por lo bajo la chica. Quizás Amalea fuera una de las pocas cosas que la dejaban sin palabras.
-¡Tu Antonñe ese es mi Toño!-Le gritó al francés- ¡Él es el mejor amigo de Lovino! ¿No lo conoces? ¿¡No te sonamos acaso nosotros de algo!?-Se señaló a si misma con el dedo para luego señalar a su hermano Feliciano-¡Ellos dos siempre iban juntos!
Francis miró a la italiana y luego a su hermano, intentando recordar algo que escapaba de la mente de todos. Mostró una pequeña sonrisa nerviosa.
-Oh…Ahora que te veo como una mafio…-Cortó la palabra que estaba a punto de escapársele de los labios- enfadada-corrigió- Sí que…Me recuerdas a un amigo italiano que tenía Toño, que iba a nuestro mismo curso…
La italiana soltó al francés de golpe, cayendo sobre su silla completamente desfallecido.
-Ah, me mareaste…-Miró de soslayo a Matthew quién estaba a su lado- Mattie, cúrame…
Éste le sonrió, y le dio un golpe en el estómago.
-No soy médico, maple-Le dijo con una risilla. A él también le daba miedo la italiana, pero dudaba enormemente que ésta la escuchara, así que simplemente habló sin importarle si la interrumpía. A veces ser invisible tiene sus enormes ventajas, tales como ser asesinado por personificación de la mafia siciliana.
Feliciano suspiró.
-Ve, S-Sorella…¿No sabías que Antonio iba a la academia W con Lovi?-Le preguntó su hermano, asustado. Nunca podría acostumbrarse a los constantes cambios de humor de su hermana, por muchos años que pasasen.
-¡No lo sabía!...Espera ¿Y qué es eso de Antonio? ¿Quién es ese?
-…Toño es el diminutivo de Antonio…¿N-No lo sabías, sorella?
Alfred carraspeó, intentando ganar la atención de Amalea.
-Ya te hablé de él antes Lea, don't you remember?-El estadounidense retrocedió un paso cuando formuló su pregunta, temeroso de la reacción de la italiana. No quería que ésta se le echase encima a él también.
-…¿E-Ese Antonio?-Amalea intentó aclarar su cabeza y no arrancársela a otra persona-El Antonio ese del que me hablaste…Es el amigo de Francis…Y es mi Toño…Nuestro Toño-Divagó unos instantes hasta que un clic resonó en su cabeza. Ahora cuadraba todo-…Me cago…Me cago…¡ME CAGO EN POCAHONTAS!-Corrió a zarandear a su hermano-¿¡Soy la única qué no sabía que TOÑO y ANTONIO vienen del mismo nombre!?
-¡V-Ve, eso no es mi culpa!
-¡Zitto fratello stupido e idiota! ¡Fanculo il gatto nero che ha attraversato la mia strada alla nascita!. ¡Figa! ¡Merda!-Gritó la italiana, roja de furia. ¿¡Cómo es que no lo supo antes!?-¡OJALÁ OS VIOLE A TODOS UN PEZ PINO!-Kiku y Gretchen atinaron a esconderse debajo de la mesa, asustadísimos. Los demás los siguieron al instante mientras Feliciano rogaba ayuda, en vano. Él ya estaba perdido y, por desgracia, demasiado acostumbrado.
Victoria desvió su mirada de aquel espectáculo -El cual ya se había ganado media mirada de todo el comedor gracias a los incesantes gritos y lloriqueos de los italianos- fijándola en un chico con un bombín verde en la cabeza, quién hablaba animadamente con Arthur frente a la máquina expendedora. Sonrió maliciosamente.
Salió con cuidado de debajo de la mesa y pasó por delante de varias mesas hasta alcanzarlos a los dos, saltando como una rana encima del inglés de improviso y dejándole sin respiración.
-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaartie!-Gritó mientras se colgaba de encima de Arthur-¡Estás muy perdido mon petit Anglais! Ya no me visitas, ni a mí ni a Francis ni a Mattie ni a…Bueno, eso. Eres un bastardo cejudo-Mordió la manga de su vestido y comenzó a ladear la cabeza, imitando a su primo. Arthur suspiró, Vladimir contuvo unas risillas.
-¿V-Vicky? Lo siento, no he tenido tiempo-Se disculpó de forma caballerosa.
-Ya.
-Arthur, te tiene cogido por los scones-Le susurró Vladimir, divertido.
-Calla, o te juro que haré que te atragantes con una de ellas.
-¡Ya sé lo que es una cagalera gracias a la loca de mi abuela!-Lloriqueó el rumano-¡No quiero más por tu culpa!
La sureña carraspeó.
-Chicos ¡Sigo aquí todavía!-Ahora sabía cómo se sentía el pobre Matthew todos los días.
-L-Lo siento-Se disculpó de nuevo el inglés- Hablábamos de….
-Cacas-Cortó el rumano.
-¡Puerco!
-¡Cejudo!
-¡Vale ya! Será mejor que me vaya, luego nos vemos…-Volvió a sonreír maliciosamente, mirando de soslayo al rubio quién arqueó las cejas, confuso. Conocía a la chica desde que eran pequeños y aquella sonrisa francesa solo podía significar un mal presagio…Para él. Bueno, debían de ser imaginaciones suyas…
La sureña se despidió con un gesto, aún con esa sonrisa en los labios, sin embargo fue tan solo poner un pie en el suelo y tropezar sin querer encima de Vladimir, cayendo encima de éste al suelo y amortiguando su caída.
