c-9 / Razones
"¡Oi, Jefe! ¿Qué no tienes compasión?"
Aquella voz, desgañitada y perezosa, no disimulaba en absoluto la súplica desesperada de un hombre a punto del colapso. "¡Es sábado!"
"Si Kishiro-san hubiera hecho su trabajo ayer como debía, en lugar de salir de juerga, Kishiro-san podría irse a casa ahora". En contraste, la melodiosa voz femenina y edulcorada que le respondió ocultaba una trampa letal de ojos verde veneno. "Como no lo hizo así, ahora tiene que trabajar horas extra para compensar".
"¡Pero tengo resaca; no puedo trabajar bien con resaca!", dejándose caer en una silla, el malcriado asistente continuó con su pataleta, evidentemente dispuesto a arriesgar la vida si eso le ahorraba el trabajo.
Por su parte, Sakura se mordió la lengua para detener lo que en realidad pensaba de su ética de trabajo sin resaca. A pesar de las incesantes quejas, habían logrado completar la última sesión sin mayores inconvenientes, por lo que ahora sólo le restaba mantener el procesamiento de los datos dentro de los tiempos programados. Si para ello tenía que aplicar algo de coerción violenta, ¿quién era ella para negarse?
"Pues si no quieres sumar mis puños a tu resaca, vas a entregar todos tus informes pendientes ¡HOY!"
"¿Cuál es la urgencia?" inquirió frustrado. "Mañana es domingo. ¿Seguro no pensarás trabajar en domin-?"
Una mirada poco menos que efervescente le cortó en seco. Era de esperarse que para la adicta al trabajo Haruno Sakura, no existieran cosas inútiles como los domingos.
"Sabes, eso no es nada saludable, Jefe".
"¡No pedí tu opinión, pedí tus informes, y los quiero para hoy, sin-más-excusas!"
Kishiro se llevó las manos a la cabeza en silente resignación ante la ineludible responsabilidad que tenía por delante y Sakura contuvo la urgencia de patearle el trasero por ser tan idiota. ¿Por qué no podía tener compañeros de trabajo más normales? Puntuales, diligentes, obsesivos… ¡así como ella! Era increíble que a este nivel de profesionalización tuviera que lidiar con personal tan irresponsable, indisciplinado, flojo, carente de la más básica ética de…
"¡Sensei!"
Y allí iba Kakashi, desapareciendo por la puerta tan pronto como se había zafado de todo el aparataje médico, y sin siquiera despedirse de ellos. Definitivamente, Sakura tenía que estar pagando un karma de la otra vida.
Sin perder tiempo, la kunoichi se lanzó a perseguirle, dejando el acoso a sus subordinados para después. Había algo muy importante que tenía que discutir con el copyninja y si no lo hacía ahora, en el último día de la misión, algo le decía que no le iba a ver ni las pulgas a Pakkun en mucho, mucho tiempo.
"¡Espera por favor, Kakashi-sensei!"
El gritillo resonó con claridad por el corredor junto con sus pasos apurados, pero el aludido no se detuvo ni hizo ademán alguno de haberla oído siquiera. Apretando el paso a una carrera ligera, Sakura logró darle alcance antes de que desapareciera, colocándose a su lado y caminando junto a él por el estrecho pasillo de servicio del hospital.
"Hay algo más que quiero pedirte".
Con esa declaración, el copyninja se detuvo por fin, volviéndose hacia ella con la cautela de quien se prepara para eludir una trampa oculta.
"Dijiste que éstas serían las últimas pruebas".
"¡Y lo son!" Sakura se apresuró a confirmar. "Con esto ya tenemos toda la información necesaria para hacer un análisis completo del sharingan como nunca se ha hecho antes; los datos de su funcionamiento interno en contraste con las pruebas de flujo y compatibilidad de chakra son…eh-h…".
Cuando Kakashi se cruzó de brazos, impaciente, la kunoichi no pudo más que cortar sus explicaciones. Lo que se disponía a discutir con él era algo que había pensado con mucho cuidado días atrás, y no podía echarlo a perder ahora matándolo de aburrimiento con tecnicismos. Su plan era muy sencillo: combinar un problema profesional con uno personal y convertirlos a ambos en una circunstancia favorable que le permitiría sacar el máximo provecho al final.
Algo le decía que estaba aprendiendo demasiado bien de su shishou.
"En fin," continuó con rapidez, los puños apretados en un intento por ocultar su ansiedad, "el asunto es que tu parte en esta misión ya terminó y como tus niveles ya se han recuperado, de seguro comenzarán a mandarte a misiones enseguida, ¿cierto?"
Kakashi no se movió ni un milímetro, sin embargo Sakura sintió perfectamente como su aura se volvió más densa e intimidante. Era obvio que se estaba anticipando a un nuevo intento por interferir en su vida privada y no se lo iba a poner nada fácil. Estaba en lo correcto, claro, pero esto era algo que ni el genial copyninja vería venir.
"Bien… entonces, yo pensé, que mientras estés aquí en la aldea, tal vez…en tu tiempo libre…".
Sakura cerró los ojos encomendándose a Kami-sama: era ahora o nunca.
"¡Me-po-drí-as-a-yu-dar-a-en-tre-nar-por- fa-vor!"
"¿Cómo dijiste?" la confusión en su voz era innegable. Sakura repitió enseguida su petición, esta vez, sin atropellar las palabras.
"¡Por favor, entréname de nuevo, sensei!"
El impasible ojo gris del copyninja se abrió en clara sorpresa y Sakura se adelantó a proporcionar las razones de su propuesta, antes de que pudiera pensar en negarse.
"¡Es por el examen final de cirujano! Estoy pensando en convalidarlo con mi rango ninja y pasar a jounin. Pero claro, hace mucho tiempo que no salgo fuera de la aldea en una misión de campo, y aunque entreno por mi cuenta o con Naruto a veces, pues, no es lo mismo… y dudo mucho que esté al nivel requerido"
Kakashi la miró de arriba a abajo como evaluando lo cierto de tal aseveración y la kunoichi se comenzó a revolver en el sitio, tan ofuscada por su escrutinio como lo había estado un par de semanas atrás, cuando él había hecho lo mismo, aunque con intenciones menos honorables.
