NDA: Debo decir que mi alegría por volver a este fic sólo está empañada por una razón: durante el tiempo que lo he dejado en hiatus, Kishimoto destruyó con su canon la idea central sobre la que construí este fic (con respecto al sharingan claro, no al kakasaku, que yo aún tengo fe XD). Si están al día con el manga saben de lo que hablo, y los que no… ignorancia es bendición, créanme!

Todo el fic ha sido editado al 02-2010. Nada ha cambiado, sólo han sido correcciones menores. Igual, yo creo que una releída, después de un año y medio de hiatus, nos hace bien a todos. Gracias por la paciencia!

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c-8 / Reemplazo

El interior de la pequeña sala de trabajo, gris y apretujada de anaqueles, estaba en completo silencio. Todos los presentes sabían bien porque estaban allí reunidos y nadie tenía nada interesante que decir al respecto. Cada uno era una pieza que completaba un trabajo colectivo en el que ninguno quería pensar demasiado en general, mucho menos ponerle voz a las inquietudes que, muy probablemente todos compartían y que poco tenían que ver con lo profesional. Con excepción de Haruno Sakura, todos ya habían estado sentados en esa misma mesa un año atrás. Por ello quizás, todos tenían el mismo irritante desasosiego escrito en sus rostros. Las miradas se cruzaban ocasionalmente en silente entendimiento, casi en resignación, renovándose con ello la aprensión que la mencionada recién llegada sentía con toda la situación.

Sakura echó un vistazo a los presentes sentados alrededor de la vieja mesa circular. Eran las caras familiares de sus colegas, con quienes trabajaba a diario en la división de Investigación y Desarrollo. A su derecha estaba Omori Akiyama, Jefe de Laboratorio, un hombre en sus cuarenta con lentes como lupas y barba rala como el resto de su cabello negro. A pesar de su apariencia desgastada era una persona lúcida de agudo pensamiento crítico. En contraste, a su lado se sentaba el joven Kato Kishiro, el impertinente Asistente de Investigación que nunca sabía cuando era prudente guardarse sus opiniones para sí mismo. Luego estaba Suzuki Miyu, Asistente de Omori-san, una morena experta en genética y con un extraño gusto por contar chistes verdes.

Los tres, junto con Shizune a su lado, quien se abanicaba distraída con las hojas de reporte en sus manos, formaban el equipo de trabajo que tenía la responsabilidad de preservar el legado más importante de Konoha. Y era ella quien debía dirigirles. La presión era sofocante y por momentos, mientras esperaba el inicio de la sesión, Sakura tuvo la sensación de que las montañas de papeles y pergaminos a su alrededor estaban viniéndosele encima.

Estar en buena compañía durante una misión semejante era de muy poco consuelo la verdad. Por el contrario, tener que coordinar un grupo de gente probablemente más experimentada que ella, era algo más que añadir a su lista de preocupaciones con la presente misión. A falta de algo mejor que hacer, la kunoichi comenzó a ordenar los papeles delante de ella compulsivamente. Ya los había revisado una y mil veces, numerado, ordenado y reordenado. Había repasado sus notas antes de entrar y memorizado el plan de acción. La tensión la tenía a punto de saltar de la silla, pero se contenía a fuerza de voluntad.

¿Por qué rayos tardaba tanto?

En respuesta, unos pasos entaconados sonaron con firmeza por el pasillo al otro lado de la puerta que en segundos se abriría de golpe, dando paso a la temperamental Hokage. Todos se levantaron de sus asientos en señal de saludo, el cual fue desechado de inmediato por la rubia con un gesto descortés de su mano.

"No hacen falta las formalidades, ya todos saben porque estamos aquí".

Tsunade eligió la silla más cercana a Shizune y se sentó a la mesa seguida por todos los demás. "Ya les he puesto al tanto de forma individual y sé que todos están trabajando en su responsabilidad correspondiente, de manera muy satisfactoria, debo decir".

Dándose una pausa, la experimentada sannin pasó la vista por cada uno de los miembros del equipo, tomando nota de las reacciones y del escaso ánimo reflejado en sus semblantes. Ni que decir que no estaba nada impresionada con el ambiente casi funerario que se encontró en el lugar. Era un contraste dramático con la actitud animada y positiva que tenían un año atrás, cuando realizaron el primer intento. Claro que cuando las manos se manchan de la sangre inocente de quien fue tu colega, las cosas tienden a cambiar así de rápido.

"Iré al grano. Esta reunión tiene dos propósitos" explicó, extendiendo el pergamino que traía consigo. "El primero es formalizar esta misión que desde ahora llamaremos por el código Henka." Todos asintieron sin mucho más entusiasmo por tener un nombre para la penosa situación en la que estaban atrapados.

"Supongo que no tengo que decirles que es de máxima confidencialidad toda la información que aquí se genere". Pasando el pergamino, uno a uno de los presentes revisó en silencio sus contenidos, se cortó el dedo como mejor pudo y firmó con sangre el pacto de silencio al final del mismo.

Una vez acabadas las formalidades, Tsunade enrolló el pergamino y lo guardó entre sus ropas. "En esta oportunidad yo supervisaré los procedimientos y avances, pero al frente de Henka como líder del equipo y cirujano en jefe estará Haruno Sakura, a quien ya todos ustedes conocen".

Sakura se puso de pie enseguida, haciendo una reverencia formal a sus compañeros. "Un placer trabajar con ustedes".

Todos contestaron el saludo con una inclinación de cabeza y con mucha mal-disimulada compasión.

"Bien, encontrarán el plan de trabajo de Sakura y las notas aclaratorias en el expediente en sus manos". La kunoichi había entregado diligentemente las carpetas con dichos documentos a cada uno a medida que fueron llegando a la sesión. Nadie se había molestado en hacer otra cosa que ojearlos con recelo o, como Shizune, abanicarse con ellos.

"¿Es realmente necesario?" Kishiro-san intervino en un tono de grosero aburrimiento, "sin avances significativos desde la última vez para qué molestarnos en hacer otro intento…".

"¡Ha habido avances!" De inmediato Sakura le interrumpió, irritada ante la acusación sin fundamentos. "Los estudios de compatibilidad de chakra son ahora mucho más claros y la pruebas preliminares nos dicen que…"

"La compatibilidad es sólo uno de los varios factores en juego aquí" cortándola cortésmente, Omori-san replicó con calma, mirando directamente a Tsunade. "Estoy de acuerdo con Kishiro-san, si fallamos ahora sólo nos quedaría una última oportunidad, Hokage-sama". Las palabras del médico parecían ser un último llamado a la cordura. "Pero si esperamos a tener más evidencia contundente sobre cómo funciona el sharingan estaremos mejor preparados; el equipo de criptografía aún trabaja en los escritos que fueron rescatados del escondite Uchiha. Unos meses más y…"

"No tenemos unos meses más." Tsunade fue tajante en el asunto. "En nuestro actual estado debemos reforzarnos lo más pronto posible o seremos presa fácil de nuestros enemigos".