-¡W-Woh!-Gritó el rumano-T-Ten más cuidado…
-¿Estáis bien?-Le preguntó Arthur, conteniendo la risa. Victoria era una dama, y él como buen caballero no podía reírse de su desgracia, sin embargo, Vladimir era otro cantar…
-Sí, lo estamos-Vladimir la sostuvo entre sus brazos e intentó incorporarse. La sureña aprovechó éste momento para depositar en la mano del chico una tarjeta de color beige y acercar sus labios a su oído-Lleva a Arthur al lugar que indica la tarjeta, después de clases, esta tarde. Pero no le digas que te lo he dicho yo.
Victoria se incorporó rápidamente y le tendió una mano a Vladimir para ayudarle a levantarse. Éste, la miraba algo perplejo por lo que acababa de pasar, sin embargo pronto recuperó la compostura y aceptó la mano de la chica para ayudarse a incorporarse.
-Adiós chicos, nos vemos-Y dicho esto, se despidió de los dos chicos y salió corriendo dando saltitos, aún con aquella sonrisa que tanto desquiciaba a Arthur-Ohonhonhonhon…
-¡Si sigues dando saltitos volverás a caerte!-Le gritó el rubio, sin embargo ésta no llegó a escucharle, ya se encontraba demasiado lejos-Dios mío, es igual que su primo. Nunca cambiará…
El rumano, ajeno a las palabras de su amigo se llevó la mano al bolsillo y de él sacó la tarjeta que la sureña le había dado segundos atrás-Quizás no era la forma más discreta de hacerle llegar el papel, pero algo era algo- y la leyó disimuladamente, formándose en sus labios una sonrisa bastante extraña en él. Arthur sintió un escalofrío en la columna.
Tuvo un mal presentimiento.
"Café Maid, el rincón del medievo. C/ De la Lombriz nº 28. ¡Tus sirvientas particulares te esperan allí! Acuda en cuanto pueda, amo. Le esperamos :3 "
María Amalea Vargas solía tener muchos tipos de días; algunos aburridos y exasperantes, otros divertidos y llevaderos, tal vez algún día que otro doloroso o nostálgico…O, simplemente, otros muchos, muchos días, la ponían de un humor de perros en los que por su boca saltaban sapos, culebras y scones inglesas. Éste se estaba convirtiendo en uno de ellos, y la peor parte de esto aunque no pudiera parecerlo, no se lo llevaba la italiana, sino todas las personas que se encontraran a su alrededor pues, pagarían las consecuencias de su mal humor de un modo u otro. Y es que nunca le hables a una italiana con un día de humor de perros, más si se trata de María Amalea Vargas.
-¿¡Qué!?-Amalea no podía creerse lo que estaba escuchando, todo tenía que pasarle a ella ¡Este día le estaba resultando realmente nefasto!-¡No puede ponerme con él!
Heracles bostezó, por millonésima vez en el día, sin percatarse de la vena roja del cuello que estaba a punto de estallarle a la italiana.
-…¿Ah no?...¿Ambos tienen algún problema…En particular?
-N-No exactamente ¡Pero…!
-Entonces…Está decidido-Le cortó el griego, apoyando las manos en la mesa que se encontraba detrás suya, su escritorio particular-A partir del lunes que viene…Tú…Serás la tutora de…Toris…
-¡Pero…!-Amalea quería matarse, quería matar al estúpido de su profesor, quería matar a Toris por ser tan gilipene y no entender una mísera palabra de la asignatura de biología, quería matarles a todos por haberla envuelto en una situación tan absurda y complicada ¡Con lo tranquilita que estaba! ¿Cómo decirle a Heracles que Toris pertenecía a una banda sacada de un libro comunista sobre la Segunda Guerra Mundial y que ella, a su vez, pertenecía a otra sacada de un comic de Stan Lee, y que, para rematar, ambos grupos eran rivales y que por eso ella jamás podría ser su tutora?...Que ridículo sonaba todo, ahora que lo pensaba-…
-He…Revisado sus horarios y…Ambos están en optativa*…-Dijo mientras le mostraba una libreta con los horarios de ambos-…Pueden usar esas dos horas a la semana…Para practicar las lecciones…¿No le supone ningún problema…Verdad?
-No, pero…
-He leído…Su expediente…-Heracles miró a su alumna, sonriendo ligeramente-La…Adelantaron un curso…Debería estar en último año de instituto…Todavía.
-S-Si, así es-Contestó la italiana, nerviosa. Odiaba que le recordaran que era la más pequeña de todos, ya de por sí era bajita, pero aquello no era lo peor de todo…Siendo su abuelo el director –Encima excéntrico- De la academia W, temía que la tachasen de enchufada, con todo lo que ella se había esforzado para lograr tener las notas que tenía. Aunque tampoco es que aquello debiera importarle, ella misma sabía que dicha injuria no era verdad, pero aun así le dolía lo que la gente pudiera pensar de ella.
El griego posó una mano en su hombro.
-Tiene…Las mejores notas…En biología que…Jamás he visto-Le dijo a la italiana, lo que hizo que ésta se ruborizase por aquella adulación. No había nada mejor que le reconozcan a uno un trabajo bien hecho-…Por eso si…Ayuda al señor Toris quizás…Pueda ayudarle a subir más nota. Considérelo como…Una ayuda…Suplementaria…
Amalea pareció pensárselo por un momento. Quizás aquello no fuera una idea tan mala después de todo, y si aquello le ayudaba a contribuir a su nota, entonces viva la pepa ¿No? Tampoco era como si Toris y ella tuvieran que intercambiar información alguna sobre sus vidas o ambos bandos, solamente hablarían del temario y si acaso del tiempo o las ocurrencias de Sadik.
