Advertencia: Saltos temporales ingleses a mansalva, así que estad atentos de cual parte se narra en el pasado y cual en el presente. Insinuaciones y algo de tsunderismo nórdico.


~Capítulo 6: Héroes errados~

Alfred dejó los zapatos esparcidos en la entrada de la casa a la vez que cerraba la puerta tras de sí. Su programa favorito comenzaba en dos minutos y no podía permitirse perder más tiempo del necesario, así que se apresuró a cruzar el pasillo a toda velocidad hasta llegar al salón y encender el televisor. Sonrió al instante que la pantalla iluminó sus pupilas con el rostro de su heroína favorita, a la vez que una música enérgica rompía el silencio reinante en la habitación.

Brigitte Kirkland salió en ese mismo momento de la cocina al oír el cerrar de la puerta, dirigiéndose a la entrada y encontrándose con los zapatos desgastados y desperdigados de Alfred. Emitió un suspiro y se cruzó de brazos, ya había perdido la cuenta de las veces que había regañado a su sobrino por ser tan desastroso y descuidado.

-¡Alfred!- La fémina gritó su nombre desde el otro lado del pasillo-¡Volviste a dejar las zapatillas tiradas en la entrada!-No recibió respuesta, así que se apresuró a entrar al salón hasta encontrarse con la mirada del rubio, quién se encontraba completamente metido en la caja tonta-¡Alfred!

-¡Shhhhh!-Silenció a su tía sin dejar de mirar a la pantalla-Purpurina Girl está a punto de derrotar a Blody Hell-man… ¡Y pronto se podrá encontrar con el amor de su infancia, al que ha secuestrado!-El rubio siguió contemplando la televisión, absorto por aquel argumento que tan atrapante le resultaba ante la mirada extrañada de su tía, quién no entendía como a alguien tan mayor podían gustarle los dibujos animados.

-¿Qué te he dicho de dejar los zapatos tirados en la entrada?-Le dijo, con un tono autoritario, aunque Alfred no se inmutó en lo más mínimo.

-I'm sorry about that…¡Pero no podía perderme ni un segundo de este capítulo!-El estadounidense le dedicó una mirada por primera vez en la tarde, emocionado, como usualmente solía estar por cualquier cosa, más si esa cosa le apasionaba. Así era él-Me la recomendó un chico japonés llamado Kiku, es un "anime" o así le llamaba él.

Brigitte sonrió de medio lado mientras entrelazaba sus manos, jugando con sus propios dedos, algo nerviosa.

-Veo que estás…Haciendo nuevos amigos…-Dijo en voz baja, pero lo suficientemente alta como para que Alfred pudiera escucharla, de repente había pasado de ser autoritaria a sumisa, como si lo que intentase decir fuera la confesión de un crimen-…¿Ya no sales con Arthur?...

Alfred se tensó de repente. Desvió su mirada de nuevo hacia la pantalla, esta vez, sin dejarse llevar por la emoción del argumento. Simuló una sonrisa falsa y volvió a mirar a los ojos verdes de su tía, intentando aparentar normalidad. No lo consiguió.

-E-Eh…-Se rascó la barbilla con la yema de los dedos-Es simplemente que no tenemos tanto tiempo como antes y eso…Ya sabes, estamos en bachiller, todo es más difícil, estamos a varios pasos de la universidad y…Y eso…

La mujer frunció el ceño.

-¿Seguro que es eso?... ¿No hay ningún problema?

-No hay problema alguno, tía, te lo juro.

Se oyó el sonido de una explosión desde los altavoces del televisor, haciendo girar la cabeza del rubio de nuevo hacia la pantalla, donde se apreciaba la imagen de Bloody Hell-man chamuscado por el rayo cósmico de Purpurina Girl.

-¡Y ahora dime dónde se encuentra mi amado!-Se oyó decir a la heroína desde el televisor.

-¡Jamás te lo diré! Lady. BUAHAHAHAHA-Una voz con un exagerado acento inglés contestaba a la chica a la vez que se volvían a encarnizar en otra dura batalla. Más explosiones sonaron en la sala mientras para Alfred y Brigitte no había más que un incómodo silencio. La fémina se sentó en una silla mientras apoyaba los codos en la mesa y se unía al adolescente para ver la televisión.

La mujer miró hacia la ventana, encontrándose con la fotografía de una mujer sonriente, de cabellos rubios y ojos verdes. Al lado de la foto, un jarrón que conservaba una rosa color carmín, caía encorvada junto al marco dejando a su lado los pétalos que caían de la flor marchita. Su corazón se le encogió al ver como la rosa se iba consumiendo lentamente y en silencio, al igual que la mujer de la fotografía, quién años atrás había sido algo más que un recuerdo o una foto.

-… ¿Sabes?-Dijo, rompiendo el silencio de nuevo-Rosemary me dijo lo mismo tiempo atrás…-Hizo una pausa al ver como Alfred se giraba hacia ella, con el semblante ligeramente serio-Lo de que no había ningún problema. Sin embargo, siempre se le dio tan bien mentir y…Yo siempre fui tan crédula-Rio, sin ganas de reír realmente, a la vez que sus orbes reprimían alguna que otra lágrima esporádica-…Si solo hubiera sido algo más suspicaz, yo…Si tan solo hubiera podido conseguir averiguar la verdad antes…-Acalló las palabras que sus labios no eran capaces de pronunciar-Odio las mentiras. Así que si, alguna vez te pasa algo, por muy ridículo que sea, sabes que puedes decírmelo… ¿Vale?

El chico quedó patidifuso al escuchar aquellas palabras por parte de su tía. Fijó sus ojos en los de ella, para luego dirigir su mirada hacia donde la mujer tenía posada la vista: En aquella fotografía de la mujer sonriente quién tras de aquella sonrisa se escondía toda una sarta de mentiras que acabaron por consumirla lentamente.

Alfred acababa de perderse el golpe que había dejado KO a Bloody Hell-man, pero no le importaba, no le importaba en absoluto. Su mente se encontraba en otra parte, entre cientos de recuerdos dolorosos y agradables de su infancia; entre las risas de sus amigos, entre los moratones que ocultaba tras enormes jerseys, entre las incontables confidencias, abrazos y caricias que había intercambiado con Arthur a lo largo de los años.

Y entre la media hora que duró la pelea que los separó a ambos. Quizás, para el resto de sus vidas.

-Arthur y yo tuvimos una pelea-Confesó, avergonzado. Mantuvo silencio por unos instantes, esperando un grito de horror, un golpe, un sollozo, algo por parte de su tía, pero solo recibió otro desesperante silencio. Suspiró-Pero…Lo voy a arreglar. No hay problema alguno, no tienes por qué preocuparte-Le dijo, con una sonrisa débil en los labios-No me va a pasar lo mismo que a mamá.

