c-3 / Revelaciones
Sakura estaba física y mentalmente extenuada, pero aun no estaba ni cerca de terminar la inesperada guardia de esa noche. La operación del ANBU - Gallo duró una hora antes de que pudieran estabilizarlo y sacarlo del inmediato peligro. Y todavía quedaban al menos tres horas de trabajo para lograr revertir los severos daños recibidos en su cuerpo.
Shizune ordenó a Sakura salir del quirófano y ayudar a atender al resto del último equipo que acababa de llegar. La participación de Sakura había sido decisiva en el éxito preliminar de la operación, pero la experimentada médico no quería sobrecargarla con más de lo necesario. El trabajo dentro del quirófano era muy intenso, así que era apropiado bajar los niveles de estrés en la aún muy joven kunoichi con un receso.
La emergencia parecía ahora mucho más tranquila en contraste con la frenética actividad anterior. El lugar estaba en parte en penumbras con al menos cuatro de las camillas ocupadas por heridos que ya habían sido atendidos y descansaban, algunos alerta, otros con un sueño agitado.
En la puerta un grupo ANBU de seguridad montaba guardia. Nadie podía entrar o salir de emergencias hasta que la situación se normalizara y los heridos pudieran ser trasladados a su cuartel general. Parecía excesivo, pero eran la máxima discreción y el fiero recelo de sus secretos, una de las razones por la que los ANBU eran los ninja de élite más admirados de todas las aldeas ocultas.
Sakura vio a su derecha al grupo de tres ANBU recién llegados a los que se había referido Shizune. Tenían un aspecto bastante vapuleado y sucio. Bajo las lámparas de examen sus cuerpos tomaban una desagradable palidez, casi fantasmal, con la luz halógena; un efecto que era intensificado por el contraste macabro con el rojo sangre que salpicaba sus pieles.
Estaban siendo atendidos por un par de enfermeras y uno de los médicos de guardia. Sus heridas no parecían serias, sin embargo ameritaban algunas horas de reposo.
"¡Ah Sakura-san! Justo cuando necesito tu ayuda", dijo una de las veteranas asistentes al verla aproximarse. ¿Por qué tenía la impresión de que no sería la última vez que escucharía esas palabras en lo que restaba de noche?
"Por favor podrías atender al capitán de este grupo. Tiene una herida bastante fea en el pecho que necesita tratamiento". Levantando la mano apuntó con un dedo hacia el recodo más lejano de la sala, donde la silueta de un ANBU apenas se distinguía en la media penumbra.
"Seguro, yo me encargo", contestó sin despegar la mirada de la figura misteriosa de su próximo paciente, quien se reclinaba ligeramente contra el marco de la ventana, aparentemente ajeno a todo.
A medida que avanzaba pudo distinguirlo mejor. Era alto, algo más de un metro ochenta de estatura, delgado, de contextura evidentemente maciza, pero sin ser exagerada; como sólo los ninja pueden serlo. Su cabello medianamente largo estaba empapado, lo que le daba un extraño brillo plateado bajo luz de la luna que entraba por la ventana. En realidad el shinobi estaba completamente mojado, comprendió Sakura, cuando notó por fin el sonido del torrencial aguacero que estaba cayendo en Konoha. Estaba ya tan cansada que ni se había percatado de lo que ocurría a su alrededor.
Preparando una de las camillas más próximas al ninja, Sakura encendió una de las lámparas halógenas que le permitirían trabajar sobre el paciente sin molestar a los demás.
"Por favor shinobi-san" dijo con algo de nerviosismo en su voz, "siéntese en la camilla para atenderle". Este tipo de cosas eran totalmente rutinarias ya para Sakura, pero por algún motivo que no lograba comprender, en ese momento se sentía terriblemente ansiosa. Casi igual como la primera vez que le tocó atender a un paciente de verdad, de cuyo cuidado adecuado dependía su vida.
El nerviosismo sólo creció cuando el capitán ANBU se movió, lenta pero ágilmente en dirección a ella. Si estaba mal herido no lo demostraba en su forma de caminar, que tenía esa cadencia particular, muy parecida a la de un depredador cuando se acerca a su presa del día.
