Capítulo 2: La Fiesta del Té

Siguiendo las instrucciones que le dio Estonia, o mejor dicho, "El Gato de Cheshire", Nikolai caminó por la senda que le señaló la chica para así ir a ver al famoso Sombrero Loco. Esperaba que él pudiera decirle cómo salir de aquel lugar que se le hacía cada vez más y más extraño. Después de todo no es algo muy normal caminar por un bosque y que de repente vuele sobre tu cabeza una libélula de dos cabezas y lengua en espiral, ver libros volando, aleteando con las tapas que cubren sus hojas, ver reptar a serpientes que en vez de rayas tienen lunares y un montón de extrañas cosas más que le resultaban difíciles de describir...
Ni en la más terrible de sus pesadillas o en el más increíble de sus sueños podría haber imaginado tales cosas. No por nada aquel lugar se llamaba "El País de las Maravillas"

De pronto, un pequeño ruido interrumpió su asombro: El gruñido de su estómago.
Recordó en ese momento que no había comido absolutamente nada en todo lo que iba del día
(a excepción del pequeño panecillo para crecer) y entre tanta caída y tanto caminar le había entrado hambre. Afortunadamente para él, este malestar no le duraría mucho, pues ante él apareció una graciosa liebre. Ésta llevaba una chaqueta azul con una pajarita amarilla y parecía muy nerviosa, pudo advertir incluso que tenía un pequeño "tic" en su ojo izquierdo, pues su párpado no paraba de temblar.

El bielorruso, se escondió tras un árbol con rapidez y sigilo, sacó su tan característica navaja, y esperó a que la liebre se acercara un poco.

Solo le llevó un par de segundos el salir de su escondite y abalanzarse contra el animal, el cual, para su sorpresa, dio un grito bastante humano cuando notó el cuchillo del joven sobre su cuello.

_ ¿¡Pero qué estás haciendo!? _Preguntó la liebre tumbada en el suelo bastante alarmada ante la presencia de aquella afilada arma sobre su garganta.
_ Oh, pero si puedes hablar. _Dijo con algo de indiferencia Nikolai, después de todo ya había visto muchas cosas raras en poco tiempo. No le sorprendía.
_ ¡Pues claro que puedo hablar! ¿O acaso ya no te acuerdas, Alicia?
_ …No pienso pasar por esto de nuevo. Me da igual quién seas o si me quieres llamar también con ese nombre. Tengo hambre y te voy a comer.
_ ¿En serio vas a hacer eso? _Preguntó la liebre soltando una sonorísima carcajada que dejó ciertamente descolocado a Nikolai. _¡Tu juicio está peor que la última vez! ¡Quererme matar a mí! ¡A quien puede hablar como tú, incluso vestir como tú!
_ Ya te dije que me da igual.

La liebre solo pudo reír más y más fuerte ante la respuesta del chico, el cual, ya se estaba empezando a cansar de todo. Así pues, con un rápido movimiento y aún bajo los estridentes cánticos de la parlanchina liebre, trazó la línea de la muerte sobre el cuello del animal.

La liebre calló sus risas, como notas de violines locos, bajo el arco en forma de cuchillo del joven.

Una vez acabado el trabajo, Nikolai limpió la navaja en su delantal, cogió a la liebre y la ató con el lazo decorativo que llevaba a su espalda a su pantalón. Guardó el cuchillo y siguió su camino pensando que cuando llegara a casa del sombrerero le pediría su cocina y la prepararía allí.

Tras una media hora caminando, el chico empezó a darse cuenta de que el paisaje iba cambiando poco a poco. Los árboles verdes habían dejado paso a pequeñas plantas y arbustos de una tonalidad mucho menos viva, mucho más gris. No soplaba el viento y las criaturas que había visto anteriormente habían desaparecido, o al menos, no paseaban por allí. Era extraño, era como si el tiempo se hubiera parado en ese lugar…

Finalmente llegó a lo que parecía una casita muy pequeña pero con un gran jardín rodeado por una valla de madera, con los tablones acabados en punta y bastante gastados pues habían perdido todo el color que en un principio tuvieran, estaban totalmente astillados y colocados de manera desordenada.

Entró en el jardín y vislumbró una enorme mesa rectangular cubierta por un mantel lleno de manchas de lo que parecía ser café y té. Sobre la misma se disponían numerosas tazas de té medio rotas pero con bellos diseños, platos y todo tipo de cubertería además de muchas teteras. Rodeando la mesa se hallaban varias sillas, mas la mayoría de ellas se encontraban vacías, a decir verdad, solo una estaba ocupada por la persona que menos esperaría ver Nikolai aquel día.

_ ¿¡Dmitri!? ¿Tú eres... el Sombrerero Loco?

