NDA: No, no es tu imaginación, es un capítulo nuevo en poco más de una semana. Puede ser el fin del mundo, tomen precauciones… xD
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c-10 / Reconocimiento
¡Típico!
Era él quien se emborrachaba y se sobrepasaba y ella, la que terminaba absolutamente mortificada por ello.
Mientras arrastraba los pies con dificultad durante el camino de vuelta, Sakura se encontró odiando su estúpida idea de entrenar con cada doloroso paso que daba. Ya sabía que no estaba en su mejor condición física, pero además había cometido el grave error de subestimar dos cosas:
Una, el nivel de rendimiento físico y mental que se le exigía a la élite ninja, el cual era significativamente alto y con mucho, superior a cualquier cosa que ella había experimentado hasta el momento. Aparentemente, su entrenamiento con Tsunade sólo había sido un doloroso abrebocas, que ahora estaba por revivir de la peor manera posible porque…
Dos, Kakashi podía ser… no, Kakashi ERA un maldito bastardo sin compasión, cuando se trataba de entrenar.
Cualquier otro sensei habría comenzado por hacer una nivelación progresiva de la condición física, evaluando las áreas problema y estableciendo un plan acorde a los requerimientos.
¡Oh, no! ¡No el copyninja! Él estaba por encima de todo estándar pedagógico civilizado.
Claro que ella agradecía profundamente que no hubiese subestimado sus capacidades y que la tratase como un igual, pero pasar tres horas tratando de mantenerse con vida frente a los ataques despiadados de un comandante ANBU –cuando lo más peligroso que había hecho durante el último año era subir y bajar las escaleras del hospital y esquivar el ocasional taconazo lanzado por Tsunade en la oficina– sí que era demasiado.
Esa mañana, tan pronto se había despertado, tuvo la absoluta certeza de que sería un mal día; la mosca nadando en su café daba fe de ello. Los recuerdos de la noche anterior se mezclaban con la resaca y el remordimiento haciendo un verdadero revoltijo en su cabeza. No entendía bien porque le afectaba tanto algo tan trivial como una desafortunada borrachera que la puso más calenturienta de lo normal por…
…por su sensei.
'Ex-sensei' acotó mentalmente.
¿A quién iba a engañar con eso?
Mientras le esperaba en el viejo puente rojo, había repasado detalladamente los distintos escenarios que podían presentarse, ensayando lo que le diría y como actuaría dependiendo de que tanto recordara él. Una hora después, cuando el copyninja había aparecido con su habitual desparpajo, Icha Icha en sus manos y sin la más mínima vergüenza por llegar tarde, todas sus resoluciones se desmoronaron estrepitosamente. Casi no podía verle directamente a la cara sin que sus nervios la traicionaran, mucho menos decirle algo más interesante que un 'sí, sensei', a casi todo.
Ahora, su resaca había empeorado, todo su cuerpo lleno de moretones y cortadas, protestaba por el intenso agotamiento, y aún con toda la frustración que sentía por el hombre caminando delante de ella, no era peor que la que ya sentía consigo misma.
"¿Estás bien?"
Sakura casi saltó fuera de su pellejo con la repentina pregunta. Sin detenerse, Kakashi había vuelto el rostro para verla de reojo, al parecer notando algo extraño en su comportamiento a pesar de sus esfuerzos por disimular.
"¿Qué? ¡Cla-claro que estoy bien!", replicó azorada y muy agradecida de que su rostro encendido por el ejercicio, ocultase su renovada vergüenza.
"Hm…"
La kunoichi suspiró aliviada cuando Kakashi volvió la mirada al frente, no muy convencido pero sin nada que acotar al respecto. Hasta ahora el copyninja no parecía recordar el incidente, o al menos no había hecho alusión a nada de lo ocurrido en su apartamento, y Sakura tampoco quería darle la oportunidad de hacerlo.
Simplemente, no podía lidiar con él de momento.
Tenía que poner distancia entre ambos antes de hacer algo estúpido e impulsivo y ponerse en vergüenza una vez más. Darse un buen baño y regresar al trabajo cuanto antes parecía el mejor plan para terminar con el insidioso debate interno que la tenía tan agotada como el propio entrenamiento.
Ya habían dejado atrás los campos de entrenamiento y estaban entrando a la calle principal que atravesaba la aldea justo por la mitad, desde las puertas de entrada hasta el monumento Hokage. En esa área eran muy abundantes los pequeños restaurantes de comida, que a esa hora del mediodía se llenaban rápidamente de comensales deseosos de comida y charla ligera.
Kakashi se detuvo y Sakura hizo lo mismo a su lado, aliviada de que el momento de despedirse hubiese llegado finalmente. De hecho, era muy extraño que Kakashi no se hubiese excusado antes, siendo tan poco dado a socializar si no era estrictamente necesario.
"Vamos a tomar algo", señalando un pequeño local al otro lado de la calle, el copyninja se adelantó, dejándola perpleja y sin más opción que seguirle si no quería ser grosera con él. Ahora, esto sí que era insólito. ¿Una invitación? No era lo que tenía en mente, pero pasar unos minutos más en su compañía era tentador si podía calmar la sed que le quemaba la garganta. A esas alturas, pensó la kunoichi, ¿qué más le podría salir mal?
Nunca antes había entrado en ese lugar en particular, pero parecía acogedor con un menú variado y accesible. Las mesas estaban casi todas ocupadas y el murmullo constante de las voces de los clientes llenaba el colorido local de vida. Ambos se acercaron directamente hasta la barra, sentándose en los altos taburetes para ser servidos por alguna de las mujeres que se afanaban de espaldas a ellos en la cocina. Un fuerte y delicioso olor a especias llegó hasta su nariz y su estómago se sacudió en respuesta. Así descubrió que además de sed también tenía hambre, el escaso desayuno de esa mañana era sólo un vago recuerdo en su desgastado sistema.
Sakura aventuró entonces una mirada discreta hacia el copyninja sentado a su derecha y todo parecía perfectamente normal con él. Su ánimo era el de siempre y hasta se le veía fresco al muy maldito, como si ella hubiese sido la única entrenando esa mañana y sudando por horas bajo el inclemente sol. Sin embargo, si algo sabía la kunoichi era que un shinobi como él nunca debía ser subestimado. Algo se traía entre manos, o de otro modo no estarían allí sentados.
"¡Oh, pero si eres tú!" Sakura escuchó la estrepitosa exclamación de la mesera y enseguida pensó que se trataba de una de las tantas admiradoras que el copyninja parecía tener regadas por toda la aldea. Al volver su atención al frente se dio cuenta, para su absoluto horror, que en realidad le hablaban a ella.
