c-11/ Reencuentro
Tenzou tenía muchos nombres, tantos como misiones encubiertas había tomado a lo largo de su carrera. Pero sin importar como le llamaba cada quien o cuantos sabían su verdadero nombre, el estoico ANBU era bien conocido en toda la aldea por mucho más que su brillante trabajo en las fuerzas especiales.
Sus más allegados le reconocían como un buen amigo, siempre dispuesto a brindar una oreja a los problemas ajenos o a pagar la cuenta de compañeros cortos de efectivo. El común de la población sabía que si de construir se trataba, nadie podía hacerlo más rápido que él, gracias a su espectacular Mokuton no Jutsu, herencia del Primer Hokage y de los experimentos descontrolados de Orochimaru.
En su lado menos amable, todos sus compañeros sabían que Tenzou gustaba de usar el miedo como arma para obtener resultados. Por ello eran famosas sus técnicas de intimidación y eran pocos los que aguantaban por mucho tiempo esa siniestra mirada de ojos negros y penetrantes que no parpadean nunca.
Hasta ese día, el propio Tenzou se describiría a sí mismo como una persona equilibrada y paciente, capaz de liderar cualquier empresa o mediar en un conflicto con sabiduría y claro, con algo de coacción si fuese necesario.
Sin embargo, la presente misión estaba poniendo a prueba todo ello, exigiendo al máximo sus habilidades como ninja. No por la dificultad de la tarea en sí, o del nivel de peligro que corrían, pues estaban en una sencilla misión de diplomacia. Su problema era el resultado de la peor combinación de personalidades jamás hecha dentro de un mismo equipo de trabajo. ¿De quién fue la genial idea de mandarlos juntos en una misión?
Si el viaje de ida a Kusa había sido una tortura, el de vuelta era el infierno en la tierra.
"Me duelen los pies, Yamato-taicho" vociferó de repente la kunoichi caminando a sus espaldas, cortando con ello sus lamentaciones mentales y rompiendo el silencio del grupo.
"¿Falta mucho? Ya tengo hambre" preguntó Choji enseguida, como parte de la misma letanía que venía acompañándole desde que habían salido de Konoha hacía dos semanas.
"¡Pues de acuerdo a mis pies ya deberíamos estar en casa por todo lo que me duelen!"
"¡HA! Eres tú quien nos ha detenido mil veces a cuenta de tus 'necesidades femeninas'", Naruto apuntó un dedo acusador en dirección a Ino, "¡es TU culpa que no estemos ya en casa!"
"Nadie pidió la opinión de un tonto que no distingue el norte del sur en un mapa." chilló Ino en respuesta, pretendiendo estar ofendida. El brillo salvaje al fondo de sus ojos indicaba lo mucho que en realidad disfrutaba distrayéndose a cuenta de mortificar a sus compañeros.
"¿¡A quién le dices tonto!"
"Por favor, ni siquiera sabes en que dirección está Konoha".
"¡Claro que lo sé!" de inmediato Naruto procedió a apuntar, con toda confianza, en dirección contraria.
"¡JA!"
Mientras la trifulca tomaba fuerza, Choji aprovechó la distracción de Ino para intervenir en favor de sus intereses. "Hey, Shikamaru, ¿no tienes algo de comer?" imploró en un murmullo discreto, pensando que podría escapar a la atención de la explosiva rubia, ocupada como estaba en abusar verbalmente de Naruto.
Pero por algo las mujeres pueden hacer más de una tarea a la vez.
"¡Oh, no, nada de eso, ya te saliste demasiado de tu dieta Choji!", le saltó al paso enseguida dejando al alocado Kyuubi con la palabra en la boca. "¡Y tú Shikamaru, si le das algo más de comer te rompo los dedos!"
"¡Qué problemático!"
"¡Pero Inoo-o-o…!" sus manos frotaban el amplio vientre con evidente desesperación.
"¡Oi, Ino, no trates de cambiarme la conversación!" reclamó Naruto airado.
"Lo que debería cambiar es tu cerebro…".
"¡¿Ah si?"
Caótico. Esa era la palabra perfecta para describirles, concluyó Tenzou con resignación. Hasta ahora ni su mirada más venenosa lograba callarles por más de media hora antes de que Ino volviese a quejarse de algo trivial encendiendo al resto de sus compañeros tan rápido como una mecha recién apretada.
Marchando al frente del grupo, el shinobi comenzó a frotar el puente de su nariz, tratando de dar alivió a la presión que amenazaba con hacerle estallar el cerebro. No importaba lo que hiciese, resultaba una tarea imposible ignorar la riña que ocurría a sus espaldas y que le taladraba los nervios entre aullidos agudos e improperios salidos de una cañería. ¡Si tan solo supiera algún jutsu para silenciarlos, su vida sería mucho más fácil!
Mirando a su alrededor, Tenzou forzó su atención hacia cosas más urgentes. Estaban caminando por un sendero secundario, estrecho y resguardado por el bosque en dirección sureste. Ya estaban en territorio del País de Fuego, así que el área le era muy familiar y si no estaba equivocado, encontrarían un buen lugar para descansar en pocos momentos. 'Tendremos que acampar allí mismo' pensó, lamentándose por no haber cubierto más terreno ese día. Estaba comenzando a oscurecer y según sus cálculos aún estaban demasiado lejos del próximo pueblo como para llegar antes del anochecer.
Tenzou se consoló pensando en que si redoblaban la marcha al día siguiente podrían llegar a la aldea en un par de días. Si había aguantado dos semanas bien podía soportar dos días más, ¿cierto?
Por lo pronto, unos minutos más de penosa marcha bastaron para que divisara el lugar perfecto. Volviéndose al grupo les hizo la señal correspondiente con la mano y todos se detuvieron. El altercado por otro lado, todavía estaba en pleno auge.