Si algo era cierto sobre la voluminosa maestra de babosas era que nunca hablaba sin propósito. En sus palabras dejaba implícito que estos enemigos ya estaban en movimiento, o no habría razón para tal premura, y con tan alto riesgo de perder el precioso legado.

El mensaje le llegó alto y claro a todos los presentes.

"Además" continuó en un tono más relajado, "en esta oportunidad tenemos la ventaja de contar con Sakura, quien está estudiando a fondo a nuestro caso exitoso". Omori-san se volvió a verla sorprendido, al igual que quienes desconocían esta noticia. Era evidente que todos estaban conscientes de las muchas dificultades implícitas en contar con la colaboración del infame copyninja. "Confió en que los avances serán importantes a este respecto".

"En un par de días más tendré toda la información necesaria para que trabajemos sobre ella", confirmó la kunoichi.

El silencio del equipo fue significativo. Habían quedado totalmente desprovistos de argumentos con los que objetar verbalmente, o de ganas de hacerlo. Tsunade le dedicó a cada uno una mirada dura, como retándolos a contradecirla, sus ojos enrojecidos por las continuas resacas sólo añadían al aspecto amenazante que no dejaba lugar a más tonterías.

"Estoy consciente de las dificultades de esta misión y de los riesgos que corremos, pero es de vital importancia para Konoha que tengamos éxito. Es por ello espero de cada uno de ustedes su mejor desempeño. ¡No nos podemos dar el lujo de fallar de nuevo!"

"¡Sí, Hokage-sama!" el coro de voces más o menos asincrónico, remató la discusión. No les gustaba, obvio, pero no podían negarse a una orden directa, mucho menos si la aldea enfrentaba la posibilidad cierta de un ataque. Sakura tuvo el nada reconfortante recordatorio de Kakashi y su actitud impasible al respecto: él tampoco lo creía posible, sin embargo estaba colaborando. Cumpliendo su deber como shinobi de Konoha. Esa era la misma actitud que parecía dominar el ánimo en el salón, muy a pesar de los mejores esfuerzos de la sannin por alentarles.

Tsunade se puso de pie, las manos sobre la mesa reclamando la atención por momentos dispersa de los presentes.

"La segunda razón para hacer esta reunión es presentarles a nuestro nuevo voluntario".

El silencio que siguió a esta declaración sólo fue roto por el roce de tela o papel, según cada uno se movía incómodo en su silla. La Hokage avanzó sin más preámbulo hasta la puerta, haciendo señas pasillo abajo para hacer pasar al mentado voluntario.

Sakura pensó enseguida que esto era ponerle cara y nombre a sus peores pesadillas.

No transcurrieron más que unos segundos antes de que entrara al lugar un hombre joven, de no más de veintiséis años, en un impecable uniforme jounin. Alto y delgado, sus cabellos eran una maraña de rizos castaños. Pero lo que realmente le hacía destacar de inmediato era la amplia sonrisa que adornaba su semblante en medio de un deprimente salón de reuniones. Parecía alguien que recién se había ganado el premio gordo en la lotería y no un boleto de no retorno al cementerio, si la experiencia pasada era un indicativo.

"Les presento a Ishikawa Kotaro". Las reverencias correspondientes fueron intercambiadas con el sonriente joven. "Entre los posibles candidatos pre-evaluados es quien tiene mayor compatibilidad de chakra y aprobó las respectivas pruebas psicológicas"

Eso último Sakura lo dudaba. ¿Qué clase de loco se prestaba a semejante experimento con tan pocas probabilidades de éxito? Sólo podía ser el caso de alguien muy desesperado o increíblemente ambicioso. Por el guiño que el tal Ishikawa había pasado con absoluto descaro en su dirección mientras Tsunade les presentaba, Sakura apostó a ambas opciones en su caso.

"Shizune y yo ya le hemos puesto al tanto de los detalles, así que pueden discutir con él todo lo que consideren necesario. Estará dedicado a esta misión tiempo completo, así que pueden empezar a trabajar con él de inmediato".

Tsuande pasó una mirada en dirección a Sakura quien respondió poniéndose de pie enseguida, como una flecha esperando ser soltada. Era el momento de demostrar el por qué de toda la confianza que había sido puesta en ella.

"Bien, lo primero que necesitamos es completar toda la base de datos necesaria antes de realizar los estudios de factibilidad y el plan de cirugía". La coordinación de todo este delicado proceso sólo se podía hacer eficientemente en base a la información más completa posible y su análisis exhaustivo. "Necesito que todos revisen a detalle el plan de trabajo en sus manos y me pasen sus notas para mañana". Todos asintieron con renovado interés por los papeles antes ignorados sobre la mesa.

"Para empezar, estoy de acuerdo en que iniciemos hoy mismo el trabajo con Ishikawa-san". Un vistazo en dirección al aludido le informó a la kunoichi que la irritante sonrisa continuaba en su lugar. "Miyu-san, requerimos de inmediato de un informe médico completo, el chequeo físico y scans a detalle de su cerebro". Si este tipo tenía siquiera una uña mal encajada Sakura lo iba a mandar de regreso al hoyo de donde había salido tan rápido que no sabría nunca ni que lo golpeó. Exponer a alguien ya era bastante malo de por sí sin necesidad de tener otros factores de riesgo durante la delicada operación.

"Hoy mismo comenzamos los exámenes, Sakura-san" contestó la morena mirando al voluntario, quien amplió notoriamente su sonrisa en respuesta. "Estoy en tus manos, Miyu-san". La pedantería insoportable en sus palabras sólo confirmó la primera apreciación de Sakura acerca del sujeto. No sin esfuerzo se contuvo de voltear los ojos al cielo, implorando paciencia.

"Kishiro-san, ¿en cuánto tiempo puedes tener listos sus exámenes de uso, resistencia y rango de chakra?".

"Creo que con una semana o dos…".

"Tienes cuatro días".

"¡Sabía que ibas a decir eso!" refunfuñó desde su silla, pero Sakura no prestó atención a sus conocidas malcriadeces. Estos exámenes eran de suma importancia y mientras más pronto pudiese trabajar sobre ellos, tanto mejor. Tener un voluntario con fuego como elemento base, al igual que Sasuke, facilitaba las cosas sin duda, pero manejar un sharingan no era como aprender la secuencia de sellos apropiados para producir un Katon. Había muchas cosas que considerar respecto a su chakra, particularmente a su control y su capacidad de regenerarlo.

