Capítulo 4: El Camino de Baldosas Rojas
El Sol poco tiempo tardó en salir, por fortuna aquel día, claro, pues en el País de las Maravillas todo era posible y, si por alguna razón al Sol se le antojaba salir tres o cuatro horas antes de lo debido, lo hacía, y ninguno de los habitantes de aquel peculiar lugar le parecería extraño.
El Verdugo, ahora llamada también "Helena", fue la primera en percatarse de que ya había amanecido. Abrió poco a poco los ojos en cuanto sintió que las espadas de fuego del Astro Rey se colaban por su ventana y se proyectaban directamente hacia sus ojos. Pronto se arrepentiría de haber abierto los ojos, pues la imagen que vio a su lado la dejó totalmente en shock y bajo un estado de nerviosismo, aunque de emoción también, que nunca antes había sufrido.
Nikolai, aquel apuesto joven que prácticamente se había colado en su casa (y en su cama), se hallaba dormitando con la boca abierta mientras se abrazaba a ella como si se tratara de un peluche.
La muchacha no sabía qué hacer, simplemente se quedó allí, sobre la cama, intentando no temblar demasiado, cosa que le estaba resultando casi imposible, y dejando que un suave rubor se apoderara de sus mejillas. Esa era la primera vez que un chico la abrazaba. Sin embargo sus intentos por permanecer quieta no resultaron y Nikolai acabó despertando pocos minutos después de que lo hiciera ella.
Cuando el chico abrió los ojos se extrañó debido a la cercanía de la joven, no recordaba que la cama fuera tan pequeña ni que se hubieran acostado tan cerca el uno del otro.
_ ¿Qué haces tan cerca de mí? _Le preguntó Nikolai finalmente a Helena y mirándola con el ceño fruncido. No era la primera vez que la chica invadía su espacio vital, al menos "su" Helena, claro, la de ese mundo... era otra historia.
_ N-nada, absolutamente nada.
_ ¿No te dije ayer que si me tocabas un solo pelo te cortaría el cuello?
_ ¡P-pero si yo no estoy haciendo nada! ¡M-mira mis manos, mira mis manos! _Exclamó la chica totalmente alarmada. Sus brazos estaban pegados a su torso y era incapaz de moverlos debido al abrazo de Nikolai.
_ Oh. Ya veo. _Dijo escuetamente y algo sorprendido el bielorruso al comprobar que la muchacha llevaba razón. Acto seguido se separó de ella, se incorporó y se estiró una vez estuvo de pie. _Bueno, no te quedes ahí tumbada como una idiota, vamos a buscar a Leto... digo, al Conejo Blanco.
_ V-vale, ya voy. _ Respondió la chica aún sintiendo aquel estado de nerviosismo y emoción recorriéndola enteramente. Nunca había vivido una situación como aquella y, la verdad, le había resultado interesante. Nikolai era interesante.
Una vez que ambos estuvieron listos, partieron hacia el castillo de la Reina de Corazones. El camino no tenía pérdida pues para llegar al reino uno simplemente debía desearlo, entonces, del suelo emergían unas baldosas de piedra en forma de corazón que, cuando eran pisadas, emitían varias notas musicales. De modo que cuando alguien caminaba a buen ritmo sobre ellas sonaba el himno del País de las Maravillas.
Mientras caminaban por aquella senda musical, divisaron algo que les hizo detener su paso. Un pájaro de color amarillo chillón, casi totalmente desplumado, de loca y desesperada mirada y vestido con una corbata de rayas azules y verdes, pregonaba a viva voz una noticia sin descanso.
"¡Se hace saber, se hace saber! ¡Que el Jardín de las flores ha sido totalmente destruido, totalmente destruido! ¡Ninguna flor queda con vida, todas están muertas, muertísimas! ¡Y también se hace saber, se hace saber! ¡Que el Sombrerero Loco ha hallado su cordura tras vivir un suceso totalmente traumático! ¡Se busca al culpable, al culpable! ¡Así que, gentes del País de las Maravillas, si encontráis algún sospechoso informad a la guardia de la Reina de Corazones! ¡Se hace saber, se hace saber!"
