c-2 / Recuerdos
Una semana después del último encuentro, Sakura caminaba apresurada por los pasillos del hospital de Konoha.
'Ya voy tarde para verme con las chicas'.
Sí, eran a veces muy fastidiosas, entrometidas y realmente la hacían enfadar… pero eran las mejores amigas que tenía y los jueves la única oportunidad de mantener el contacto.
Ya era de noche cuando se percató de la hora, tan concentrada como estaba en sus estudios. Se le había ido el tiempo en la oficina de Shizune, enterrada en un montón de escritos médicos que debía aprender antes de pasar al siguiente nivel del jutsu médico: el último paso para poder realizar operaciones más avanzadas.
Se sentía nerviosa por la responsabilidad que esto implicaba. Sería capaz de dirigir operaciones de alto grado de complejidad en un quirófano o en el campo de batalla si fuese necesario. Era su dominio excepcional del chakra lo que la hacía ideal para este tipo de trabajos en los que las claves eran la precisión y la rapidez.
Era algo fuera de lo común para alguien tan joven y sin mucha experiencia, el que fuese considerada ya para un cargo con tal responsabilidad. Y Sakura estaba profundamente agradecida por la oportunidad. Su shishou tenía confianza en ella y en sus habilidades, y de ninguna manera ella la iba a defraudar.
Pensando en estas cosas, Sakura reacomodó el pesado morral a sus espaldas, en donde había empacado tantos pergaminos y libros como le fue posible. Quería continuar estudiando esa noche, luego de ver a las chicas claro. En su cabeza ya podía oír el chillido de desaprobación que iba a salir de Ino cuando, nuevamente, se fuese a casa temprano para una cita con sus libros y no con un hombre guapo y salvaje.
Una risita se escapó de sus labios. Un día cualquiera iba a matar a Ino de un disgusto. Sus intenciones eran buenas, sí, pero su visión de la vida estaba un tanto limitada por el sexo opuesto. Y no precisamente desde una concepción clásicamente romántica del amor verdadero. No, Ino era demasiado práctica y materialista para eso.
Para ella todo se resumía en una carrera contra el tiempo (y contra las demás mujeres), que consistía en buscar (y probar claro está), hasta conseguir el mejor candidato posible. Dicho en otras palabras, un hombre guapo, con mucho dinero y estatus respetable, que fuese capaz de complacer todos sus caprichos, causar la envidia de todas sus amigas y ser un buen padre para sus hijos.
Al parecer no había nada más importante para una mujer. Ser kunoichi era sólo una destreza complementaria. Pero Sakura pensaba muy distinto. Una mujer de verdad no necesitaba que un hombre la validase como tal. Conceptos como independencia y autosuficiencia habían sido reforzados en ella por Tsunade durante los últimos años. Sakura no iba a dejar que el trabajo de toda su vida se diluyera por un hombre demandando que se quedara en casa todo el día, preparándole de comer y cuidando de sus mocosos. ¡Oh no!
Claro, siendo una romántica empedernida, su visión del futuro aún estaba llena de las imágenes de una familia, un esposo amoroso y una multitud de hijos que atender. Pero su lado más cínico había empujado esas ideas al rincón más apartado de su mente.
Cuando se encontraba a punto de tomar las escaleras para bajar a la salida principal Sakura escuchó la conmoción. Algo bastante serio estaba ocurriendo, a juzgar por el vocerío que venía del piso de abajo. Unas enfermeras pasaron corriendo frente a ella cargadas de insumos médicos hacia la sala de emergencias. Unos pasos más atrás, Shizune las seguía apresurada, con un semblante muy contrariado.
"¡Ahhh Sakura, qué bueno que no te has ido!" dijo de inmediato al notar su presencia, con el alivio más que patente en su voz. "En verdad necesito de tu ayuda".
Tomada completamente por sorpresa, Sakura no pudo más que asentir y seguirle el paso a la mano derecha del Hokage. De inmediato bajaron las escaleras, girando hacia la zona de emergencias. Había un movimiento inusual de personas que las obligó a zigzaguear entre la gente para abrirse paso. Al parecer toda el área estaba siendo evacuada en ese momento.
"Acaban de regresar cinco escuadrones ANBU de una misión estrictamente secreta y clasificada Sakura. Tu máxima discreción es necesaria en este caso". La mujer comenzó a hablar en voz baja pero con un ritmo casi tan acelerado como el que usaban para desplazarse por el hospital. "De hecho, no puedo revelarte ningún detalle de lo ocurrido y nada de lo que veas debe salir de aquí, ¿comprendes?".
