c-7 – Retazos

4:30 am.

A esa hora de la mañana la aldea ninja estaba sumida en el silencio de las cosas nocturnas. Las calles solitarias contrastaban poderosamente con la normalmente bulliciosa villa, ya pronta a despertar. Pero a pesar de las apariencias Konoha nunca dormía. Resguardada por los sigilosos ninjas, invisibles en sus puestos de guardia, la ciudad se encontraba siempre despierta y lista para la acción durante las veinticuatro horas del día.

Hatake Kakashi abrió puntualmente sus ojos, gracias a un hábito profundamente engranado en su subconsciente, más que al viejo reloj despertador que jamás usaba. Desde los tres años la disciplina estricta de su madre había sido una parte ineludible de su vida, y ahora a los treinta y tantos, esas pequeñas cosas como levantarse siempre a la misma hora, eran evidencia de cómo el pasado aún hacía mella en él.

Un bostezo lánguido seguiría al rutinario estirar de los músculos de brazos y piernas, librándose con ello de las sábanas revueltas a su alrededor. A pesar de su afinidad natural con los caninos, sus movimientos se antojaban más a los de un gato perezoso que estira sus garras luego de una larga siesta.

Frotando su desordenada maraña plateada, el shinobi se sentó lentamente, tomándose el tiempo para despejar su mente de las pesadillas comunes de sus sueños. Bajando la perenne máscara de su rostro frotó su barbilla y cuello, dando un par de giros a ambos lados para despejar un poco esa tensión acumulada que no se iba ni con las horas de descanso.

A pesar de los movimientos desganados y sus ojos somnolientos, Kakashi ya estaba en completo estado de alerta. Ser un shinobi era una parte integral de cada momento de su vida y eso se traducía en que, aun estando dormido, una parte de su cerebro permanecía siempre de guardia, por lo que despertarse no era más que pasar a un estado diferente de conciencia.

Con pasos ligeros entró al baño para cumplir con su rutina de higiene: Descargar la vejiga, una ducha caliente, afeitarse, cepillarse los dientes, mirar su cabello y desechar cualquier intento por aplacarlo, salir desnudo del baño con sólo una toalla en la cabeza, revolver el closet, ponerse unos interiores confortables y los pantalones de trabajo, cubrir su rostro con la máscara.

Era lo mismo todas las mañanas, paso por paso. Sentándose al borde de la cama comenzó a envolver sus tobillos con los vendajes blancos, haciendo los mismos nudos y vueltas que su padre le había enseñado cuando era un niño. El intrincado tejido servía tanto para proteger como para ocultar armamento. Y es que Kakashi era de la filosofía de estar armado hasta los dientes aun en días como aquel, en los que estaba fuera de servicio oficial y a merced de una médico chillona y temperamental, con ridículo cabello de color rosa y la determinación de examinarlo de pies a cabeza.

Un gruñido acompañó el cambio de tobillo. La idea de lo que le espera por el resto del día en el hospital simplemente le revolvía el estómago. Al menos tenía la orden de saltarse el desayuno y no hacer mucho peor las cosas.

Tomando la bolsa de kunais y su más gastada copia de Icha Icha, Kakashi estaba finalmente preparado para salir a cinco minutos para las cinco. Por costumbre abrió la ventana, listo para lanzarse a la calle cuando recordó que no podía hacer uso de su chakra. Retomando el viejo concepto de la puerta, salió sin prisas a las todavía oscuras calles de Konoha.

El camino a tomar era uno que bien podía hacer sin el uso de ninguno de sus sentidos pues ya estaba grabado en su alma. No le hacía falta ver las vueltas de la vía, o sentir el cambio del empedrado bajos sus pies; tampoco tenía que rastrear el olor a pino y jazmín en el aire o escuchar el viento moviendo la copa de los árboles. Nada de eso era necesario para indicarle que iba en dirección al cenotafio: la tumba vacía de los caídos con honor.

'Hey, viejo amigo'

Siempre que estaba en la aldea este era uno de sus rituales ineludibles. Detenerse todos los días delante del monumento a saludar a Obito. Por él había iniciado esta rutina hacía ya más de veinte años y los remordimientos seguían tan frescos como la primera vez. Inclinándose sobre la piedra tallada, su dedo índice trazó uno a uno los caracteres en el nombre de su amigo con cuidado, tal y como lo hacía Rin siempre que venían juntos a visitarlo. Ahora sus dedos se movían también más abajo y la derecha, para trazar el nombre de ella.

'No sabes en el lío en el que me metiste esta vez, Obito… ¡si, tú!"

Charlar con Obito era lo más natural del mundo, tanto como respirar. Él hablaba de todas las cosas mundanas y también de los secretos de su alma y Obito le susurraba sus respuestas al oído con una risa burlona que le traía el viento desde su pasado. El rostro en su mente era tan nítido como entonces, la sonrisa traviesa y la actitud torpe y sincera de un compañero al que su ego siempre fue incapaz de aceptar por completo mientras estuvo vivo.

Había cosas mucho más importantes que las normas y la perfección en la vida de un shinobi. Obito le enseñó eso cuando murió por salvarle. Aquel día ambos amigos se habían convertido en un solo ser, unidos por un ojo que les permitía compartir la visión del mundo. Y desde aquel día la vida de Kakashi cambió por completo, y por primera vez pensó que era posible, entre toda la desesperación de su existencia, hallar algo de esperanza. Pero la guerra y la muerte de todos y cada uno de los que le habían importado algo le recordaron muy pronto que era él, y no su padre, quien estaba maldito.

Era por eso que le resultaba tan irónico que la última persona por la que se había interesado y a quien quiso ayudar genuinamente, no fuese más que un reflejo de sí mismo. Uchiha Sasuke fue, en cada pedazo de su ser, el mismo bastardo, imbecil y arrogante que él había sido cuando niño. La diferencia entre ambos estaba en la motivación de venganza que arrastró a Sasuke hasta una muerte trágica, sin que ninguno de sus amigos pudiese hacer nada. Kakashi nunca tuvo contra quien dirigir un sentimiento de venganza por sus desgracias, más que contra sí mismo.

