c13/ Rompecabezas - I

"In the absence of light, darkness prevails".

(En la ausencia de luz, la oscuridad prevalece).

Dicho Budista.

-o-

Un pulso constante latiéndole en las sienes era lo único que distinguía con claridad en la bruma de su propia desorientación. No podía recordarlo, pero estaba haciendo algo importante, algo de extrema urgencia y sólo pensar en ello la hacía sentir muy agitada, casi sin aliento.

Con un esfuerzo consciente trató de expandir sus sentidos más allá de aquel pulso, forzando sus extremidades a moverse, tratando de vencer a la oscuridad que le atrapaba tras parpados cerrados a fuego y sangre. Despertar era como nadar desde lo profundo del océano hacia la superficie, luchando con una densa negrura que le sofocaba, tratando de ponerla nuevamente a dormir.

Gradualmente la luz comenzó a colarse por sus ojos entreabiertos, enviando nuevas señales a su cerebro, forzando a su adolorido cuerpo a despertar, a su aletargada mente a comprender lo que comenzaba a discernir.

En la habitación pequeña y vagamente familiar, la realidad se hizo presente con un sobresalto.

'¡Naruto! ¡Kakashi! ¡Tengo que encontrarles!'

Sakura se sentó de súbito y enseguida se arrepintió. El vahído la obligó a dejarse caer hacia atrás de nuevo, su cabeza aterrizando en la superficie confortable de una almohada. Fue entonces que tomó verdadera consciencia de sus alrededores. Girando el cuello de un lado a otro mientras se forzaba a calmar la ansiedad y las nauseas, tomó nota de la decoración espartana, del cobertor verde y negro, de la ventana tras su cabeza, de la repisa con una foto desde la que ella se sonreía a sí misma a los doce años, del escritorio rebosando de pergaminos, y del olor inconfundible de Kakashi que la envolvía, acostada como estaba sobre su cama.

Luego de una inhalación profunda, Sakura se estremeció.

Éste era su infierno personal.

Dejando caer sus piernas a un lado de la cama, trató de incorporarse de nuevo; esta vez con el cuidado de evitar movimientos bruscos. En respuesta, su estómago se volteó de nuevo pero no con nauseas, sino con una efervescente cólera. La situación tenía un dejo demasiado familiar para ella –por no decir doloroso– que le provocaba unas inconfundibles ganas de asesinar. El infame copyninja había tenido el descaro de desmayarla y dejarla atrás. ¡Oh, ésta sí que se la iba a pagar!

Pero primero tenía que encontrarle, claro, y algo le decía que la infame técnica de Shikamaru no iba a serle de ayuda en esta ocasión.

Apoyando los codos sobre sus rodillas, la kunoichi ocultó el rostro entre sus manos para ahogar el grito que le quemaba la garganta. ¿Qué podía hacer ahora? Frotando vigorosamente sus ojos trató de borrar los vestigios del sueño forzado y obligarse a pensar.

Acudir a Kakashi había sido su único recurso en las circunstancias y las cosas no podían haberle salido peor. En su urgencia, Sakura descartó la gravedad de la tensión que había quedado entre ellos luego del último entrenamiento y lo mucho que el ánimo del copyninja era impredecible y se deterioraba cada día. De la conversación con Shizune había sacado en claro que con la aldea atravesando por una emergencia tan seria, no iba a encontrar ni simpatía, ni información en ningún lugar. Acudir a la Hokage quedaba, por lo tanto, totalmente descartado.

Así las cosas, no parecía haber más solución que seguir el consejo de Shizune y confiar en Kakashi y el ANBU; aunque se le revolviesen las tripas por ello.

Sacando el rostro de las manos, Sakura se volvió a mirar por la ventana. A juzgar por la luz menguante, era el final de la tarde, lo que significaba que había estado fuera de combate al menos por un par de horas.

'¡Maldito copyninja!'

Su miradase desvió de nuevo hacia la vieja fotografía del Team 7 en la repisa, con Naruto y Sasuke exhibiendo su precoz rivalidad y Kakashi sonriendo alegremente su indiferencia. Y en medio de todo estaba ella, riendo sin mayor preocupación que la de agradar a Sasuke… ¿Cómo la vida podía cambiar tanto en tan pocos años? Lo único que había permanecido igual en ella desde aquellos días eran los lazos de cariño y lealtad que había formado con cada uno de ellos.

El copyninja había hecho su trabajo mejor de lo que él mismo se daba crédito.

Ahora, el Team 7 estaba pasando por una nueva crisis y ella no podía hacer nada para proteger los lazos con sus chicos y…

"¡Sai!" gritó, poniéndose de pie un salto e ignorando el nuevo mareo que la golpeó en su entusiasmo.

¡Cómo no lo había pensado antes! Era tan obvio que Sakura se habría pateado su propio trasero allí mismo si no estuviese demasiado mareada como para conjurar un bunshin.

Kakashi no era su único compañero de equipo en ANBU.

Con un nuevo plan formulándose en su cabeza, Sakura recuperó la motivación y las energías necesarias para entrar en acción. Después de todo tenía un compañero de equipo al que encontrar, uno al que salvar y otro al que matar –muy, muy lentamente.