Más que incómoda, Sakura tragó grueso tratando de calmarse. Bajó la mirada y la mantuvo fija en el kit de emergencias de donde extraía lo necesario para limpiar la herida.
Entonces, cuando él llegó hasta la camilla, lo comprendió al fin.
La incomodidad y el nerviosismo que casi la estaban paralizando provenían de la carga de intención asesina que manaba a chorros del ANBU a su lado. El olor a muerte lo acompañaba y su chakra estaba marcado por la violencia. Era evidente que la misión no había sido ordinaria, sino una batalla muy dura por la supervivencia de los más fuertes. Era un pensamiento no muy reconfortante, pero una realidad ninja ni más ni menos.
Aunque a nadie le gustaba hablar directamente de ello, esa era su verdadera razón de ser; los ninjas eran herramientas de la muerte después de todo. Cada quien lidiaba con sus heridas como mejor podía.
El capitán se sentó con un rápido y fluido movimiento sobre el final de la camilla, su mirada aun fija en la ventana. Tomando una respiración profunda la joven médico se tranquilizó, comprendiendo que la furia homicida que aun dominaba el inestable ánimo de su paciente no estaba dirigida a ella.
Componiéndose tanto como podía teniendo a un asesino entrenado a su cuidado, Sakura entró en acción. Lo bueno era que, una vez en movimiento, los reflejos del médico se accionaron, como un viejo hábito imposible de romper, eliminando rápidamente toda preocupación al empezar a examinarlo. De pie a su lado y colocando sus manos a escasos centímetros de su pecho y espalda, Sakura comenzó un reconocimiento superficial.
"Shindan" pronunció en un susurro, liberando pequeñas cantidades de chakra a través de sus palmas. Esto le permitía emitir las señales necesarias a las células de su cuerpo para evaluar su estado general y encontrar lesiones.
El examen no fue nada difícil. Su condición física era excelente salvo por los muy bajos niveles de chakra, unas cuantas contusiones, y la enorme herida que recorría diagonalmente su pecho. Debía tener al menos un par de centímetros de profundidad y ya muchas horas de ser inflingida en el cuerpo del shinobi.
Sakura se inclinó para observarla más de cerca y un montón de preguntas se formaron en su cabeza respecto al tipo de misión que había dejado a tantos shinobis malheridos. ¿Cómo habría pasado todo esto?
"Katana".
La voz profunda, distante, pero extrañamente familiar del ANBU la hizo retroceder de un pequeño salto.
"¿Qué?"
"La herida. Fue hecha con una Katana, hace más de cinco horas".
Bueno, eso de seguro contestaba a las preguntas principales que tenía que hacer para atenderle. "¡Oh! Entiendo. Por lo que veo primero será necesario retirar la armadura y cortar el uniforme para limpiar bien la herida".
Casi de manera mecánica el shinobi levantó ambas manos hacia sus hombros y con un solo tirón aflojó los sujetadores que mantenían la blanca armadura en su sitio, dejándola caer a sus pies.
Había que decir algo respecto al genio detrás del diseño de lo uniformes ANBU. Ninjas en la cumbre de su forma física, corriendo por allí en un exquisito uniforme negro sin mangas, ajustado al cuerpo como una segunda piel, con pantalones algo más holgados que sólo dejaban lo justo y necesario a la imaginación, y esos guantes largos, que llegaban a la altura del tatuaje en sus brazos.
En ese momento Sakura hubiese apostado con total confianza que la idea fue de una mujer. Parpadeando varias veces se forzó a regresar su atención al trabajo.
Efectivamente era como se lo temía. La mezcla medio seca de sangre, sudor, tierra y tela raída se habían coagulado en la herida formando una costra que se pegaba a la piel del ninja.
"Voy cortar ahora. Puede que lo lastime un poco. Esto se ve muy pegado".
Tomando unas tijeras grandes, Sakura atacó directamente las costuras en los hombros cortando hasta el cuello alto del uniforme, deshaciéndose naturalmente de la mayoría de la tela y dejando al paciente al descubierto en toda su gloriosa masculinidad.