Nada malo podía pasar si le daba algunas clases ¿Verdad?
¿Verdad?
-D-De acuerdo-Aceptó la italiana ganándose una ligera sonrisa de Heracles. ¡Le iba a demostrar lo que valía un peine! ¡Ese Lituano iba a convertirse en un Santiago Ramón y Cajal como se llamaba María Amalea Vargas!
Se despidió del griego y se marchó del aula de biología, para dirigirse afuera de la academia. Ya hacía algunos minutos que el timbre que marcaba el fin de las clases había sonado y debía darse prisa pues, los viernes por la tarde siempre tenía algo que hacer en particular, suspiró. Salió por la puerta junto con una horda de alumnos y se dirigió hacia donde se encontraban los demás que como siempre, se esperaban unos a otros para marcharse juntos a casa después de las clases –Menos Gretchen, quién siempre era recogida por su hermano Vash- y así poder hablar de todas las cosas sucedidas en el día.
Sin embargo, los viernes eran sagrados para la italiana, no podía ir a ninguna otra parte que no fuera el mismo lugar al que iba todos los viernes, sábados y domingos por la tarde desde hacía siete años.
-¡Lea!-Le gritó Alfred. Victoria, Matthew y Francis se giraron para saludarla al oír su nombre-¿Hoy tampoco vienes?
-No, los viernes no puedo, lo siento-Se disculpó la italiana y se despidió con un gesto de todos-Più tardi!
Amalea se colocó su mochila y salió corriendo del lugar, en dirección a su cita habitual de los viernes. Vicky comenzó a reír de forma pervertida y Francis se limpió una lágrima falsa, orgulloso de ver en lo malpensada que se había vuelto su querida primita.
-No está ningún viernes…¿Sabéis a dónde va?-Vicky y su vena parlanchina y curiosa resurgía de nuevo-Quizás tenga algún novio je, je…
-O novia-Intervino el francés.
-Ohonhonhonhon…-Rieron ambos primos a la vez mientras Matthew y Alfred aparentaban que no los conocían de nada. De tal palo tal astilla...
Amalea caminó un trecho hasta llegar a la parada de autobuses, donde cogió un par de líneas para alcanzar su destino. Subió al autobús y se sentó en el primer asiento que encontró. Abrazó su mochila, sintiendo el peso de sus libros sobre las piernas y apoyando la cabeza en la ventana, dejándose mecer por el murmullo del sonido de los cascos de la persona que se hallaba sentada a su lado. El último autobús frenó al cabo de una media hora, parando en frente del hospital de la ciudad, de donde se bajaron en su mayoría los típicos ancianos con barrote y dentadura postiza; ella, se bajó con ellos. Miró a su alrededor, era un edificio de siete plantas más tres subterráneas, amplio y de paredes blancas y bien cuidadas. Un jardín de rosas blancas rodeaba el lugar dándole un toque futurista y tranquilo, en donde los enfermeros paseaban a los enfermos y donde los niños –enfermos o visitantes-jugaban a ser piratas buscando tesoros imaginarios. Sonrío, aquel paisaje siempre la relajaba de alguna forma. Dicho lugar era donde quería trabajar cuando fuera mayor, cuando terminase la carrera. Aquel hospital en donde había conocido a una de las personas más importantes de su vida.
Entró dentro, abriéndose paso entre varios enfermeros bastante corpulentos y se dirigió a recepción, para preguntar por el turno de visitas, aunque ésta ya conociese los horarios, tenía que avisar a donde iba y darle una tarjeta que la identificase como visitante, cosas de protocolo.
-Toma-La recepcionista le tendió una tarjeta y la sonrió- Esta vez te has retrasado un poco.
-Lo sé, he tenido cierto asunto que resolver-Le contestó la italiana-Solo espero que él no se enfade por el retraso y…Bueno, si se enfada que se joda-Sonrió pícaramente y se dio media vuelta, dirigiéndose a las escaleras que le conducirían a los pisos de arriba, descartando el ascensor. Prefería hacer ejercicio.
Llegó en frente de una habitación, de puerta desgastada y color gris, del cual colgaba un cartel dorado en el que ponía "203" tal y como en una suite de un hotel prestigioso. Pegó varias veces a la puerta y entró sin esperar respuesta, como siempre.
-¿Hey?-Entró con cuidado la italiana-¿Aras?-Preguntó, esta vez sí esperando una respuesta-¿Estás dormido?
Cerró la puerta tras de sí, fijando primeramente la vista en la ventana que, como siempre, hiciera frío o calor, estaba abierta. Los más de veinte globos de colores que rodeaban la habitación, eran mecidos por el viento que de la ventaba entraba, dándole algo más de color a la áspera habitación. De las paredes, antes blancas, colgaban cientos de dibujos que, más bien parecían fotografías sacadas de alguna revista de fotografía. Un lienzo en blanco reposaba encima de la cama y, un bulto escuálido y menudo, reposaba en ella siendo tapado por una manta de color verde pistacho.