Brigitte esbozó una ligera sonrisa a la que vez que se levantaba de la silla y volvía a recuperar su expresión socarrona y su ceño fruncido. Avanzó hasta la ventana y sacó del jarrón la rosa marchita, haciendo que cayeran de ella varios pétalos más.

-A Rosemary le encantaban las rosas…Casi tanto como a Lorraine o Francis…

-Si…-Se acercó a su tía, posando un brazo sobre su hombro y dibujando en su tez una sonrisa enérgica y deslumbrante, como siempre. Quisiera sonreír o no, debía hacerlo por ella, se lo debía. Tenía que remplazar todas las sonrisas que su madre jamás podría volverle a dar-Tía…

Él era un héroe. Un verdadero héroe.

-¿Si? Alfie.

Y si debía mentir para poder protegerla...

-Vayamos mañana a comprar rosas, rosas para mamá.

Entonces, que así fuera.


-Lo siento-Arthur miró a Victoria con la misma expresión tranquila y serena de siempre, intentando mantener la compostura y evitar dar signos de nerviosismo mientras daba un sorbo a la taza de té que había pedido instantes atrás. Victoria, por otra parte, se removía en su asiento con una risilla nerviosa en el rostro, sin saber muy bien que poder decirle a su amigo-… Siento habértelo dicho de forma tan directa pero ya me conoces, no soy de esas personas que se andan con rodeos.

Victoria carraspeó.

-L-Lo sé, Artie. Yo también siento haber reaccionado de esa forma…-Se lamentó, ruborizándose ligeramente al recordar cómo había reaccionado –Pero…Es que no lo esperaba…Es decir, fuiste el segundo del grupo en comprar revistas porno…- Arthur abrió los ojos desmesuradamente a la vez que Victoria emitía alguna que otra risilla al ver la cara que había puesto.

-¿¡P-Por qué tienes que recordar eso!?-Le gritó el inglés, completamente avergonzado.

-Recuerdo que la encontré por error…- Siguió narrando la chica-Francis, Mattie y yo íbamos a gastarte una broma ¿Te acuerdas? Ji ji. Íbamos a meter una rana en tu mochila pero en su lugar, encontramos aquella revista…

Arthur bufó.

-E-Esa estúpida frog…-Maldijo el rubio por lo bajo. Victoria obviamente se dio cuenta de que se refería al francés-Q-Que comprara aquella revista, no significaba que…Que no fuera…-Victoria alzó una ceja y sonrió burlona, la muy desgraciada quería que lo dijera en voz alta.

-Qué no fueras… ¿Qué?

-Que no fuera gay, Bloody hell.

Victoria sonrió.

-Ahí te doy la razón-La sureña se dio por satisfecha con aquello y envolvió sus manos con las de Arthur, intentándole dar apoyo. Nunca fue tan buena con los gestos como con las palabras, pero por algo se tenía que empezar-Mira a Francis por ejemplo. Él fue el primero en comprar aquel tipo de revistas…Aunque fue más que por curiosidad que por perversión, no te creas-Hizo una pausa ante la mirada incrédula de su amigo ¡Ni que su primo fuera un violador de las fiestas!-Pero, mírale, hace varios años nos confesó al grupo que era bisexual y…No pasó nada, lo seguimos tratando como siempre ¿Verdad?-Le guiñó un ojo con una sonrisa alegre y confiada-Así que, que sepas que pase lo que pase, siempre vas a poder confiar en nosotros, en mi ¿Sí?

Arthur le dedicó una mirada inquisidora a la morena. Ahora entendía porque le había soltado todo aquello.

-Yo intenté decíroslo, de verdad…Pero entiéndeme-Arthur desvió la mirada, algo apenado. Se preguntó cuándo había dejado de tener tanta confianza con sus amigos de toda la vida-…Él vive conmigo en mi casa, y están mis padres…Y Alfred prefirió que lo mantuviésemos en secreto, por el momento. En parte lo entendí, así que no le dije nada…Pero, todo se complicó cuando empezaron los enfrentamientos con Ivan.

Victoria guardó silencio, esperando que el rubio continuara con la historia. Ella solo conocía los hechos del año pasado a través de palabras, necesitaba conocer todas las versiones de sus amigos para saber qué era lo que había ocurrido realmente y sacar una conclusión propia. Ella era un año menor que todos los demás, así que no había presenciado ninguno de los sucesos que tanto marcaron al grupo en su primer año de preparatoria para, de alguna forma, separarlos. Al menos, emocionalmente.

-Él estaba de guerras con Ivan por aquel entonces, ya lo sabes-Prosiguió el inglés- Él se presentó a las elecciones de la presidencia estudiantil y Alfred no podía permitírselo. Ambos comenzamos a sacar sus trapos sucios y al final…Todo estalló en una pelea.

Victoria volvió a removerse en su asiento, algo incómoda. Era ciertamente una cotilla, sí, pero sabía que aquel tema era bastante incómodo para ambos. Sin embargo, si quería conocer la verdad, tenían que ser aclaradas todas sus dudas. Se atrevió a preguntar de nuevo.

-Entonces…Exactamente… ¿Qué pasó para qué tú y él os peleaseis? El cierre del club de baloncesto fue el detonante pero…

-Si es bien cierto que lo fue-Le cortó Arthur-Pero hubo mucho más detrás de todo aquello. Sufrí muchos desplantes por parte de Alfred; llegó un punto en el que quedé a segundo plano-Bufó, recordar aquello realmente le molestaba-Tuve muchos problemas por su culpa, incluso con Ivan, y con otras personas…Pero lo del Club del baloncesto fue la gota que colmó el vaso. No pude soportarlo. No más-Concluyó.

-Arthur…

-Me sentí menospreciado-Volvió a cortar a la sureña-Jamás pensé que me sentiría de aquella forma por su culpa, pero…Al igual que todos los demás, él también tuvo que dejarme de lado.

-P-Pero…-Por mucho que quisiera replicar, ella tenía que admitir que entendía perfectamente cómo se sentía su amigo. Sentirse infravalorado por ser distinto, ser juzgado sin motivo aparente. Y cuando por un instante sientes que alguien es capaz de entenderte, te deja abandonado en la estacada. Ella lo sabía y, aunque fuera especialmente parlanchina y tuviera un don excepcional con las palabras, no fue capaz de articular frase alguna en aquella ocasión.

-Victoria-Se levantó de su asiento, mirando a la morena a los ojos y dedicándole una sonrisa triste-Este no es el mejor lugar para hablar de esto, además-Echó un breve vistazo a su alrededor-Tú tienes que seguir trabajando.