Ni siquiera podía culpar a su familia por haber salido tan retorcido, pues ellos sólo habían querido lo mejor para él. Era lo lógico, considerando que era un niño prodigio de los que sólo aparecen una vez en cada generación, y muchas esperanzas estaban puestas en él.

Al final, en su afán por convertirlo en el shinobi perfecto, terminaron por ponerle el peso de un Clan que se desmoronaba sobre sus hombros con tan sólo seis años, en lugar del abrazo que él tanto deseaba. Su madre, inalterable y disciplinada, siempre le hablaba con un rostro serio y maneras distantes, que no dejaban mucho lugar para los gestos de cariño. Sakumo en cambio, siempre le sonreía con nostalgia, revolviendo su cabello con la mirada perdida, buscando quizás disipar los fantasmas que tanto temía ver en el futuro de su hijo.

La responsabilidad como parte del honor, pero la amistad y el amor por encima del deber. Esa fue la premisa que le inculcó su padre y que tanto le traumatizó cuando era niño. Entonces tuvo que ver como la culpa y el rechazo consumieron en vida a Sakumo, sólo por defender esos valores. Y en un mundo donde el individuo no es más que un esclavo del colectivo, esa fue una lección que jamás iba a olvidar.

Fue Obito, quien años después, le haría valorar de nuevo la importancia de esa visión quimérica del mundo, cuando le obligó a hacer lo correcto como persona y no lo necesario como shinobi. Pero al final del día, no era más que eso: Una utopía dentro del cruento mundo ninja. Una excepción a la regla. Una mentira al juramento del deber shinobi. Un reporte falsificado en los archivos de la Torre Hokage. Una trampa que le hacías a la muerte para ganar más tiempo.

Kakashi moriría por salvar a sus compañeros de equipo, cierto. Pero a estas alturas Kakashi simplemente moriría de buena gana. Punto.

Ahora, el copyninja estaba a punto de participar pasivamente en un nuevo ultraje a sus principios. Lo que se inició como un gesto de afecto entre dos amigos estaba por convertirse en una fuente de provecho para Konoha.

'Supongo que debería decirles lo que pienso en verdad, ¿no? Oponerme y mandarlos a todos al infierno por hacer esto… pero sigo siendo una basura amigo. Es más fácil dejarse arrastrar que oponerse a lo inevitable…'.

Lamentar un fracaso más ya no hacía tanta mella en él como el sentimiento de culpabilidad por lo que pudo ser… Ahora la aldea se disponía a perpetrar el legado Uchiha por medios artificiales y él era el conejillo de indias principal para preparar el show.

'La vida no se puede poner mejor, ¿eh?'

Inconcientemente Kakashi llevó su mano sobre su ojo sharingan cubierto por el hitae-ate, como si esto lo acercase más a las respuestas de su pasado en la voz aniñada de Obito. Pero ni su amigo podía darle mucho consuelo en esta ocasión.

'Recuérdame por que estoy aquí todavía…'

Metiendo las manos en los bolsillos y relajando su postura, Kakashi despejó su mente preparándose para meditar, tal y como le había enseñado su sensei cuando aún era un mocoso malcriado. Minato siempre había insistido en que la principal arma de un shinobi era su salud mental. Sólo una mente fuerte, disciplinada y estable puede sobrevivir al momento de enfrentar situaciones de vida o muerte, en las que las decisiones rápidas y acertadas son tan vitales como la técnica perfeccionada con la práctica.

Así que Kakashi meditaba todos los días al menos dos horas, sentándose en el suelo con las piernas cruzadas de la forma tradicional y cerrando sus ojos. Si era esto lo que le había mantenido con vida todo este tiempo él no lo sabía, pero al menos lo ayudaba a sobrellevar la mierda que tenía que apartar diariamente para sobrevivir.

Concentrarse en la nada y no sentir. Ver pasar los pensamientos pero no quedarse con ninguno. Liberar la mente de los problemas y dejarla vagar hasta llegar más cerca del subconsciente.

Los minutos transcurrían a la misma velocidad de las nubes en un cielo que, poco a poco, se encendía desde el horizonte.

Cuando Kakashi volvió a abrir los ojos y tomó conciencia del mundo a su alrededor ya era de día. La luz lo tocaba todo, llenando de colores al mundo. Pero no a él. Nunca a él. Su oscuridad era demasiado profunda.

La conciencia bañada en sangre y el corazón muerto a golpes. ¿Qué razones le quedaban ya para luchar más que ese indefinido y desgastado sentimiento del deber?

Dando un último vistazo al Cenotafio, el shinobi se levantó con desgano, listo para iniciar su viaje al hospital. Era muy probable que ya fuese bastante tarde, juzgando por la posición del sol en el cielo, pero eso no era nada sorprendente tratándose de él.

Echando a andar por el viejo camino no pudo evitar pensar que con todo lo ocurrido hasta ahora, su vida se parecía mucho una manta hecha de retazos mal combinados y pobremente remendados, a punto de romperse. La disciplina de su madre, los consejos de su padre, la filosofía de su sensei, la personalidad de Obito, la compasión de Rin.

Después de todo, Kakashi no era más que un conjunto de mañas y pequeños hábitos heredados de todos los que habían significado algo en su vida. Tanto se había diluido ya el hombre tras la máscara que, él mismo, no sabía ser sin ella puesta.

Simplemente, ya no recordaba quien era.

-o-

El suave blip–blip de la enorme máquina que ocupaba toda la habitación, marcaba el paso lento pero continuo de los tediosos segundos de espera. Tecnología como aquella era poco más que una curiosidad para Sakura en comparación con la fuerza y versatilidad del chakra; aunque tenía que admitir que con todas sus limitaciones, también tenía sus utilidades.

