c14/ Rompecabezas – II
Una cosa había quedado en claro luego del aterrizaje: Sakura no iba a volar nunca más en su vida si podía evitarlo.
Sin nada de donde agarrarse en un ave hecha de chakra y tinta, la kunoichi descubrió –demasiado tarde para su desgracia– que su propio chakra le resultaba inservible para sostenerse como lo haría con normalidad para avanzar de un árbol a otro, o para caminar sobre el agua. Al parecer su energía y la de Sai eran por completo incompatibles, por lo que su única opción fue mantener el equilibrio durante todo el viaje sin otra ayuda que la de sus afinadísimos reflejos felinos.
En otras palabras, pasó la mayor parte del viaje a gatas, tratando de no caer al vacío. ¡Qué ella era ninja, no equilibrista de circo!
No podía verlo, pero estaba segura que Sai sonreía tras la máscara, en silente burla por sus penurias. Era muy probable que se tratase de una de sus raras sonrisas genuinas y sólo por eso, ella no lo dejaba de estampilla contra el suelo.
"¿Dónde estamos?" inquirió, tan pronto fue capaz de poner un pie delante de otro sin tambalearse. Por lo que podía ver habían aterrizado en la cima de una pequeña colina, en los linderos de un bosque de poca espesura. Al otro lado, podía ver los interminables campos de arroz que se extendían hasta el horizonte, dando cuenta del antiguo nombre de aquellas tierras antes de la llegada de Orochimaru y la fundación de la aldea de Sonido; nombre con el cual ahora se conocía a todo el país.
"Cruzando la frontera, a unos cincuenta kilómetros al noreste del Valle del Fin".
Oír ese nombre siempre le provocaba escalofríos y esta ocasión no fue diferente. Mucho del destino de Konoha se había definido en ese lugar y la evocación de ese nombre en un momento tan crítico no podía ser casual.
El día apenas comenzaba a despuntar, gris y opaco, con nubes que presagiaban la continuación del mal clima formándose en la distancia. Iba a ser otro día miserable sin duda y los pensamientos de Sakura se volvieron de inmediato hacia el hogar que había abandonado a toda prisa en la víspera de la batalla. Mientras se reajustaba los protectores sin necesidad, se preguntó cómo se vería este amanecer desde Konoha… y si Konoha estaría todavía en pie para verlo.
Volviendo la atención hacia su compañero, se forzó a dejar las lamentaciones y derrotismos para después. No fue una sorpresa encontrarle de nuevo en cuclillas con pincel en mano y trabajando absorto sobre otro de sus pergaminos. La kunoichi se acercó a verle, una vez más maravillada por la soltura de sus manos cuando ella era tan tosca para todas las actividades manuales.
Cuando estuvo pronto, una secuencia de sellos liberó un increíble raudal de pequeñas aves de tinta que salían a toda prisa, sin duda, a seguir el rastro de Kakashi y compañía.
"Continuaremos a pie", declaró, levantando los ojos para verla. "Desde aquí el rastro nos lleva en dirección a Tanokuni".
"¿No es esa la capital del País?"
"Así es".
"Pensé que iríamos a la Aldea del Sonido, o alguno de los viejos escondites de Orochimaru". Siendo este un asunto de shinobis, parecía el lugar más obvio para empezar a buscar a Naruto. "Me parece muy improbable que la burocracia de este país quiera ensuciarse las manos directamente con el secuestro, ¿no crees?"
"A diferencia del País de Fuego, Sonido está controlado directamente por ninjas, aunque nadie sabe quién es su verdadero líder. Se dice que los señores feudales que quedan son marionetas del verdadero poder que está detrás".
Era cierto que Sonido se estaba convirtiendo rápidamente en una amenaza tan misteriosa y letal como lo fuera Akatsuki en su momento. Los rumores los había escuchado todos: desde la reencarnación de Orochimaru en un híbrido de cinco cabezas que respiraba fuego por las fosas nasales, hasta la creación de poderosos monstruos por parte de científicos desquiciados liderados por Kabuto. Era muy difícil hasta para los espías el discernir la verdad entre tanta fábula fantástica que salía del lugar.
"Pues igual, no me gusta nada este plan", se quejó más por costumbre que por argumentos. Aunque considerando la turbia historia reciente de la pequeña nación agrícola, no le parecía una buena idea el acercarse al centro de ese misterio, menos aún mientras estaban siendo atacados abiertamente.
Sai le restó importancia al asunto. "El Comandante Lobo sabe lo que hace. Recuerda que estamos siguiéndoles a ellos, no iniciando una búsqueda nosotros mismos".
