~Capítulo 9: Héroes al rescate~
No supo si en aquel entonces el germano había cortado la llamada, o seguía esperando una respuesta al otro lado de la línea. Lo único que Gretchen Zwingli pudo oír en aquellos instantes, fue un pitido ensordecedor que se hizo eco entre las paredes de su mente. Trató de encontrar sentido a las palabras de Gilbert, las cuales habían sido perfectamente claras…Y a las que a la vez, su razón no encontraba ningún sentido.
En serio, pensó por un instante que había quedado sorda por algún extraño motivo, puesto que no era capaz de escuchar nada más que el eco de las últimas palabras del albino.
Abrió los ojos tanto como pudo, mientras trataba de asimilar sus palabras, sintiendo un fuerte temblor en las manos, que casi le hace tirar el teléfono al suelo. Poco a poco, se fue recuperado de aquella conmoción, volviendo a la realidad, la cual ahora parecía ser más un escenario de ficción.
¿Gilbert? ¿Gilbert en el Club de los Héroes de Silencio?
¿Qué?
-…Debes de estar de broma-Pronunció al fin, con un leve asomo de tembleque en su voz. Oyó una risilla al otro lado de la línea, y Gretchen frunció el ceño. ¡Aquello era algo muy serio como para andarse con chiquillas! Y aun así, no era capaz de asimilar del todo aquellas palabras tan simples.
Tan simples que a su entendimiento se tornaban confusas…
-Veo que te ha costado lo tuyo asimilarlo, rubia.-Dijo con tono burlón, a lo que Gretchen contestó con un leve bufido, haciendo que le resultara aún más divertida la situación. Carraspeó, a sabiendas de que la menor podía llegar a ser casi tan seria como su hermano en determinadas situaciones, y decidió comportarse como el adulto que era.-…Va, va…-Suspiró-Ahora en serio, lo que te estoy diciendo es completamente cierto…Hace ocho años, pertenecí a un grupo con ese nombre. No sé si sabrás muy bien cuáles son los ideales de…
-Sí que lo sé-Susurra con la voz ronca, cortando el parloteo del germano-…Lo sé muy bien pero…Es imposible. Es…Imposible que existiera un club así cuando tú estudiabas en W.
Gilbert frunció el ceño.
-¿Por qué?
-…Porque ese grupo existe desde hace menos de un año-Contestó Gretchen con seguridad, como si fuera algo demasiado obvio.
Hubo un breve silencio entre ambos, que para la menor se le hizo especialmente eterno. Finalmente, oyó un suspiro al otro lado, incrementando aún más sus ansias de saber y dejar conclusas varias cosas que, hasta hace unos días, eran perfectamente entendibles y que ahora se percibían inconclusas.
-…¿No se te ha pasado por la cabeza-Pronunció Gilbert-…De que la persona que hubiera fundado el club hubiera cogido la idea de este de otra persona?
Gretchen volvió a quedar anonadada, pero no se dejó convencer tan fácilmente por aquellas palabras. Suspiró, cerrando los ojos para intentar organizar sus ideas.
-Tampoco tienes pruebas de que lo que me estés diciendo sea cierto.-Murmuró la rubia-…Es decir, esa persona podía tener los mismos ideales que ese antiguo fundador, y por esto haber creado un club similar ¿No crees?
Gil pareció reflexionar unos instantes, pero luego emitió un leve suspiro.
-No. Si eso fuera así, no hubieras encontrado la caja de metal. La habitación en la que estaba, o es decir su puerta, está sellada por una taquilla enorme…Nadie se habría dado cuenta de ello. Mucho menos estando en el ala norte, que por ahí no pasa ni un alma…-Murmura, con un tono algo ronco-…Y sin embargo la habéis encontrado. Y eso solo puede ser explicado a que alguien que ya conocía la existencia del antiguo club, y decidió reavivarlo con el mismo nombre…¿Entiendes?
-…Pero…Aun así…¿Cómo puedes probar que el fundador actual tomó la idea previamente de otra persona?-Susurra Gretchen, con el ceño brevemente fruncido. Gilbert no estaba siendo especialmente claro, y sabía que estaba omitiendo ciertas cosas lejos de ser irrelevantes…Podía notarlo, y no sabía el porqué.
Gilbert soltó un leve bufido. Realmente la niña podía ser realmente obstinada, cualidad sacada de su hermano. Pensaba que con eso se contentaría, pero parecía no ser suficiente, y había ciertas cosas que era mejor mantener a la sombra, cosas pasadas que aún dolían a tiempo presente en el recuerdo de todos lo que lo vivieron.
Sin embargo…
-…La taquilla.-Suelta el germano con un tono ofuscado, mordiéndose el labio, sabiendo que estaba entrando poco a poco en un terreno peliagudo-La taquilla solo podía ser abierta con una llave especial, y yo mismo me encargué de dejársela a alguien de confianza…Bueno, entre comillas.
-¿Cómo entre comillas?...-Gretchen abre un poco los ojos, intuyendo más o menos por donde iban los tiros-…¿A quién le diste la llave, Gilbert?
-Se la di a un amigo de nuestra fundadora, pero la verdad…A día de hoy aún no sé si hice bien-Suspira, y al ver que Gretchen no decía nada, continuó con su charla-¡Era un criajo de unos diez años!...Pero era tan idealista como ella, solo que mucho más chillón…Y se la di.
El corazón de Gretchen comenzó a ir muy deprisa.
-…Alfred…
Tenía sentido. Hasta ahora todo tenía sentido. El cómo Alfred había encontrado la habitación, indicándoselo a Victoria poco después, trayéndolas a ella y Amalea hasta allá a principios de curso…Y también aquel diálogo extraño entre Alfred y Arthur, del que Victoria parecía formar parte en silencio, y comprender cada palabra.
El día de la pelea con Ivan…
"Así que…Al final escogiste este lugar. Esta fue el aula en la que…"
"Sí. Fue el lugar de encuentro de los antiguos Héroes del silencio, antes de…"
"Lo sé. Lo sé…"
Ahora que las analizaba bien…Junto a las palabras de Gilbert, todo cobraba sentido. "Antiguos héroes del silencio". Incluso Athur era partícipe de todo aquello. Victoria y Alfred son amigos de la infancia, al igual que Francis y Matthew, y él y Alfred son hermanos, por lo que es normal que se conocieran, aunque entonces…¿Dónde entraba Athur?...Posiblemente fuera otro amigo más de la infancia de ellos, aunque intuía que se dejaba algo más en el camino, aunque no era tiempo de ponerse a cotillear en la vida de los demás.
Sin embargo, sentía que todo aquello estaba enlazado de alguna forma.
-No sé si se llamaba así, ni si quiera recuerdo su aspecto.-Suspira Gilbert, sacándola de sus cavilaciones-…Lo único que recuerdo es que tenía una voz irritante, nada que ver con la mía, ¿sabes?
