c12- Ruptura
Un rastro de agua de lluvia mezclada con tierra la seguía por los pasillos del pequeño edificio en donde residía, agregando un insulto más a su ya muy vapuleado orgullo como ninja. Desde luego la casera no iba a estar contenta cuando viera el penoso estado en que había dejado la entrada y las escaleras, pero en ese momento, a Sakura le importaban tres pepinos las normas de convivencia y decoro del vecindario.
Cerrando con prisa la puerta tras de sí, se recostó contra ella dejando en el aire un largo suspiro como testimonio de su alivio. Se las había arreglado para llegar a casa sin encontrar a nadie conocido, huyendo del aguacero a toda la velocidad que le permitía su cuerpo agotado de chakra y de energías. Su único objetivo era llegar. Rápido. Ahora que estaba allí, la espalda pegada contra la puerta y los brazos cruzados sobre su pecho, se quedó mirando la punta de sus dedos asomados por las aberturas de las sandalias por lo que parecía una eternidad.
La voluntad de hacer algo estaba perdida dentro del revoltillo que era entonces su cerebro.
Repentinamente se hizo muy consciente de lo tenebroso que estaba su departamento en la penumbra y lanzó una mano hacia el interruptor con premura, la luz brindándole un inesperado consuelo al delinear las formas familiares de su escaso mobiliario. Por la ventana podía ver como la tormenta continuaba arreciando, diluyendo las luces del atardecer en una especie de bruma aciaga, rota sólo por los relámpagos que iluminaban el cielo, traspasando todo con luz y trueno.
Reuniendo todas las energías disponibles, la kunoichi se obligó a sí misma a arrastrarse hasta el cuarto de baño, cerrando la puerta tras de sí por costumbre y pasando el seguro por aprensión. Encendió la luz y puso el agua de la bañera a correr. Con movimientos lentos fue desvistiéndose, dejando caer los trozos de ropa que le quedaban en un montón a sus pies, seguidos por sus armas, sus pantaloncillos y la ropa interior. Así se quedó otro rato, desnuda, mirándose en el largo espejo que colgaba tras la puerta del baño, tiritando entre el frío y los nervios que sentía.
Estaba muy pálida, más que de costumbre. La sangre coagulada en su pierna y en los numerosos raspones y laceraciones que cubrían todo su cuerpo, daban cuenta del duro entrenamiento por el que había pasado. El resultado final no era muy diferente al del día anterior o al de muchas otras situaciones en las que había tenido que luchar al límite de sus fuerzas. Sin embargo, sus ojos volvían una y otra vez a detenerse con morbosa fascinación sobre sus muñecas, sus caderas, sus senos, detallando los sendos moretones que allí la marcaban. Entonces cerró los ojos con fuerza hasta ver puntos de luz tras los parpados apretados; pero incluso así podía sentir los fantasmas de sus dedos clavados en su piel, profanando su cuerpo y traspasando las fronteras invisibles de su dignidad como individuo y como mujer.
'¿…ya estarás dispuesta a usar todo el potencial de tu cuerpo como un arma?'
Unas cuantas gotas cayeron sobre sus pechos disipando esos fantasmas con un sobresalto. Las lágrimas habían comenzado a correr solas, sin sollozos profundos ni lamentos desgarrados. Tan sólo rodaban por un rostro petrificado en estupor, contemplando con ojos muy abiertos el reflejo del arma rota en el espejo.
'Eso es parte de ser una kunoichi…'
La imagen nítida de su vieja instructora en la academia le saltó al paso. Eran todavía unas niñas cuando la mujer de rostro perpetuamente fatigado y ojos opacos les hablaba ya de sexo y seducción como una especialización más de las kunoichis. 'Puede salvarles la vida' había dicho en una clase, 'el saber cómo manejar apropiadamente a un hombre controlando sus impulsos sexuales'. Entonces les urgiría a ser concientes de ese poder a medida que crecieran y se desarrollaran en mujeres, asegurándoles que, tarde o temprano, les iba a resultar muy necesario conocerlo. Aún sin haber hecho caso a aquellos consejos, Sakura se sentía una kunoichi completa. Su cuerpo y su mente habían sido moldeados y entrenados para ser un instrumento de defensa y auxilio, lista para reaccionar con profesionalismo en toda circunstancia.
'¿Por qué no lo pruebas entonces?'
Ella confiaba en su propia fuerza para luchar, caer y levantarse cuantas veces fuese necesario, aún a pesar de sus limitaciones. A los doce años se puso delante de un kunai, dispuesta a morir por proteger a sus dos compañeros, dispuesta a todo por defender lo que ella creía importante, comprendiendo que la dignidad humana tiene muy poco que ver con el honor de un shinobi. Por eso, ese día cortó su cabello y nunca dio marcha atrás. Ya no tenía miedo de probarse en una batalla, no importaba lo difícil o peligroso que esto fuese para ella. No importaba que perder, fuese una posibilidad cierta.
'¿O vas a dejar que abuse de ti?'
"¡No!"
Sakura volvió la mirada hacia su rostro, sus facciones distorsionadas en la superficie del espejo empañado. El vapor comenzaba a saturar el reducido espacio, el agua caliente llenando la bañera a sus espaldas con el rumor constante del agua cruzando por tuberías viejas y cayendo en un chorro humeante. Extendiendo la mano, limpió la superficie hasta distinguir con claridad sus ojos hundidos de cansancio, la boca rota en una mueca triste, sus largos mechones de cabello empapado pegándose a su cara, enmarcando su palidez en una maraña sucia y desigual. Esa melena siempre prolija ahora tenía un claro desnivel a un lado, donde los cabellos habían sido cercenados casi al ras sobre su oreja derecha, recordándole que su vida estuvo por momentos balanceándose al filo de un kunai. Había perdido la pelea y –si no hubiese sido un entrenamiento– ahora estaría muerta.
Ultrajada y muerta…
El mensaje había llegado alto y claro.
Una serie de emociones cruzaron sus facciones finalmente, como liberadas de ataduras invisibles que la habían mantenido entera, hasta entonces. Allí vio la tristeza mezclada con dolor y vergüenza. Luego encontró la rabia de la mano de su determinación de seguir adelante. Desnuda de cuerpo y alma, se miró a sí misma como nunca lo había hecho, consciente de todos sus defectos, de sus escasas virtudes, y por una vez, sus ojos no le devolvieron un reproche. Era una elección después de todo. Una elección que había tomado mucho tiempo atrás y de la que no se iba a arrepentir ahora.
Pero dolía, como la sal en carne viva.