A excepción de las múltiples cicatrices que marcaban su pecho y lo que podía ver de su espalda y brazos, estaba ante la perfección hecha hombre. Las provocativas y sensuales formas de su proporcionada y flexible musculatura, y la suavidad que prometía su pálida piel, la hicieron desear intensamente el tocarlo.
Pero tan pronto como la idea cruzó por su mente, Sakura se reprendió severamente por el rumbo poco profesional que sus pensamientos estaban tomando. '¡Estás atendiendo un paciente, no en un bar con la sádica de Ino, coño!' Por su lado, Sakura-interior protestó por la interrupción con un chillido lastimoso de perro callejero que se conforma con las sobras. 'Déjame vivir de la ilusión aunque sea', se quejó inútilmente.
Un ataque de tos nerviosa terminó de acallar la problemática voz interna. Recuperando su semblante más profesional, continuó su trabajo, tomando una gasa húmeda y una pinza para retirar con cuidado el material pegado a lo largo de la lesión.
Tenía que darles crédito. Definitivamente los ANBU no eran elegidos al azar. Ni movimiento ni sonido alguno delató el evidente dolor que tenía que estar sintiendo el shinobi, con una Sakura separando sin piedad la costra de tela de su piel y metiendo una gasa en la herida abierta para sacar los residuos más grandes.
De todos los entrenamientos y exámenes de selección que un shinobi podía pasar en su carrera, el Equipo de Operaciones Especiales ANBU era el más misterioso y temido por todos. Los pocos afortunados que pasaban –bueno, afortunados según de que lado se mire– eran sin duda la élite de la élite.
La verdad había que estar muy locos –o muy desesperados– para unirse al ANBU. Aun así, el reconocimiento y el respeto que se les tenía era incuestionable por lo difícil y exigente de las misiones que tenían que enfrentar a diario.
Muchos de sus logros eran ya leyendas urbanas, aunque la mayoría de sus hazañas terminaban siendo desconocidas para el común de la gente por el nivel de discreción necesaria. Sin embargo, su servicio a la aldea les había ganado un estatus de semi-dioses entre sus colegas. Sólo el Hokage estaba por encima de los más reconocidos miembros del ANBU.
Pero como todo, el lado oscuro de las fuerzas especiales era patente en los sacrificios que sus miembros debían hacer. Ningún otro cuerpo tenía tantas bajas. Bien sea por muerte, incapacidad o por retiro forzoso, se decía que nadie sobrevivía en el servicio activo de ANBU por más de cinco años sin volverse algo loco. Y los pocos que lo hacían, eran reconocidos como verdaderos psicóticos. Claro, una vez que se era parte de ANBU, jamás te podías desligar del todo. Una llamada de vuelta al servicio activo podía suceder en cualquier momento.
Resultaba muy inquietante para Sakura el saber tan poco de lo que ocurría tras bambalinas en el Konohagakure. Esta era la parte más macabra de ser ninja y de la necesaria lucha de poder en el mundo. Ver shinobis como el paciente que estaba atendiendo convertidos en maquinas de muerte, con un chakra siniestro y violento, siempre la dejaba con un malestar en el cuerpo y, por que no, con algo de miedo.
No era que Sakura no hubiese estado antes en la presencia de asesinos totalmente crueles y despiadados a la hora de matar, pero no dejaba de hacerla sentir muy incómoda cuando le tocaba atender o trabajar junto a uno que matara activamente en nombre de su aldea.
La mayoría de los ninja estaban listos para enfrentarse a situaciones de vida o muerte al cumplir una misión, cierto. Pero en realidad la gran mayoría, como ella misma, se dedicaban solamente a labores de defensa y protección. Matar era el último recurso, cuando la aldea, la misión, o la vida estaban en peligro. En ese orden de importancia.
Sólo unos pocos, los ANBU, eran los destinados a misiones de rango S, donde los objetivos eran dos: obtener información o hacerla desaparecer. Los métodos se resumían en tortura y muerte. Dicho en pocas palabras, eran los asesinos entrenados de Konoha. Y no tenían ni escrúpulos ni moral a la hora e cumplir con su misión
Sakura dirigió una breve y subrepticia mirada a su paciente.