"…y qué vas a hacer tonto, ¿acusarme?"
"Búrlate ahora, pero yo voy a ser Hokage y entonces…"
"¿Entonces qué?" le desafió Ino.
"Puedo reasignarte, ¿qué tal en servicios internos?"
"¡No te atreverías!" replicó alarmada y no era para menos. La pretenciosa kunoichi reducida a poco menos que ser la criada del Consejo. ¡Realmente no se podía pedir un trabajo peor!
"¡AJAAAA! Si te preocupa es porque admites que SÍ voy a ser Hokage, ¿ne, ne?"
La cara de horror de Ino terminó por darle la victoria a Naruto, al menos en esa partida. Alzando los puños alternativamente, el escandaloso Jinchuuriki hizo el baile de la victoria alrededor de la desencajada kunoichi, mientras sus otros dos compañeros se reían discretamente de la situación. Tenzou estaba seguro de que la venganza por esta humillación no se iba a hacer esperar y que todos iban a sufrir por ello el resto del camino a casa.
"¡Bien, es suficiente, Ino, Naruto!". Su tono no dejaba lugar a rebeldías y los acalló enseguida. "No conseguiremos llegar a tiempo al siguiente pueblo, así que tendremos que prepararnos para acampar antes de que caiga la noche".
Sus palabras fueron recibidas con diferentes gruñidos, mezcla de alivio y resignación.
"Acamparemos justo allí" señaló hacia la ladera de la montaña a unos cincuenta metros de distancia. "Está bien resguardado y nos permitirá montar una guardia sencilla. Choji, tú te encargaras de armar el campamento, Shikamaru y yo prepararemos el perímetro y colocaremos las trampas. Ino prepara la fogata y las raciones de…"
Tenzou se detuvo cuando se hizo bien consciente del implacable escrutinio de cuatro pares de ojos, atentos, vidriosos y suplicantes, que le miraban fijamente. ¡Oh, el sabía bien lo que querían! Era lo que todos querían siempre que les tocaba acampar con él.
¡Rayos! Definitivamente estaba perdiendo su toque con esta misión.
"¡Está bien!" suspiró derrotado.
"¡JA-JA, eres el mejor Yamato-taicho!" Naruto palmeó alegremente, corriendo hacia el lugar designado, seguido de cerca por sus compañeros.
"No olvide hacerme una habitación separada de estos tontos, Taicho" recalcó Ino agitando con dramatismo su cabellera. "¡Lo más lejos posible para no oírles roncar!".
"¡Hey, yo no ronco!" se quejó Choji dándose por ofendido.
"¡Si tú eres el peor, después de la máquina de pedos aquí presente, claro!" hizo un gesto despectivo hacia Shikamaru quien se encogió de hombros por toda respuesta.
"¡JAJAJA! ¡Sakura nunca se queja de mis pedos!" dijo Naruto como si tal hazaña fuese motivo de orgullo.
"No me extraña…" replicó Ino.
"¿Qué quieres decir con eso?"
¡Y allí iban de nuevo! La idea de amordazarlos comenzaba a ser muy, muy atractiva.
Moviendo sus manos en los sellos necesarios tan pronto llegaron al lugar elegido, Tenzou activó el Mokuton - Shichuka no Jutsu, haciendo aparecer del mismo suelo y en pocos segundos una cabaña amplia y confortable en la que pasar la noche. ¿Dónde había quedado el espíritu de aventura y sacrificio de las nuevas generaciones? Por la forma en que se pelearon por entrar primero, era obvio que dormir bajo las estrellas y combatir la plaga nocturna ya no significaba nada para ellos.
Con otro suspiro desganado, el jounin alcanzó al grupo en el interior de la cabaña. Todos ya estaban descargando las mochilas, desparramados por el piso apenas pasar el umbral, como si realmente no pudieran dar un paso más.
"Atención chicos, las tareas que les asigné siguen pendientes", les regañó, cruzándose de brazos ante el patético espectáculo que daban. "Cuando terminen podrán descansar".
"¡Sí, Taicho!" contestaron al unísono sin demasiado entusiasmo.
"¿Y qué hay de mi, Taicho?"
Poniendo su mochila en el suelo, el jounin se volvió hacia el alocado rubio que le miraba expectante.
"Encárgate de traer agua, Naruto. El río esta a un par de kilómetros en esa dirección". Tenzou se aseguró de apuntar con claridad para que no hubiera confusión posible. Ino no exageraba sobre las habilidades de Naruto para perderse.
"¡Ya estoy en ello, Yamato-taicho!"
Con su típico entusiasmo, el hiperactivo jinchuuriki saltó enseguida a cumplir con su tarea, recogiendo las cantimploras de todos y saliendo disparado en la dirección indicada. Enseguida, Tenzou sintió sus hombros aflojar la tensión por reflejo. Algo de tranquilidad vendría de separarlos por un rato, al menos.
Tan pronto regresara a la aldea se prometió a sí mismo invitar un trago de sake a Sarutobi Asuma y a Kakashi-sempai, sólo a cuenta de haber sido capaces de aguantar a sus respectivos monstruos rubios sin estrangularles.
Cosa que él, aún no estaba muy seguro de lograr.
-o-
El cuerpo menudo de Sakura rodó con violencia varios metros a través del escabroso terreno que ella misma había destruido una hora antes con su puño. Podía sentir el calor quemándole la piel tanto por el roce con el suelo rocoso, como por la enorme bola de fuego que casi la mata y que apenas pudo esquivar a tiempo.