La mayoría de la gente pensaba erróneamente que el copyninja tenía bajos niveles de chakra y resistencia por la aparente facilidad con la que quedaba inutilizado al prolongar el uso del famoso Kekkei Genkai. La verdad era que Kakashi tenía una fuente de chakra base tres veces más abundante que la del promedio ninja, pero el sharingan era un verdadero monstruo cuando se trataba de consumir energía, y en un cuerpo ajeno, el desgaste se multiplicaba en compensación.

Aun con una operación exitosa, si este shinobi no demostraba tener una buena constitución general, no podría usar el ojo más de unos minutos sin caer fulminado.

"Omori-san, necesito que comience a procesar estos resultados". Alcanzándole el voluminoso expediente de Kakashi, que ya casi alcanzaba la altura de Pakkun, Sakura se acercó a él. "Pero antes hay un par de cosas al respecto que quiero discutir".

"No es problema, Sakura-san".

En ese momento Tsunade pasó una mirada significativa en dirección a Shizune y ambas compartieron una sonrisa cómplice. "Ya veo que están en buenas manos" comentó satisfecha, mirando con innegable orgullo a su aprendiz.

Claro que la sonrisa benévola en su rostro duró lo mismo que un trago de sake en sus manos.

"¡¿Qué esperan?!" se volteó de repente sobre todos los presentes. "¡Ya la oyeron, muévanse!"

Todos salieron a sus actividades asignadas rápidos como kunais recién afilados, seguidos de cerca por una intimidante Hokage. Despidiéndose con una reverencia, Shizune salió siguiendo los pasos de Tsunade, y dejando a Sakura en compañía de Omori-san.

Solo entonces la kunoichi se permitió una sonrisa. Tan improbable como parecía, con el extraño grupo de trabajo que formaban y la falta de ánimos que les aquejaba, la esperanza se renovó en su pecho. Estaba convencida de que todos trabajarían duro aun con las probabilidades en contra; simplemente porque ninguno quería fracasar si la solución estaba al alcance de sus manos.

"Es una pena, ¿no crees?" a su lado, el experimentado médico comentó de repente, viendo como ella en la dirección por donde habían marchado sus compañeros.

"¿Qué cosa?"

"Ver pasar a otro shinobi mediocre dispuesto a morir por ganar habilidades" suspiró desganado, reclinándose contra el espaldar de la silla. Parecía mucho más viejo de lo que era, con la amargura cruzándole el rostro de esa manera. Sakura se sorprendió de la crudeza en sus palabras, pues le conocía por ser, en todas las circunstancias, un hombre comedido y sensato. Claro que, esta no era una situación ordinaria bajo ninguna definición de la palabra. La kunoichi nunca había escuchado tantos improperios salir de la boca de la prudente Shizune como el día en que la primera operación fracasó. Todos estaban afectados a un nivel personal, al igual que ella lo estaba ahora. Más que todos ellos quizás, considerando que se trataba de los ojos de su querido Sasuke-kun.

La kunoichi luchaba por encontrar algo apropiado que contestar cuando el shinobi se le adelantó.

"¿Te importa si dejamos tus preguntas para más tarde?" imploró, el cansancio patente en su voz.

"¡Claro, por mi no es problema!" se apresuró a decir, a sabiendas de lo difícil del tema con quienes ya habían vivido el fracaso. De ningún modo quería parecer inflexible; era estricta, sí, pero también consciente de la importancia de que su equipo estuviera a gusto para alcanzar el éxito. "Igual no tengo mucho tiempo ahora", continuó explicando, mientras ordenaba los documentos que debía entregarle. "Tengo pruebas pendientes con nuestro caso exitoso". Esta vez no pudo contenerse de voltear los ojos, irritada de sólo pensarlo.

"Ah, realmente admiro que tengas tanta paciencia, Sakura-san. No debe ser nada sencillo trabajar con un demente del calibre del copyninja".

A lo largo de los años, Sakura había oído montones de cosas acerca de Kakashi, unas buenas, otras malas, y todas solían terminar en la palabra pervertido; pero nunca había oído a alguien en la aldea que hablara de él en términos tan claramente despectivos. Fuese por respeto o por miedo hacia él, era algo realmente inusual.

"No comprendo… Es cierto que no es sencillo trabajar con él, pero ¿demente? ¿Kakashi-sensei?"

"Ah, es cierto que fue tu sensei" de inmediato inclinó su cabeza, apenado. "Disculpa por favor, no quise ofenderte".

"No, está bien, es sólo que me sorprendió".

Omori-san no agregó nada, volviendo su atención al papeleo pendiente. Entonces Sakura sintió la necesidad absoluta de defender el honor de Kakashi, ni ella sabía bien el por qué.

"Sé que es bastante excéntrico" por ponerlo en términos decentes, "pero no es una mala persona una vez que se le conoce".

"Hm", fue la ambigua respuesta.

"Kakashi-sensei es uno de los mejores y más respetados ninjas de Konoha".

"También es uno de los que puede quebrarse en cualquier momento. Aunque claro, supongo que eso es aplicable también para la mitad de los shinobis activos". Su risa afectada carecía de humor. La realidad ninja era siempre deprimente a la luz de las consecuencias del deber, y para un hombre como él, dedicado a la medicina y a ver pasar incontables shinobis tentando la muerte a diario, no era ni novedoso ni menos cierto por conceptos idealistas sobre el 'respeto' que se puede ganar un asesino con una buena causa.

"¡Se equivoca! De ninguna forma Kakashi-sensei va a perder la cabeza". La idea le pareció un completo absurdo. Cierto que el copyninja estaba pasando por un mal momento, abusando de su trabajo y con un cuadro de depresión bastante claro, pero de allí a…

"Ya ha pasado antes…" lo dijo casi para sí mismo, un destello de miedo reflejado en sus ojos.

"¡¿A qué se refiere con que ya ha pasado?!" ahora sí que estaba alarmada con semejantes insinuaciones.

"Es mejor que dejemos esta conversación así" hizo un ademán para levantarse pero la kunoichi lo impidió.

"No, no puede decirme eso y esperar que yo deje las cosas así".

"No puedo hablar de eso, está prohibido" el hombre miró a todos lados, como si en verdad temiese inmediata retaliación si abría la boca. "Ha sido una imprudencia el siquiera mencionarlo".

"¡Tiene que contármelo!"

"Sería inapropiado" se negó, medianamente alarmado por su insistencia.

"¡Por favor! Es importante que yo lo sepa…". Sakura dejó la frase en el aire, poniendo una expresión que implicaba claramente un interés médico más que personal en el asunto, aun si el caso fuese todo lo contrario.