El inglés intercambió una breve mirada con Vladimir quién se encontraba bebiendo un zumo en compañía de otras maids del local. Éste le sonrió y pagó su consumición, la mirada de su amigo le bastó para saber que la conversación por la sureña se había dado por acabada.

Arthur avanzó varios pasos hasta la salida pero fue detenido por Victoria, quién lo agarró de la manga, intentando retenerle.

-Artie…-La sureña conocía al dedillo el carácter de su amigo, sabía que aquello le afectaba más de lo que mostraba realmente. Siempre había sido de aquella forma, reservado y hermético. Podía llegar a mostrar sus sentimientos en contadas ocasiones, pero no mostraba los que realmente podía llegar a afectarle de manera significativa -… ¿Sigues…Enamorado de Alfred verdad?

Arthur no se giró para contestarle. No se atrevió si quiera a mirarle a los ojos.

-Eso ya no importa-Atinó a decir, zafándose del agarre de la chica y llevándose a Vladimir consigo afuera del café a rastras sin mirar atrás, aún sabiendo que por mucho que huyera de Alfred, por mucho que huyera de Victoria, por mucho que huyera de la cruda realidad…Jamás sería capaz de huir de sí mismo, ni de aparentar para siempre que todo estaba bien.


-¡Oye!-Le gritó Vladimir una vez abandonaron el local. Arthur iba unos pasos por delante de él, con el rostro completamente hundido en su chaquetón azul, frustrado, enfadado consigo mismo. No tenía ganas de hablar de nada ni con nadie-¡Veo que la morena te ha abierto el álbum de recuerdos!-Dijo a modo de broma, sin embargo no pareció causar efecto en Arthur-…Oye…

-Déjame-Le espetó el inglés.

-Arthur…

-¡Qué me dejes!

El rumano agarró del brazo al inglés y le obligó a mirarle a los ojos.

-A las personas se les mira cuando se les hablan, inglesito.

-¡Suéltame!-Le gritó al moreno, intentando librarse de él.

-¿Hasta cuándo vas a seguir huyendo? ¿Eh?-Vladimir estaba visiblemente preocupado y, quizás un poco enojado con su amigo. Se estaba enredando en nimiedades y complicándose la vida innecesariamente ¿Es que acaso no era capaz de verlo?-¿Hasta cuándo vas a estar evadiéndote de la realidad?

Arthur negó con la cabeza.

-Yo no estoy huyendo.

-¿Y entonces qué es lo que estás haciendo?

El inglés no supo que contestarle en ese momento. Quedó estático y se frustró aún más consigo mismo. Quiso patalear, gritar, apalear a Vladimir…Quiso hacer tantas cosas pero no fue capaz de moverse; se sintió impotente. Impotente como recordó haberse sentido cientos de veces como cuando era niño. Un Sentimiento del que no sería capaz de zafarse hasta que no se levantara y enfrentara a sus propios miedos.

¿Cómo había vuelto a convertirse en aquella persona que juró no volver a ser jamás?


-¡Aparta enano!-Una mano empujó a Arthur de improviso a la par que le hacía perder el equilibrio y caer al suelo, ensuciándose con el barro que se había formado por una lluvia anterior-¿Es que acaso no oyes? ¡Vamos a jugar al baloncesto y necesitamos gente alta, no hormiguitas!

El Arthur de nueve años que en el suelo de hallaba oyó como un grupo de niños se reía de él mientras que apretaba los puños, intentando controlar la rabia que le carcomía por dentro. El que le había empujado era aún más fuerte que él, y encima un curso superior. Pensó en asestarle un puñetazo pero al ver la fuerza del mayor y analizar sus posibilidades vio que sería algo imprudente por su parte. Se limitó a callar, como siempre, deseando con todas sus fuerzas que el Karma hiciera algo por él y enviara un rayo que partiera a aquel niño y a todos los que alguna vez osaron hacerle daño.

Sin embargo el rayo nunca llegaba.

-Mierda de mocoso…-Uno de los niños rio entre dientes e intentó propinarle una patada a Arthur, quién aún seguía en el suelo, aprovechándose de que se encontraba indefenso. El inglés sentía que le habían abandonado las fuerzas, la esperanza, inclusive su rabia natural, siendo todos estos sentimientos sustituidos por un pesar que parecía no querer irse nunca. Estaba harto de todo y de todos, de su estatura anormal, de la gente que le rodeaba, de esa impotencia, del cielo negro, del barro, de la gente en general.

Esa maldita gente que aliviaba su dolor causándoselo a los demás.

Sintió el primer golpe en su estómago, haciéndole reprimir un quejido. Calló al suelo, de lado, escondiendo su cabeza para que nadie apreciase que había comenzado a sollozar.

-¡Llora maldito crío! Llama a tu madre ¡Venga!

Una segunda y una tercera patada se sumaron a las anteriores. Arthur no sabía dónde estaba recibiendo aquellos golpes, no sabía si quiera donde se encontraba. A pesar de estar despierto, a pesar de estar consciente, todo su valor y su fuerza andaban perdidos en la deriva de un mar de años luchando contra la enfermedad que le impedía crecer como un niño normal. Que le impedía ser un niño normal.

Decidió esperar al último golpe, como todos los días, a la par que el sonido de un trueno se oía en la lejanía, dando a entender que otra tormenta se avecinaba. Apretó los puños, mordió su labio. Reprimió otro sollozo y esperó con resignación el golpe final.

Pero no llegó.

-¡HEY!

Arthur abrió lentamente los ojos hasta encontrarse con las orbes azules de Alfred, brillantes de rabia, que de algún modo habían logrado calmarle un poco. Tenía cogido por el cuello al chico que anteriormente le había empujado al suelo.

-¿¡Te crees muy guay por pegar a los que son más débiles qué tú!?-Alfred apretó aún más el agarre-Como vuelvas a ponerle un solo dedo a mi primo te juro que te mato… ¿¡Me has oído!?

Soltó al niño, quién calló al suelo y retrocedió al instante, asustado. Los niños se alejaron del lugar, casi corriendo, hasta llegar a la otra punta del colegio, cerca de la canasta de baloncesto. Alfred, al contrario que Arthur, era corpulento, grande y alto, quizás algo fofo debido a su amor por las hamburguesas, sin embargo, eso no le quitaba nada de su fuerza sobrenatural. Miró con asco a los abusones antes de girarse hacia su primo:

-¿Estás bien Arthur?...-Le tendió una mano para ayudarle a levantarse pero éste no la aceptó-¿Por qué no te defendiste?

No hubo respuesta.

