Capítulo 3: El Verdugo que amaba las flores
"El Jardín de las Flores"
No podía haber un título más cursi para un jardín. Al menos para Nikolai era cursi, hecho por y para niñas. Sin embargo no le quedó más remedio que entrar en aquel lugar, pues volver atrás seria un suicidio y hacia delante no había otra dirección. De este modo, el joven bielorruso se adentró en aquel encantado lugar.
Nada más poner un pie en el jardín, lo primero que sintió fueron sus fosas nasales siendo asaltadas por diversos pero agradables aromas. Llegaban a ser tales aquellos olores que cerró los ojos durante un segundo y disfrutó de ellos, olvidándose por un momento de dónde estaba, de aquel excéntrico y subrealista País de las Maravillas. Destacó entre todas las fragancias, el aroma a lavandas. No había olor que le gustase más en el mundo y esto era así porque Anya olía justo igual a estas flores. Entonces, a su mente se le vino la imagen de su amada hermana cortando algunas lavandas en el bosque, corriendo hacia su casa y guardándolas rápidamente en su armario para que así toda su ropa se impregnara del delicioso aroma. Lo mejor de todo es que funcionaba.
La ensoñación de Nikolai pronto se vio interrumpida por los estridentes y agudos gritos de una mujer, o al menos sonaban como los gritos de una mujer...
_ ¡No, no y no! ¡Niñas! ¿¡Pero se puede saber qué os pasa hoy a todas!? Estáis distraídas y lo peor de todo, desafinadas. ¡Agitad esos estambres de una buena vez como es debido! Venga, desde el principio.
Entonces, un bellísimo coro femenino comenzó a resonar por todo el jardín. Las voces eran exquisitas, a oídos de Nikolai ninguna parecía salirse de tono. Estaban bien... Bueno, bien si eres fan de las melodías románticas y clásicas. Él no es que fuera muy dado a escuchar este tipo de música, así que no era especialmente de su agrado, pero lo que sí reconocía era que las voces eran bonitas.
Intrigado por estos cánticos caminó con sigilo y dejándose guiar por la suave melodía. Al cabo de unos segundos llegó por fin al origen de toda aquella música.
Se trataba de un pequeño claro rodeado por altas hebras de hierba en el cual se alzaban gloriosas distintos tipos de flores cantarinas. Sí, flores cantarinas. Flores con vida, flores que se movían como si fueran personas de verdad con la única pega de que estaban ancladas al suelo. La verdad es que tenían una actitud bastante humana.
Nikolai tuvo que frotar sus ojos un par de veces ya que no se lo acababa de creer del todo. Tras haber visto cuchillos voladores y de rostro amenazante debería estar acostumbrado ya a todas aquellas maravillas, pero no era así...
Se fijó en un Lirio, más blanco y más bello que la mismísima nieve, ella parecía ser la que dirigía al resto de las flores en su canción, pues era la única que no pronunciaba palabra alguna y movía sus hojas como si se tratasen de los brazos de un director de orquesta.
El bielorruso, extrañado a más no poder, intentó volver atrás, evitar a aquellas criaturas extrañas, sin embargo, el sonido de una de sus pequeñas botas pisando una ramita le delató y provocó que todas las flores callaran al unísono y dirigieran sus miradas hacia su dirección.
_ Mierda... _Susurró el bielorruso casi para sí mismo. _ Em... ¿Hola?
_ Oh, buenas tardes florecilla. ¿Te has perdido? _Saludó con elegancia el Lirio mientras hacía majestuosos gestos con las hojas de sus tallos.
_ ¿Qué dices? ¿¡A quién llamas tú "florecilla"!?
_ Está claro que a ti, ¿o ves a alguien más al que le esté dirigiendo la palabra? Tienes que usar más tu cabeza, no está solo para sujetar nuestras bonitas corolas. _Ante esta ácida contestación, la coral que formaban el resto de las flores comenzó a reír con cierta malicia. Esto hizo enfurecer a Nikolai. _ De todos modos... ¿Qué clase de flor eres tú? No reconozco tu especie. ¿¡No serás una hierba, verdad!?
_ ¿Qué? ¡No soy ninguna maldita hierba! ¡Soy Nikolai! ¡Nikolai! ¿Cuántas veces tengo que repetirlo en este estúpido país para que me entiendan?
_ ¿Nikolai? ¿Qué es un Nikolai? Jamás había oído hablar de esa clase de flor... ¿Tú sabes qué flor es, Rosa?
_ No, es la primera vez que oigo hablar de esa especie. Pero es muy extraña, fíjate en sus colores, son un poco apagados, ¿no?