"Me pones en una situación muy difícil…".

La kunoichi le sostuvo la mirada con la inquebrantable firmeza por la que era bien conocida. De ninguna manera iba a permitir que se le escapara este pedazo de información que bien podía resultar clave para entender lo que pasaba con el copyninja.

"Bien, tratándose de ti haré la excepción, Sakura-san" su tono de voz bajó al de un susurro confidencial, "si trabajas con él, debes estar preparada".

Sakura sólo atinó a asentir, tragándose el susto que se le había atascado en la garganta.

"Yo era un novato en el hospital en aquel tiempo, hacía mi residencia y estaba de guardia en emergencias…".

-o-

Era un día muy inusual en la emergencia del Hospital Central de Konoha.

Inusual en el sentido de que todo parecía normal, con pacientes entrando y saliendo, enfermeras sobrecargadas de trabajo, médicos exhaustos y unos cuantos muertos que mandar a la morgue. Sin embargo, el ambiente estaba innegablemente cargado. Una pesadez extraña parecía escurrirse entre las personas provocando miradas incómodas y susurros aprensivos por doquier, que iban y venían como un barco en mar picado.

Esta situación fue evidente para el joven Omori Akiyama tan pronto entró en la zona de emergencias para incorporarse a su turno de guardia. Si la cara apretada del médico al que le tocaba relevar no era indicio suficiente, si lo fue la forma en que el hombre pareció salir de allí perseguido por el mismísimo demonio tan pronto le vio llegar.

Cuando había transcurrido tan solo media hora de trabajo, Akiyama entendió a la perfección de donde venía la pesadez en el ambiente. Mirando de reojo en 'su' dirección, el joven médico no pudo evitar el escalofrío involuntario que le azotó la espalda. Sin embargo, tampoco podía evitar mirarlo. Era una necesidad morbosa tanto como un instinto básico de supervivencia, que le obligaba a estar alerta.

Al final de la sala de recepción, a un extremo de la desgastada hilera de sillas para visitantes y familiares en espera, se encontraba un pequeño niño de no más de siete años. Estaba aparentemente solo, su mirada perdida en algún punto entre sus pequeños pies que se balanceaban sin tocar el piso.

Eso no era tan inusual claro, siempre había niños en la emergencia, pero pocas veces uno como este.

Resultaba evidente con tan solo verlo, que no se trataba de un niño ordinario. Apartando cosas como su postura y sus movimientos que delataban un entrenamiento estricto y un desarrollo temprano, estaba su físico que era, con mucho, la imagen perfecta del que era su padre.

Akiyama lo detalló todo entonces. Tenía sus cabellos terriblemente desordenados, con la sangre seca haciendo pegostes imposibles en la maraña plateada. Su rostro pálido y redondo aún no perdía la grasa infantil de las mejillas, lo cual no lo hacía lucir más inocente sino desconcertantemente macabro a sus ojos. Quizás por las gotas de sangre que también habían salpicado su semblante dando marco perfecto a su mirada desenfocada. Un hilillo rojo le corría por el mentón, producto del constante morder y remorder de su labio inferior. Desde las rodillas hasta los pies, la ropa estaba empapada de sangre, como si se hubiese arrodillado en un charco del líquido carmesí.

Si las circunstancias fuesen otras, alguna de las enfermeras ya se hubiera acercado al pequeño, apabullándolo con instinto maternal hasta que estuviese limpio y con un helado en la mano mientras esperaba su turno.

Pero las circunstancias de este niño eran menos que ordinarias. Sólo hacía falta ver el espacio vacío a su alrededor, o como la gente evitaba mirarle abiertamente o siquiera pasarle cerca, para entender, que había algo malo con él; eso aún sin conocer en persona al pequeño Hatake Kakashi, primogénito del traidor Hatake Sakumo.

Era terrible que la aldea se volviese en contra de un niño sólo a cuenta de los crímenes cometidos por su padre. Pero aunque todos lo lamentaban en privado nadie hacía nada por remediarlo. Quizás porque, la verdad era que les traía a todos una medida de satisfacción, de necesaria retaliación en contra de Sakumo a través de su hijo. En las aldeas ninja, nada era peor visto que una traición.

Akiyama apartó la vista y se frotó el cuello estresado. En cualquier caso el tema no era asunto suyo. Por ahora necesitaba un cigarrillo y un café caliente para deshacerse del mal sabor que se le había quedado en el paladar con la presencia insidiosa del niño, que ensombrecía con su sola presencia, el día de todos. Lamentablemente para él, aún tendría que esperar un par de horas hasta que llegase su primer descanso.

Volviendo hacia la recepción a por el siguiente caso, el médico se tropezó Kimina-san, la bonita enfermera de la tarde con quien le gustaba coquetear casualmente. La verdad en ese momento ni ganas ni energías tenía para ello.

"¡Omori-san! no sabía que tenías guardia hoy".

"Cambie turnos ayer con Satoshi" lo cual, a la luz de los acontecimientos, había sido una muy mala idea.

"¿Ya viste?", dijo cambiando el tema enseguida, señalando con su mentón en dirección al niño. "Es horrible, pero su padre se lo merecía".

"¿A qué te refieres?" preguntó Akiyama con aprensión, no tanto por las noticias que iba a recibir, sino porque, a pesar del tono confidencial que mantenían, no podía apartar la sensación de que el niño a sus espaldas, a unos diez metros de distancia en la bulliciosa recepción, les escuchaba.

"¿No lo sabes aún?"

"Acabo de llegar, nadie me ha dicho ni por qué está aquí".

"Trajeron a su padre más temprano" era innegable el brillo de sádica satisfacción en sus ojos, "el maldito se abrió las entrañas como el cerdo que es".

'Sepukku' pensó enseguida. De ser así dudaba mucho que siquiera hubiese llegado con vida al hospital. Aunque los ANBU que vigilaban su arresto domiciliario eran rápidos, dudaba también que tuvieran el suficiente interés en salvarle.

"Ya está en la morgue, claro" continuó, confirmando el pronóstico de Akiyama.

"¿Por qué sigue aquí entonces?"

"¿Quién?"

"¿El niño? ¿Por qué sigue aquí?"

"¡Oh! También trajeron a su madre" una mueca desagradable que malamente intentaba pasar por simpatía le cruzó el rostro. "Parece que al encontrar a su marido se puso histérica e intentó matarse cortándose las venas". Si antes se sentía incómodo ahora Akiyama se sentía físicamente enfermo.

"¿Qué pasó con ella?" se atrevió a indagar.