-¿Aras?-Amalea zarandeó el bulto, intentando despertar al dormilón que se hallaba envuelto en las sábanas-Aran despierta…-La castaña desenvolvió la manta, dejando ver el rostro de Aras. Un hombre ya mayor, de unos cincuenta años, con el pelo castaño algo largo recogido en una pequeña coletilla que le daba un toque más infantil. Su rostro, algo arrugado por el paso de los años era alegre casi la mitad de las veces y melancólica la otra mitad. Su cuerpo era escuálido, pálido y sin apenas bello debido a la edad. Sin embargo su extrema delgadez se dejaba entrever a pesar de cualquier prenda que llevase puesta, aunque…Claro estaba que se encontrase así, debido a la enfermedad por la que se encontraba allí postrado-¡Aras!
El hombre no parecía despertarse, o tal vez no quería hacerlo o…
La italiana agarró al hombre por los hombros y comenzó a zarandearle aún con más fuerza al ver que este no respondía. La italiana comenzó a gritarle pero él seguía con los ojos cerrados. Un súbito pensamiento se le pasó por la cabeza y la castaña se temió lo peor. Deseó con todas sus fuerzas al pasado y volver al anterior fin de semana donde se lo había encontrado dibujando como siempre, donde se la habían dedicado a contar chistes verdes, como siempre. Donde habían estado bien, como siempre.
La italiana abrazó al hombre con fuerza casi al borde de las lágrimas al ver que éste seguía sin despertar. El sonido de la máquina que se hallaba conectada a sus venas la alertó: Los ritmos del pulso de su corazón seguían normales y él seguía conectado a la máquina. Se separó unos centímetros de su "amigo" y fijó sus ojos en sus labios, los cuales hacían un inmenso esfuerzo por no destornillarse de la risa.
Tuvo la mirada fija en sus labios unos segundos hasta que éste la pilló por sorpresa, agarrándose a sus hombros.
-¡BU!
La italiana se separó de él por acto reflejo de un empujón, dando el mayor chillido de su vida, cayéndose de la cama y aterrizando de culo violentamente tras del susto. Aras comenzó a reírse a carcajada limpia mientras Amalea se recuperaba del shock de haber pensado que había perdido a su amigo para siempre.
Puto trollero.
-¡ARAS LORINAITIS, ME CAGO EN TU PUTA MADRE!-La italiana cogió una almohada y se la estampó en toda la cara al hombre quién aún, incluso siendo sepultado por las plumas de la almohada seguía riéndose como un poseso-¡No me hizo ni puta gracia, coño!
-Lo siento…-Contuvo unas risillas-Solo era una broma pero…¡Tenías que haber visto la cara que pusiste!-Y comenzó a reírse de nuevo-¡Fue graciosísimo!
-Ja. JA. Me troncho y me meo-La italiana tiró la almohada aleatoriamente y se cruzó de brazos, molesta-¿Tienes alguna otra broma pendiente que hacerme?
El hombre se intentó incorporarse con dificultad para que su espalda quedase apoyada en el respaldo de la cama –Ya que él se encontraba tumbado- sin éxito. La castaña rodó los ojos y le ayudó a colocarse de forma correcta, agarrando la espalda de Aras con cuidado de no lastimarle y dañar la poca sensibilidad que le quedaba en esa zona.
-Gracias Lea-Le agradeció.
-Ojalá se te encoja el pene desgraciado-Le contestó con una mirada asesina.
-Ya ves tú, para lo que lo uso…Estoy muerto de la cintura para abajo ¿recuerdas?-Le dijo con una sonrisa alegre, a pesar de que aquello que acababa de decir no fuera más que la cruda realidad. Él había quedado paralítico siete años atrás debido a…Llamémosle "accidente" desafortunado. Llegó al hospital muy grave y, milagrosamente, los médicos fueron capaces de salvarlo y revitalizar su cuerpo, pero no pudieron devolverle la movilidad. Un mes más tarde de su recuperación, debido a unos análisis, le fue diagnosticado cáncer de páncreas y, por desgracia, la enfermedad ya estaba demasiado avanzada como para poder ser tratada. Aras afrontó en soledad aquel difícil revés que le había dado la vida, pues su familia le había dejado en la estacada, aunque nunca los culpó por ello, ya que, después de todo, fue su culpa y del maldito trabajo que aquello pasara.
Y sin embargo, la vida le demostró que a veces cosas buenas pueden ocurrirte una vez ya has llegado a lo más profundo de la desesperación. Traerte cosas maravillosas que, por pequeñas que sean, pueden alegrarte cada momento, cada instante de tu vida.
Hace siete años, cuando creyó ver la muerte en vida, conoció a Amalea Vargas.
-Oye-Aras indicó con la mirada a la italiana para que se sentase y ésta obedeció, aún cruzada de brazos y enfadada por la broma de antes-¿Acaso viste algo así como tu vida pasar por delante cuando me creíste muerto?
-Serás cenutrio ¡Eso sería si me hubiera muerto yo! ¿Cómo iba a ver pasar mi vida por delante si eras tú el que supuestamente se estaba muriendo? Anda que…-La castaña esbozó una sonrisa burlona y le dedicó un gesto obsceno con el dedo para que él no le dedicase ni una sola palabra. A veces la ignorancia o las tonterías de su amigo eran más eficaces que todos los programas de comedia que había visto con él-Pero si…Que se me vinieron muchas cosas a la cabeza…
Aras acarició el pelo de la joven con dulzura al ver su rostro decaído, mezclado con una mirada de melancolía y alegría. Aquel rostro que siempre tantas veces se había reflejado en él. El recuerdo de aquellos años vividos que, por mucho que quieras alcanzar jamás podrás recuperar; la impotencia de la pérdida o la muerte; la esperanza encontrada en el lugar menos esperado. Dichos sentimientos reflejados en una mirada que ambos compartían.