-Eh…-Hizo una pausa, intentando pensar la mejor forma de poder dirigirse al inglés-…Mi madre ya me lo contó…Ya sabes, sobre esas pastillas que tomas. Sé que no te gustan pero…Mi mami me dijo que te ayudarán a crecer-Alzó la barbilla de Arthur para obligarle a mirarle a los ojos, sin sorprenderse siquiera de que estuviera llorando-Así que…N-No…N-No llores más…

Arthur suspiró.

-No importa, solo es…-Intentó responder al estadounidense y a la vez, reprimir todas sus lágrimas. Sin embargo, todas las palabras murieron en su boca.

Lo que Arthur no esperaba ver era a Alfred sollozando de la misma forma que él.

-No…No te desanimes Ok?... –Arthur quedó estático, viendo como Alfred contenía las lágrimas, sin entender el porqué de su repentino llanto. El estadounidense entrecortaba sus palabras a la vez que los hipos dominaban su garganta, impidiéndole hablar con normalidad-Yo sé…Yo sé lo que es que te peguen todos los días…Pero tú algún día podrás demostrarles que la altura no lo es todo, al igual que yo…A-Algún día podré… demostrarle al que me pega que…Que no se es más hombre por hacer daño a los demás…

Fue entonces cuando Arthur se dio cuenta de que había algo más aparte de vanas palabras detrás de aquella extraña declaración por parte del estadounidense, algo más oscuro de lo que imaginaba. Sin embargo, él tenía razón, mucha razón.

Pero él no quería demostrárselo a todos algún día. Quería hacerlo en ese mismo momento; necesitaba hacerlo. Una parte de él sentía que si no se lo demostraba a los demás, que si no se lo demostraba a Alfred, que sí no se lo demostraba a si mismo…Acabaría arrepintiéndose por el resto de su vida.

Se levantó, apoyándose en los fuertes hombros de Alfred y se dirigió hacia una pelota que se encontraba tirada en el patio del colegio. Sonrió de medio lado.

La botó dos veces y echó a correr, dejando un rastro de pisadas en la tierra mojada. Corrió a la velocidad del rayo, del rayo que siempre deseó que fulminara a toda la gente que se había interpuesto en su camino para hacerle daño. Ahora él se convertiría en ese rayo, él eliminaría a sus enemigos con tan solo mirarlos. Sería fuerte, se valdría por sí mismo.

Nunca más se rendiría.

A dos metros de la canasta, ante la atenta mirada de los abusones que lo habían maltratado, saltó a la vez que alzaba sus brazos elegantemente en el cielo gris, agarrando con la punta de los dedos la pelota que sostenía entre las manos. La lanzó, no demasiado fuerte, suave, como si fuera una pluma, hacia la canasta donde cruzó de forma limpia el aro sin tan si quiera rozarlo.

La pelota calló al suelo, quedando encajada en un charco de barro, mientras los niños contemplaban el rostro indescifrable de Arthur, quién se dio la media vuelta poco después, llevándose de la mano a Alfred consigo a dentro del colegio.

Unas gotas cayeron del cielo para preceder a otras muchas que se sumaron y provocaron una fuerte lluvia torrencial. Pasaron unos minutos de tenso silencio, solamente siendo roto por el sonido del agua rompiéndose contra el pavimento. Los dos niños se quedaron mirando el paisaje lluvioso y oscuro hasta que el estadounidense se armó de valor y decidió hablar.

-O-Oye, Arthur…

-No le diré a nadie que te vi llorar-Le cortó el ojiverde, a lo que el otro respondió con una sonrisa tímida y a la vez, algo temblorosa-¿Estás bien?

- Lo importante es que tú estés bien, cejotas-Le dijo, recibiendo un pellizco por parte del inglés. Decidió ignorar aquella agresión de su parte e intentó acallar esa mirada preocupada que Arthur reflejaba en sus orbes verdes. Se suponía que era él quién debía ayudarle y no al revés-Arthur…

El inglés apretó aún más la mano de Alfred con la suya.

-¿De verdad qué estás bien?

Alfred le sonrió, enlazando sus dedos con los de Arthur.

-No hay problema alguno Artie...No hay problema alguno.


Arthur echó un breve vistazo al gimnasio de la academia W antes de dirigirse a su clase de informática, en donde pasaría otros mortificantes sesenta minutos hasta que llegara la hora de recreo. Suspiró, liberando todo el aire que contenían sus pulmones, quizás más de lo necesario. Las pruebas del club de baloncesto se celebrarían en la media hora siguiente, pruebas que, quizás, le brindasen la oportunidad de formar parte de dicho club y jugar en un equipo de verdad por primera vez en su vida. Había probado años atrás a presentarse al club del instituto, pero se habían negado a darle una oportunidad solo por medir un metro cincuenta y ocho de altura.

"¿No estás diciendo que quieres presentarte a las pruebas? ¿Tú?"

"¡Si, hell! Yo también tengo el derecho a participar"

"¿Pretendes que le demos la oportunidad a un enano como tú que solo sabría estorbar?"

"¡Lárgate mocoso! Y deja paso a los hombres de verdad"

"¡Maldita sea, dejadme participar!"

"A ver niñato, que te hemos dicho que no"

"¡Fuera inglesito!"

"¡Desgraciados! Algún día lo pagaréis… ¡Y os demostraré que no solo la altura es lo que cuenta! ¡Lo juro!"

Veinte centímetros eran la frontera que separaban sus más anhelados sueños de su golpeante e irritante realidad.

Esta vez no ocurriría lo mismo, estaba decidido. No iba a acobardarse nunca más.

-Esta vez es la definitiva…-Se dijo a sí mismo.

-¿Qué es la definitiva?-Dijo una voz detrás suya con un notable acento francés

Arthur controló el gritito nada masculino que estuvo a punto de escapar de sus cuerdas vocales.

-Shit!-Gritó Arthur, sobresaltándose-¡Francis me asustaste!

-Pardonnez-moi, petit gars-Se disculpó el francés. Amaba chinchar a Arthur desde que tenía uso de razón. Rencillas anglo-francesas como decía su abuela-… ¿Vas a probar suerte en el club de baloncesto?

-Por supuesto que sí ¿Por quién me tomas, ranucha?

Francis sonrió.

-Por un inglés cejudo que siempre consigue todo lo que se propone-Le golpeó la espalda amistosamente y se dio media vuelta, saludando con la mano a su amigo español Antonio, quién le esperaba en la otra punta de los pasillos-Me tengo que ir, mon cher anglais. Nos vemos.

Arthur le dedicó una mirada antes de marcharse hasta su clase, a donde llegó justo a tiempo, en punto, como todo caballero inglés que se precie. Se sentó en su mesa y aguardó a que Alfred llegara, como siempre, cinco minutos tarde. Suspiró.