-Claro.-Comentó de forma sarcástica, prefiriendo omitir cierto comentario grosero, y se centró en la cuestión principal.-…A todo esto, Gilbert… ¿Por qué has empezado a contarme esto?
Otro silencio se hizo entre ambos, mientras Gilbert trataba de dejar a un lado aquella extraña punzada de culpa que le provocaba el evocar recuerdos que no pertenecían del todo a sí mismo. No debía de contar más cosas de las necesarias, ya que aquella historia no era solo suya. No lo era, y la había mantenido en secreto junto con los demás, por respeto y, quizás también miedo…
Hasta ahora.
-…La caja que encontraste…Contiene algo que es muy importante...-Susurra, con la voz algo quebrada, aunque manteniendo la compostura-…Para mí y el resto de los que fueron miembros, pero…Sobretodo lo fue para Vash.
…Y cuando creía que nada podía sorprenderla, otra bomba cayó sobre ella.
¿Que qué?
-…¿Mi hermano también formó parte de los Héroes del silencio?...
-…Sí. Y Elizabeta.-Pronuncia Gilbert en un suave murmuro, su tono sonaba nostálgico y anhelante de vivir de nuevo aquellos momentos…Pero a su vez se tornaba dolida, como si le costase hablar. A través de la línea de teléfono era mucho menos imperceptible, pero si Gretchen hubiera estado en frente suya, hubiera creído que el germano se derrumbaría en cualquier momento.-Junto con otro más al que no conoces, y nuestra líder…Fundamos el club Héroes del silencio.
La rubia creyó por un instante que le daría un soponcio en cualquier momento.
No podía creerlo…Era casi como una novela barata…Como si de algún modo, la historia volviera a repetirse, pero con otras personas y en diferentes circunstancias… Demasiado irreal. Demasiadas coincidencias…Pero era real…Era algo que ella misma estaba viendo, y estaba viviendo.
Estaba ligada al Club de los Héroes del silencio incluso desde mucho antes de lo que ella imaginaba...
-Sé que suena a locura, pero es cierto.-Dijo Gilbert, eliminando así el nuevo silencio que se había formado entre ambos-…Todo lo que te he dicho hasta ahora es cierto.
-¿¡Y por qué mi hermano no me dijo nada de esto antes!?...-Protestó, con un leve de asomo de rabia en la voz. Aquello era un detalle bien lejos de ser algo que pudiera ser olvidado. Pertenecía a la vida privada de su hermano, sí, pero fue algo muy importante...Que ahora también pertenecía a ella de alguna forma. Creía que ambos se lo contaban todo, pero…¿Por qué algo como aquel club tenía que ocultárselo?
¿Qué tenía de malo el hecho de que él hubiera pertenecido a ese club?
-…Es complicado, Gretch…-Murmura el albino, buscando la forma de no tener que explicarle toda aquella historia a la menor-…Digamos que es…Demasiado doloroso. A pesar de todos estos años pasados…Aún duele recordar ciertas cosas.-Cierra los ojos un momento, tratando de no dejarse llevar por sus emociones-…Cosas que nos llevaron a cerrar el club. No necesitas saber nada más.-Concluye con un leve resoplido, queriendo zanjar el tema de una vez por todas.
La menor contiene unos instantes el aire, sobrecogida por las palabras del otro, que sin entenderlas del todo, cobraban un extraño sentido que se le hacía perturbadoramente doloroso. Como si de alguna forma hubiera vivido los recuerdos de Gilbert por un instante…
Algo demasiado doloroso como para recordar o hablar de ello…Conocía perfectamente aquella sensación…
-…¿Y qué contiene la caja?-Pregunta Gretchen, sintiendo sus labios secos-...Eso puedo saberlo ¿No?
-…Digamos que es algo muy importante para todos…Y bueno, ahí es a donde yo quería llegar-Suspira-…Me gustaría que trajeses esa caja a casa en cuanto yo vuelva de Alemania. Estaré aproximadamente a finales de este mes, a tiempo para navidades.
-Pero la caja está cerrada a ca y canto…Lo he comprobado
-No hay problema, yo mismo tengo la llave.-Dice con una risilla alegre, volviendo a su tono usual, aunque algo más tranquilo-Así que solamente tienes que encargarte de que a la caja no le pase nada hasta que yo llegue…¿Podrás hacerlo?
Gretchen confirma con un leve chasquido, a lo que el germano contesta con otra risa más estridente. Aquella conversación significaba el inicio de algo más grande, y eso podía intuirlo. Había varios cabos sueltos que ella necesitaba encajar en alguna parte, como el motivo de tanto secretismo, o el dolor que les provocaba el evocar tal recuerdo. El motivo del cierre del club, la relación de Alfred con todo esto…Tantos y tantos cabos sueltos que no sabía si quiera por donde comenzar…
-Gracias Gretch-Agradece, con otra característica risa suya, volviendo a pasar a un tono más serio-…Y…Gretch…
-¿Sí?
-…Te agradecería que no le mencionaras nada de esto a tu hermano. Como te he dicho antes, él…
-Lo sé.-Suspira, cortando al germano, captando lo que quería decir-…Lo sé…
Gilbert volvió a reír, agradecido de la complicidad de la rubia en todo aquel asunto. Una parte de él, la más nostálgica y joven, bramaba de pura alegría, pugnando por salir un instante del cuerpo adulto de Gilbert, buscando volver a vivir aquellos años de felicidad adolescente que sabía que no volvería a revivir.
De algún modo, el volver a sostener aquella caja de metal entre las manos, le haría regresar al pasado una vez más.
A esa época tan feliz antes del incidente.
-…Bueno, Gretchen, ¿Tienes algo más que contarme?-Pregunta con su característico tono jovial, casi chillón, pero sincero-Si necesitas ayuda en cualquier cosa, creo que estaría bien que fueras a pedir ayuda a los miembros del club. Al menos, nosotros ayudábamos a la gente en nuestro día…¡Ah, qué tiempos, kesesese!...Te hubiera gustado verlo, Gretch. Formar parte de un club así te da la vida.
La mirada de Gretchen se tornó oscura, y esta vez no pudo evitar caer, agradeciendo que aquel confortable sofá color pistacho se encontrara detrás suya para amortiguar su caída…Aunque realmente no le importara demasiado. Las lágrimas se concentraron en sus ojos sin poder evitarlo, hasta el punto de derramar varias a través de sus mejillas, silenciosas para Gilbert, quién no podía si quiera verla. La voz le permitía mentir demasiado bien y ocultar su verdadero estado anímico.
Dos años atrás, aprendió que la mentira es tan eficaz, que incluso tú mismo puedes llegar a tragarte tus propios engaños…Solo debes usar las palabras mágicas en el momento justo, y el resto se hará por sí solo.
En su caso, las palabras mágicas no eran otras sino "Estoy bien".
Pero no lo estaba. Nunca lo había estado. Seguía teniendo demasiado miedo a los fantasmas de su pasado.
