c-4 / Resaca
'¡Maldita sea! Las cosas sólo podían empeorar, ¿no?'
Mentalmente, el experimentado ninja estaba analizando todas sus opciones y cada una de las rutas de escape posibles para una situación más que engorrosa. Luego de pasar por la pesadilla de una misión fallida, algo más estaba destinado a ir mal en el día de Hatake Kakashi. ¡Ese era su karma!
De haberse percatado antes que iba a ser Sakura quien lo atendería, simplemente se hubiese negado para no poner en riesgo su identidad.
No por algún complejo inconfesable, o en nombre de un falso ego. Ni siquiera por las estrictas normativas que le impedían revelarse a otros como miembro de ANBU.
La verdad cruda y dura era que no quería que sus estudiantes y compañeros de equipo vieran el animal asesino que llevaba por dentro.
La perfecta máquina ANBU de matar.
Y Hatake Kakashi era el mejor.
Casi como si el flojo e indiferente sensei del viejo Team 7 fuese el absoluto opuesto del ninja vengativo y sin remordimientos que, sentado en la camilla, le devolvía una mirada demasiado fría y mecánica a Sakura.
Era cierto que ya habían luchado juntos innumerables veces por sus vidas, pero Kakashi nunca se permitió dejar salir ese lado oscuro y salvaje que lo atormentaba en sus pesadillas delante de sus alumnos. La verdad de su pasado era mucho más compleja de lo que ninguno de los tres espabilados mocosos a su cuidado hubiera podido imaginar entonces. Mucho más cruda.
De cualquier modo ya era tarde para lamentarse. Con toda su conocida aversión hacia los hospitales, en esta ocasión se había visto forzado a entrar por la gravedad de uno de los operarios a su cargo. Era su deber como líder de la misión ir personalmente a verificar el progreso de la operación; de otra forma sólo estando inconciente o severamente incapacitado era posible hacerle entrar. Él mismo tenía años atendiendo sus propias heridas para tal efecto. El valiente copyninja le huía a los hospitales como un gato a un balde de agua.
Y era mucho más que una aversión gratuita, era casi como un mecanismo de defensa ante un lugar cuyo sólo olor a medicina y desinfectante evocaba, con doloroso realismo, el peor día de su vida. Por ello, tan pronto ponía un pie dentro del hospital su mente se bloqueaba en un intento por negar la realidad a su alrededor, dejándolo más vulnerable de lo que estaba dispuesto a admitir.
Sin embargo, había sido un tonto por haberse bloqueado esta vez, concentrándose por completo en la rabia e impotencia de todo lo ocurrido esa noche durante la misión; tanto que sólo cuando la joven médico comenzó a arrancar dolorosamente la costra de tela y sangre sobre su herida, Kakashi reparó realmente en la identidad de la –hasta entonces– anónima enfermera sin rostro.
'Y para una vez que vengo al hospital, me tenía que tocar la pequeña Sakura… esa es mi suerte', concluyó resignado.
Bueno, tenía que admitir que ya no era pequeña en ningún sentido de la palabra, aunque todavía no hubiese perdido del todo ese aire adolescente de inocencia, a diferencia de la mayoría de las compañeras de su edad. De igual modo, Sakura se había convertido ya en una hermosa mujer y una talentosa kunoichi.
Verla sonrojarse de ese modo ante él hubiese sido francamente divertido –y mucho más halagador– si las circunstancias fuesen otras.
Pero por los momentos estaba sinceramente fastidiado por la situación doblemente incómoda en la que estaba. Tan pronto el pulgar comenzó a trazar el arco de la vieja cicatriz en su brazo, supo que estaba condenado. ¿Cuáles eran las probabilidades de que ella recordase y reconociese algo tan insignificante? Al parecer muchas más de las que él hubiese podido calcular, pues hasta ese punto, ni él mismo había recordado el incidente.
"¿Ka-Kakashi?"
¡Ya lo veía venir! El vendaval de preguntas que se estaba formando tras los ojos verdes de su pupila. Tenía que salir de allí cuanto antes.