_ Coincido con Rosa, pero sin embargo he de decir que son bellos. _Comentó de repente un clavel de color rojizo.
_ Sí, la verdad es que podría encajar en nuestro jardín, nos daría un toque "exótico"... Si supiera cantar sería perfecto. _Declaró Rosa mientras miraba, como suele decirse, por encima del hombro a Nikolai.
_ Podemos probar. ¡Tú, Nikolai, ponte ahí, junto a esos pensamientos! _Demandó Lirio con determinación. _¡Rápido, que no tenemos todo el día!
Nikolai, sintiéndose observado y un poco tensó al estar rodeado de tantas "féminas" hizo caso a lo que la flor le dijo y se posicionó entre un pequeño grupo de pensamientos.
_ Bien, ahora cantaremos la canción "La fiesta del Jardín". Es la que mejor nos sale. Nikolai, síguenos, aunque sea tarareando la melodía. Así veremos si sabes cantar.
Y dicho esto, las flores comenzaron a cantar de nuevo:
"Es la fiesta del jardín por las tardes
cuando el sol comienza a declinar
y las flores que son perezosas
no se pueden despertar.
Los narcisos visten siempre de gala,
las violetas vienen de postín,
lirios tigre y dientes de león
vienen juntos al jardín..."
La canción estaba acompañada por varias flores que, además de cantar, hacían las veces de instrumentos, como por ejemplo las campanillas, que gracias a sus agudos y delicados sonidos conseguían que la canción quedara mucho más bonita. Por otro lado, las flores que tenían los estambres más largos hacían las veces de guitarras, arpas, violines... Toda la instrumentación de cuerda.
Ciertamente sonaba muy bien.
En esto, Lirio señaló a Nikolai demandando de esta manera que continuara la canción, sin embargo éste no cantó ni una sola nota y solo se quedó mirando a la flor con cara de muy pocos amigos.
_ Venga Nikolai, te toca a ti.
_ No voy a cantar esta estúpida canción y menos con estúpidas flores. _Al decir esto se oyeron algún que otro respingo de espanto y múltiples cuchicheos a sus espaldas.
_ ¿¡Estúpidas has dicho!? ¡Pequeña flor insolente! ¿Es que no te enseñaron modales en tu casa? _Exclamó Lirio muy enfadada, sin embargo pronto recuperó la compostura, a fin de cuentas debía mantener su elegancia natural. _ Si no te gustan nuestras canciones... ¿Entonces qué clase de música te gusta?
_ Mmm... Metal, rock... algo así. Algo que no sea "pasteloso". _Contestó Nikolai encogiéndose de hombros.
_ ¿Rock? ¿Qué es eso?
_ ¿No sabéis qué géneros son esos? ... Lo que yo decía, flores estúpidas.
Antes de que ninguna de las flores pudiera responder, Nikolai se dirigió hacia una de las flores que poseía estambres de considerable longitud y los cogió por los extremos, haciendo que la portadora de dichos estambres diera un pequeño grito debido a la impresión y se resistiera un poco, pero al estar sujeta al suelo poco podía hacer.
De este modo Nikolai comenzó a hacer vibrar algunos de los estambres, intentando crear un ritmo que se pareciera más o menos al de una canción de rock. No quedó precisamente como él esperaba ya que el sonido de una guitarra eléctrica no era ni mucho menos comparable al sonido que emitían los estambres de la flor en cuestión, pero en esencia lo consiguió.
Las flores, al escuchar aquella "infernal y atronadora" melodía, cubrieron sus oídos rápidamente con sus hojas y gritaron fuertemente intentando mitigar así el sonido que estaba produciendo Nikolai. Ante tal griterío y escándalo, Nikolai detuvo su particular concierto y esta vez fue él el que cubrió sus orejas. ¡Quién iba a decir que los chillidos de las flores fueran tan molestos!
_¡Detente! ¡Detén ya esos horribles sonidos! _Exclamó Rosa.
_ ¿¡A eso llamas música!? ¡Eso no puede ser música! ¡Y tú no puedes ser una flor! Una flor jamás tendría tan pésimo gusto musical. ¡Entonces debes ser una hierba, una mala hierba! _Dijo con fiereza Lirio.
_ ¡Una hierba se ha colado en nuestro jardín!
_ ¡Que se vaya, que se vaya! ¡Su aspecto me está haciendo llorar!
_ ¡Lárgate, nadie te quiere! ¡Las hierbas sobran! ¡Ojalá os cortaran a todas de raíz!
Así, una a una, las flores del jardín comenzaron a insultar a Nikolai. Ni una sola se quedó callada, todas hicieron mover sus viperinas lenguas con malicia pareciendo disfrutar de ello...