"¡¿Cómo olvidar ese color rosa tan fuera de temporada? Aún tengo ese maravilloso tinte para ti si te decides, linda".
Kami-sama estaba de broma a sus expensas, seguro.
"¡¿Qu-qué hace Usted aquí?" Sakura miró consternada a la regordeta vendedora de cosméticos, que le sonreía de vuelta sin tapujos.
"Trabajo aquí durante la semana, querida, es el negocio de la familia. Los sábados atiendo en el mercado a mis clientas, ya sabes, para redondear el mes".
Entonces la mujer movió su atención hacia Kakashi y un brillo de reconocimiento iluminó su rostro de inmediato.
"¡Oh, ya veo que encontraste a tu novio!"
"¡Él NO es mi novio!" chilló mortificada.
De inmediato, Kakashi se reclinó sobre el mostrador, acercándose al rollizo rostro que le escudriñaba con suspicacia.
"Sólo porque ella no quiere, ¿puede creer que se me resista?"
"¡Oh, las chicas son así de volubles; cómo el cielo de otoño, ja-ja-ja!" la mujer se derretía más rápido que un helado al sol de Suna con la natural galantería del copyninja.
Sakura podría escupir veneno a esas alturas. "¡Yo les voy a enseñar lo que es voluble!" dijo en un murmullo asesino.
"¿Por qué no nos traes un par de sodas para empezar, eh...?" inquirió mirando a la mujer de arriba a abajo. Su ojo perpetuamente flojo era ahora una fuente de sensualidad apenas contenida.
"¡Para ti, Emiko!" contestó con una risilla boba.
"Emiko, dos sodas por favor".
"¡Enseguida cariño!"
La mujer se escurrió como un rayo a buscar las bebidas y Sakura supo sin necesidad de mirarle, que Kakashi sonreía como un demonio a sus expensas.
"¿Algo que quieras contarme, Sakura-chan?" preguntó inocente.
"¡El silencio puede salvarte la vida!"
Entonces, la risa relajada de Kakashi le golpeó en el estómago con un extraño revoloteo. Debería estar mucho más molesta de lo que se sentía, pero no podía conjurar la energía necesaria para ello. ¿Podía la situación ser algo más frustrante para ella?
La infame vendedora no tardó en reaparecer, toda sonrisas con sus bebidas y una fuente llena de wonton frito. "El aperitivo es cortesía de la casa", dijo con un guiño cómplice que a Sakura le quitó, de hecho, todo el apetito que tenía. Las coqueterías continuaron entre ambos hasta que Emiko tuvo que marcharse –a regañadientes– cuando nuevos clientes solicitaron su atención.
La kunoichi se concentró entonces en la bebida en sus manos, insegura respecto a que hacer a continuación. No sabía porque estaba allí, la situación era cada segundo más incómoda y no tenía idea de cómo excusarse sin que pareciera que huía cobardemente.
Afortunadamente para ella, el copyninja no tardó en tomar el asunto en sus manos.
"Sakura, he estado pensando en este entrenamiento que quieres" comenzó, volviendo a su seriedad profesional sin esfuerzo. "Por lo que he visto hoy, necesitarás al menos un par de meses para subir tu estámina y alcanzar la condición física mínima que necesitas antes del examen y aun así, no será un trabajo fácil de lograr".
A pesar de la cruda evaluación, la kunoichi se volvió a verle con renovado entusiasmo. "No pensé que tomaría tanto."
"Si realmente quieres hacer esto bien vas a tener que seguir un régimen especial".
"¡Claro que es lo que quiero! Sólo dime que debo hacer".
"Hay que entrenar a diario, cuatro horas como mínimo, más si es posible. Ya tienes a tu favor la precisión en el manejo de chakra, así que en principio trabajaríamos en tu velocidad y reflejos". Sakura miró la soda a medio tomar en la mano del copyninja y supo que una mejora en esa área no le vendría mal si quería pillarle sin máscara algún día.
"Con eso como base, aprender cualquier jutsu te será fácil, pero necesitarás tiempo suficiente para practicar hasta dominarlo a la perfección. Los examinadores no te perdonarán el más mínimo fallo a este nivel". El copyninja se frotó la barbilla, pensativo, mientras Sakura se sentía a punto de reventar en la silla. Kakashi realmente se estaba tomando en serio el entrenamiento. ¡Realmente se la estaba tomando en serio a ella como kunoichi!
"Tengo en mente un jutsu de tierra bastante avanzado, que va a favorecer tu estilo de lucha cuerpo a cuerpo", prosiguió, mirándola con la falta de entusiasmo de siempre, "aunque también puede resultarte muy útil para defensa."
Sakura sólo alcanzó a asentir, absolutamente extasiada con la idea de recibir un entrenamiento especial de Kakashi. Sasuke tuvo su turno, Naruto también, ahora finalmente, le había llegado a ella una oportunidad que en verdad creía perdida hacía mucho. Cuando le pidió ayuda fue más con la intención de tener una excusa para verle, no esperando recibir un entrenamiento en toda regla.
Lo dicho: no se puede subestimar nunca al infame copyninja.
"Pienso que debemos pedir ayuda a Kurenai," continuó explicando sus planes. "Tienes aptitudes para el genjutsu, ya es hora de que aprendas algunos jutsus básicos que complementen bien tus habilidades."
¡Esto se ponía mejor y mejor a cada momento! Hacía mucho que Sakura deseaba aprender un par de trucos de genjutsu y que mejor que hacerlo con la experta residente de la aldea.
"Además ella podría ayudarte a entrenar cuando yo esté fuera". Desde la guerra Kurenai estaba completamente dedicada a la academia y el entrenamiento de las nuevas generaciones de ninjas, así que podría suplir sin problemas las ausencias de Kakashi. "Podemos contar con Tenzou también, estoy seguro".
Si Sakura no hubiese aprendido a dominar sus sentimentalismos a fuerza de golpes unos años atrás, ahora estaría llorando como una criatura de pura felicidad. Tres de los ninjas más poderosos en la aldea iban a entrenarla para el examen jounin. ¡El reconocimiento le sabía a gloria!
"¿Qué te parece?"
"¡Es perfecto!"