Sin contestar, se puso de pie de un salto, lo que hizo retroceder a Sakura un par de pasos más, su rostro entre la sorpresa y la aprehensión. Kakashi se reprendió mentalmente. Sabía bien que el aura que despedía en ese momento estaba marcada por la muerte y que ella podía sentirlo.
¿Le tendría miedo? Él jamás lastimaría a sus compañeros de equipo. ¿O, tal vez sí? Ya ni él mismo estaba seguro de nada últimamente.
Recogiendo del suelo la ensangrentada armadura blanca, se la puso encima descuidadamente, ignorando a Sakura por completo junto con el resto del lugar que tanto odiaba, y pretendiendo que no sentía esos ojos verdes fijos en él, siguiendo con detalle cada uno de sus movimientos, haciendo silenciosas preguntas y destilando una mezcla de consternación y pena que no eran para él, nada nuevas.
Ésta sí que era la última vez que entraba en un maldito hospital. Sólo con los pies por delante lo volverían a meter allí. Asegurando por último el Ninjato a su espalda se giró rápido para largarse.
No había avanzado más de tres pasos hacia la salida cuando las manos de Sakura se aferraron a su muñeca, deteniéndolo en el sitio. Por unos segundos ninguno de los dos se movió, ni pronunció palabra. Nadie en la habitación pareció notar el comportamiento irregular entre ambos.
"Espere por favor… Shinobi-san". La voz de Sakura había regresado a su tono más profesional. Sólo el leve tremor en sus palabras revelaba las emociones intensas que estaba reprimiendo. La forma impersonal de llamarlo era su forma de decir que reconocía lo impropio de hacer preguntas, aun sabiendo su identidad.
"Aún no puede marcharse. Esa herida requiere de un par de horas de reposo y…".
"No será necesario", interrumpió tajante, soltando de un tirón su muñeca y continuando su camino sin siquiera dirigirle la mirada. En la puerta intercambió instrucciones con los ANBU de guardia y se puso al tanto de la condición de todo el equipo con Shizune quien, afortunadamente para él, salía en ese momento de la sala de operaciones con la información que necesitaba. Su subordinado estaba fuera de peligro, por lo que ya nada lo retenía en el lugar.
Todo el tiempo pudo sentir la mirada de Sakura clavada en su espalda.
Todo el tiempo, él desconoció esa mirada, saliendo tan pronto como pudo de la sala de emergencias.
Era mejor así. Ignorarla.
Después de todo, eso era lo que siempre había hecho con ella.
Haruno Sakura era una de las mejores kunoichi de la aldea, con un futuro brillante en la medicina, y era triste admitir que era muy poco en lo que él había contribuido para ello.
Es por eso que nunca intentó excusarse por su comportamiento o negar lo que todos decían de él: Hatake Kakashi, el sensei más irresponsable que Konoha había tenido nunca.
Él mismo lo reconocía sin ninguna vergüenza ante quien lo preguntara. Había sido un pésimo sensei, siendo Sakura a la que más había abandonado en favor de Sasuke y en menor medida, de Naruto. Era la verdad al fin y al cabo, pues más allá de enseñarles algunos principios básicos, un par de buenos jutsus, y cuidar de sus pellejos mientras fueron niños, él no había hecho gran cosa por ellos. Fue más un trabajo de niñera que de mentor.
Afortunadamente, al final las cosas habían salido relativamente bien para sus alumnos, con los tres legendarios Sannin haciéndose cargo de cada uno de sus estudiantes: Tsunade, Jiraiya y hasta Orochimaru habían desatado el poder de cada uno de ellos al máximo de sus potenciales. Cosa que él, demasiado ocupado con domar sus propios demonios internos, nunca hubiese podido lograr.
Kakashi podía parecer desinteresado, y no mostrar emoción alguna al respecto, pero en el fondo, se lamentaba de no haber hecho más por cada uno de ellos.
Sí, él era sin duda el peor de todos los senseis en la historia de la aldea.