Un bufido dio cuenta tanto de su inconformidad con el asunto como de su fastidio latente con el mentado Comandante. La forma en que la había dejado desmayada era una herida demasiado fresca en su orgullo y que demandaba compensación. Pero más allá de su molestia con el copyninja, ella tenía que reconocer que este tipo de misiones no eran su área de experticia. Su confianza en él estaba implícita, sin embargo, su ansiedad ante lo impredecible de la situación la ponía más irritable que de costumbre.
Cuando Sai terminó de recoger sus cosas, le hizo una señal con su mano y salió primero, tomando enseguida las ramas del árbol más cercano. Sakura le siguió con agilidad, agradecida de poder usar su chakra de nuevo para desplazarse. Era muy sencillo maniobrar en los espacios amplios de este tipo de bosque, aunque ello les dejaba vulnerables frente a potenciales enemigos. Camuflarse con el escaso follaje iba a ser una pesadilla en caso de que encontraran problemas.
Así, avanzaron por más de una hora a máxima velocidad, deteniéndose sólo un par de veces para recibir algún reporte de los espías de tinta de Sai.
Con cada rebote sobre las ramas el corazón de Sakura parecía volverse más pesado en su pecho, como si en su lugar alguien hubiese puesto una piedra que se hacía más grande con cada latido, con cada paso que daba hacia lo desconocido. La visión limitada que le proporcionaba la máscara –diseñada para magnificar el uso de todos los sentidos– sólo servía ahora para incrementar una sensación de extraña claustrofobia, donde la mayor amenaza parecía venir de algún lugar en su interior, inaccesible pero siempre al asecho.
Médicamente hablando, parecía experimentar los primeros síntomas de una paranoia y la verdad ella no estaba segura de que tanto podía atribuírsele al uniforme y a la misión, y no a sus propios demonios saliendo a por venganza.
'¿Y si llegaba demasiado tarde… y si al final no podía ayudar a Naruto del mismo modo que no pudo ayudar a Sasuke?'
La posibilidad de que sus peores temores pudiesen hacerse realidad le estaba consumiendo los nervios por completo.
Una nueva señal y la kunoichi frenó enseguida, sus talones hundiéndose en la madera, un par de ramas detrás de Sai. Tensos segundos latieron en sus sienes, hasta que su compañero la animó a acercarse. Sus cavilaciones fatalistas olvidadas de momento.
"Parece que tendremos camino libre cortesía del ANBU".
Sai señaló más allá de unos arbustos, donde las marcas inconfundibles de una batalla se distinguían en la distancia. Un par de cadáveres abandonados indicaban que el encuentro había sido reciente. En algunos sitios la vegetación chamuscada aún humeaba un poco, y en la tierra revuelta se distinguían huellas y rastros de sangre.
"Debemos darnos prisa… algo no anda bien". La última parte fue dicha en un susurro tan débil que por un momento la kunoichi dudó si lo había escuchado o no.
"¿A qué te refieres, Sai?"
"El ANBU nunca deja rastro de su presencia, Sakura", apuntó de nuevo hacia los cuerpos convertidos en verdaderos alfileteros humanos, la silueta inconfundible de los kunai usados por las fuerzas especiales brillando sobre sus cuerpos. "A menos que hayan tenido que huir de aquí a toda prisa".
Las noticias renovaron su angustia y agitaron nuevas preocupaciones. "Pero estamos en medio del bosque, lejos de los caminos principales. No debería haber patrullas numerosas en un lugar como este".
"No", concedió de mala gana, "a menos que los estuviesen esperando. Esta es una ruta secreta usada regularmente por nuestros espías ANBU".
Ambos se miraron en silencio por varios segundos, llegando juntos a las mismas conclusiones.
"Si Sonido está al tanto de nuestros planes hasta el punto de emboscar a Kakashi aquí…". Sakura no se atrevió a continuar esa idea en voz alta. Era demasiado aterradora la perspectiva de ser vulnerados de ese modo, ya no se diga de ser derrotados antes de siquiera empezar a luchar.
"Cierto, pero nosotros también tenemos una carta de triunfo a nuestro favor". Sakura se volvió a verle y Sai colocó una mano sobre su hombro, apretando ligeramente en un gesto sorpresivamente reconfortante. "Sonido esperaba una misión de rescate. Nadie nos espera a nosotros dos".
Sakura sintió las comisuras de sus labios estirarse en una sonrisa renovada por la mínima esperanza.
"No fue tan mala idea venir, después de todo. ¡Tienes tus momentos geniales, fea!"