"Tengo que probar cuales son mis habilidades en combate, tanto ofensivas como defensivas" continuó, decidida a convencerle, "especialmente las defensivas… ya sabes, demostrar que soy apta para ser médico en el frente de batalla, que puedo manejar misiones de riesgo en las que se requiera de personal especializado…"
Sakura tenía ambiciones de retomar un rol más activo como kunoichi una vez terminados sus estudios. No sólo por ella misma, sino también por Naruto, quien iba a necesitar de todo el apoyo posible si en verdad quería hacer las cosas de forma diferente como el próximo Hokage. ¡Claro que ella tenía que estar al máximo nivel como su compañera!
"…sé que el examen es muy competitivo a este nivel, así que quiero empezar a entrenar cuanto antes. Además… bueno, la verdad es que yo esperaba sorprender al jurado con un par de jutsus nuevos, tal vez… y como sé que a ti te sobran, pues… ya sabes…".
El gesto de desagrado fue claro e inmediato. ¡El muy descarado robaba jutsus a diestra y siniestra sin la más mínima medida de vergüenza y se atrevía a poner mala cara al respecto! ¿Qué le costaba compartir alguno con ella? Vamos, que Sakura sabía que el copyninja era tacaño con su billetera, pero no esperaba que fuese tan mezquino.
"¿Si eso quieres?" contestó de repente, su típica ambigüedad descolocándola por varios segundos, hasta que comprendió que debía darle una respuesta.
"¡Sí, entréname por favor, Kakashi-sensei!" Sakura hizo una reverencia profunda, poniendo énfasis en el honorífico de la forma más respetuosa y aduladora que le fue posible. "¡Estaré en deuda si me aceptas!"
Al erguirse, alcanzó a ver de nuevo la ancha espalda del copyninja en rápida retirada. "Te veo el lunes a las ocho, donde siempre". La mano en alto fue la única señal de despedida antes de verle desaparecer al doblar de la siguiente esquina.
Entonces, la joven kunoichi no pudo contener un silencioso e infantil gesto de puño alzado y sonrisa triunfal, que hizo eco con una ruidosa Sakura-interior.
El lunes ella estaría sin falta en el viejo puente rojo a eso de las nueve, esperando que el copyninja no llegase mucho después de las diez.
-o-
Entretenimiento decadente, apuestas ilegales y tráfico de influencias.
Lugares como aquel eran tristemente abundantes en toda la zona fronteriza y menos vigilada del País de Fuego. Tampoco eran muy difíciles de encontrar. Sólo hacía falta seguir por los predecibles callejones oscuros y preguntar a los sospechosos habituales que aparecían invariablemente en cada esquina.
Entrar era fácil. Salir, en cambio, ya no tanto.
Las caras cambiaban de lugar en lugar, las mercancías y los motivos, también. Pero los beneficios eran siempre los mismos: poder en cualquiera de sus formas. Todo empezaba en esos lugares de mala muerte, llenos de la basura del mundo y tras la que se ocultaban los primeros niveles de un negocio tan peligroso, como lucrativo. Y como si se tratara de una empinada escalera en espiral, cada peldaño se enroscaba sobre sí mismo, cerrando el círculo en torno a sólidas mafias basadas en familia, política y dinero. En el tope, muchos eran socialmente reconocidos y admirados por un ojo público ajeno a sus malos pasos. Esos pocos afortunados estaban muy lejos de la suciedad de los que estaban pudriéndose en el fondo.
En medio de toda esa escoria que servía de base al bajo mundo, Jiraiya sólo tenía ojos para la hermosa desnudista pelirroja que se contoneaba sensualmente alrededor de una barra en el modesto local. La fuerza de sus torneados muslos sin duda rivalizaba con los de una kunoichi bien entrenada y podían partirle el cuello a cualquiera de los idiotas libidinosos tratando de pasarse de listos en la primera fila. En cuanto a lo que sucedía a su alrededor, el viejo pervertido no tenía de que preocuparse. Estaba en su elemento, acostumbrado a moverse en lugares impredecibles y peligrosos como ese.
Pero ni los abundantes beneficios adicionales de su trabajo parecían ser suficientes para aplacar el ánimo desgastado del legendario sannin. Paseando su pipa de un lado al otro de su boca, sus inquietudes le impedían relajarse y disfrutar del sensual espectáculo al cien por ciento. Por lo general, este era el momento más relajado para él en misiones de ese tipo, cuando todo lo que tenía por hacer era esperar sobre su amplio trasero por los resultados de sus esfuerzos. Había movido todas sus fichas con cuidado y todo iba marchando mejor de lo que esperaba, inclusive. Sin embargo, la información que había recibido hasta ahora era, tristemente, más de lo mismo.
Para una infiltración de mayor nivel como la que tenía entre manos, Jiraiya confiaba en obtener mucho más de su informante que el resabido panorama de la corrupción política en el País de la Roca, o de sus relaciones con las mafias de armas en Sonido. Los dos enemigos principales del País de Fuego habían unido sus fuerzas, haciendo movimientos significativos por meses, probando sus propios límites y midiendo el de ellos. Todo parecía indicar la inminencia de un ataque que, sin embargo, no se sucedía.
¿Qué estaban esperando?
Jiraiya tenía claro que, en ese momento, ellos tenían una clara ventaja sobre Konoha en cuanto a número y recursos: había rumores de un arma secreta por un lado, y de la participación desde las sombras de más aldeas interesadas en subir en el escalafón de poder. El cruce de información era cada vez más complicado y resultaba difícil saber que estaba pasando en realidad, cuando tantos intereses distintos estaban involucrados.
Una cosa estaba clara para él, un ataque combinado ahora sería absolutamente devastador para Konoha. Su salvación correría entonces a cuenta de la genialidad y el sacrificio de sus mejores ninjas. Aun así, la pérdida de poder y la posible caída del País de Fuego como principal potencia, serían resultados inevitables en este escenario.
Pero nada de esto inquietaba tanto a Jiraiya como el simple hecho de que, desde hacía varios días, le picaba terriblemente la planta de los pies.