Por ello nunca entendió del todo las razones de Sandaime para apuntarlo a la tarea, ya que él, más que nadie, lo conocía bien y sabía que estaba más allá de su carácter y posibilidades el ser un sensei dedicado y decente. Pero a pesar de las dudas y de su resistencia, el viejo testarudo había puesto toda su confianza en él, apostando a la tradición para no romper la línea de sucesión. Hokage entrena a Hokage. Así ha sido desde que Konoha existe y así seguirá siendo hasta el final.
Aunque era, con mucho, su obligación siendo el único sobreviviente del equipo del Yondaime, él se hubiese podido negar a hacerlo. O tal vez hubiera sido más fácil continuar reprobando a todos los mocosos genin que le enviaran para siempre. Su sentido común simplemente le decía que él no servía para ser maestro de nadie, tan jodido por dentro como estaba. ¿Cómo podía enseñar a otros cuando él mismo era un cataclismo puesto en cámara lenta?
Pero en contra de su mejor juicio y de sus propios instintos, Kakashi había aceptado. No por la nobleza de ser maestro o por el gusto de enseñar a las nuevas generaciones. Ni siquiera pensando en seguir los pasos de Minato-sensei y quizás, redimirse a sí mismo un poco en todo el proceso. Tristemente, ideales de ese tipo estaban más allá de él.
Había aceptado porque esa fue la única forma que había encontrado para escapar. Para liberarse del horror que lo perseguía en ANBU, y aferrarse al poco de cordura que aún le quedaba.
Y por un tiempo, él mismo creyó que funcionaría.
Que aún estaba a tiempo para llenar el vacío.
Pero iba a ser que no.
Obito tenía razón. Él era una basura sin remedio. ¿Qué diría Minato-sensei si pudiese ver en la porquería en la que se había convertido su vida?
Una sonrisa de irónica amargura afloró, invisible al mundo, tras la máscara. Kakashi estaba saltando de techo en techo en dirección al Cuartel General de ANBU, mientras contemplaba mentalmente todas estas cosas en las que, normalmente, evitaba pensar enterrando su nariz en Icha Icha o recargándose de trabajo hasta los límites de lo humano. Era mejor no pensar, no sentir, sólo flotar en el tiempo, demasiado ocupado para discernir si el dolor era real o venía de sus pesadillas.
Después de todo, esa puerta de escape sólo le conducía a un callejón sin salida, y él, en el fondo, lo había sabido siempre. Se hizo ANBU a los catorce años por la necesidad de la guerra, y la guerra lo había devuelto a las fuerzas especiales nuevamente. Nunca podría escapar de sí mismo.
Era sólo cuestión de tiempo ahora. Morir en batalla o quebrarse bajo el peso de su propia locura. Algo en su interior le decía que no tendría tanta suerte como para encontrar ese final digno y glorioso que todo ninja desea. Era lo justo, pues su padre tampoco lo había tenido, y en su criterio, Sakumo había sido un shinobi mucho más decente que él en todos los sentidos.
Con la gracia que caracteriza a la élite shinobi, Kakashi aterrizó en la entrada del Cuartel General y pasó por la tediosa rutina de seguridad con su indiferencia habitual. Ya le estarían esperando para que diera el correspondiente reporte de la misión.
Y esta iba a ser la parte más dura de todas las que había tenido que enfrentar ese día.
Hatake Kakashi no estaba acostumbrado a fracasar.
-o-
Un ligero olor a sake y humedad estaba flotando pesadamente en el ambiente de la pequeña habitación, pobremente iluminada. La falta de luz y ventilación en el lugar eran un deliberado intento por crear la atmósfera más aprensiva posible en la ya de por sí, tétrica sala de reuniones en el interior del Cuartel ANBU. Parecía más una sala de interrogatorio la verdad, pero eso era de esperarse de unos sádicos consumados como las fuerzas especiales.
La comodidad era un concepto muy inferior, y hasta denigrante, para los procedimientos de trabajo ANBU.