La posibilidad de tener un mapa detallado del cuerpo, y en este caso, del cerebro en particular, era fundamental para lo que tenía planeado. Sólo así su evaluación del funcionamiento del sharingan y de sus conexiones con el cuerpo de Kakashi sería más fácil y rápida de hacer. Porque a pesar de todo su poder, el chakra era completamente ciego dentro del cuerpo humano. Usarlo para curar a otro era como caminar por interminables pasillos oscuros. Hay que saber de antemano lo que se busca dentro del cuerpo y donde está todo, que tocar y que no, para no perderse dentro o causar algún daño.

Era por ello que el cerebro resultaba tan complejo, al ser el centro nervioso del organismo, con millones de neuronas cargadas de energía bioquímica que hacían posible la vida inteligente. Un movimiento en falso y un paciente podía quedar paralítico, en coma o hasta morir en el acto. Aun con los avances de la ciencia y la tecnología, el modo en que funcionaban los procesos neurológicos y metabólicos era un área de investigación que se encontraba en pañales.

Sakura se movió en su asiento buscando una posición más confortable mientras veía las pantallas parpadeando con las extrañas imágenes multicolores. El escáner del cerebro estaba tomando más tiempo del habitual pues la joven médico había solicitado un nivel de detalle superior al de los exámenes ordinarios para asegurarse de no pasar nada por alto.

El operario a su lado bostezó tan fastidiado como ella mientras monitoreaba los signos vitales del paciente. Estaban ligeramente acelerados lo cual era absolutamente normal para todos los que tenían que permanecer por tanto tiempo dentro del estrecho cilindro metálico, el cual parecía más una urna que un instrumento médico. Y ese, desde luego, no era un pensamiento muy confortable para la gente enferma que debía entrar en él. Pero Sakura sabía que más que claustrofobia o nerviosismo por el examen, su sensei estaba así de agitado desde que llegó a la consulta esa mañana.

Cuando el reloj marcó un cuarto pasadas las nueve, Sakura estuvo a punto de mandar a alguien a por el escurridizo jounin, cuando el muy descarado entró por la puerta luciendo bastante incómodo pero lo suficientemente inocente acerca de su tardanza como para hacerle desear estrangularlo allí mismo y terminar con la impunidad de su descaro.

'Estaba perdido buscando el camino más corto al hospital' ¡¿Qué clase de excusa para niños era esa?!

¡Dos horas de retraso! Bueno, en realidad sólo fue una, porque ella tuvo la previsión de citarlo una hora antes sabiendo que iba a llegar tarde. Pero hasta para eso el imposible shinobi tenía un sexto sentido con el que lograba evitar todo tipo de trampas. ¡Libre Kami al mundo de que el hombre llegue puntual alguna vez en su vida!

Con la frustración a flor de piel Sakura salió del área de observación a procurarse un café para despejar un poco su mente. Desde el sábado, cuando Tsunade le había dado las buenas nuevas de su misión, la ansiedad en su pecho no se había disipado en lo más mínimo. El hecho de haberse pasado todo el domingo encerrada, limpiando y ordenando su apartamento de arriba abajo, hasta el punto de la compulsión, no hizo nada por aliviar la sensación de que estaba al borde de un precipicio a punto de saltar al vacío. Cuando terminó de clasificar los enlatados en su alacena por color y tamaño supo que estaba en verdaderos problemas.

¿Qué clase de karma estaba pagando? Era increíble que aun después de tantos años, su vida continuase girando en torno a Sasuke. A los doce por su enamoramiento, a los quince por intentar rescatarlo, a los diecisiete para llorar su muerte, y ahora a los veinte para traer una parte de él, de vuelta a la vida.

Y por otro lado estaba Kakashi. Desde los doce años su sensei se había convertido en una constante en su vida; en una fuente de estabilidad y de seguridad arraigada al fondo de su subconsciente. Saber que cuentas con alguien que te cuida las espaldas y que está dispuesto a morir por protegerte de forma incondicional, es lo que distinguió el desarrollo del Team 7 y su crecimiento por encima de otros equipos. La fuerza de cada uno de sus miembros era igual al deseo irrefrenable de protegerse mutuamente y eso los había hecho invencibles.

Pero hasta el día en que descubrió el secreto ANBU y se enfrentó a un lado desconocido de él, Sakura no se percató realmente de lo importante que era el shinobi en su vida y lo poco que ella sabía en verdad sobre quien era el misterioso Hatake Kakashi. Daba algo de pena admitir que desde el día de su presentación, hacía casi una década, esto no había cambiado mucho.

Apurando lo último del café, Sakura arrugó en su puño el vaso de cartón y la arrojó con fuerza dentro de la papelera, tratando en vano de aliviar una frustración que ella sabía, sólo se calmaría cuando pudiera golpear a alguien. Preferiblemente hasta dejarlo hecho polvo.

Cuando se disponía a regresar a la cabina de observación el operario que supervisaba el examen ya iba de salida, bostezando de nuevo sin ocultar su fastidio.

"Ya terminamos. Su paciente la espera en el área de examen". Y ella creía que Shikamaru era apático. Este tipo bien podía hacerle la competencia.

Dando la vuelta Sakura entró a la sala de examen contigua, donde Kakashi la esperaba sentado en la camilla. Una enfermera estaba asistiéndolo, quitándole pacientemente los pequeños electrodos de sus sienes, mientras él estaba con los ojos cerrados y completamente tieso, como si estuviera hecho de piedra.

Era tan extraño verlo de ese modo. Sumiso y algo perdido, como un niño pequeño a quien sus padres dejan en un lugar extraño y lleno de adultos con caras largas. Y ella sabía que para un hombre tan poderoso e independiente como Kakashi el estar en ese estado era un síntoma inequívoco de la magnitud del trauma que lo había alejado de los hospitales aun a riesgo de su propia vida.

Sakura se estremeció de sólo pensar en el secreto tan terrible que seguro se ocultaba tras este hecho.