De alguna forma logró recuperar el suficiente control como para detenerse, su cuerpo adolorido y encogido en cuclillas preparado tanto como podía para el próximo ataque. Y conociendo a su enemigo, era cuestión de pocos segundos antes de recibir el siguiente golpe.
No podía sentirlo, pero sabía bien que él le asechaba, esperando el mínimo descuido para sorprenderla. La kunoichi maldijo mentalmente mientras se ponía de pie, tratando de controlar su respiración agitada al tiempo que afinaba sus sentidos. Pero era muy difícil cuando, no sólo estaba agotada, sino también extremadamente frustrada con la situación. Era en verdad triste y más que un poco patético pensar en como las cosas no habían cambiado mucho respecto al entrenamiento del día anterior.
De nuevo, Sakura apenas y podía defenderse de los ataques despiadados de un psicópata.
Porque en ese momento, la kunoichi estaba por completo convencida de que el copyninja sufría de un desorden de personalidad múltiple y en realidad no estaba entrenado con su viejo sensei, sino con demonio salido de las viejas historias de horror propias del folklore local; algo como un Tengu sanguinario en busca de un sacrificio humano para saciar su sed de carne fresca.
'Y yo soy el plato principal en el menú del día'.
El leve rumor de la tierra a sus espaldas fue la única advertencia que recibió. Volviéndose sobre sus talones se encontró con lo que sólo podía ser descrito como una ola masiva de piedras y barro dirigiéndose a ella como un auténtico tsunami.
'¡Oh no, de esto sí que no voy a escapar!'
Alimentada por la frustración acumulada en su sistema, la kunoichi le plantó cara a la masa rocosa que se acercaba a alta velocidad, arrojando una sombra alargada sobre ella, lista para sepultarla viva allí mismo. Cuando la tuvo encima, Sakura saltó hacia ella blandiendo un puño cargado de chakra. Acompañando el movimiento con un grito de guerra, hizo contacto con la ola y la atravesó sin dificultad iniciando un efecto devastador y deshaciéndola enseguida en poco más que una inofensiva montaña de rocas, sobre la que aterrizó –de forma un tanto aparatosa– pero con la victoria a su favor, sin duda.
O al menos para ella se trataba de una pequeña victoria en una guerra perdida.
Por lo demás, el copyninja le estaba dando una paliza.
La polvareda a su alrededor comenzó a dispersarse con el viento fuerte que refrescaba el final de la tarde, arrastrando consigo las enormes nubes oscuras de una tormenta en ciernes. Apartando el sudor y la tierra de sus ojos, la kunoichi hizo recuento de sus fuerzas: veinte por ciento de chakra, no mucho más de estámina, al menos dos costillas fracturadas, magulladuras y cortes varios y la muñeca izquierda dislocada. Ese era el saldo hasta el momento.
¡Oh, sí que estaba muy jodida!
Llevaban ya más de dos horas entrenando, y la kunoichi estaba además mentalmente exhausta. Todas sus tácticas para acorralarlo y acercarse lo suficiente para molerlo a golpes habían fracasado, tanto por su velocidad como por lo difícil que era tomar por sorpresa al insufrible genio ninja.
Dejándose caer en cuclillas, trató de recuperar el aliento sin perder la concentración. Estaba ya tan agotada que hasta eso resultaba difícil para ella de momento. Mirando a su alrededor intentó de buscar algo en el entorno que pudiera darle alguna ventaja. ¡Si tan solo pudiera tenderle una trampa!
"¿Vas a rendirte tan pronto?" la irritante voz venía de algún lugar indefinido a sus espaldas.
"¡Eso quisieras!"
Tan pronto terminó de hablar y ya le tenía encima, blandiendo un kunai que esquivó por milímetros al dejarse caer de espaldas. Sin perder el ritmo lanzó una patada a sus pies que él esquivó con un brinco sencillo. Desde el aire le mandó una lluvia de kunais que ella desvió como pudo, echando mano de uno de ellos y usándolo como escudo. No los pudo desviar todos claro y uno pasó cortando su muslo derecho, haciéndole sangrar.
'¡Mierda!' Era hora de cambiar de escenario o no duraría mucho más en terreno descubierto. Poniéndose de pie como pudo, lanzó un par de bombas de humo para ocultarse y correr hacia el bosque cercano. Allí tendría una última oportunidad de acorralarle en la espesura antes de agotar su chakra.
Sin adentrarse demasiado, Sakura se detuvo justo frente al árbol más robusto y ancho que pudo encontrar. Este nuevo plan era una apuesta riesgosa, pero a estas alturas era eso o sumar una humillación más a la lista, larga y preocupante, que tenía el copyninja a cuenta suya.
Plantándose firmemente en el sitio, un kunai en cada mano, la kunoichi esperó atenta a que llegase su enemigo. Gotas de sudor rodaban profusamente por un rostro enrojecido, su pulso inestable dando cuenta del agotamiento severo que sufría. Con cada segundo su concentración se debilitaba, el dolor de sus heridas distrayéndola demasiado de la simple tarea de estar alerta.
Cuando le pareció que había trascurrido una eternidad, oyó el rumor renovado del viento acompañado de una ola de calor que nada tenía de natural.
Saltando lo más alto posible, Sakura esquivó una nueva bola de fuego que se estrelló con fuerza en el árbol, estremeciendo sus ramas y arrojando hojas de todos los colores por doquier. A través de la distorsión creada por las llamas, le vio. Kakashi estaba de pie unos metros más adelante, mirándola impasible. Apoyando los pies en el tronco, se dio un impulso ayudado por el chakra y salió disparada como una flecha en dirección al copyninja. Este la esquivó con facilidad saltando hacia atrás, moviendo ya las manos para activar un nuevo jutsu, pero esta vez ella no le iba a permitir terminar.