'Lobo'
La máscara brillaba intensamente bajo la luz halógena, y sus trazos rojos y negros eran precisos y elegantes. Uno podía decir mucho de la personalidad de la gente a través de su caligrafía, y lo mismo podía aplicarse al estilo y rasgos de un dibujo. En este caso, el flujo de las líneas, perfectamente simétricas y el trazo seguro detrás de ellas denotaba una habilidad superior pero también, a su juicio, una sensibilidad artística importante.
Cuando el procedimiento de limpieza terminó, Sakura comenzó a realizar los sellos del jutsu de curación con sus ágiles manos, acercándolas a milímetros de la herida.
"Chiyute no Jutsu".
Mientras el poder de su chakra se adentraba en los tejidos maltratados de su paciente, Sakura se encontró nuevamente contemplando, con morbosa fascinación, las cicatrices que marcaban la piel del shinobi delante de ella. Se preguntó que historias tendría cada una y por qué razón este hombre no había ido a un médico especialista para que le atenuasen las más dramáticas con el jutsu de regeneración apropiado.
La verdad, esa parte interna de Sakura, la más honesta respecto a sus sentimientos y su verdadera naturaleza como mujer, encontraba en todo esto algo muy sensual. La fuerza que emanaba del shinobi y la historia que contaba su piel, eran una invitación a experimentar con los sentidos. El deseo de tocarlo volvió, esta vez acompañado del apetito de besar cada una de esas cicatrices y desentrañar sus secretos.
Entonces la voz de Ino retumbó incómoda en su cabeza: '¡Hombres de verdad! De los maduros y con pelo en el pecho, ¿sabes?'
Bueno, este no tenía pelos en el pecho pero definitivamente entraba en la categoría de hombres maduros y experimentados a los que su amiga se refería.
A medida que todo esto era contemplado a detalle por la Sakura-interior, la kunoichi pudo sentir el calor de un sonrojo teñir sus mejillas. Es ese momento se hizo muy conciente de la mirada fija del ANBU-Lobo en su rostro y sólo pudo sonrojarse más y apartar la mirada hacia cosas más mundanas. 'Me parece que hay una grieta en el piso, sí…'.
Cuando ya no había más centímetros de granito que analizar Sakura sintió que el trabajo de su chakra estaba casi completo. 'Ahora sólo falta sellar la herida', se dijo al tiempo que presionó ambas palmas a cada lado de la herida, cerrándola y forzando la piel ha unirse con su chakra.
El contacto de sus manos provocó la primera reacción que había obtenido de su paciente. Ni el dolor ni las molestias le sacaron el pequeño brinco que dio su cuerpo cuando las pieles de ambos se tocaron. Sakura alzó su rostro para dirigir una mirada de curiosa incredulidad al ANBU. Sus ojos entrecerrados tras la máscara no eran muy informativos de su reacción.
"Manos frías", entonó monótonamente en respuesta a la pregunta no formulada.
Era la segunda vez que lo hacía. Sakura se preguntó brevemente si el tipo no sería capaz de leer la mente. 'Espero que no o estamos en serios problemas – podrían demandarnos por acoso sexual en el trabajo y todo', exclamó sabiamente Sakura-interior, para mayor mortificación de la joven.
Apartó rápidamente la mirada, sintiendo los colores invadir su rostro de nuevo. ¡¿Pero qué rayos le pasaba?!
Era en verdad frustrante cuando perdía el control de sus emociones de ese modo. Ahora sólo le quedaba intentar terminar el procedimiento lo más rápido posible para salir de allí con lo poco que le quedaba de dignidad y arrojarse en el río más cercano.
Lo bueno era que esta parte sería bastante más rápida, pues los tejidos ya sanados eran urgidos a unirse, lo cual hacían con facilidad por la fuerza el chakra y sus efectos a nivel celular. Una vez terminada la tarea, sólo quedaba emplear algunas gasas adhesivas para mantener la zona en tratamiento lo más inmóvil posible.