Agradeciendo a la enfermera por su ayuda, la kunoichi esperó a que los dejara solos para continuar, tratando con todas sus fuerzas de no mirar directamente a su paciente más de lo necesario. Sakura nunca lo admitiría en voz alta pero la reveladora bata de examen que tenía puesta era una fuente de mucha distracción y mortificación para ella. Se sentía incómoda ante el shinobi casi desnudo sentado en la camilla, cosa que era completamente ilógica considerando su profesión y lo habituada que estaba a estas situaciones. Había visto más cuerpos desnudos, tanto de hombres como de mujeres, de los que podría contar en la vida.

Sin embargo, Kakashi la hacía sentir nerviosa y ella sólo podía atribuirlo racionalmente a dos cosas: primero, que el hombre era su sensei, lo que casi equivalía a una figura paterna o filial; y segundo que desde que todo el lío comenzó, el muy descarado la había hecho pasar más de una vergüenza respecto a su evidente atractivo. Era el colmo que fuese tan engreído al respecto, aunque eso no lo hacía menos cierto. Echando un vistazo en su dirección Sakura maldijo mentalmente la máscara blanca que utilizan médicos y enfermeras durante las operaciones manuales, y que mantenía sus facciones convenientemente ocultas.

'Casi puedo ver su trasero con esa bata, pero no su cara… ¡este hombre es imposible!'

Tomando asiento delante de él, la joven comenzó a escribir en su expediente algunas notas sobre el examen. Aunque no lo miraba, podía sentir que él, en cambio, ya había abierto los ojos y tenía toda la intensidad de su atención puesta en ella.

Y si algo era Hatake Kakashi, era muy intenso.

Sakura carraspeó antes de hablar para asegurarse de que su voz saldría con la firmeza profesional necesaria, y no como la de una niña tratando de excusarse con su sensei por haber faltado al entrenamiento. ¿Cómo rayos lograba hacerla sentir de nuevo como su alumna de doce años sin siquiera decir una palabra? ¡Era él quien estaba en la camilla con el culo al aire, no ella, maldición!

"Bien, sensei. Con esto hemos realizado el escaneo completo del cerebro y medido los patrones de reacción y funcionamiento generales para asegurar que todo esté en orden. Los ejercicios de activación del sharingan arrojaron unos resultados muy interesantes respecto a–".

"¿Es eso todo? Quisiera irme si no me necesitas más aquí".

El corte abrupto de su discurso descolocó por completo a Sakura, quien parpadeó varias veces sorprendida por su falta de interés en los procedimientos y lo grosero de su tono, tan distinto a la usual indiferencia de su voz.

"Si, claro… sólo quiero hacerte un par de preguntas más y podrás marcharte".

Decir que su actitud no la irritaba muchísimo sería mentir, pero en el fondo ella sabía que el hombre sólo estaba desesperado por salir de allí. Eran ya pasadas las cuatro de la tarde y sólo le habían dado un descanso para comer, el cual rechazó aludiendo que no tenía apetito. Por lo demás, cada minuto del shinobi en el hospital fue aprovechado al máximo, pasando de un examen a otro, y por las manos de varios médicos y enfermeras especializados; todo claro bajo su directa supervisión. Sakura pensó que sería mejor salir de la mayoría de los análisis necesarios de una vez para no tener que obligarlo a ir al hospital todos los días, pero ya no estaba tan segura viendo las consecuencias en su paciente.

Pero con todo tenía que admitir que lejos de confirmar sus temores de la clase de dificultades que podía darle, Kakashi se había portado de forma ejemplar. Así que no había razones para mantenerlo más de la cuenta en una situación tan incómoda para él.

"Mientras realizamos el examen, sentiste alguna molestia física".

"No".

"Algún dolor, puntadas o mareos".

"No".

"Ponte de pie por favor". El shinobi obedeció de inmediato, manteniendo su mirada fija en ella.

"Cierra los ojos y extiende las manos al frente por favor… ahora a los lados…". Sakura seguía con cuidado cada movimiento, relajando su anterior tensión bajo la rutina confortable de su trabajo como médico.

"Toca la punta de tu nariz con el índice derecho".

"Ahora el izquierdo".

"Bien, no hay desorientación… listo, puedes sentarte de nuevo".

Sakura hizo algunas anotaciones al margen del expediente, completando así la información que requería. Todo estaba saliendo a la perfección hasta el momento y podía afirmar con tranquilidad que el primer paso en la misión había culminado con éxito. Tal vez Tsunade-shishou no estaba tan equivocada cuando se mostró confiada en los avances que ella podía hacer con Kakashi. Claro, la operación sería otra cosa completamente diferente, pero ya se preocuparía por ello cuando llegara el momento.

"Terminamos por hoy. Mañana no es necesario venir al hospital ya que comenzaré con las pruebas de funcionamiento en campo".

"Hmn".

"Nos vemos mañana a las ocho en punto en el campo de entrenamiento cincuenta y cuatro, ¿de acuerdo?".

Un gruñido indefinido fue la respuesta. Sakura volteó los ojos al cielo fastidiada por su típica manía de usar la menor cantidad de palabras posibles y la mayor cantidad ruidos guturales inteligibles, para expresarse vagamente. Pero con años de experiencia a sus espaldas en cuanto a lidiar con él y sus manías, lo que Sakura escuchó con claridad fue un: 'Sí, si no hay más remedio supongo que llegaré tan tarde como me sea posible y procuraré librarme de ti en lo que te des la vuelta, ¿ne?'

Poniéndose de pie le dirigió una sonrisa a pesar de todo.

"Vale, ya puedes marcharte Kakashi-sensei".

Sakura se disponía a salir para darle la privacidad necesaria mientras se cambiaba de nuevo a su ropa cuando un salto repentino del shinobi fuera de la camilla la sobresaltó, dándole pausa. Kakashi se giró y sin decir palabra caminó hasta la puerta, saliendo tan rápido como pudo, como si Sakura fuera una enfermedad contagiosa de la que había que alejarse a toda prisa.