Volviéndose al montón de ropa descartada a sus espaldas, tanteó hasta dar con uno de sus kunai. Luego de probar por unos segundos su filo con el pulgar, la determinación se renovó en su espíritu con una ferocidad que la sorprendió internamente.
Sentándose un poco más cerca del espejo Sakura comenzó a cortar, tratando de hacer un trabajo parejo, cercenando el cabello a pocos centímetros de su cráneo. Su muñeca dislocada protestaba con severas punzadas de dolor cada movimiento que realizaba, al igual que sus costados por las magulladuras y las dos costillas fracturadas que tenía. Pero ella no se detuvo ni vaciló en su tarea.
Una ligereza se renovó enseguida en su cabeza; los largos mechones rosa iban cayendo a su alrededor a la misma velocidad que las lágrimas se disipaban. Sólo se detuvo un par de veces para limpiar el espejo empañado y luego para cerrar la llave del agua antes de que se desbordase la bañera. Fue un trabajo complicado tratar de darle forma al corte, pero luego de media hora de retocar y rematar, sintió que estaba lista.
Moviendo la cabeza de un lado a otro inspeccionó su trabajo. Nunca había usado el cabello tan corto y tomaría tiempo acostumbrarse, pero extrañamente le pareció que lucía bien en ella, aun si su frente se veía más grande que nunca. Pasando su mano por todos lados, trató de acostumbrarse a la sensación del cabello corto entre sus dedos. Su madre se iba a infartar como mínimo con esto; más aun considerando la larga lista de 'cosas que no te hacen femenina' que ya tenía en su contra. Esa idea le hizo sonreír un poco; las caras de sorpresa que le esperaban iban a ser divertidas al menos.
Satisfecha, se puso de pie y se dirigió con pasos cansados hacia la bañera que le esperaba, tentadora como nunca antes. Arrimando un banquillo de madera con el pie se sentó a un lado, cerca del desagüe y se preparó para asearse un poco antes de entrar. Tomando una esponja y mojándola en el agua caliente comenzó a limpiar su piel, frotando y despegando la tierra y la sangre seca con movimientos firmes pero cuidadosos, poniendo especial atención al limpiar las heridas. Haciendo uso de una regadera de mano, se enjuagaba, viendo desaparecer la suciedad en una espiral de agua por la rejilla en el suelo.
Muchas lesiones comenzaron a sangrar de nuevo y sin suficiente chakra para sanarse por completo, no le quedaba más remedio que conformarse con detener las hemorragias hasta recuperar algo de su nivel de energía en unas horas. En circunstancias normales, la kunoichi hubiese ido directo al hospital, pero ni el dolor que le impedía moverse con naturalidad la iba a obligar a ir en la presente situación. Lo último que quería era tener que dar explicaciones a un montón de rostros fruncidos en preocupación.
Cuando sintió que estaba bien limpia, se levantó de nuevo, lista para la bañera. Con cuidado, hizo descender su cuerpo bajo el agua, las cortaduras escociéndole un tanto pero en general, sintiendo el alivio inmediato de sus músculos con el calor moderado del agua.
Poniéndose tan cómoda como le fue posible, la kunoichi cerró los ojos y se permitió –por primera vez desde que había llegado a casa– pensar verdaderamente en él.
Kakashi...
Inconcientemente, Sakura se abrazó a sí misma, doblando las piernas hacia su cuerpo. No había ni rabia, ni reproche, ni siquiera indignación en su ánimo al pensar en él. Sólo le quedaba una profunda tristeza al recordarle, un completo desconocido vistiendo la piel de su sensei, usando su voz, destrozando las memorias más queridas de su infancia.
Mientras más intentaba alcanzarle, de ayudarle, más lejos parecía estar el copyninja de sus manos, caminando al filo de un precipicio que ella nunca sería capaz de cruzar. Eso lo sabía bien porque ya antes había estado allí, suplicando que un milagro le permitiera salvar al compañero de equipo que alguna vez había amado.
Ocultando el rostro entre sus manos, ahogó un sollozo. Lo que vio en los ojos de Kakashi mientras la tocaba con violencia fue lo mismo que vio en los de Sasuke el día en que lo enfrentaron por primera vez desde que se marchara; o en el día en que casi la asesina mientras ella trataba de salvarle; o en el día en que murió, los ojos vueltos al cielo, perdido en el delirio de su venganza consumada.
Locura, odio y desesperanza. El vacío al fondo de sus ojos no era sino la oscuridad absoluta que consume toda luz.
Limpiando con rabia las lágrimas que se empeñaban en salir, trató de calmarse. No, Kakashi aún no estaba irremediablemente diluido en esa oscuridad. Ella aún podía ver los vestigios de un hombre aferrándose a su cordura en los pequeños gestos y esfuerzos que hacía por las personas que eran cercanas a su corazón. Los lazos que él valoraba más que a su vida y que les había enseñado a proteger cuando eran niños, eran lo único que lo mantenían pendiendo de un hilo sobre el precipicio de su propia locura.
Apretando los puños, Sakura se reafirmó su promesa de no rendirse, de no dejar ir esos lazos ni siquiera después de la muerte. Con el corazón agitado y los nervios todavía maltrechos por la experiencia, la necesidad de proteger al hombre que quería la sacudió de nuevo con una sobriedad, casi aterradora.
Porque le quería, y cada día que pasaba el sentimiento se sentía diferente que antes, de una forma que ella misma, no alcanzaba a comprender.
-o-
El día comenzaba a despuntar en el horizonte, despertando lentamente al mundo en medio de la densa bruma que había dejado la humedad de la tormenta nocturna.
En cuclillas al borde del río, Shikamaru trataba de encontrar algo que pudiera haber pasado por alto con anterioridad, en la oscuridad de la noche. Una pista de lo que había ocurrido, una señal que los orientase hacia donde buscar. Pero su inspección, no importaba cuantas veces la hiciese, siempre arrojaba el mismo resultado. Volviendo el rostro, miró de nuevo las sandalias olvidadas y las cantimploras llenas y descartadas en el suelo, a la espera por ser llevadas de vuelta al campamento.
Masajeando su adolorido cuello con desgano se puso de pie, sintiéndose derrotado. Era inútil seguir buscando, pues bien se podía decir que Naruto había desaparecido en el aire sin dejar el mínimo rastro. Algo así podía parecer increíble o hasta imposible, si no se tenía en consideración que el Jinchurriki podía ser llamado a la montaña Myoboku bajo los términos de su contrato de invocación con Gamabunta y el resto de los sapos de la familia Gama. Pero las esperanzas de que ese fuese el caso se habían desvanecido tan pronto como un escuadrón de reconocimiento ANBU había aparecido sorpresivamente en el lugar, buscándole con la orden urgente de escoltarlo de vuelta a la aldea.