En lugar de perseguirle, Sakura lanzó dos kunais preparados, uno con cada mano a ambos lados del copyninja, los cuales le pasaron de largo, girando en ángulo a sus espaldas, devolviéndose hacia ella en una trayectoria imposible. Kakashi se volvió alarmado, pero ya era tarde. La kunoichi le había atrapado entre una multitud de delgados hilos metálicos infundidos en su chakra, que respondían a sus órdenes como las cuerdas de un marionetero –era un truco que había aprendido de la abuela Chiyo, después de todo.
Una descarga de energía y los hilos se enredaron enseguida en torno a él como si tuvieran vida propia, inmovilizando sus brazos y piernas con prontitud. Con un giro de su muñeca apretó las cuerdas con chakra y entonces…
"Puff"
'¡Era un maldito bunshin!'
Por instinto más que nada la kunoichi retrocedió enseguida de un salto, justo a tiempo para esquivar el puño que salía de la tierra bajo sus pies y que, de haber conectado, la habría desmayado como mínimo. Aún en el aire, trató de alcanzar la bolsa en su cintura para sacar un par de bombas de humo pero ya era tarde. Kakashi había salido disparado tras ella, ganándole en velocidad. Cuando le tuvo encima trató de conectar un puño pero él fue, de nuevo, mucho más rápido, bloqueándola con su brazo y arrastrándola con él en su vuelo.
Aterrizaron juntos en contra del mismo árbol enorme en donde se había iniciado el ataque, su espalda recibiendo por entero el golpe del peso de ambos contra su irregular superficie. Enseguida, resbalaron varios metros hasta caer al suelo. ¡Esta era la oportunidad que había estado esperando! Kakashi había inmovilizado sus dos brazos en la trifulca, pero no sus piernas. Sin darle tiempo a reaccionar, Sakura giró un poco sus caderas para lanzar una patada lateral contra su costado y que conectó con un satisfactorio crujido. A pesar de la fuerza del movimiento, no logró desplazarlo más que unos pocos centímetros a la izquierda, su agarre en ella sin ceder en lo más mínimo.
Cuando iba a repetir el movimiento Kakashi se le adelantó, lanzando su cabeza hacia ella y golpeándola con fuerza en la frente, el metal del hitae-ate cortando su delgada piel con facilidad. Sakura sintió como si una enorme campana hubiese sido tocada dentro de su cabeza. Aturdida por el golpe, apretó los dientes tratando de aferrarse a su conciencia. Las rodillas le fallaron y hubiera caído al piso si el copyninja lo hubiese permitido.
Pero él tenía otros planes para ella. Activando un jutsu hizo que la tierra se levantara alrededor de sus pies, atrapando y comprimiendo las piernas de la kunoichi hasta la altura de las rodillas y contra el tronco. Con una de sus manos, tomó las dos muñecas y le inmovilizó los brazos sobre su cabeza; con la otra, sacó un kunai de su bolsa y lo apretó contra su cuello, el frió metálico y cortante devolviéndole la lucidez más rápido de lo que un balde de agua helada podría.
Parpadeando varias veces hasta poder enfocar, la kunoichi se encontró indefensa y efectivamente atrapada entre él y la madera chamuscada y aún humeante a sus espaldas. Un hilo de sangre corría desde su frente hasta la comisura de sus labios, el sabor metálico provocándole nauseas enseguida.
"¿Eso es todo lo que tienes?" preguntó el copyninja a secas.
"Te aprovechas porque estoy fuera de forma…" balbuceó, tratando sin éxito de librar sus muñecas del agarre perfecto de su mano.
"¿Crees de verdad que algún día vas a ganarme así?"
Kakashi estaba de un humor más que extraño. Sus palabras eran secas, arrogantes y su aura era bastante más violenta de lo que un ejercicio justificaba. Sakura trató de no pensar mucho en ello, pero era difícil cuando le tenía encima, sus cuerpos a pocos centímetros de distancia, los ojos dispares clavados en su rostro.
"Naruto y yo ya te derrotamos una vez, ¿recuerdas?" Ella nunca lo iba a olvidar al menos. La segunda vez que les tocó luchar por los infames cascabeles había sido una prueba muy dura, pero la victoria fue uno de los momentos más significativos para ellos en su progreso como ninjas.
"¿Realmente piensas que en una situación de vida o muerte, yo voy a detenerme por algo tan insignificante como el final de Icha Icha?"
Sakura lo miró, confundida. Pensándolo bien, esa había sido una reacción bastante estúpida de su parte. Pero en aquel entonces Kakashi no era para ella mucho más que el ninja flojo e inadaptado que siempre había conocido, así que no lo pensó dos veces. Habían encontrado una debilidad y la habían aprovechado; de eso se había tratado el ejercicio, ¿no? No había razón entonces para cuestionar su victoria.
Ahora, este Kakashi que cambiaba su actitud afable por una máscara de porcelana blanca en un parpadeo, era seguro que no se detendría ante nada que no fuese la muerte misma.
"Hicimos lo mejor que pudimos entonces y…".
"No quiero oír tus excusas". Kakashi la cortó, acercando el rostro al suyo. "¡Con esta actitud mediocre e infantil nunca vas a llegar a ser jounin!"
"¿Qué actitud? ¡Eres tú quien tiene una mala actitud desde que llegamos!"
Sakura comenzó a molestarse en serio. ¿Quién rayos se creía para hablarle así? Era él quien parecía molesto sin razón y actuaba de forma extraña para empezar. Si no hubiese estado tan furiosa, tal vez hubiese considerado con mucho más cuidado el peligro que se ocultaba tras el ánimo inestable del shinobi. Era ella quien tenía el kunai al cuello, después de todo.