Sobreponiéndose a las nauseas, la kunoichi poco menos que corrió fuera de la habitación. Su mano ya estaba a milímetros de tocar el pomo de la puerta de salida cuando el inconfundible tañir de las campanas de emergencia la paralizó. La señal de alarma se escuchaba en toda la aldea, indicando con su ritmo urgente que éste era el último llamado para que todos los ninjas activos y en reserva se reportasen a sus puestos asignados y para que los civiles marchasen a sus refugios.

Sakura se estremeció visiblemente. Eran los preparativos para iniciar una guerra.

-o-

Desde lo alto de la Torre Hokage, Tsunade tenía una vista excepcional de toda la aldea. En la compañía de los anteriores hokages, tallados en piedra a sus espaldas, la vigilancia de los altos muros que rodeaban su hogar y que había defendido ya tantas veces, se le antojaba menos deprimente. Eran generaciones de ninjas excepcionales que le respaldaban silenciosamente con su ejemplo y su legado y aunque ella nunca había sido particularmente sentimental hacia el pasado, tenía que admitir que era reconfortante pensar en ello.

A su lado, inclinado sobre el barandal y rascándose el trasero insistentemente, estaba Jiraiya. Tsunade le quería agradecer que estuviese una vez más a su lado en un momento de necesidad, casi tanto como le quería empujar torre abajo por haberle tirado los tejos a la recepcionista en un momento así. Por eso optaba por no decirle nada. Con algo de suerte los dos sobrevivirían esta crisis para ver un día más y beber sus incordios hasta el fondo de la botella.

A sus espaldas, escuchaba los murmullos inquietos de sus subordinados, comentando los planes y datos que tenían hasta ahora. Todas sus expectativas, todas sus esperanzas, recaían en ella y su habilidad para tomar las decisiones acertadas y sacarles adelante. La verdad era que ni ella misma apostaría en sus propias probabilidades, lo que quizás era el mejor augurio que tenían de sobrevivir esta nueva amenaza.

Cuando los murmullos se detuvieron, Tsunade supo enseguida que el grupo ANBU que esperaban se había materializado por fin. Ella y Jiraiya se dieron vuelta para recibir las novedades.

"El equipo de reconocimiento ya ha vuelto, Tsunade-sama" reportó enseguida un delgadísimo ANBU con una distintiva Rata dibujada en trazos toscos sobre la máscara. "Era como temíamos, se han estado infiltrando por el viejo túnel en la frontera con Taki en escuadrones pequeños desde hace días; por eso nuestros espías no detectaron una gran movilización hacia el País de Fuego antes. Alguien ha tenido que darles acceso desde dentro desactivando los sellos de protección y alarma".

Luchando contra su temperamento explosivo, Tsunade comenzó a frotar el puente de su nariz. "Dime que al menos sabemos quienes son los responsables".

"No encontramos ningún indicio, Tsunade-sama".

"Han sido muy astutos hasta ahora, Tsunade. No se van a revelar antes de asegurar el premio mayor".

Los gruñidos de resentimiento que siguieron el comentario de Jiraiya daban cuenta del sentimiento de irritación compartido por el grupo. Nara Shikaku y Shizune por un lado, y dos Comandantes ANBU por el otro, formaban la compacta comisión de emergencia que había reunido. Hasta corroborar quienes eran los traidores involucrados en la desaparición de Naruto y el ataque a la aldea, todos los planes de defensa se mantendrían en absoluto secreto entre los allí reunidos.

"No muchos en Konoha tienen acceso a ese tipo de información". El Comandante Buey intervino, cruzando brazos que parecían troncos sobre su pecho. "Se han puesto un cascabel al cuello con esto".

"Lo que significa que no esperan que sobrevivamos el tiempo suficiente como para encontrarles" contestó el sannin con una sonrisa tosca carente de humor.

"¡Eso ya lo veremos!" chilló Tsunade con veneno en la voz. "¿A qué nos enfrentamos entonces?"

"Se trata de al menos dos mil shinobis del País de la Roca con apoyo del Kusagakure y algunos mercenarios. Se aproximan por el noreste y acaban de cruzar el río. Llegarán a la aldea en poco más de una hora".

"Son mucho menos de los que pensábamos", comentó un muy sorprendido Shikaku. "¿Y los ninjas de Sonido?"

El Comandante Rata sacudió la cabeza. "No se reportó a nadie identificado como tal".

"Eso es muy extraño" el Nara daba voz a la preocupación de todos, "se supone que ellos están liderando el asalto".

"¿Extraño? No tanto si piensas que esto no es una invasión, sino un golpe de Estado". Jiraiya miró a Tsunade de soslayo. "La mitad de esta batalla la vamos a librar a ciegas en contra de nosotros mismos". Un silencio elocuente siguió a sus palabras. Nadie dudaba que en medio de la conmoción, los enemigos que se escondían en la anquisolada burocracia de Konoha, saldrían por fin a intentar reconquistar sus viejos privilegios con garras y dientes.