Una felicitación de Sai era tan extraña como valiosa para Sakura, por lo que ignorar el epíteto de fea una vez más no fue tan difícil. Por primera vez desde que salieron de la aldea, parecía que las probabilidades les favorecían un poco –si bien era de manera fortuita y precaria. Ambos se habían convertido en la variable inesperada en un juego desfavorable. Nada estaba decidido todavía y en ello se concentraba la kunoichi para aplacar a la bestia que continuaba tratando de carcomerle los nervios desde dentro.
Siguiendo las indicaciones de su compañero, ambos descendieron para realizar una comprobación del lugar en busca de pistas adicionales, moviéndose con sigilo y rapidez en la tarea, aunque sin mucho éxito. Luego de borrar sus propias huellas, continuaron avanzando con facilidad pero con el doble de precauciones. El rastro que ahora dejaban sus compatriotas resultaría evidente hasta para un gennin recién graduado, confirmando la teoría de que les habían emboscado y ahora les perseguían de cerca.
Otra hora transcurrió con penosa lentitud antes de que Sai volviera a detenerse. Estaban de nuevo en los linderos del bosque, cerca de una ruta importante, a juzgar por el ruido de voces y el tránsito que llegaba hasta ellos. Con cuidado ambos avanzaron un poco más hasta situarse al borde de un pequeño risco que se elevaba varios metros sobre el camino serpenteando valle abajo hacia la ciudad.
Sakura parpadeó varias veces, sorprendida por lo que veía. Donde debería estar una pequeña ciudad pintoresca dedicada al comercio de cultivos, se erguía ahora una verdadera fortaleza, rodeada de muros y torretas altas. La vieja ciudad seguía allí, contrastando extrañamente con los edificios más modernos que se apiñaban en el fondo, al otro lado del valle, formando una especie de fortificación palaciega. Era difícil imaginar que algo así podía existir en Sonido, en especial cuando todo lo que la kunoichi había visto en sus escasas visitas eran pequeñas granjas arruinadas por las sucesivas guerras civiles y los escondites rastreros de Orochimaru, con sus interminables túneles y trampas, en los que habían buscado alguna vez a su compañero perdido.
Sai le dio un codazo que le sacó del estupor. Siguiendo la dirección de su dedo pudo comprobar lo que tenía ocupada la atención de su insolente compañero. Justo frente a ellos, en todo el perímetro de los muros que alcanzaban a ver, los puestos de vigilancia estaban en alerta máxima, con shinobis patrullando, y soldados armados como refuerzos. No muy lejos, se veía un regimiento avanzando hacia la entrada principal, alistándose para entrar en combate. Parecía que un ejército completo estaba allí para recibirles.
"Son demasiados, ¿no te parece? Para un país tan pequeño y casi inhabitado…"
"No sólo eso, sino ¿qué hacen aquí?" inquirió sin poder contener su sorpresa. "¿No se supone que Sonido está atacando Konoha ahora mismo?"
"La aldea de la Roca está atacando Konoha. Ellos nos están esperando, me parece, con la intención de no dejarnos salir". Sakura casi pudo sentir la frustración irradiando de la voz de su compañero, lo que de por si era tan sorprendente como lo que estaban viendo. "No cabe duda que Naruto-kun está aquí, Sakura. Él es lo único que puede decidir esta guerra a nuestro favor y ellos están listos para retenerlo sin importar el costo".
"¿Dónde esta Ka… el equipo ANBU?"
"Aquí termina su rastro. Sólo puedo suponer que ya se infiltraron con éxito, o no estarían en alerta las defensas de la ciudad".
E infiltrarse era lo que ellos tenían que intentar hacer ahora y Sakura no tenía ni idea de por donde empezar. Derribar la puerta a golpes y entrar como una tromba no era un problema para ella; tratar de escabullirse sigilosamente sin ser vista le resultaba tan natural como a un elefante el caminar por la cuerda floja.
"¡Espero que tengas un plan!" dijo, dando voz a sus preocupaciones.
"Lo tendré…", le aseguró distraído, mientras recogía a una de sus ratas –que Sakura no le había visto liberar siquiera– y la colocaba cerca de su oído, escuchando su reporte con absoluta concentración. Mientras, ella aprovechó para tomar buena nota de cómo los ninjas de Sonido estaban formando alcabalas y resguardando los puntos de acceso hacia la fortaleza. Tal vez habían dejado a sus compatriotas entrar a jugar, pero de ningún modo pensaban dejarlos salir con vida para contarlo.
"Entraremos por los desagües, hay una alcantarilla rota a cinco kilómetros".
El anuncio llegó con el predecible escalofrío de asco. "Temía que dirías algo como eso… ¿Cómo encontraremos a Naruto una vez adentro?"