"Sí, Shizune-san".
"Esto es muy grave. No te lo pediría si Tsunade-sama estuviera aquí pero…" agitó con desaprobación la cabeza, "ya sabes como es cuando se junta con el pervertido de Jiraiya-sama". Sakura hacía lo posible para mantener su atención en sus palabras, sin perderle el paso a su otra mentora.
"Algunos miembros han sido mal heridos y uno de ellos se encuentra muy grave, Sakura. Los médicos ya han empezado una intervención de emergencia, y necesitamos todo el chakra que sea posible dirigir al problema. ¡El tiempo apremia!"
Sakura se limitaba a asentir con los monosílabos apropiados, siguiendo de cerca las instrucciones que le impartía Shizune. Al tiempo, su mente trabajaba frenéticamente en comprender un poco el trasfondo y las implicaciones de la situación.
Desde que las cosas se habían calmado con la destrucción de Akatsuki, no había visto ese tipo de actividad. ¿Qué clase de misión estarían realizando cinco escuadrones ANBU? Para empezar era muy peculiar que trabajaran en grupos grandes. Definitivamente no era una misión ordinaria para movilizar a tantos, y a juzgar por lo que vio al entrar a emergencias, se trataba de algo importante y extremadamente peligroso.
Emergencias era un salón amplio y previsiblemente blanco. Contaba con una serie de camillas a ambos lados, separadas entre sí por biombos de tela, que daban algo de privacidad a sus ocupantes. Un vistazo a la sala y Sakura contó no menos de diez shinobis con distintos grados de lesiones. '¡Vaya que la cosa va en serio!'.
El lugar estaba conectado por unas puertas dobles a un quirófano de emergencia al que entró enseguida, sin despegarse de Shizune.
En el medio de una sala tan aséptica como la anterior, se encontraba una especie de futón en el suelo en donde un ANBU estaba tendido con el pecho –literalmente– abierto y manando sangre. Los quirófanos de este tipo eran una perfecta combinación entre las técnicas manuales de la curación tradicional –muy primitivas en opinión de los shinobis– y los métodos más avanzados de la curación por Chakra.
Tubos y monitores estaban conectados al herido desde el techo, mientras que a su alrededor la caligrafía de un intrincado sello de curación ninja se tejía en círculos concéntricos. Hileras de kanji formaban líneas que salían del centro mismo de la herida principal y que terminaban algunas hasta en las paredes del lugar. Al final de cada una de ellas se alternaban los médicos ninja, aplicando el chakra y los jutsus apropiados en un intento por salvarle.
El cuerpo del shinobi herido yacía mortalmente pálido y completamente desnudo salvo por la máscara de porcelana blanca que cubría su rostro. Solamente si era necesario para salvar su vida, los médicos removerían la máscara. Así eran de respetadas las identidades anónimas de estos guerreros legendarios.
Y ellos, por su parte, recurrían a todos los trucos imaginables para mantener sus identidades a resguardo. Desde cambiar sus voces o el color de sus cabellos con un jutsu. Tú podías saber que alguien estaba en ANBU, pero nunca cual era su identidad dentro de las fuerzas especiales.
"Gallo", pensó Sakura reconociendo la figura dibujada en la hermosa porcelana ahora salpicada con sangre. Era tradicional diferenciar a los ANBU por sus máscaras, decoradas con cuidado por ellos mismos para hacerlas únicas. Sólo los de más alto rango en la organización se ganaban el derecho a tener una con un animal de su elección que nadie más tendría, representativo de su estatus y sus características. Los operarios principiantes y las tropas usaban el mismo diseño base de un mono adornando sus máscaras.
"Sakura, necesito que trabajes conmigo en restituir el flujo normal de chakra a través de sus vías respiratorias y reparar rápido los tejidos de la zona".
La orden la sacó de sus cavilaciones y la puso al instante a trabajar junto a Shizune, colocando sus manos al final de una de las complicadas líneas de caligrafía que brotaban desde el sello en torno al ninja. La kunoichi miró una vez más la ensangrentada máscara, reparando en la larga cabellera negra que se enredaba como un halo alrededor de su cabeza.
Una imagen similar, y que nunca iba a olvidar, cruzó su mente – 'Tan hermoso como mortal. Su palidez contrastando bellamente con su cabello azabache. Sus ojos rojos fijos en el infinito. La sangre manchando todo su cuerpo. Estaba muerto'.