Y aquel miedo…Le conducía a cometer estupideces…A decir estupideces realmente gigantes, propias de un niño de cinco años…Y aquello le hacía sentirse terriblemente asqueada de sí misma.
Porque sabía perfectamente que cuando la gente se siente odiada, busca que los demás también se odien a sí mismos.
La sociedad está podrida.
Y la había podrido a ella de paso.
-…Claro que sí, lo sé. Alfred es realmente un gran líder…Me gustaría ser parte de un grupo como ese algún día…-Murmuró Gretchen, con un tono suave e ilusionado, aunque su rostro reflejara todo lo contrario…Realmente…Realmente se preguntó cuan miserable podía llegar a ser en aquella maldita vida. ¿Cuándo se había vuelto tan condenadamente odiosa como para soltarle todo lo que le soltó al estadounidense? Él hizo todo lo que pudo…Y sin embargo, por culpa de todos sus miedos, acabó pagándola con él. Con todos.
Ella no había estado al lado de ninguno de los tres, había huido, había quedado impasible en muchas situaciones, incluso cuando estuvieron a punto de asesinar a Amalea…No hizo nada. A pesar de todo lo que le dijo a Alfred, jamás podría llegarle a la suela del zapato.
Incluso en aquel contrato que firmaron, ella misma se comprometió a no juzgar a ningún miembro, y a permanecer siempre junto a ellos…Y los había juzgado y abandonado.
Ella no era un héroe del silencio.
Nunca lo sería.
-Ya.-Suspiró el mayor, dejando la nostalgia de aquellos días a un lado-Ahora debo colgar, que tengo un montón de trabajo sobre la mesa y no veas la noche que me espera…-Dijo con una leve risilla, a lo que Gretchen contestó con un bufido ¡Muy organizado para unas cosas, pero tan desastre para otras!-…¡No me hagas esos sonidillos que aún no estoy sordo!...En fin, me voy, dale un asombroso abrazo a Vash de mi parte. ¡Nos vemos!
-Adiós.-Colgó nada más acabar la última palabra, recostándose sobre el sofá, mascullando un par de insultos por lo bajo, para que nadie pudiera escucharla, y limpiándose las lágrimas, cerró los ojos un instante. Llevaba como ya un día evitando a los que hasta ahora, habían sido mejores amigos en dos meses y medio, que todos sus amigos en cuatro años de instituto…Y se le había hecho eterno. Demasiado.
Se había acostumbrado a la compañía de la gente, a las risas en el comedor, a los cotilleos de Victoria, las bromas pesadas de Amalea, las risas de Feliciano, los chistes verdes de Francis, la presencia alegre y apacible de Matthew y Kiku, que aunque no fueran muy habladores eran igualmente importantes, y…Los chillidos de Alfred…
Sintió de nuevo las lágrimas inundar sus ojos.
-…Vamos Gretchen…Has estado sola durante dos años y pico, esto no es nada…Tú puedes con todo. No es algo nuevo que haya que vivir-Susurró a sí misma, en un acto de consuelo patético-…Lo bueno de estar sola, es que sabes que nadie puede hacerte daño…Porque a nadie le importas lo suficiente como para acercarse a ti.
Y con esos murmullos, subió hasta su habitación y se recostó en la cama, enterrando la cabeza en su almohada con fuerza, pensando que sí apretaba un poco la cabeza, con suerte, moriría por falta de aire…Mas al final, siempre acababa subiendo la cabeza, en un acto de supervivencia instintiva.
-Maldita sea…-Bufó, molesta consigo misma y con todo lo que la rodeaba. Ni si quiera era capaz de conciliar el sueño, y no tenía nada con lo que entretenerse. No tenía móvil ni ordenador, y ni quería tenerlos jamás en su vida…Le habían traído demasiados problemas, y no era cuestión de ponerse a recordar aún más cosas deprimentes. Así que se levantó de la cama, y hurgó en su mochila, rogando que por milagros del cielo su profesor de matemáticas les hubiera mandado un mundo de ejercicios por resolver y así poder matar el tiempo…Pero en su lugar, encontró algo mucho más interesante, y que había olvidado por completo.
-…La libreta de Kiku…-Susurró, sosteniéndola entre las manos. Con todo el follón había olvidado dársela, y la verdad, viendo como estaban las cosas, tampoco tenía muchas ganas de devolvérsela.
…Y sin embargo, su curiosidad la mataba. Quería leer aquella libreta que tan normal parecía, pero que su intuición dictaba ser demasiado importante como para tratarse de solo unos simples escritos. Para empezar, Kiku la llevaba a todas partes, siempre abrazada a él, apuntando cosas, y aquello ella lo había notado, pues muchas veces lo tenía enfrente en el comedor.
Pero no debía ojear. Aquello no era suyo, y no tenía derecho a leer algo tan personal que ni si quiera le incumbía, o al menos, eso le había enseñado su madre en su tan dulce y sobre-protegida infancia.
-…Al cuerno.-Dijo la rubia, abriendo la libreta por el principio, mandando al diablo toda su moral, concentrada únicamente en el contenido de esa libreta que tanta curiosidad había causado en ella.
Pero a medida que fue leyendo, se dio cuenta que aquellos escritos…No le dejarían pegar un ojo en toda la noche.
Los pasos acelerados de Amalea retumbaron por los pasillos del hospital, en aquella inusual tranquila tarde del sábado, en lo que normalmente era bullicio constante y enfermeras yendo y viviendo por los recovecos del hospital…Y aquello no le daba buena espina.
Tenía un mal presentimiento desde el día anterior, aunque procuró no obcecarse en ello demasiado… Pero cuando oyó las palabras de la recepcionista nada más entrar, sintió que el mundo se le venía encima.
No podía ser…
Siguió corriendo con tal rapidez, que creyó que de un momento a otro se le iba a acabar el aire de los pulmones, o que estos acabarían ardiendo. Su corazón latía muy deprisa, acompasado con el sonido de sus pasos al cruzar las losas del suelo, llegando hasta en frente del ascensor. Estaba ocupado, y tendría que esperar al menos tres minutos.
-Mierda.-Maldijo, dirigiéndose a las escaleras, casi subiéndolas con desesperación.
Debía llegar…Debía llegar rápido…
Al final frenó en frente de la habitación 203, abriendo la puerta de inmediato para encontrándose con la mirada azulada de un cansado Aras, quién se había girado de inmediato para ver quién había abierto la puerta de semejante forma tan violenta.
Amalea abrió la boca tanto como pudo, preparándose para hablar.
-¡Gilipollas!
…O gritar.
-…¿L-Lea?
-¡Gilipollas!- Volvió a esperarle la italiana, jadeando por la carrera anterior, mientras que el mayor la miraba con los ojos muy abiertos, sorprendido-¡Maldito idiota!...