Pero el olor a sake no era parte de la ambientación. Era un añadido cortesía de la propia Hokage y de Jiraiya, quienes habían sido, literalmente, arrancados de un bar en mitad de la juerga para ser parte de la reunión de emergencia. Y luego de un par de horas de escuchar reportes y deliberar lo ocurrido, el sopor alcohólico estaba apenas comenzando a disiparse lo suficiente como para que Tsunade empezara a sentir los primeros síntomas de una resaca.
Por su parte, Jiraiya se paseaba inquieto de un lado a otro de la habitación ahora desierta. Tenía las manos cruzadas tras su espalda y una expresión entre el fastidio y la preocupación que estaba tan marcada en su rostro como las líneas de sus tatuajes.
"Esto no me gusta nada, Tsunade".
"A mi me gusta menos que a ti pero no veo que más podemos hacer por los momentos".
"Cualquier cosa es mejor que seguir esperando sobre nuestros traseros".
"Ya nos arriesgamos bastante con una misión de estas dimensiones. Una acción más drástica y estaremos de nuevo en guerra".
Tsunade gruñía sus respuestas sin siquiera mirarle. Estaba sentada en la mesa de conferencias con el rostro entre las manos, como si el esfuerzo de mantenerse erguida fuese demasiado para sus fuerzas. Los dos podían estar medios borrachos, pero no lo suficiente como para no encontrar sobriedad en la emergencia que estaban viviendo.
"La aldea de la roca sólo está esperando una excusa" la Hokage continuó dejando salir un suspiro de resignación, "pero eso no es nada nuevo".
"Esta vez es más que eso, estoy seguro… fue un emboscada bien planeada. La fábrica fue destruida, pero no pienso que eso les importase mucho en realidad".
Había un viejo dicho en el mundo ninja: mas valen lo años de un ciego tejón, que los ojos de un joven halcón. En el caso de Jiraiya esto era tan cierto como que todos sus instintos estaban alerta y chillando a máxima potencia. No necesitaba ver la cara de sus enemigos para saber que les estaban conduciendo directo hacia una trampa.
"Están tomándonos la medida, Tsunade. Y francamente, nos llevan la ventaja en todo lo que hemos hecho hasta ahora".
"Lo cual significa que tenemos más traidores de los que pensábamos".
"O que tal vez, les hemos estado subestimando demasiado".
Tsunade estaba muy consciente de que las dos alternativas aplicaban al caso. Pero era poco lo que se podía hacer con los recursos dilapidados del Konohagakure, luego de dos años luchando contra Akatsuki, Sonido y Roca. La falta de shinobis calificados no les permitía tomar tantas misiones como necesitaban para recuperarse con rapidez, y las presiones internas de los clanes poderosos (cada uno a por sus intereses), no hacían las cosas más fáciles de controlar.
Afortunadamente, la reputación de la aldea seguía siendo la misma, quizás hasta mejor luego de que las últimas aventuras del Team 7 y la derrota de Akatsuki se hicieron tema popular de conversación en las tabernas de todo el mundo ninja. Trabajo no les faltaba, y al menos, todas las desgracias pasadas servían de excelente publicidad para los negocios.
"Nos faltan demasiadas fichas en el tablero…". Jiraiya habló en voz baja, más que nada para sí mismo, pero Tsunade lo escuchó con la claridad de la dolorosa sobriedad comenzando a latir en sus oídos.
"Cierto, no sabemos quienes están moviendo los hilos. Además está el asunto de Kabuto. Tu último reporte no fue nada alentador".
Con la mención del nombre del conocido traidor y mano derecha del tercero de los sannin, Jiraiya abandonó su peregrinar por la habitación, plantando sus pies firmemente justo frente a Tsunade.
"Tal vez sea hora de que me dejes tomar medidas más directas" con eso Tsunade por fin levantó el rostro de sus manos y le dedicó una mirada calculadora a su viejo compañero de equipo. Sabía bien que este era un tema delicado para ambos.