Al parecer, pocas horas antes la Hokage había sido alertada acerca de la posibilidad cierta de un ataque en contra de Naruto, por lo que medidas de emergencia habían sido activadas. Pero aún con toda la rapidez inexplicable con la que se movían las fuerzas especiales, ellos habían llegado tarde para prevenir su misteriosa desaparición.
Volviéndose sobre sus talones, Shikamaru observó a sus dos compañeros sentados bajo un árbol, con todo el equipaje y las provisiones a sus pies, listos para salir. Su silencio era tan elocuente como las bolsas de cansancio bajo sus ojos. Todos habían pasado la noche en vela, buscando a su compañero extraviado por todo el lugar. Más allá de la preocupación por el amigo, la desaparición del Kyuubi Jinchurriki sólo podía traer serios problemas a una aldea que aún luchaba por recuperarse de la guerra. El panorama para ellos no era nada alentador.
"Shikamaru".
La voz de Yamato lo sacó de sus cavilaciones. Con una señal silenciosa el jounin le invitó a alcanzarle, sus pasos rápidos dirigiéndose río arriba y alejándolos lo más posible de sus compañeros. Lo que iban a discutir era sin duda confidencial y le dio más razones de preocupación. Cuando estuvo satisfecho de la distancia, Yamato se detuvo a la vereda del río, justo al lado de una roca enorme y mohosa que obligaba a la corriente a desviarse a su alrededor, hasta que los años y la fuerza del agua lograsen reclamar el espacio perdido, tallando paciente contra la dura superficie.
Antes de que el joven Nara pudiese preguntar de que se trataba el asunto, un ANBU se materializó frente a ellos, flanqueado por dos subordinados. Él sabía bien que estaban en una situación más que problemática, pero ver allí las marcas indiscutibles de un Lobo sobre la porcelana blanca dejaban claro, como nada, que la crisis era extremadamente grave esta vez. La presencia del legendario Comandante ANBU era tan incómoda como imponente y le hizo dar medio paso atrás instintivamente. Yamato por su parte estiró más la espalda, su postura firme era impecable ante un superior.
Con voces asexuadas y monótonas los dos operarios de las fuerzas especiales dieron su reporte, confirmando el dictamen de la evaluación preliminar que ellos había hecho esa noche. Ni siquiera extendiendo el perímetro de la búsqueda había sido posible dar con alguna pista del paradero de Naruto. Yamato escuchó todo con la tensión visible en un rostro sudoroso y agotado. No había que ser un genio para saber que él se estaba culpando a sí mismo por la situación, como capitán y responsable de la misión.
Cuando el reporte terminó, Yamato se volvió a verle, con la expresión de quien acude al último recurso que le queda. "¿Cuál es tu opinión, Shikamaru?"
Enseguida, el Nara frotó su incipiente barba por reflejo, cavilando la pregunta. A pesar de su juventud, ya estaba acostumbrado a estar en ese tipo de situaciones de alta presión, donde se dependía de su evaluación para tomar decisiones importantes en cuanto a la estrategia a seguir. Tomándose su tiempo, repasó todo lo que sabía, ordenando sus ideas antes de explicar sus impresiones.
"Es muy difícil evaluar la situación sin tener toda la información de inteligencia…" comenzó suspicaz, mirando significativamente al ANBU-Lobo con la esperanza de sacarle más datos de la situación, aunque consciente de que el hermetismo que practicaban era parte del procedimiento rutinario –algo irritante sin duda, pero necesario en estos casos.
"No tendremos más información hasta que les llevemos a todos de vuelta a la aldea" el Comandante fue tajante, dejándole leer entre líneas que él, y todos sus compañeros, también estaban bajo sospecha hasta que se probase lo contrario. La desconfianza era la base sobre la que operaban las fuerzas especiales. "Danos tus conclusiones hasta el momento" ordenó sin pausa.
No había nada que hacer, así que el joven shinobi comenzó su recuento. "Sabemos que Naruto llegó hasta el río poco antes del atardecer, llenó las cantimploras de agua y se tendió a la orilla a descansar, pero nunca inició el camino de regreso. No hay rastros de lucha ni de la presencia de otra persona en los alrededores. Sabemos por ustedes que tampoco fue invocado de vuelta…".
Apoyándose contra la roca a sus espaldas, el Nara comenzó a rascar su perilla de nuevo, escogiendo las palabras con cuidado.
"Si consideramos la potencial amenaza en su contra, a primera vista pudiera parecer que ha sido secuestrado".
"¿Qué quieres decir con 'pudiera parecer'?" preguntó Yamato, confundido.
"Sea lo que sea que haya pasado, puedo inferir que alguien apareció usando un jutsu de transportación muy avanzado y que Naruto no puso ninguna resistencia al irse".
"¡Eso no tiene sentido!" exclamó el jounin, agitado, "¿estás diciendo que se fue voluntariamente?"
"Tal vez cayó en una trampa, o fue inmovilizado con antelación" aportó uno de los operarios anónimos.
"No lo creo" negó Shikamaru de tajo. "Quizás no lo parezca, pero es prácticamente imposible sorprenderle desprevenido por estos días". A esto Yamato no pudo sino asentir, tan consiente como él del increíble poder que había desarrollado el alocado rubio en los últimos años, desde que se había hecho con el control total del chakra del Kyuubi en su interior.
"Además no hay ningún rastro que indique que tal cosa ocurrió" continuó explicando. "Lo que me lleva a concluir que él mismo se aseguró de borrar cualquier evidencia, antes de marcharse".
"¡Esto es increíble!"
"No tanto, Taicho. Hay unas cuantas cosas que harían a Naruto saltar sin medir las consecuencias de la caída".
"Algo familiar…" dijo casi ausente el ANBU-Lobo a lo que Shikamaru asintió con una media sonrisa torciéndole la boca.
"Algo que le importa lo suficiente como para irse sin mirar atrás…"
-o-
Tenía que admitirlo. Ni con los años ni con su experiencia Jiraiya había logrado endurecer su estómago lo suficiente como para digerir la horrible burocracia del mundo shinobi y su política desgastada y corrupta, que velaba más por intereses particulares que por el bienestar común. Sospechaba que ni Gamabunta soportaría indemne un bocado del Consejo revolviéndose ponzoñosos en sus tripas por mucho tiempo. Luego de la larga reunión de emergencia de la que acababa de salir, esas impresiones no se habían sino renovado. Cualquiera diría que evaluar la situación y determinar medidas de de contingencia sería una tarea mucho más fácil dadas las circunstancias, pero con cada uno de los vejestorios tratando de salvar sus propios traseros, las cosas no podían ponerse peor.