¿Esto era todo? Tanto trabajar para que un puñado de conspiradores destruyese en un día lo que tomó a tres generaciones de Hokages comenzar a construir. Tal vez fuese una lucha imposible, un sinsentido tratar de cambiar el sistema, pero mientras tuviese fuerzas en su cuerpo, la hermosa Tsunade, reina de las babosas, la tonta sin suerte, iba a luchar hasta la muerte por dar a Naruto la oportunidad de intentarlo al menos.

'Sólo espero que te encuentres bien Naruto; no hagas que nuestro sacrificio sea en vano'.

Entonces, la rubia Hokage hizo sonar sus nudillos con propósito, disfrutando de la emoción que comenzaba a calentar su sangre. De ningún modo la iban a borrar del mapa sin antes probar lo que podían hacer sus puños.

"Bien, ya tendremos tiempo de pensar en los traidores y como encontrarles, por ahora tenemos que concentrarnos en repeler el ataque. Comiencen el protocolo de defensa acordado. Repórtenme enseguida cualquier actividad irregular dentro de la aldea y no confíen en nadie fuera de este grupo con información vital".

"¡Sí, Hokage-sama!" la respuesta fue un coro perfecto de voces decididas.

"¿Están los servicios de emergencia en posición?"

Shizune contestó enseguida, irguiéndose un poco más sobre sus tacones. "Si, Hokage-sama. Todos los residentes están en los refugios. La división médica está preparada en todo el perímetro".

La sannin asintió satisfecha. "¿Has visto a Sakura? Aún no se reporta conmigo".

"¿Sa-Sakura? Ehh no, claro que no…". Shizune tartamudeó la respuesta y Tsunade se abalanzó sobre ella, como un perro hambriento que olfatea un hueso.

"¡Escupe ya lo que sabes!"

"Tsunade-sama, no es lo que piensa, yo…".

La Hokage no alcanzaría a escuchar el resto de las explicaciones. Una explosión gigantesca a sus espaldas hizo estremecer el edificio, haciéndoles tambalear.

"¿Pero qué puta mierda pasa ahora?" La Hokage se volvió a tiempo para ver la espiral de humo que comenzaba a elevarse en la distancia, marcando claramente el lugar donde una parte del muro norte acababa de volar por los aires, dejando un boquete enorme en medio de la destrucción.

Un cartel diciendo 'por favor, entren por aquí e invádannos', probablemente sería más sutil.

"¡Parece que la fiesta comenzó sin nosotros!"

No bien Jiraiya terminó su sarcástico comentario, cuando los ANBU ya se habían desvanecido y los demás corrían a toda prisa hacia sus puestos asignados. Todos bien conscientes de lo que tenían que hacer y de lo que estaba en juego si fracasaban.

Tsunade volvió su atención hacia su viejo compañero de tantas batallas y lanzó una plegaria silenciosa para que ésta no fuese la última vez que vería su estúpida cara –arrugada y fea– devolverle la mirada con ese brillo pervertido.

"¿Y tú qué esperas? ¡Vete ya a ganarte el sake, que para eso te pago!"

Luego de una ridícula pose de despedida que debería ser imposible de realizar para un hombre de su tamaño calzado en getas, el pervertido sannin se lanzó barandal abajo, con la práctica de años de entrenamiento y la gracia de un mono borracho.

"Y vuelve con vida, por favor…".

-o-

La estática del radio-comunicador crujió en su oído un par de segundos antes de que la voz gangosa de Towa se dejase escuchar.

"Tenemos tres puntos moviéndose hacia el sur, Comandante".

"Yuki, confirma".

"Confirmado Comandante, tengo visual; tres puntos, afiliación Sonido".

"Tori, ¿los ves?"

"Afirmativo, Comandante".

Con el fin de la estática, comenzó la cuenta regresiva para decidir el curso de acción a seguir. Tenían un cronograma de tiempo muy ajustado y perseguir ninjas desconocidos y probablemente hostiles no estaba entre sus planes inmediatos. Además, considerando que la aldea estaba pronta a ser atacada por un ejército completo, detener a este grupo no iba a hacer mayor diferencia.

Sin embargo, algo muy poco racional le estaba haciendo dudar. Algo que le apretaba desde el fondo del estómago, indicándole que dejarlos pasar era un error que iba a lamentar luego.

En cuestión de segundos, el Comandante Lobo tomó una decisión. Presionando un dedo en su oído, la radio cobró vida de nuevo.

"Vamos a ver que podemos sacarles. Formación Rokku a mi señal; interceptar, extraer y destruir. Recuerden que no tenemos tiempo para jugar aquí".

Como un reloj bien engranado, el equipo ANBU se desplegó en silencio a través de la espesura del bosque para interceptar y emboscar a su presa. En su escondite, Kakashi se reclinó contra un árbol y reajustó su máscara mientras esperaba su turno de intervenir en el asalto. Expandió sus sentidos con cuidado, atento a cualquier señal de sus compañeros, al tiempo que trataba de mantenerse concentrado.

Sin embargo, sus preocupaciones parecían perseguirle hoy con más saña que nunca, clamando por venganza ante su fingida indiferencia. Invariablemente y en contra de su mejor juicio, sus pensamientos volvían constantemente hacia la aldea al menor descuido. En circunstancias normales no le costaría tanto mantenerse enfocado, pero la verdad pocas veces podía decir que había dejado a una mujer abandonada en su cama que despertaría insatisfecha y de muy mal humor. Casi lamentaba no estar allí para verlo.