"No estuve allí pero supe por Yuriko-chan que detuvieron la hemorragia y lograron salvarla", la joven enfermera le tomó del brazo, invitándolo a acercarse un poco más. Al parecer ella si que tenía estómago para coquetear. "Y tan pronto abrió los ojos, la mujer se lanzó contra los instrumentos, tomó un escalpelo y se rebanó el cuello, ¿puedes creerlo?"

Era una historia verdaderamente horrorosa. Akiyama se secó el sudor en su frente con el dorso de la mano. Realmente necesitaba ese cigarrillo.

"No la culpo", continuó la enfermera con tranquilidad, "yo misma me hubiera matado enseguida antes de soportar semejante vergüenza".

"¿Ya le avisaron al niño?" atinó a preguntar, conteniendo el impulso de volverse a verlo.

"¡Ja! Nadie quiere hacerlo, y ya hace una hora desde que murió y la llevaron a la morgue" volteó los ojos irritada. Claro que era más fácil ignorar al hijo de un traidor que sentir compasión por él. "Creo que están por sacarlo a sorteo".

Lo primero que notó Akiyama entonces fue la cara de Kimina-san contraerse en una mueca de aprensión. De inmediato comprendió lo que ella veía a sus espaldas y se volvió asustado, a verle.

Ahora el niño estaba de pie frente a su silla, los ojos velados por una mezcla de rabia y locura que le heló la sangre. Comenzó a avanzar lentamente en dirección a ellos, atrayendo enseguida la atención de todos en el lugar como la mierda atrae las moscas.

Akiyama se adelantó un par de pasos vacilantes, colocando las manos al frente. "Hatake Kakashi puedes volver a sentarte, hay algo que deseo explic…"

El resto de sus palabras se le atragantaron cuando ya tenía al niño encima, conectando una patada giratoria sobre su costado que le envío directo contra la pared vecina. Aprovechando el impulso de sus propios movimientos, el pequeño ninja se lanzó sobre la enfermera que, tomada de sorpresa, cayó limpiamente de espaldas con el empujón, rompiéndose con un crujido seco, el cráneo contra el suelo.

Una vez eliminado los obstáculos, el niño se lanzó en carrera pasillo abajo apartando a quien tratara de detenerlo. Adolorido, Akiyama entendió enseguida hacia donde se dirigía la pequeña figura: la morgue.

'Si que nos estaba escuchando' pensó.

Luego de chequear a Kimina-san y dejarla bajo el cuidado de otro doctor, se lanzó a buscarle enseguida, sin estar seguro ni él mismo del por qué. Sentía lástima y rabia y miedo y no sabía que más podía hacer sino tratar de detenerle. Estaba consciente de que no era su culpa, pero ¿de quién era entonces? Mientras esquivaba gente lastimaba y bajaba las escaleras al sótano, llegó a la conclusión de que estos eran, simplemente, los riesgos del sistema. Riesgos aceptables que vienen mano a mano con el hacer de niños, unos asesinos, y de los héroes, unos criminales por mostrar humanidad. Era una mierda, pero era la realidad de sus vidas.

Tener compasión nunca había llevado a los ninjas a nada bueno, por ello, este niño debía ser quebrado o eliminado, como tantos otros, de menos renombre, antes que él.

Cuando Akiyama empujó la puerta de la morgue y entró, ni sus razonamientos ni su eficiente lógica acerca del sistema ninja evitaron las nauseas que amenazaron con hacerlo caer.

En el suelo estaban los dos operarios del lugar, sangre rodeando invariablemente sus cuerpos. Uno respiraba entre quejidos, con un kunai aún clavado en su espalda. El otro no se movía, el cuello doblado en un ángulo imposible.

Al final del largo pasillo que componía la sala, luego de hileras de cadáveres cubiertos totalmente por sábanas a excepción de los pies, estaba el niño.

Había volteado la camilla con su madre, a quien sostenía ahora entre sus brazos, meciéndole de un lado al otro y entonando malamente lo que parecía ser una nana para dormir.

Akiyama no tuvo tiempo ni de moverse cuando sintió la presencia a sus espaldas de los ANBU. Uno de ellos le hizo señas de moverse hacia el herido mientras los otros dos comenzaron a avanzar sobre el niño. Unos pocos pasos precavidos, un intercambio de miradas y de pronto le brincaron encima, arrancándolo de su madre entre aullidos desagarrados que le helaron de nuevo, la sangre en las venas.

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Otra vez ese olor.

Olas de nauseas se agitaban en su estómago. Odiaba tanto esa particular mezcla de desinfectantes y cloro que intentaba en vano disimular el olor a decaimiento, pudrición y enfermedad que su sensible nariz no fallaba en detectar

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿dos días? ¿tres? ¿un mes?

Las ataduras le quemaban la piel. Quería moverse, ponerse de pie y echar a correr para siempre. Quería ir al baño a lavarse las manos llenas de sangre coagulada. Quería abrir los ojos y ver algo distinto que la oscuridad tras sus parpados, donde era presa de su propio miedo y desesperación.

Pero no podía moverse. No podía ir al baño. No podía abrir los ojos. Ni siquiera podía hablar.

'¡Estoy consciente!' Quería gritar, pero no podía. Su cuerpo era una tumba en vida, alerta de todo a su alrededor pero sin poder comunicarse. Sin poder siquiera suplicar….

La verdad ya ni siquiera estaba seguro de si lo que sentía era real o sólo un producto de su mente jugándole trucos sucios. Porque a ratos estaba seguro de que su madre se recostaba a su lado, podía sentir su aroma, el abrazo cálido. En otros escuchaba la katana de su padre cortando el aire con precisión mientras hacía sus katas en el patio. La brisa fresca de la tarde le reconfortaba.

En el momento en que trataba de hablarles, de acercarse más, ellos no le atendían, ignorándole y disolviéndose lentamente en la odiosa oscuridad.

Unas voces capturaron su atención entonces. Dos mujeres, enfermeras por el olor a medicina, hablaban como si estuvieran al final de un túnel. Su odio le llegaba en oleadas, alertando a sus instintos ninjas que no reaccionaban más allá del absoluto pánico de estar indefenso.

Si prestaba atención, podía entender palabras y luego algunas frases sueltas.

"…tiene merecido… una vergüenza para…"

"...tenerlo sedado ha… lo van a matar"

"¿…no es suficiente ya?"

"…está maldito te lo digo..."

"¡Uff, ya apesta!".

"Pues yo no pienso cambiarle…"

"…se va a molestar si no lo haces…"

"¿A quién carajo le importa?"

Un portazo dejó todo a su alrededor en un silencio tan benigno como aterrador.

El pequeño Kakashi sólo pudo preguntarse entonces si las lágrimas corriendo por sus mejillas eran reales, o no.