Al escuchar aquel comunicado, Nikolai sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Él había sido el autor de esos crímenes y como alguien le reconociera estaba muerto. Debía encontrar a Letonia cuanto antes y volver al mundo real, a su mundo.
_ Qué pena... _Dijo la chica portando una mirada de preocupación sobre su rostro. _ Es un delito muy grave el matar y el devolver la cordura... Seguro que tendré que cortarle la cabeza al culpable...
_ Parece que lo dices con tristeza. ¿Qué pasa? ¿No te gusta tu trabajo?
_ Claro que no, ¿a quién podría gustarle cortar cabezas? A parte de a la reina, claro... Pero no puedo hacer nada, fue mi destino el ser verdugo. Nadie puede cambiar su destino aquí. O eso dicen.
Nikolai se quedó callado por unos segundos mientras examinaba las expresiones de la joven. Estaba claro, aquella "Helena" del País de las Maravillas era igual a su Helena, a la Helena del mundo real. Su cobardía, dulzura y disgusto por la sangre era el mismo al menos.
_ ¿Y cómo es la Reina de Corazones? _Se aventuró a preguntar el bielorruso.
_ O-oh, pues es... maravillosa, perfecta, muy buena con sus súbditos. S-sí...
_ Venga ya, Helena, lo dices con la voz temblorosa y mirando hacia el suelo. Está claro que es mentira. Dime de verdad cómo es la reina. Ahora.
_ P-pero...
_ ¿Pero qué? ¿A quién podría contarle que has dicho algo malo de la Reina? Si no conozco a nadie aquí.
_ Bueno, supongo que tienes razón. La Reina de Corazones es una criatura malvada, diabólica y muy autoritaria y caprichosa. Siempre se tiene que hace lo que ella diga o sino... morirás, te cortará la cabeza.
_ Si es así de malvada y mata con tanta facilidad, ¿cómo es que aún quedan habitantes en este ridículo país?
_ Eso es porque el Rey de Corazones la detiene.
_ Ah, que también hay un Rey.
_ Sí, claro que hay un Rey. _Dijo la chica mientras reía levemente, le parecía algo irreal que el muchacho no supiera que donde hay una Reina debe haber un Rey y viceversa. _ Pero el Rey es una persona distinta a la Reina. Es una persona mucho más tolerante y, aunque tiene cierta terquedad encima, siempre será mucho mejor que la Reina.
Nikolai no preguntó más, prefirió dejarlo para más adelante y resolver sus dudas con sus propios ojos. Sus respuestas no tardarían en aparecer pues ambos habían llegado hasta los territorios de la Reina de Corazones.
Ante ellos se alzaba un enorme y glorioso laberinto que parecía infinito. Era verde completamente y sus paredes se confundían entre sí, tan solo se distinguía bien una parte: La entrada, la cual tenía forma de un enorme corazón.
_ ¿¡Tenemos que atravesar esto!? ¿Estás loca? ¡No llegaremos al Castillo de la Reina ni en un millón de años! _Exclamó el chico al ver el laberinto.
_ ¿Qué? Nosotros no tenemos que atravesar este laberinto, solo los súbditos lo tienen que resolver. Nosotros podemos atajarlo.
_ ¿Cómo?
Sin decir nada más, la joven Verdugo alzó su bastón de mando hacia el cielo y éste comenzó a brillar. Tras un par de segundos, las paredes del laberinto comenzaron a separarse y desvelaron un camino recto hasta la puerta de entrada del Castillo de la Reina.
_ Los subordinados de la Reina podemos cruzarlo de forma recta, pero los súbditos lo tienen que atravesar. Sólo los que merecen ver a la Reina lo consiguen y los que no... acaban perdidos en este lugar hasta que mueren de hambre, de sed o asesinados por las horribles criaturas que habitan aquí.