En alguna medida, Sakura aún sentía que tenía que probarse ante Kakashi; ante toda la aldea incluso. El patito más feo y débil del Team 7 vivía huyendo de un complejo de inferioridad que nunca había superado del todo, a la sombra de sus increíbles compañeros de equipo. Ahora parecía que todo el trabajo duro para compensar sus carencias estaba dando resultados, pensó animada, si la importancia inesperada que se le daba a su entrenamiento era algún indicio. Esta sería la primera vez que Kakashi se dedicaría exclusivamente a ella y la kunoichi no podía sentirse más orgullosa.
"¡Estoy lista, sensei!" remató con entusiasmo, enderezando un poco más la espalda en su asiento.
"De acuerdo, hoy mismo arreglaré las cosas con Kurenai". Kakashi se reclinó de nuevo apoyando un codo sobre el mostrador y dejando la soda vacía a su lado. Medio plato de wanton había desaparecido también en algún punto de la conversación.
"¡Gracias, Kakashi-sensei, esto significa mucho para mi!" le dijo mirando a sus pies y no a su rostro.
"Hm…" zumbó impasible por respuesta.
"Hoy mismo arreglo mi horario para acomodar el entrenamiento. ¿Podemos seguir mañana mismo, verdad?" Sakura no quería perder el tiempo ahora que tenía su atención.
"Seguro. Si es que mañana aún puedes moverte, claro."
"¡Hey! No es para tanto…"
Vale, que si que estaba tremendamente tiesa y adolorida –lo cual sólo podía empeorar exponencialmente al día siguiente– pero no era necesario restregárselo así en la cara. "Esto no es nada que una noche de descanso no pueda curar." La mentira flagrante era necesaria para mantener su frágil ilusión de dignidad.
Kakashi se volvió a verla y el estómago de Sakura saltó de la silla al suelo. "Aún así" objetó, "me siento ligeramente avergonzado de saber que uno de mis ex-alumnos se encuentra en tan mala forma". Acompañó su comentario con un dramático ademán de mano que la hizo sentir como una masa fofa de grasa inútil en lugar del arma letal de músculos y chakra que se suponía que era.
"Pues esta 'ex-alumna' no ha entrenado con seriedad en mucho tiempo porque el hospital y los estudios han sido la prioridad hasta ahora. No es que no haya querido…"
Kakashi volvió su atención hacia el otro lado. Era obvio que descontaba sus palabras como simples excusas sin validez.
"Pero cuando esté en plena forma de nuevo…" la kunoichi golpeó puño contra palma significativamente. "¡Ya verás de lo que soy capaz!"
"Eso espero." contestó con una media sonrisa evidente en su voz. "Me parece recordar que tus nalgas realmente necesitan entrenamiento".
Para cuando Sakura reaccionó, un puñado de hojas verdes y amarillas volaban en círculos en el lugar donde antes se sentaba su sensei.
¡Ya se lo decía su madre! Nunca confíes en borrachos de manos flojas. Mucho menos si se trata de un copyninja manipulador y desvergonzado listo para hacerse el dormido por un apretón de trasero.
Un momento….
"¡Regresa a pagar la cuentaaaaaaaa!"
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"¡PUM!"
El golpe seco del sello contra el pergamino causaba un pequeño temblor sobre la mesa cubierta hasta el tope de papeles que se agitaban peligrosamente como a punto de caer.
"¡PUM!"
Otro golpe y Kato Kishiro se encogió visiblemente. Odiaba cuando el Jefe estaba de mal humor porque, invariablemente, se lo hacía pagar al primer objeto, animado o inanimado, que tuviese más cercano. Estar sentado en la misma mesa de trabajo con ella le daba muy poca tranquilidad en ese sentido.
"¡PUM!"
La puerta se abrió en ese instante y Kishiro recibió al recién llegado con una sonrisa de disculpas más que de bienvenida. Apuntando con su mano le invitó a sentarse en la silla más cercana al Jefe, sintiendo un alivio inmediato por contar con un sacrificio humano que minimizara su propio factor de riesgo.
Sin dar señales de haber notado la nueva presencia en el salón, Haruno Sakura permaneció ensimismada en sus papeles, sellando las órdenes de equipos y recursos necesarios en la misión que les ocupaba. Kishiro se entretuvo unos momentos en detallar el ceño fruncido y los labios apretados y sintió, no por primera vez, verdadera pena por la estricta kunoichi. Era joven, talentosa y bonita, ¿por qué entonces se dejaba marchitar entre las sombras mohosas de sus libros y la aburrida disciplina de sus obligaciones?
¡Sexo! Lo que ella necesitaba era alguien que la arrojara contra la mesa justo sobre sus preciados papeles, le empujara las piernas hasta los hombros y se la clavara con fuerza y sin compasión en…
"¡PUM!"
"¿Jefe?"
"¡¿QUÉ?"
"Ya está aquí Ishikawa-san."
Finalmente la kunoichi levantó la vista de su trabajo y miró directamente al infame voluntario como si estuviese a punto de juzgarlo por traición a la patria y no de ponerlo al corriente. De inmediato, había que decirlo, Kishiro respiró mucho más tranquilo.
"¡Excelente! Entonces empecemos Ishikawa-san…".
"Tú puedes llamarme Kotaro, Sakura" le interrumpió con galantería.
"Y tú puedes llamarme Haruno-san".
"¿Siempre eres tan estricta?"
¡Realmente este tipo era increíble! Kishiro estaba a punto de lanzarse debajo de la mesa sólo para no ser salpicado en sangre. Había que tener agallas para hablarle al Jefe de esa forma, en particular cuando resultaba evidente que ella pasaba por un muy mal día.
"Puedo ser mucho peor cuando me hacen perder el tiempo" contestó cruzándose de brazos.
"Veo que tu ética de trabajo es intachable, tal y como había escuchado siempre de ti".
Kishiro lo sabía y, estaba seguro, que Sakura también. Difícilmente el espabilado jounin estaba coqueteando en serio con ella. Era más bien un intento por ganarse su confianza a fuerza de lisonjas vacías y carisma bien apuntado. Las razones no estaban claras por el momento, pero bien podía tratarse simplemente de su manera de establecer relaciones ventajosas para él en cualquier entorno. La verdad, desde que había sido introducido al equipo de trabajo, su comportamiento con todos ellos parecía más el de un político haciendo campaña que el de un ninja a punto de cometer un suicidio; más por molestar al Jefe que por la riesgosa operación, desde luego. El asistente se debatió entonces entre poner cuerpo a tierra o intervenir para diluir la tensión creciente en la pequeña habitación.