Casi.

Golpeando su cabeza contra el tronco a sus espaldas, el copyninja trató en vano de reordenar sus prioridades. Konoha dependía de que tuvieran éxito en rescatar a Naruto y llevarle de vuelta antes de que la inminente batalla arrasara con la aldea. Considerando lo poco que sabían del paradero del escandaloso ninja y las circunstancias de su "secuestro", era seguro decir que tenían por delante una misión desesperada, de la que era muy probable que ninguno regresase con vida.

O que regresasen demasiado tarde, a un hogar en ruinas.

Aun si se trataba de una lucha perdida desde el principio, aun si las esperanzas se evaporaban frente a ellos como alcohol al fuego, ni él ni ninguno de sus compañeros iban rendirse. Para Kakashi, había llegado el momento de pagar con un sacrificio su deuda con las nuevas generaciones; tal y como en su momento lo hicieran su padre y su propio sensei por él, cuando era sólo un niño confundido y muy amargado. Para sus subordinados –una mezcla de novatos y veteranos poco probable, pero efectiva y bien equilibrada– las razones eran también personales.

Y como no iban a serlo, si todos los ninjas en la aldea habían sufrido y perdido en las sucesivas guerras. Todos tenían siempre una venganza pendiente, una deuda personal que pagar, o como él, un deseo irrefrenable de morir.

Towa, quien era una verdadera mole de carne y músculo, demasiado grande para encajar con la imagen tradicional de un ninja, vivía sólo por el placer de recrear con cada uno de sus enemigos, la forma horripilante como su propia madre había muerto. Los del Clan Akimichi eran en su mayoría de carácter afable, pero con una morbosa disposición a perder un par de tornillos cuando se les presionaba demasiado. A pesar de ello, el ANBU-Alce era la base del grupo, constante y leal a sus compañeros.

Por su parte, Tori era un médico cínico y violento que prefería quitar vidas más que salvarlas. Huérfano a los diez años y sin afiliación a un clan, la reputación del ANBU-Cuervo era bien conocida por ciertas perversiones y fetiches que harían al propio Jiraiya parecer un santo. Su motivación era la emoción del peligro, la adrenalina a tope en sus venas, la autosatisfacción de sus urgencias. El miembro más joven del grupo no era siempre de fiar cuando se trataba de poner la misión por encima de sus sadismos.

Y por último Yuki, la hermosa mujer de cuerpo ardiente y corazón helado. Debajo de la máscara de un gato y el seudónimo perfecto para su gélida actitud, Yugao Uzuki seguía respirando sólo por su deseo de alcanzar una venganza imposible. Su profesionalismo era intachable, tanto como sus habilidades bajo las sábanas –bien conocidas por todo el que estuviese interesado en probarlas.

Un ruido casi imperceptible le alertó de una presencia avanzando hacia su posición, sacándole enseguida de sus cavilaciones. Al parecer una de las presas estaba intentando escapar. Y para eso estaba él allí, cerrando las vías de escape.

Los dedos entrelazados en sucesivos sellos dieron paso a una bestia enorme hecha de rayo, que surgió de las sombras hacia un sorprendido ninja de Sonido. Sin tiempo para defenderse, la presa del día quedó de inmediato atrapada entre las poderosas quijadas de la tormenta eléctrica, que le sacudían y debilitaban con energía de alto voltaje. Kakashi se dejó caer poco después desde su escondite, aterrizando sobre él y tirándolo al suelo con todo su peso.

Enseguida fue evidente para el copyninja que sus subordinados habían hecho su trabajo durante la emboscada, pues el malherido shinobi ya no estaba en condiciones de defenderse mucho. El leve forcejeo apenas duró segundos antes de que le tuviese completamente inmovilizado, envuelto de pies a cabeza en una cuerda metálica tan delgada que se enterraba en la piel con el más mínimo movimiento. Eso lo mantendría quieto si no quería hacerse más daño del necesario.

Tres sombras se materializaron entonces frente a él.

"Reporten".

"Asalto completado. Tenemos a dos ninjas mediocres que no sabían nada, o eso nos aseguraron antes de morir", explicó Tori con un tono malicioso. "Ya están listos para ser enviados".

Como para confirmar lo dicho por su compañero, Towa se adelantó dejando caer el par de cuerpos que cargaba en sus brazos. Con un golpe enfermizo de carne y huesos, aterrizaron al lado del tercer ninja, quien se revolvió furibundo en su lugar, lanzando improperios y amenazas vacías. Kakashi notó de inmediato que ambos cadáveres escurrían muchas otras cosas además de sangre.

"El que nos queda con vida", ANBU-Cuervo señaló al shinobi en cuestión con un puntapié en el costado para hacerlo callar, "parece ser el jefe del grupo-".

"Quien casi logró escapar por culpa de tus estúpidos juegos", interrumpió Yuki, colocando sus manos en la cintura, lista para sermonear a su joven compañero sobre el debido protocolo de operaciones.

"No tienes sentido del humor, Yuki".

