c-6 / Reflejos

Tsunade podía decir, sin temor a equivocarse, que estaba harta.

Harta de su trabajo rutinario.

Harta de los trasnochos sin sake.

Harta del color de las cortinas en la Torre Hokage.

Pero sobre todo, harta de oír hablar del infame copyninja.

Al parecer Hatake Kakashi tenía esta semana más de un ángel guardián cuidándole las espaldas y preocupándose por él.

Así que allí estaba Sakura, persiguiéndola desde el día anterior con preguntas acerca de su estatus de trabajo, su carga de misiones, su preocupación por su salud y demás implicaciones a su evidente deterioro. ¡Como si ella necesitara un constante recordatorio de las consecuencias que tenían sus decisiones! Y justo cuando pensó que ya se había desecho de Jiraiya.

Sin embargo, la situación en la que se encontraban bien podía servir para resolver varios problemas de una sola vez. A Tsunade le gustaba trabajar pensando en cada situación particular como si se tratara de una pequeña pieza en un gran rompecabezas. Sólo cuando se colocaban las piezas correctas juntas, se podían comenzar a vislumbrar las soluciones. En ocasiones era un trabajo de ensayo y error. A veces los resultados superaban las expectativas. En otras, lo inesperado ocurría, para bien o para mal.

Ahora mismo Tsunade tenía el escritorio abarrotado de piezas. Por un lado la situación del copyninja y su salud eran prioritarias, siendo él una de las armas más poderosas de Konoha. Eso sin contar los afectos personales que estaban en juego y que le pesaban cada día más en su conciencia. Adicionalmente, era necesario considerar la evidente tensión con el resto de las aldeas y la inminencia de una nueva guerra ninja como una posibilidad cierta, en la que todos deberían estar preparados al máximo de su potencial.

Por otro lado la investigación en la que Sakura estaba trabajando continuaba avanzando con mucho éxito, pero ya era tiempo de subir al próximo nivel de implementación. Ella también estaba próxima a tomar su última evaluación como cirujano, con lo cual terminaría su formación como residente.

Tsunade sonrió para sus adentros satisfecha. Los tiempos parecían propicios para matar, en este caso, tres pájaros con un sólo kunai.

"Déjame ver si te he entendido, Sakura". La Hokage entrelazó los dedos y apoyó sobre ellos su mentón, mirando con atención a la joven sentada del otro lado de su amplio y muy desordenado escritorio. Se encontraban solas en la oficina, la quietud que las rodeaba atípica en un lugar tan agitado y ruidoso como la Torre Hokage. Pero Konoha era una villa que se despertaba lentamente los sábados por la mañana.

"Me has dicho que Kakashi necesita salir de la rotación de shinobis activos pues, de acuerdo con tú evaluación, las consecuencias del uso prolongado de su sharingan comienzan a extenderse al resto de su cuerpo".

En respuesta la aludida asintió con seriedad.

"No sólo se está quedando ciego, sino que también está perdiendo la capacidad natural de su cuerpo para recobrarse. ¿Es eso?"

"Así es, shishou. Su ritmo de recuperación es cada vez más lento. Entre la mañana y la noche del día viernes sus niveles apenas se recobraron en un cinco por ciento".

Tsunade se recostó hacia atrás en su asiento evaluando con cuidado los hechos que su aprendiz le estaba relatando. La preocupación de Sakura no ponía dudas en la seriedad del asunto, y reforzaba su idea de adelantar sus planes.

"Lo de su ceguera es algo que ya conocíamos, pero lo de su capacidad para generar chakra es mucho más preocupante. ¿En qué te basas para atribuirlo al sharingan?".

"Puede estar relacionado a otras causas como stress, agotamiento o la leve anemia que tiene". Sakura continuó con algo más de urgencia en su voz. "Hasta ahora mi teoría es que, al menos, es un factor de potenciación de riesgo. Pero necesito examinarlo más a fondo para estar segura".

Era difícil saber con seguridad que tanto afectaba el sharingan al cuerpo del copyninja pues nunca había sido posible someterlo a una investigación lo suficientemente extensiva y profunda. Bien fuera por su carga de trabajo o por su aversión a ser estudiado como rata en un laboratorio, poco se sabía sobre el funcionamiento del excepcional Sharingan no Kakashi.

"Has estado persiguiéndome desde ayer con este asunto y yo he estado considerando a fondo todas las posibilidades. Creo que no tengo que decirte que Kakashi es nuestro mejor jounin de élite y la aldea no puede darse el lujo de prescindir de sus servicios".

La postura de su aprendiz cambió sutilmente evidenciando el descontento con sus palabras. Era fácil saber que el asunto del copyninja le estaba afectando mucho, y que buena parte se debía a su incapacidad para superar el pasado del Team 7 y continuar con su vida. Tsunade recordó vagamente cuando ella era tan joven como Sakura y su pasión por la medicina le hacía involucrarse personalmente con cada caso que atendía. Un error que después, pagaría muy caro.

"Estamos en una situación delicada", continuó con calma, "recuperando nuestros recursos y muy escasos de shinobis competentes como él. Pero ciertamente, tampoco puedo permitir que se quede sin chakra a mitad de una misión…".

Sí, definitivamente esto iba a funcionar. Y tal vez, en el camino, Sakura también aprendería una o dos cosas respecto a cómo separar lo profesional de lo personal.

¡Por Kami que lo iba a necesitar, tarde o temprano!

-o-

Sakura se movió incómoda en su asiento esperando la decisión de la Godaime. Las hermosas sillas de madera tallada que adornaban la oficina definitivamente no estaban diseñadas para ser confortables, sino por el contrario, para mantener a los visitantes en un estado de permanente desagrado. Como si hablar con la temperamental Hokage no fuese motivo suficiente para sufrir durante toda la entrevista.

Aunque de momento, Tsunade parecía estar de un ánimo mucho más calmado de lo usual, casi contemplativo. En contraste, las largas pausas en su discurso tenían a Sakura completamente tensa, como la cuerda de una guitarra a punto de ser pulsada. Ella estaba contando con que le dieran, al menos, un par de días de descanso a Kakashi para continuar supervisándolo y después, tal vez, algunas misiones de menor rango para empezar.

'¡Cualquier cosa menos el ANBU!' Claro, eso no podía decírselo directamente a su shishou.