"Vengo aquí para entrenar a un jounin, no para cuidar tus sensibilidades" la kunoichi abrió la boca, ofendida, pero no le daría tiempo de replicar.
"En la primera lección del Team 7 les dije que sólo si venían a mí con intensión asesina podrían vencerme. Todo lo que obtengo de ti hoy es un patético intento por golpearme sin lastimarme".
Enseguida la kunoichi volvió el rostro a un lado, evitando su mirada.
"Esa última patada debió haberme mandado a volar al menos veinte metros después de romper todas las costillas en mi cuerpo".
Era cierto. Por todo su mal carácter y sus maneras violentas para lidiar con los problemas, la kunoichi era incapaz de enfocar el verdadero deseo de matar en él.
¿Era la inactividad? En su corazón el deseo de salvar vidas estaba tan arraigado que la idea de matar se había vuelto incompatible con su forma de vivir en los últimos dos años. La guerra tenía buena parte de la culpa. Luego de ver morir a tantos compañeros ninja, a tantos civiles inocentes, no quedaba en ella el deseo de luchar sino para proteger, nunca para matar. Menos por una razón tan inútil como la ambición de poder y venganza que les había destruido. Sin embargo, Sakura sabía que tarde o temprano otra guerra tocaría a sus puertas y tendría que estar preparada para defender lo que era preciado para ella.
Entonces, ¿por qué le costaba tanto ahora actuar como la kunoichi que era?
Una serie de truenos retumbaron a poca distancia, sobresaltándola. La tormenta estaba casi sobre ellos.
"Te contuviste y fuiste derrotada" prosiguió implacable. "Por eso no hay lugar para la compasión en el campo de batalla."
"No pensé necesario llegar a tanto en un entrenamiento…" contestó a media voz, sin poder contener el deseo de justificarse un tanto, más para sí misma que para el copyninja.
"Soy yo quien decide hasta donde llegar".
Kakashi se alejó un poco de ella, mirándola de arriba a abajo sin soltarla ni aflojar el kunai en su cuello. "¿Acaso crees qué por haber sido mi alumna, voy a darte un trato especial, hm?"
"¡Claro que no!" replicó de inmediato, molesta por las implicaciones. Ella no estaba donde estaba por deberle favores a nadie.
"No voy a graduar shinobis mediocres que sólo sean una carga para sus compañeros".
Ese comentario le tocó demasiado cerca, justo en esas inseguridades y miedos que le asechaban desde niña. ¿Acaso seguía siendo una carga? Sakura se mordió la lengua conteniendo una mezcla de gritos y rabia y un montón de lágrimas que su orgullo no le iba a perdonar nunca si las dejaba ir ahora y delante de él.
Odiaba sentirse tan fuera de control, tan vulnerable, sólo por un comentario malintencionado. ¿Ésta era toda su fuerza acaso? Había trabajado muy duro para superarse, para ser mejor cada día, como médico y como kunoichi. Pero era evidente que aún estaba muy lejos de la meta, si en el calor de una batalla como esta, se desmoronaba como una muñeca mal ensamblada ante la presión.
"La aprendiz de Tsunade es una gran decepción…" apretando un poco más el kunai contra su cuello se acercó de nuevo, atizando la llama de su temperamento sin piedad. "…una vergüenza para su nombre".
"Cállate…" masculló con rabia, mirándole con todo el resentimiento que podía conjurar.
"¿Qué dijiste?"
Enseguida apartó los ojos sin poder contestar o sostener la intensidad de su mirada. Tenía la garganta comprimida con todo lo que no quería dejar salir. Ya no quería oírle más, o sabía que se iba a quebrar.
"Tal vez sea mejor que vuelvas al hospital a esconderte tras tus libros, Sakura" se burló con pedantería ante su silencio, su voz tan extraña como odiosa en sus oídos. "Luchar es para los valientes que no cierran los ojos al miedo… como tú".
Ella sería muchas cosas pero nunca una cobarde que renunciaba al primer tropiezo, que se escondía tras sus propios miedos. La kunoichi volvió a mirarle, desafiante, perdiendo lo último que le quedaba de su frágil compostura.
"¡No me importa lo que pienses de mi, yo voy a ser la mejor jounin que ha visto esta aldea en años!" gritó forcejeando de nuevo con brazos y piernas, tratando de liberarse, segura de que un montón de lágrimas se le habían escapado, traicioneras. "¡Aunque tenga que matarte para lograrlo!"
Era una fanfarronería exagerada, desde luego, pero ella ya no pensaba con claridad y si algo, tenía que darse ánimos a sí misma, o Kakashi terminaría de pisotear lo poco que le quedaba de autoestima allí mismo.
"Una niñata como tú no tiene lo necesario…" aseguró implacable.
"¡Ya no soy una niña, soy una kunoichi!"
"¿En serio?" preguntó, aparentemente divertido con la pobre resistencia que ponía, "¿entonces ya estarás dispuesta a usar todo el potencial de tu cuerpo como un arma?"
"¿Qué cosa?"
En ese momento, el kunai en su cuello comenzó a moverse sugestivamente en respuesta, la punta siguiendo un complicado trazo alrededor de su garganta en lo que pretendía pasar por una caricia más que peligrosa.
"Eso es parte de ser una kunoichi, ¿no? Seducción, chantaje sexual, prostitución".
"¡Yo no soy esa clase de kunoichi!" respondió alarmada, la garganta seca con renovada aprehensión. No le gustaba nada el rumbo que estaba tomando la conversación ni el aura violenta que emitía el copyninja, y que le provocaba el estremecimiento de todos sus instintos de supervivencia. Algo oscuro se extendía tras sus ojos amenazando con devorarla. Kakashi estaba jugando con ella, tratando de asustarla, de probar sus límites, su resistencia, razonó tratando de calmarse un poco. Todo eso era normal para el nivel de especialización al que aspiraba.