Por su parte, Sakura escudriñaba de cerca al hombre que se atrevía a retarla con tanto descaro. Ella conocía bien a los de su tipo; no en vano pasaba mucho tiempo en la Torre Hokage donde se tenía que lidiar a diario con los más rastreros de todos los aduladores. Tsunade los llamaba los 'Viejos Cuervos Lameculos', ante lo cual Shizune siempre le corregía, consternada: 'son el Honorable Consejo de Konoha, Tsunade-sama'.
Sin embargo, había mucho más de lo que veía el ojo en Ishikawa Kotaro. Había algo oculto y desagradable, algo que realmente le incomodaba cuando estaba en su presencia. Era muy extraño, pero mientras más lo trataba más quería alejarse de él. Aunque tenía que admitir que la sola idea de darle uno de los ojos de Sasuke le repugnaba tanto, que cualquier juicio que pudiera hacer sobre él estaba gravemente viciado por sus sentimientos al respecto.
"Ishikawa-san" Sakura decidió que lo mejor era ignorar sus comentarios por completo, "necesitamos repasar contigo los resultados de tus pruebas y hacer el plan de preparación para…"
"Creo que todo ha salido muy bien, ¿no?" interrumpió de nuevo con absoluta confianza. "Yo estoy listo cuando ustedes quieran".
Su entusiasmo era encomiable, pero innecesario. No era como si tuvieran más candidatos peleando por estar en su pellejo.
"Así es, todo va muy bien", contestó con más amabilidad de la que sentía, "pero aún quedan muchas cosas por definir de cara a la operación".
Con un golpe seco, la puerta de la sala de reuniones se abrió repentinamente y la Hokage entró como una tromba sobresaltándolos a todos fuera de sus sillas.
"¡Hokage-sama!" dijeron los tres al unísono, los dos chicos haciendo una profunda reverencia en señal de respeto.
"¡Haruno, ven conmigo!"
"Enseguida, Tsunade-sama". La kunoichi obedeció sin hacer preguntas. Cuando la Hokage estaba de prisa no era prudente, bajo ninguna circunstancia, el hacerla esperar.
"¡Empiecen la sesión sin mi, Kishiro-san!" instruyó saliendo a toda prisa y sin aguardar la respuesta del asistente. Tsunade ya se había adelantado pasillo abajo por lo que tuvo que correr para darle alcance.
"¡No tengo ni un minuto libre con este maldito lío del sindicato de comercio y las quejas del Daimyo porque no recibe su salmón! ¿A quién coño le importa eso ahora?" la rubia explicó furibunda cuando la tuvo a su lado mientras comenzaban a bajar las escaleras. "Acompáñame hasta la salida, Sakura. Quiero que hablemos un poco antes de que me vaya a la Torre".
"¡Si, shishou!"
"Ya revisé tu último informe y estoy completamente de acuerdo con tu evaluación. Creo que tu enfoque es el más apropiado dadas las variables que manejamos".
"Estoy confiada en que podemos lograr mejores resultados de este modo", contestó con entusiasmo por la aprobación incondicional de su shishou a la idea. "La restricción del chakra y su infusión progresiva y controlada en el área va a facilitar todo el proceso de adaptación al órgano y nos permitirán intervenir más rápido si ocurre algo inesperado".
"Veo que lo has pensando todo con cuidado".
"Eso intento, shishou".
"¿El voluntario?"
"Aún faltan algunas pruebas, pero estamos dentro de los tiempos pautados".
"¿Algo que te preocupe?"
"No, en realidad todo va marchando mejor de lo que esperaba".
"¡Excelente! Igual quiero que me avises sobre cualquier problema, no importa lo trivial que te parezca" la legendaria sannin colocó una mano en el hombro de su pupila, dándole un apretón de confianza. "Esperaba poder apoyarte más de cerca, pero ya sabes como están las cosas."
"Sí, lo entiendo, Tsunade-sama."
"Bien…"
Tsunade no dijo nada más y Sakura pudo ver enseguida que su shishou estaba mucho más intranquila de lo que era normal por un montón de salmón retenido en el puerto. También era cierto que su humor cambiaba para peor justo cuando cierto sannin pervertido de cabello blanco y maneras groseras no estaba en la aldea acompañando cada una de sus escapadas al bar.
'¿Por qué se me hace tan familiar esa situación.'
El sarcasmo de su voz interior era innecesario. ¿Y qué si ella tenía su propio pervertido del que preocuparse?
Y ya que de pervertidos se trataba, ese le pareció buen momento a la kunoichi para poner al corriente a Tsunade respecto a sus 'otros' planes.
"¿Shishou?"
"¿Hm?"
"Le he pedido a Kakashi que me ayude a entrenar para el examen jounin".
Sin detenerse, Tsunade se volvió a observarla con una delgada y rubia ceja levantada hasta el límite. De inmediato Sakura sintió que sus intenciones y todos sus pensamientos eran completamente transparentes ante la intensidad de los sapientes ojos pardos.
"¿Y qué te respondió?" inquirió con una extraña cautela.
"¡Aceptó! Empezamos esta misma mañana, de hecho".
"¡Ja! Ahora me explico porque caminas como una momia mal amarrada".
Y Sakura pensaba que estaba haciendo un buen trabajo en disimular el malestar que sentía en cada músculo de su maltratado cuerpo.
"¡Es un maníaco, shishou! Pudo considerar que llevo un año sin entrenar formalmente, y empezar con algo más liger…".
"¡Oh, no pongas excusas tan patéticas ahora!" la cortó con un bufido divertido, que por alguna razón le sentó terriblemente mal a la kunoichi. ¿Por qué rayos todos se divertían siempre a sus expensas?
"Tú te lo buscaste, Sakura. ¡Ahora lidia con él!" Con esa sentencia, la imponente y temperamental Hokage salió por la puerta principal del hospital de mucho mejor ánimo, sus tacones altos marcando el paso acelerado de su rutina.
La joven kunoichi la vio marchar en silencio, la frustración bullendo en sus venas. ¡Oh sí, lidiar con él era algo a lo que se estaba acostumbrando con demasiada rapidez!
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Con el implacable calor del verano incrementándose día con día, disfrutar de una tarde agradable de brisa fresca era, cada vez más, un verdadero lujo. A orillas del río, todas las mesas de los pintorescos cafés al aire libre estaban abarrotadas de gente ansiosa por refrescarse con un vaso de té frío y algo de conversación ligera.
"Mamá dice que las relaciones son siempre complicadas." La voz timorata pero melodiosa de Hyuga Hinata estaba acompañada por una sonrisa de resignación en su rostro de porcelana. "Que debo ser más paciente con él".