Al menos esta vez, Tsunade había sido decisiva y acertada, lista para mandarlos a todos al carajo si las cosas no se hacían como ella ordenaba. Claro que tras bastidores aún podían pasar muchas cosas desfavorables, pero al menos ahora todas las fichas estaban vueltas sobre la mesa. Si había un traidor entre ellos como él pensaba, pasando información a sus enemigos en la Roca y Sonido, las circunstancias no le permitirían permanecer por más tiempo oculto.
Las respuestas que tanto le habían eludido comenzaban a convertirse en certezas para el viejo sannin. La verdadera razón para la inusual alianza de sus enemigos en una colaboración sin precedentes en su contra, no era para destruir Konoha, como habían pensado inicialmente. Era para generar un cambio en el liderazgo de la aldea. Y algo semejante sólo podía estar orquestado desde dentro.
¿Cuál era la ganancia para los involucrados?
Un gobierno favorable a sus intereses y claro, el poder del Kyuubi Jinchurriki a su disposición.
Considerando que el viejo Danzou aún contaba con muchos de sus partidarios ocultos en las sombras del sistema, no era tan difícil imaginar que algo así fuese posible. Con él muerto y su organización Root desbandada, creían haber destruido lo peor de la oposición, pero era evidente ahora que se habían equivocado de manera espectacular. Incluso estaba la posibilidad de algún nuevo enemigo, pues no faltaba en Konoha quien se opusiera a los cambios que se venían dando lentamente en los últimos años y que apuntaban a Naruto como el futuro de un nuevo sistema ninja.
Frustrado y bastante agotado luego de tres días de darse prisas sin detenerse ni para comer, Jiraiya movilizaba su enorme figura por los pasillos de la Torre con un aire poco menos que aterrador, a juzgar por la forma en que todos saltaban fuera de su camino.
Tanto correr para llegar a tiempo y ahora Tsunade se hacía la difícil con él.
Tan pronto la reunión concluyó, la temperamental rubia había desaparecido dejándole con la palabra en la boca y un montón de sus queridos cuervos lameculos pegados de sus ropas, importunándole con sus ridículas peticiones.
Tsunade estaba furiosa y él obviamente estaba en el tope de la lista.
La idea le hizo sonreír con ferocidad; ¡nada como despertar violentas pasiones en las mujeres para alégrale el día!
Quizás por eso, sintiéndose envalentonado por su irresistible carisma, se aventuró a entrar en la oficina de la Hokage sin tocar a la puerta o anunciar su presencia.
Enseguida una botella salió volando directo hacia su cabeza, dejándole apenas el tiempo justo para esquivar el improvisado proyectil por milímetros.
"¡Uoooohhh! ¿Segura que quieres desperdiciar el sake de ese modo?" dijo mirando con pena los restos del preciado liquido resbalando por la pared a sus espaldas. Considerando que ella sólo guardaba en su despensa secreta el alcohol más costoso y de la más alta calidad que se podía comprar, en serio que el asunto era como para llorar.
"Lo que quiero es estar sola, ¿quién coño te dijo que podías entrar?"
"¡Ah, vamos Tsunade, no me negaras tu dulce compañía después de mi largo viaje!"
Una mirada asesina fue todo lo que obtuvo de la iracunda Hokage, pero eso era suficiente para él hasta donde las invitaciones iban con esta mujer. Tomando asiento frente al siempre desordenado escritorio el sannin no pudo contener un gruñido de autentico alivio, sus viejos pies agradecidos por el necesario descanso.
Sus ojos también buscaron el alivio inmediato que proporcionaban las enormes y sensuales curvas de la juvenil apariencia de Tsunade. Un festín completo para la vista y para su agitado corazón, si la rubia no estuviera de pie frente a él, los brazos cruzados y el ceño terriblemente fruncido, restándole puntos a sus encantos.
"¡Si vas a quedarte, más vale que empieces a darme las respuestas que quiero!"
Si le preguntaban a Jiraiya, él diría sin vacilar que todas las mujeres eran iguales, en particular cuando los instintos más básicos de la especie estaban en juego. Bien se tratase de sexo o de negocios, uno podía predecir perfectamente como reaccionarían de acuerdo a no más de cinco variables externas. Algún día pensaba escribir en detalle sus impresiones sobre el tema –bajo un seudónimo, claro, tampoco quería suicidarse por ello.
Ahora mismo estaba ante un comportamiento clásico de respuesta al peligro: violencia, particularmente contra el género masculino. ¿Era quizás parte del instinto de protección maternal? ¿O se trataba de simple animosidad gratuita? En todo caso, la necesidad primaria de atacar a todo ser vivo con testosterona cuando las cosas se salían de control era lo primero que cualquier hombre debía aprender a reconocer y manejar para poder sobrevivir.
En este caso en particular el sannin hubiera encontrado la observación mucho más divertida e interesante si no fuese por la situación tan grave en la que estaban –y claro porque era su pellejo el que estaba en juego con ella.
"Quisiera dártelas, Tsunade, pero ya te expliqué las limitaciones de mi informante y…"
"¡Quiero nombres, Jiraiya!" le interrumpió furibunda, sus manos golpeando la mesa, "¡quiero a los culpables pudriéndose en la celda más oscura e inmunda que tengamos!"
Él también los quería, pero hasta el momento todo lo que podía hacer era especular y eso no les iba a llevar a ningún lado.
Su falta de respuesta no pareció importarle a Tsunade, quien había hecho aparecer una nueva botella de sake tan rápido como había destruido la otra. "¿Sabes lo que esto significa, no?" la rubia comenzó a pasear sus entaconados pies de un lado a otro de la oficina, mientras él trataba de fundirse lo más posible con el mobiliario.
"¡Qué estamos jodidos!" chilló "¡JO-DI-DOS!"
Luego de la extensa reunión que habían tenido, Jiraiya no podía menos que estar de acuerdo con ella. Sin Naruto en la aldea, Konoha perdía casi la mitad de su poder ofensivo a gran escala, dejándoles de manos atadas y con muy pocas opciones en caso de un ataque masivo.
Y el ataque era, claro, inminente.