"¡Oh, ninguna lo es!" aseguró el jounin con tranquilidad mientras continuaba jugando con el kunai, ahora moviéndolo por su rostro. "Pero los jounin tienen que tomar misiones así. ¿Qué harás cuando te toque una, negarte?"
"¡Claro que me voy a negar!" aseguró enseguida, plenamente conciente que rehusar una orden semejante era visto como traición y era castigado hasta con la muerte, dependiendo del caso.
"¿Por qué no lo pruebas entonces?" El desafío en su voz era perfectamente real, sus ojos dispares y vacíos de luz no dejaban lugar a dudas.
Sakura dejó de respirar cuando sintió el filoso kunai comenzar a bajar hacia su pecho, cortando con violencia su ropa hasta dejar los vendajes que aseguraban sus senos a la vista.
"¿O vas a dejar que abuse de ti?"
Sus cuerdas vocales estaban paralizadas, un grito de horror perdido en el asombro. ¡Esto tenía que ser una pesadilla! O tal vez el golpe en la cabeza la estaba haciendo alucinar. Pero la punta del kunai trazando círculos alrededor de su ombligo era perfectamente real para sus ojos y tanto como para su piel.
Con un movimiento rápido, Kakashi clavó el kunai contra el árbol, a milímetros de su cara, cortando miles de cabellos rosas de tajo que cayeron en cascada sobre la piel recién expuesta. Eso, como nada, la hizo reaccionar.
"¡¿Estás loco! ¡Déjame ir!" Sakura reanudó el forcejeo, aterrada del vacío que había en su semblante. Allí estaban de nuevo esos ojos oscuros como detrás de la porcelana blanca; como si estuvieran de vuelta en la sala de emergencias aquella noche en que le atendió como ANBU. Sólo que esta vez, la intención asesina sí que estaba dirigida a ella. Enseguida sintió ganas de vomitar.
"¡Déjame ir!" reiteró asustada.
Kakashi acercó el rostro hasta su oído.
"No".
Dedos callosos asieron la piel de su cintura, apretando las carnes con fuerza en una caricia ruda.
"¡No sigas con esto!" suplicó medio histérica, sus esfuerzos por librarse, completamente inútiles.
Subiendo rápidamente la mano llegó hasta uno de sus senos, cerrándose sobre el hasta arrancarle un grito de dolor. El masajeo violento se volvió más frenético, los dedos enterrándose con fuerza, arrancando los vendajes y buscando tocar la piel que estaban mancillando.
"¡Suéltame!" sus reclamos hacían poco más que incitarle. ¡Esto estaba mal! Se sentía enferma, a punto de hacer arcadas, un escalofrío de repulsión atravesado en su espalda. ¿Cómo era posible? ¡Esto no estaba pasando!
¡Este hombre no era Hatake Kakashi!
Kakashi nunca la lastimaría.
Con buena parte de las vendas finalmente descartadas en el suelo, su mano se paseó libremente y con rudeza por todo su pecho, su toque asqueándola por completo. No podía defenderse, tampoco podía detenerle. Estaba siendo abusada de una forma denigrante, la humillación calentándole el rostro junto con la rabia y una desesperación que nunca en su vida había experimentado.
Kakashi no...
Agarrando uno de sus maltratados senos, esta vez sus dedos apretaron con malicia el sonrosado pezón, halándolo y torciéndolo hasta el límite. El grito le desgarró la garganta y rompió lo último que le quedaba de cordura. Todo el poder que tenía embotellado dentro salió de un sólo golpe.
"¡SUÉLTAME YA!"
La explosión de chakra en sus puños fue tan violenta, que aunque el movimiento de sus manos no alcanzó al copyninja de lleno, sirvió para enviarlo a volar muchos metros hacia atrás, obligándolo a hacer uso de un árbol para frenarse, sus pies hundiéndose en el tronco con la fuerza del aterrizaje.
Enseguida, Sakura se dejó caer hacia delante, sus piernas ya libres de la prisión de tierra eran ahora incapaces de sostenerla. Con ambas manos se aferró al suelo, desesperada por sentir algo de estable que detuviera el mundo girando tras sus parpados, que le ayudara a luchar contra las nauseas que retorcían su estómago. Estaba temblando sin parar, respirando con grandes bocanadas de aire y forzando a sus pulmones a trabajar extra para no perder el conocimiento. La brutal descarga de chakra la había dejado al límite de sus fuerzas.
Al abrir los ojos los moretones en sus muñecas, tornándose cada segundo más oscuros, le sobresaltaron fuera de su estupor.
Sakura levantó la mirada.
En cuclillas, aún clavado sobre el tronco, Kakashi la observaba impasible.
"Tal vez quieras pensar más las cosas…" dijo al tiempo que se ponía de pie, su figura perpendicular al suelo. Librando sus pies con facilidad, comenzó a subir por el tronco, las manos en los bolsillos con la naturalidad de siempre.
"Todavía estás a tiempo" remató.
No tenía idea de donde había sacado la suficiente presencia de ánimo para contestar, pero Sakura se encontró lanzando su propio desafío para el copyninja.
"Sé lo que estas haciendo y no lo vas a conseguir" la kunoichi se puso de pie con dificultad, cubriendo su pecho con los trozos de ropa que le quedaban. "¡Y lo último que voy a hacer ahora es darme por vencido, ¿me oyes?" gritó exaltada, la figura del shinobi desapareciendo en la espesura de las ramas con el eco de su voz.
El cielo se abrió finalmente con un trueno que sacudió la tierra y la lluvia comenzó a caer en gruesas gotas que golpeaban contra su rostro, trayendo la sobriedad en una promesa.