Más allá de lo desagradable de la maldita comezón, se trataba de una señal que no podía ignorar. Sus pies lo sabían; tenían que estar en movimiento, en algún otro lugar, movilizando su trasero a toda prisa para ayudar a salvar el día. Sin embargo, por mucho pensar y meditar en ello, el sannin no daba con la respuesta que sus pies parecían saber de antemano.
¿Qué estaba pasando por alto? ¿A dónde debía ir? ¿Qué tenía que hacer?
Jiraiya se reacomodó en su asiento, dejando salir una gran bocanada de humo en enormes espirales por un lado de la boca. Le escocían los ojos por la falta de sueño y tenía que ir a descargar la vejiga con urgencia, pero una nueva chica acababa de salir a la pasarela y ésta sí que tenía su talla de busto favorita.
Esperar.
No podía hacer nada más.
-o-
Sakura se miró en el espejo de pared de su habitación con ojo crítico. Estaba vestida de forma casual, con un aburrido conjunto verde y negro de falda tres cuartos con blusa manga larga de generoso escote que se desperdiciaba totalmente en ella y sus formas planas. O al menos, eso le diría Ino si estuviera allí, estaba segura.
Por fortuna, su amiga-rival aún estaba fuera de la aldea en una misión con Naruto, por lo que ella se encontraba felizmente libre de su estridente tono de voz. Con todo el estrés laboral que Sakura tenía a cuestas lo último que necesitaba eran las críticas insidiosas sobre moda y chicos que no fallaban en salir de su boca en cuanto se presentaba la más mínima oportunidad.
El cabello suelto y sólo un poco de discreto maquillaje completaban la imagen de una mujer que, la verdad, tenía muy pocas ganas de salir esa noche. Pero era jueves de nuevo y ella iba a ser arrastrada por Tenten al bar de costumbre. Sin la bomba rubia en la aldea, la inquieta experta en armas no tenía a su habitual compañera de juerga y eso la estaba volviendo algo –sino bastante– loca.
Y bajo ninguna circunstancia era buena idea estar de malas con alguien de manos rápidas y sin escrúpulos, capaz de poner explosivos letales en tu taza de café en cuanto te das la vuelta.
Para ser justos, Sakura ya se había librado del compromiso el jueves anterior, dejándola en manos de Hinata, quien como era de esperarse, se quebró ante la presión de la voluntariosa kunoichi, huyendo del lugar a la primera oportunidad que tuvo. Así que, cuando esa mañana Tenten la emboscó a la entrada de la torre Hokage, ella no se pudo negar. En especial cuando –para su mala suerte– la propia Tsunade-sama estaba allí presenciándolo todo, y prácticamente le ordenó que saliera a divertirse un rato o la reprobaba, suspendía y despedía de su trabajo por insubordinación. ¡Todo en ese orden!
Con un último vistazo en el espejo, Sakura decidió que estaba lista para salir. No tenía muchos ánimos para ello, cierto, pero estaba dispuesta a hacerlo por sus amigas. A decir verdad, tal vez no fuese mala idea tratar de distraerse por un par de horas de los asuntos de trabajo y relajarse un poco. Toda la semana se la había pasado literalmente enterrada entre papeles, discutiendo y calculando, planificando y estudiando con su equipo hasta altas horas de la noche, tomando sólo los descansos justos para comer y dormir. Aun sintiéndose renuente por las características de la misión en sus manos, la kunoichi quería que las cosas salieran a la perfección, no importaba que ello le costase su tranquilidad mental a largo plazo.
Tenía aún tanto por hacer, tantas incertidumbres por contestar antes de la operación, que ya no podía pensar en otra cosa.
Bueno, en realidad sí que podía pensar en otra cosa, pero ese tema era igual de preocupante y desgastante para ella como el anterior. El día lunes había llegado y pasado sin señales del copyninja. Sakura le esperó por horas, sentada a un lado del puente, a merced del calor y el fastidio hasta que se convenció de que su tardanza era, en realidad, una ausencia permanente y no un grave empeoramiento de sus modales.
Deprimida e irritada, fue a indagar por su paradero con el resultado que tanto temía, pero que de ningún modo le sorprendía. Unas cuantas preguntas al personal apropiado en la Torre confirmaron que el domingo por la mañana el copyninja había sido llamado para una misión clasificada sin fecha de retorno. Más detalles no estaban disponibles para nadie, lo que no era más que una forma de decir que eran asuntos del ANBU, en los que nadie metía la nariz si quería conservarla.
¡Mal-di-ción!
Darle algo que hacer, que lo distrajera de su trabajo mientras ella vigilaba que no se excediera parecía un buen plan en teoría; pero su idea de monitorearlo en la aldea no iba a funcionar si el copyninja nunca estaba allí, para empezar.
¡Toda la situación era tan frustrante!
Aun ocupada como estaba con la operación y con toda la presión del legado sharingan sobre sus hombros, Sakura simplemente no podía dejar a Kakashi solo y a su suerte. Tenía que ayudarle de alguna forma y tenía que hacerlo sin que él supiese que lo hacía. O al menos, tratar de no molestarle demasiado con ello, pues pocas cosas escapaban de la atención del talentoso shinobi, después de todo.
Ya en la puerta, mientras ajustaba la tira de sus tacones, Sakura consideró seriamente la posibilidad de hablar abiertamente del asunto con Tsunade. La sola idea le daba pavor, pero se le estaban agotando los recursos. Claro que apelar al buen corazón de la Hokage era como lanzarse a la boca de un león hambriento de sangre inocente; pero igual, siempre era mejor para ella perder un par de extremidades en el intento, que perder de nuevo a alguien importante en su vida.
Tomando su bolso y abrigo del perchero tras la puerta, Sakura salió decidida a encontrar el valor que necesitaba al fondo de un merecido par de tragos del alcohol más fuerte que pudiera pagar.
-o-
Una agradable sensación de ligera intoxicación comenzó a calentar sus entrañas con el cuarto trago. Rodeado del consabido rumor de voces alegres, generosas cantidades de alcohol, música de mal gusto, y el apestoso humo del tabaco, Kakashi se encontró de vuelta en la rutina de los últimos cuatro años de su vida. Trabajar hasta el límite de sus fuerzas, salir a beber para pasar el rato, tomar la siguiente misión.