"¡Un problema a la vez, fea!"
Dándole un par de golpecitos benignos sobre la cabeza, como a una niña que hace demasiadas preguntas tontas, Sai se puso en marcha y ella no tuvo más remedio que seguirle, refunfuñando por lo bajo sus protestas contra idiotas condescendientes que se pasaban de listos. Tal vez ella no sabía nada de espionaje, pero ya lo quería ver a él tratar de defenderse en un laboratorio de medicina experimental. ¡No duraría ni una destilación!
-o-
Una polvareda repentina se alzó por las viejas y tortuosas calles de Tanokuni obligando a los transeúntes a levantar las manos para proteger sus ojos. Esto no sería un hecho particularmente extraordinario si la ráfaga de viento no estuviera acompañada de un penetrante olor a cloaca que les obligaba también a tapar sus narices y arrugar sus caras en desagrado.
Múltiples sombras se deslizaron tras el extraño fenómeno, demasiado rápidas para ser distinguidas por los atontados residentes.
Sin embargo, dos figuras jadeantes, escondidas tras unos contenedores de basura, sí que les vieron pasar, esperando que el falso rastro que habían enviado con un par de clones mantuviera a sus perseguidores entretenidos el tiempo suficiente para permitirles escapar.
"¡Aún no entiendo cómo nos vieron!"
"Querrás decir cómo nos olieron…" contestó Sakura, mientras despegaba de su armadura algo verde y viscoso que no quería tener la desgracia de identificar jamás.
"Al menos ya estamos adentro".
Luego de media hora nadando en sustancias desconocidas y putrefactas, la kunoichi prefirió no hacer más comentarios. La idea de entrar derribando la puerta no le parecía tan descabellada ahora.
Sin dejarla recuperar el aliento, Sai la arrastró de un brazo por el laberinto de calles con una facilidad que no dejaba de sorprenderle. No volvieron a encontrarse con sus perseguidores, pero tuvieron que tomar un par de desvíos largos para evitar más patrullas y alcabalas antes de dejar atrás el centro de la ciudad y entrar en la parte más nueva, donde se erguía la extraña fortaleza. Al parecer la atención de los ninjas enemigos estaba ocupada en no dejar salir más que en no dejar entrar, lo cual les convenía.
Por fin se detuvieron en un callejón estrecho entre dos edificios, pegados como moscas de la pared a varios metros del suelo. Avanzando con cuidado se asomaron a la calle de atrás, tomando buena nota de los tres samuráis que montaban guardia en lo que parecía una entrada de servicio a las cocinas, a juzgar por los contenedores con verduras y frutas aparcados a un lado. Estaban muy cerca de un complejo secundario a la fortaleza central. Todo el lugar era enorme, pero Sakura tuvo entonces la certeza de que lo que veía en la superficie era insignificante en comparación con el laberinto que se escondía bajo tierra.
"Naruto se encuentra dentro", indicó Sai, despachando a una de sus ratas con un movimiento de muñeca. "Está en la zona de seguridad detrás del edificio principal; ¿logras ver ese tanque de agua en el techo, al fondo a la derecha?" La kunoichi asintió, cuando identificó el lugar.
"Allí le tienen sedado, pero al parecer, con vida".
Sakura se volteó a verle, el corazón latiéndole en las sienes con tanta fuerza que su visión se volvió borrosa por unos segundos.
"¿Estas seguro, Sai?"
"Muy seguro. Mis espías detectaron su chakra y…"
"¿Y qué?"
El estoico shinobi se quedó en silencio por un momento antes de sacudir la cabeza. "Nada… no es nada. Ahora lo que necesitamos es una distracción para infiltrarnos sin ser detectados y buscar la forma de…"
"¡Oh, eso déjamelo a mí!" devolviéndole las palmaditas condescendientes de antes, la kunoichi tomó la iniciativa, dejando a Sai sin tiempo de objetar o siquiera preguntar cuales eran sus planes. Necesitaba ventear las emociones que venía conteniendo para recobrar sus nervios y ella sólo conocía una forma de lograrlo. 'Y no necesitamos más paseos por los desagües', pensó al tiempo que se impulsaba hacia adelante, usando su excepcional control de chakra para calcular con exactitud la fuerza necesaria y la trayectoria del salto perfecto.
Con la agilidad única de los ninjas, aterrizó imponente, ataviada como un ANBU y oliendo a descomposición, justo frente de los tres guardias.
"¿Pueden decirme donde están los baños? Como pueden oler, realmente necesito darme una ducha".