"Lo siento, pero operarle las tripas a alguien vivo no es mi idea de diversión".

"Jejeje… ¿Acaso no viste su cara?"

"¡Suficiente!" Kakashi les cortó antes de que comenzasen otra de sus mórbidas peleas sobre las mejores técnicas de mutilación. "Aún tenemos que interrogarle antes de declarar esto una completa pérdida de tiempo".

El Comandante y sus subordinados fijaron juntos su atención en el shinobi malherido y malencarado que les devolvía una mirada desafiante.

Kakashi se inclinó sobre él. "¿Vas a decirnos lo que sabes o tú también quieres conocer a tus intestinos en persona?"

"¡Vete al infierno!" Un escupitajo mezcla de sangre y saliva alcanzó al copyninja en su armadura.

"¡Tú primero!" con un golpe seco, le rompió la nariz, haciéndole gemir y poner los ojos en blanco.

"Yuki, tu turno".

La kunoichi se puso en acción de inmediato, tomando el lugar dejado por Kakashi. Luego de una secuencia de sellos sencilla, colocó una mano sobre la sudorosa sien del prisionero y activó un jutsu algo rudimentario, pero efectivo para sus propósitos. Solían usarlo sólo en casos de extrema emergencia, cuando no había tiempo para interrogatorios más elaborados y era necesario extraer información con rapidez, sin importar los daños que pudieran causarse a la mente del receptor.

Los gritos del shinobi cortaron la tranquilidad del bosque y pronto se diluyeron en sonidos desgarrados y guturales que Tori seguía con particular atención, sonriendo de gusto tras la máscara. A juzgar por la forma en que se le brotaron las venas del rostro y la sangre comenzó a salir de sus oídos, la violencia de la invasión estaba causando un daño irreparable, por lo que sólo tendrían una oportunidad de recuperar información coherente.

Un par de minutos más pasaron antes de que Yugao terminara la técnica, su respiración acelerada dando cuenta del esfuerzo que había hecho por ser rápida y eficiente en la extracción.

"No pude sacar mucho. Este tipo tiene entrenamiento para resistir una invasión mental". La Kunoichi se frotó las sienes, irritada. "Por lo que entiendo, este grupo iba a encontrarse con un contacto cerca de Konoha. Algo sobre transportar o proteger alguna cosa… no estoy muy segura de que se trata, pero es algo muy valioso".

Esto podía ser importante para la inteligencia de la aldea. Si alguien les estaba traicionando, como aseguraba Jiraiya, esta podía ser su oportunidad para dar con el contacto y atrapar a los responsables.

"No podemos extraerle nada más aquí sin la ayuda de la división de tortura". Kakashi se movió de nuevo sobre el prisionero y sin dudarlo procedió a romperle ambas piernas con dos pisotones certeros en las espinillas. Aun teniéndolo inmovilizado y debilitado por sus múltiples heridas, el copyninja no quería correr el riesgo de que el prisionero se llegase a escapar.

"Towa, prepara el lugar y envía un mensaje al cuartel general para que alguien venga a buscarlo en cuanto puedan. Tori, asegúrate que no se desangre, lo necesito con vida".

Ambos shinobis se pusieron a trabajar enseguida. El primero, preparando una prisión bajo tierra para contenerle con un jutsu que no dejaría más indicio que el necesario para que sus colegas del ANBU le encontrasen. El segundo, usando un jutsu de fuego para cauterizar las cortadas más profundas y aplicando un mínimo de chakra curativo; apenas suficiente para asegurarse que las heridas internas no fuesen tan graves como para matarle… no muy rápido, al menos.

Echando los dos cadáveres al foso y luego al prisionero, Towa cerró la tumba-prisión y envió la señal.

Kakashi seguía todo el procedimiento impasible, pero internamente preocupado. Algo importante se le estaba escapando en todo este asunto, pero no podía comprender que era. Le faltaba información y tiempo para poner todas las pistas juntas y armar el rompecabezas.

Sin más opción que seguir adelante con la misión, el Comandante Lobo dio la señal para partir.

Cuatro sombras se disolvieron, sin dejar rastro de su presencia.

-o-

Salir había sido muy sencillo.

Volver a entrar a Konoha iba a ser el verdadero problema para ambos. Pero Sakura trataba de no pensar en ello mientras se colocaba un uniforme ANBU un par de tallas muy grande para ella. Escondida entre unos arbustos, mantenía un ojo en su compañero y otro en sus alrededores; la sensación de que alguien les descubriría de un momento a otro aún no la había abandonado del todo. Lo que estaban haciendo era ilegal, penado por ley y muy mal visto por la sociedad ninja, pero era su única oportunidad de ayudar a Naruto y una mierda si los encerraban por ello al volver.

Lo importante era volver. Todos juntos y con vida.