Nikolai, harto de todo aquello, se agarró la cabeza y gritó, gritó como nunca había hecho antes. Tras esto miró hacia el cielo con el ceño fruncido, su respiración se agitaba por momentos, iba a explotar de un momento a otro.
_ ¿¡Qué quieres de mí!? ¿¡Quieres que me vuelva loco, es eso, eh!? ¡Pues muy bien! ¡Me volveré loco en este estúpido país!
El bielorruso entonces sacó de su bolsillo la pequeña navaja que portaba a todos lados y comenzó a cortar los tallos de las flores con gran presteza. Éstas se quedaron horrorizadas al ver a la primera de ellas caer y morir. No podían huir, no podían pedir ayuda, no podían hacer nada más que llorar, nada más que bañar el suelo con rocío y esperar su muerte...
Afortunadamente para ellas no pasó mucho tiempo hasta que Nikolai acabó con sus vidas. Algunos rápidos movimientos de muñecas y en dos minutos todos los tallos estaban cortados. Todas las flores muertas, tiradas en el suelo. Todos sus tallos rezumando una sustancia parecida a la savia, pero de un color más oscuro, más negro, nauseabundo... Puede que las flores fueran bellas por fuera, pero por dentro estaban podridas.
Nunca más volverían a cantar. Nunca más. El jardín perdió así su viveza, su color.
Cuando Nikolai acabó su trabajo se sintió mucho mejor, mucho más liberado. Ahora que no podía oír las estúpidas críticas de las flores se sentía mucho más relajado. Finalmente su respiración se reguló poco a poco y su cordura volvió, o al menos gran parte de ella.
Miró a los lados y observó la masacre que él mismo había realizado, era una imagen horrible. Entonces se dio cuenta de algo... ¿Qué haría con los cadáveres? Para él eran simples flores, sí, pero para el resto del mundo seguro que serían seres normales, habitantes del País de las Maravillas. Si alguien descubría su crimen seguro que empezarían a buscar un culpable, seguro que lo encontrarían y lo meterían en la cárcel o algo así. Si eso ocurría entonces jamás volvería al mundo real, se quedaría allí para siempre. No, no podía permitir eso, debía esconder los cadáveres.
De este modo Nikolai intentó mover las flores, pero éstas eran demasiado pesadas. Si no podía moverlas, mucho menos sería capaz de esconderlas... El chico suspiró y se frotó las sienes intentando buscar un plan mejor, pero aquel día parecía ser que estaba falto de inspiración y no se le venía ninguna idea a la cabeza. ¿Qué debía hacer entonces? ¿Resignarse? ¿Huir? La segunda opción parecía la más factible. ¿Quién sabía? Quizás encontrara a la letona antes de que le pillaran. Quizás...
El joven bielorruso empezó a caminar y guardó la navaja en uno de sus bolsillos, pero justo cuando hizo esta acción se dio cuenta de algo. ¡Aún tenía un poco del panecillo que le dio la estonia en su bolsillo! Podía comerlo, volver a su estatura normal, coger las flores y finalmente tirarlas en algún lado. ¡Pues claro! ¿Cómo no se le pudo ocurrir antes? Todo hubiera sido más sencillo... Hubiera podido destruir a todas esas flores de un pisotón...
Lo hecho, hecho estaba y el pasado, pasado quedaba. Nikolai solo miraría hacia el futuro.
Así pues sacó el panecillo que tenía en su bolsillo y se lo comió entero volviendo de este modo a su estatura normal. Luego cogió las flores y marchó por el bosque en busca de la pequeña letona.
Sin embargo aquel bosque parecía un laberinto y llegó un momento en el que a Nikolai todos los árboles se le hicieron iguales, ya no sabía si había pasado por un camino o por otro, ya no sabía si la piedra que ahora aparecía ante él ya la había visto o si era nueva. Estaba absolutamente perdido y no tenía a nadie a quien pedirle ayuda, parecía que el bosque estaba desierto... Para colmo, la noche había caído ya hacía rato y la luz era escasa, la Luna intentaba imitar al Sol pero no podía.
_ ¡No puedo más! _Exclamó Nikolai cayendo de rodillas en el suelo, absolutamente cansado._ ¡Odio este maldito sitio! ¡Lo odio, odio y odio! ¿¡Por qué diablos no puedo salir de aquí!? ¿¡Si esto es un sueño por qué no me puedo despertar!?