Los breves segundos en que la bizarra aparición tardó en transformarse de desconcierto en amenaza para los tres samurais, fueron suficientes para que Sakura estampase un pisotón al más cercano, pulverizando todos los huesos de su pie. El alarido de dolor fue abortado igual de rápido, con un golpe certero a la garganta que le cerró de tajo la traquea y lo envió contra el suelo con una fuerza desproporcionada respecto al pequeño cuerpo que la había generado. El ruido que produjo la pesada armadura al estrellarse en el empedrado ahogó por completo el particular crujir de su cráneo al romperse.
A su derecha, el segundo samurai había entrado en acción, el leve roce del desenvainar de su espada alertándole de la inminencia de un golpe. Dejándose caer esquivó por milímetros el arco mortal que la hubiera cortado en dos. Girando sobre su eje tomó impulso y le propinó una patada en el abdomen, que lo lanzó hacia atrás, estampándole a un lado de la puerta como si fuese parte permanente de los relieves que adornaban la pared.
En ese momento sintió la tercera presencia a sus espaldas dejando caer su espada sobre ella. Pero el golpe del último samurai nunca llegó. Sakura se volvió a tiempo para verlo desplomarse ruidosamente con un kunai clavado en la frente, cortesía de...
"¡No tienes ninguna fineza!" reclamó Sai en un chillido de autentico horror, mirando de un lado a otro como anticipando la llegada de más enemigos.
"¡Pero obtengo resultados, sin olores molestos!"
"Con todo el escándalo que has hecho es increíble que nadie nos haya detectado".
Mientras Sai se quejaba otro poco sobre el estilo directo y burdo de su compañera, entre los dos arrastraron el par de cadáveres hasta dejarlos bajo el desafortunado samurai incrustado en la gruesa pared. Entonces Sai procedió a camuflarles con un jutsu, borrando evidencia de la pelea, mientras Sakura miraba hacia las ventanas de los edificios vecinos, lista para sacar de combate a cualquier mirón que pudiera levantar la alarma.
"No más tonterías como esa, Sakura. Cuando entremos quiero que prestes atención a mis instr…"
El piso se estremeció bajo sus pies con la fuerte explosión que provenía, sin duda, del interior de la fortaleza. Los dos compañeros intercambiaron una brevísima mirada, suspendida entre la preocupación y la urgencia, antes de apresurarse puertas adentro, hacia lo desconocido.
-o-
"Ha sido muy fácil…"
"¿Llamas a esto fácil?" un ligero jadeo de cansancio delataba su opinión tanto como su sorpresa ante la afirmación de su compañera.
"¡No seas idiota! Es evidente que nos han conducido hasta aquí" resopló.
"¡Eso no quiere decir que llegar haya sido fácil, cariño!"
Luego de superar varios escuadrones de ninjas –novatos pero molestos como moscas en un basurero– un pelotón de samurais deseando probar el filo de las katanas en sus huesos, y un par de invocaciones muy desagradables que les habían costado más chakra de lo que valían, Tori esperaba algo de crédito por sus cochinos esfuerzos.
Lo que no podía negar era que Yuki, quién recuperaba el aliento descansando contra la pared frente a él, llevaba algo de razón. El plan no era sólo conducirles a una trampa, sino desgastarles lo más posible antes de que llegaran hasta ella. Claro que él no estaba por darle la razón abiertamente. ¿Dónde estaría la diversión entonces?
"Además, estas prisas me sientan mal, ¿sabes? Si al menos me hubieses dejado destajar uno que otro samurai para compensar mis molestias…".
El aire circulando por el estrecho pasadizo pareció hacerse más denso sólo por la fuerza de la intensión asesina que Yuki mandaba en su dirección, haciéndolo sonreír enseguida tras la máscara. Gato y Cuervo se enfrentaban en una lucha silenciosa de voluntades, ambos sopesando las ventajas de desahogar las frustraciones de la misión en el otro.
Pero el desahogo tendría que esperar pues en ese momento Lobo y Alce aparecieron tras ellos, en un estado similar de cansancio y desarreglo que daba buena cuenta de sus propios problemas para llegar hasta allí.
"¡Por fin! ¿Qué les demoró tanto, la hora de la cena?" con su particular manierismo irritante, Tori dirigió algo de su fastidio contra los recién llegados.
"No te pongas pesado, que te estábamos cuidando el culo por si lo olvidaste". El tono indignado del siempre afable Towa era la mejor prueba de los nervios súper expuestos que marcaban el ánimo todo el equipo.