Y normalmente Sakura habría reaccionado con violencia física y unos buenos gritos ante semejante comportamiento irresponsable y grosero, sino fuera porque estaba paralizada procesando con innecesario detalle la imagen del trasero más definido y perfecto que había visto en su vida. La Sakura interior estaba cantando sus bendiciones al genio que diseñó de las batas de examen abiertas a la espalda, mientras la kunoichi trataba de recuperar la compostura.

Un vistazo a ese trasero bastó para que comprendiera, finalmente, que por mucho que lo negara con toda clase de argumentos racionales, el físico perfecto de Hatake Kakashi le ponía a mil por hora. Al diablo si era su sensei o no. Por mirar no se cobra y ciertamente él era un hombre que valía la pena mirar, así su alma se condenara al infierno de las pervertidas sin remedio. Igual que Ino le estaba reservando un lugar allí desde hacía años. La resistencia resultó inútil después de todo.

Agitando su cabeza para despejar las ideas cada vez más inapropiadas que estaba teniendo, Sakura se aferró de su temperamento para terminar de tomar control de la situación. Particularmente al darse cuenta de que un Kakashi medio desnudo estaba caminando libremente por los pasillos y siendo admirado por medio hospital mientras ella estaba allí sentada, fantaseando. Y eso la llenó de una furia que tenía que ver más con ser posesiva que con estar indignada. No que a ella le importara analizar sus sentimientos a esas alturas, claro.

'¡El muy descarado… pervertido… seguro que lo hizo a propósito para mortificarme!'

Y ya lo veía venir. Iba a ser acosada por todas las enfermeras acerca del "show" de su paciente tan pronto saliera de allí. Ya podía oír las risitas indiscretas a sus espaldas, siguiéndola por doquier con malicia. ¡Mañana lo iba a estrangular con su propia máscara como mínimo!

Por los momentos sólo le restaba rezar porque no saliera así a la calle.

Murmurando entre dientes más maldiciones contra su estúpido sensei, Sakura abrió de nuevo su expediente decidida a atacar las notas que le faltaban por revisar. Cualquier cosa antes que salir y enfrentarse al caos que inevitablemente estaba dejando el copyninja a su paso.

-o-

Sentado bajo la sombra de un frondoso árbol, con las piernas extendidas sobre la hierba ligeramente húmeda luego de la llovizna nocturna, Kakashi se sentía completamente a gusto. Sobre todo en comparación con el día anterior, cuando su odio por los hospitales no había sino aumentado con la experiencia de pasar un día entero atrapado allí. Era frustrante como un ser humano perdía su espacio personal y todo control sobre sí mismo, mientras era examinado, tocado, interrogado, pinchado y escaneado por todas partes, sin ningún miramiento a la privacidad y a la individualidad. Ser como un pedazo de carne en una mesa de examen era algo que no podía soportar.

Sin embargo, lo había hecho sin decir una sola palabra. Sin siquiera un intento de fuga o un momento de rebeldía. Apartando su vista de los verdes e interminables campos delante de él, hacia la pequeña kunoichi sentada a su lado, no pudo sino suspirar internamente. Al parecer sus ex - alumnos tenían más poder sobre él, de lo que él mismo hubiera pensado. Particularmente Sakura a quien resultaba tan difícil negarle algo. En especial cuando sabía que, en el fondo, complacer su preocupación era la única forma que le quedaba de compensarla en algo por el pasado.

Aun cuando todo el asunto era inevitable porque tenían una misión que cumplir, eso no significaba que tenía que obedecer sin causar ciertas dificultades y algún que otro escándalo en el proceso.

Y el disfrute interno de Kakashi se había multiplicado por mil cuando le vio la cara a Sakura esa mañana. Su intento de disimular su reacción ofuscada con la excusa de la molestia por su retraso era loable, pero inútil. Antes de salir del hospital Kakashi se había asegurado de que la kunoichi no pudiera olvidar lo que vio por mucho, mucho tiempo. Ni ella ni el afortunado turno de enfermeras de la tarde.

Nunca entendió muy bien el por qué de la fijación de las mujeres con el trasero masculino. Pero él no entendió nunca a las mujeres. Punto. Ni pretendía comenzar a hacerlo ahora tampoco. Él era tan sólo un oportunista y Sakura una mina de oportunidades en potencia.

Volviendo su atención a la kunoichi, Kakashi continuó su propio análisis respecto a ella. Los años la habían tratado bien a pesar de las continuas desgracias que habían tocado tanto a la aldea como a su vida personal. Haruno Sakura era una mujer hermosa y alegre; inteligente y competente; con demasiado carácter y poca experiencia para respaldar sus reacciones violentas. Completamente entregada a su trabajo y a cuidar de sus amigos, era una persona leal y desinteresada. Y aunque esa dedicación al trabajo la llevaba hasta extremos compulsivamente enfermizos, Kakashi no se preocupaba demasiado, pues sabía que ese era un problema que se curaba con relativa facilidad.

'Una buena revolcada en la cama y no te vas a acordar ni de tu nombre, mucho menos de ir a trabajar'.

Con todas sus virtudes, Sakura era más frígida que un cubito de hielo, y a sus veinte años estaba desperdiciando su juventud ocultándose detrás de una pila de libros viejos en la biblioteca principal. ¿Qué rayos pasaba con las nuevas generaciones? En su época una chica como ella ya tendría como mínimo veinte pretendientes subiéndole por las faldas. Al menos él no hubiera perdido una oportunidad de llevársela a la cama con unos cuantos años y cicatrices menos a cuestas.

Pero ese no era el punto. Allí estaba ella. Asumiendo una responsabilidad que era demasiado grande para una mujer tan joven e íntegra. ¡Maldita Hokage! Bien podría pensar en algo más que en tirar de la botella de vez en cuando.