No se sentía ni mejor ni peor. No sentía alivió; tampoco desesperación. Sólo indiferencia.
"¿Tú que opinas, Kakashi?"
Su nombre le obligó a enfocarse en lo que sucedía en la mesa en la que estaba sentado, acompañado de las caras familiares de sus viejos amigos jounin, quienes le miraban expectantes.
"¿Hm?"
"¡Claro que Kakashi está de acuerdo conmigo!" A su lado, Gai contestó por él. Su sonrisa brillante y segura daba por hecho que contaba con su apoyo incondicional en el asunto, cualquiera que ese fuese. "Es perfectamente natural que los jóvenes necesiten el soporte constante de sus mentores para poder alcanzar la madurez, brillante y plena de sus capacidades y desarrollar a sus anch…"
"Enseñarle más técnicas prohibidas no tiene nada de natural, Gai", una consternada Kurenai le salió al paso, interrumpiendo el discurso idealista y meloso con los hechos. "¡Estás siendo muy irresponsable!"
"A menos, claro, que realmente quieras matar al muchacho" aportó Genma.
"¡Tonterías!" Gai estaba genuinamente confundido por la falta de comprensión hacia sus fabulosos métodos de enseñanza. A Kakashi ya le parecía un verdadero milagro que alguien, alguna vez, le hubieran confiado el cuidado de niños indefensos, para empezar.
"Tienes que olvidarte de Lee y dejarlo por su cuenta. Que madure por sí mismo, como debe ser". Asuma sentenció en medio de una bocanada de humo con su habitual serenidad, como si él estuviese realmente por encima de cualquier preocupación al respecto.
"¡¿Y perderme de sus gloriosos momentos de triunfo?" exclamó la hoja verde, genuinamente horrorizado ante la idea.
"¿Te refieres a momentos cómo mandarlo al hospital de nuevo?" inquirió Genma, disfrutando como siempre de las exageradas reacciones de su apasionado amigo. "¿O cómo ver a la Hokage suspenderle?"
"¡Eso es sólo un mal entendido, ya lo verás!"
Por fortuna para Kakashi, la conversación prosiguió su curso sin él, en el mismo tono y con el usual resultado: ninguna de las críticas de sus amigos lograban entrar en la cabeza dura del excéntrico maestro del taijutsu. La verdad, al copyninja no le importaba mucho lo que había sucedido en esa misión, o si Gai estaba o no sobreprotegiendo a su pequeño clon, enseñándole más de la cuenta. Pero a pesar de ello no podía evitar sentirse increíblemente incómodo con la conversación. En particular, cuando él mismo tenía las manos bastante sucias en ese respecto.
No iba a pretender ser completamente indiferente a los problemas de sus ex-alumnos como lo hacía Asuma, y definitivamente no quería llegar al nivel obsesivo-compulsivo de Gai, pero tampoco entendía muy bien que estaba mal con él. No quería admitirlo, pero estaba preocupado por Sakura. Luego de lo que sólo podía ser descrito como una semana de tortura, se había librado de su verdugo rosa con una sensación de pesadez, más que de alivio.
Estaba claro que la chica estaba madurando, exponiéndose a responsabilidades y retos profesionales acordes a la kunoichi que era.
Además, era necesario que lo hiciese. Era su responsabilidad, su deber como ninja de Konoha y como el principal apoyo que tendría el futuro Hokage. La situación de la operación era penosa, cierto, pero nada que le quitase más el sueño que el resto de sus remordimientos.
Entonces, ¿por qué no podía sacar la situación de su cabeza?
Tal vez eran los remanentes del juramento de proteger a los mocosos; o su incapacidad de verla como una mujer adulta; o quizás su miedo a ver su propia mediocridad reflejada en otros…
Jugueteando con el vaso medio lleno entre sus manos, Kakashi trató de pensar en ello con seriedad por primera vez desde que todo el asunto comenzara tres semanas atrás.
¿Era razonable quererla fuera de su vida privada, pero no fuera de su alcance?
Era evidente que Sakura estaba tratando de mantenerlo a él dentro de su propio alcance, de vigilarlo bajo la excusa de la necesidad de recibir entrenamiento. Él había aceptado en principio, más por obligación que por ganas, pero aún no sabía si realmente quería jugar a ese juego con ella, o no.
Si Sakura se acercaba demasiado, las cosas podían ir muy, muy mal para los dos.
Luego de tomar un buen trago, el copyninja volvió su atención hacia el resto del bar tratando de apartarse de esa deprimente línea de pensamiento. Enseguida se arrepintió, claro, un gruñido de autentica frustración haciendo eco de su animo. Como si no fuera suficiente pensar en ella, sus preocupaciones acababan de materializarse literalmente, en la forma de una agitada kunoichi entrando por las puertas del bar.
Viéndola abrirse paso entre la gente, Kakashi notó enseguida que no había nada destacable en su aspecto –recatado y aburrido– si se le comparaba al resto de las chicas del lugar. Sin embrago, muchos ojos, además de los suyos, tomaron nota de su presencia, atraídos pero cautos ante la temperamental e inalcanzable kunoichi. Ignorante por completo de su propia reputación entre la población masculina, Sakura continuó avanzando, mirando en todas direcciones con la esperanza de localizar a su grupo de amigas.
Entonces Kakashi se deslizó unos centímetros en su asiento, tratando de integrarse al mobiliario y agradeciendo profundamente las viejas costumbres obsesivas que los hacían sentarse siempre al fondo del bar, en ese rincón oscuro desde el que podías ver todo el lugar, sin ser visto con facilidad.
En pocos segundos Sakura encontró lo que buscaba, y a juzgar por la reacción que tuvo, había caído en poco menos que una autentica emboscada.
El copyninja pudo ver entonces la mano que se agitaba animándola a acercarse hacia un grupo de alegres parroquianos a pocos metros de donde la kunoichi se había quedado paralizada, como un venadillo frente al peligro inminente. La dueña de la mano era Tenten y a su lado estaba sentada una sonrojada Hinata, que parecía tan paralizada como Sakura con la situación. El resto de los presentes eran un grupo de cinco jóvenes –chunnin, si su memoria no le fallaba– que formaban parte del renovado escuadrón de Policía de Konoha, en donde trabajaba la joven experta en armas.