-Lea…¿Recuerdas cómo nos conocimos?
La italiana lo miró de enseguida, alegre y perpleja al oír aquellas palabras. Quizás con alguna otra persona le hubiera espetado cualquier idiotez para cambiar de tema y evitar que la nostalgia la inundara…Sin embargo, Aras era diferente. Era ella reflejada en un espejo, la misma persona y, a la vez, una persona diferente con la que poder compartir cualquier cosa, sin secretos, sin rencores. Su otra mitad en el mundo.
-Claro…-Le respondió-…Fue el día del octavo aniversario de la muerte de mis padres. Recuerdo que, aquel año, solo fuimos al cementerio Feliciano, Lovino y yo, vestidos completamente de negro, pero con muchas arrugas en la ropa ya que, el abuelo no había acudido desde hacía varios días a casa, y nosotros no sabíamos plancharnos la ropa-Paró unos segundos y tomó aire, para luego proseguir con una narración que Aras había escuchado cientos de veces, pero de la que nunca se cansaba-Después, al volver, lo encontramos frente a la puerta de casa, borracho como una cuba-Rió amargamente- El abuelo había vomitado varias veces en el suelo y se había desmayado. Con ayuda de unos vecinos lo llevamos a urgencias, le había dado un coma etílico…Supongo que fue un modo de hacer amagar el dolor de la pérdida de su hija, nuestra madre.
Acalló unos minutos y se hizo un silencio aún más largo, siendo ésta vez en recuerdo de su madre, a la que nunca conoció, pero a la que siempre echaría de menos, a pesar de todo.
-Cuando llegamos al hospital…Nos pidieron que esperásemos en la sala de estar. Pero sin embargo, yo estaba al borde de las lágrimas y…No quería que Feli ni Lovi me vieran llorar, siempre odié que me vieran así, supongo que tanto mi abuelo como yo siempre fuimos bastante orgullosos-Volvió a reír amargamente- Así que en un descuido, dejé a mis hermanos llorando en aquel salón y salí cinco minutos de aquel lugar y busqué un lugar donde llorar tranquila. Una enfermera me vio e intentó llevarme de vuelta con mis hermanos, pero yo ya había comenzado a llorar como una posesa y no quería que me vieran así…
-Y te metiste en mi habitación para esconderte…
-…Y también te encontré llorando a ti.
"…Snf…"
"…¿Q-Quién…Eres tú?..."
"…Soy Amalea…Snf…"
"¿Por qué estás en mi habitación? Y… ¿Por qué lloras?"
"Me escondo de una enfermera ¡Y si le dices a alguien que me viste llorando de cortaré la picha con una sierra!"
"Vale…Ahora en serio. ¿Dónde están tus padres? Deberías estar con ellos en vez de aquí"
"Están muertos"
"…Entiendo. Los míos también"
"Y tú… ¿Por qué lloras? ¿Por qué no está tú familia contigo?"
"Porque me prefieren muerto"
-Desde ese momento-Prosiguió Aras, acariciando la mejilla de la italiana con dulzura, quizás, con la dulzura del padre que nunca pudo llegar a conocer-Nos convertimos uno en el apoyo del otro…
-S-Si…-La italiana hundió la cabeza en sus propios brazos y se inclinó hacia delante, tratando de ocultar su rostro a la vista de Aras-Idiota…Odio recordar cosas…
Aras le acarició la espalda y le dio varios golpecitos amistosos.
-¿No me digas qué estás llorando? Mujer-La castaña negó con la cabeza y se secó las pequeñas lágrimas que afloraban de sus ojos, los cuales miraban las orbes azul oscuras de Aras.
-¡No estoy llorando!...Mis ojos se han puesto tristes al ver esa cara de cenutrio que tienes…Y…-La castaña golpeó con el dedo la nariz del ojiazul, intentando mantener ese aire burlón y malhumorado que la caracterizaba, sin éxito. Aras acarició su mejilla, obligándola a mirarle a los ojos.
-Ha pasado algo…
-¿Por qué lo pregun…?
-No estoy preguntando nada. Lo estoy afirmando, a mí no me puedes mentir.
-…-La italiana le pegó una suave colleja en el cogote y le acarició el brazo. El hombre ya estaba más que acostumbrado a las miradas suplicantes de Amalea, quién muchas veces se dejaba ahogar en aquel mar de frustraciones que era su vida, y a la que no dejaba acceder a nadie debido a que su enorme orgullo trataba de ocultarlo, tan solo por no parecer débil ante nadie. Por el temido qué dirán-Y-Ya sabes lo que me pasa, lo de siempre…Mis hermanos, mi abuelo…El vacío que siempre he sentido dentro de mí-La Italiana posó su mirada en la del castaño, una mirada triste y vacía, tanto como la suya- Hoy me enteré de que Toño estaba en la Academia W y que es una abreviación de Antonio en español…Ya ni…Ya ni si quiera Feliciano me explica nada…-Una lágrima escapó por su mejilla, a la que pronto muchas otras se sumaron a recorrer su pálida tez. Se quitó las gafas de culo de vaso que siempre llevaba, dejando ver sus ojos vidriosos y sus enormes ojeras marcadas por el llanto mudo de todas las noches-¿Real…Realmente soy tan mala con mis hermanos?