-Alfred Jones-Dijo con cierto pesar la belga cuando abrió la puerta de clases-Llegas tarde…De nuevo-Ironizó, pero sin perder su sonrisa gatuna.

Y así era siempre. Cinco minutos después del comienzo de las clases, la profesora Emma abría la puerta a un Alfred acalorado por la carrera que se había pegado para llegar a tiempo por una vez, sin éxito.

-Que no vuelva a pasar-Le dijo la profesora con una sonrisa, a sabiendas de que al día siguiente volvería a pasar lo mismo.

Alfred asintió, sentándose al lado de Arthur y sacando todo el material de su mochila, preparando todo para recibir las lecciones de informática del día. Emma dio comienzo a la clase con una serie de diapositivas interminables que, a más de uno hicieron caer en brazos de Morfeo.

-¿Siempre vas a tener qué hacer lo mismo?-Ironizó Arthur.

El aludido sonrió.

-Nah, no siempre…-Le dijo en tono de broma-El día que cierren el Burger King quizás llegue pronto. Hahaha-Añadió su característica risa por lo bajo.

-Idiot.

La belga seguía exponiendo a la clase mientras los pocos alumnos a los que les importaba aprobar, copiaban todo lo que se reflejaba en la pantalla. Otros, simplemente, se esforzaban por estar despiertos.

-Por cierto…-Alfred se acercó a la oreja de Arthur para susurrarle algo sin que su profesora pudiera percatarse de su cuchicheo- ¿Vas a apuntarte a las pruebas de baloncesto?

-Por supuesto-Le contestó, intentando aparentar seguridad.

-¿Estás nervioso?

-Para nada.

-Ya.

-¡T-Te he dicho que no lo estoy, bloody hell!-Subió un poco más el tono, exasperado. Él ya sabía perfectamente que se encontraba nervioso ¡No le hacía falta que nadie se lo recordara!

Sonó un carraspeo ajeno a ellos dos.

-¡Ejem!- La belga lanzó una tiza al pupitre de Arthur, sobresaltando al inglés, al igual que a Alfred. Su rostro mostraba una risilla alegre con un ligero tembleque, algo que significaba que su paciencia estaba llegando a su fin, aunque tampoco iban a esperar para comprobarlo-¿Tienen algo que quieran compartir con la clase?

-N-No profesora…Lo sentimos-Se disculpó Arthur por los dos, dedicándole a su primo una mirada asesina.

La clase transcurrió normal después de aquello, entre apuntes y datos sobre los distintos tipos de etiquetas en los documentos HTML. Emma era una profesora tanto lista como guapa, además de joven, aunque era recomendable no enojarla, ya que a pesar de su apariencia serena podía llegar a ser una auténtica fiera. Arthur lo sabía, a pesar de solamente llevar un mes de su primer año en la academia W, le había sobrado tiempo para averiguar eso y muchas cosas más.

Las clases acabaron con el sonido celestial del timbre, anunciando el recreo. Todos los estudiantes salieron en masa al patio o al comedor, al igual que Alfred, quién arrastró a Arthur consigo hasta llegar al gimnasio, donde se encontraba la cancha de baloncesto.

-¡Corre gandul, que ya no falta nada! HAHAHA-Gritó a la vez que se acercaban al gimnasio. Arthur se encontraba más nervioso de lo que en verdad aparentaba, pero debía disimular y mantener la calma. Si se dejaba arrastrar por los nervios acabaría perdiendo, y no estaba dispuesto a perder una oportunidad como aquella.

Sin embargo no pudo evitar sentir cierto pánico al ver a los candidatos a las pruebas, todos tan altos…Demasiado.

Le dio un puñetazo a Alfred en el brazo, intentando desquitar algo de su nerviosismo en él.

-¡No hacía falta que me arrastraras como si fuera un…-Le gritó el inglés al mismo tiempo que su tono de voz disminuía-…Perro…-Francis y Matthew le saludaban con la mano al mismo tiempo que se acercaban a él, con una sonrisilla en los labios-¿¡Q-Qué hacéis aquí!?

-Hemos venido a apoyarte maple-Le dijo o, más bien susurró Matthew con aquella melosa e imperceptible voz que le caracterizaba.

-¡Claro que sí, mon ami! Vamos a ver a nuestro inglés dándole a la pelotita-Francis volvió a reír con aquella risa pervertida.

-¿Dónde dejaste a ese amigo español tuyo? Rana.

-Lo dejé en buenas manos-Le contestó, señalando al otro lado del patio, donde Antonio charlaba amigable con un Lovino más alegre de lo normal- Ohonhonhon

Arthur suspiró.

-Vosotros…

-¡Venga Artie! Alegra esa cara-Alfred le removió el pelo como si fuera un perro y le sonrió de oreja a oreja, fijando sus ojos en los suyos, ese color zafiro que tanto le tranquilizaba y encandilaba al mismo tiempo, desde que eran niños-¡Vas a ser el Michael Jordan de W!

El estadounidense arrastró de nuevo a Arthur a dentro del gimnasio, seguido de Matthew y Francis. Las instalaciones eran inmensas, rodeadas de gradas donde la gente se sentaba en los partidos importantes. Varias chicas se situaban allí mirando a los chicos que se encontraban haciendo estiramientos, también candidatos a jugadores del equipo y, casi todos ellos altos y musculosos, como Arthur había apreciado antes de entrar al gimnasio.

-Venga-Alfred empujó a Arthur hacia las gradas, donde un hombre corpulento y moreno daba instrucciones a todos los presentados a las pruebas- Ánimo. Demuéstrales que la altura no lo es todo.

Arthur asintió, siendo calmado de nuevo por aquellas orbes azules y sus palabras de aliento. Caminó hasta llegar a donde se encontraban la fila de candidatos mientras Alfred, Francis y Matthew se sentaban en las gradas a observar la prueba. El hombre moreno que se presentó antes ellos como Jorge Luis Núñez de Villavicencio, actual capitán del equipo de baloncesto, quién se encargaba de reclutar los nuevos jugadores como último miembro restante en el equipo, ya que los anteriores integrantes del equipo se habían graduado y se encontraban ahora en la universidad.

- ¿Estáis todos?-Esperó una respuesta pero solo recibió un silencio en el que se palpaba una tensión mezclada con emoción-Vale, parece que si… ¡Bien! vamos a comenzar esto…-Dijo Jorge Luis con voz grave-Mi nombre es Jorge Luis, pero me llamaréis capitán a partir de ahora. Amo el baloncesto desde que era un niño en una playa de cuba, así que le tengo pasión al deporte, por lo que no aceptaré ninguna gilipollez de vuestra parte.