-¿Lea? ¿Qué pa-…?-Antes de que pudiera preguntarle nada, la italiana se había abrazado a su cuerpo delgado y menudo, sollozando sin poder evitarlo de ninguna manera. Rabia, miedo, dolor…Todo aquel popurrí de sentimientos se reflejaban en el débil llanto de la menor, quién se afianzaba a su cuerpo con fuerza-Lea…
-¿P-Por qué no me dijiste…Que te tuvieron que intervenir de urgencia?...-Susurra entre gimoteos, temblando como pocas veces-Podrías haberte muerto…Y yo sin haberme enterado…Imbécil…
Comenzó a golpear suavemente su pecho, en un intento de conservar la dignidad y la furia, pero la pena era mucho más intensa, y sus fuerzas, se habían marchado con aquella rabia que había tratado de que camuflara su terrible miedo a la soledad.
Perder al que fue como el padre que nunca llegó a conocer.
-Lea…Tranquila…-Susurró el mayor con tono dulce, dejando suaves besos en el pelo de la castaña. Sabía que de alguna forma aquello le calmaba y relajaba cuando se sentía colapsada, era…Como una niña pequeña que requería de mimos tras un mal momento. Se sentía como con una especie de porte parterno, como el sustituto de algo que aquella joven jamás tuvo.
Y por supuesto, Amalea era la sustituta de todo lo que jamás hizo por sus hijos. Era el perdón sobre el que reposaba todas sus cruces en silencio. Su mayor apoyo moral.
-Lo siento. –Susurró Aras contra su pelo, mientras seguía acariciando la espalda de la joven. Así fueron pasando las horas de aquella tarde, sin que la menor se despegara de su cuerpo, simplemente en silencio, pero no en un silencio pesado sino…Uno conciliador, y apaciguador.
Cualquier palabra innecesaria podría haber estropeado aquel momento.
Cuando era niña y visitaba a Aras de vez en cuando, recordaba la entonces apagada sonrisa del otro sobre su rostro, la cual se iluminaba levemente cada vez que la veía. Siempre era traída por su abuelo, el cual siempre tenía puesta la mira en ambos, velando por la más joven. Sin embargo, a pesar de ello, nunca tuvo la confianza suficiente para poder hablar con él todo lo que con Aras compartió y vivió. Eran iguales y distintos, él abandonado por su familia, y ella, como el rencor encarnado de la suya, sin entenderlo, sin poder haber si quiera conocido a su madre o su padre, había sido mirado con ojos de rabia por sus hermanos…Por su abuelo.
Con el paso de los años, vio como aquello se iba disipando. Aquel rencor que ella creía sentían hacia era, por un instante pensó que podría tratarse de una burda mala pasada de su mente infantil pero…No, no lo fue, nunca lo fue. Después de todo, la mirada de Lovino todavía seguía puesta sobre ella.
El rencor que sentía hacia ella era algo que desconocía.
-Lea-Susurró Aras en su oído suavemente, con una voz levemente alegre como tantas veces-Juguemos al sordo.
Sonrió. El sordo, uno de sus juegos de la infancia, producto de la imaginación del mayor. El mejor juego para combatir la desesperación y el miedo. Para huir de las propias voces que dictan que lo mejor es saltar y dejarse caer al vacío.
Huir, huir de todo.
-…Las manos sobre los oídos-Murmura Amalea, cubriéndose los oídos con suavidad, a la vez que Aras hacía lo mismo.
-La frente apoyada en la del otro-El otro hizo lo propio, apoyando la frente en la de Amalea y emitiendo una leve risilla que no pasó desapercibida por la italiana, soltando como respuesta un bufido.
-…Mientras seguimos siendo sordos a todo…-Susurran casi al unísono, repitiendo lo mismo otras dos veces más, como si fuera algo imprescindible a recordar-Las manos sobre los oídos, la frente apoyada en la del otro, mientras seguimos siendo sordos a todo…Las manos sobre los oídos, la frente apoyada en la del otro, mientras seguimos siendo sordos a todo…
Y después, silencio. Ambos mantienen silencio durante varios minutos, apretando las manos contra sus oídos, como si de algún modo trataran de mitigar a la conciencia que pugnaba por gritar todo lo que no eran capaces de soportar.
Toda una vida, todo el dolor de una vida.
-Tengo miedo de quedarme sola…-Susurra, a sabiendas de que Aras no podría escucharla. Ese era…El verdadero objetivo del juego de El sordo. Decir en voz alta lo que te reconcome por dentro, sin que nadie pudiera reprocharles nada, sin miradas inquisitivas, ni preguntas incómodas. Solo la presencia sorda de ambos bastaba.-No quiero perderte, Aras…No quiero perder al único que ha sido como el padre que nunca he tenido…
La italiana emitió un fuerte sollozo que, naturalmente, Aras no pudo escuchar.
-…No me dejes…No me dejes, idiota…-Susurra entre suaves temblores-…Yo sé que…Siempre vas a estar a mi lado, viejo huesudo…
Y por otro lado, Aras apretaba con fuerza sus propios conductos auditivos, con una sonrisa resignada. Triste.
Y abrió paso a sus propias heridas.
-…Me quedan tres meses de vida.-Dijo en un murmuro, dejando fluir las palabras que durante días había guardado como el agua cristalina de un río, tras haber sido retenidas por el derrumbe de las rocas en una noche de tormenta.
Ya se cumplía la tercera semana desde que Gretchen había dejado de juntarse con Alfred y los demás, yendo sola a todas partes, con la cabeza gacha y su habitual tembleque en los brazos y pies…Ya había incluso olvidado el color de las losas del suelo. No podía volver a mirar al frente de nuevo, no sola, no se sentía capaz. Había vuelto al punto de partida solo por haberse dejado llevar por la rabia.
Se acurrucaba en el rincón de las escaleras de la zona oeste durante los recreos, mientras oía el bullicio del patio, las peleas en el cuarto de baño de los chicos, el pasar de las páginas de los estudiantes de la biblioteca…Todo se volvía una espiral de sonidos a la que ella no pertenecía.
No encajaba en ninguna parte, siempre lo había sabido. Su hermano también lo sabía, ¿Por qué tuvo que decir tal cosa para obligarla a seguir estudiando? ¿Por qué tenía que ser tan sumamente cabezota? Ella nunca sería una estudiante normal, solo era una hormiga fácil de pisar, una mosca a la que lentamente la bilis iba matando sin pudor.
-Hermanito…Espero que estés contento…-Se encogió en sí misma, colocando la barbilla sobre sus rodillas-…Has demostrado que tenías razón. Soy un…Fracaso de ser humano.
Maldita fuera, todo su antiguo instituto tenía razón…Ella no merecía vivir.
Era una inútil. Una ignorante. Una pija mimada. Un bebé. Una estúpida.
Un fracaso.