"No. Hay demasiado en riesgo si las cosas no van bien. Konoha no va a soportar otra guerra tan pronto. Aún no nos recuperamos de Akatsuki".
"Igual estamos en peligro si no averiguamos pronto lo que pretenden".
"Aun así, es mejor prolongar las acciones preventivas mientras sea posible".
"¡Bah!" El gruñido dejaba claro su aceptación disconforme del asunto, o su inconforme resignación con los hechos. Daba lo mismo, al cabo que no podía entrar en acción y les quedaba poco tiempo antes de que las cosas escalasen en algo incontrolable para sus fuerzas.
"Necesito que continúes con tus investigaciones en esto, Jiraiya".
"Mañana mismo salgo de la aldea. Tengo un par de pistas interesantes esta vez… nuevas fuentes de información, si…" Jiraiya dejó la frase en suspenso y la mirada perdida en un punto indefinido delante de él. Tsunade no quería ni pensar en lo que estaría pasando por la mente del viejo pervertido, mucho menos en cuales serían esas nuevas 'fuentes de información' que parecían hacerle tanta ilusión.
"Bien, mantente en contacto. Tú sabes como".
"Aa", contestó vagamente, totalmente abstraído en sus pensamientos.
La Hokage se dejó caer hacia atrás en la silla, tratando de estirar los músculos adoloridos de su espalda y liberar un poco esa tensión que le torturaba en la base del cuello. Cerró los ojos buscando un poco de esa calma interior que necesitaba para hacer frente a la tormenta que amenazaba con caerles encima.
"Tsunade…"
Un escalofrío subió automáticamente por su espalda. En su experiencia, esa particular inflexión de la voz al pronunciar su nombre sólo significaba una cosa para ella: más problemas. No quería discutir de nuevo con Jiraiya y menos por el mismo motivo, pero él era demasiado terco para escuchar razones, no importaba cuantas veces las repitieras, bien en palabras o a puño limpio.
"¿No hemos tenido ya esta conversación?", su tono de fastidio no afectó en nada la determinación de su viejo amigo a continuar, pero eso era de esperarse.
"No me gusta nada que Kakashi siga en ANBU, Tsunade".
"Y ya me lo has dicho cien veces".
"¡Pues te lo diré otras cien más! ¡Sácalo de una vez!".
"Sabes que no puedo hacer eso por los momentos. Lo necesitamos demasiado como para prescindir…".
"¡Estamos matando al muchacho… y tú lo sabes mejor que nadie!".
Sea lo que sea que Tsunade iba a contestar con su acidez habitual, prefirió guardárselo para sí misma en ese momento. Jiraiya en el fondo tenía razón, sin embargo, después de que todo ha sido dicho y hecho en el Konohagakure, el resultado era invariablemente el mismo: Los individuos siempre terminaban siendo sacrificados por el bien del colectivo. Era lo necesario en el complejo juego de poder que mantenía el equilibrio en el mundo ninja.
El caso de Kakashi no era diferente, aunque a ambos les doliese más por tratarse del chiquillo que habían visto crecer y destruirse a sí mismo en nombre de su deber.
El niño prodigio de Sakumo, el consentido de Minato, el protegido del Sandaime. Hatake Kakashi era un ninja excepcional y Konoha lo estaba matando en nombre del futuro, como a tantos otros antes que él.
"No hay remedio, Jiji". Los ojos de Tsunade buscaron a los de su viejo compañero de equipo y juergas, tratando de conectar con él en un nivel más personal que profesional con el viejo sobrenombre, y de transmitirle el silencioso pesar que sentía. Quería ver, siquiera, un pequeño brillo de comprensión en sus ojos que no la hiciera sentir tanto como la maldita bruja asesina que veía todas las mañanas en el espejo. Pero no había nada allí más que la resignación y la lástima de siempre, ahogada por el alcohol y el remordimiento de lo que nunca fue.
No en vano él se había negado a ser Hokage por esa misma razón. Él jamás podría tomar las decisiones que ella tomaba en un batir de pestañas, con apenas el movimiento rápido de su muñeca sobre el pergamino. ¡Una firma y todos se iban al carajo!