La regeneración por chakra no dejaba de ser una operación delicada, que exigía mucho reposo para que el cuerpo pudiera hacer su trabajo y terminar de fortalecer de forma natural las zonas dañadas. Era un poco como coser puntos de sutura con chakra. Tomaba tiempo para que los tejidos sanasen por completo.
Sakura ya estaba terminando de colocar las vendas cuando algo llamó su atención en el brazo derecho del shinobi. Al parecer, durante la batalla había perdido el protector y la mayor parte de su guante, dejando al descubierto su piel algo sucia de sangre y tierra.
Pero lo que tenía a Sakura hipnotizada era una cicatriz en particular, si bien pequeña y pálida en comparación con las muchas otras que marcaban su cuerpo, esta tenía algo extrañamente familiar. Casi parecía brillar bajo la luz halógena como una pequeña media luna blanca.
Un recuerdo la asaltó de repente.
Una vieja memoria de cuando tenía doce años y entrenaba con el Team 7 en unos de los campos de adiestramiento que rodeaban la aldea. Entonces, aun era una niña insegura y demasiado obsesionada con Sasuke para tomarse en serio su futuro como kunoichi.
Estaban luchando por turnos con Kakashi-sensei, practicando los movimientos básicos de taijutsu y algunos ataques basados en ninjutsu. No era necesario decir que en todos los turnos, tanto Naruto como Sakura eran despachados en menos de diez segundos por un descarado sensei, que sostenía tranquilamente su libro pornográfico en la mano, para mayor humillación.
El único que podía darle algo de trabajo era Sasuke. Entre continuas exclamaciones de '¡Kawaii!' y '¡Eres súper Sasuke-kun!', Sakura lo veía embelezada, mientras el joven aplicaba todo su empeño y fuerza en atacar al experimentado jounin.
En esa ocasión, sin embargo, las cosas se habían salido un tanto de control.
Sasuke había logrado dar un par de puñetazos directos al estomago de su sensei, aprovechando el momento de breve desconcierto para lanzar su característico jutsu de fuego, que envolvió momentáneamente al jounin hasta que salió humeante de un salto hacia atrás.
Eso no había sido nada que pudiese hacer sudar a Kakashi, pero un vistazo a las páginas chamuscadas de su adorado Icha Icha Paraíso, bastó para que su humor, siempre relajado, cambiase por completo.
En dos movimientos, demasiado rápidos para el ojo ordinario, Kakashi había dejado a un furibundo Sasuke boca abajo y completamente inmovilizado contra el suelo. Estaba sentado sobre él, con una rodilla en la espalda y la otra sobre sus dos piernas. Con una mano apretaba su muñeca izquierda contra la parte de atrás de su cuello, mientras que sostenía muy estirado su brazo derecho, haciendo presión hacia arriba y forzando el ángulo hasta ponerlo casi perpendicular al suelo.
Un crujido se escuchó en el silencioso campo de entrenamiento. Sakura miraba con absoluto horror como su sensei estaba torturando a su querido Sasuke-kun, rompiendo lentamente su brazo. Naruto también estaba anonadado y completamente paralizado ante el espectáculo.
Kakashi se inclinó entonces sobre su víctima, diciéndole algo que Sakura, por la distancia, no pudo escuchar, y luego continuó aplicando la presión y forzando más el brazo. En la mirada de su sensei había algo diferente y que, francamente, la tenía completamente aterrorizada. Nunca había sentido algo semejante. Pero eso no iba a ser suficiente como para evitar que intentara hacer algo por Sasuke.
"¡BASTA! ¡Detente por favor Kakashi-sensei!". Las lágrimas corrían por su cara y las piernas le temblaban, pero sus gritos histéricos no lograban nada.
Kakashi seguía presionando, Sasuke continuaba sin emitir siquiera un gruñido de dolor. Sólo el continuo crujir de sus huesos se escuchaba por encima de los sollozos de Sakura.