Un ser miserable que merecía morir, solo por haber nacido en un mundo de seres ennegrecidos en el que ella era transparente. Traslúcida a todo lo que pudiera hacerle daño. Cualquier rayo de sol, de luna, la farola de alguna esquina en la noche más oscura…Todo aquello la dañaba, todos podían ver a través de ella, sabían dónde atacar para verla agonizar, sabían dónde hacerlo para que sus lágrimas cayeran como goterones de lluvia sobre el pavimento.
Pero ya se cansó de ser translúcida. Se casó de ser blanco fácil para todo el mundo. Se cansó de ser el charco que todos pisan, el papel que todos usan, la piedra que todos tiran.
No quería ser traslúcida, quería ser invisible, imperceptible.
Invencible.
-Oye tú-Dijo una voz femenina delante de ella, aunque sonaba ronca, como la de un señor mayor con un fuerte catarro en pleno invierno-Aparta de en medio, estorbas.
Quiso decirle que podía pasar por el hueco de su izquierda, que no tenía derecho a apartarla de su sitio, aun pudiendo subir por el hueco que se hallaba a su lado. Que sí quería molestar a alguien fuese a que su madre…Solo que con otras palabras.
Quiso decir demasiadas cosas…Y todas murieron en su garganta, mientras su mirada seguía fija en el suelo, incapaz de moverla de lugar.
Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso.
-Rubita, te estoy hablando. ¿Acaso ese pelo de escoba no te deja oír?-Ríe con ganas, y varias risillas hacen eco a la suya, siendo estas más tímidas y agudas, como si quisieran solamente hacer más destacable la voz de aquella matona. No estaba sola, como todos los matones, siempre tenía un respaldo en el que apoyarse para creerse superior e indiferente a los demás…Aunque aquello no la hacía muy distinta de ella, hizo lo mismo después de todo. Se respaldó en sus amigos, quiso mantener la cabeza bien en alto, quiso ser alguien quién poder destacar, aunque nunca hubiera deseado algo como aquello, aunque solo fuera, por un instante, ser útil y reconocida por ello…
La gente siempre se respalda en otras personas, porque necesita saber que hay alguien que va a estar ahí para cubrirte las espaldas, gente con la que compararte una y otra vez, y sentirte mejor persona al hacerlo. Gente sobre la que sentir envidia o recelo; Admiración y deseo; Superioridad y dudosa fidelidad.
Los sentimientos de las personas son generados por necesidades humanas, y Gretchen sentía odio, mucho.
Necesidad de odiar a las personas tal y como un día la odiaron a ella.
Tal y como la hicieron odiarse a sí misma.
-¿Estás sorda?-Nota como una de ellas la empuja para luego cogerle del cuello. Miró al frente, sin realmente mirar a nada, ni si quiera es capaz de percibir el color de ojos de la chica, los cuales, la taladraban sin ningún tipo de pudor.-Que asco de cría.
Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso.
El timbre sonó dando fin al recreo…Pero Gretchen no era capaz de escuchar nada, solamente el eco de las voces que se abrían paso en su interior. Repetían fracaso una y otra vez. Fracaso, eso era lo que ella era. Un fracaso de persona que merecía morir. Una inútil que solo sabía sonreír tras un mostrador, alguien vacío y casi inerte, que llevaba creyendo dieciséis años que tenía un propósito en esta vida. Y fue hace dos años y medio cuando se dio cuenta…De que realmente no era más que un alma errante y engañada, que había seguido la senda que toda una masa de gente había seguido durante toda su vida.
Estudiar, trabajar, salir con los amigos, enamorarse, llorar, odiar, mentir, engañar, olvidar, volver a empezar...Un círculo constante de repeticiones, un camino que todos dicen odiar, pero todos siguen, incluso alguno se decide a quitarse de en medio por miedo a seguir aquella senda. Porque solo hay una senda, y los hay quienes no están dispuestos a seguirla.
Y ella deseaba tanto no seguirla…Hubo un tiempo en el que, incluso intentó encarrilar en ella al que le hizo ver la realidad de su vida, pero una vez la descubrió, pensó que lo mejor de todo sería desaparecer…Desaparecer y no volver nunca más. Pero…
Pero…
-¡Maldita rubia!
Fracaso.
…Pero…
Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso. Fracaso.
No podía. No podía simplemente desaparecer.
-Suéltame.-Murmuró en un susurro, cogiendo la mano que sostenía el cuello de su camisa, desviando su trayectoria con tal fuerza que hizo que el cuerpo de la joven cayese sobre el de las demás, casi haciéndolas desplomarse por las escaleras, tal y como las fichas de un dominó.
Iguales, mismo color y forma, solo que con puntuaciones diferentes.
Era irónico, pues…Todos somos fichas de dominó. Si una ficha cae otros caen con ella. Unas por el dolor de la pérdida, otras por posición económica…Y otras persisten porque no importa que haya caído. Va lejos de su trazo, y puede permanecer impasible antes su desplome.
Pero nadie dependía de Gretchen, daba igual si ella se desplomaba sobre el tablero. Nadie se sostenía sobre ella. Estaba sola.
Sola.
-¿¡Quién demonios te crees qué eres!?-Siseó la líder de aquellas matonas, moviéndose de forma patética sobre las chicas de su grupo, rabiosa y ofuscada- ¿¡Sabes acaso quién es mi novio!? ¡Es del equipo de fútbol, voy a hacer que te parta las piernas, zorra!
…Y era por eso por lo que no podía caer. Era la pieza que se sostenía a sí misma.
-No me importa.-Susurró la rubia, recogiendo sus cosas antes de salir junto con el resto de personas que se dirigían a sus clases en masa. Oyó las voces distorsionadas de las muchachas, que rápidamente se fueron perdiendo en una espiral de sonidos confusos, en risas y quejas de exámenes, en el traqueteo de las mochilas, las pisadas y los chirridos que producían los zapatos sobre el suelo…Pero aún ni con todas esas voces, era capaz de acallar el eco de las voces que gritaban en su mente fracaso una y otra vez.
Era un fracaso, y estaba sola.
Era una héroe solitaria que buscaba salvarse a sí misma.
…Y entonces, abrió los ojos, cruzándose con el color azul cielo despejado que vio el primer día de su llegada a la academia W. Aquella tarde de septiembre que no olvidaría jamás, donde los conoció a todos ellos. Donde conoció de nuevo la esperanza que había perdido y que ahora, había vuelto a perder.
-…Gretchen.-Susurró Alfred enfrente suya, mientras que el alumnado los rodeaba para buscar sus clases. Notaba su mirada más apagada, la cual casi siempre refulgía como si el mismo sol la iluminase desde detrás suya, Amalea y Victoria la observaban con un deje triste. También Arthur y Vladimir, quiénes extrañamente parecían haberse unido a ambos después de lo de la pelea.
Todo encajaba, cada uno encajaba y encontraba su sitio tarde o temprano. La amistad resurgía, el amor se encendía, y el odio y el rencor se escondían como polvo bajo la cama, imperceptible pero existente, latente pero invisible.