El copyninja no estaba seguro de conocer a ninguno personalmente, pero con sólo darles un vistazo supo enseguida que todos encajaban a la perfección en el viejo y popular patrón de 'más hormonas que neuronas'.
Con pasos cautos y movimientos torpes, Sakura se acercó a la mesa y pasó por las necesarias presentaciones, estrechando la mano de cada uno de los chicos con una estudiada rigidez profesional. Desde luego que la situación distaba mucho de la típica compañía de sólo mujeres con la que se le solía ver, cuando la trabajadora kunoichi era obligada por sus amigas a entrar en un bar.
Kakashi se relajó en su asiento. Iba a ser todo un espectáculo verla defenderse de los avances de la jauría de animales hambrientos con los que su amiga pretendía emparejarla. Esta sí que era una distracción de la que no pensaba perderse ni un sólo detalle.
¿Debería sentirse mal por ella? ¿Ir a rescatarla?
De inmediato el copyninja sonrió tras la máscara con la satisfacción del que recibe justa venganza por sus problemas y preocupaciones. Eso era lo bueno de no tener consciencia.
Con movimientos rápidos que no permitían a nadie distinguir sus facciones, dio cuenta del alcohol que quedaba en su vaso de un trago, mientras a su alrededor la conversación había cambiado drásticamente de las desventuras de sus ex-alumnos hacia la inminencia de una nueva guerra. Era un tema desagradable pero cada vez más común, en especial entre los ninjas más experimentados, que conocían de primera mano lo delicado de la situación por la que pasaba la aldea.
Manteniendo la mayor parte de su atención en Sakura y su falta de habilidades sociales para manejar chicos con coqueterías y no con los puños, Kakashi escuchó a medias los últimos rumores y esquivó como pudo las incesantes preguntas sobre su opinión del asunto. 'Estaban jodidos' era lo único que deseaba decir, pero él sabía bien lo que la baja moral hacía a los soldados que tenían que jugarse el cuello en el frente de batalla.
Él ya no podía caer más bajo, pero no era cuestión de arrastrar a sus amigos con él.
"¡Otra ronda!"
La voz alegre de Gai terminó con el ambiente depresivo del grupo y detuvo sus propias cavilaciones al respecto, mientras más sake fue servido y bebido por el grupo en tiempo record.
Una par de horas más tarde, Asuma y Kurenai estaban perdidos en su propio mundo y en urgente necesidad de buscar algún lugar privado y oscuro; Genma atravesaba uno de sus tantos –supuestos– despechos mientras Gai le cantaba desafinado, una oda al amor y la juventud para animarle. Juntos, daban un espectáculo realmente patético, pero eran ninjas y estaban borrachos. No se les podía pedir mucho más.
En ese momento, cuando el copyninja volvió su atención a las desventuras de su kunoichi, fue cuando supo que el alcohol comenzaba a afectar su buen juicio tanto como el de sus compañeros de mesa. De otro modo, Sakura jamás le habría tomado por sorpresa en su discreto escondite.
Sin embargo, allí estaba ella, mirándole fijamente mientras caminaba en su dirección, seguida de cerca por sus dos amigas. Kakashi supo enseguida que se habían levantado para ir al baño, porque claro, las mujeres nunca iban solas al baño, sólo Kami sabía el por qué.
Saludos rápidos e informales fueron intercambiados entre todos los presentes cuando las chicas pasaron frente a la mesa, y por un maravilloso momento el copyninja pensó que se había librado. Entonces Sakura dejó que sus compañeras se adelantaran y se plantó justo a su lado, con una de esas aterradoras expresiones de frío escrutinio que contrastaban con sus mejillas sonrojadas por el alcohol.
De algún modo, verla de cerca ya no le pareció tan divertido.
"¿Kakashi-sensei?"
"¡Yo!"
"¿No tienes nada que decirme?"
Cuando una mujer hace esa pregunta a un hombre, con esa particular entonación, sólo puede querer dos cosas: reconocimiento y admiración por su último e insignificante cambio de aspecto; o una disculpa.
"¿Te ves bien?" aventuró.
Nunca en su vida vio una sonrisa desarmarse más rápido.
"¡Estuve esperándote hasta la una!"
"¡Oh!"
"Pudiste dejarme un mensaje si ibas a salir de misión, ¿no crees?".
"Supongo que sí…"
Estaba claro, sólo por el cambio de su expresión, que esa era otra respuesta equivocada. La situación demandaba un cambio inmediato de táctica si no deseaba ser víctima de uno de otro interminable sermón sobre puntualidad y compromiso.
"¿Qué te parece si empezamos mañana, hm?" le ofreció enseguida, sabiendo que no eran disculpas lo que ella había venido a buscar. "¿Misma hora, mismo lugar?"
"¡Excelente!" exclamó con una gran sonrisa "Por mí está bien, Kakashi-sensei".
El excesivo entusiasmo con el que contestó a su propuesta, activó la necesidad natural del copyninja de fastidiarle la alegría un poco.
"¿Estas segura?" inquirió, fingiendo disuadirla. "Lo digo por si sales de aquí con una cita".
"¡Yo estoy disponible!" del otro lado de la mesa Genma entró inesperadamente en la conversación, como si tuviera un instinto súper-desarrollado para detectar a las mujeres bonitas y sin citas. Y eso era todo lo que duraban sus despechos.
"Gracias a los dos por la preocupación, pero puedo manejar mi vida social sin ayuda".
"Seguro no lo parece…" Con un gesto de su cabeza el copyninja señaló hacia la mesa llena de testosterona en donde la kunoichi llevaba sentada toda la velada. Enseguida la vio abochornarse y apretar puños y dientes en un esfuerzo por controlar su temperamento y no iniciar una escena en un lugar público.
"¡No-vayas-a-llegar-tarde!" siseó, al tiempo que le apuntaba con un dedo acusador que prometía grandes desgracias en caso de otro desplante; o de más comentarios fuera de lugar, claro.
"Y tú no bebas demasiado," contestó, incapaz de quedarse callado. "O realmente lo vas a resentir mañana en el entrenamiento".