"¿Así que no hay remedio, eh?... ¡Pues es una mierda!", bufó frustrado el viejo sannin, pateando una silla con fuerza contra la pared.
"En eso estamos de acuerdo".
"¡No! ¡No lo estamos! Las cosas deben tener un límite, Tsunade. Incluso por el bien de la aldea, o un día ya no te quedarán shinobis a quienes matar".
Dejando la amargura patente en su voz y sus palabras, Jiraiya salió dando un portazo innecesario. Tsunade sabía que su rabia iba más allá del golpe que reverberaba por los pasillos oscuros del laberinto ANBU. Su furia estaba arraigada en cada una de las muertes prematuras de sus seres más queridos, y que invariablemente, había tenido que presenciar. Todas en nombre de grandes ideales que se habían diluido en un sucio juego político, el cual tenía, del sueño utópico de los fundadores de Konoha, lo que de real tenía el rostro veinte añero de Tsunade.
Una dolorosa puntada atravesó cortante de lado a lado sus sienes. El letargo alcohólico estaba dejando definitivamente el paso libre a la resaca.
No si Tsunade podía evitarlo, claro.
Otra botella menos en su bodega y mañana todo iba a lucir mucho mejor.
-o-
El leve click de la puerta cerrándose era, sin duda, el sonido más glorioso que Sakura había escuchado en toda su corta vida. Bueno, al menos lo sería por ese día. Ese simple ruidillo metálico de la cerradura encajando en su lugar marcaba que definitivamente estaba en casa, luego de un día demasiado largo para tener sólo veinticuatro horas.
Eran casi las cuatro de la madrugada y su único consuelo era que le habían asignado la mañana libre para compensar el tiempo extra que tuvo que pasar en el hospital.
Drenada por completo de chakra y de voluntad, la joven dejó caer el bolso repleto de sus libros al piso y se quitó las botas en la puerta. Dando tumbos caminó hacia su cama, lista para desmayarse sobre su almohada. Sólo el sueño podía reparar un cansancio tan profundo, que hacía que sus huesos se sintiesen más pesados, imposibilitando el movimiento normal de sus músculos.
Su mente, en cambio, estaba en sobre marcha, y las escenas de las últimas horas en el hospital se repetían continuamente en su cabeza, mezclándose junto con un montón de ideas y teorías a cual más loca.
"…pero no diré nada a nadie si Shizune me da mañana una chupeta con chicle de las que esconde bajo el escritorio…"
Sin duda era el cansancio lo que le hacía desvariar tantas tonterías, mientras recordaba la conversación que tuvo sobre la necesaria discreción en torno al incidente. Con una risita de triunfo por su inteligente chantaje, Sakura se dejó caer sobre la cama boca abajo, hundiendo el rostro en la almohada con gusto.
Era increíble como en algo tan sencillo se podía encontrar tanto alivio. En toda la semana no había tenido más de cuatro horas de sueño por noche cuando mucho, y la marcha forzada por la emergencia había desgastado ya sus últimas reservas. Alguien tenía que halar el cable y desconectarla de una vez, por piedad.
Sakura se volteó a duras penas, buscando una posición más cómoda. El bolso médico se le clavó entonces en la espalda y recordó con fastidio que no se había desvestido. Tampoco tenía fuerzas para ello, así que se limitó a quitarse el cinturón y todo lo que tenía colgando en el, arrojándolo fuera de la cama.
Cerró los ojos, lista para recibir la bendición de Morfeo.
En cualquier momento se quedaría dormida.
'Si por favor, solo un rato… una semana o dos de sueño me bastan'.
Luego de quince minutos, Sakura abrió los ojos y se quedó mirando el techo.
¿A quién quería engañar?
Dormir, a pesar del cansancio era imposible.
En particular cuando la preocupación en su mente se multiplicaba más rápido que los kage-bunshin de Naruto.