-No, no lo eres. Eres…Cariñosa a tu manera, y si tú les quieres como son, ellos deberían ser de la misma forma.
La castaña reprimió un sollozo.
-Lovi me odia…
-Él no te odia…
-Sí que me odia, y Feli también…Y también el abuelito…-Sollozó-Tú eres el único…Que me quiere…
La italiana rompió a llorar como una cría mientras el castaño se acercaba a la chica todo lo que su estado de invalidez le permitía. A pesar de haberla visto así muchas veces, siempre se le rompía el corazón ver a su niña de aquella manera, al igual que a ella se le rompía el alma verle a él sollozar. Ambos eran dos seres abandonados de formas distintas, que compartían un mismo vacío que ellos mismos intentaban llenar con tonterías, a pesar de que ambos supieran muy en el fondo que solamente el descanso eterno les daría la paz que necesitaban.
-A veces pienso que es mejor estar muerto…
El castaño le dio un codazo a Amalea, enojado.
-No digas eso ni en broma, Lea-La chica le miró, confundida y en parte arrepentida. Sin embargo, aquello era lo que realmente sentía y ni él ni nadie iban a hacerla cambiar de opinión-Sabes perfectamente que sé de lo que hablo.
-S-Si…Lo sé…
-Si mi intento de suicidio hubiera funcionado-Su rostro se ensombreció al recordar la atrocidad que había intentado cometer siete años atrás-…Nunca te habría conocido…-Dijo en un susurro, pero suficientemente fuerte como para que la italiana le escuchase-…Y tú no me habrías conocido. Nosotros no tenemos derecho a elegir la fecha de nuestra muerte, solo quien quiera que se encuentre allí arriba. No lo olvides nunca, Lea.
Aras le tendió una mano; Amalea la aceptó, limpiándose las lágrimas de los ojos.
-No lo haré.
-¿D-Dónde…?-Arthur se encontraba entre absorto e impaciente. Delante de él, una puerta color chocolate cubría la entrada a lo que parecía ser un edificio ambientado en la edad media. La madreselva cubría las paredes de piedra caliza y las flores de colores plantadas a su alrededor le daban un toque rústico y campechano. El techo constataba de dos torreones abiertos de los que salía el sonido de una flauta y una pandereta, típico del medievo-¿A dónde me has traído Vladimir?
El rumano señaló el cartel que se hallaba frente a la puerta del local, el cual tenía escrito el nombre de aquel extraño lugar que, de alguna forma, había encandilado a Arthur. Siempre le había gustado la historia antigua medieval, y los seres mitológicos que se narraban en ella. Miró la forma de espada que tenía el cartel, riéndose mentalmente al ver aquella forma pues, le recordaba a…
A…
A un…
Vale, tenía de quejar de juntarse con el francés.
-¡Bienvenido al café maid, el rincón del medievo!-Le dijo con tono de burla, imitando la reverencia de una sirvienta de aquella época-¡Pase por favor, amo!
-Imbécil-Atinó a responder el rubio-¿Y para qué me has traído aquí sí se puede saber?
-Ya lo verás, hohoho…-Vladimir se ajustó su bombín y empujó la puerta del local, arrastrando a Arthur con él. El local era incluso más amplio de lo que parecía a simple vista, cosa extraña perteneciendo al barrio de la Lombriz, un lugar muy abarrotado de centros temáticos. El dueño del local debía de ser un hombre bastante adinerado como para haber conseguido un lugar tan bueno y espacioso.
-Este lugar es…-Arthur miró a su alrededor, sorprendido por la decoración, tan ceñida y realista a la época medieval. Dos chicas no mucho más mayores que ellos, vestidas de sirvientas de la época les recibieron con una sonrisa y una mirada dulce y agradable, cortando las palabras del rubio.
-¡Bienvenido, amo!-Las damas agarraron suavemente del brazo a los chicos, guiándolos por el lugar. Arthur miraba absorto el lugar mientras Vladimir sonreía como un bobo, agarrándose al brazo de las muchachas-Por aquí, por favor.
-Yo voy a donde vosotras digáis…Hohoho…
-Fucking pervert…-Masculló por lo bajo el inglés.
-¿Dijiste algo Arthur?
-Nada nada…
Las sirvientas les acomodaron en una mesa, pegada a un ventanal que daba al parque infantil que se encontraba detrás del edificio. En el centro de su mesa, había un ramo de rosas rojas y dos caramelos en una pequeña bandeja de plata. El mantel era de encaje blanco y gris, decorado con perlas de color azul cian. A su alrededor, casi todas las mesas se encontraban en aquel lugar estaban repletas de gente, todos hombres.
El inglés suspiró.
-Tengo que reconocer que este sitio tiene su encanto pero…¿Para qué me has traído aquí?
El rumano hizo caso omiso de su amigo y se dispuso a mirar de un lado a otro, buscando a algo o, a alguien con la mirada.
-Vlad-Siguió sin hacerle caso-¡Vlad!-Le pegó un pellizco en la palma de la mano, a lo que él reaccionó con un gritito de dolor, justo como un murciélago-¿¡Qué hacías!? Que sepas que esas sirvientas no tienen la falda tan corta como para poder mirarles las bragas, pervertido.
-¿Eh? Hohoho ¿Acaso lo has comprobado?-Le preguntó el moreno con los ojos entrecerrados y una mirada felina, a lo que Arthur respondió con otro pellizco-¡Au! Eso ha dolido.