Pero ella no encontraba donde encajar. Siempre era la pieza sobrante de un puzzle…
-Oye…Escucha…-Siguió Alfred, pero Gretchen ya había desviado la mirada.
-Tengo que irme-Murmuró antes de marcharse. Sabía que nadie la seguiría, tampoco era como si ella mereciese la pena, tampoco es como si a ellos les importase demasiado.
Nunca hizo nada por el club. No fue ni si quiera capaz de ayudar a Amalea.
Era una cobarde, una heroína cobarde que tras palabras escondía sus miedos, tras muecas su dolor, y bajo llave sus recuerdos. Los recuerdos de todos aquellos quienes le hicieron daño, de los momentos dolorosos por los que pasó, aquella soledad que la rodeó cuando realmente más necesitaba apoyo.
Fue ahí, cuando se dio cuenta de que siempre había estado sola. Sola.
Bum.
-Nhg…-Bufó suavemente al sentir como chocaba con alguien, y al entreabrir los ojos…Pudo notar que se trataba de Kiku Honda.
-D-Disculpe…-Murmuró el nipón, cogiendo algunos de los libros de su mochila, la cual había estado desde el recreo medio abierta. Debió de haber sido por recoger con tantas prisas-…Oh, es usted Gretchen-san…
¿San?
-Veo que estamos destinados a chocar siempre ambos…-Murmuró, un tanto avergonzado, aun así mostrando una suave sonrisa conciliadora mientras miraba a la rubia de reojo.
Recogió todos los libros que se le habían desparramado por el suelo, poniéndolos en una pila. Pero antes de tendérselos…Se fijó en algo, y su rostro conciliador se tornó en una mueca, seguido de un pálido color que bañó su piel más de lo normal.
-…Mi libreta.
Gretchen tragó saliva.
-…L-La…L-La…-Susurró como pudo, sin atreverse a mirar al nipón. Mierda, ahora que al fin estaba corrigiendo la tartamudez…-La e-encontré h-hace t-tiem…po…
Kiku la extrajo del montón, apretándola contra su pecho.
-…¿La ha leído?
Gretchen guardó silencio, y quién calla, otorga.
-…Olvide todo lo que ha leído.-Miró a la rubia por encima del hombro, dejando sus libros frente a ella antes de marcharse a toda prisa. Su voz había sonado entre ronca y temblorosa, temerosa de que la rubia hubiese descubierto cosas que ocultaba con fervor, pero que de alguna forma necesitaba plasmar en algo, aunque solo fuera para sí mismo.
En aquel pasillo ya vacío de estudiantes, quedó Gretchen, mientras observaba al nipón marcharse lejos de ella, sosteniendo aquella libreta como ella lo hacía consigo misma.
Lo que no supo ella en aquel momento, es que aquella extraña comparación era mucho más acertada de lo que ella imaginaba.
Incluso por aquel entonces, ella ya intuía que Kiku, al igual que ella, ansiaba desaparecer de aquella senda impuesta que a su vez, tanto miedo les daba abandonar.
Una senda retorcida y de un solo sentido, que estaba empeñado en unirlos.
Cuando vio que su reloj de mano daba la una pasadas, Alfred emitió un suspiro pesado, pasándose las manos por el pelo y hundiendo la mirada en el pavimento, sin tener ganas de mirar a su alrededor. Después de cruzarse con Gretchen…Realmente todas las ganas de mantenerse en pie se habían disipado en el aire.
Había decidido pasar de las últimas clases. Realmente no tenía ganas de nada. Solo quería que la tierra se lo tragara, desvanecerse o salir volando hasta su habitación, y enterrarse entre sus sábanas del Capitán América. Al menos, en aquel momento no tenía más ganas de engañar o aparentar como el actor barato que en él era en el fondo. Era como si se hubiera cansado un instante de que le filmasen con una cámara invisible que hacía que su razón de reír y chillar fuera la de convencer a los demás, siempre usando la misma mueca, un nunca parar…Pero no se había rendido. Debía de seguir fingiendo el resto del camino, por sus amigos, por su familia…Y quizás, por algo más.
Después de todo, él no era más que el producto de su propia mentira.
-Así que estabas aquí-Murmuró Arthur detrás suya, provocando que el estadounidense diese un respingo, girándose hacia él-No te asustes, soy yo.
-¡S-Sí me hablas de repente es normal que me asuste!-Replica, inflando los mofletes. Ni si quiera estaba acostumbrado a que el otro le dirigiese la palabra todavía…
-¡Sssssh! Calla, aún están dando clases, y no quieras que nos pillen aquí y nos expulsen.
Alfred bufó suavemente, algo extraño en él, lo cual hizo a Arthur alzar una ceja para luego fruncir un tanto el ceño…¿Qué le ocurría con esa chica? Era cierto que eran amigos, pero…Podría ser…
Un atisbo de leves celos comenzó a crecer dentro de él sin tan si quiera proponerselo.
-Vamos…-Se sentó a su lado, sin atreverse a mirarle del todo. Al fin de al cabo, aún se sentía herido por ciertas cosas del pasado, como el Club del Baloncesto-…¿Tan bien te caía esa chica?
-No es solo por ella.-Suspiró, apoyando la barbilla en sus rodillas-Ella…Ella es…Tú, joder…-Susurró tan bajo como pudo, haciendo, a pesar de ello, sonrojar al inglés. ¿Qué quería decir con eso a esas alturas? No hacía sino ponerle más nervioso a medida que pasaban los segundos y el estadounidense no parecía querer proseguir...Sin embargo, continuó-...Y también es Matthew, Fran, Vicky, la tía Rosemary, Jeanne…-Suspiró-...Mamá.
Aquello hizo abrir mucho los ojos a Arthur. Su madre…Nunca hablaba de su madre, era un tema tabú en la familia de los Kirkland, nadie osaba hablar de la antes señora Jones. Nadie podía pronunciar su nombre por miedo a dañar lo que quedaba de su memoria, sus ojos azules y su pelo rizado dorado, ondeante al viento, junto a una sonrisa resplandeciente que ocultaba algo más que una felicidad eterna y vivida.
Pero a pesar de aquello, Alfred continuó hablando.
-Ella es todas las personas a las que he fallado. Todas y cada una de ellas a las que he defraudado y hecho sufrir…Todo por mi maldito egoísmo.
-Exactamente-Dijo Arthur sin más miramientos, dedicándole una mirada de soslayo al estadounidense que este correspondió-Eres un egoísta, y un bobalicón…-Suspiró-…Pero…De los errores se aprende. Incluso de los que no son nuestros…¿No es así?
Alfred bajó la cabeza.