Tratando de ponerse un guante que parecía tener más dedos de los necesarios, Sakura tomó un momento para considerar a su futuro compañero de celda. Sai estaba sentado en el suelo a unos pocos metros de distancia, esperándola. Parecía bien concentrado en el montón de pergaminos que había desenrollado ante sí, pero Sakura no se fiaba. Él era un hombre y el sentido del decoro heredado de su madre le había enseñado –muy temprano en la vida– que los impulsos de la curiosidad masculina siempre le ganaban a cualquier atisbo de respeto. Aunque siendo honesta, el caso de Sai era especial en muchos sentidos. Después de años de trabajar juntos aún no sabía con exactitud cuales eran sus preferencias o que era lo que él pensaba acerca del sexo opuesto –y menos acerca de ella. Aunque eso sí, siempre había sido muy vocal a la hora de expresar su opinión acerca de su apariencia.

'Ahora tu cabello armoniza con tu cuerpo plano a la perfección, fea'.

Si no le necesitase para buscar a Naruto le habría enviado al hospital allí mismo. Pero por todo su retardo emocional y su grosería, Sakura sabía que, en el fondo, Sai había conectado con ella y con el resto del Team 7, a su manera particular. Y ella sabía que él en verdad estaba tratando de mejorar, de ser más amable con ella, a pesar del modo en que siempre parecía encontrar la forma de insultarla. Luego de la muerte de Danzou, Sai junto con sus otros compañeros en Root, habían comenzado (por orden de la Hokage), un régimen mixto de actividades regulares en la aldea, con misiones que implicaban mucha socialización e interacción con civiles, en un intento por ayudarlos a readaptarse y desarrollar sus inexistentes habilidades emocionales.

¡Oh, como se había reído Naruto diciendo que era para tratar de hacerlo normal! A lo que Sai, claro, había contestado enseguida y con total desparpajo que al menos él sí estaba completo, ¡con pene y todo!

Mientras luchaba con los incómodos protectores, Sakura se imaginó un mundo en el que los tres estarían juntos para reírse de ello nuevamente.

"Estoy lista".

Con esa declaración la kunoichi salió de su escondite en los arbustos, tirando aún de la armadura que le quedaba cómicamente grande. Sai se volvió a verla enseguida con ojo crítico de artista. Nadie que la viera de cerca la tomaría por un ANBU verdadero, concluyó, pero a los efectos del engaño que planeaban, resultaría suficiente.

"Tu cabello…" señaló enseguida con el pincel aún en la mano.

"¡Otro comentario al respecto, Sai…!"

"Tienes que cambiarlo de color" interrumpió impasible, "es demasiado llamativo tal y como está."

"¡Oh, claro!" Enseguida la kunoichi cerró los ojos y se concentró en un henge mientras Sai sacudía la cabeza, confundido. Para él las mujeres eran criaturas demasiado incoherentes. En el caso de la fea, era todo un reto adivinar lo que la haría reventar de un momento a otro, impredecible como eran su carácter y sus extrañas sensibilidades.

"¿Qué tal así?" preguntó.

Sai volvió su atención hacia su compañera, quien ahora lucia el cabello negro y algo más largo que los tristes mechones mutilados que tenía.

"Mejor", concedió sin hacer más comentarios. "No olvides mantener el henge en todo momento."

"Vale".

Entonces Sai extendió la mano hacia ella y Sakura sintió sus propios ojos casi saltar fuera de sus orbitas con lo que le ofrecía. Una pulida máscara de porcelana brillaba en la luz del atardecer con un desconcertante tinte rojo. La kunoichi tragó grueso. Esta era la última oportunidad que tenía de dar marcha atrás. De declarar todo el asunto como una absoluta locura y volver a casa…

Apretó los dientes hasta que su mandíbula protestó el esfuerzo. ¡Primero muerta que cobarde ante un compañero en necesidad!

Estaba siendo infantil seguro, pero mientras tomaba la máscara decorada con un mono y la colocaba sobre su rostro, sentía que ya nunca más volvería a ver el mundo del mismo modo. Que aquella oscuridad, cortada sólo por dos hendiduras que le permitían ver, iba a quedarse pegada de forma permanente a su piel, penetrando poco a poco en ella hasta hacerla enloquecer.

'¡Contrólate ya, Haruno Sakura!'

Sai también se colocó su máscara, la imagen de un ave dibujada con trazos delicados dignos del artista que era. ¿Era acaso un halcón? Sakura no estaba segura, pero decidió dejar el tema para otra ocasión, cuando Sai la invitó a acercarse a los pergaminos sobre los que estaba trabajando.

En el claro del bosque que habían elegido como punto de encuentro, a varios kilómetros al noreste de la aldea, la kunoichi se sentó frente a él con mucha curiosidad de saber lo que había podido averiguar antes de salir de la aldea. Pero por mucho esforzarse, no lograba encontrar sentido en el montón de reportes, dibujos y mapas que veía. Al parecer las fuerzas especiales manejaban códigos y jutsus para disfrazar o esconder la información de ojos no autorizados.

"Por lo que pude averiguar, se trata de un solo grupo ANBU que se dirige a Sonido siguiendo la ruta norte" comenzó a explicar, señalando el camino en el único mapa que parecía normal. "Considerando las horas de ventaja que nos llevan ya deben estar llegando a Tokeji, cerca de la frontera con Sonido", indicó el lugar referido con un par de golpecitos de su índice.

"¿Cómo pueden avanzar tan rápido?" Sakura estaba perpleja. "¡Es imposible!"