Sakura apretó un poco más el vaso de té entre sus manos, pensando en las mil y una formas en que ella le mostraría 'paciencia' a un novio como ese. Hinata la había ido a buscar más temprano al hospital para salir a tomar algo y la invitación no pudo llegar en mejor momento para una muy estresada Sakura. Y claro, no existía un mejor lugar para relajarse y compartir confidencias que sentadas a la sombra de un parasol multicolor, mirando el río llevarse sus preocupaciones con el rumor alegre del agua.
No fue ninguna sorpresa para la médico el conocer que las más recientes inquietudes de la joven Hyuga se resumían en más presiones de su familia a favor del último candidato que estaban tratando de forzar en ella. Tradiciones y legados estaban por encima de cualquier individualidad que pudiera amenazar un status quo mantenido a fuerza de incontables injusticias. Esta no era mayor ni peor que tantas otras.
Le costaba trabajo admitirlo, pero estaba de acuerdo con Ino en este asunto. Hinata tenía que hacer algo pronto o en verdad terminaría en un matrimonio arreglado como la incubadora de lujo del Byakugan. Si algún día la chica se revelaba contra su familia como tanto querían sus amigas, o simplemente tomaba la iniciativa en sus afectos por Naruto, el clan Hyuga iba a arder más rápido que un cerillo al viento.
Pero claro, era más fácil decirlo que hacerlo. Hinata había ganado en confianza con los años y ya no se dejaba menospreciar por nadie, eso seguro; pero la absoluta devoción que sentía por su Clan y su familia no había cambiado con su madurez. Al final, ella se sacrificaría por el bien de su legado en silencio, de eso no le quedaba duda a Sakura; mucho más cuando ella misma, una ninja común y corriente, estaba haciendo sus propios sacrificios morales en nombre del Sharingan. Las consecuencias que la ambición irrefrenable por el poderoso kekkei genkai había traído a todo el legendario clan Uchiha y a la misma Konoha aún estaban muy lejos de terminar.
Una mirada más a la tristeza reflejada en los ojos cristalinos decidió la partida para la temperamental kunoichi. ¡Qué rayos! No se perdía nada con intentar ayudarla de nuevo, y para ello que mejor que atacar con la propia lógica del clan Hyuuga.
"Hinata, puedo entender bien que se trata de tus obligaciones de familia, pero no crees que esto es ir demasiado lejos", dijo alcanzando su mano con suavidad y apretándola en un gesto de apoyo. "Si este tipo no te gusta no debes aceptarlo".
"Mama dice que el gusto y el cariño llegan con el tiempo".
Sakura tuvo que morderse la lengua para no ultrajar allí mismo a la madre de su amiga. "Pero no sólo se trata de sentimientos, Hinata" insistió con entereza, "también estamos hablando de tu deber moral".
"¿A qué te refieres?"
"¿No es acaso tu responsabilidad asegurarte de que este hombre sea lo mejor para tu familia y tu legado?"
La kunoichi parpadeó por varios segundos, sorprendida con la pregunta. "Sí, supongo que sí".
Sakura miró con discreción en todas direcciones antes de acercarse al oído de la joven Hyuuga, asegurándose que nadie podría escuchar lo que diría a continuación.
"Estoy segura que si le explicas a tu madre que se trata de un patán al que…", la kunoichi bajó la voz hasta casi un susurró, "al que no se le pone dura, entenderán que sus genes no están a la altura de tu legado".
"¡¿Sakura?"
"¡¿Qué? Algo se aprende después de pasar tanto tiempo con Ino-puerca".
Dos sonrisas entre tímidas y cómplices reventaron rápidamente en sonoras carcajadas de gusto, que llamaron la atención de las personas sentadas a su alrededor. Las insistentes miradas curiosas hacía su mesa las apuraron a retomar la compostura.
"¡No creo que sea capaz de decir algo así!" contestó la morena buscando recuperar el aliento, las mejillas rojas como tomates maduros.
"Bueno, puedes ser más diplomática claro", Sakura sonreía con la malicia de un trabajo bien hecho. "Pero si le explicas a tu madre que no debe esperar nietos en el futuro cercano, estoy segura que entenderá el mensaje y te librarás. Eso es lo que más les interesa, ¿no?"
"Sí, pero sólo hasta el próximo candidato" dijo desanimándose de nuevo.
"O hasta que le confieses a Naruto", contestó la kunoichi con picardía.
"¡Sakura, yo, yo…!" la chica apretó las manos una contra la otra, como tratando de contener su conocido tic con la yema de los dedos, el sonrojo ahora más lejos de desaparecer. "¿Tú crees que… él…?"
"La verdad es que no lo sé, Hinata". Sinceramente no tenía ni idea sobre que pasaba por la mente del escandaloso rubio cuando se trataba de chicas. Después que dejó atrás el extraño enamoramiento que tenía con ella, Sakura le había visto coquetear con muchas chicas pero nada que pudiera considerarse serio. Su deseo de ser Hokage era la prioridad en su vida y todo lo que ocupaba su tiempo fuera de las misiones.
"Pero sea cual sea su respuesta" continuó, "tienes que hacerlo pronto o siempre te quedarás con la duda y yo creo que eso es mucho peor que pasar unos minutos de vergüenza".
La chica se quedó silenciosa, considerando sus palabras con cuidado. De algún modo y a pesar de su retraimiento y timidez, Hinata se había convertido en una persona muy querida para Sakura con el pasar de los años. Realmente quería que las cosas funcionaran para ella, así fuese una verdadera locura –casi un crimen– empujar a alguien tan dulce y afable a las manos del ninja más estrambótico y desfachatado de toda la aldea.
"¡No tienes nada que perder!" continuó tratando de animarla. "Además, si él te corresponde, los ancianos de tu clan no van a saber ni que les golpeó cuando les pase por encima haciendo escándalo".
Las renovadas risas terminaron de borrar toda la nostalgia que le ensombrecía el rostro desde que se sentaron a charlar.
"¡Gracias, Sakura!"
"No me agradezcas nada hasta el día de la boda", guiñándole un ojo con complicidad Sakura deseó poder hacer más por su amiga. Quizás era triste no tener novio como ella, pero más triste era tener uno y no quererlo ni como decoración.
"¿Y qué hay de ti? No me has contado como van tus cosas" la joven Hyuga cambió el tema, preocupándose por no acaparar la conversación sólo con sus problemas.
"Igual que siempre… mucho trabajo, mala paga y nada de descanso."