"¡Oh, eres tú quien debe cuidarse, sensei!" Sakura le aseguró, picándole el ojo con falsa coquetería. "Los años no pasan en vano, ¿sabes?"
"¡Ouch, eso tuvo que doler, Kakashi!" se burló sin piedad Genma, mientras la kunoichi lo dejaba con la palabra en la boca, dando una media vuelta airada y reanudando su camino hacia el baño sin esperar por respuesta.
Viéndola marchar, el copyninja hizo una nota mental para cobrárselas más tarde. Con intereses.
"Tal vez si deberías teñirte el cabello como dice Gai".
Mientras sus amigos se enfrascaban en otra vergonzosa conversación acerca del estado de su cabello, Kakashi no pudo dejar de pensar en que, tal vez, lo mejor era dejar que las cosas siguieran su curso con ella.
De cualquier forma, nada de lo que pudiera hacer o decir Sakura, iba a cambiar las cosas para él.
-o-
Ser una kunoichi de alto nivel era un trabajo muy duro.
Todos en la aldea sabían que asumir el compromiso a ese nivel de profesionalización implicaba sacrificios personales, que muchas veces suponían el abandonar actitudes asociadas tradicionalmente a las mujeres.
Con eso en mente, Sakura siempre se sentía un poquito más justificada por no considerarse a sí misma, y en ningún sentido de la palabra, como una chica femenina –cabello rosa aparte. Claro que se reconocía como una mujer bonita y de cuando en cuando, le gustaba ser coqueta como a cualquier chica de su edad. Pero la verdad, se sentía mucho más a gusto cuando podía dejar de lado toda la parafernalia supuestamente necesaria para estar a la moda y ser simplemente ella misma, sin demasiados aditivos.
Por ello, estaba consciente que muchos consideraban su estilo y sus maneras algo masculinas, quizás hasta ordinarias; en especial cuando la fuerza de su carácter y de su físico estaban de por medio. Y a decir verdad, en ese mismo momento, con su metro sesenta de estatura y su delgada contextura, el verla avanzar por la calle arrastrando al bulto medio inconciente de setenta kilos que constituía su sensei, sólo podía reforzar esa impresión.
¿Qué rayos había pasado esa noche para que las cosas terminaran así? Ni ella misma podía decirlo con seguridad. Al principio Hinata y ella estaban atrapadas en una interminable cita de grupo con los insufribles compañeros de trabajo de Tenten, y de repente, ya eran las dos de la mañana y todos habían desaparecido dejándola sola en la mesa. ¿Su única compañía? Una cuenta por pagar que parecía kilométrica y que, aun estando borracho, su sensei supo bien como pasar a otro.
Tenía que admitirlo. Nunca en su vida se había sentido más feliz por contar con las habilidades de Kakashi en el arte de ser un autentico tacaño. A decir verdad, su inesperada reaparición al final de la velada fue casi una bendición que le había salvado de dar muchas explicaciones y lavar aún más platos para poder pagar la ridícula cuenta.
¡Tenten se iba a arrepentir de la doble traición o ella no se llamaba Haruno Sakura!
Entonces, tan pronto estuvo resuelto el problema, el copyninja la había tomado firmemente de un brazo y le había dicho que la escoltaría hasta su casa.
Ahora, considerando que era él quien se apoyaba en ella o se iría de bruces, y que iban camino a su apartamento y no al de ella, era obvio quién escoltaba a quién, en realidad. No es que ella estuviese en mejores condiciones, claro, pero ese no era el punto. El punto era que Sakura no podía encontrar las energías para seguir molesta con él de momento, menos después de que apareciera de la nada para ayudarla, sin razón aparente.
¿Era ésta su forma de disculparse por dejarla plantada?
Reacomodando el agarre en su, no tan preciada carga, Sakura siguió avanzando con dificultad, dando tumbos con un silencioso copyninja que se recostaba sobre sus hombros con pereza, haciendo funcionar sus largas piernas sólo lo justo para evitar caerse. Era raro verle tan bebido como para necesitar ayuda, pero sí que ya había pasado antes. De hecho, la kunoichi aún tenía un borroso recuerdo de hacía casi dos años atrás, luego de una fiesta particularmente ruidosa en celebración por la reconstrucción de la aldea. Entonces, el jounin no podía siquiera moverse, por lo que ella y Naruto, luego de mucho forcejear con su peso muerto, habían optado por dejarle durmiendo en un banco de la plaza.
El alocado Kyuubi todavía lloraba de la pura frustración cuando recordaba cómo, a pesar de tenerlo entre sus manos, indefenso, borracho y semiconsciente, ninguno de los dos había sido capaz de quitarle la máscara esa noche.
Claro que entonces los dos habían estado tan borrachos como él, pero esa no era excusa suficiente cuando se desperdiciaba la rara ocasión de tenerle vulnerable. Y eso era exactamente lo que parecía Kakashi en ese mismo momento: un borracho totalmente inofensivo y no la máquina de matar, insensible y eficiente que era.
"H-hueles bien-n-n"
Las repentinas palabras, arrastradas con lengua torpe por el sopor alcohólico la sorprendieron fuera de sus recuerdos.
"Ahora mismo, eso lo dudo mucho…". En especial cuando podía sentir que venía arrastrando el olor de medio bar pegado a sus faldas.
"¡Tu cabello huele bien-n-n!" El copyninja volvió su rostro y lo dejó caer contra su cabello, inhalando profundamente a través de su perenne máscara.
"Y tú hueles a sake y tabaco" le regañó, tratando de disimular lo incómoda que se sentía con lo que él estaba haciendo. "¡Ya deberías tener mejores hábitos!"
"¿Para qué?" preguntó, alzando de nuevo su cabeza." N-no creo que llegue a vivir más-s allá-á de los veinticinco".
"Ya tienes treinta y cuatro, sensei".
"¿S-segura?"
"Sí, y no se vale echarle la culpa a tu cabello de nuevo"
"Hm-m-m…" El copyninja pareció entrar entonces en un trance melancólico, la mirada perdida en algún punto en la distancia, renovando con ello las preocupaciones de Sakura.