Sakura disolvió rápidamente la imagen mental. Ese no era el momento.
'¡Resiste por favor!' murmuró para sus adentros.
Era hora de ponerse a trabajar.
- o -
Sakura abrió los ojos con lentitud, como si sólo el hecho de mover los párpados fuese una tarea demasiado pesada. Su visión estaba muy borrosa por el golpe. La energía del Rasenshuriken la había lanzado por el aire al menos unos diez metros hasta estamparla contra un árbol.
Recuperando paulatinamente el conocimiento y la habilidad de moverse, la joven levantó su rostro del suelo con un quejido lastimoso. Podía distinguirlos vagamente a lo lejos. Destrucción y ruinas a su alrededor eran el testimonio de cada golpe mortal que habían intentado el uno contra el otro.
No sabía cuanto tiempo había estado desmayada, pero las cosas no habían cambiado mucho. La lucha continuaba con toda su fuerza y los hermanos Uchiha, aunque ya muy malheridos, no se detendrían.
Sólo la muerte podría pararlos.
La sensación de mareo y desconcierto se intensificaba al verlos luchar. Estaban recurriendo a todo tipo de técnicas ilusorias y de reemplazo que hacían muy difícil seguir sus movimientos y saber donde estaba el verdadero. El poder del Sharingan era realmente impresionante.
Sakura volvió a cerrar sus ojos y trató de concentrarse en su chakra. Su flujo era irregular y estaba muy debilitado, pero pudo constatar que su cuerpo no tenía daños severos. Se concentró luego en su propia respiración, tratando de calmar los latidos de su corazón. Tenía que estar lo más calmada y enfocada posible si quería ayuda a sus amigos.
Recuperando ya todos sus sentidos, Sakura intentó moverse, consiguiendo levantar su cuerpo hasta sentarse sobre sus piernas. Entonces lo vio, tendido a escasos metros delante de ella.
Naruto estaba en el suelo, desangrándose rápidamente hacia su muerte.
De inmediato recordó todo. ¿Cómo había podido olvidarlo?
Las imágenes de lo último que había visto antes de perder el sentido se repitieron ante sus ojos: Sasuke en el suelo y Naruto interponiéndose entre él y la embestida de Itachi. El nuevo Rasengan listo en su mano. Luego, la fuerte explosión que vino del contacto… el golpe contra el árbol y la nada para ella.
Ahora, Sasuke seguía luchando con su hermano, mientras su mejor amigo se moría desangrado luego de sacrificarse para salvarle la vida.
Sakura se arrastró frenética, el corazón latiendo a mil por hora y a punto de salírsele por la boca.
"¡Naruto!"
La angustia de su voz palidecía ante lo turbulento de sus sentimientos. ¡No se suponía que las cosas salieran así! Deberían estar ayudando a Sasuke, así él no quisiera su ayuda, hacerlo desistir de su venganza, obligarlo a entrar en razón y protegerlo, especialmente de sí mismo.
Pero las cosas no siempre salen como se planean.
Si Naruto moría ahora sería enteramente su culpa. Por no ser más rápida. Por no ser más fuerte. Por desmayarse cuando él más la necesitaba.
Llegó tan rápido como pudo hasta el cuerpo sin vida de Naruto y de inmediato tuvo que voltear el rostro. Su pecho estaba completamente destrozado. Se sintió mareada como si fuese la primera vez que veía un cuerpo humano severamente deteriorado. Pero hay una gran diferencia entre ver un cadáver para prácticas médicas o a un desconocido en emergencias, que a una de las personas que más amas en tales condiciones.
A pesar del impacto inicial no perdió tiempo. No tenía mucho chakra, pero sí el necesario para atender las lesiones más críticas y poner a funcionar su cuerpo. Lo suficiente al menos para garantizar que permaneciera con vida hasta sacarlo de allí.
Pero no iba a ser fácil. Aun con sus reservas ilimitadas de chakra y su velocidad sobrenatural de curación, el daño era tan severo que ni la misma Sakura sabia si sería posible reconstruir su corazón de los restos de carne en su pecho. Pero eso no la iba a detener. Aunque tuviera exprimir hasta la última gota de su chakra y toda la sangre de su cuerpo, ella no iba a permitir que ninguno de los dos muriera ese día.