De hecho, ella no había mencionado nada sobre el descubrimiento de su identidad ANBU, achacando todo el asunto de su reciente preocupación médica a una de sus visitas de rutina a su sensei, luego de una misión peligrosa. Buena parte de ser ninja tenía que ver con como manejar la información con discreción y saber cual era el momento justo para revelarla y sacarle el mayor provecho. Además, ella tenía planeado indagar primero sobre el papel de Kakashi en las fuerzas especiales pero recurriendo a otras fuentes de información alternativas. Si esto no daba resultado, entonces apelaría a la Hokage misma.

Sakura estaba determinada a no perder a otro de sus chicos.

"Sakura…". Tsunade se puso de pie, apoyando sus manos sobre el escritorio. Finalmente había tomado una decisión y la joven kunoichi no pudo más que tragar grueso, ansiosa por oír la respuesta.

"Esta circunstancia nos puede resultar muy favorable".

Había un centelleo malicioso en la mirada de la Hokage, que sólo se hacía presente cuando ella tenía una idea muy brillante (y potencialmente peligrosa, claro), o cuando veía una botella de su sake favorito. Lo último no era probable, así que las alarmas en la cabeza de Sakura comenzaron a sonar a toda potencia.

"Tu investigación respecto al flujo de distintos tipos de chakra en el cuerpo, ha avanzado lo suficiente, me parece".

Sakura se puso más nerviosa, si cabía, por el rumbo tan extraño e inesperado que tomaba la conversación. '¿Qué tenía que ver su investigación con darle un descanso a Kakashi?'

"Además el primer procedimiento, aunque fallido, nos dejó muchos aprendizajes".

"¡¿De qué está hablando, shishou?!" ahora sí que estaba alarmada. 'No estará pensando en…'

"Sabes bien de lo que hablo. El caso 335IGT-7".

Sakura estaba anonadada por decir lo menos. La operación a la que hacía referencia Tsunade era un secreto de máxima seguridad del que sólo unos pocos sabían algo en el Konohagakure, y que ella preferiría no tener la desgracia de conocer, mucho menos aun de tener que discutir ahora con su shishou.

Porque la verdadera bomba estaba a punto de caer.

"Es tiempo de continuar a la siguiente etapa, y esta vez quiero que tú seas la que conduzca la operación, Sakura".

La joven kunoichi sintió como si le hubieran hecho beber un vaso lleno de de hielo triturado.

"¡¿Yo…?! ¡¿Co-conducir la operación…?!"

"Así es".

La conciencia de Sakura se estremeció como nunca.

Dentro de un contenedor especial, resguardado bajo la más estricta seguridad, y oculto en un depósito secreto de la Torre Hokage, se encontraban los ojos sharingan de Uchiha Sasuke en espera de esa operación que, ahora, sería su responsabilidad.

Ese era el morboso memento con el que tenía que lidiar a diario, cada vez que entraba al laboratorio de investigación, sabiendo que, al final, sus descubrimientos contribuirían a preservar el legado maldito de los Uchiha.

Y la verdad, más allá del deber ninja por el que estaba obligada, Sakura no podía evitar sentirse culpable… y hasta sucia.

El trabajo como médico ninja era toda su vida y ella estaba completamente entregada a ser la mejor en todo lo que hacía, poniendo el ciento diez por ciento de esfuerzo para cumplir con todas sus responsabilidades con excelencia. Pero a pesar del amor que sentía hacia su profesión, había muchas cosas que no eran de su agrado, en particular cuando la política interna de los clanes y la protección del estatus del Konohagakure no Sato en el mundo shinobi tomaban prioridad sobre la protección a la dignidad humana y el propio progreso natural de la ciencia médica.

A Sakura le importaban muy poco la política y el poder en esos momentos. Para ella lo más duro era enfrentarse a la connotación personal y tan cercana a su corazón que tenía el asunto.

La pesadilla había comenzado con la muerte de los hermanos Uchiha hacía poco más de tres años. Preservar el legado Sharingan fue el mandato que siguieron todos los que sobrevivieron a la lucha aquel día.

Así fue como en la primera operación a la que se refería la Hokage, se había intentado transplantar el único ojo que había quedado intacto en el cadáver de Uchiha Itachi a otro shinobi que se había prestado como voluntario. A pesar de que el equipo estuvo liderado por la propia Tsunade y que el experimento tuvo al menos un año de investigación previa, la cual incluyó múltiples pruebas de compatibilidad sobre el receptor, la operación terminó siendo un completo fracaso.

Peor aún, no sólo el sharingan no funcionó, sino que por alguna razón inexplicable, el violento rechazo del ojo implantado por el cuerpo del receptor, terminó por causarle la muerte al voluntario.

Fue muy frustrante para todo el equipo involucrado luego de tanta preparación. Afortunadamente, Sakura no había participado directamente, pero recordaba bien como Shizune se había emborrachado esa noche junto con alguno de sus compañeros con la depresión de la derrota. En especial porque era notorio que la operación, a pesar del alto grado de complejidad que entrañaba, era perfectamente posible.

La joven kunoichi Rin, apenas una aprendiz para el momento, había sido la única capaz de transplantar un Kekkei Genkai de forma funcional en la historia del Konohagakure, y que se supiera, de las demás aldeas ocultas. Con ello, Tsunade había perdido ya la cuenta de la cantidad de veces que algún idiota sin oficio había intentado, estúpidamente, raptar a Kakashi. Desde que el copyninja existía, el interés de muchos oportunistas de turno se había multiplicado ante la posibilidad cierta de traspasar, de forma artificial, un legado tan poderoso. También se multiplicó la paranoia de los Hyuga, pero ese era otro dolor de cabeza que la Godaime siempre prefería ignorar a riesgo de provocarse un aneurisma.

Sakura podía sentir el sudor condensarse en su frente, los latidos de su corazón sonando como tambores en sus oídos.

Un nuevo intento significaba que, esta vez, usarían uno de los ojos de Sasuke.

Si Naruto llegase a saber que el cuerpo de su mejor amigo había sido ultrajado de semejante manera, no se los perdonaría nunca. Para él cosas como la importancia del legado del sharingan en la aldea, valían muy poco ante la dignidad y el amor por quien consideraba como al hermano que nunca tuvo.

Y Sakura se sentía tan deshonesta por ello. Era como si los estuviera traicionando a todos. Fallándoles nuevamente. Allí estaba Sasuke, tendido en el suelo en una piscina de su propia sangre, y ella en lugar de salvarlo, sólo podía contemplarlo inútilmente desde el suelo. Sin poder moverse. Llorando. Permitiendo que Tsunade le sacara los ojos como si se tratara de un cadáver anónimo en el depósito del hospital, mientras Naruto estaba inconsciente, ignorante de todo el macabro espectáculo.