Las quejas de Nikolai fueron interrumpidas en ese momento por el sonido de pisadas acercándose a él. Rápidamente, el bielorruso volvió a sacar su navaja para defenderse por si era necesario, por si las pisadas eran de alguna bestia que quisiera comerle... mas no le hizo falta, pues no era ningún tipo de animal el que se había aparecido ante él, ni un asesino ni nada por el estilo, no. Era una muchacha que él conocía muy bien además.
_ ¿Helena? _Preguntó con incredulidad Nikolai al ver que era la joven lituana la que se había acercado a él.
Sí, en efecto, la joven lituana al parecer también se había "materializado" en aquel extraño mundo. Era lo que le faltaba, que la pesada de Helena le ralentizara en la búsqueda de Letonia. Simplemente perfecto.
_ ¡O-oh! ¿Estás herido? ¿Te encuentras bien? _Se apresuró a decir la joven mientras se arrodillaba hasta quedar a su altura y echaba un pequeño vistazo al chico pues parecía agotado y temía que algo o alguien le hubiera atacado en el bosque.
_ ¿Qué haces tú aquí?
_ ¿Yo? Pues... vivo aquí. En esa casita que hay allí.
La joven señaló a lo lejos y Nikolai pudo vislumbrar una pequeña cabaña medio escondida entre dos grandes árboles. Había que tener una vista muy aguda para poder encontrarla.
_ Vale, es decir, que tú también estás aquí...
_ Em... perdona pero, ¿de qué me conoces? Creo que no te había visto nunca. _Dijo la chica mientras se levantaba del suelo y de paso ayudaba a levantarse al chico también.
_ Tú vives en casa de mi hermana, conmigo y las otras bálticas, representas a Lituania y... _Al ver la mirada de confusión que Helena le estaba regalando Nikolai suspiró y decidió dejarlo estar. _ Es igual... A ver, ¿Qué extraño personaje eres tú aquí?
_ ¿Quién soy? Oh, pues yo soy el As de Tréboles, el verdugo oficial de la Reina de Corazones. _Contestó la joven con una dulce sonrisa sobre sus labios. La respuesta que recibió fue una sonora carcajada por parte de Nikolai, la verdad era que se esperaba de todo menos eso. Era la primera vez que le decía a alguien que era el verdugo de la reina y se reía. _¿P-por qué te ríes?
_ ¿Tú un verdugo? ¡Pero si vas vestida como si fueras una niña de bien! Con vestido y todo. _Resaltó Nikolai mientras seguía riendo sin creerse las palabras de la chica.
Ciertamente el vestuario de Helena no es que fuera el propio de un verdugo. La muchacha vestía una camisa de mangas anchas y abombadas con un estampado rayado y coloreada en diferentes tonalidades de verdes. Sobre la camisa vestía un chaleco abotonado de color blanco y con el símbolo de un trébol negro en uno de los costados. Ornamentando el chaleco, una banda dorada decorada con más tréboles aparecía. Cubría sus piernas una falda larga con el mismo estampado que su camisa y, para finalizar, sobre su cabeza portaba un gracioso sombrero con una pluma blanca.
Fuera de su indumentaria ya, la chica llevaba en su mano una especie de bastón de mando que finalizaba en un acabado de esmeralda que hacían forma de trébol. Quedaba claro que la chica representaba allí al As de Tréboles, sin duda. Aún con todo su aspecto distaba mucho de ser un verdugo.
_ Bien, "verdugo", ¿dónde está tu hacha, guadaña, machete o lo que sea que uses para cortar cabezas?
_ Aquí mismo. _Respondió la lituana señalando su bastón de mando.
_ ¿Eso? ¡Venga ya, Helena! No me hagas reír... más.
La chica sonrió un poco al ver que aún no la creía, así que le dio dos golpecitos a su bastón y éste, mágicamente, se transformó en una enorme hacha de doble filo que parecía estar tremendamente afilada. Las hojas de la misma eran de plata y relucían como si fueran un espejo, solo que este espejo además estaba salpicado por pequeñas gotas de sangre que se asemejaban a preciosos rubíes.
Nikolai se quedó sin palabras al ver el tamaño de aquella hacha. Era casi más grande que la lituana pero aún así ella parecía poder llevarla sin mayor problema. Empezaba a creer que quizás sí pudiera ser posible el que ella fuera un verdugo.
_ ¿Ahora me crees? _Preguntó la chica mientras volvía a convertir el hacha en un mero bastón.
_ Sí, supongo que sí. _Admitió el chico mientras se encogía de hombros. _ Decías que aquella era tu casa, ¿no? Pues vamos, me muero de hambre y tengo sueño.
Y dicho esto, sin esperar a que la chica le invitara a entrar, Nikolai entró en casa de la muchacha. Era pequeña pero acogedora, suficientemente grande para una persona. La lituana entró justo después de Nikolai, iba a pedirle explicaciones sobre la intrusión en su morada cuando de pronto recibió algo del joven.