Algunos candidatos se miraron de soslayo. El cubano tenía pinta de no estar mintiendo, por lo que prefirieron dejarse de tonterías e ir en serio. No querían que el tipo en cuestión les rompiese las piernas.

-La prueba-Continuó el moreno-Consistirá en un uno contra uno. Todos vosotros tendréis que véroslas conmigo y tratar de encestar en la canasta que yo defenderé, y ahí veré si estáis preparados o no para entrar al club… ¿Alguna duda?

-¡Yo!-Dijo, aunque más bien fue un grito, procedente de un chico alto, rubio, con el pelo en cresta y de ojos azules-¿Cuánto cobramos por partido?- El rubio fue acallado inmediatamente por otro de más baja estatura, quién le pegó un puñetazo en el estómago-¡Ay! Eso me dolió Lukas…

-Idiota-Masculló el llamado Lukas mientras bufaba.

Jorge Luis carraspeó.

-En fin…Veo que no hay preguntas…Serias ¡Así que den comienzo las pruebas del club de baloncesto!

Todos los aspirantes se pusieron en fila para enfrentarse en un uno contra uno al moreno, quién a pesar de no ser tan alto como un poste de teléfono, era ágil y corpulento, lo cual era idóneo cuando se debía defender canasta en un partido complicado. Jorge Luis movía los pies de manera espectacular y nunca sabías por dónde podía atacarte, siempre aprovechando la incertidumbre del contrincante para arrebatarte el balón y dirigirse a tu canasta y anotar puntos a su favor y en contra tuya.

Los aspirantes fueron siendo eliminados rápidamente, muchos de ellos no eran capaces de dar la talla ni superar el gran manejo del balón del cubano, a pesar de que ser superiores en altura a él. Como Alfred solía decirle a Arthur, la altura no lo es todo, y el baloncesto no era la excepción.

Solamente dos consiguieron entrar a canasta y superar el reto del cubano: Lukas Bondevik y Mathias Køhler, aquel dúo extraño de antes.

-¡Buen trabajo!-Le dijo al último aspirante con el que había terminado en dos minutos- ¿Quién es el siguiente?

Todos señalaron al último participante que quedaba, quién se hallaba detrás de todos los demás. Arthur Kirkland, tranquilo por fuera pero tembloroso por dentro, avanzó a paso lento hasta encararse con el moreno. Éste le sonrió, confiado.

-Vaya vaya, que tenemos aquí… ¿Te has perdido, pequeñajo?-Le dijo en un tono socarrón-El colegio está en la dirección opuesta a la academia W ¿eh?

Se oyeron unas risas burlonas por parte del resto de los aspirantes, quienes observaban la escena, divertidos de ver cómo Arthur iba a ser aplastado por el cubano. Sin embargo, para sorpresa de los demás, Arthur sonrió altivo, sin bajar la cabeza en ningún momento.

-¿Qué pasa?-El inglés estaba nervioso, mucho, pero no iba a mostrarlo, menos delante de aquellos panolis-¿Tienes miedo de que el pequeñajo te gane?

Jorge Luis carcajeó, divertido.

-¡Muy buena esa!-Le dijo entre risas-Veamos qué sabes hacer.

El cubano le lanzó un balón que el inglés tomó al vuelo, botó varias veces el balón y jugó con él para relajar la tensión que en su cuerpo acumulaba.

Se movió de lado, esquivando al cubano con dificultad pues él era muy buen bloqueador. Corrió en círculos y rodó sobre sí mismo mientras Jorge Luis se cernía sobre él para quitarle el balón. Por muy rápido que el moreno corriera, no podía superar la agilidad de Arthur, lo cual era consecuencia de su cuerpo menudo pero bien formado. Quizás la altura fuera algo importante para el deporte del baloncesto, pero no imprescindible.

-No está mal…-Le dijo mientras acaparaba al inglés con sus dos enormes y morenos brazos.

-Aún no has visto nada-Le contestó Arthur moviéndose ágilmente hacia canasta contraria.

Iba a demostrar de una vez que no importaba ser bajo, no importaba ser más bajo que los demás, él era tan normal como cualquiera pero, a la vez, mucho más especial.

Y mucho mejor que ellos.

Alzó los brazos hacia el techo e intentó lanzar el balón a canasta, sin embargo, antes de realizar el movimiento el balón le fue robado por el cubano en un descuido del inglés.

-Nunca te confíes, enano.

Arthur bufó y corrió detrás de él en dirección a su propia canasta. Se impulsó sobre sus pies y a zancadas alcanzó a Jorge Luis, encarándose con él y intercambiando un par de mirabas dubitativas, intentando planear sus próximos movimientos y adivinar los del otro. Todo eso en menos de dos segundos.

El moreno alzó las manos al aire y lanzó el balón hacia canasta. Arthur se impulsó lo mayor posible y consiguió, para sorpresa de todos, rozar el balón con la punta de los dedos y desviarlo hacia el suelo para rápidamente, volver a tomarlo y dirigirse a la canasta de Jorge Luis. Este sonrió, incrédulo y a la vez feliz de haber encontrado tan buen contrincante con el que competir.

El inglés corrió mientras Jorge Luis le pisaba los talones. Retrocedió y giró sobre sí mismo de nuevo, volviendo a esquivar a su contrincante, esta vez, teniendo un enorme cuidado de que no volvieran a robarle el balón. Llegó a un punto de la cancha y, a dos metros de canasta, saltó rápidamente, agarrando con la punta de los dedos el balón para lanzarlo a la mayor distancia posible.

El balón rodó por el aro lentamente, a cámara lenta para los que se encontraban contemplando aquel espectáculo. Por un instante pareció que iba a caer dentro, por otro pareció que iba a caer fuera…Rodó y rodó hasta que en un tras pies el balón calló a fuera de canasta, sin llegar a cumplir el objetivo de la prueba. El balón calló al suelo más bien como un sonido hueco para Arthur. Pareció abrirse un agujero profundo sobre él, que lo absorbía en un pesar y una desilusión difícilmente pasable.

Se oyeron varias risas provenientes de los aspirantes vencidos. Arthur se abstuvo de arrancarles la cabeza a todos o bombardearles a maldiciones. No serviría de nada.

-Inglesito-Jorge Luis posó un brazo sobre el hombro del inglés, con una sonrisa de oreja a oreja-No está mal…No ha estado nada mal.

-¡Pero ha perdido!-Gritó uno de los chicos-Por pitufo.