"Y yo te estaba aligerando el camino al frente, gordito…"
Yuki se mordió el labio inferior con fuerza mientras les veía discutir. Esto comenzaba a parecerse demasiado a la misión suicida que era y que ella personalmente, prefería ignorar alegremente. En particular cuando una pregunta la perseguía desde que llegaron: '¿Cómo coño iban a salir de allí?' Ya no se diga lograr rescatar a nadie cuando estaban por matarse entre ellos mismos.
El Comandante Lobo abortó más comentarios del grupo con un gruñido ininteligible, que les obligó a volver su atención hacía él e ignorarse mutuamente por el momento. Todos siguieron con atención los movimientos comedidos de su líder mientras se ponía en cuclillas frente a ellos. Luego de un par de bocanadas profundas para recuperar el aliento, hizo un inventario rápido de las armas que les quedaban a todos y de los niveles de chakra de cada uno tenía con el sharingan, un plan formulándose en su mente sin duda. Pasados un par de tensos segundos, inquirió:
"¿Yuki, qué nos tienes?"
"Encontré el epicentro de la actividad energética. Puedo confirmar que Naruto está allí, un par de niveles más arriba de donde estamos ahora".
Mientras daba su reporte, la kunoichi podía sentir el sudor corriéndole desde la nuca hasta el final de su espalda. En ese momento, deseaba como nunca el poder quitarse la armadura y máscara para limpiar la pegostosa humedad de su cuerpo, en lugar de seguir allí, tiesa, mirando con fingida indiferencia mientras Hatake Kakashi decidía la estrategia a seguir de acuerdo la situación y los recursos disponibles. En el peor de los escenarios él decidiría también quién o quiénes en el equipo tendrían que sacrificarse en nombre del bien mayor.
En nombre de la misión.
Todos sabían que Kakashi jamás dejaba atrás a ningún compañero de equipo… sólo a sus cadáveres.
-o-
Con cada vuelta y revuelta que daba, subiendo un nivel y bajando dos, Sakura se confundía y frustraba a partes iguales. Estaba cerca. ¡Muy cerca! Ella podía sentirlo en toda las fibras de su ser, aun si le parecía que no iba a llegar nunca, como si los corredores la mantuvieran dando vueltas en círculo con perversa alevosía. Por ello había decidido correr hacia adelante, derribando todo lo que encontraba a su paso si era necesario para mantenerse en curso lo más posible. O al menos eso esperaba.
A sus espaldas, Sai demoraba a sus perseguidores, mientras que al frente estallidos esporádicos se escuchaban cada vez más claros junto con voces de alerta y otros gritos que le confirmaban el camino. ¿Acaso Kakashi ya había encontrado a Naruto? ¿Estaban luchando por liberarlo? ¿Estarían bien los dos? ¿Cómo lograrían salir de allí con un ejercito completo cerrándoles el paso? Las preguntas eran un torrente continuo, encendido como combustible en su cabeza, mientras sus nudillos comenzaban a arderle bajo los guantes ansiando más contacto.
Un giro a la derecha, luego a la izquierda y con un sobresalto se dio cuenta de que había llegado al final del camino. Con otro, se percató de que Sai ya no la seguía. Estaba sola frente a una puerta dos veces más grande que ella, entreabierta como invitándola a comprobar lo que sus instintos ya sabían. Al otro lado estaba Naruto y sus compatriotas luchando por salvarle.
Con todo el sigilo que pudo conjurar de sus nervios, se movió despacio, conteniendo el aliento mientras cruzaba el umbral.
Al otro lado encontró una amplia habitación circular, con gruesas columnas delineando todo el perímetro y sobre las cuales descansaba la grada de un segundo piso, aparentemente desierto. Una serie de antorchas iluminaban el lugar malamente, generando sombras tan desconcertantes como las bizarras pinturas y relieves que decoraban todos los espacios, en un despliegue de ostentación y mal gusto.
Enseguida, Sakura notó dos cosas. Una, que la lucha que había anticipado, no era sólo desigual sino casi inhumana. Frente a ella un grupo de al menos veinte ninjas rodeaban a los ANBU, indistintos en la distancia, quienes con gran agilidad trataban de atravesar el boquete que habían hecho en la pared y de avanzar hacia su objetivo –lo cual parecía de momento, imposible. Tan pronto abatían un enemigo, dos más les salían al paso.
Lo segundo que notó fue a dicho objetivo al otro lado de la sala.