Jiraiya se revolvió en su asiento, la irritación consigo mismo renovándose bajo los continuos improperios de la Hokage que ahora hablaba para sí misma, completamente perdida en su perorata personal. ¡Era un completo idiota! ¡Claro que debió haberlo sabido antes! Esto era lo que estaban esperando sus enemigos para atacar; la señal definitiva de que Konoha era vulnerable. Perder al más poderoso de los Jinchuurikis les dejaba muy mal parados en la relación de poder con las aldeas hostiles, mientras que sus escasos aliados no estaban en mejores condiciones, todos aún recuperándose de sus propias pérdidas en la guerra.
Con la posibilidad de solicitar asistencia descartada, no tenían más remedio que apañárselas solos lo mejor posible. Por un lado, tenían a su favor a sus shinobis de elite, especializados y eficientes como pocos; pero sus enemigos contaban con fuerzas mucho más numerosas, que podían arrasarles simplemente por falta de refuerzos en el momento crítico. Como se decía en los bajos fondos que a él le gustaba tanto frecuentar, cuando el juego se tranca, hasta los puñales hablan.
Echando mano de su pipa, el sannin optó por darse al vicio para relajar sus nervios, siguiendo el ejemplo de Tsunade que entre grito y vuelta, le pegaba un buen trago a la botella de sake en su mano. Estando solos en la amplia y desordenada oficina, podían estar a sus anchas, con la confianza de quien ha visto lo peor del otro muchas más veces de las que puede –y desea– recordar.
"Te vas a marear si sigues dando vueltas Tsunade," le interrumpió consciente del riesgo de recibir otro botellazo. "¡Siéntate ya y bríndame algo de ese sake!"
La imponente mujer le dedicó otra de sus miradas venenosas antes de ceder a sus deseos, dirigiéndose al escritorio y produciendo un vaso y una nueva botella de la nada.
"¡Oh! ¿Vas a hacerme caso? ¡Esto es nuevo!"
"¡No te burles en una situación tan seria!" reprochó mientras le servía un trago.
"¡No lo hago, no lo hago…!" replicó falsamente contrito, levantando las manos al frente, como tratando de aplacarla.
"¡Debería partirte la botella en la cabeza!"
En lugar de eso, le extendió el vaso, sentándose sobre el escritorio frente a él. Su semblante cansado y el leve temblor de sus manos eran un indicio del momento de vulnerabilidad por el que pasaba la siempre fuerte Tsunade. Eso como nada renovó su determinación de protegerla. Si alguien quería acabar con el legado iniciado por el Sandaime, tendrían primero que pasar sobre su cadáver.
"Tú lo conoces bien, Jiji… ¿Qué crees que pasó con Naruto? El que se haya ido por voluntariamente me parece difícil de creer".
Jiraiya dejó salir una nube de humo antes de responder. "Naruto es lo suficientemente tonto para eso" contestó con una sonrisa que hacía eco de alguna memoria del pasado y de sus viajes con su alocado ahijado. "Tienes que entender que él aún no está consciente de su importancia dentro de la aldea y en el actual equilibrio de poder".
"¿Y cuándo va a estarlo entonces? ¡Su imprudencia nos puede costar muy caro!"
"Por eso te dije muchas veces que no le ocultaras la situación".
"¡No me vengas con eso ahora!" le reprochó agitada, escupiendo sake y saliva sobre sus amplios pechos, "él aun es un niño imprudente, sabe Kami que hubiera hecho si supiera que estábamos al borde de otra guerra"
"¡Cualquier cosa hubiera sido mejor que esperar a que vinieran por nosotros!"
"¡¿Hasta a arriesgar a Naruto?"
"No lo puedes proteger para siempre, Tsunade, él ya no es un niño…"
Una amargura, que venía desde el pasado le ensombreció la mirada. "Igual lo he perdido, ¿no?" Dando un trago largo, la Hokage, irritable y artificialmente veinteañera, trató inútilmente de ahogar sus penas. "Si algo le pasa ahora por mi imprudencia…"
"Nada va a pasarle, Tsunade. Estas haciendo lo correcto, para la aldea y para todos".
Los dos cambiaron una mirada de entendimiento, no sin un poco de aprensión ante la idea. El plan que tenían era riesgoso, por decir lo menos, pero más que la oposición que pudieran encontrarse, o las fuerzas del enemigo que se aproximaba a sus fronteras, o incluso la posibilidad de una nueva traición interna, lo que más le preocupaba a Jiraiya era el hombre sobre cuyos hombros descansaba la última carta de triunfo.
Un mes sin verle y a sus ojos el deterioro era evidente.
Ya no quedaba mucho del verdadero Hatake Kakashi detrás de la máscara, y Jiraiya se preguntó, no sin dificultad, si después de esta misión, le volvería a ver.
-o-
Con una última mirada de lástima a sus tobillos hinchados y sus pies llenos de ampollas a punto de reventar, Ino se calzó sus feas botas de trabajo de nuevo. Enseguida, todas las personas que subían o bajaban en ese momento por la escalera de entrada a la Torre Hokage la miraron con el reproche escrito en sus rostros ante su lenguaje soez. ¿Qué podía hacer si calzarse le dolía, coño? Así que les insultó también, con otro tanto de improperios que harían ruborizar a su propia madre. Lo que era mucho decir en el caso de la ordinaria señora Yamanaka.
¿Qué nunca habían visto a una kunoichi amargada?
Con su situación, no era para menos, considerando que había corrido por horas sin descanso para volver a la aldea en menos de la mitad del tiempo que les habría tomado normalmente, sólo para quedar atrapada en la maldita Torre Hokage por veinticuatro horas más. Cansada, hambrienta y sin haberse bañado decentemente en siglos, la peculiar kunoichi estaba lista para matar, y no sólo por el mal olor que arrastraba tras de sí. Y la verdad lo haría de buena gana si no fuese tan inconveniente lavar la sangre y demás entrañas de la ropa.
Con un último gruñido se puso de pie y echó a andar camino a casa, cojeando como una puta en su noche de estreno. Se sentía muy ofendida, tenía que decirlo. Era una mierda que Naruto hubiera desaparecido, seguro, pero si ella fuese capaz de despachar al molesto subnormal-hiperactivo lo habría hecho años atrás ahorrándoles a todos el sufrimiento. ¿Por qué tenían que interrogarlos y retenerlos a ellos como vulgares criminales? ¡Por Kami que todos en esa Torre eran unos imbeciles!
Con cada paso que daba, su rabia contra el mundo aumentaba exponencialmente junto con el dolor en sus pies. Hasta el sol brillando alegre sobre su cabeza era una afrenta más en su contra, luego del aguacero inclemente que había tenido que soportar durante todo el camino de regreso. ¿Qué todo el puto universo estaba a por sus huesos? Al próximo idiota que se atravesara en su camino le iba a regurgitar en la cara toda la ponzoña que había acumulado en las últimas horas de tortura.