Preguntó el chico al observar cómo su hermano mayor presidía aquella mesa y servía el té con una sonrisa tonta en su cara. El ucraniano, como el resto de las naciones que había encontrado Nikolai aquel día, también vestía de una manera un tanto estrafalaria: Una camisa rayada en tonalidades verdes, con botones de picas y acompañada de un lazo en blanco y negro cubrían la parte superior de su cuerpo, mas esta prenda quedaba ligeramente escondida por una chaqueta larga en color verde oscuro. Unos pantalones simples y de color blanco vestían sus piernas. Finalmente, lo más llamativo, el gran sombrero de copa que cubría su cabeza. Estaba ligeramente ladeado y tenía algún que otro parche, era cómico, la verdad.

_ ¿Quién me llama? ¿Quién eres tú?_ Preguntó el ucraniano levantando la mirada para descubrir a su nuevo invitado. _ ¡Oh, ya lo sé! ¡Alicia, cuánto has cambiado!
_ ¡Maldita sea, otro igual! ¡Que no me llamo Alicia, me llamo Nikolai! ¿¡Es que lo tengo que gritar para que todo el mundo en este maldito país se entere!? _Preguntó bastante exasperado el chico. ¿Por qué le confundían con una chica? ¡Si el de mujer nada tenía! Al menos que él supiera, claro.
_ Nikolai, Nikolai… Sin embargo eres Alicia. ¿No te has mirado en el espejo? ¡Bueno, mejor no mires, a ver si va a pasar lo que la otra vez! _Exclamó rápidamente Dmitri. Pero pronto se calmó e hizo una seña a Nikolai para que se sentara a su lado. _ ¿Quieres un poco de té?
_ No.
_ ¿¡N-no!? ¿Cómo puedes no querer té? ¡Q-qué cruel "Nikolai"! _Lloriqueó el rubio, algo que solía hacer con relativa frecuencia. Al ver que el bielorruso no se había sentado a su lado y que aún seguía en el otro extremo de la mesa mirándole con el ceño fruncido, se puso de pie, se subió a la mesa y caminó sobre ésta tirando varias tazas y derramando el té en el mantel, todo hasta acercarse a Nikolai. _ Hoy celebramos un día muy especial y hay que festejarlo con algo especial, con té, por ejemplo.
_ ¿Qué celebras? _Preguntó Nikolai viendo que su hermano mayor estaba realizando extraños movimientos, como por ejemplo coger una tetera, verter té en una taza cuyo fondo estaba roto y finalmente beber de esa taza, o mejor dicho, hacer con que bebía.
_ ¡El día de mi no cumpleaños!
_ ¿Y siempre haces… esto el día que no cumples años?
_ ¡Así es! Qué mal, creía que te acordarías… Ya te lo expliqué la otra vez, incluso cantamos una canción juntos.
_ Sí, claro, lo que tú digas… _Dijo Nikolai haciéndose "el loco", y nunca mejor dicho. _¿Y qué pasa cuando es tu cumpleaños?
_ Oh, eso no pasa nunca. _Dijo Dmitri sentándose ya en una silla y añadiendo varios terrones de azúcar a otra taza diferente. _ Siempre es hoy, nunca mañana. Ya sabes, cosas del Tiempo. Puede llegar a ser una persona muy caprichosa y rencorosa. Hace mucho que nos enfadamos y decidió detener el tiempo en mi casa, ¡y así ha sido hasta el día de hoy!
_ ¿El Tiempo es una persona…?
_ ¡Claro! ¿Qué iba a ser? ¿Un cuervo? ¡Por cierto! ¿Tú sabes en qué se parecen un cuervo y un escritorio?
_ No, ni tengo intención en averiguarlo. Es una pregunta estúpida.
_ Alicia, has perdido parte de tu curiosidad… Al final será verdad que eres ese tal "Nikolai"… ¿E-eres entonces una falsa Alicia? _Volvió a lloriquear el ucraniano.
_ Por fin alguien que lo entiende en este maldito país.
_ Y-ya veo, ya veo, es una pena… _Recuperando la compostura, el sombrerero volvió a sonreír y a beber té, esta vez directamente de una tetera. _ Por cierto, ¿has visto a la Liebre de Marzo? Ya debería de estar aquí, ¡se está perdiendo la fiesta de mi no cumpleaños! ¡Se está perdiendo el té!
_ ¿Una liebre dices? _Preguntó levantando una ceja Nikolai.
_ Sí. Lleva chaqueta y tiene los ojos saltones, además de que tiene un tic en uno de sus párpados.
_ ¿…No será esta?

En ese momento, el joven bielorruso desató a la liebre de su pantalón, la cual estaba cubierta por el delantal de su vestimenta, y se la mostró a su hermano.
El Sombrero Loco, se volvió más loco aún al ver a su amigo muerto, con el cuello cortado y su pelaje cubierto por sangre.

_ ¿Q-qué le ha pasado?
_ Tenía hambre y lo maté. No sabía que era alguien importante.