Por ello, Sakura a veces dudaba que Naruto tuviese el carácter necesario para ser Hokage y tomar decisiones como aquella. Otras veces se sentía animada ante la idea de que lo fuera y que cambiase la forma en que se hacían las cosas en la aldea ninja. Si alguien era lo suficientemente terco para lograrlo ese era el hiperactivo Jinchuuriki.

En ese momento la voz de Tsunade la sacó de su contemplación mental de las miserias de su trabajo, con otro golpe bajo a sus muy estresados nervios.

"Pero antes de proceder, Sakura, es necesario echar un vistazo al único caso exitoso…".

Sakura casi se atragantó simplemente con el aire que estaba inhalando.

"¡¿Estudiar el sharingan de Kakashi?! ¡Pero si es imposible siquiera hacerle ir al hospital!"

"No descarto problemas, claro. Tal vez tengamos que sedarlo. La vez pasada tuvimos que amararlo de hecho".

"¿A-amarrarlo…?" Por alguna razón psicológica que Sakura prefería achacar al estrés y la falta de sueño, su cerebro se llenó de escenas muy inapropiadas de un copyninja medio desnudo y atado a la cama… su cama.

"Fue más que nada para mantenerlo quieto y que no se escapara a la primera oportunidad", una mueca de fastidio adornó las juveniles y artificiales facciones de Tsunade. "Igual, no se puede negar, porque va a ser una orden". Y como para reforzar esta idea, la Hokage se sentó de nuevo y tomando un pergamino en blanco comenzó a redactar lo que sin duda, eran los escabrosos detalles de esta 'misión'.

Aun así, Sakura no estaba en absoluto convencida.

"Shishou, lo que me pide no va a ser nada fácil…".

"Desde luego que no va a ser fácil. Es de Kakashi de quien estamos hablando". Tsunade volteó los ojos al cielo sin dejar de escribir, evidentemente exasperada de sólo pensar en la indisciplina del excéntrico copyninja. "Si tan solo Rin hubiese dejado algún registro de lo que hizo con él, no tendríamos tantos problemas. Pero ellos se negaron a dar detalles y el Yondaime les complació por tratarse de Obito. Aunque en el fondo fue una buena idea o tendríamos que lidiar ahora mismo con un montón de idiotas tratando de sacarle los ojos a todos los Hyuga".

Estampando firma y sello en el pergamino, Tsunade contempló su trabajo con satisfacción, mientras Sakura estaba por caerse de la silla con los nervios. Esto era mucho más de lo que había ido a buscar. Y, siendo sincera, mucho más de lo que ella se consideraba capaz de manejar. Así que lanzó un último intento por disuadir a la Godaime.

"Es cierto que la investigación ha tenido avances significativos, shishou, pero aún falta mucho y no creo que sea prudente involucrar a Kakashi-sensei todavía".

"¡Tonterías! El momento no puede ser más perfecto, Sakura".

"Yo no creo–"

"Tú misma estabas insistiendo en darle un descanso, ¿no? ¡Pues qué mejor manera de hacerlo que por el bien de la ciencia médica!" ¡Oh sí! Tsunade era una mujer con una mente deliciosamente retorcida, capaz de exprimir al máximo las ganancias de cualquier situación. Excepto de sus propias apuestas, claro.

"Le daré una semana libre al copyninja, tiempo en el cual tú podrás investigar a fondo el sharingan en preparación para conducir el próximo experimento dentro de un mes". Tsunade hizo una pausa para mirar significativamente a su brillante aprendiz. No se podía negar el orgullo casi maternal reflejado en su mirada, y eso no ayudó en mucho al ánimo inseguro de Sakura.

"Además, planeo hacer de éste tu examen final para cirujano, Sakura".

¡Genial! No sólo tenía que realizar una operación, hasta ahora, completamente imposible de repetir, sino que además la iban a reprobar por ello.

'¡Estoy condenada!'

"Y espero que apruebes con distinción. ¡Sabes que confío en ti, Sakura!" A juzgar por el optimismo en la voz de Tsunade, el asunto era como jugar a ponerle la cola al burro.

Entonces, la joven kunoichi se sintió aplastada por el exceso de confianza de su shishou en sus habilidades. El trabajo con el órgano ocular era mucho más difícil que con cualquier otro, dadas sus delicadas conexiones con el cerebro, el cual aún continuaba siendo, con mucho, un misterio para la medicina. La complejidad se multiplicaba por mil por tratarse de un ojo sharingan, tan diferente en funcionamiento a uno normal. Nadie sabía en realidad como trabajaba y los pocos registros existentes se los llevaron los Uchihas, junto con todos sus secretos, a la tumba.

Pero, por sobre todas las cosas, se trataba de los ojos de Sasuke-kun…

"Yo… no puedo hacerlo shishou".

"¡Claro que puedes, y vas a hacerlo!"

"Pero…"

"¡Sin peros Sakura! Esto es muy importante para el futuro del Konoha. Cuando Kakashi muera –que puede ser pronto considerando lo mucho que tú misma dices que se cuida– la aldea perderá su arma más poderosa. De ninguna forma podemos permitir que esto ocurra si existe la posibilidad de transplantar o clonar el sharingan".

La cara de frustración y horror de Sakura venía de sus remordimientos y Tsunade la entendía bien. Uchiha Sasuke fue un traidor a Konoha, y un nuke-nin muy peligroso. Pero fue también su compañero de equipo, su amigo y su primer amor, al que ni ella ni Naruto pudieron salvar en el momento crucial. Claro que ese final le resultaba familiar en exceso, habiendo vivido ella misma una situación similar con su propio compañero de equipo, Orochimaru, y luego con Dan. A ninguno de los dos los pudo salvar y no había un día de su vida en que no se recriminara por ello.

Pero ser ninja significaba hacer sacrificios personales. Dejar todos los sentimentalismos de lado y llenarse las manos de sangre. Sakura lo tenía que entender de una vez, le gustara o no.

"El bienestar de esta aldea está por encima de cualquier escrúpulo", continuó Tsunade con dureza. "Creí que ya lo habías comprendido, Sakura".

Las dos mujeres se contemplaron por algunos segundos en silencio. Sakura sabía que este asunto no sólo se trataba de asumir el deber y el compromiso que había adquirido cuando se juró una kunoichi de Konoha. Se trataba también de madurar y dar un paso al frente, tanto en su carrera como en su vida personal.

Significaba, por sobre todo, enfrentar el fantasma de Sasuke y hacerlo desaparecer.

La mano de Tsunade se extendió hacia ella con el pergamino de la misión para el copyninja. Ahora, su voz estaba llena de la típica dulzura manipuladora de quien se sabe con todos los ases de la baraja.