'Lo último que voy a hacer ahora, es alejarme de ti…'.
-o-
Las llamas danzaban alegres, lamiendo las rocas de la improvisada fogata. Sobre ella, cinco raciones de viaje se calentaban a la vista de comensales hambrientos. No era mucho, pero luego de horas de viaje y desgaste, hasta la comida más espartana era un verdadero banquete para el paladar más exigente. A juzgar por el hilillo de baba que se escurría por el mentón de Choji, esto era tan cierto como el cielo presagiando tormenta sobre sus cabezas.
Tenzou se quitó su hitae-ate, distraído en la tarea de pronosticar el clima. El alivio que sintió al retirar la pesada pieza metálica fue inmediato. Frotándose el rostro y luego el cabello, logró despejar un tanto su cansancio. El día había sido largo como ninguno, y poder disfrutar del calor de una fogata en una noche fría y a la espera de una comida caliente era un lujo casi celestial.
¿Lo mejor de todo? El silencio. Sentados juntos en torno al fuego, todos se encontraban demasiado hambrientos como para hablar. Eso sin contar, claro, que había una notable ausencia que mantenía el precario equilibrio de paz en el grupo.
"Naruto se está tardando bastante, ¿no?" Shikamaru comentó sin dirigirse a nadie en particular, su mano frotando distraídamente la perilla que se estaba dejando crecer desde que comenzara la misión.
"El tonto se perdió de nuevo, ¡vaya sorpresa!" Ino señaló lo que parecía obvio, con absoluto desagrado.
"Si así fuese ya habría mandado a cien de sus clones a buscarnos" le objetó enseguida con su implacable lógica.
"Entonces se quedó dormido a la orilla del río, ya lo verás…" descontó aburrida. Tenzou estaba seguro que ella podría citar al menos otras diez razones para la ausencia de Naruto, y todas serían perfectamente factibles, de seguro.
"Hmn…" el Nara zumbó pensativo, aparentemente sin ganas de seguir argumentando con Ino.
Tenzou se movió en su lugar, repentinamente incómodo. Tal vez era el mal clima que se aproximaba o la tensión que comprimía sus hombros desde que se había iniciado la misión, pero algo no le estaba sentando bien con la situación. Cuando levantó la vista del fuego ardiendo a sus pies, se encontró con la mirada avispada de Shikamaru.
Entonces lo supo sin duda. Algo no andaba bien.
"Empiecen ustedes, yo iré a buscar a Naruto".
Ino le hizo una trompetilla de burla volteando los ojos exageradamente, pero él prefirió ignorar su típica grosería en favor de darse prisa. "Shikamaru…" la frase quedó en el aire, pero el joven shinobi entendió enseguida lo que tenía que hacer, asintiendo en respuesta.
Tomando de nuevo su hitae-ate y ajustándolo con premura, Tenzou comenzó su camino hacia el río, siguiendo la misma dirección por la que había enviado a Naruto hacía más de una hora. Avanzando en la creciente oscuridad del anochecer, el jounin se encontró dando cada vez más prisa a sus pasos, sin razón aparente.
-o-
Abriendo el grifo al máximo, el copyninja dejó caer su cabeza bajo el chorro de agua saliendo a toda potencia. Si el karma existiese, se ahogaría allí mismo como el bastardo mal nacido que era.
Pero esas cosas no le pasaban a él. ¡Oh no! Contra todas las probabilidades él seguía con vida, aun habiéndose ganado el pasaje al infierno mil veces de ida y sin retorno. Hoy, de seguro, se había ganado el derecho de ser recibido por el mismísimo demonio en persona.
Levantando la cabeza, dejó escurrir el agua que empapaba su cabello hacia su cuerpo libremente, mientras se miraba al espejo con el mismo asco de siempre. ¿Qué estaba haciendo? Acaso se había diluido tanto en su propia locura que comenzaba a cruzar los límites que él mismo se había impuesto; límites que le mantenían a salvo de sí mismo; límites que mantenían a salvo a los demás.
Un puñetazo violento contra la pared y el rojo comenzó a teñir las descoloridas baldosas. Dos, tres, cuatro más, hasta que dejó la pared dentada y logró sentir algo de alivio en el punzante dolor asaltando las terminaciones nerviosas de su mano.
Lastimarla tenía un propósito, se dijo a sí mismo sin convicción. Lastimarla era lo mejor que podía hacer para prepararla contra la mierda de mundo que se le venía encima, y si se acercaba más, para prepararla en contra de él… para alejarla.
Para protegerla.
Una sonrisa le partió los labios. Era él quien no se podía alejar. Era él quien perdía la compostura ante la más mínima señal de afecto, de preocupación sincera. Era él quien estaba enfermo de soledad y de rabia y ya no podía tolerar ver la luz brillar en otros. ¡Era tan ridículo! ¡Absolutamente patético! Carcajadas incontenibles salieron de su cuerpo sin control por varios minutos, como los aullidos de un lobo herido cantándole a la muerte el pasar de su agonía.
¡Su vida era una mierda!
Apretando los dientes, se detuvo abruptamente, recuperando la compostura con la misma rapidez con que la había perdido. Cerró el grifo con movimientos mecánicos y apartó los cabellos de su rostro.
Al volverse, la presencia que había sentido a sus espaldas le miraba contrariado desde la ventanilla de ventilación del baño, su diminuto cuerpecillo verde visiblemente agitado.
"Kakashi-kun, es urgente-cro" dijo al tiempo que saltaba hasta sus pies, "tienes que ir a la Torre de inmediato-cro".
El tiempo de las lamentaciones se había terminado.
Otra oportunidad de morir había llegado.