"Los ANBU tenemos métodos para hacerlo, te lo aseguro". La vaguedad de su respuesta frustró enseguida la evidente curiosidad de su compañera que dejó salir un bufido de protesta.

"Así que la única forma de darles alcance es en esto", continuó, al tiempo que sacaba de la pila otro pergamino. Al desenrollarlo, reveló una hermosa ave de alas anchas y pico elegante que parecía temblar sobre el papel, como si realmente estuviese viva y esperando con ansias el ser liberada de una jaula.

"¿Vamos a ir volando?" incredulidad fue su primera respuesta. "No crees que seremos muy evidentes de ese modo".

"En media hora será de noche y seremos prácticamente invisibles a gran altura. Para cuando amanezca ya estaremos sobre ellos y podremos seguirles a pie".

"¡Vas a quedarte sin chakra!" reclamó.

"Este pergamino fue preparado con antelación. No gastaré más energía que si fuésemos corriendo".

Sakura aún no estaba muy convencida y a pesar de que la máscara ANBU ocultaba sus facciones, Sai pareció adivinar las dudas que marcaban su rostro con facilidad.

"Es más sencillo de lo que piensas, Sakura. Una vez que estemos tras su pista podemos mantenernos a una buena distancia y no nos detectarán. Y aunque así lo hagan, su misión es llegar cuanto antes; no van a preocuparse por nosotros hasta asegurar su objetivo, te lo aseguro".

"Espero que tengas razón…".

"¡Confía en mí!"

El comentario, dicho con voz artificialmente forzada para sonar animada, provocó el efecto contrario: la aprensión ante lo desconocido parecía apretarle la garganta con verdadera saña. De igual modo, Sakura asintió silenciosa, consciente de que ya no le quedaba más elección que confiar en el criterio de su excéntrico compañero.

"Saldremos tan pronto oscurezca, en unos quince minutos".

Mirándole enrollar los pergaminos, la kunoichi se sorprendió de nuevo de lo mucho que había crecido su respeto y cariño por Sai en los últimos años. Más allá del trabajo de equipo, ella pensó que nunca conectarían a un nivel más personal. Sin embargo, Sakura confiaba en él sin reservas, tanto como en el resto de sus compañeros.

Tal vez este era el momento de poner a prueba si el sentimiento de confianza era mutuo.

"Mientras esperamos hay un par de cosas que quiero preguntarte, Sai".

"¿Sobre qué?"

"Sobre el ANBU".

Sai se detuvo a mirarla, ladeando un poco la cara, como confundido.

"Sabes que no está permitido hablar al respecto".

"Vale, entonces yo hablo y tú me escuchas".

Su compañero no contestó, reanudando enseguida el tedioso trabajo de enrollar los pergaminos; lo cual Sakura interpretó como aprobación tácita –o al menos resignación ante sus planes de interrogarle.

"Para empezar, el líder del grupo al que seguimos es el Comandante Lobo ¿o debo decir Kakashi-sensei?"

Enseguida Sai se apartó la máscara a un lado y Sakura le imitó, una sonrisa de triunfo aplastada en su rostro ante la perplejidad de su compañero.

"¿Cómo sabes eso?"

"Eso no importa ahora. Lo que quiero saber es por qué Kakashi sigue activo en ANBU cuando ya… cuando él…". Sakura se dio pausa y trató inútilmente de mantener la angustia fuera de su voz. "¡Le está matando Sai! Tú también tienes que haberte dado cuenta de ello".

Sai exhaló largamente en uno de sus raros despliegues de emoción.

"Kakashi-san está cumpliendo con su deber como shinobi", se encogió de hombros con una sencillez que contrastaba horriblemente con la complejidad del tema. "Nadie más puede hacer su trabajo en este momento y él lo sabe".

"¡No puedo creer que eso sea todo!" Sakura sacudió enérgicamente su cabeza. "Ponerlo en riesgo no le va a ganar nada a la aldea si algo le pasa. Es el ultimo portador del sharingan, pensé que eso seria más valioso par-"

"Esto no tiene nada que ver con el sharingan." Sai la detuvo alzando la mano, una expresión ilegible en su rostro. "Ni siquiera con su fuerza o experiencia como shinobi, que es considerable claro…"

Por unos largos segundos permaneció en silencio, lamiendo sus labios de un lado a otro compulsivamente, como si estuviera recordando sus juramentos hechos con el ahora inservible tatuaje en su lengua, que le ató una vez al servicio de Danzou. Sakura permaneció inmóvil y atenta, apenas atreviéndose a respirar con la expectativa creciente de lo que sabía, era parte de las respuestas que le eludían.

"Los cinco Comandantes ANBU son conocidos como los Hokages en la Sombra". Comenzó en un susurro y Sakura se inclinó hacia él, ansiosa por no perder detalle.

"El Consejo tiene la fuerza política y el respaldo económico, pero ellos tienen el poder militar, el respeto y la lealtad de la gente y de los demás shinobis".

Sai levantó la vista de sus pergaminos a medio enrollar para fijarla en ella.