"No te preocupes. Estoy segura de que Kakashi no se va a poner difícil tratándose de ti".

Con mucho desgano Sakura tomó el pergamino sellado y firmado por la Godaime Hokage. Si de algo estaba segura, era que el copyninja no hacía excepciones en su trato con nadie, menos aun por ella.

"Exagera shishou. Cierto que soy la única a la que deja atenderle, pero de allí a lo que me pide…".

"Subestimas la importancia que tienen para él sus ex - alumnos. Por ti va a cooperar, te lo aseguro".

Pues Sakura no estaba tan convencida de ello, conociendo lo celoso que era de su privacidad y espacio. Pero en definitiva, esto era lo que ella quería para él. Conseguir una forma de sacarlo del ANBU, aunque fuese sólo temporalmente, y evitar que continuara por el camino de la auto-destrucción.

Porque Sakura podía ser muy ingenua para muchas cosas, pero su trabajo era luchar contra la muerte todos los días.

Ella sabía bien cuando alguien perdía la voluntad de vivir.

-o-

"¡Mierda!".

Esa era su nueva palabra favorita, a juzgar por la cantidad de veces que la había repetido en las últimas horas.

Llevaba tanto rato caminando de un lado a otro por toda Konoha que podía jurar que sus pies se habían convertido en dos jamones comprimidos dentro de sus botas. Nada deseaba más en ese momento que un largo baño relajante, una taza de té bien caliente y un buen masaje con los pies en alto. Sakura estaba sudada, cansada y muy, muy fastidiada, con lo que su conocido temperamento estaba a flor de piel.

Para completar el cuadro, el día se había puesto muy oscuro a pesar de ser media tarde y comenzaba a lloviznar. El viento frío soplaba con fuerza desde el Este, haciendo que las gotas de agua cayeran al suelo en el peor ángulo posible, justo contra sus ojos.

Ahora entendía muy bien el por qué del tremendo fastidio de Izumo, Kotetsu o cualquier otro desdichado al que le asignaban la tarea de buscar a su sensei. El hombre era en verdad imposiblemente escurridizo y totalmente invisible cuando quería. ¿Cómo podía desaparecer en una aldea relativamente pequeña donde todos se conocían?

¿No podía una chica pasar la tarde de sábado tranquila en su casa, pintándose las uñas de los pies y leyendo revistas rosa? No, tenía que buscar ninjas exasperantes y asociales que se escondían debajo de las piedras. Bueno, la verdad era que ella nunca hacía nada de eso tampoco, sino trabajar y estudiar, pero ese no era el punto. Estaba ganándole el ánimo una frustración creciente, y no era tanto por no encontrar al copyninja, sino por la lata de gusanos que Tsunade acababa de abrirle en su cara.

Cierto que ella misma se había buscado el lío en el que estaba, pero eso no lo hacía menos frustrante. La línea de separación entre su deber y sus sentimientos nunca había estado tan difusa y Sakura sentía como si tuviera el corazón comprimido bajo el peso enorme de sus más oscuros remordimientos.

Mientras más lo pensaba, más se convencía de lo imposible de su situación. Lidiar con el copyninja era de por sí suficiente para hacerla subir por las paredes, pero lidiar con las consecuencias de la operación que debía realizar le resultaba, simplemente pavoroso. Si fracasaba la iban a reprobar y tendría que esperar otro año más antes de poder optar de nuevo; y si tenía éxito, la aparición de un nuevo shinobi con el sharingan no iba a ser fácil de esconder precisamente.

Naruto era lento, sí, pero no tonto.

Y cuando lo supiera…

Apretando los dientes Sakura se forzó a no continuar contemplando las posibilidades. Arrastrando los pies por las calles empedradas, divisó a pocos pasos el bazar sabatino que ya estaba cerrando con la amenaza de una lluvia mucho más intensa. El País de Fuego era esencialmente una nación comercial, pues su clima y recursos naturales le hacían uno de los países más ricos, con variedad de productos agrícolas, textiles y con múltiples fuentes de energía natural para vender a cambio de otros bienes de tipo industrial, pesquero e incluso tecnológico, del que ellos carecían.

Bazares como ese eran comunes en toda la extensión del país, donde los bienes de importación captaban la atención de las gentes locales. Sakura no estaba interesada en acercarse a comprar, pero tal vez alguno de los vendedores había visto a Kakashi, pues el lugar se instalaba todos los sábados en una de las vías principales que cruzaban la aldea de punta a punta.

Valía la pena intentarlo, ya que sus escasas habilidades como ninja de rastreo y búsqueda no habían dado muchos frutos hasta el momento. Si no hubiera estado tan cansada se sentiría avergonzada por caer tan bajo como para preguntar en la calle por él.

Divisando uno de los puestos de comida donde, en más de una ocasión, le había visto comprando una ración de Saury a la parrilla, Sakura apuró el paso, contenta de poder salir de la molesta llovizna y refugiarse en bajo uno de los toldos que se apiñaban a lo largo de la calle. El fuerte olor a pescado mezclado con otras frituras le revolvió el estomago de inmediato. Francamente, no sabía como a la gente podía gustarle tanto la comida de los vendedores ambulantes, que cocinaban en mitad de la suciedad de la calle y sin ningún tipo de medidas higiénicas.

Sakura ocultó su desagrado y se acercó al viejo medio dormido que atendía la parrilla. Estaba sentado en un incómodo taburete que había visto mejores años. Su cuerpo estaba encorvado en una postura que denotaba serios problemas de columna, de acuerdo a la apreciación de su entrenado ojo clínico.

"Buenas tardes Oji-san, me preguntaba si podría ayudarme".

"¡Pero claro que podemos ayudarte! Sólo mira este excelente lote de perfumes traídos desde el mismísimo Kiri, son los más buscados porque prácticamente hipnotizan los sentidos con su exquisito magnetismo y duraderas fragancias–".

La inesperada respuesta salió de una señora pequeña y regordeta, cuyo puesto de artículos de belleza estaba justo al lado del puesto de comida. Sakura arrugó la cara ante su voz chillona y la sonrisa artificial y forzada que acompañaban la intromisión. Sin duda la mujer practicaba frente al espejo en un esfuerzo por deslumbrar a sus clientes. A Sakura le parecía que, a lo mucho, los podría matar de un susto con el grotesco maquillaje de su cara.

"–vienen junto con una maravillosa línea de cremas para el cuerpo con los más deliciosos aromas a frutas y flores. Son tonificantes y le dan a tu piel un brillo saludable–".