Tendido sobre una plataforma circular se encontraba Naruto. Abierto de brazos y piernas, estaba clavado al suelo por unas varas atravesando sus muñecas y tobillos. A su alrededor, una especie de sello circular hecho de caligrafía, con símbolos que la kunoichi nunca había visto en su vida se tejían como una espiral sin fin. No le tomó mucho el deducir su propósito. Un brillo rojizo emanaba del sello, pulsando como un corazón, drenando con cada latido el chakra del kyuubi. Lo que lo hacía posible también era evidente: el jinchuriki estaba además clavado por una larga lanza tallada con símbolos similares y que le atravesaba el obligo, debilitando sin duda el sello que contenía al nueve colas.
En la distancia, Sakura no podía distinguir si Naruto aún respiraba o no.
La desesperación se apoderó de ella retorciéndole las entrañas con una mezcla de rabia y aprensión. Apenas alcanzó a contenerse lo suficiente como para comprobar que nadie había notado aun su presencia, encogida detrás de una columna lejos de la conmoción. No había guardias o trampas que pudiera detectar alrededor de la plataforma. Por su mente cruzó la idea de esperar a Sai, pero la descartó enseguida. No había tiempo que perder. Si actuaba ahora, podría liberar a Naruto e iniciar el escape antes de que todo el ejército de Sonido les cayese encima.
Con un último vistazo a sus compatriotas, Sakura arrancó con toda la velocidad de la que era capaz en dirección a Naruto, corriendo por entre las columnas a los lados hasta llegar a la altura de la plataforma. Entonces se lanzó de un salto hacia él y tan pronto como sus pies tocaron el suelo, supo que había cometido un error. Apenas alcanzó a sentir a su enemigo sobre ella, supo con certeza que no tendría tiempo de esquivarle. Estaba fuera de balance, tratando de controlar el pánico al tiempo que buscar el ángulo ideal para minimizar el daño cuando algo –o mejor dicho alguien más la golpeo. El impacto la lanzó a un lado, cambiando la trayectoria de su cuerpo con violencia y sacándole todo el aire de los pulmones. El aterrizaje contra una de las columnas fue amortiguado por el cuerpo que la sostenía desde atrás y que sin duda le había salvado la vida de algo que ni siquiera había alcanzado a distinguir con claridad.
Desorientada y algo aturdida por el golpe, la única constante a la que se aferraba su conciencia era al brazo que la sostenía por la cintura y la figura sólida apretada contra su espalda, aguantándola firmemente. No necesitaba volverse para adivinar quien era. El chakra de Kakashi prácticamente zumbaba con la energía eléctrica que le caracterizaba, haciendo que los vellos de su nuca se levantarán.
Apenas y comenzaba a enfocar sus ojos correctamente cuando, con un destello plateado, la sombra del enemigo apareció de la nada de nuevo, esta vez embistiéndolos de frente a ambos. El copyninja la empujó a un lado sin ceremonia, lanzándose al ataque e igualando la velocidad del agresor de una forma que parecía imposible. Al primer contacto un chispazo eléctrico iluminó brevemente sus perfiles con el choque entre una Katana y el Tanto que esgrimía Kakashi, bañando a los contrincantes con una lluvia de luces y sombras. Intercambiaron un par de golpes más antes de retroceder de un salto hacia atrás, repeliéndose como polos iguales en un imán.
Sakura logró incorporarse entonces, kunai en mano, procesando finalmente lo que había ocurrido. Fijando la atención en el sorpresivo enemigo que casi la había destajado segundos antes, la revelación tardó más de la cuenta en hacer clic, pero cuando lo hizo, ella solo atinó a caer de rodillas de nuevo.
Uchiha Sasuke estaba delante de sus ojos, de pie sobre la plataforma, espada en mano y listo para cortar a cualquiera que intentase acercarse a Naruto.
'¡No puede ser… Sasuke está muerto, muerto, muerto…!'
Era absurdo, de seguro. Ella misma le vio morir, con la impotencia de no poder moverse, de no poder acercarse a auxiliarlo, mientras la mirada maníaca se petrificaba en su rostro vuelto al cielo con el rigor implacable de la muerte. Pero eran esos mismos ojos que flotaban en un contenedor en su oficina los que ahora la atravesaban con el odio de siempre helándole la sangre y despejando cualquier duda sobre su identidad.
No era un clon, ni parte de un elaborado genjutsu. Aquel era Sasuke, tan real como ella lo recordaba.
"Sa-Sasuke-kun" el nombre se le quebró en los labios tanto como en el corazón.
"¡La última línea de defensa!"
La inesperada respuesta la hizo saltar en alerta.
"Pensé que sólo un Uchiha podía ser apropiado para tan ilustres visitas de Konoha".