Con esa idea firmemente plantada en su cerebro, la kunoichi dobló la esquina en dirección a su casa cuando Sakura apareció en su campo de visión. O mejor dicho, su frentezota había aparecido antes de que ella pudiera ver al resto de su persona.
¡¿Qué coño se había hecho en el cabello la muy tonta?
¡Oh! Ino estaba más que preparada para descoserla viva por esta grave afrenta a la estética femenina, si no fuese por un pequeño detalle. Haruno Sakura era la última persona que quería encontrarse cuando estaba bajo juramento de confidencialidad y toda la información que se moría por contarle era un gran y gordo ¡NO!
"¡Ino! ¿Cuándo regresaron?" el saludo jovial llegó antes de que la rubia tuviese tiempo de prepararse mentalmente e idear alguna estrategia que le salvase del problema. ¡Dónde está Shikamaru cuando le necesitas!
"Ayer".
"¡Oh! ¿En serio?" Sakura miró a su alrededor como esperando ver a alguien más doblando la esquina tras ella en cualquier momento. "Qué raro que no he visto a Naruto todavía…"
"Hm…" Encogiéndose de hombros trató de disimular la metedura de pata. Tenía que haberle mentido, pero estaba demasiado nerviosa para recordar que esos dos siempre se buscaban después de las misiones.
"¿Cómo les fue?" continuó preguntando, al tiempo que le miraba con curiosidad de arriba a abajo, al parecer notando la inusual descompostura de su, generalmente, impecable imagen.
"Bien".
"Tú y Naruto no pelearon mucho, ¿verdad?"
"¡Noooooo!" exclamó como si tal cosa fuese un absoluto absurdo.
"¿Y no pescaste novio en Kusa?"
"No".
"¿Por qué me contestas sólo con monosílabos?"
"¿Yo?"
Sakura levantó una ceja al máximo, confirmando todas sus sospechas de que algo olía a podrido, además de ella, claro.
"Es decir… ¡no sé de que me hablas frentona!" trató de corregir en vano, moviéndose en ademán de marcharse. Pero la temperamental kunoichi no lo permitió, tomándola por el brazo y enfrentándola.
"¡Escúpelo ya, Ino-puerca!"
"¡Ya te dije que no sé nada!" se libró de su agarre con más rabia de la que sentía. Sin duda eran su inusual discreción e incapacidad para criticar lo que más despertaba las sospechas de una avispada Sakura, que la escudriñaba inclemente buscando las respuestas que quería. Y claro, no tomó mucho tiempo para que la inteligente kunoichi atase los cabos sueltos.
"¿Dónde está Naruto?"
Directo en el blanco, pensó Ino, quien sólo pudo contestar arrugando la cara en derrota, incapaz de disimular por más tiempo.
"¡¿Qué le sucedió a Naruto?" repitió más alarmada.
"Nadie lo sabe" farfulló.
"¿Cómo que nadie lo sabe?"
Negando con la cabeza, los labios retraídos en una mueca, su cara de disculpa era elocuente y le informó a Sakura de todo lo que necesitaba saber y de lo único que ella, al menos, podía contar sin perder la lengua por traición. Que su amiga y rival indagase por su cuenta y la dejara a ella fuera de más complicaciones innecesarias. En cualquier, caso tarde o temprano le iban a informar como su compañera de equipo ¿no?
Viéndola marchar a toda carrera, Ino se relajó por fin, volteando los ojos irritada por todo el intercambio. Ni siquiera había podido burlarse con propiedad de su nuevo aspecto de puercoespín rasurado. ¡Qué cochina suerte la suya!
Su único consuelo era que, al menos, su parte en esa mierda de misión, ya había terminado.
-o-
A toda prisa, una agitada kunoichi subía las escaleras de la Torre Hokage, como si la vida se le fuera en llegar al último piso lo antes posible.
Dividida entre la rabia y la preocupación, Sakura trataba de repasar todos los escenarios posibles para explicarse la aparente desaparición de Naruto y la renuencia de Ino a hablar del tema, lo cual en sí mismo, era lo más alarmante de todo. Estaba bajo juramento, eso era obvio, pero entonces, si habían vuelto ayer a la aldea con las noticias ¿por qué no había sido informada enseguida del problema? ¡Estaba en su derecho de saber, con un demonio!
Inevitablemente, su imaginación comenzó a llevarla por los caminos más siniestros posibles, como si pensar en las peores desgracias fuese una forma de cancelarlas de algún modo. Agitando la cabeza se regañó mentalmente. Era ridículo pensar en eso, se dijo a sí misma, Naruto era Naruto, el ninja más poderoso que había salido de la aldea en años. ¿Cómo podía morir en una estúpida misión de diplomacia?
Entrando con pasos firmes a la antesala, Sakura vio justo a la persona que necesitaba.
"¡Shizune-san!"
"Oh, Sakura, justo iba a ir al hospital ahora con…"
Algo debió notar en ella con tan sólo verla, porque la estoica asistente de Tsunade se detuvo abruptamente en su discurso, sus ojos abriéndose un poco más en señal de entendimiento.
"¡Quiero ver a Tsunade-sama ahora mismo!"
"No sé como te has enterado, Sakura, pero este no es el mejor momento para hablar…"
¡Oh, de ninguna manera iba a permitir que la ignoraran por más tiempo en este asunto! De pie frente a Shizune, Sakura prácticamente bullía de la rabia, lo que claro, le recalentaba también el buen juicio.
"¿Y cuándo va a ser un buen momento?" preguntó irritada y a toda voz. "¿Cuándo pensaban decirme? ¿Cómo es posible que no me avisaran de inmediato que…?"
"¡SAKURA!" el inusual grito de la siempre compuesta Shizune le dio pausa enseguida.
"¡No olvides dónde estás! Una imprudencia como esta es intolerable…".
Con esas palabras la kunoichi sintió como si el mundo a su alrededor hubiera entrado de nuevo en foco. Desinflada un tanto de su rabia inicial, notó por fin que no estaban solas en la antesala y que sus gritos habían llamado la atención de todos los que allí trabajaban y que ahora les miraban alarmados. Además, las paredes tenían oídos malintencionados en lugares como aquel. Ni que decir que se sintió avergonzada por perder la compostura como una novata, el enrojecimiento de su rostro por la carrera renovándose con el bochorno.
Sin perder tiempo, Shizune la tomó de un brazo, apurándola por los pasillos hasta llegar a su propia oficina, en donde procedió a empujarla sin ceremonia, cerrando la puerta tras de sí.