Tal vez ese era el problema. A Kakashi le estaban pegando los años y comenzaba a sentirse algo viejo y por lo tanto… ¿Descartable? ¿Innecesario? ¿Acaso tenía una de esas crisis de la mediana edad? Quizás por esa razón estaba trabajando como un demente, para probar que todavía era joven y se encontraba en buenas condiciones.
En cualquier caso, Sakura continuaba confundida, el exceso de alcohol no le dejaba pensar con claridad y no sabía que más podía hacer de momento sino tratar de animarle.
"¡Sólo estás diciendo tonterías; claro que vas a vivir muchos años más, y claro que tienes que cuidarte!" La kunoichi se escuchó hablar a sí misma con un tono de madre consternada que sonaba más ridículo que serio, la verdad.
"Además, yo espero ir a visitarte cuando estés retirado a los setenta y cinco y ya no te quede nada de cabello al que culpar".
"¿Y escuchar tus regaños-s por cuarenta años-s más-s? ¡C-creo que paso!"
"¡Lo digo en serio!"
"Yo también-n-n…" una risa desafinada acompañó sus palabras. "Además-s es-s mucho mejor morir joven-n y atractivo, ¿no crees-s?"
Sakura se volvió a verle por varios segundos sin perder el paso. "A veces no sé si bromeas, o sólo quieres asustarme en serio". Kakashi era difícil de leer, pero ella sabía que, en el fondo, esos sentimientos de indiferencia hacia la vida se ocultaban en él y la sola idea, realmente le aterraba más de lo que quería admitir.
"Tienes-s mucha fe en un hombre que ya e-stá en-n el tiempo extra".
"¡Eso no es cierto!" reclamó enseguida, en oídos sordos.
"Hm-m-m…"
Sakura quería argumentar y pelear con él hasta hacerle entrar en razón, pero su cerebro estaba demasiado reblandecido por los excesos de la noche.
Desde luego, la conversación no había salido como pensaba en lo absoluto. No que pudiera pensar mucho en el estado en que se encontraba, cierto, pero ahora la deprimida era ella y eso no era bueno. Quizás lo mejor era no decir nada más por el momento, concluyó irritada, al menos hasta estar sobria y en completo uso de su mejor juicio.
Así, el silencio se reanudó entre ellos mientras caminaban los últimos metros hasta el edificio de cinco plantas donde vivía Kakashi. Un par de faroles rotos permitía allí que las penumbras avanzaran más de la cuenta, dando un aspecto lúgubre y deprimente al ya de por sí, triste y desvencijado barrio. Por qué Kakashi elegía vivir en un lugar así, era un autentico misterio. Uno que seguramente estaba muy vinculado a su incapacidad de abrir su billetera más que para sobrevivir.
Luego de subir los primeros escalones hasta la puerta, Sakura comenzó a forcejear con el copyninja como dos niños peleando por el último caramelo. Varios segundos y unos cuantos improperios después, el muy tonto soltó por fin las llaves y dejó de hacer el ridículo tratando de acertarle al cerrojo. La kunoichi por su parte lo logró al tercer intento, un gesto de triunfo en sus facciones que denotaba que para ella era importante sentir que no estaba tan borracha como él.
Una vez adentro ambos se arrastraron escaleras arriba hasta la quinta planta, donde para su suerte, todos los bombillos estaban quemados y el pasillo parecía una cueva virgen a la espera de expedicionarios atrevidos.
Luego de otra ronda de forcejeos, tropezones, y nuevos improperios cortesía de su tiempo trabajando con la Hokage, finalmente dieron con la puerta correcta y Sakura logró abrirla, no sin dificultad.
Juntando sus últimas fuerzas disponibles, la kunoichi empujó como pudo el cuerpo de Kakashi en dirección a su habitación. Tambaleando en la oscuridad se las arregló para llegar hasta su cama y sentarlo en ella sin matarlo o lesionarlo gravemente. Entonces, una inesperada risa boba salió del copyninja, como si en verdad encontrara en el mísero estado de ambos, algo tremendamente entretenido de contemplar.
"¡Gracias-s Sakura-chan-n!" canturreó, palmeándole en la cabeza como a una niña.
La kunoichi le atravesó una mirada que él no vería entre las sombras de la habitación, pero que al menos le brindó algún alivio a su propia miseria interna. "No me lo agradezcas todavía…" susurró, dejando la amenaza en el aire.
¡Claro que tenía que haberle dejado tirado a un lado del camino cuando tuvo la oportunidad!
Dejándose caer de rodillas frente a él, la kunoichi se entretuvo de sus pensamientos asesinos concentrándose en quitarle las sandalias con dedos torpes y adormilados. Trataba de darse toda la prisa posible, pero su coordinación psicomotora se negaba a cooperar.
Por su parte, el copyninja comenzó a murmurar entre dientes algo ininteligible que casi sonaba como un canturreo. Sakura levantó la vista y le vio con la mano extendida delante de su cara, haciendo un esfuerzo por enfocar la mirada en uno de sus dedos.
"¿Qué estás haciendo?"
"Tapando el s-sol con un-n dedo". Parecía más bien, por el ángulo, como si estuviera tratando de taparla a ella, o de sacarle un ojo, no estaba muy segura.
"¿Qué fue exactamente lo que estuviste bebiendo?"
"¿Sake?"
Definitivamente era hora de poner a dormir al hombre, pensó Sakura, preocupada por las incoherencias que podrían continuar saliendo de su boca si le dejaba seguir despierto. Una vez que terminó con las sandalias, pasó a quitarle la bolsa de kunais de la cintura, dejándola caer en el suelo. Poniéndose de pie, la kunoichi estaba lista para poner fin a una noche de autentica pesadilla. Tomándole por los hombros, le empujó hacia atrás con suavidad.
"Bien, es hora de ponerte a dormir… ¡AAAAHHHHH!"
Usando reflejos que un hombre con alcohol por sangre no debería tener, Kakashi la tomó de la cintura hábilmente, dejándose caer de espaldas en la cama, con la kunoichi bien abrazada y asegurada sobre su pecho.
"¡Sensei!"
"¿Hm-m?"
"¡¿Qué rayos crees que haces?" consternada, Sakura comenzó a forcejear contra el copyninja sin éxito. Tenía los brazos aplastados contra él y las piernas inmovilizadas entre las suyas, lo que no le dejaba mucho espacio para maniobrar sin recurrir al uso del chakra. En las penosas condiciones en que se encontraba, sólo se haría daño a sí misma si intentaba activar un jutsu.