"En este momento, la presencia del ANBU-Lobo mantiene un precario equilibrio en el interior de las fuerzas especiales. Danzou-sama puede estar muerto pero su legado y el interés por volver a una sociedad ninja de prácticas más ortodoxas aún sigue vigente. Allí se esconden los más radicales y quienes tienen el poder de hacer más daño".

Y eso Sakura no lo dudaba, habiendo presenciado durante la guerra con Akatsuki lo desalmados que podían ser los ANBU más radicales de la vieja Root.

"Sospecho que la Hokage tiene también su pie metido hasta el fondo para controlar las presiones del Consejo y seguir adelante con los cambios. La oposición no puede ser subestimada en ningún frente".

"No pensé que la situación fuese tan grave" balbuceo descorazonada.

"Hay muchas cosas respecto a las tensiones internas de la aldea sobre las que sólo puedo especular, Sakura. Pero en el caso de Kakashi-san e incluso de Naruto-kun, su deber va mucho más allá de cumplir con una misión. Su presencia y su liderazgo son vitales para mantener un equilibrio de poder que nos favorezca".

Sakura quería protestar y ofrecer alternativas. Pero no encontró ninguna.

"Esta situación… el ataque, la desaparición de Naruto… todo está relacionado, estoy seguro".

En ese momento Sakura se sintió minúscula, como una hormiga tratando de cruzar el desierto. Kakashi tenía razón en tratarla como a una niña ingenua con la cabeza llena de idealismos románticos e inservibles. Mientras ella se enterraba viva en sus libros, él seguía protegiéndoles a todos en silencio, como una barrera entre los viejos prejuicios y el futuro que Naruto y ella, junto con todos los ninjas de su generación, representaban.

El dolor de las uñas enterrándose en la carne de sus palmas no le dio satisfacción suficiente a la mezcla de rabia y vergüenza que la atravesaron de lado a lado.

"Ya tenemos que irnos". Sai cortó el silencio, terminando de llenar su mochila y echándosela al hombro.

Sakura apenas pudo relajar sus puños, paralizada como estaba en su estupor. El misterio alrededor de Hatake Kakashi se disipaba sólo para revelar lo distante que estaba de ella y de sus posibilidades de hacer algo significativo por él. Todos sus esfuerzos parecían ahora un juego de niños a la luz de la realidad.

¿Por qué Kakashi había aguantado tantas tonterías de ella?

En ese momento Sakura recordó con enervante claridad lo ocurrido en su apartamento. Los dedos callosos sosteniendo su barbilla. El rostro tan cerca del suyo. El calor de su aliento. Sus palabras graves, vacías, desesperadas.

'Ya no quiero que me importe más…'.

No. No había respuestas sencillas a eso. Tan sólo el recuerdo hizo vibrar su cuerpo con tantos sentimientos tan caóticos y distintos, que amenazaban con hacerla explotar allí mismo. Una bocanada grande de aire y se obligó a poner el asunto en espera, hasta que tuviese tiempo y ánimo suficiente para disectar los hechos y llegar a una conclusión más o menos coherente.

"¿Sakura?"

Sai estaba de pie frente a ella, expectante. En la creciente oscuridad de la noche que se cerraba sobre ellos, la máscara ANBU que ocultaba de nuevo las facciones de su compañero parecía más macabra, fantasmal incluso. Un escalofrío involuntario bajó a lo largo de toda su espalda.

Retomando el control sobre sus escrúpulos, Sakura se puso de pie con renovada decisión, deslizando su propia máscara en su lugar.

"Estoy lista". Ahora sólo podía seguir adelante y ayudar a sus chicos tanto como fuese posible.

Ya no había vuelta atrás.

Sai asintió, iniciando enseguida una complicada secuencia de sellos que ella fue incapaz de seguir más allá del trigésimo segundo sello. El aire comenzó a vibrar con energía alrededor de ambos, mientras el pergamino siseaba, dejando escapar a su prisionero de mala gana. Así, el ave de tinta cobró vida ante sus ojos, las líneas de sus formas tan perfectas como las pinceladas precisas de su creador. Con un par de golpes de su pico les señaló su impaciencia por salir, y Sakura se hacia eco de ese sentimiento, ansiosa por ir tras la pista de Kakashi y con ello, encontrar a Naruto.

¿Cuándo la gente iba a entender, que no se puede separar al Team 7?

-o-

Lo podía ver. No era más que un contorno desdibujado y un tanto borroso, pero le veía. O más bien, le sentía.

Estaba sentado en el suelo, unos pocos metros frente a él. ¿Por qué no le hablaba? ¿Por qué no se movía?

"¿Sasuke?"

Su presencia era familiar y a la vez extraña; su chakra estaba manchado y diluido. Naruto no podía precisar lo que está mal con él porque tampoco podía pensar con claridad.

"¿Sasuke?"

Le habían engañado. Le habían jurado que estaba muerto, que no hubo manera de salvarle. Y él lo había creído con lágrimas en sus ojos que nunca cesaron de caer en su corazón.

"¿Sasuke?"

Realmente quería ponerse de pie e ir hasta él, pero no podía. Se sentía tan pesado, tan cansado. Al menos cuando cerraba los ojos aún le veía, sentado impasible frente a él

¡De ninguna manera iba a perderle de vista esta vez!

-o-

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