-Yo no soy como tú. A mí no me interesan esas cosas-Le dijo, con aire caballeroso.
-Lo sé, las faldas no son lo tuyo. Prefieres los bóxers.
-Exáct…¿¡Qué!?-Arthur trató de volver a pellizcar a su amigo, sin embargo, éste logró apartar su mano a tiempo mientras se partía de risa al ver la cara de Arthur, tan roja como las rosas que decoraban su mesa- ¡Vladimir, bloody hell!
Justo estaba a punto de blasfemar sapos y culebras contra el rumano, cuando una joven se colocó delante de ellos, dispuesta a tomar nota de su pedido. El inglés, quien tenía cogido por la nuca al moreno, se dispuso a mirar al frente, encontrándose con los ojos chocolate de la joven, algo más oscuros que su bronceada piel. Llevaba el mismo vestido que las otras maid, algo escotado e insinuante, pero sin ser demasiado provocativo. Su pelo, recogido en coletas altas dejaba ver un lazo blanco que las recogía, dándole un toque infantil a la joven.
-¿Qué van a querer para tomar, amos?-Victoria sonreía, divertida, al ver las caras de asombro de Arthur y Vladimir al verla así vestida. Varios segundos de shock pasaron hasta que la sureña chasqueó los dedos delante de sus narices-Vamos…-Les dijo susurrando-Dejad de poner esas caras de memos, sino pedís algo el jefe me va a regañar por no ser más encantadora-Dejo escapar una risilla-Y no quiero tener que enseñar más el canalillo para resultar más mona.
-Pues a mí no me importarí…-El rumano fue cortado por un pisotón por parte del inglés-¡Ay! Hoy tienes algo en contra mía.
-Eres un jodido pervertido-Le dedicó una mirada asesina. ¡Estaba rodeado de franceses!-Vicky…Una cosa-Le dijo con aire serio, que luego pasó a ser una sonrisa burlona-No traigas a Francis nunca aquí, o te violará.
La sureña contuvo una carcajada. ¡Menudas ocurrencias tenía su amigo contra su primo! Con lo santo que era Francis.
-Contra el mostrador-Le contestó con aire divertido-En fin…Gracias por traer a Artie hasta aquí, esto…
-Vladimir-Le contestó el rumano.
Arthur les señaló con el dedo a los dos, con los ojos entrecerrados, sin acabar de comprender lo que acababan de decir.
-¡Espera, espera! ¿Esto estaba preparado?
-¡Así es!-Dijo la sureña con una sonrisa-Tenía que traerte hasta aquí para hablar, pero como sabía que tú nunca accederías le pedí ayuda a tu amigo.
-¿Hablar…Hablar de qué?-En verdad él ya sabía de lo que tenían que hablar, sin embargo tenía que hacer aquella especie de pregunta retórica y cerciorarse de que sus sospechas eran ciertas.
Victoria suspiró.
-De Alfred y tú.
Mierda.
-Bueeeno…-Vladimir se levantó de la mesa, dirigiéndose a la barra, donde una joven de generosos senos servía unos enormes vasos de zumos-Veo que aquí sobro, así que mejor me voy. Adio!
-¡E-Espera!-Arthur intentó detener a su amigo pero la rápida mano de Victoria se lo impidió en el último momento-¡O-Oye!
La sureña le dedicó una mirada seria.
-Amo…-Se acercó más a él, con una sonrisa alegre que mostraba amor, pero con unos ojos penetrantes que decían "Te voy a cortar los huevos con una navaja suiza"-Llevo mucho tiempo esperando poder hablar con vos…Pero vos siempre os alejáis. Ésta vez será diferente…-Se acercó más a él-Si dais un solo paso, os juro que os cortaré vuestras partes nobles con una navaja suiza.
Arthur asintió automáticamente. ¡Ciertamente las mujeres eran un peligro, más si estaban enojadas!
-V-Vicky…-Le dijo con un hilillo de mi voz-…Si te quedas hablando conmigo te regañarán…
-Ya tenía planeado eso-Sonrió-Tengo a mis compañeras de mi parte, les hablé del problema que tengo contigo, y tengo un ratito para charlar. Y el jefe hoy no está, tiene una comida con su hermana.
Mierda, mierda y más mierda. Le tenían cogido por los huevos.
-Arthur-Se sentó junto a él, con aire preocupado. Técnicamente así estaba-Esto no puede seguir así. Lleváis seis meses sin hablaros…
-Sí que puede, a él no le ha importado…-El inglés bufó y desvió su mirada hacia la ventana, intentando simular que aquella pelea con Alfred no le había importado lo más mínimo.
Pero no era así, él lo sabía, pero tenía demasiado orgullo como para reconocerlo. Reconocerlo sería dejar aflorar toda la rabia y la tristeza que aquella maldita escaramuza le había provocado y se había guardado durante todo ese tiempo.
-Claro que le ha importado imbécile anglais-La sureña suspiró y se llevó las manos a la cabeza-Dios mío, por qué seréis tan cabezones los dos…Y tú eres demasiado rencoroso-Lo miró con los ojos entrecerrados.
-¿¡Yo!? ¡Yo tengo motivos de peso para estar enojado!-Le gritó el inglés, olvidado todos sus modales caballerosos y mandándolos a tomar viento fresco. En verdad aquella conversación le estaba irritando realmente, ya que ni Victoria sabía la mitad de la historia sobre la pelea que había ocurrido entre Arthur y él.