_ Toma, tíralas, escóndelas o lo que quieras hacer con ellas. _Dijo el bielorruso mientras le daba el pequeño ramo que había formado con las flores a las que había matado en el jardín momentos anteriores.
_ ¿P-para mí? _Preguntó la chica algo sonrojada al recibir aquellas flores. Nunca antes le habían hecho un regalo de índole romántico debido a su condición como verdugo.
_ ¿Ves a alguien más aquí? _Preguntó el chico mientras abría la nevera de la cocina y picaba algo.
_ Muchas gracias, em... No me has dicho tu nombre.
_ ¿Mm? Es Nikolai. _Dijo el chico con la boca llena de algo que parecía ser pollo. Al menos sabía a pollo.
_ ¿Nikolai? Es un nombre extraño, pero es bonito. _Dijo la lituana mientras colocaba las flores en un jarrón con agua. _ Por cierto... ¿Quién es "Helena"? A-antes me has llamado así.
_ Tú eres Helena. _Al decir esta frase, Nikolai agitó su cabeza un par de veces. Ella allí no sabía que se llamaba así ni que era la representante de una nación. _ Quiero decir que ese nombre te pega. ¿O es que la gente te llama "verdugo" cuando vas por la calle?
_ Pues la verdad es que sí.
_ ... Estáis todos locos.
_ E-eso no es cierto... Bueno, quizás el Sombrero Loco sí lo esté un poco. Pero yo no...
_ Ya, ya. Por cierto... No conocerás a una cría con orejas blancas en la cabeza, ¿verdad? Va dando saltos por ahí y haciendo el tonto diciendo que llega tarde a no sé donde.
_ ¿Te refieres al Conejo Blanco? Claro que la conozco, trabaja para la Reina de Corazones, como yo.
_ ¿Sí? Llévame con ella ahora mismo. Necesito que me diga cómo volver a mi casa. _Nikolai hizo ademán de salir por la puerta, mas Helena le detuvo.
_ No. De noche no salgas o podrían comerte. De noche, el País de las Maravillas se convierte en... el País de las Pesadillas. Hay cosas horribles ahí fuera... No quisieras encontrarte con nada tan espeluznante en tu vida.
Al ver la seriedad con la que Helena pronunciaba estas palabras Nikolai decidió hacerla caso y esperar a la mañana siguiente. Después de todo aquel lugar de noche daba verdadero miedo, las sombras de los árboles se retorcían y el sonido del viento se asemejaba a sonoros gritos de desesperación.
_ Entonces iré a dormir. Pero mañana vamos sin falta a buscar a Leton... digo al Conejo Blanco.
_ De acuerdo, no te preocupes. _Nikolai asintió y se dirigió directamente hacia la cama de la lituana. Cuando se tumbó sobre esta la chica se quedó un poco descolocada. ¿Es que acaso iba a dormir allí? ¿En SU cama? Aquello no podía ser. Helena se acercó al bielorruso mientras sonreía un poco nerviosa por toda aquella situación. _E-em... Nikolai, esa es mi cama.
_ ¿Y qué?
_ P-pues... que si tú duermes ahí... ¿Dónde dormiré yo?
_ No es mi problema.
_ P-pero... Mañana tengo que trabajar y si no estoy descansada me dormiré y... ¡Y entonces será la reina la que me corte la cabeza a mí!
_ Calla. Si quieres dormir en tu cama hazlo, pero no me voy a mover de aquí. _Dijo Nikolai con indiferencia mientras cerraba los ojos, dispuesto a dormirse. Helena, algo dudosa y extremadamente nerviosa no sabía qué hacer. Era cierto que no conocía al chico para nada, pero también era cierto que el chico era muy guapo, además de eso le había regalado flores. No podía ser malo si regalaba flores, ¿verdad? ¡Y lo más importante! ¡Era su cama después de todo! Así pues, tras esta pequeña meditación, decidió echarse a su lado, pero a una distancia prudencial, claro. _ Te lo advierto, si me tocas un pelo te cortaré la cabeza con esa bonita hacha que tienes. ¿Te queda claro?
_ M-muy claro.
_ Bien. Buenas noches, Helena.
_ Q-que descanses, Nikolai.
Y así, Nikolai y Helena cayeron dormidos en poco tiempo, el día siguiente tendrían que ir a buscar al "Conejo Blanco" y eso significaba que tendrían que entrar en la corte de la Reina de Corazones. Tendrían que hacerle frente a la reina, algo que no era muy agradable...
Continuará...