"¡Suéltame ya!" exigió, agitada por el comportamiento cada vez más errático y posiblemente inestable del copyninja. Mientras, la única respuesta que recibió por sus forcejeos fue el apretar implacable de su agarre, sus manos provocando otro tipo de sensaciones que nada tenían que ver con su indignación.
De inmediato, la vergüenza por lo inapropiado de la situación comenzó a subírsele a la cabeza a medida que la sorpresa inicial desaparecía en favor de la mortificación por las respuestas naturales de su cuerpo. Si llegaba a ponerse más roja, explotaría por la combustión espontánea del alcohol en su sistema, estaba segura.
"Sakura…" el copyninja poco menos que gimió su nombre, el aletargamiento de su tono contrastando claramente con la fuerza de sus brazos. '¡Esto no está pasando, esto no está pasando!', la kunoichi canturreó la letanía en su mente, mientras continuaba sus esfuerzos por liberarse. Entonces la mano en su cintura se aflojó, subiendo y bajando por su costado en lo que parecía más una caricia que un verdadero intento por contrarrestar sus movimientos.
"¡Deja las manos quietas, sensei!" la kunoichi chilló, francamente asustada.
"Ya no soy tu sen-sei, Sa-ku-ra".
¡Oh, por Kami-sama! Esa voz grave y sensual resonando justo en su oído y vibrando por todo su cuerpo iba a ser su perdición. Sakura cerró los ojos tratando de negar con la sola fuerza de su voluntad, el calor que subía desde su vientre y se extendía hacia todo su cuerpo con deliciosos estremecimientos.
¡Tenía que comenzar a pensar racionalmente!
Estaba muy bebida, desorientada y sin chakra disponible, así que lo único que le quedaba por hacer era dejar de forcejear y rendirse por el momento. Kakashi no podía tardar en dormirse, y de seguro él no iba a intentar sobrepasarse con ella… ¡La sola idea era absolutamente ridícula! Sólo estaba muy borracho, actuando como un tonto y olvidando con quien estaba en realidad. Seguro que ni siquiera lo iba a recordar al día siguiente. ¿Cierto?
Pero ella, ni en un millón de años, se iba a olvidar. Porque estar así, atrapada entre sus brazos, envuelta en el increíble calor que irradiaba su cuerpo, era mucho mejor de lo que ella había imaginado. Porque claro que se lo había imaginado, en especial luego de estar expuesta a su atractivo físico durante las últimas semanas. Con una mezcla de vergüenza y excitación, había fantaseado con él una y otra vez, tocándose con fuerza y suspirando su nombre contra la almohada. Lo prohibido del asunto sólo lo había hecho más y más adictivo para ella.
Sus amigas la descontaban como una cerebrito, casi asexual y frígida. Pero la verdad era que Sakura sentía. Sakura deseaba. Sakura era una mujer con instintos y necesidades que aparecía en las noches bajo las sábanas de su cama. Y tan fuerte como era su necesidad de recibir afecto, más poderoso era su deseo de poner ese afecto en otros, en particular en el hombre bajo su cuerpo a quien el destino había dejado sin ninguno.
Ahora ella estaba allí, en el lugar de sus fantasías, el rostro apretado contra su hombro, pensando en lo mucho que deseaba perderse en el ritmo constante de su respiración, en el calor que irradiaba su cuerpo, en el olor masculino e intoxicante que despedía su piel… En ese momento, Sakura sintió que estaba dejando algo de su cordura y mucho de su inocencia en los brazos de Kakashi, y ese era un sentimiento que la kunoichi, simplemente, no podía manejar.
¡Tenía que salir cuanto antes de allí!
Luego de un par de minutos en los cuales los músculos de sus brazos se habían distendido progresivamente y su respiración se había vuelto regular y profunda, Sakura decidió que era el momento de aventurarse y tratar de huir. Girando un poco la cabeza comprobó que efectivamente sus ojos estaban cerrados y parecía dormir despreocupado.
Tomando una buena bocanada de aire para darse ánimo y dominar sus sacudidos nervios, Sakura comenzó a moverse lentamente, arreglándoselas para colocar las manos sobre la cama a ambos lados del jounin. Centímetro a centímetro, trató de erguirse con cuidado de no despertarle, su cuerpo cooperando a medias. Efectivamente, el agarre se había aflojado, por lo que la mano de Kakashi sobre sus hombros cayó con suavidad sobre la cama sin despertarle, mientras que la otra, la que estaba anclada en su cintura, se deslizó suavemente hacia abajo, justo hasta aferrarse con renovada firmeza, sobre su trasero.
Sakura se detuvo y cerró los ojos.
Contó hasta diez.
¡Sí, Kakashi todavía estaba agarrándole el trasero!
No podía decidir entonces si quería besarle o matarle allí mismo, así que optó por seguir moviéndose, terminando de salir de sus libidinosas manos con un gruñido de protesta por parte del pervertido durmiente.
Alcoholizada y azorada, Sakura trastabilló hacia atrás hasta casi caer, mareada por ponerse de pie con demasiada rapidez. Reuniendo lo poco que le quedaba de buen juicio, se dirigió hacia la puerta enseguida, ignorando el pulso acelerado en sus venas y la aguda puntada pulsando entre sus piernas. Con un último vistazo hacia el cuerpo inerte del copyninja, la kunoichi salió encomendándose a todas las deidades que conocía para que él no recordase nunca, nada de lo ocurrido.
-o-
Kakashi abrió los ojos tan pronto escuchó la puerta cerrase.
Era un idiota, eso ya lo sabía. Sin embargo, ¿por qué insistía en hacerse daño a sí mismo de esa forma? ¿Por qué trataba de robar segundos para una vida ya perdida?
¡Oh, cierto! Era porque estaba tratando de tapar el sol con un dedo.
Pero ese resplandor, incómodo e insistente, empezaba a colarse hasta su retina y, cuando cerraba los ojos, todo lo que veía… era su silueta.
-o-
NDA: Lo pillan, ¿no? Como la polilla a la flama…
Editado: 01-2011