Aunque en el fondo, él comprendía a la perfección los motivos de Tsunade, y hasta estaba de acuerdo en que no se podía proteger a nadie por siempre de la mierda que significa ser shinobi. Pero eso no la excusaba de ninguna forma por el extra de sadismo que estaba de trasfondo en todo el asunto. El legado Uchiha era un tema personal y delicado para cualquiera de los miembros del Team 7. Por ello Sakura iba a tener que enfrentarse a sí misma y encarar muchos de sus miedos y remordimientos, para luego proceder a arrancarse el corazón y transplantárselo a un pobre diablo en la sala de operaciones. Todo era un mal necesario, sí, pero eso no lo hacía más fácil de ver. Le gustara o no, lo que le pasaba a sus alumnos le afectaba todavía, mucho más de lo que él mismo quería admitir.

"¡Rayos! ¿Puedes volverlo a hacer, sensei? Hay algo que no me queda claro…".

La frustración en su voz era patente y Kakashi no pudo sino sonreír un poco ante la expresión enfurruñada en su rostro, típica de la alumna estudiosa que era y que no podía aceptar la existencia de una ecuación sin resolver.

"Seguro".

"¿De nuevo, eh? No te haces más inteligente con la práctica, eso es obvio…".

Las protestas de Pakkun le ganaron una mirada asesina por parte de la malhumorada kunoichi, quien parecía a punto de estrangular al pequeño perro acostado sobre las piernas del copyninja, ahogándolo con su propio hitae-ate. Por su parte, el rastreador no estaba nada contento con ser el sujeto de pruebas del sharingan, para complacer la curiosidad de una humana tan corriente. Y eso se lo dejaba bien claro con su ácido sarcasmo canino

"Vamos chicos, no se ofusquen", Kakashi no podía ocultar el divertimento en su voz. La lucha de voluntades entre ambos era sinceramente entretenida y le quitaba el aburrimiento a pasar horas sentado, desperdiciando el chakra en ejercicios que no calificaban ni de entrenamiento ligero. Además, las continuas interrupciones para probar el sharingan en uno u otro ejercicio, hacían imposible el disfrutar a fondo de Icha Icha, así que no le quedaba otra cosa más que pasar el rato mediando entre ellos.

Abriendo de nuevo su ojo sharingan, el copyninja miró a su compañero canino.

"¿Están listos?"

Un gruñido malintencionado que prometía dolorosos mordiscos accidentales en el futuro próximo de su amo, fue la respuesta de Pakkun. Sakura por su parte se había acercado un poco más a él, colocando la yema de dos dedos fríos sobre su sien, justo al lado del sharingan expuesto.

"Estoy lista".

"Eso dijiste las últimas cien vec--".

Dejando fluir el chakra hacia su ojo, Kakashi silenció las palabras de su fiel niken antes de que Sakura pudiera reparar en ellas y reaccionar con la usual violencia. Aunque al final resultó innecesario pues la médico ya estaba completamente concentrada en lo que ocurría en su sharingan, como para notar las groserías del astuto canino.

El movimiento de las comas negras en su ojo se incrementó entonces, girando más y más rápido y atrapando al perro rastreador en un genjutsu inofensivo, lleno de huesos flotantes y perritas en celo. Mientras tanto el chakra de Sakura monitoreaba todo lo que ocurría con detalle, siguiendo el flujo de su energía a través de las vías de chakra en su ojo, chequeando sus signos vitales y todos los cambios que provocaba el uso del Kekkei Genkai.

Luego de varios segundos Kakashi disipó la ilusión y cerró su ojo. La expresión en el rostro de Sakura no cambió mucho entonces, dejando claro que sea lo que fuese que la estaba frustrando tanto, no le había servido de mucho la repetición del ejercicio para despejar las dudas. Tomando su libreta de apuntes comenzó a anotar furiosamente al tiempo que murmuraba incoherencias del tipo 'imposible', 'ridículo', y 'necesito más chakra'.

"Kakashi, ya me tengo que ir o los cachorros se ponen muy inquietos", dijo repentinamente Pakkun usando su pata trasera para rascarse detrás la oreja con gusto.

"Vale, igual creo que esto será todo por hoy, ¿no?"

"Mnn, si claro, claro…". Sakura apenas y los miraba, muy ocupada entre hacer profundos cálculos mentales y mordisquear nerviosamente el lápiz en su mano.

"Pues no me hagas más favores llamándome para esto, Kakashi. Y ya deberías buscarte otra perra con quien jugar. Una que no sea tan temperamental".

Entre el "puff" de la desaparición de su niken y el previsible "¡¡¿¿a quién rayos le llamas perra??!!", la reacción de Sakura en apenas milisegundos fue digna de la kunoichi entrenada para matar que era.

"Nah, no te lo tomes tan en serio, Sakura-chan".

"¡Necesitamos otro voluntario con menos pulgas!". Cuando la furia iluminaba sus ojos con esa particular intensidad asesina, todo rastro de la joven vulnerable e inocente que estaba contemplando antes desaparecía en favor de un verdadero monstruo, que aterrorizaba las pesadillas de Naruto hasta el día de hoy.

Frotando la parte de atrás de su cuello, Kakashi sonrió nervioso ante la ola de violencia apenas contenida que salía de su alumna. La frustración no era buena compañera del mal temperamento y en Sakura resultaban una combinación letal para cualquier ser vivo en diez millas a la redonda.

"¿Qué tal si vamos a comer algo? Ya pasa del mediodía", aplacar a las bestias por la vía de su estómago era una táctica tan vieja como efectiva. Pero en este caso la respuesta fue una Sakura silenciosa y pensativa, con la mirada perdida en algún punto indefinido del bosque a sus espaldas.

Entonces él se preguntó vagamente si esos cambios tan bruscos en el ánimo de una persona serían realmente saludables. De la furia desatada a la contemplación silenciosa en milisegundos. ¡Eso no podía ser normal!

Justo cuando Kakashi comenzaba a pensar que ella realmente había entrado en una especie de shock post - traumático, la joven recuperó el habla y le sorprendió mucho con un cambio radical de tema.

"¿Cuál es tu opinión, Kakashi-sensei?"

"¿Mnn?"