_ Qué tétrico todo.
_ Un poco sí. _Admitió la chica mientras volvía a reír ligeramente.
Unos diez minutos después Nikolai y Helena llegaron al final del laberinto y éste retomó su forma habitual y enrevesada. Ante ellos ahora se alzaba un bonito jardín plagado de arbustos verdes con distintas figuras, fuentes de mármol y flores.
Mientras caminaban por los jardines en dirección a la puerta de entrada, divisaron cómo unas cartas de picas del tamaño de un humano adulto, portaban en sus manos (porque sí, tenían manos) unos cubos llenos de pintura roja. Las cartas tenían una expresión de absoluta desesperación y temblaban como flanes.
Ante estas reacciones tan inusuales, Helena decidió acercarse a ellos y preguntarles qué les pasaba.
_ ¿Os encontráis bien?
_ ... ¡Oh, no! ¡El Verdugo! ¡Es el Verdugo! ¡La Reina ya se ha enterado de nuestro error y viene a cortarnos la cabeza! _Exclamó una de las cartas.
_ ¡Por favor, te lo suplico, no me mates, solo soy un cinco, tengo mucha vida por delante! _Rogó otra mientras lloraba.
_ E-esperad, esperad, que no os voy a hacer nada. _Aclaró Helena mientras intentaba calmarlos. _Decís que habéis cometido un error, ¿no? ¿Qué habéis hecho?
_ ¡Hemos plantado en el jardín de la Reina rosas blancas cuando ella dijo que las quería rojas! ¡Es un crimen desobedecer a la Reina! Así que estamos intentando arreglarlo pintando las rosas con pintura roja. ¡Pero la Reina va a venir a dar su paseo matutino dentro de poco y nos pillará y luego nos mandará cortar la cabeza!
_ ¡E-eso es horrible! Iré a distraer a la Reina mientras vosotros pintáis. _En esto, se dirigió a Nikolai. _Por favor, ayúdales a acabar el trabajo.
Y así, sin darle tiempo a responder a Nikolai, la muchacha marchó hacia el interior del Castillo para distraer a la Reina y al bieloruso no le quedó otra que ayudar a pintar las rosas.
Pasó así el tiempo, el bielorruso estaba muy harto de pintar rosas, y de escuchar los miedos de las temblororsas cartas. ¿Dónde diablos se había metido Helena? Allí lo único que hacía era perder el tiempo, necesitaba encontrar a Letonia y necesitaba encontrarla ya. Y entonces... casi como por arte de magia, sus ruegos fueron escuchados, pues la pequeña letona apareció corriendo por allí mientras repetía el mismo mantra de siempre: "¡Llego tarde, muy tarde!"
El bielorruso, sin dudarlo un segundo, tiró el cubo de pintura al suelo y se dedicó a perseguir a la chica, últimamente era todo lo que hacía.
_ ¡Sonja, espera! ¡Te digo que esperes maldita sea! _Gritó Nikolai mientras corría tras ella. ¿Cómo diablos podía correr tan rápido?
_ ¿E-esperar? ¡No puedo esperar! ¡La Reina me reclama! ¡Y ya llego muy tarde!
Ambos siguieron corriendo hasta que llegaron al Castillo, sin pensarlo dos veces, Nikolai atravesó la puerta tras la letona y continuó persiguiéndola, pero pronto fue detenido por una imagen que le dejó totalmente impactado. La imagen de la mismísima Reina de Corazones sentada en su trono, portando sobre su rostro una expresión perpleja (supuso que adquirida a raíz de verle entrar en su castillo cual loco). A su lado se encontraba Helena, casi con la misma expresión en su cara, solo que esta se asemejaba más bien a una cercana al terror.
Pero el hecho de ver a la Reina o su expresión de incredulidad lo que le dejó totalmente impactado. Lo que dejó en completo estado de shock fue el descubrir de quién se trataba la Reina...
_ ... ¿Anya?
Continuará...