En ese momento, Sakura deseó intensamente el poder hablar con franqueza y desahogarse con Hinata sobre sus más recientes frustraciones de trabajo. Pero eso era, lamentablemente, imposible de lograr sin antes violar el juramento de confidencialidad junto con un montón de leyes y protocolos que pondrían su cabeza a rodar al día siguiente en la plaza central tan sólo por pensar en quebrantarlas.
"¡Oh cierto! He decidido tomar el próximo examen jounin, ¿Qué te parece?" Al menos esa parte sí que la podía contar.
"¡Sakura, esa es una excelente noticia!" Hinata sonrió enseguida, admirando lo determinada que estaba su amiga a superarse.
"Estoy decidida ahora que estoy por terminar mis estudios".
"¿Y vas a tener tiempo para prepararte? El próximo examen es en tres meses".
"Sí, ya está todo planeado," Sakura comenzó a juguetear con el vaso de té entre sus manos. "Kakashi-sensei va a entrenarme".
"¡Oh, que bien! Supongo que estás contenta de volver a entrenar con Hatake-san". dijo con una sonrisa que no encontró su reflejo en el rostro de su amiga.
"Estoy empezando a arrepentirme en realidad".
"¿Por qué? Él es uno de los mejores jonnin que tiene la aldea".
"Sí lo sé, pero también uno de los más excéntricos, por ponerlo en términos decentes". La kunoichi arrugó mucho la cara, dando a entender que tan bajo en la escala de decencia se encontraban dichas excentricidades.
"No puede ser tan malo…".
"¡Es peor! Creo que con los años sólo se ha vuelto más mañoso y descarado". Sakura tomó un buen trago de su té como tratando de ahogar sus más recientes frustraciones por el comportamiento del impredecible shinobi.
"Estoy descubriendo cosas sobre él que ya debería saber", continuó tratando de explicarse mejor, "y la verdad no se si sentirme culpable por no entenderlo todavía o estrangularlo por ser tan imposible". Sakura simuló la acción con sus manos con verdadero fervor fanático.
"¡Hi-hi-hi!" la característica risilla suave y melodiosa de Hinata le dio pausa.
"¡No te rías Hinata, hablo en serio! Este hombre estará en la portada de todos los libros bingo del planeta, pero en el fondo es un flojo irresponsable e insufrible, con demasiada perversión para su propio bien".
"Lo siento, pero… es que se nota cuanto le quieres".
"¡¿Qu-qué?" chilló espantada, a punto de atragantarse con su propia saliva.
"Sí, ya sabes. Es algo que siempre han tenido en el Team 7, ¿no?"
Sakura parpadeó varias veces, tratando de encontrar el sentido en las palabras de su amiga antes de que el susto la pusiera a hiperventilar.
"Creo que es lo que todos más envidiamos de ustedes", la joven bajó la mirada, rememorando. "Aún cuando se la pasaban gritando o peleándose todo el tiempo, no dejaban de ser el equipo más sólido, como si un lazo invisible les atara juntos. Es difícil de explicar…"
"¡Oh! Bueno…yo…"
"¿Supongo que es gracias a él?" preguntó con una sonrisa.
"¿Eh?"
"Hatake-san, puede ser todo eso que dices, pero es obvio que en el fondo tiene un buen corazón o nunca hubiera podido enseñarles a ser tan unidos como son, ¿no crees?"
Sakura estaba con la boca abierta, anonadada por las palabras de Hinata. Ella hablaba poco, ¡pero vaya si decía cosas importantes cuando hablaba!
Se podía decir mucho de Kakashi como sensei. Tal vez no les enseñó todos los jutsus o les dio toda su atención. Era impuntual y mañoso, indiferente y desganado. Los abandonó en buena parte para concentrarse sólo en Sasuke y luego los ignoró mientras se entrenaron con sus nuevos mentores. De su boca rara vez salía un cumplido, y nunca parecía preocuparse por lo que hacían o decían.
Pero mucho de eso era sólo parte de su máscara.
Al final del día, él les había enseñado la lección más importante de todas las que habían recibido como ninjas y en la que aún hoy, se apoyaban para encontrar la fuerza que necesitaban para seguir adelante. Sus lazos como equipo no eran obligaciones sino sentimientos genuinos de confianza y afecto que lo trascendían todo, y que les permitían entender los límites entre la misión y la vida. Por eso, aún después de los fracasos, de haber perdido a Sasuke, ellos continuaban luchando juntos.
Por eso, él la iba a entrenar ahora; por eso, ella quería, en alguna medida, ayudarle.
Enseguida, un nuevo aprecio por su sensei iluminó su corazón, que dio un vuelco en respuesta. Había olvidado por un momento lo que se sentía admirarle tanto y…
¡Demonios! Era verdad…
Le quería al muy tonto.
¿Qué tanto? Era algo que estaba por descubrir.
¡Kami la proteja!
-o-
Con cada embestida, un chasquido audible daba cuenta de los fluidos que se escurrían entre ambos, haciendo brillar los pliegues abiertos e hinchados bajo la suave luz de la habitación.
Cinco pares de dedos se clavaban en las carnes de las torneadas nalgas, separándolas para una mejor visión tanto como para balancear las caderas a la altura justa. De pie y desde atrás era la posición favorita del copyninja. Tenía el control, tenía la deliciosa vista, y todo con el mínimo contacto necesario.
Con un ritmo constante, enérgico pero sin prisas, podía concentrarse en disfrutar del placer que calentaba su cuerpo progresivamente. De rodillas frente a él, las generosas curvas femeninas se contoneaban como las de una gata en celo, arqueando la espalda hacia arriba y hacia abajo, empujando contra su miembro y apretando sin piedad los músculos internos en una clara invitación a correrse. Cuando los brazos cedieron al cansancio, Yugao Uzuki se recostó parcialmente sobre la cama y Kakashi reacomodó las caderas a la altura perfecta para terminar el trabajo. Los gemidos subieron de intensidad al igual que sus movimientos a medida que ambos se acercaban al orgasmo.
Ella se aferraba a las sabanas y él a sus carnes, embistiendo sin piedad en una carrera por alcanzar el éxtasis. Sólo cuando su semen salió disparado el copyninja se permitió dejar salir un gruñido largo e intenso a través de la máscara, las olas de placer golpeando en su bajo vientre y quebrando su ritmo hasta la absoluta saciedad de sus instintos.
Con la respiración aún acelerada ambos se separaron; ella dejándose caer por completo sobre la cama y volviéndose sensualmente sobre su espalda con una sonrisa satisfecha. Por su parte Kakashi retrocedió enseguida a por sus pantalones, descartados antes en el suelo en la prisa por comenzar. Con su eficiencia y rapidez de siempre se vistió sin decir palabra, pasándose las manos por la desordenada cabellera como tratando de despejar los remanentes de la euforia sexual.