Sakura trató en vano de interrumpir su discurso, y declinar sus ofertas de forma educada, pero la vendedora hablaba tan rápido que era todo un prodigio que no se atragantara con su propia lengua.

"–además puedo ofrecerte estas extraordinarias cremas anti-arrugas a base de semillas de borraja que dejan la piel radiante y tersa como la de un bebe".

"¿Anti-arrugas? ¡Pero si tengo veinte años!"

"Nunca es muy pronto para empezar a cuidarse, querida".

Sakura quería cachetearla sólo por el placer de borrar la estúpida expresión de autosuficiencia de su rostro. Buscando a su evasiva y escasa calma interior, decidió ignorar a la impertinente vendedora, regresando su atención al viejo en la parrilla, quien la miraba con algo cercano a la simpatía por su situación. El acoso era una táctica común en muchos vendedores de calle y no era nada fácil de tolerar, la verdad.

"Como le decía, estaba buscando a un ninja y me preguntaba si usted…".

"¡Oh no! de esos no tenemos por los momentos querida, pero te aseguro que esta línea de maquillaje te hará parecer como toda una kunoichi con tan sólo tres simples pasos y en menos de diez minutos… ¿no es increíble?"

Una vena comenzó a latir en la frente de Sakura.

"Escuche, busco a un ninja vestido de uniforme jounin, bastante alto, cubre su rostro con una máscara y tiene un llamativo cabello plateado que desafía la gravedad...". Sakura se sentía muy tonta gesticulando con las manos mientras le describía al viejo el peinado inconfundible de Kakashi. Pero más tonta se sentiría con la respuesta que vendría.

"¡Pero si es una pena que vaya así! tal vez quieras comprarle a tu amigo una de nuestras líneas de cuidado intensivo para el cabello, vienen con el anti-frizz, la mascarilla capilar de renovación celular y el acondicionador para cabellos maltratados".

"¡¡¡¿Acaso está tomándome el pelo?!!!"

"Pues la verdad también lo tienes algo maltratado querida, te puedo hacer un buen precio si te llevas dos tratamientos capilares, y además te incluyo un masajeador de cráneo que estimula la circulación y previene la caída del cabello…".

La paciencia no era una virtud, era una molestia, y Sakura estaba a punto de aplastarla con su puño. ¡Seguro que nadie iba a extrañarla!

"Hatake Kakashi".

Sakura volteó como un rayo hacia el viejo, quien finalmente había hablado.

"Buscas a Hatake Kakashi, ¿no es cierto?".

"¡Así es!" era imposible ocultar la alegría en su voz. "¿Entonces le ha visto?".

"No"

La joven kunoichi se quedó en blanco. Alguien, en algún lugar, se reía de su miseria.

"Pero es un cliente fijo aquí, siempre pide la ración extra de Saury salado y deja propina… es un muchacho muy agradable".

Su sensei.

Dejando propina.

¡El fin del mundo estaba cerca!

"¡Pero si no me extraña que no encuentres a tu novio cuando andas en esas fachas! Necesitas un cambio de estilo para que no se te vuelva a escapar, querida. El rosa es tan de la temporada pasada, ¿qué tal un tinte negro azulado para tu cabello?"

"¡¡NO quiero un tinte y NO es mi novio!!"

"Todavía no, querida, pero con mis consejos puede llegar a serlo…".

¡Qué rayos! Debería ser legal para un ninja el poder asesinar libremente y a discreción. Al tiempo que debería ser ilegal que sus entrañas se comprimieran tanto con las palabras Kakashi y novio en la misma frase.

Era el olor a fritangas que le estaba afectando el cerebro, sin duda.

Haciendo una rápida reverencia de agradecimiento al viejo, Sakura salió de allí con la voz chillona aún en sus oídos, hasta que la distancia y la lluvia ahogaron cualquier otra sugerencia de estilo y glamour con el potencial de cambiarle vida.

Tan pronto dobló la esquina de la bulliciosa calle y dejó atrás el bazar a sus espaldas Sakura dio un suspiro de alivio. Por eso odiaba tanto salir de compras, con vendedores por doquier tratando de hacerle comprar cosas que no necesitaba pero que mágicamente se volvían indispensables para su vida por algún motivo inescrutable. Era más de lo que Sakura estaba dispuesta a soportar en un día, ya de por sí, demasiado deprimente. Aunque pensándolo bien, la imagen mental de Kakashi con toda clase de potingues en el cabello bien valió pasar una rabia con la regordeta vendedora. Se vería ridículo seguro, pero él probablemente ni se inmutaría.

Continuó caminando sin prestar mucha atención hacia a donde iba, aprovechando las ocasionales cornisas y los aleros a ambos lados de la calle para no mojarse más. La escasa luz de la tarde brillaba en los pequeños charcos que comenzaban a formarse con la llovizna. Quisiera o no, la frustración estaba ganándole el paso. Por primera vez en años sintió la necesidad de sentarse simplemente en medio de la acera a llorar como una niña que ha perdido el rumbo de su casa.

Era muy irónico, considerando que una de sus primeras memorias de la niñez fue el haberse perdido en aquel mismo bazar, cuando apenas tenía tres años. La sensación de vacío que experimentó entonces era algo que jamás había podido olvidar. La opresión de los ruidos a su alrededor, las voces amenazantes, la gente extraña moviéndose rápido, tropezándola y empujándola en todas direcciones. Nadie parecía verla. Su mirada se movía frenética de un lado a otro buscando la mano familiar y cálida de su madre. La mano que llenaba el vacío. La mano que la llevaría, finalmente, a casa.

Su madre la encontraría dos horas después, bajo el cuidado de una vendedora de frutas que la había rescatado de la marea de gente.

Ahora el vacío regresaba junto con la incertidumbre de lo que le deparaba el futuro. Frustrada y furiosa por su propia inseguridad, Sakura sabía que era tonto molestarse tanto por tan poco, pero era uno de esos días en que todo parecía salirle mal. ¿Cuándo su vida se hizo tan complicada? Lo peor era no tener con quien desahogarse por el secreto sumarial que rodeaba el caso que le acababan de asignar. Con las ganas que tenía de pararse en medio de la calle y simplemente gritar a los cuatro vientos que no quería mancillar el recuerdo de Sasuke, que no quería lastimar a Naruto, que no quería perder a Kakashi, que no quería…

"¡SAKURA-CHAAAAAAAAAN!".

No le hacía falta voltearse para identificar la potente y alegre voz en su inconfundible llamado al escándalo. Y con eso, el estómago se le cayó hasta los pies.