Y su preocupación tenía nombre: Hatake Kakashi había sido su paciente esa noche, o al menos su cuerpo lo había sido. Porque la persona detrás de esos ojos oscuros no era el sensei que ella recordaba y conocía desde niña. ¡Imposible!
Pero la evidencia era contundente. Una cicatriz tan particular no podía ser coincidencia. Ella sabía que Kakashi había pertenecido a las fuerzas especiales, pues alguna vez lo había comentado con sus compañeros. Incluso había escuchado los rumores durante la guerra, que decían que él, al igual que muchos de los retirados, habían vuelto como refuerzos en algunas misiones élite.
¿Pero por qué seguía en servicio activo? y lo más importante y perturbador de todo el asunto: ¿Kakashi era el ANBU-Lobo?
La reputación de los miembros más excepcionales de ANBU era bien conocida y aunque Sakura –al igual que el resto de la aldea– sabía poco o nada de lo que hacían las fuerzas especiales y cual era su jerarquía o el movimiento de sus rangos, era público y notorio quienes eran sus cinco comandantes: Buey, Jaguar, Rata, Hiena y Lobo.
Los cinco ya tenían un estatus legendario dentro de las fuerzas, y sus nombres iban y venían en las pocas historias que recorrían la aldea conforme pasaba el tiempo. Nadie sabía si estaban todos vivos en la actualidad, o si eran reales; ni siquiera desde cuando estaban en las fuerzas. Algunos estimaban que ANBU-Buey debía tener al menos cincuenta años.
Era muy difícil decir nada con seguridad cuando sólo una máscara era todo lo que dejaban atrás estos guerreros, maestros en el secreto y el engaño.
Una máscara que muy bien podía cambiar de dueño si les convenía, ¿no?
A estas alturas Sakura ya no sabía si creer en la supuesta originalidad de sus identidades animales o considerar todo como parte de un artificio, un acto para engañar a sus enemigos y confundir a los amigos.
Aunque, tenía que reconocer que ella misma era bastante ignorante en la materia como para formarse una opinión definitiva al respecto. Donde para algunos como Naruto, Neji o Shikamaru, el tema ANBU resultaba fascinante –casi al extremo de la obsesión– a ella le fastidiaba más bien. Por ello no estaba segura más que de lo básico, ya que nunca puso demasiado interés en las conversaciones al respecto. Pero ahora, definitivamente tendría que ponerse a indagar más sobre el asunto con sus amigos.
'¿Lobo?' Ni siquiera lo pensó mucho en el momento, pero bien podría haber sido un perro, o un coyote, incluso un chacal. ¿Quién puede distinguir algo tan vago con seguridad?
'Además estabas ocupada mirando cosas más atractivas, ¿no?'
Su propia mente la traicionaba, lo cual era triste, pero cotidiano la verdad.
Además, era muy frustrante el hecho de que mientras más pensaba el asunto, menos certezas encontraba.
En cualquier caso, de lo que sí estaba segura por el momento, era que el copyninja tenía más de una máscara detrás de la cual esconderse. Y a pesar de todo lo que les había frustrado cuando eran niños, era seguro decir que Sakura prefería la máscara de su viejo sensei a la del asesino que atendió esa noche.
El sol comenzaba a asomarse en el horizonte cuando Sakura por fin se quedó dormida. Las horas de trasnocho le habían servido, no para descansar pero sí, al menos, para tomar una determinación; que siendo ella quien era, no podía ser otra:
Iba a meter sus narices en todo el asunto, claro.
Además, no podía dejar a uno de sus chicos sin la apropiada atención médica. O, al menos, esa era la excusa que iba a usar para aparecerse por su casa esa mañana, tocando a su puerta justo a la hora del desayuno.
-o-
NDA: Pues Sakura va entrar en acción, así que las cosas comenzaran a moverse en el próximo capítulo. Espero que no se me haya ido la mano aquí, pero explotar lo más oscuro del tema ANBU es lo que va a mover el desarrollo de los personajes.
A todos los que leen y me hacen llegar sus opiniones, mil gracias!