-Alfie intentó arreglar las cosas entre vosotros dos.
-Pero no fue suficiente.
-¿Ah no? Entonces qué quieres.
-¡Que se arrodille ante mí y me suplique si hace falta!-El inglés se cruzó de brazos, como un niño pequeño enrabietado. Victoria se contuvo para no darle una colleja, a pesar de que su naturaleza no fuera violenta, ciertamente el inglés se estaba ganando a pulso una bien gorda-Y dudo que ni con esas le perdone.
-Eres como un crío-Declaró la sureña-¿De verdad que te vale la pena echar a perder tantos años de amistad solo por el cerramiento del club de baloncesto?
Arthur calló, frustrado, harto. Quizás el cierre de su amado club de baloncesto fue el detonante de la pelea que hubo entre él y Alfred pero había mucho más detrás de todo aquello. El estadounidense no les había contado toda la verdad, la auténtica historia tras de la pelea, quizás por miedo, quizás por vergüenza pero…Al fin de al cabo, aquella no era la historia real. Pero solamente ellos dos conocían la entera verdad, y Arthur había preferido mantener silencio.
Hasta ahora.
-No Vicky-El inglés miró seriamente a la sureña, clavando sus orbes verdes en sus ojos marrones. La fémina se extrañó un poco al ver tal seriedad en el rubio, quién aunque usualmente solía tener el ceño fruncido, era extraño que tuviera esa mirada entre seria y decidida-Alfred no os ha contado toda la verdad sobre la pelea.
La morena frunció el ceño. Arthur prosiguió.
-Es cierto que el club de baloncesto tuvo que ver pero…Solo fue el detonante-Tragó saliva, estaba nervioso. Muy nervioso. Pero ya no podía quedarse callado por más tiempo mientras Alfred hacía que él quedase como el malo de la película, aunque lo hiciera involuntariamente. Todo el mundo sabía que el estadounidense podía llegar a ser incluso más melodramático que el propio Francis-Hubo algo más gordo detrás.
-¿Q-Qué pasó Artie?...-Preguntó Victoria-Me estás asustando…
-El año pasado pasaron muchas más cosas que los enfrentamientos entre Ivan y Alfred, mucho más que…Que…El cierre del club de baloncesto…-Cerró los ojos e inhaló aire. Debía ser valiente-Ivan se enteró de algo que Alfred no quería que nadie descubriera.-La sureña abrió los ojos, absorta en el rumbo que había tomado la conversación.
Lo que no esperaba es que estaba a punto de dar un giro inesperado.
-Él nos pilló a Alfred y a mí…En la ducha de los vestuarios...
-¿Y eso qué tiene de…?
-While we were having sex.
Aquello último parecía haber congelado el tiempo una eternidad. Victoria habría esperado muchas historias por parte del inglés, incluso alguna argucia que incluyera canibalismo, pero no aquello. Jamás hubiera esperado tal afirmación, y no era que aquello le molestara, ni mucho menos…Simplemente no podía a imaginar a Arthur, el segundo del grupo en comprar revistas porno, con otro hombre. Menos con Alfred.
La sureña quedó estática por unos segundos, observando la cara completamente avergonzada del inglés, quién miraba a todos lados sin atreverse a mirar a Victoria a los ojos. La morena pestañeó un par de veces, completamente anonadada, a lo que pronto una sonrisilla incrédula y pervertida se dibujó en sus labios. La información que acababa de recibir minutos atrás llegó a su cerebro con retraso debido al shock.
Se levantó de golpe, apoyando las manos en la mesa e inclinándose hasta quedar hasta la altura de la cabeza de Arthur.
-¿¡Quéeeeeeeeeeeeeeeee!?-Le gritó al inglés, perdiendo todos sus modales de sirvienta, haciendo que todos los presentes posaran sus ojos en aquellos dos, ésta vez, siendo picados por la curiosidad del alboroto, en vez de en la lascivia que a casi todos ellos les empujaba a entrar a dicho local.
"La temeridad cambia de nombre cuando obtiene éxito. Entonces se llama heroísmo."
-Laurence Sterne
Optativa (Para el que no lo sepa lo explico porque soy guay (?) ) Es una hora en la que puedes dedicarle tiempo a cualquier materia, adelantar deberes o, simplemente hacer el vago (Si el profesor no te pilla) Viva el sistema educativo.
Holiwis: ¡Siento el retraso! Estoy teniendo menos tiempo del que de verdad creía que iba a tener en verano. En fin… Éste capítulo es enorme, lo sé y lo siento. Pero espero haber compensado mi tardanza con esa revelación del final hohoho…Ya ando aclarando algunas tramas, que lo sepáis. Ya ésta más o menos situada la situación de Amalea y estoy dejando entrever que algo está pasando con Antonio, pero por ahora no lo sabréis, tardará un poquito en salir, solo un poquito. Ah, y ¿De qué os suena el apellido de Aras?~ ¡Ahí os dejo la cosa!
Otra cosa, no me ha dado tiempo a revisar el cap, si encontráis algún error gramatical u ortográfico avisadme anda.
Y bueeno, quiero darles las gracias a todos por sus reviews y sus favs, me hace muy feliz ver que a la gente le gusta mi fic, también a los anónimos, y espero que todos anden disfrutando de la historia :,D
En fin, nos vemos en el próximo cap. Espero no tardar tanto esta vez.
¡Ja na!