-o-
El agua cristalina y la corriente suave eran la mejor invitación a remojar sus pies cansados que se podía pedir. Lleno de entusiasmo, Naruto se deshizo de sus sandalias, remangó sus pantalones y se dio el gusto de su vida. Sentándose a la orilla, procedió a lavarse la cara vigorosamente, y luego a llenar las cantimploras de sus compañeros. Una a una las dejó a un lado una vez llenas, tendiéndose de espaldas cuando la tarea estuvo completa.
¡Ah, realmente podía quedarse allí mismo a pasar la noche! Cualquier cosa sería mejor que tener que seguir soportando a Ino y su tono estridente lleno de quejas sin sentido. Tal vez podría convencer a Yamato-taicho de dejarle quedar allí. Sería perfecto acostarse oyendo el agua correr mientras contaba estrellas hasta quedarse dormido. ¿Cuántas veces lo había hecho así cuando niño, acampando con el Team 7? Una sonrisa se asomó a su rostro al pensar en su familia. Realmente les extrañaba más cuando estaba lejos de casa. Era un poco tonto a su edad, pero no podía evitar ponerse nostálgico cuando se sentía solo.
Naruto paseó la vista por las nubes que colmaban el cielo con la amenaza de tormenta y de inmediato hizo un puchero. ¡Adiós a su idea de acampar! Prefería dormir seco a complacer su nostalgia infantil, la verdad.
Entonces un gruñido de fastidio se le escapó junto con todo su buen ánimo. La misión en la que estaba atrapado apestaba tanto como la vieja Hokage olía a rancio. No podía creer que le habían asignado de nuevo a otra aburrida comisión de diplomacia. Con esa idiotez de que luego de la guerra él se había convertido en el símbolo de unión y confianza entre las naciones, pasaba más tiempo besando traseros que pateándolos.
¡La inactividad lo iba a volver loco a este paso!
Frotándose la cara con ambas manos, se dio un par de vigorosas cachetadas para despejarse. ¡Realmente quería volver a casa de una vez! Apenas al llegar llevaría a Sakura-chan a comer a Ichiraku como siempre y luego, directo a la Torre Hokage para darle a la vieja senil un reporte completo de lo que pensaba de su cochina misión y lo que iba a hacer si volvían a enviarle en una.
¿Por qué no se retiraba de una vez y le daba el puesto? ¡A ese paso la iban a tener que momificar con todo y silla!
Naruto se rió con ganas de su propio chiste, tomándose de la barriga para contener las carcajadas. ¡Ah, seguro que a Ero-sennin le iba a gustar este! Reírse juntos de Tsunade-baachan era una de sus diversiones favoritas cuando salían juntos.
Eso también lo extrañaba mucho. ¿Cuándo había sido la última vez que los dos se hab…?
Entonces lo notó. Un ruido constante y no natural se distinguía claramente más allá de los árboles al otro lado del río. Sentándose con rapidez, afinó sus sentidos. Estaba seguro de que no era un animal salvaje porque ni siquiera sentía la presencia de otro ser vivo cerca de él. Ahora que lo pensaba bien, no se escuchaba nada más que el agua corriendo a sus pies. Era como si alguien hubiera apagado todos los sonidos de la naturaleza a su alrededor, espantando a toda la vida salvaje del lugar.
Algo era seguro, el extraño sonido estaba acercándose en su dirección. Naruto forzó la vista en la penumbra del atardecer, tratando de distinguir algún movimiento en la espesura. Su mano se movió por instinto a la bolsa de kunais en su cintura.
Fue un mínimo destello de chakra lo que le hizo saltar como un resorte y ponerse a la defensiva.
"¿Quién anda ahí?" gritó.
Finalmente apareció, la sombra de una persona, recortada contra la leve luz del final del día, un resplandor rojo como la sangre pintando el atardecer. Naruto entrecerró más sus ojos tratando de distinguir si el shinobi avanzando hacia él era amigable o no. Por alguna razón los vellos en su nuca se le pusieron de punta. El sonido de sus pasos definitivamente no era natural… ¿y por qué rayos seguía sin sentir su presencia?
Naruto tragó grueso, plantándose firme y apretando el kunai en su puño.
"¿Qué acaso estás sordo?" ladró mosqueado "¡Contesta si no quieres problemas conmigo!"
Sin responder, el extraño visitante continuó acercándose y Naruto comenzó a gruñir por lo bajo, tanto de rabia como de emoción. Con suerte se trataba de un fanfarrón que le daría algo de la tan ansiada diversión que necesitaba. ¡Nada como un poco de ejercicio antes de la cena!
Justo cuando se disponía a gritar de nuevo sus advertencias la figura dio un último paso, quedando al descubierto en un claro de luz.
El kunai en su mano cayó al suelo.
'No… no es posible'
Pero aquella particular mirada, despectiva y altanera en ese rostro mortalmente pálido, no podía pertenecer a nadie más que a él.
"¡Sasuke!"
-o-
NDA: (inserten risa maléfica y retorcida de su preferencia aquí).
Eh… cambiando de tema, publiqué en mi livejournal un extra sobre Kakashi's Closet, que incluye algunas divagaciones sobre mi headcanon respecto a Sasuke y Naruto, y… lo que era inevitable. ¿Recuerdan en el epílogo, cierta visita de Kakashi a Suna que involucraba el uso de un par de sus bunshins para fines pervertidos? ¡Oh si! Los que querían la continuación pues ya la tienen. El link está en mi profile. No dejen de comentarme que les parece, que por kami escribir smut decente tiene que ser lo más difícil de lograr en el planeta. (Oh, y no olviden leer las advertencias al inicio. Sobre aviso no hay engaño!)
Editado: 09-2010