"Hola, Naruto…", ni siquiera la molestia que sentía logró disimular el nerviosismo y la culpabilidad subyacentes en su saludo. Afortunadamente, un huracán en sus narices también pasaría desapercibido para el despistado rubio-hiperactivo, quien sonreía alegremente como siempre, ajeno a ese tipo de sutilezas en el ánimo de su compañera.

Unos pasos más atrás venía Shikamaru, levantando la mano en gesto de saludo. Su andar siempre relajado y su actitud desganada ante la vida no habían cambiado con los años. Pero a diferencia de Naruto, él sí que era muy perceptivo, mucho más que la mayoría, así que mantuvo discretamente una distancia prudencial de la explosiva kunoichi.

"Hola Shikamaru, ¿qué hacen los dos por aquí?"

"Vamos a casa de Choji. Su madre nos ha invitado a cenar". El joven Nara estaba uniformado de jounin al igual que Naruto. Ambos tenían el aspecto de haber sido bastante vapuleados, llenos de tierra y con algunos rasguños, por lo que Sakura adivinó que habían estado entrenando juntos.

"¡Ahhh sí, y yo estoy muerto de hambre, Sakura-chan, espero que tengan mucho ramen para mi!".

"Tú siempre quieres ramen, que problemático", Shikamaru era la imagen personificada de un mártir en su padecer.

"Oi, ¿qué tiene de malo el ramen? Es una comida tan nutritiva como cualquiera".

"No te nutre el cerebro…".

"¿Cómo?

"¿Lo ves?"

Sakura volteó los ojos al cielo implorando paciencia con esos dos. No necesitaba más tonterías de nadie. Necesitaba un chivo expiatorio para golpear y ambos eran buenos candidatos a considerar.

"Si estas burlándote de mi, Shikamaru, juro que voy a partirte el trasero… ¡de nuevo!"

"¡Ya basta Naruto! mejor guarda esas energías para tu próxima misión". Sakura los cortó antes de que terminaran con la poca compostura que le quedaba.

"¡Oi, eso me lo recuerda, Sakura-chan! Me voy en dos días a Kusa en una misión. Estaré fuera una semana, más o menos, creo… no estoy seguro la verdad. Tsunade-baachan no me dejó leer los detalles porque dice que no se guardar secretos importantes". Naruto lucía genuinamente intrigado con el peculiar proceder de la Hokage "¡Bah, que tontería… creo que la vieja ya está senil!"

Shikamaru se tomó la grave molestia de voltear los ojos al cielo con el comentario.

Desde que Naruto provocó el fin de las relaciones diplomáticas entre Konoha y Nami por contarle su Daimyo que la Hokage estaba detrás del secuestro de su hija para forzarle a hacer un acuerdo comercial con Suna, Tsunade había prohibido que se le informara a Naruto de nada más que de la hora de salida a su próxima misión.

Sakura por su parte se frotó las sienes buscando paciencia. Naruto podía ser tan denso como la roca e igual de cabeza dura.

"¿Vas con Yamato-taichou?"

"Sí, y con el equipo del tonto aquí presente".

"No puedo esperar…", el sarcasmo en la voz de Shikamaru casi se podía inhalar, con alto riesgo de intoxicación. Sakura prefirió cambiar el tema hacia asuntos que le urgían más que ver el tiempo que le tomaba a Naruto detectar el último insulto.

"Por cierto, ¿han visto a Kakashi-sensei?"

"Sí, hace un rato estaba en la tienda de Dango junto con Asuma-sensei y Kurenai-san".

"¡Rayos! estuve allí más temprano pero no lo vi… tengo horas buscándole".

Naruto se dio pausa, mirándola de arriba a abajo con una expresión cargada de suspicacia; lo que generalmente precedía a una de sus travesuras de saboteador incorregible.

"Oi, oi ¿Qué le hiciste a Kaka-sensei, Sakura-chan?"

"¿¡YO!? ¡Yo no le hice nada!"

Los ojos y boca del bullicioso Jinchuuriki se alargaron al límite con malicia. "Naa, naa, Sakura-chan, sabes de sobra que cuando no lo encuentras… ¡Es porque él no se deja encontrar!"

"¡¡¡¡Eso ya lo sé, tonto!!!!", un buen golpe en la cabeza siguió a la típica estupidez de Naruto de decir lo que ya es obvio. "¡Y no hace falta que pongas esa cara de sádico para decirlo!".

Aunque no era menos cierto por eso, claro. Kakashi estaba evitándola como evitaba a Gai-sensei en el día de los enamorados.

"Sa-kura-channnnnn-nnn" se quejó frotando adolorido el chichón en su cabeza.

"¡Te lo mereces por hacer el tonto!"

Shikamaru dio un silbido por lo bajo. "Das miedo, Haruno".

"¡¿Cómo dijiste?!"

"¿Huh?"

Como si hacerse el desentendido le fuese a servir para evitar su furia.

"¿Si tienen algo más que decirme…?", continuó amenazante, agitando enérgicamente su puño frente al rostro, y dando pasos cortos pero firmes hacia ellos.

"¡No, no, Sakura-chan, ya nos vamos, ¿ne?!".

Naruto retrocedió rápidamente calle abajo, aun frotando su prominente chichón y procurando poner distancia entre su humanidad y el temperamento incontrolable de Sakura. Shikamaru por su parte se quedó atrás con la evidente intención de decirle algo más. Nunca lo pensó del tipo suicida, pero a ella le iba bien una víctima para continuar descargando su frustración.

"Y tú, ¿QUÉ?"

"Es una molestia pero, si realmente quieres encontrar a Kakashi-san, debes dejar de buscarlo, Sakura".

La aludida parpadeó desconcertada, la furia dejando sus facciones de inmediato.

"Él siente tus intenciones como los perros sienten el miedo. Créeme, deja de buscarle y le encontrarás", caminando a paso lento y despreocupado, Shikamaru le dio la espalda y comenzó a alejarse en la misma dirección que había seguido Naruto, metiendo ambas manos en sus bolsillos y dejando a Sakura con la boca abierta.

'¿Dejar de buscarlo… para encontrarlo?'

¿Cómo rayos Shikamaru sabía estas cosas de su sensei y ellos, sus ex – alumnos, no? Bueno el joven Nara no era un genio de gratis. Su capacidad analítica y su pensamiento lógico-matemático le habían ganado un puesto en las fuerzas de inteligencia. Aunque Sakura apostaría su sueldo a que esta estrategia en particular la ideó sólo para emplear el mínimo esfuerzo posible cuando le tocaba salir a él, en busca del escurridizo Kakashi.