-Créeme que la chica ahora debe de estar más enfadada consigo misma que contigo, solo que por la emoción del momento debió de…Dejarse llevar por todo lo que guardaba. Es lo malo de no soltar nunca lo negativo, te acaba comiendo por dentro y…Bueno, que te voy a contar yo que tú no sepas-Murmura-…Tu madre…Fue una gran mujer. Nunca la fallaste, eras un crío cuando…
Quiso continuar, pero ni si quiera él estaba cómodo hablando de aquel tema. Todo sucedió diez años atrás, aunque para Alfred aquel tema había quedado suspendido en el tiempo, como una película rodada en plano secuencia, sin ningún tipo de corte o truco.
Nunca pudo superar la muerte de su madre, sentía que todo era culpa suya, aunque su tía y los cientos de psicólogos que visitó en su infancia le dijeran lo contrario.
No pudo salvarla de su padre.
No pudo salvarla de sí misma.
-Mamá murió porque no tuve el valor de decir la verdad.-Susurró débilmente, abrazándose a sí mismo. Por primera vez en mucho tiempo, estaba siendo sincero respecto a lo que sentía y...Era como si un enorme peso se evaporara en el aire, lejos del pecho. Solamente con Arthur había podido llegar tan lejos como para que todos sus miedos encontrasen un confesor en el que resguardarse y encontrar apoyo. Solamente con él.
-No pudiste hacer otra cosa. Afortunadamente, Jeanne logró sacaros de esa casa antes de que Matthew y tú acabarais de la misma forma.-Suspira con fuerza, palmeandole la cabeza suavemente. Sabía perfectamente lo que significaba para Alfred, pero por mucho que hablara ahora, las cosas no volverían a ser como antes. Al menos, él no lo sentía así. Había cosas que aún dolían demasiado-Y con esa chica igual. Deja unos días hasta que se le pase, y entonces hablad con ella, ya veréis como esto solo ha sido una ñiñería.
Los ojos de Alfred hicieron chiribitas, mirando fijamente al inglés.
-...¿T-Tú crees?
-Claro. Así que levántate, aún podemos ir a las dos últimas clases.-Y le tendió la mano, justo como un buen caballero inglés que se preciara lo haría. Sin embargo, el más alto aprovechó para abrazarle con fuerza, extrañando la calidez que el otro emanaba desde hacía tiempo. Arthur, por otra parte, se removió nervioso, incómodo por aquella cercanía que consideraba innecesaria y de la cual, aún no estaba preparado para aceptar del todo. Pero no dijo nada.
-Gracias, Arthur. -Susurró con una suave sonrisa, apoyando la cabeza sobre a suya como en los viejos tiempos.
-...¿Cuántas...Veces voy a tener qué decirte que no soy tu maldito reposa cabezones?-Bufó, sin poder evitar que asomase a su rostro una pequeña sonrisa socarrona, fruto del momento.
-Dímelo muchas...Muchas veces.-Y en ese momento, el inglés pudo percatarse que aquella frase significaba mucho más de lo que quería decir. Significaba no más silencios, no más rencores, no al desconocimiento recíproco. Podrían empezar de cero...No volver a ignorarse nunca más.
Y no podía negar que aquello era algo que deseaba desde hacía mucho tiempo.
-...Eso haré, idiota.-Murmuró, correspondiendo al abrazo.
Gretchen caminó por los pasillos de W no sin cierta prisa. Sabía que su hermano Vash debía de estar esperándola a la salida, y a él no le gustaban los retrasos. Así que se esforzó por salir cuanto antes, aunque algo le decía que aquella tarde tendría más de un problema.
Lo intuyó por los pasos pausados que oyó detrás suya.
-Ahí estás, niñata desgraciada-Siseó una de las muchachas con las que había tenido la mala suerte de toparse en el recreo. El edificio estaba casi vacío, se había quedado de las últimas en su aula ordenando las mesas como la encargada de la semana. Amalea incluso se ofreció a ayudarla, y sabía que la italiana debía de estar terriblemente preocupada, pero aún así la vergüenza pudo con ella, y la rechazó secamente.
Si ya de por sí sintió ganas de llorar en ese momento, creía que aquellas matonas no eran más que un castigo del karma por haber sido tan mala persona con aquellos que, en un primer momento, le tendieron la mano para ayudarla.
Y la verdad era que ella misma deseaba recibir aquella paliza, quizás así sentiría que aquel horrible pesar en el pecho se esfumaría junto a toda su dependencia por sus ex amigos...Aunque muy en el fondo, sabía que las cosas no podían ser más distintas.
-¡Eh, detente!-La cogió por el cuello, aprovechando que se encontraba de espaldas. Sin embargo, ella no se movió un ápice. Solo la miraba, con un brillo de resignación en los ojos.-...¿Qué le pasa a esta cría? Parece medio zombie.
-Entonces vamos a darle una tunda, a ver si así revive de una puta vez -Chasqueó la lengua la que se autodenominaba como líder de aquel grupillo, tirando a la rubia al suelo de una patada en el estómago. Se oyó un jadeo de sus labios, abrazándose a su tripa con fuerza por aquel insoportable dolor.
Pero no era tan doloroso como todos aquellos años de miedo que había pasado encerrada en aquella habitación.
No tan doloroso como el rechazo y la hipocresía.
No tan doloroso como la soledad.
-Vamos, ¡Mírame!-Emitió una carcajada, inclinándose para tirarle del pelo con fuerza, haciendo que la rubia apretase los labios, sintiendo que su cuerpo temblar de puro terror y resignación. Ya había pasado por lo mismo, y sabía que no iría a más de unos golpes.
Bastaba de unos cuantos moratones para que la dejaran tranquila.
-Ahora no tienes tantos cojones, ¿Eh?-Retorció su pelo, haciendo que emitiera un quejido de dolor. Sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras observaba la sonrisa sadónica de la lider, a coro con las risillas de sus compinches, situadas detrás de ella.
Todo se basaba en eso. El pisado y el pisador, el rey y el esclavo, el que come y es comido, el humano y la Tierra...Un ciclo que llevaba repitiéndose desde el principio de los tiempos, un laberinto en el que no existe la salida, y en el que naces siendo marcado a ser un ganador o un perdedor, sin posibilidad de cambiarlo.
Si eres un despojo, eres un despojo.
O al menos, eso era lo que creía Gretchen que era: Un despojo, un fracaso de ser humano. Tal y como le había llamado su hermano una vez tiempo atrás. Aunque hubiera sido producto de la rabia.
Cerró los ojos, entregándose a su agresora sin oponer resistencia alguna. Solo quería que todo aquello acabara de una vez, no se sentía con fuerzas para seguir sobrellevando lo que le rodeaba. Todas las fuerzas que había reunido ya habían sido malgastadas, todas aquellas sonrisas furtivas que sus antiguos amigos le hicieron sacar se habían perdido para siempre.
Odiaba la soledad pero también odiaba la sociedad.
Se odiaba a si misma.
Odiaba al ser humano con toda su alma.
Pero no recibió más golpes. No recibió más insultos. Parecían haber enmudecido tras aquellos pensamientos pesimistas, como si de algún modo hubiera tenido piedad de su desgracia, aunque sabía que gente como esa jamás la tendría. Era demasiado utópico.