"¡Ya deberías saber como comportarte en este lugar!" le reprochó de inmediato, dejando el papeleo que llevaba sobre el escritorio y volviéndose a verla, las manos sobre las caderas como una madre en espera de explicaciones.
"Lo siento, Shizune-san" se excusó con sinceridad y una reverencia, apenada por su comportamiento poco profesional. "Sé que tienes razón, pero cómo se supone que me sienta al enterarme de que me están ocultando algo tan grave".
La jounin entrecerró los ojos con suspicacia.
"¿Ino?"
"En su defensa, el no hablar fue lo que la delató. Lo demás fue fácil deducirlo".
Shizune agitó la cabeza con resignación. "Era de esperarse, supongo". Dejándose caer en la silla tras su escritorio, Sakura pudo ver como su otra mentora se debatía respecto a que hacer con ella y como manejar las cosas. Con eso, ya no le quedaban dudas al respecto: realmente la estaban manteniendo al margen de la situación a propósito, lo cual sólo podía significar muy malas noticias para ella.
"Por favor, dime qué es lo que está pasando, ¿dónde está Naruto?" suplicó angustiada lo que pareció tener un efecto favorable en la actitud distante de Shizune.
"En esta situación tan delicada es poco lo que te puedo decir, Sakura" explicó en tono confidencial, invitándola a acercarse y tomar asiento. "Sólo puedo adelantarte que las cosas están muy mal para la aldea. En menos de una hora todos los shinobis activos y de reserva serán puestos en alerta máxima, e iniciaremos el procedimiento de evacuación de los civiles a los refugios".
La kunoichi abrió la boca poco menos que alarmada. "¿Seremos atacados?"
"Es inminente". La falta de precisiones en su respuesta indicaba que más información no estaba disponible.
Sakura tomó un momento para tratar de absorber las implicaciones que esto podía tener. Un montón de preguntas como quién o cuándo daban vueltas en su cabeza, pero sabía bien que no valía la pena desgastar la paciencia de Shizune con ellas. Su principal preocupación seguía siendo…
"¿Naruto?"
"Sobre Naruto, tampoco hay mucho que te pueda decir. Ha desaparecido y nadie sabe cómo ni dónde".
"¿Cómo es eso posible? ¡Hay que salir a buscarle enseguida!"
"Nuestra prioridad en este momento está en defender la aldea".
"¿¡QUÉ!" Sakura casi se cae de la silla de la impresión.
"No tenemos recursos suficientes para lanzar una búsqueda a gran escala en la víspera de un ataque" explicó.
¡Eso tenía que ser una broma de muy mal gusto! ¿Naruto desaparecido y ellos no iba a hacer nada? Sakura se aferró a ambos lados de la silla tratando de contenerse y fallando miserablemente.
"¡¿Entonces van a abandonarlo a su suerte? ¡No puedo creer que Tsunade-shishou sea capaz de hacernos esto!"
"La Hokage hace lo que puede en las presentes circunstancias…" la disculpa era muy poco consuelo para ella y si en algo, volvió a encender su rabia irracional.
"¿Lo qué puede?" se quejó mordaz, "¡pues eso no es suficiente! ¡Ya me queda claro por qué me lo estaban ocultando todo!"
"¡Sakura!"
La kunoichi se mordió la lengua con la nueva reprimenda. Sabía que estaba siendo injusta, pero no podía contenerse cuando se trataba de uno de sus chicos en peligro desconocido.
Un sonoro suspiro la hizo volver su atención hacia el rostro cansado de Shizune. "Un grupo ANBU está pronto a salir a rastrearle con tantos operarios como de los que podemos prescindir en esta situación".
"¡Quiero ir con ellos!" exclamó, poniéndose de pie.
"¡Imposible!" fue la respuesta tajante y alarmada. "Todo lo que te estoy diciendo es estrictamente confidencial, Tsunade-sama me despelleja viva si sabe que te he contado algo".
"¡No me puedes pedir que me quede aquí y abandone a Naruto a su suerte!"
"Lo que te pido es que tengas paciencia en este asunto y confíes en nosotros. Además tú también tienes una responsabilidad que cumplir aquí, Sakura, defendiendo tu hogar. ¿Lo entiendes?"
Para bien o para mal, Sakura ya no prestaba atención. En su mente estaba claro lo que tenía que hacer, porque sin saberlo, Shizune le había dado más información de la que pretendía.
¿Un grupo ANBU estaba por salir?
Sakura sabía exactamente quien era el líder de esa misión.
-o-
Disciplina. Precisión. Eficiencia.
Si algo tenía que agradecer a la estricta educación de sus padres y al riguroso entrenamiento ninja que había seguido desde muy niño era haber desarrollado al máximo esas tres virtudes. Haciendo sus emociones a un lado, su raciocinio y sus destrezas se sintonizaban por completo con su poder como shinobi, convirtiéndolo en el arma perfecta.
Ahora que cada segundo contaba, no podía permitirse sino la máxima concentración y eficacia en todos sus esfuerzos. En media hora dos escuadrones bajo su mando saldrían de Konoha a una misión a ciegas, seguros de que cualquier sorpresa que pudiera esperarles a donde iban tendría serias repercusiones en el inestable equilibrio entre las aldeas ocultas. Con todo, este podía ser el inicio de una nueva guerra secreta ninja que tanto habían luchado por detener.
Pero Kakashi no estaba particularmente preocupado por lo que pudiera suceder a futuro. Toda su atención estaba puesta en el ahora, en seguir los procedimientos de rutina, analizar la información, planificar la estrategia, preparar las contra-estrategias y demás planes de emergencia. Pensar más allá de la misión era un contrasentido para un shinobi como él, más interesado en encontrar un kunai con su nombre que en involucrar algún sentimiento en el asunto.
Apenas salía de un baño rápido, medio vestido y medio mojado, cuando comenzó un golpeteo frenético en la puerta de su apartamento. Con fastidio terminó de ponerse la camiseta y de ajustarse la máscara antes de ir a abrir. Todavía tenía que pasar por el cuartel general ANBU antes de salir de la aldea, así que no tenía tiempo que perder con visitas.
Mucho menos con esta visita en particular.
El copyninja sabía perfectamente lo que le esperaba del otro lado de su puerta y nada quería más en ese instante que poder darse media vuelta y salir por la ventana sin tener que enfrentarla. Pero luego de un par de días sin verla, darle más largas al inevitable intercambio entre ellos no tenía sentido, menos en las presentes circunstancias. Reforzando mentalmente su disposición, Kakashi abrió la puerta sólo para encontrar el rostro encendido y agitado de Saku...