La verdad sonaba bastante descabellado, pero a esas alturas Sakura no quería sino soluciones rápidas y milagrosas, que terminaran con la agonía de sus maltratados pies. Así que estaba dispuesta a probarlo al menos. No le podía ir mucho peor.

Cerró los ojos y concentró toda su atención en dejar de concentrarse en buscarlo, sin que se notase que aun lo buscaba sin buscarlo realmente… o algo así.

Echando a andar de nuevo por el camino opuesto al que tomaron sus amigos la joven kunoichi trató de distraer su mente del mismo modo en que acostumbraba a hacerlo en sus paseos a la hora del almuerzo. Poco a poco se relajó bastante, pensando en la rutina de su trabajo, planificando cada minuto de su tiempo para aprovecharlo al máximo. Su mente requería de estructura para funcionar eficientemente, y la rutina la ayudaba a sentir seguridad y relajar la tensión.

Varios minutos pasaron en los que, el ejercicio mental le ayudó a alejar momentáneamente sus problemas. Afortunadamente ya no llovía, pero el cielo continuaba gris y cargado de nubes que anunciaban el aguacero que estaba por caer. En su vagabundear Sakura había llegado hasta el río que pasaba por el norte de la villa. En su ribera se encontraba un popular bulevar donde los cafés al aire libre y los espectáculos callejeros eran la norma. Se podía decir que esta era la zona más bohemia de Konoha, donde las tiendas de arte, el teatro y la única sala de cine de la aldea se encontraban ubicadas.

El constante fluir del agua era la música de fondo ideal para pasar una tarde relajada, conversando o leyendo delante de una deliciosa taza de té. Sakura se encontró lamentando no tener tiempo para darse el gusto de descansar un rato en uno de sus lugares favoritos, pero su turno en el Hospital estaba por empezar en media hora.

Además, aún no encontraba al escurridizo copyninja y el tiempo se le acababa. Tal vez lo mejor sería ir a su apartamento de nuevo y dejarle el pergamino allí, estuviera en casa o no. Pero de inmediato la misma Sakura desechó esa posibilidad. Conociendo lo despistado que se ponía a veces (es decir, cuando le convenía), seguro fingiría ignorancia para justificar su ausencia el lunes en el hospital. Eso, o ceguera temporal producto de su hábito de lectura lo cual le impediría leer el pergamino con la misión.

Por eso, para evitar las posibles excusas, lo mejor era hacer una notificación verbal. Igual llegaría tarde, pero al menos, llegaría.

Sakura fijó su vista en el empedrado de la calle y comenzó a contar sus propios pasos. No tenía sentido seguir buscando, o buscando sin buscar activamente como le sugirió Shikamaru. Apenas le quedaba tiempo, así que lo mejor era encontrar algún ninja mensajero para entregar el pergamino. No le agradaba la idea de dejar algo tan delicado en manos de otro, pero era lo único que podía hacer. Ella sabía admitir cuando era derrotada.

El sonido repentino de una risa muy escandalosa llamó su atención. Sólo un shinobi en toda la aldea era capaz de reírse de forma más ruidosa y estridente que Naruto. Mirando a su derecha lo vio sentado cómodamente en una de las mesas a orillas del río.

"¡Gai-sensei!". La sorpresa de Sakura fue mayúscula, no sólo por el típico impacto que causaba siempre el revelador traje de spandex verde –no importaba cuantas veces le vieses a él, o a su igualmente joven y apasionado pupilo, siempre resultaba igual de horroroso, como la primera vez; sino por que casi se los pasa de largo sin verlos, a él y a Kakashi, quien estaba sentado tranquilamente a su lado, libro en mano como de costumbre.

"¡Ah! Pero si es la mismísima personificación de la flor de la juventud y la belleza, Sakura-san". La sonrisa de Gai deslumbraba con el brillo de su blancura hasta en los días tan nublados como aquel.

"Lo ves Gai, en eso sí que estamos de acuerdo…". La mirada obscena que le dedicó el tercer shinobi sentado a la mesa, Shiranui Genma, la ofuscó de inmediato. ¡Ese hombre definitivamente no conocía la palabra decoro!

"Siento interrumpirlos–", dijo con una reverencia a modo de saludo, eligiendo ignorar las palabras y la mirada lasciva del descarado shinobi, "–pero necesito hablar con Kakashi-sensei".

"¿Siempre eres tan seria, Sakura? Porque no te sientas un rato con nosotros", y por nosotros Genma se refería a sentarse con él en la silla que tenía estratégicamente justo a su lado, a merced de sus ataques. Sus manos errantes y la elocuencia de sus galanterías ya eran legendarias en la aldea. Y la mayoría de sus hazañas, buenas y malas, estaban bien documentadas y registradas en las paredes de los baños públicos de toda Konoha.

"No seas impertinente, Genma, no ves que inquietas la juvenil inocencia de su fuerza vital".

"Y puedo inquietar mucho más que eso…".

Sakura estaba a punto de enseñarle lo mucho que también podían inquietarle sus puños cuando por fin, su sensei decidió tomar nota su presencia, retirando el libro de sus narices con su habitual falta de entusiasmo.

"Yo".

"Kakashi-sensei, le traigo un mensaje de la Hokage". Sakura puso en uso toda su autoridad profesional.

"Hmn".

"Es urgente y confidencial".

Kakashi ladeó la cabeza ligeramente, mirándola con atención, como si estuviera evaluando la seriedad en sus palabras y las posibilidades que tenía de zafarse de la situación.

"¿Otra misión? Pero si acabas de volver Kakashi… ¿A menos que estés intentando ganarme en las estadísticas de número de misiones completadas por mes, rango y dificultad?"

El copyninja lo miró como si le hubiera crecido otra cabeza en medio de la frente. Genma tan sólo sonreía divertido con el habitual espectáculo, moviendo el perenne senbon en su boca de un lado para otro.

"¡¡Yo también quiero una misión, Sakura-san!!", declaró con fervor la bestia verde, poniéndose de pie bruscamente y extendiendo una mano ansiosa en su dirección.

"¿Qué?" exclamó sobresaltada "¡Yo no soy quien reparte las misiones!"

"Entonces tomaré la misma que mi rival Kakashi, así veremos quien es capaz de hacerla en menos tiempo". Sakura concluyó que el brillo fanático en sus ojos daba tanto miedo como el de Tsunade, lo cual no era precisamente un cumplido en este caso.