"Sobre esto… sobre lo que vamos a hacer con… ya sabes". Su nerviosismo con el asunto afloró al completo, imposibilitándola de pronunciar las palabras más dolorosas.

Pero allí estaban. Flotando silenciosas en el aire entre ellos '…con el sharingan de Sasuke'.

"…"

"Por favor sensei, tu opinión me importa mucho en todo esto".

Entonces apareció de nuevo. Esa mínima expresión de vulnerabilidad casi irresistible en su rostro, que le recordaba la época cuando ella era una niña a su cuidado y él había jurado protegerla de todo. Era molesto sentirse chantajeado emocionalmente, en especial cuando él estaba seguro de que ya no le quedaban muchas emociones para ello. Por eso tenía que admitir que estaba ante una de las pocas personas que aun podían sacarle algo en ese departamento.

"Estamos cumpliendo con nuestro deber como ninjas de Konoha, no es algo personal, Sakura. Es sólo trabajo".

"Pero tú nos enseñaste que seguir ciegamente las reglas era de tontos".

La vehemencia en su voz delataba la necesidad que tenía de aferrarse a una última tabla de salvación antes de dejarse ahogar por la frialdad y la eficiencia del sistema.

"También les enseñé a distinguir la verdad detrás del deber para poder elegir correctamente cuando las reglas deben romperse".

"Te refieres a mirar debajo de lo que está debajo, ¿no?"

"Aa".

Un par de minutos transcurrieron en silencio. Cada uno contemplando las palabras del otro.

"Entonces, si esto es lo correcto, ¿por qué me siento tan mal?"

"…"

No había respuestas ciertas para esa pregunta. Kakashi dudaba que él mismo se hubiese sentido bien cumpliendo su deber más que un puñado de veces que podía contar con los dedos de sus manos. De resto, en la mayoría de sus misiones 'hacer lo correcto' carecía de significado alguno en manos del mejor asesino de Konoha. Sakura por su parte continuaba mordiendo su labio inferior en un gesto de nerviosismo, tratando de encontrarle el sentido a una decisión imposible.

"En el fondo no creo que sea moralmente correcto hacer esto", la joven comenzó a hablar nuevamente, llenando el vacío que su falta de respuesta había dejado, "pero es mi deber y entiendo lo importante que es para la aldea. Naruto no me va a perdonar nunca por hacer esto, lo sé… pero, ¿y tú, sensei?"

Kakashi la miró entonces, e internamente se sobresaltó un tanto por no encontrar la expresión típica de la niña ansiosa que conocía tan bien. En su lugar había una mujer que, a pesar de todas sus inseguridades y temores, estaba madurando poco a poco. Por un momento el copyninja sintió como si la estuviera viendo por primera vez en su vida.

"¿Por favor dime lo que piensas en realidad?" insistió la kunoichi, dejando claro que necesitaba entender su postura en el asunto, buscando quizás algo de simpatía por su propia situación desesperada.

Ahora, Kakashi no sería Kakashi si simplemente le diese lo que ella esperaba de él.

"¿Quieres la verdad entonces?"

Ella asintió sin dudarlo, terminando de girar su cuerpo para enfrentarlo. Los puños apretados en su regazo en preparación para sus palabras. Y Kakashi apretó los suyos en respuesta, listo para contribuir a la destrucción de la vieja Sakura en favor de la madurez de una kunoichi más al servicio de Konoha.

"No tiene importancia lo que piense o no porque simplemente no creo que sea posible repetir la operación, Sakura. Sólo estás perdiendo tu tiempo".

"¿Qué? ¡Estas bromeando, espero!".

"Yo no jugaría con algo tan serio para ti". Sosteniendo su mirada Kakashi vio con claridad como sus ojos pasaban con rapidez de la incredulidad y la sorpresa, a la molestia y la frustración. Era obvio que esperaba palabras de consuelo, no la confirmación de otro de sus grandes temores: el fracaso.

Tan contradictorio como parecía, Sakura no quería realizar la operación, cierto, pero de hacerla, tampoco quería fracasar en ella.

"¿Cómo puedes decir eso? ¡Si tú mismo eras la prueba de lo contrario!"

"Eso fue diferente".

"¿Diferente?"

"Aa".

"Ayudaría mucho si me dijeras que fue lo que pasó entonces". Sakura estaba típicamente exasperada por las maneras crípticas de Kakashi. Aún así y a pesar de lo delicado del tema, se encontraba dispuesta a atacar e interrogar a este hombre hasta que le diera una respuesta directa. Pero una cosa era decirlo y otra muy distinta el poder hacerlo. Hatake Kakashi nunca daba más de lo que quería. A nadie.

"No hay nada que contar".

"¡No te creo! Tiene que haber alguna razón para lo que dices".

Kakashi tenía una expresión ilegible en lo que se veía de su rostro. Su postura era relajada e indiferente ante la evidente molestia de la kunoichi. Con ello, la frustración de Sakura iba en aumento a un ritmo vertiginoso y ella apenas y podía contener sus confusos impulsos. Quería por igual abofetearle con toda su fuerza tanto como abrazarlo y echarse a llorar en su hombro. Pero no lo iba a complacer ni con lo uno, ni con lo otro.

"Si es imposible, ¿por qué te prestas a todo esto entonces?"

Encogiéndose sencillamente de hombros le devolvió la pregunta con una voz plana y sin emoción. "¿Y por qué no?"

"¡Estás loco! ¿Por qué pasar por todo esto sin razón?"

"Sólo soy práctico, es obvio que si tú no me crees, nadie va a hacerlo".

"¡No me has dado ninguna razón lógica para hacerlo!"

"Hmn…".

"¡¡Kakashi!!"

Poniéndose de pie el copyninja decidió que ya había sido suficiente. Tenía hambre, estaba cansado y no iba a permitir que una niña se metiera en su vida personal sólo por complacer su curiosidad. No quedaba más que ser tajante en el asunto.

Echando a andar en dirección a la aldea, Kakashi metió sus manos en los bolsillos para ocultar sus puños aun apretados. Única señal de que su indiferencia era otra máscara rota.