-o-

"Recuerdo que lo tuvieron unos días recluido en el ala psiquiátrica, hasta que Sandaime intervino directamente. Aún así estuvo severamente restringido por mucho tiempo. Sólo el Yondaime podía controlarle por entonces".

Omori-san se quitó los lentes, sus puños frotando sus ojos con vigor. Sakura se frotó las manos, igualmente. Se había aferrado con tanta fuerza a la mesa durante el relato que era un milagro que no hubiese arrancado un pedazo por lo menos.

"Pero cualquier día…" el médico señaló sus sienes haciendo un ademán explosivo con sus dedos para ilustrar lo que era mejor dejar sin palabras. "El sharingan está maldito, sería mejor que fracasáramos otra vez".

De repente pareció darse cuenta de la situación y de cómo se había dejado llevar por sus recuerdos y sus remordimientos. Poniéndose de nuevo los lentes le dedicó una mirada a su joven compañera.

"Por favor no digas esto a nadie, Sakura-san", suplicó preocupado.

Pero Sakura ya ni siquiera le escuchaba, su mente completamente atascada en el horror.

'¡Oh, Kakashi!'

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Incomodidad. Esa parecía ser su palabra favorita de la semana.

No encontraba otra forma de describir la tensa calma que se había desarrollado entre ella y su normalmente apático sensei desde que empezó la misión y que fluctuaba entre la vieja camaradería, el coqueteo descarado y la cortante indiferencia, con tanta rapidez que Sakura se sentía verdaderamente mareada la final de cada día.

Lamentablemente, parecía que la tensión negativa era la que ganaba fuerza, a pesar de los escasos momentos en que bromeaban. No había lugar a dudas, Kakashi estaba cada vez más lejos de ella a pesar que la distancia física entre ellos era menor ahora que lo tenía a sus órdenes. Ni que decir que habían hablado mucho más en la última semana que durante los últimos dos años. Aunque Sakura había logrado su principal objetivo de sacarlo por un tiempo del servicio de ANBU, aún estaba a años luz de hacer que reconsiderara o que saliera de su renovado ostracismo.

Luego del desencuentro que habían tenido en el campo de entrenamientos, la investigación se había reanudado no sin dificultades. Sakura tuvo que perseguirle todo el día siguiente sin mucho éxito, teniendo al final que recurrir a dejar un kunai clavado en su puerta junto con una nota de amenaza con el lugar y fecha de la próxima sesión. Al día siguiente había acudido, tarde por supuesto, y como si nada; sin siquiera una disculpa por haber desertado por un día, lo cual casi la vuelve loca de la rabia.

Así había llegado el viernes, y luego de la reunión con el equipo de Henka, Sakura iba a comenzar, no sin ansiedad los exámenes de compatibilidad de chakra.

Donde las máquinas usadas en el hospital eran frías e impersonales, el chakra era todo lo opuesto. Trabajar a nivel celular era mucho más eficiente y menos traumático físicamente que el cortar con un bisturí. Pero era mucho más invasivo en términos personales, pues era como tocar a otra persona a un nivel etéreo, que dependiendo de la profundidad y radio de acción, a veces se sentía más espiritual que científico. Así fuese sólo para curar un rasguño, el hecho de hacer entrar el propio chakra en un cuerpo ajeno era una invasión, que permitida o no, no dejaba de ser un contacto más intimo con otra persona.

Hasta el momento lo que habían hecho no era nada fuera de la rutina. Ahora tratar de mezclar el chakra propio con el de otra persona y transformarlo en algo diferente eran palabras mayores.

Con esa idea fija en la mente, Sakura se disponía a iniciar el primer examen.

Kakashi ya estaba allí, cómodamente sentado en el suelo con las piernas cruzadas en medio del pequeño salón que había visto mejores días. Se encontraban en el ala posterior del hospital, una zona vieja y prácticamente en desuso, en la que se acumulaban las máquinas en mal estado y el archivo muerto con toneladas de expedientes y documentación sin importancia. Una pequeña ventana dejaba colar algo de luz natural en el lugar, aliviando un poco la frialdad blanca de la luz halógena.

Al lado derecho del shinobi, una serie de modernos aparatos médicos habían sido instalados y emitían suaves bips y otros chirridos intermitentemente. Algunos cables salían de estas maquinas hasta su brazo para medir su pulso, otros a su cabeza para medir alguna reacción cerebral. Detrás de todos los equipos un operario estaba sentado con una cara de aburrimiento tan grande como la que el copyninja tenía. Kishiro-san estaba a su lado, supervisando los procedimientos con un semblante igual de patético.

Mientras Sakura repasaba sus notas por última vez, no pudo evitar la compulsión de levantar la vista de las páginas llenas de su apretada caligrafía sólo para mirar de reojo en dirección al copyninja. Enseguida y como cada vez que lo hacía, una puntada de dolor se le atravesaba en el pecho junto con el montón de imágenes mentales que había conjurado durante el relato de Omori-san. No podía ni siquiera comenzar a comprender lo que había significado una experiencia semejante para él, menos aun cuáles habían sido sus consecuencias. ¿Cómo lo había manejado? ¿Quién lo había ayudado? ¿Cómo había salido adelante estando solo?

Ni el hecho de haber conocido y compartido parcialmente la difícil niñez de Naruto y Sasuke, le resultaban medidas de comparación suficiente para entender esto. Era muy difícil para una mujer como ella, con la suerte de crecer como parte de una familia tan numerosa como amorosa, el siquiera imaginarse en una situación similar, mucho menos contar con llegar a sobrevivirla.

Kakashi lo había perdido todo a los siete años.

Ella todavía jugaba con muñecas a los siete años.

Con un par de cachetadas mentales, Sakura se obligó a apartar el tema de su mente. Tenía que poner ese asunto de lado por el momento o jamás podría concentrarse en la tarea pendiente, lo cual era esencial para el trabajo de alta precisión que se disponía a realizar.

Carraspeando lo que quedaba de su nerviosismo, la kunoichi se puso manos a la obra. "Lo que vamos a hacer hoy son pruebas de compatibilidad y reacción" anunció a todos los presentes poniendo sus manos en la cintura. "¡Voy a tratar de activar el sharingan yo misma!"

Luego de semejante declaración, Kakashi levantó la famosa mirada bicolor hacia ella, algo irritantemente similar a la absoluta incredulidad en presencia de un absurdo estaba escrito en lo que se veía de su rostro tras la máscara. Claro que Sakura no se dejó amilanar por su evidente falta de confianza en ella.

"¡Es de lo más interesante!" explicó con el entusiasmo típico de su pasión por la medicina. "Tu chakra cambia dentro del sharingan como si sus propiedades fuesen más densas. No se explicarlo bien todavía pues tiene que ver con los mecanismos internos propios del ojo y que aún son un misterio; pero lo que sabemos hasta ahora es que está relacionado con la compatibilidad con el usuario original y la fusión de dos corrientes de chakra".