Un estallido de risas sonó poco después, siendo acallados por la mirada asesina del cubano que segundos después les dirigió. Sin embargo, aunque las risas acabaron después de aquello el revuelo volvió a escena cuando Alfred, rabioso de furia, agarró por el cuello al tipo que segundos antes se había burlado del inglés.

-¡Repite eso, niñato!-Le espetó rojo de rabia-¡No tienes huevos para repetirlo! ¡Al menos él ya ha conseguido mucho más de lo que vosotros podréis conseguir contra él!-Señaló al cubano.

-Cierto es-Se introdujo en la conversación, intentando limar las asperezas -Por eso no voy a permitir que, a pesar de que sea un enano, se le critique de la manera con la que le estáis tratando. Es un pitufo sí, pero es un pitufo rápido y listo, perfecto para el puesto de escolta.

Hubo unos minutos de silencio, Arthur no podía creerse lo que estaba oyendo. Muchos menos los que antes habían osado burlarse de él.

-… ¿Qué?-Preguntó, incrédulo-…¿Qué acaba de decir?

-Que eres perfecto para el puesto de escolta-Aclaró-Estás dentro, enano.

Los ojos verdes de Arthur brillaron como chirivías y una sonrisa de medio lado asomó a sus labios involuntariamente. El cubano sonrió, dirigiendo ahora su mirada a Alfred, quién aún tenía cogido por el cuello al muchacho de antes.

-Y tú...-Posó una mano en su espalda y le dio varias palmadas-Eres rápido. No te vi llegar hasta el pillastre este-Señaló al chico al que Alfred aún tenía por el cuello-Ni cogerlo por el cuello. Además estás fortachón…Aunque un poco fofo.

-¡No estoy fofo! Solo soy de huesos anchos.

-Y hamburgueseros-Añadió un inusual bromista Arthur, acercándose a él.

-¿¡Tú de qué lado estás!?-Alfred hinchó los mofletes e hizo un puchero.

-De todos modos-Se volvió a entrometer Jorge Luis-Aunque estés algo "hamburguesero" eso no interfiere en tu fuerza o en tu agilidad. A parte eres alto…Serías un excelente Ala-Pívot.

Otro silencio expectante volvió a inundar la sala, siendo roto al instante por gritos ahogados y cuchilleos chirriantes de las féminas que cotilleaban por la cancha.

-¿Q-Qué?-Preguntó, más bien enfatizó Alfred sin enterarse de que quería decir con eso.

-Eres justamente lo que andaba buscando, yanqui hamburguesero.

-¡P-Pero si yo no sé de baloncesto! Solo fútbol americano-Se quejó el estadounidense, soltando al chico del cuello y haciéndole caer al suelo.

-Pues te enseñas.

-Pero…-Intentó protestar, pero el moreno no aceptaba un no por respuesta.

-¡Pero na'!-Le cortó el cubano, riendo como un poseso-Tú también estás dentro.

-¡Pero capitán!-Le gritaron varios de los chicos que habían fracasado en la prueba-¡El tío ese no ha hecho la prueba, y el enano ni si quiera ha encestado!

Jorge Luis bufó.

-La prueba no era solo superarme. La prueba era enseñarme que era lo que sabíais hacer, mostrarme vuestro espíritu de superación, vuestra fuerza-Volvió a bufar, esta vez más molesto-Pero vosotros sois una pandilla de inútiles que no sabíais manejar un balón ¿De qué me sirve que seáis altos como postes de teléfono si luego no sabéis jugar?

Los chicos callaron avergonzados, algunos bajaron la cabeza sin atreverse a mirar a las orbes castañas del cubano. Arthur miraba a Jorge Luis estupefacto, sin saber muy bien que decir. Ahora que su sueño se había cumplido todas las palabras y los gritos de júbilo habían quedado atrapadas en su garganta. Por otra parte, Alfred no sabía en donde meterse, le gustaban los deportes sí, pero nunca había jugado al baloncesto, menos de forma profesional.

De pronto Arthur volvió a la realidad. Quizás todos volvieron a la realidad. Comenzó a saltar eufórico mientras que Matthew y Francis se lanzaban a por ellos para abrazarlos y darles la enhorabuena.

-¡Estamos dentro, Alfred! ¡Y juntos!-Le gritó, agarrándole de los brazos y con una mirada brillante y alegre-¡Lo hemos conseguido!

Alfred no sabía como se había metido en ese lío, todo había surgido de forma natural y no se enteró de en que momento el rumbo de las cosas había tomado un camino distinto. El baloncesto nunca le había llamado tanto la atención, pero sin embargo, no podía negarse a Arthur al verle tan feliz y enérgico.

-No, lo conseguiste tú Arthur-Le sonrió-¿Ves? Te dije que la altura no lo es todo. Al final has podido demostrárselo a todos.

No supo porqué o en que momento Arthur había comenzado a sonrojarse por aquellas palabras por parte de su primo. Intentó controlar su sonrojo y lo achacó a la euforia del momento y no a cualquier otra cosa.

-¡Lo sabía! ¡Lo habéis conseguido, chicos!-Matthew gritaba todo lo que su vocecilla le permitía.

-Bien hecho, mes amis-Francis les acarició el pelo a ambos con ese cariño que solamente un "hermano mayor" era capaz de mostrar. Se sentía orgulloso de sus amigos, casi tanto como si fuera su padre.

-Pero…-Se atrevió a hablar uno de los chicos aspirantes, dirigiéndose a Jorge Luis-Capitán, ¿Y los puestos de base y altero?

El cubano dibujó una sonrisa altanera en los labios y se cruzó de brazos.

-Desde luego para vosotros-Los señaló-No va a ha ser, sois malísimos-Suspiró, girándose hacia el banquillo donde el rubio de la cresta y el rubio más bajo observaban la escena sin atreverse a intervenir. O más bien no les apetecía discutir con nadie-El de la cresta ocupará el puesto de altanero, y el otro será base.

-¿¡Nosotros!?-Chilló el de la cresta-¿¡Has oído Lukas!? ¡Estamos dentro!

-No hagas tanto escándalo Mathias, joder-Le espetó Lukas, con una ligera sonrisa en el rostro que trató de disimular, aunque sin éxito.

-¡De acuerdo!-Jorge Luis dio varias palmas y reprimió un bostezo-¡El yonqui, el pitufo, el de la cresta y la lapa de la cresta dentro! ¡El resto de los aspirantes... Fuera!


El sonido de la ducha podía escucharse desde el fondo del pasillo. Alfred jugaba a un juego de su teléfono móvil mientras esperaba a que Matthew terminara de ducharse. Era gracioso escucharle cantar aquellas canciones en su francés mal pronunciado, sobretodo desde la ducha. Le recordaba a cuando su madre les cantaba aquellas nanas por las noches con aquella voz capaz de hacerte arrancar los oídos de un tirón pues, el canto nunca fue lo suyo. Matthew había heredado su misma voz, y sin embargo, escucharla se le hacía entretenido y a la vez insufrible…

En momentos como aquellos, echaba de menos a alguien con quién compartir lo mucho que echaba de menos a su madre.