"¡Hey, no te puedes marchar! Aún no hemos terminado".

"No, ya terminamos". La frialdad en su tono de su voz suplió lo que sus gestos o su rostro no decían.

Un remolino de hojas y una Sakura con la boca abierta fue todo lo que dejó atrás junto con su conciencia.

-o-

Jiraiya estaba sentado confortablemente en el suelo, entre enormes cojines de colores escandalosos y una mesa baja cargada de frutas y algunos platillos típicos de la zona. La comida parecía bastante tentadora a primera vista, pero para él no era más que una parte de la decoración estridente y de mal gusto de la dueña del local. Siempre evitaba comer en ese lugar, sabiendo de buena fuente que la cocinera no era precisamente un modelo de higiene y pulcritud. Además había un olor a rancio flotando en el aire que no presagiaba nada bueno. No había que tener la nariz de un sabueso para saber cuando algo se estaba pudriendo. Literalmente.

Sin embargo, allí estaba el viejo sannin una vez más, y por muy buenas razones que compensaban la amenaza de envenenamiento sanitario. Primero que nada allí se servía el mejor sake de la región y a un precio más que razonable, gracias a que se trataba de los mismos dueños de la destilería, y si a ver vamos, dueños de medio pueblo también. En segundo lugar estaba el servicio. Desinhibidas e irresistibles eran los dos calificativos que venían a la mente de Jiraiya cuando pensaba en las bellezas que le consentían en cada una de sus visitas.

No había discusión, el Mesu Kazan era una parada obligatoria en todos sus viajes. El sopor alcohólico era justo lo que requería para ahogar ciertas frustraciones que no pudo dejar olvidadas en Konoha como quería. Pero en esa ocasión particular era mucho más que el placer de la buena bebida lo que lo tenía allí.

Jiraiya fijó su atención en la muy joven mujer entrando en el amplio salón que compartía con otros cuatro o cinco parroquianos más, quienes ya disfrutaban de las atenciones femeninas en la media penumbra y al calor de un estomago lleno de alcohol. La recién llegada se movía con gracia, balaceando en sus manos una nueva jarra de sake caliente al ritmo de sus caderas. Tenía un cabello castaño muy largo que ataba en simples moños a ambos lados de la cabeza, acentuando ese estilo infantil que se vendía tan bien en locales como aquel. Sentándose con familiaridad al lado del sannin, la chica le sonrió con la picardía que da la práctica en la atención de la clientela tan particular y diversa que frecuentaba antros de esa calaña.

Inclinándose para servirle, las exageradas curvas de su busto comenzaron a apretarse con total descaro contra el brazo derecho del shinobi, al tiempo que ella colocaba su boca lo más cerca posible, para susurrarle algo al oído.

Jiraiya escuchó sus palabras con tanta atención como le era posible poner en el asunto, dada la comprometida situación en la que estaba: medio borracho y con las sensuales formas de la chica pegadas en contra de su humanidad. Era difícil resistirse al impulso de tomarla allí mismo. Además ella era una de sus favoritas desde la primera vez que la vio meses atrás, y esa noche tenía planeado llevársela de nuevo a la cama.

Casi no podía esperar: entonces le haría desnudarse completamente para él, para admirar su belleza y plasmarla en papel, en donde permanecería siempre joven y hermosa entre las páginas de sus libros y las fantasías de sus lectores. Luego le haría decirle frases obscenas mientras lo monta, y le pediría que le abofetee con toda su fuerza, que lo insulte con cada movimiento rítmico de su pelvis contra su sexo. Y él por su parte, la llamaría Tsunade en un grito desgarrado, justo antes de correrse sobre sus enormes senos.

Cuando terminó de servirle y de pasar el mensaje con discreción, la joven se levantó y desapareció por el corredor nuevamente, dejando la evidencia de su presencia en el calor que le subía por el cuerpo. A pesar de sus fantasías eróticas Jiraiya había encontrado la suficiente presencia de ánimo como para entender y descifrar el código de su informante en el sencillo mensaje que acababa de recibir. Y era justo lo que deseaba escuchar.

Sólo restaba esperar que la infiltración de su agente tuviera éxito. Cosa que no dudaba, consciente como estaba de sus increíbles atributos, los cuales el mismo había probado a conciencia. Encontrar shinobis independientes, sin recompensas sobre sus cabezas era de por sí bastante difícil; no tanto lo era que estuvieran dispuestos a todo por dinero, como en el caso de la mujer a quien había confiado la tarea de conseguir más información. El trabajo sería complejo, pero una vez adentro los resultados estaban garantizados. De lo que no tan estaba seguro Jiraiya era que su agente saliera con vida, dada la reputación del mercenario a quien la estaba vendiendo.

Pero las bajas siempre eran justificables, ¿no? Eso era los que los Hokages constantemente predicaban en descargo de sus pecados, en el nombre del bienestar del colectivo. Eso era también lo que él debía hacer en este caso, por el bien de su aldea.

Y por orden de la Godaime.

Dando otro trago largo directo de la botella, Jiraiya terminó por atragantarse, escupiendo sake en todas direcciones y maldiciendo en el proceso a todos los ninjas sobre la faz del planeta.

'¡Vaya maldita mierda de vida!'

-o-

NDA: No mucho que decir más que disculpen la demora en publicar. Es increíble lo que pueden complicarse las cosas, y entre trabajo y salud no he podido adelantar como quería. Lo bueno es que la musa si que ha permanecido activa y muchas ideas se están cocinando por allí. Igual espero que la imagen mental de un Kakashi en minúscula bata de examen les sirva de compensación por los retrasos XDD

En seguida voy a publicar en LJ un par de drabbles que escribí para el Kinkmeme. Pondré el link en mi profile para los interesados: son un kakasaku y un sasuke/minato!?? (no, no me pregunten como, que ni yo lo entiendo XD). Luego toca actualizar KC por fin!

Gracias como siempre por sus reviews!

Editado 02/2010 –