Levantó los ojos justo a tiempo para ver a Sasuke golpear a su hermano en el rostro, al tiempo que una de sus serpientes comenzaba a envolver su cuerpo. Itachi apareció de pronto detrás de Sasuke, clavándole un kunai en la espalda. Era una serpiente, tanto como el otro Itachi inmovilizado era un clon hecho de cuervos.
Sakura cerró los ojos para no seguir viendo. Ella no podía hacer nada más que confiar en la fuerza de Sasuke-kun, y concentrase en salvar a Naruto.
Una fuerte explosión sacudió el lugar, causando una avalancha de escombros en los edificios colapsados a su alrededor y deteniendo la pelea de los Uchiha por algunos segundos.
Sakura volteó hacia la fuente de la conmoción. Un edificio a sus espaldas, que ya se encontraba prácticamente en ruinas, estaba humeando y destellos eléctricos de chakra blanco podían distinguirse a través de la humareda.
'¡Kakashi-sensei!'
Adentro, otra lucha mortal estaba en pleno apogeo. Hatake Kakashi y Jiraiya-sama luchaban contra Uchiha Madara el líder de Akatsuki. Sakura se limitó a morderse los labios y rogar silenciosamente por que todo saliera bien para ellos. Todos los demás compañeros de Konoha con los que había salido en esta misión, estaban diseminados por el campo de batalla, luchando contra lo que quedaba de los miembros de Akatsuki.
Agotando lo último de su chakra, Sakura consiguió sacar del peligro inmediato a Naruto. Lo demás tendría que esperar hasta llegar a un hospital. Aunque si no recibía más atención en menos de una hora, ya no quedaría nada más por hacer.
Naruto iba a morir.
Entretanto, la lucha fraticida continuaba, y verlos era un espectáculo impresionante. La danza de la muerte en su más hermosa expresión de gracia y poder. Era tan hipnotizante como horroroso. Dos hermanos completamente disfuncionales, luchando a muerte con el otro para probarse a sí mismos a cualquier precio. Bien fuera a través de la muerte de sus familiares o la de sus amigos, nada podía detener su enfermizo juego para poner a prueba el alcance de sus habilidades.
Era en verdad terrible ver las muchas formas en que el poder puede llegar a corromper. Tanto para los que nacen con él, como para los que lo ambicionan.
De repente, la macabra danza se detuvo. Hasta el viento dejó de soplar y las nubes paralizaron su avance por el cielo. Finalmente, de pie uno frente al otro, los ojos fijos en el rostro familiar y a la vez extraño de la casta Uchiha, ambos se reconocieron como iguales.
Y con ese reconocimiento nació la noción de finalidad. No quedaba nada más por hacer que apostarlo todo en un último ataque y ver quien era el más digno.
No hacía falta decir nada. Sharingan contra Sharingan, los hermanos se lanzaron como trenes frente a frente, corriendo a toda marcha por el mismo carril. El choque era inevitable y Sakura no pudo soportar verlo.
Cuando abrió los ojos de nuevo, el cuerpo de Itachi yacía en el suelo, cortado limpiamente en dos.
Y Sasuke, de pie frente a él, sonreía como un demonio enloquecido. Sus ojos estaban desorbitados de placer. Comenzó entonces a reír a carcajadas, como un maniaco drogadicto en pleno ataque de euforia. ¡La venganza estaba consumada!
Había matado a su propio hermano, a su misma sangre, y se había convertido en un monstruo mucho peor que el propio Itachi para lograrlo.
Había cumplido su sueño… al precio de su vida.
Su cuerpo se desplomó al suelo.
"¡SASUKE-KUN! - ¡SASUKE-KUN!"
El grito desgarrado de Sakura era lo único que se escuchaba. Todas las batallas a su alrededor habían terminado ya.
Arrastrándose con desesperación se lanzó hacia el cuerpo de Sasuke, llamándolo inútilmente. Pero su propio cuerpo ya no le respondía con el agotamiento. No tenía chakra para intentar salvarle siquiera.
Cayó al suelo. Los ojos llenos de lágrimas, los puños batiéndose inútiles contra el piso.
Sólo podía contemplarle desde lejos, no sin algo de morbosa fascinación ante la belleza letal de su compañero y primer amor. Aun en la muerte era hermoso. Su palidez contrastando bellamente con su cabello azabache. Sus ojos rojos fijos en el infinito. La sangre manchando todo su cuerpo.
El maldito había logrado cumplir con uno de sus sueños de niño, pero no viviría para realizar el segundo.
Uchiha Sasuke estaba muerto.
Y con él, el legado del Sharingan desaparecía irremediablemente.
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