En ese momento, por la intensa necesidad de proteger que siempre la ha caracterizado, Sakura se sobrepuso a su miedo por primera vez en su vida. Se lanzó contra Kakashi y, por falta de un arma a la mano, sólo atinó a morderle con todas sus fuerzas en el brazo, sus dientes hundiéndose profundamente en su carne hasta sacarle sangre.
Todo terminó entonces.
Sasuke se marchó de inmediato con Kakashi rumbo al hospital, no sin antes gritarle lo estúpida y entrometida que era por interrumpir su entrenamiento. Naruto por su parte se había quedado con ella, tratando de consolarla e insultando alternativamente a Sasuke-teme. Pero finalmente se había marchado también, al ver lo inútil de sus esfuerzos, y con demasiada hambre para seguir hablando.
La tarde se convirtió rápidamente en noche y Sakura no se había movido del lugar. Se sentía miserable y rota. Nada de lo que hacía estaba bien y Sasuke-kun ahora la detestaba aún más.
'Sólo los cobardes necesitan ayuda de una inútil como tú'. Sus palabras la habían herido profundamente, porque en aquel entonces, aún creía que sólo ganándose el reconocimiento y el cariño de Sasuke, ella podía llegar a ser alguien.
"¡Puff!"
El característico sonido explosivo marcó la re-aparición de su sensei, encorvado y en cuclillas a su lado.
"Yo", saludó con su típica expresión, levantando la mano. "¿No deberías estar ya de vuelta en casa, Sakura?".
Ella no contestó, más que nada por miedo a ponerse a llorar como una tonta de nuevo si abría la boca.
"Ah, siento mucho haberte asustado hoy, Sakura. Pero en verdad, tú me sorprendiste".
Eso llamó de inmediato su atención y la hizo voltear por primera vez para mirar al jounin a su lado. Él tenía la mirada perdida en el campo frente a ellos, su expresión tan ilegible como siempre.
"No todos tienen la fuerza para luchar contra el propio miedo, ni están dispuestos a todo por defender a sus compañeros de equipo… Me alegra saber que tú tienes esa fuerza, Sakura-chan".
Sus palabras la pusieron de inmediato a llorar, pero esta vez con un granito de esperanza en el corazón, pensando que tal vez, algún día, Sasuke-kun pudiera reconocer sus acciones de ese modo. Secándose las lágrimas, Sakura volvió a mirar a su sensei, quien no se había movido ni un milímetro.
"Kakashi-sensei… ¡Gracias!"
"Hmn".
"Siento mucho haberlo mordido, sensei". La verdad se sintió un poco tonta entonces. Una kunoichi recurriendo a tácticas propias de los niños en la pre-academia. Era francamente vergonzoso.
"Bueno, Sasuke no se quejó nada, pero yo lloré cuando la enfermera me estaba poniendo la curita", contestó con una sonrisa evidente en su único ojo visible.
Sakura se rió con ganas muy a pesar de su tristeza inicial. Una mirada a su brazo confirmó la ausencia de curita y las buenas intenciones de Kakashi para animarla. Lo había logrado. Sakura miró la marca de sus dientes en la piel del jounin, su dentadura perfecta excepto por el canino derecho que siempre había estado ligeramente torcido.
Una de sus manos se movió para tocar con cuidado la herida.
Fue un reflejo completamente instintivo entonces, y que Sakura estaba repitiendo en ese mismo instante, su dedo pulgar trazando el pequeño arco de dientes marcados y apenas visibles… el canino derecho levemente torcido…
De inmediato dio dos pasos hacia atrás, sus ojos clavados en la máscara, y en la oscuridad de los ojos tras ella…
"¿Ka-Kakashi?"
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NDA: Este va a ser un fic largo, y considerando que estoy escribiendo tres fics al mismo tiempo sólo quería avisarles que el ritmo de actualizaciones será de una vez al mes aproximadamente. La próxima semana publicaré el primer capitulo del otro fic kakasaku que estoy escribiendo. A diferencia de este va a ser mucho más ligero, romántico y con más humor.
Gracias a todos por sus comentarios!
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Shindan (técnica de diagnóstico)
Chiyute no Jutsu (técnica manos sanadoras)