"Cálmate, Gai". Kakashi contestó finalmente poniéndose de pie, al tiempo que apoyaba una mano sobre el hombro del apasionado shinobi. "Te vas a provocar una hernia si sigues haciendo esa ridícula pose".

"Te burlas de mi energía juvenil porque sabes que acabaré contigo nuevamente. Tu genio no puede compararse con la fuerza inagotable de la voluntad y el ánimo de superación de la juventud. ¡¡Te reto a vencerme esta vez, Kakashi!!".

"¿Huh?"

"¡Aggghhh!, tus reacciones tan modernas me siguen molestando" exclamó llevándose las manos a la cabeza. "Pero no permitiré que tu indiferencia acabe con el ímpetu de mi espíritu…".

Ignorando el resto de su quejumbroso discurso, Kakashi simplemente se dio la vuelta, alejándose del escándalo que montó Gai a continuación. Sakura iba tras él, insegura sobre si sentir pena por la bestia verde y su derrota, o por Genma, quien tendría que lidiar con su ya tradicional desconsuelo luego del rechazo del copyninja a uno de sus retos.

Hasta donde sabía, la cuenta iba setenta y cinco a setenta y cuatro a favor de su sensei. ¡Con razón Maito Gai sonaba tan desesperado!

Volviendo su atención al sujeto que le había costado buena parte de su tarde encontrar –tendría que agradecerle a Shikamaru después de todo– Sakura apuró el paso para alcanzar sus largas zancadas. Caminaron lado a lado sin decir palabra por un buen rato, hasta llegar al puente rojo que cruzaba el río y que sirvió tantas veces como lugar de encuentro para el viejo Team 7. Estaban muy cerca de los campos de entrenamiento preferidos por ellos.

Sakura no creía en el destino, pero si en la causalidad. Aunque la verdad, con el golpe de nostalgia y remordimiento que sintió al detenerse en mitad del puente, le pareció que era inevitable que aquel lugar feliz de su infancia, se convirtiera ahora en el lugar donde pondría la firma y el sello a su propia condena y al trágico destino del Team 7.

Sacando de su bolso el pergamino, se lo entregó a Kakashi, quien se había reclinado en el barandal y miraba hacia el cielo nublado con una expresión vacía que sólo la puso más incómoda.

Rápidamente, el copyninja rompió el sello oficial de la Hokage y leyó sus contenidos sin inmutarse en lo más mínimo. Todas las predicciones de Sakura sobre un rostro lleno de fastidio por tener que sufrir de su compañía por una semana, o de una reacción de molestia por las implicaciones que tenía su papel en la investigación y futura operación, se esfumaron.

En su lugar quedó un ninja pensativo, que le crispó los nervios enseguida. ¿Qué pensaría realmente Kakashi de ella por participar en la investigación para usar el sharingan de Sasuke? Él estaba al tanto de todo, desde luego, pero nunca le había mencionado nada al respecto. Sin embargo, su aparente indiferencia no podía interpretarse como conformidad. Después de todo, Kakashi había establecido un nexo muy fuerte con Sasuke, más que con ninguno de ellos.

"¿Es necesario realizar todos los exámenes en el hospital?"

La seriedad profesional en su tono no dejaba lugar a emociones y Sakura se sobresaltó un tanto con la repentina pregunta.

"Algunos sí. Pero la mayoría sólo requieren de tu tiempo y de mi chakra".

Enrollando el pergamino lo guardó en uno de los múltiples bolsillos de su chaleco utilitario.

Nada en su postura, en su expresión, en sus movimientos o en su actitud cambió en lo más mínimo.

"¿Cuándo empezamos?".

"El lunes a las 0700 horas tienes una cita en el hospital. Laboratorio cinco. No debes comer nada en las doce horas previas. Tampoco debes emplear tu chakra en ese tiempo".

"Entiendo. ¿Algo más?"

"Si… no, es todo".

Sin mayores palabras de despedida, Kakashi se dio vuelta y emprendió el camino de regresó por donde habían venido. Un breve gesto con la mano alzada suplía la falta de un hasta luego.

Sakura quería decirle muchas cosas entonces, pero no encontró en su vocabulario las palabras apropiadas para explicar las emociones mezcladas que asaltaron su pecho. Viendo marchar a Kakashi se sintió más sola que nunca antes en su vida, sin nadie con quien compartir esos miedos y angustias de los que era presa desde hacía tres años y que volvían a aflorar con esta misión.

Sospechaba que el copyninja también tenía mucho que decir, pero él era muy diferente a ella. Él podía callar, curtido como estaba por las desgracias, sin sentir nada más que lo mínimo necesario para completar una misión con éxito. La eficiencia del shinobi la asustaba tanto como la deprimía.

¿Acaso había sido así siempre?

Cuando era niña su excéntrico sensei le daba la impresión de ser afable y tranquilo. Algo apático y despreocupado. Pervertido, sin duda. Pero siempre alerta. Siempre preparado para el ataque y todas sus consecuencias. Listo para la acción con el factor sorpresa siempre a su favor. Por eso, muchas veces Sakura lo comparaba con los rayos del sol al final de la tarde. Cálidos, pero no demasiado intensos. Sutiles. Que se van desvaneciendo poco a poco, sin que uno lo note realmente, hasta que ya es demasiado tarde: La oscuridad te rodea y ya no puedes ver nada.

Su comparación de entonces no podía ser más acertada.

Ahora mismo ella podía ver los primeros reflejos de esa oscuridad interior aun siendo de día. Y eran como rayos de luz en negativo, que irradiaban hacia dentro y se pegaban a él, escondiéndose bajo su piel, donde nadie los podía ver.

Porque nadie estaba lo suficientemente cerca de él para verlos.

Porque él no permitía que nadie se acercara lo suficiente.

Pero eso iba a cambiar, o ella dejaba de llamarse Haruno Sakura.

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NDA: Dato curioso: los últimos párrafos de este capítulo fueron de los primeros que escribí para este fic (o_0). Ya era hora de publicarlos por fin y revelar la inspiración para el título.

Mil gracias a todos por sus reviews, alertas y favoritos! Espero hacer honor a su interés!

PS: hay un nuevo fanart de kakasaku en mi cuenta deviantart.

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Saury – Es un tipo de pescado, también llamado papardas. Es una de las comidas favoritas de Kakashi.

Oji-san – Literalmente tío, pero se usa también para dirigirse a desconocidos (ojii-san significa abuelo).

Baachan – forma abreviada y más informal de Obaa-san, que significa abuela. (oba-san significa tía).

Senbon – agujas de acupuntura que son usadas como armas ninja. Requieren de mucha precisión y pueden ser mortales.