"Hacía tiempo que no venías".
Hacía tiempo que no tenía ganas, pensó. En esos días en que vivir le importaba muy poco su líbido estaba por los suelos y su fama de buena cama se mantenía sólo en base a su vieja reputación con las mujeres.
Pero la visión agradable de un cuerpo femenino, sensual y generosamente expuesto a su escrutinio era algo que se encontró extrañando con renovada intensidad en los últimos días. En general, Kakashi prefería estar con prostitutas en aldeas vecinas y evitarse complicaciones innecesarias, pero igual era siempre conveniente tener a mano alguna amiga con beneficios cuando las ganas daban en casa.
"¿Cigarrillo?" sin cubrir su desnudez ni sus deseos, la kunoichi tendió la cajetilla en su dirección.
Enseguida el copyninja tomó uno, más por costumbre que por ganas. Volviéndose hacia la ventana, se sentó en el marco dándole parcialmente la espalda para poder bajarse la máscara y fumar a sus anchas. Ni siquiera en momentos de intimidad sexual su paranoia respecto a su rostro disminuía en lo más mínimo. La misma Yugao había renunciado, hacía mucho, a ver la cara de su amante ocasional, tanto como a retenerlo por más tiempo del necesario en su cama.
"¿Quieres contarme lo que te pasa?"
¡Ah, las mujeres y su sexto sentido! No se podía engañar a alguien que había vivido y perdido todo como él. A alguien que le conocía en todas sus facetas, particularmente en la más oscura de todas. Muchas veces la habilidosa kunoichi había trabajado bajo sus órdenes en ANBU y había visto de primera mano de lo que era capaz en sus peores momentos, cuando el deber estaba por encima de cualquier vestigio de humanidad.
"¿Crees en segundas oportunidades?" contestó la pregunta con otra.
"No" sentenció sin pensarlo. "Puedes elegir engañarte de nuevo, pero es una pérdida de tiempo".
Después de una calada profunda al cigarrillo en su mano, la kunoichi sonrió sin ganas, la mirada perdida en algún lugar del techo sobre su cama. "No se alivia el dolor, sólo lo hace más intenso, más real".
Kakashi nunca había conocido una mujer más hermosa y agradable que tuviese tanta amargura por dentro como Yugao Uzuki. Era como si ya estuviese muerta; como sí Hayate Gekko se la hubiera llevado con él, dejando su cuerpo vacío y funcionando como una marioneta atada a los hilos del deber.
"¿La conozco?"
Kakashi se sonrió. Astuta y acertada como de costumbre. Bien había perdido su alma pero no sus brillantes capacidades que la hacían una experta en tácticas de infiltración y espionaje.
"¿Cómo sabes que se trata de una mujer?" Otra pregunta, más por curiosidad masculina que por llevarle la contraria.
"Nada más va a salvarte a estas alturas, Comandante" dijo con una risilla de burlona camaradería que sólo pueden compartir los que se han salvado el pellejo el uno al otro en el servicio.
Kakashi le dio vuelta a sus palabras por un rato antes de dar una última calada y arrojar el cigarrillo a medio fumar por la ventana. Viendo el humo disolverse fuera de su boca encontró todo el asunto patético y desfachatado, pero no por ello menos cierto.
Era efectivamente una mujer la que le había arrastrado fuera de su enfermiza rutina de tentar a la muerte, y lo había empujado a preocuparse de nuevo, a pensar, a hacer grandes planes. Recordar lo que podían importarle los demás era como tragar un puñado de piedras filosas para un hombre que se había olvidado de cómo sentir.
Y no se iba a engañar tampoco. El despertar de sus necesidades más primitivas tenía mucho que ver con ella y su constante revoloteo a su alrededor, alterando al máximo sus sentidos y removiendo instintos que a ratos le hacían sentir como el verdadero pervertido que todos creían que era.
Hatake Kakashi contempló el cielo nocturno, cargado y sin luna, con una renovada pesadez en la conciencia.
Era el presagio de una tormenta.
-o-
La luz de la pequeña lámpara de aceite danzaba inquieta con la suave brisa nocturna. Su luz no era muy intensa, pero resultaba suficiente para leer y ahorrarse algún dinero cuando la economía de fin de mes estaba más que quebrada.
Sakura estiró sus pies sobre la cama buscando regresar la circulación a sus piernas medio dormidas. En el rellano de la ventana, junto con la lámpara, estaba el pergamino que estaba intentando leer desde hacía un par de horas, pero la concentración la evadía por completo. A su alrededor, toda clase de papeles, expedientes médicos, resultados y estadísticas, estaban regados como silente testimonio de sus fallidos intentos por estudiar.
No era casual que toda esa información perteneciera a la misma persona que le impedía concentrarse, robándole preciosas horas de sueño en el proceso.
Los últimos días en su compañía, luchando con sus excentricidades a cambio de su cooperación se habían sentido en buena parte, como una vuelta a la vieja dinámica ya casi olvidada de sus días como equipo activo. Pero la familiaridad estaba velada por una sombra de intensa preocupación que no hacía sino crecer en el fondo de su mente con cada pequeña cosa que descubría, muy a pesar de los momentos en que sólo quería matarle por ser un fresco.
Con sinceridad, no sabía que más podía hacer. O si lo que estaba haciendo era lo mejor en primer lugar. Lo único que deseaba era ayudarle y así aplacar, un tanto, esa necesidad intensa de protegerle que le estaba apretando el pecho.
Protegerle…
¿A un jounin de élite de treinta y cuatro años con el poder de asesinar con sólo atravesar la mirada?
¿Y protegerle de qué? La imagen mental de un pequeño desamparado en medio de un hospital hostil le saltó al paso de nuevo. '¡Qué idea más absurda!' Sakura se rió entre dientes enseguida, el cansancio le empezaba a freír el cerebro sin duda. Kakashi ya no era ese niño huérfano, y ella no estaba en posición de darle ningún tipo de protección o consuelo a un hombre adulto que ni lo pedía, ni mucho menos quería a nadie inmiscuyéndose en su vida privada.
Su relación podía parecer cercana por esos lazos tan estrechos de los que hablaba Hinata y con los que se había formado el Team 7, pero la verdad Sakura conocía mejor a su nueva casera que a su sensei. El que estuviera metiendo sus narices para ayudarle no significaba que su relación fuese a cambiar de ninguna manera. El copyninja era demasiado hermético para permitirlo.