Todo lo cual ella sólo podría entenderlo al experimentarlo con su propio chakra. O eso era lo que quería intentar al menos. Después de hacer innumerables pruebas de activación con el copyninja y el saco de pulgas, estaba relativamente segura de poder lograrlo. A pesar del entusiasmo puesto en sus palabras, internamente la kunoichi no se hacía muchas ilusiones. Lograr alguna mínima reacción ya sería un triunfo, ni hablar de poder activar un genjutsu.

Sakura continuó sin perder el ritmo por la escasa respuesta de las tres caras largas.

"Ya que mi elemento es tierra el cual es neutro respecto al fuego puede que esto funcione". O al menos así se aumentaban las posibilidades de éxito en un transplante tradicional. Para los shinobis que constantemente usaban su chakra, un trasplante era sólo factible si el chakra base del órgano trasplantado era neutro o inferior al chakra base del receptor. Aún así los ninja tenían un porcentaje de rechazo más alto en relación a los civiles que no usaban esta energía. Las estadísticas también revelaban que todo esto se encontraba relacionado y en directa proporción con la complejidad e importancia del órgano transplantado en el cuerpo.

"Si voy a lograr esta operación necesito entender cómo los estímulos nerviosos y la infusión de chakra se combinan".

Haciendo rodar una silla hasta el centro de la habitación, Sakura se sentó en ella justo detrás de Kakashi, las manos típicamente frías encontrando sus sienes, de inmediato.

"¿Están listos?" preguntó mirando a los dos chicos tras los equipos.

"Cuando quieras, jefe" Kishiro-san le había puesto el ridículo apodo tan pronto se formalizó el equipo. Sakura se iba a asegurar de estrangularlo por ello tan pronto se terminara la misión. Por los momentos, lamentablemente, lo necesitaba con vida.

"¿Listo, Kakashi-sensei?"

El aludido se encogió de hombros por respuesta.

"¡Muy bien, vamos a empezar!" El entusiasmo exagerado disimulaba pobremente su nerviosismo. "Lo primero que debes hacer es despejar tu mente. Piensa en algo completamente ajeno al trabajo o al sharingan".

Sin decir una palabra, Kakashi levantó el Icha Icha lo suficiente para dejar a Sakura cara a cara con la explicita ilustración de una escandalosa posición sexual. Una vena se brotó en su frente en tiempo record.

"No podría ser algo menos… estimulante para tu cerebro" la paciencia era un lujo en momentos así, estando en una posición tan cómoda para estrangularlo "¿Tal vez recitar un poema o meditar?" sugirió apretando los dientes.

Con su mejor suspiro de resignación, Kakashi cerró el libro y trató de concentrarse en meditar. Lo cual sería más fácil, sin duda, si no tuviera a Sakura respirándole en la nuca como perro con rabia, su aliento dulce haciéndole cosquillas en uno de sus pocos puntos sensibles. Además, la kunoichi tenía sus rodillas apoyadas a cada lado de su espalda, el menudo cuerpo inclinado tan cerca que podía sentir el calor irradiando desde…

Un gruñido mental acabó con esa línea de pensamiento.

Tal vez dejar Icha Icha de lado no fuese tan mala idea, después de todo.

-o-

Mientras Kishiro-san recogía los electrodos y demás implementos pegados a su persona, Kakashi fijó su atención en una francamente desesperada, Sakura. Sus pruebas no habían salido como ella esperaba, eso era evidente; pero aún descartando la frustración como una consecuencia esperada del experimento fallido, el copyninja la conocía mejor que eso.

Había algo más que la molestaba.

Mordiendo un lápiz como si se tratase una venganza personal la pequeña kunoichi continuaba sentada, haciendo girar la silla con los pies de un lado a otro, su atención completamente puesta en los apuntes sobre sus rodillas. Excepto que su mirada estaba desenfocada y su mente muy lejos de las deprimentes notas sobre los resultados del experimento. Para él esto era evidente, aunque saberlo no cambiaba las cosas en su ánimo o en sus planes. Lo único en que podía pensar era en irse cuanto antes, Sakura bien podía lidiar sola con sus problemas.

"Ya estamos terminado, ¿no?" Kakashi lanzó la pregunta sin muchas esperanzas, deseando ver otra cosa que la frustración estropeando la cara de su ex - alumna.

"¿Eh? ¡Oh, sí!" parpadeando varias veces, Sakura quebró su concentración, mirando a su alrededor como si realmente hubiera olvidado dónde estaba. "Mañana será la ultima sesión" anunció con una sonrisa falsa como un aviso de sake gratis.

Kakashi no comentó nada. A él le importaba muy poco lo que hacían y Sakura lo sabía muy bien. Sin embargo, por alguna necesidad inexplicable y probablemente sentimental, ella insistía en contarle los detalles. Poniéndose de pie el copyninja comenzó también a recoger sus cosas. Si ya no lo necesitaban, no pensaba quedarse a charlar.

"Sólo me queda aplicar unos ejercicios de resistencia para volver a chequear tus niveles de recuperación". La kunoichi continuaba con su cháchara, que hacía un pobre trabajo en disimular sus nervios como de costumbre.

Si no fuese por la mirada, mezcla de sorpresa y compasión, que le dirigió esa tarde cuando él llegó al lugar, Kakashi lo hubiese achacado todo sin dudarlo a una razón de estrés laboral producto de su compulsión enfermiza por la perfección en el trabajo y en el deber.

Se encogió de hombros. No que a él le importase mucho en cualquier caso.

Por su parte Sakura ya estaba de pie, pasando de las explicaciones fastidiosas a dar las órdenes necesarias.

"Kishiro-san, ¿es posible bajar el equipo necesario para mañana temprano?"

"¿No es más fácil subir?" replicó quejumbroso.

"¿No es mas fácil que te golpee?" devolvió alegremente.

"Ya, ya, no hay problema, jefe" hizo un ademán de saludo militar medio desganado.

Sakura volvió su atención hacia el copyninja como si no acabara de amenazar con violencia a un hombre evidentemente indefenso y patéticamente indiferente. "Bien, nos vemos mañana de nuevo aquí, sensei. Prometo que sólo será medio día esta vez".

"Te tomas muchos problemas para hacerlo aquí". No que le molestara el lugar, evidentemente ventajoso; pero para él, el hospital seguía siendo el hospital, aunque estuvieran en el rincón más abandonado del mismo.

"No es nada", le restó importancia con una sonrisa nerviosa.