Abrió los ojos.
-Deberías tener cuidado con lo que haces, o cualquier día vendrá alguno y te partirá la cara-Susurró Amalea detrás de la matona, a quién había cogido del brazo, colocándoselo detrás de la espalda para retorcérselo. Detrás de ellos, Victoria, Alfred, Athur, Vladimir, incluso Feliciano y Kiku, se encontraban alli, contemplando aquella escena y manteniendo a las otras tres muchachas a ralla. Amalea bufó, chasqueando la lengua-Puttana malnacida.
Gretchen abrió los ojos tanto como pudo. ¿Qué hacían ellos allí?
-¿¡Qué coño ha-...!?-Gruñó la chica, gruñendo de dolor. Se removió con fuerza, pero la italiana ejercía demasiada presión como para poder moverse-¡Suéltame! ¡A mi novio no le va a gustar esto!
-Dudo que a tu novio le guste saber que a veces, te lo montas con el del equipo de balonmano.-Canturreó Vladimir con una sonrisa traviesa, cruzándose de brazos. Victoria le dedicó una mirada, orgullosa de él. Para que luego dijeran que el ser cotilla era una falta de respeto.
La cabecilla volvió a gruñir, apretando los labios al sentirse acorralada en su propio terreno. Esta vez, la extorsionada era ella, y no le quedaba de otra que rendirse, por mucho que le fastidiara que una panda de imbéciles se la hubiera devuelto con creces.
-...Por esta vez la dejaré en paz-Bufó con fuerza, moviendo la cabeza para que sus compinches la siguieran, huyendo hacia la salida rápidamente. Gretchen acababa de darse cuenta de que se encontraban en la entrada, a unos escasos metros de la puerta. Los rayos de sol podían filtrarse por la enorme bóveda de cristal del techo, dejando la estancia en un amarillo tenue y tranquilizador.
Gretchen quedó en shock unos instantes, recorriéndoles con la mirada, como si no acabara de creer que la hubieran salvado de recibir una terrible paliza. Sus hombros se convulsionaron, comenzando a sollozar a la vez que las lágrimas caían por su rostro a borbotones. No podía sentir aquella humedad, solo sintió alivio.
Alfred fue el primero en lanzarse hacia ella, abrazándola con fuerza. Notó como el cuerpecillo de Gretchen temblaba por el llanto silencioso, mientras la joven se aferraba a su cuerpo, habiendo echado de menos a aquel estadounidense idiota y sonriente al que tanto aprecio había tomado. Pronto se sumó Victoria, seguida de Amalea, quién se sintió feliz de haber vuelto a recobrar la amistad con Gretchen.
Los héroes del silencio, sin Gretchen, no eran nada.
-Lo siento...-Susurró la rubia entre suaves sollozos, sintiéndo el miedo, el shock y la alegría mezclarse en una profunda espiral de sentimientos contradictorios. Estaba demasiado feliz y a la vez temía aún más el volver a ser abandonada. Una dependencia insana que no sabía si quería desarrollar.
Pero si era hacia ellos...No le importaba.
No le importaba en absoluto.
-Ve, al final todo ha acabado bien...-Suspiró Feliciano, mirando de reojo al japonés-¿No te parece genial?
El nipón asintió, sin querer decir nada más, mucho menos sobre Gretchen. Si ella había leído su libreta, entonces él...Estaría perdido, acabado, destrozado...Atrapado en una contradicción, y él no quería elegir.
Mantuvo silencio.
-...Esto no volverá a pasar, Gretchen-Susurró Alfred, removiendo suavemente su pelo.-En unas semanas serán las elecciones del consejo estudiantil, y buscaremos a algún candidato que esté de nuestra parte y luche contra Ivan...No habrá más injusticia en este sitio.
-¿Y cómo lo vas a encontrar?-Preguntó Arthur con todo cínico, mostrando lo dificultoso que sería encontrar a alguien que tuviera el valor de imponerse ante el ruso-Eso será como buscar una aguja en un pajar. Y nadie está tan capacitado como para hacerlo, pocos tienen idea de lo que conlleva ser uno.
Y entonces, Gretchen sintió una lucecita encenderse sobre su cabeza, y se alejó del pecho de Alfred para observarle fijamente.
-...Yo...Ya sé quién sería el candidato ideal-Dijo Gretchen con voz suave pero clara, lo justo para que todo el mundo pudiera escucharla perfectamente-Ha estado delante de nuestras narices todo este tiempo, pero...Lo es. Es el único capaz de hacerlo.
La expectación creció por momentos, mientras todos esperaban en silencio el nombre de aquel candidato, más bien por la impresión que por la emoción en sí. Nadie esperaba que hubiera una opción tan rápido, ni que fuera la propia Gretchen quién lo encontrase.
Fue entonces cuando la joven rubia alzó la mano, señalando con del dedo a Kiku Honda, quién al instante, sintió su mundo desmoronarse por momentos.
Notas de arrepentimiento: Uf, llevo tanto tiempo sin actualizar, que las he pasado terriblemente putas para poder llevar el hilo de la historia, puesto a que hay muchos detalles...En fin, perdonadme, de verdad. Mi estado anímico no ha sido del todo bueno, pensé que en verano mejoraría...Pero solo fue a peor, en fin, dicen que los peores enemigos del escritor son la inspiración y la motivación, aunque también pueden ser tus aliados...Y digamos que a mi me faltaron ambas cosas. Siento excusarme así pero...No podría explicároslo de otra forma xDU lo siento.
Sé que el capítulo es cortito en comparación a los otros, pero es que realmente no sabía que poner y no quería cometer ninguna estupidez, así que si lo veis un poco raro, lo siento. Este no ha tenido tanta calidad como los otros al parecer...Y me siento culpable por mostraros esto.
¡Muchísimas gracias por vuestros reviews! Me habéis alegrado más de lo que os imagináis, y no exagero cuando os digo que me dais la vida, los contestaré más tarde, porque estoy super cansada xD Y espero que sigáis leyendo este fic, que a pesar de los vaivenes de mi persona, promete que va a continuar.
Nina22: Gracias por tu review *-* tranqui, ahora ya están todos juntos, pero eso no significa que las cosas queden ahí, aún quedan muchas cosas más respecto a esa amistad que resolver y descubrir, y de verdad que siento muchísimo la tardanza, pero como ya dije en su momento pienso seguir el fic. ¡Un abrazo!
NoirGhost: Feliz año nuevo super atrasado xDDD **Abrazo virtual** Siento que haya tardado MUCHÍSIMO pero...Ya sabes, cosas, y lo siento, de verdad T-T me alegra mucho verte decir eso sobre mis personajes, me esfuerzo mucho en hacerlos humanos ;; ¡Espero que disfrutes del cap! Un abrazo muuuuy fuerte.
Un abrazo muy fuerte.