Dijo Nikolai encogiéndose de hombros mientras dejaba al animal sobre la mesa. En cuanto la dejó, Dmitri abrazó al animal con fuerza, haciendo brotar del pequeño animal algo más de sangre. De pronto, de los oídos del sombrero comenzó a salir humo y se escuchó el pitido que suelen hacer las teteras cuando hierve el agua en su interior.

_ ¡Ya nunca podrá tomar el té! ¡No puede beber té, se le saldrá por el hueco del cuello! ¿¡Falsa Alicia, qué has hecho!?

A Nikolai no le dio tiempo a contestar, pues Dmitri había dejado a un lado el cuerpo de la Liebre de Marzo y había comenzado a tirarle platos, tazas, tenedores y cuchillos. En un principio los pudo esquivar fácilmente, pero se dio cuenta de algo. Algunos de los cuchillos tenían ojos, una expresión de total enfado y parecían tener vida. Tal era el caso que, cuando volaban hacia él, si no le daban, volvían a intentar ensartarse en su cuerpo por ellos mismos. Volaban con rapidez hacia el chico.

El bielorruso, al percatarse de esto, sacó su navaja gran velocidad y combatió con los agresivos cuchillos, pero estos eran demasiados, así que no le quedó más remedio que correr, huir de allí. Esta vez no le importó la dirección y simplemente corrió lo más lejos que pudo. Aún con todo, los cuchillos no se daban por vencidos y le seguían persiguiendo a través de lo que ahora era bosque de nuevo.

Nikolai ganó terreno poco a poco, pero aún podía oír el aire siendo cortado por los temibles utensilios.

De pronto, llegó hasta la orilla de un enorme lago que portaba una cascada. Era la cascada que había visto a lo lejos minutos anteriores, cuando salió por primera vez de la pequeña puerta nada más caer por ese endiablado agujero, aquella del agua color azul brillante.
No le quedaba más remedio que tirarse al agua y nadar hasta la otra orilla o morir agujereado.

La respuesta estaba más que clara.

Así pues Nikolai se lanzó de cabeza y buceó un poco alejándose lo más que pudo de la orilla.
Los cuchillos, inexplicablemente, no le siguieron a pesar de que podían volar o podían haberse sumergido en el agua e intentar dañarle allí. No lo hicieron. Simplemente volvieron hacia la casa de su hermano, mejor dicho, del Sombrerero.

Nikolai nadó rápidamente hasta la otra orilla y al ver que se había librado de las garras de la muerte suspiró relajadamente calmándose por momentos, desafortunadamente este estado no le duró mucho, pues se dio cuenta que estaba volviendo a encoger.

_ ¿¡Qué!? ¡No, otra vez no! _Se quejó el chico al ver cómo las flores volvían a ser de su mismo tamaño. En ese momento lo comprendió. Aquel lago no era un lago cualquiera. Su "agua" era del mismo color que el líquido que había tomado de la botellita que le había hecho encoger. Así que el bañarse allí haría encoger a cualquiera.

Suspiró resignado y empezó a caminar de nuevo ahora sin saber hacia dónde ir de ninguna de las maneras. ¿Izquierda, derecha? ¿Norte, Sur? ¿Cómo podría salir ahora de aquel lugar? No tenía ni idea.

El sonido de pisadas interrumpió su dilema. Era la pequeña letona, que volvía a corretear diciendo frases del tipo: "¡Es tarde, es tarde! ¡No llego, no llego! ¡Me van a cortar la cabeza!"

Nikolai gritó su nombre varias veces, pero debido a su pequeño tamaño, la niña no le escuchó y siguió correteando. Como no tenía nada mejor que hacer, el bielorruso decidió seguirla e intentar alcanzarla, quizás ella sí sabía cómo volver al mundo real, después de todo, antes de caer por la "alcantarilla", la había visto en el exterior.

Mas su carrera no duró mucho. Sus piernas eran demasiado pequeñas en comparación con las de la letona y la perdió enseguida.

Nikolai volvía a estar solo y perdido. Aquello era como un laberinto y le estaba empezando a enfadar, también, ¿por qué no decirlo?, a asustar.
Si todo aquello había sido efecto de una droga, estaba durando demasiado, y todo le estaba pareciendo demasiado real como para ser un sueño. Eso no le gustaba nada…

Alzó la vista un momento al encontrar un árbol de tallo muy fino y retorcido de manera que formaba un arco. El arco estaba ornamentado por pequeñas flores cantarinas que sujetaban un cartel que decía: "El Jardín de las Flores"

_ ¿Flores? Bueno, si las flores pueden cantar, sabrán hablar. Quizás ellas sepan decirme dónde diablos va tan corriendo Letonia.

De este modo Nikolai se adentró en el "Jardín de las Flores" en busca de respuestas…

Continuará