Ahora, eso sí que era interesante. El color carmesí que teñía sus mejillas no podía ser ignorado de ninguna manera. "¿En serio? Sé que no lo haces por consideración hacia mi…".

"¡Oh! Me siento ofendida que pienses tan mal de mi, sensei".

Kakashi sólo levantó una ceja por respuesta, dejando patente su total incredulidad.

"¡Vale! Gracias a tu espectáculo del otro día no nos dejarían trabajar en paz si alguien se entera que estás en el hospital".

"¡Oh!"

"Ya tienes nuevos miembros en tu club de admiradoras. ¡¿Espero que estés satisfecho?!"

¡Oh no! Ella conocía bien esa diabólica sonrisa…

"¿Estás celosa, Sakura?"

"He-heeee" la media risilla de Kishiro-san fue cortada en seco por una mirada que fundía metal.

"¡Debes estar bromeando!" descontó enseguida, volviéndose a verle. "¿Celosa yo? de semejante pervertido, inconsciente, abusador, flojo…"

"¡Estas celosa!" era una afirmación, no una pregunta y Sakura se quedó en blanco con la voz de su yo interno gritando un sí a todo pulmón. Agarrando el resto de sus apuntes, la azorada kunoichi se resignó a huir ante la humillación de la derrota.

"¡Me voy! No lleguen tarde mañana".

Mientras caminaba hacia la salida a toda velocidad, Sakura podía jurar que sentía la sonrisa altanera y satisfecha del copyninja pegada contra su espalda.

¡Qué rayos! ¿Y qué si era verdad?

Sobre su cadáver las libidinosas enfermeras del hospital pondrían sus manos sobre Kakashi.

¡Nunca, mientras ella estuviese viva!

-o-

Uno. Uno, dos. Uno, dos, tres.

Las gotas de agua caían en secuencia sobre la base de su cabeza en una interminable repetición que le despertó lentamente del letargo.

¿Dónde estaba?

La desorientación se despejó al volver el rostro, el agua fría rebotando ahora en su mejilla. Eventualmente encontró la fuerza para levantarse, haciendo uso de sus extremidades adoloridas por un cansancio que irradiaba desde sus mismos huesos.

Estaba perdido.

Estaba solo.

Estaba en peligro.

La oscuridad a su alrededor era tan densa como el agua de mar profundo. Un pitido agudo y constante le perforaba los tímpanos. Le costaba mucho respirar con los pulmones oprimidos por la presión del miedo tan absoluto que sentía. Miedo al peligro desconocido que le asechaba desde las informes sombras. No podía verlo, sólo sentirlo gracias a sus instintos, afinados para reconocer la más mínima intención asesina dirigida contra él. Su ojo sharingan no funcionaba por alguna razón que ignoraba y su ojo natural era inútil en semejantes condiciones adversas.

Un leve movimiento a su derecha y con un salto, su pulso se aceleró. Apenas tuvo tiempo de volverse para evitar el golpe. Él y su atacante cayeron contra el suelo sobre sus costados, luchando mano a mano a falta de armas con las que atacar. El sudor se condensaba rápidamente en su rostro mientras forcejeaba con su agresor, quien con gran habilidad igualaba todos sus golpes, todos sus movimientos; como si estuviera peleando con su propio reflejo en el espejo.

Su jutsu original tenía que ser la respuesta para salir del bucle infinito de movimientos perfectos de ataque y contraataque en el que estaba atrapado. Sólo pensarlo y las manos se movieron cansadas en la secuencia familiar de los sellos. Enseguida el chisporroteo del chidori lo llenó todo, su luz blanca delineando intermitentemente la figura del fantasmal del agresor por un segundo. Sin el sharingan era un golpe difícil de lograr pero Kakashi se encomendó al factor sorpresa y a su rapidez natural para acabarle.

Sin dificultad su mano atravesó como tantas otras veces la cavidad toráxica, rompiendo huesos y tejidos hasta llegar al corazón, el cual arrancó aprovechando el impulso, el chidori terminando de atravesar el cuerpo de lado a lado hasta que su brazo quedó hundido hasta el codo.

¡Era su victoria! Con perverso placer aplastó en su puño el corazón todavía pulsante, los últimos restos de la sangre en el interior escurriéndosele cálida entre los dedos, dando alivio a la necesidad instintiva de asesinar en su interior. Solo así, con las manos ensangrentadas y la boca torcida en una mueca horrenda, podía escapar un rato al dolor que le carcomía el cerebro y le helaba el alma hasta los huesos.

A la luz desfalleciente de su chidori, Kakashi finalmente reparó en el rostro de su enemigo mientras la muerte le arrancaba la vida.

Era tan solo un niño como él.

"¿Me matas de nuevo, Kakashi-kun?"

-o-

Kakashi se levantó abruptamente, las sábanas pegadas a su cuerpo empapado de sudor, desordenadas por las convulsiones que sin duda había dado de un lado a otro en la cama. El nudo en su garganta era muy difícil de de deshacer por el nombre que tenía atravesado en ella y que estuvo apunto de gritar en pánico.

Con el rostro desfigurado de Obito danzando aún ante sus ojos como la impresión de una luz fuerte tras sus parpados, el copyninja se arrastró como mejor pudo hasta el baño. Un golpe de agua fría en el rostro siempre le ayudaba a recuperar la sobriedad en estos casos.

Hacía mucho tiempo que no tenía una pesadilla semejante. Quizás meses desde la última vez que sus remordimientos pudieron darle alcance y manifestarse de una forma tan evidente. Tenía que ser la maldita inactividad en la que estaba sumido la que le provoca una reacción semejante. Pasar todo el condenado día a merced de la inquisición rosa no podía ser nada bueno para él. Sin nada importante en que enfocar su atención Kakashi siempre pensaba más de la cuenta. E inevitablemente sus ojos y sus recuerdos se volvían al pasado, donde había mucho que quería olvidar.

Cerrando el grifo, Kakashi aventuró una mirada al espejo. Un desconocido le devolvió el gesto.

Ya nada le era familiar en su propio rostro. ¿No era eso lo que quería?

Enseguida alcanzó una toalla y comenzó a secarse con descuido, volviendo la espalda a las evidencias que los años y las amarguras iban dejando en él.

Había sólo un remedio conocido para la situación en la que estaba. Tenía que salir de la aldea, echar a correr, y matar hasta volverse una bestia. Hasta que sus pensamientos no fuesen más allá de cómo satisfacer las necesidades básicas de su organismo. Hasta que nada le importase sino la muerte en sí misma.

Volviendo a la habitación, se dejó caer de frente sobre su cama, el rostro contra la almohada para ahogar un grito y con suerte, a sí mismo también.

-o-

NDA: Ha sido muy duro todo, pero había que escribirlo ;_;