Antes tenía a Arthur, pero ahora…

Negó con la cabeza y se centró en el juego de su teléfono móvil. No podía evitar pensar en aquella soledad que se cernía sobre él pero si seguía haciéndolo acabaría por deprimirse y al final, preocuparía a su tía Brigitte, y eso era lo que menos quería.

Su vida era tan distinta de como era el año pasado y a la vez, tan igual. Ahora tenía muchos más amigos; Gretchen, Amalea, Kiku y Feliciano, había fundado el club de los héroes del silencio, como ocho años atrás lo había hecho una personita muy especial…Pero había perdido el club de baloncesto. Y había perdido a Arthur.

Maldición, había perdido a la persona que más le importaba.

Escuchó los pasos de Arthur subiendo por las escaleras y se tensó como una barra de metal. Se encontró con sus ojos verdes y desvió la mirada. Quería hacer las paces con él, quería arreglar las cosas…Aunque no sabía si quería volver al mismo punto al que habían llegado. Una parte de él quería ir y abalanzarse sobre él, disculparse y no soltarle jamás…Otra parte se empeñaba en mantener silencio y no intercambiar palabra alguna con él sobre el asunto.

Y no era solo orgullo, era miedo. Un miedo disfrazado de orgullo, miedo a fastidiarla de nuevo, a distanciarse aún más de él.

Se arrinconó en el rincón con su móvil y esperó a que Arthur cruzase el pasillo como todos los días, para encerrarse en su habitación y escuchar bandas de rock a mansalva. Eso esperó, pues de enseguida su mente quedó en blanco cuando encontró los ojos de Arthur clavados en los suyos. El inglés se apresuró a llegar a su altura y agarró los brazos de Alfred con violencia, empotrándolo contra la pared. El móvil cayó el suelo y Arthur acercó su rostro al de Alfred, con un visible enfado que podía entreverse entre sus peludas cejas.

-¿Qué le has estado diciendo a todos?-Le gritó, apretando aún más el agarre.

-...¿Qué?...-Fue lo único que Alfred pudo pronunciar. Estaba estupefacto.

-¡No te hagas el imbécil!-Volvió a gritar, sin poder disimular el rojizo brillo que sus mejillas estaban tomando-Victoria, Francis y Matthew, a ellos. No sabían la verdadera versión y quedé como el malo.

-Y-Yo no he dicho nada malo tuyo Arthur...-Le contestó, recuperándose del shock-Solo dije lo que pasó...O-Omitiendo algunos detalles...

Arthur acercó su rostro aún más al del estadounidense.

-Detalles que relataban la verdadera razón de nuestra pelea-El inglés bajó un poco más el tono-Lo nuestro.

Un escalofrío y un ligero rubor recorrieron a Alfred por completo. Se sentía completamente desarmado, indefenso. Llevaba demasiado tiempo sin estar tan cerca de él, y el sentir su aliento en la nuca solo lograba ponerlo aún más de los nervios.

-Arthur, escúchame...

-No, escúchame tú porque no voy a volver a repetirlo-Le cortó el inglés. Su mirada pasó de rabiosa a dolida, aunque jamás mostraría aquel sentimiento de debilidad, mucho menos a Alfred. Aquel que hace nueve años le defendió en aquel patio del colegio, cuando creyó que no podría levantarse nunca jamás. Aquel que se encaró a los niños que siempre le agredían y le dio las fuerzas necesarias para levantarse y enfrentarse a todo lo que se le pusiera por delante-...No me hables, no hables de mi, ni de nuestra amistad...Ni de lo que alguna vez hubo pasado entre nosotros.

-No, Arthur-Alfred intentó persuadirle pero no podía moverse, Arthur aún le tenía cogido los las muñecas y, aunque el agarre de éste ya no era tan fuerte, no conseguía encontrar las fuerzas suficientes para poder librarse de él-Espera, please...

Arthur soltó el agarre y se dio la media vuelta. Arthur reprimió un suspiro de rabia mezclada con pena y caminó unos pasos en dirección a su habitación, seguido de Alfred quién intentó detenerle. El orgullo dominaba a Arthur a la vez que a Alfred le arrollaba un sentimiento de miedo que le impedía actuar, moverse, pensar si quiera.

Sentía que todo se estaba derrumbando, que lo estaba perdiendo todo.

-Olvida que existo...-Sentenció el inglés, sintiendo ambos que después de aquello ya nada volvería a ser lo mismo-Al igual que yo también olvidaré que existes.


Notitas:¡Y maaaaaaaaaaatenme! :,D Dios no saben cuánto me ha costado acabar este capítulo, es decir, mi cabeza es lo más pesimista y mortificante que existe, y de repente me inundó un sentimiento de inferioridad bestial cuando comparaba algún escrito que me gustara con lo que yo escribía, sentí que escribía mal y que mis historias eran raras y entre otras cosas he tardado más de lo esperado. Por estas cosas quizás siempre tarde algo en subir los caps, así que no me odien ni nada, ya bastante odia mi cerebro a mi persona (?) No es bueno juzgarse tanto, eso se los digo, pero yo no puedo evitarlo, criticarme a mí misma y sentirme mal porque quiero buscar una perfección que en realidad no sé si algún día pueda lograr...En fin, me disculpo por mi tardanza y mi mediocridad. ¡Espero que os haya gustado! ¡Y Toño salió! Muy poco, pero salió (?) Espero que hayáis entendido algo más del pasado de Alfred y Arthur, y para que entendáis algunas cosas más, os dejo unas pequeñas líneas de curiosidades para los huecos de la historia que no hayáis entendido:

*Victoria y Francis son primos, la madres de éstos son amigas de la infancia de Brigitte, la madre de Arthur y también de Rosemary, que era la madre de Alfred y Matthew. Por esto esos cuatro se conocen.

*Rosemary y Brigitte son hermanas. Lorraine es la madre de Francis.

*Gretchen sufre de sociofobia. Pasó los dos últimos años encerrada, por lo que es la mayor del grupo de los héroes del silencio (19 años)

*Alfred y Matthew son huérfanos.

*Arthur sufre una deficiencia de la hormona del crecimiento, lo cual le

¡Me despido! Cualquier review o fav siempre es bien recibido y me alienta a mejorar y seguir escribiendo, así que eso, nos vemos en el próximo cap.

¡Au revoir!