Y la verdad, ella ya no estaba tan segura de querer saber más…
Ahogando un bostezo la kunoichi se dejó caer de espaldas sobre la cama, tratando de no aplastar mucho los papeles y dejando su mirada perderse en las sombras y luces danzando en el techo. Aquel relato de Omori-san había puesto muchas cosas en perspectiva, pero la esencia de lo ocurrido no era en sí, ninguna sorpresa. Era de esperarse de hecho. Siempre eran los mejores ninjas los que tenían a cuestas pasados terribles, que bien los convertían en monstruos desequilibrados sedientos de poder, o en seres disfuncionales dispuestos a sacrificios desmesurados por un obsesivo sentido del deber.
En la construcción de un ninja, mientras más pronto eran rotas las ilusiones infantiles de seguridad y amor, más pronto se endurecía el espíritu para soportar el peso que venía con el poder. Y a más poder, más se diluía la humanidad y el sentido del ser.
Desde esa perspectiva, quedaba perfectamente claro el por qué grandes clanes como los Hyuuga se aferraban a reglas y tradiciones de vida y entrenamiento que rayaban en lo inhumano. Todo era para mantener su estatus de poder en el mundo ninja. Los Uchiha no habían sido diferentes, si acaso más crueles que ninguno. Quizás por ello habían desarrollado el arma más poderosa de todas las conocidas hasta entonces.
Sin embargo, hasta un hombre como Kakashi, obligado a enfrentar la crueldad del mundo desde muy niño, entrenado para ser una máquina, parte de la élite ninja, tenía como límite su propia humanidad. Ahora sí que entendía el por qué del recelo de Omori-san respecto a él. Ciertamente lo que ella atribuía a una simple depresión laboral, bien podía ser Kakashi llegando a su punto límite.
Frotándose los ojos con fuerza, la kunoichi buscó una elusiva lucidez que le diera respuestas. ¿Cuánto tiempo más se podría resistir a aceptarlo? El mundo a su alrededor se estaba desmoronando, llevándose lo poco que quedaba de aquellos ideales románticos a los que se aferraba desde niña. Al final del día ella era una herramienta más, experimentando con seres humanos para conseguir poder a cambio de dignidad.
¡Ahora, eso sí que era deprimente!
Le gustaba pensar que Naruto podía cambiar las cosas cuando fuese Hokage, pero la verdad, sus esperanzas se le escapaban por el drenaje cuando la realidad le daba una buena estrujada, como si fuese un trapeador sucio y desgastado.
Claro que quedarse pensando en ello y sintiendo lástima por sí misma no iba a solucionar nada. Quizás no fuese mucho, pero mientras ella pudiese ayudar a sus amigos y proteger lo que ella valoraba como importante, no se iba a dar por vencida.
Con un largo suspiro desganado Sakura puso su atención en el cielo oscuro y encapotado que veía desde su ventana. Trató de despejar su mente y se encontró con las preguntas que quería eludir; esas que conducían directo hacia su corazón y no hacia el implacable raciocinio con el que forzaba todo a funcionar dentro de su mundo.
Esas para las que aún, no quería oír las respuestas.
-o-
Con un terrible crujir de vértebras Jiraiya sacó el rostro de la almohada empapada en su propia saliva. El resto de su cuerpo siguió el movimiento con dificultad hasta dejarlo tendido boca arriba en una cama demasiado pequeña para su altura. Puntadas de malestar en todas sus articulaciones y un dolor de cabeza que podía partir en dos una montaña le dieron la bienvenida al mundo de la resaca.
Se estaba haciendo demasiado viejo para esto.
Un rápido vistazo a su alrededor le informó de lo más importante: estaba sólo en la apestosa habitación del motel, completamente desnudo y ni sus ropas ni sus armas estaban a la vista.
Un largo gruñido acompañó el rascar de varias partes de su cuerpo. Esta era el tipo de cosas que él esperaba nunca se supiesen de él; particularmente que cierta temperamental Hokage nunca supiese de él.
¡El legendario sannin timado por una prostituta común!
Tristemente, esta no era la primera vez y, algo le decía que a esas alturas de su vida, tampoco sería la última. ¿Quién era él para luchar contra malas costumbres tan cuidadosamente cultivadas?
La verdad era que Jiraiya estaba bien entrenado para distinguir y reaccionar a la más mínima chispa de intención asesina dirigida contra él, aun estando medio dormido y en la peor borrachera de su vida. Ahora, ¿una mujer que lo quisiera robar, luego de una noche de sexo? ¡Ja! Eso no era nada que perturbase el descanso del viejo sádico.
Algún día iba a aprender que no se podía confiar en las pelirrojas. Ni en las rubias ni en las morenas tampoco.
De un sólo impulso logró sentarse en la cama acompañado de más crujidos y puntadas que resultaban, francamente, más deprimentes que dolorosas. Frotándose la cara con vigor apartó la abundante melena plateada de sus ojos sólo para ver a una pequeñísima ranita verde sentada sobre la cama justo entre sus piernas.
"¡Ya era hora-cro!"
"¿Por qué no me levantaste antes?" se quejó mientras limpiaba los remanentes de saliva de su barbilla.
"Lo dices como si fuese algo sencillo-cro"
"¿Estás regañándome?"
"¿-cro?"
"¡Aghhhhh! ¡Mejor dame las novedades de una vez!"
Obedeciendo a su irritado amo, la ranita abrió la boca, regurgitando un pegostoso pergamino que Jiraiya no tardó en abrir haciendo los sellos apropiados con sus manos. Enseguida, sus ojos se pasearon veloces por el último reporte de su informante y una sonrisa socarrona se asomó en su rostro.
¡Finalmente había dado con el premio gordo!
Al parecer su infiltrado había entrado en contacto con un tipo que había hecho algún trabajo directo para gente importante en Sonido, y por fortuna había escuchado mucho más de lo que debía y…
Jiraiya se puso de pie en un brinco imposible, los ojos desorbitados de sorpresa. La ranita croaba suavemente, mirándolo con curiosidad mientras esperaba las nuevas órdenes de su amo.
¡Todo tenía sentido ahora!
"¡Van a por…!"
El viejo sannin echó a correr, completamente desnudo y maldiciendo sin parar su propia estupidez.
-o-
NDA: Las cosas van a empezar a moverse muy rápido ahora que las piezas están en su lugar. Oh, no saben como he esperado este momento! :D
Editado al: 02-2011