¿Qué rayos le había ocurrido a su cabello?
"¡Tenemos que hablar!"
La kunoichi se escurrió a su lado, entrando a su apartamento sin invitación como tantas otras veces. Kakashi tardaría aún unos segundos en salir de su estupor y volverse a verla.
"Este es un mal momento, Sakura" explicó tajante, señalando con el pulgar la puerta todavía abierta a su lado. Sin embargo, la kunoichi plantada firmemente frente a él no pareció captar la indirecta o simplemente no le importó.
"Estaré unos días fuera" continuó, "pero cuando regrese podemos hablar".
"Kakashi…"
"No, Sakura".
"¡Aún no sabes lo que voy a decir!" chilló indignada.
"No puedes ir" la cortó sin más.
"¡Esto es ridículo!"
La pequeña kunoichi comenzó a dar vueltas de un lado a otro como una fiera enjaulada en muy poco espacio. No había que ser un genio para ver la ansiedad y la preocupación que la desaparición de Naruto le ocasionaban. Por eso él mismo había recomendado que no fuese informada, aunque ya se esperaba que igual las cosas no funcionaran como él quería en este asunto. Como ocurre muchas veces en las aldeas ninjas, la excesiva discreción levanta más sospechas que la propia imprudencia.
"No sé que están pensando Tsunade-shishou y tú con esta actitud de mantenerme al margen" comenzó a despotricar, evidentemente molesta por ser ignorada en una crisis que le tocaba tan de cerca. "¡¿Cómo creen que puedo quedarme aquí sin hacer nada cuando Naruto me necesita?"
Kakashi cerró la puerta de un puntapié, seguro ya de que las sutilezas no iban a funcionar en este caso.
"Puede estar malherido y en necesidad de auxilio médico…" la kunoichi frotaba sus manos nerviosamente, hablando a toda voz y a toda carrera. "Después de todo lo que hemos pasado juntos…".
Por alguna razón, verla de ese modo le estaba sentando mal; una mezcla de irritación y nauseas que le obligó a apretar los dientes.
"¿Dime qué harías tú en mi lugar?" finalmente se detuvo a enfrentarle, un dedo levantado en su dirección. "Si tuvieras que quedarte, ¿cómo te sentirías?"
"¿Realmente crees que me importa?"
Sakura se quedó muda por fin, la boca abierta en una respuesta abortada que se perdería entre ambos. De inmediato, la tensión apretó visiblemente su figura. Su respuesta hacía eco de todo lo que había pasado entre ellos en el entrenamiento, días atrás, y ambos lo recordaron de golpe justo en ese momento. Kakashi se mantuvo impasible mientras los ojos verdes recorrían con ansiedad sus facciones, como buscando una respuesta a una pregunta imposible.
En un parpadeo, el arrebato de cólera estaba de vuelta en su mirada y con puños apretados se acercó unos pasos hasta él, determinada como siempre a no perder en sus argumentos.
"¡Yo sé que te importa!" le reprochó. "¡Estás preocupado, aunque lo escondas!"
No respondió. No tenía nada productivo que decir a eso.
"¡De no ser así, no me habrías ayudado con todo lo que te he pedido hasta ahora!" continuó increpándole, con una ferocidad renovada en sus gestos. "¡De no ser así, no serías tú al que mandan en esta misión!" Kakashi se encontró odiando como la rabia marcaba su rostro, una línea profunda entre sus cejas que le restaba inocencia a su juventud.
"¿¡Por qué no dices nada!"
Ante su falta de respuesta, la kunoichi forzó un par de respiraciones profundas, tratando de calmar su ira en favor de una actitud más desafiante.
"Si es verdad que no te importa nada como dices, dejarías que vaya contigo ahora…". El reto era un tanto infantil, pero efectivo. Lamentablemente para Sakura, Kakashi no estaba en disposición de entretener por más tiempo sus fanfarronerías.
Sin decir nada comenzó a avanzar hacia ella, haciéndola retroceder enseguida con más aprensión que sorpresa en sus gestos. Unos pocos pasos más y la kunoichi pegó su espalda contra la pared del reducido apartamento, un gritillo escapando de sus labios.
La distancia entre ambos estaba por terminarse cuando ella lanzó sus brazos al frente, colocando las manos contra su pecho hasta detenerle.
"¡Basta por favor!" le miró a los ojos angustiada, la diferencia de tamaño y la cercanía obligándola a doblar el cuello en un ángulo incómodo. "Yo sé que sí te importa…" susurró, sus manos cerrándose en puños, asiéndole de la ropa.
Enseguida, el copyninja sintió como su propia mano se movía, arrastrada por una fuerza invisible. El deseo de tocarla, de conectar con ella, era tan incontenible como natural. La punta de sus dedos estaba por rozar su mejilla cuando Sakura se encogió instintivamente, como si tuviera miedo de su toque. Entonces, algo se quebró dentro de él, la rabia contra sí mismo y lo que había hecho con ella multiplicándose en su ánimo con la efervescencia de un volcán activo.
Apretando un puño, Kakashi golpeó la pared con fuerza inusitada, sobresaltándolos a ambos. ¿Por qué mierda seguía haciéndoles daño a las personas que más quería?
A pesar de su reacción explosiva, ninguno de los dos se movió ni dijo nada por varios segundos, perdidos como estaban en analizar las sensaciones contradictorias que experimentaban con la cercanía casi íntima de sus cuerpos.
Sin tiempo y sin ganas, ya no le quedaba nada más por hacer. Kakashi se inclinó un poco más sobre ella, acercando su rostro al de Sakura al tiempo que su mano atrapaba su barbilla, sujetándola con firmeza, buscando sus ojos, listo para decirle la verdad. Porque a estas alturas sabía bien que ella era la única persona que le quedaba en su vida a quien no deseaba engañar.
"Ya no quiero que me importe más…".
Dos dedos rápidos en la base del cuello, una descarga precisa de chakra, y la kunoichi se desplomó inconsciente, en sus brazos.
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NDA: Es posible que el próximo capítulo de LeN tarde bastante en salir. Básicamente porque hay demasiados detalles que cuidar y no puedo publicar el siguiente sin tener escrito al menos el sesenta por ciento de los siguientes tres o cuatro capítulos. Pero mientras esperamos, viene el segundo de Suzaku y un montón de fanart que tengo por terminar. Además hoy ha empezado un kink-meme en LJ y me conozco, no me voy a resistir a llenar alguno de los prompts. Ya les linkearé lo que salga.
Gracias por leer, yo!