Sakura despegó con dificultad los ojos del mentado Uchiha para volverse hacia la voz sobre su cabeza y entonces la pieza que faltaba para entender la aparición de su compañero encajó en el rompecabezas. En la galería, una figura semi-encapuchada se hizo visible y con su presencia, todas las hostilidades se detuvieron.
"¡Kabuto!"
El aludido levantó los brazos en respuesta, mostrándose con arrogancia. "Me conmueve saber que me recuerdan". Era fácil notar como su voz se tornaba peculiar cada vez que pronunciaba las eses y Sakura casi podía distinguir las escamas de Orochimaru devorando su piel aun con la leve luz de las antorchas.
"Yo nunca podría olvidarles, claro". En ese momento una multitud de shinobis se manifestó en todo el perímetro, llenando la galería superior en todas direcciones. Abajo, todas las salidas quedaron bloqueadas por otro tanto de enemigos. En respuesta, el escuadrón ANBU se reacomodó formando un semicírculo protector en torno a su comandante. En algún momento Sai y otro ANBU se habían incorporado a la lucha, colocándose a ambos lados de Sakura. Este le hizo una breve señal de asentimiento y ella supo enseguida que los planes que habían hecho seguían en pie. A la primera oportunidad ella iría a por Naruto.
"¡Bienvenidos a Sonido!" Kabuto continuó hablando con afectación, interpretando el papel de cordial anfitrión a la perfección. "Aunque temo decir que estoy algo decepcionado ¿Es esto lo mejor que puede hacer Konoha? Ni siquiera un escuadrón completo para rescatar al valioso Jinchurriki? Me esperaba algo mucho más dramático, digno de la ocasión…"
"Devuelve ahora al Kyuubi Jinchurriki o enfrenta las consecuencias de una guerra abierta con Konoha y el País de Fuego". El Comandante Lobo le cortó sin rodeos, con una voz que no era la suya, pero claro, él tampoco era Kakashi y Sakura se estremeció a su pesar con la idea.
"Querrás decir, con Konoha si sigue en pie después del ataque de hoy. Considerando que llevan ya varias horas de sitio, dudo mucho que quede gran cosa a estas alturas…"
"Konoha no va a caer".
Kabuto se rió abiertamente, la burla brillando en sus ojos anfibios. "Como siempre están demasiado confiados en su tan mentada voluntad de fuego, cuando en realidad se consumieron a sí mismos desde dentro. Ya no quedan ni las cenizas de lo que fueron".
"Si no lo entregas, tendremos que llevarlo a la fuerza".
"Eso quiero verlo" comentó, levantando los brazos en clara invitación a evaluar la increíble desventaja en la que estaban: atrapados y rodeados por completo por todo el considerable ejército de ninjas y samurais que Kabuto había conseguido amasar con los años. "En cualquier caso, Naruto vino hasta aquí por voluntad propia, aceptando la invitación hecha por nuestro querido Sasuke aquí presente, así que no pueden reprocharme nada".
Sakura no pudo contenerse más y dio un par de pasos al frente, sus puños apretados haciendo crujir el cuero de sus guantes. "¡Cómo te atreves a usarle de este modo, a ultrajar su alma con un jutsu tan degenerado como ese!" Estaba más que segura que el zombi frente a ella no podía ser sino producto del infame jutsu de resurrección impura de Orochimaru.
Kabuto dio un paso al frente, inclinándose sobre la baranda como para verla mejor. "Los escrúpulos no tienen lugar en el mundo ninja y mucho menos en el ANBU, me parece recordar..." entonces la examinó con enervante detenimiento, el uniforme incapaz de ocultar ahora lo que se hizo más que evidente por la vehemencia de su reacción. "Debo reconocer que no pensé que Tsunade enviaría a su preciada aprendiz en persona hasta el matadero".
"Y yo no pensé que los rumores sobre ti fuesen ciertos", contestó al tiempo que se quitaba la máscara y deshacía el henge, sin hacer ningún esfuerzo por disimular el asco que arrugaba su semblante. "Ya no eres humano". Ahora podía verle mucho mejor, el rostro deformado como una serpiente de rasgos exagerados. Sólo los anteojos y la sonrisa irritante parecían quedar del viejo Kabuto que habían conocido cuando aun eran unos niños presentando los exámenes Chunin.
"Tal vez tengas razón, pero yo represento el futuro mientras ustedes son el pasado que está por desaparecer". Una señal de su mano y algunos de los ninjas rodeándoles comenzaron a avanzar hacia ellos. Sólo entonces Sakura reparó verdaderamente en ellos y se percató que todos tenían una marca en la frente; un tatuaje con el símbolo de Naga –las serpientes en un nudo infinito– y que parecían pulsar a ritmo con el sello sobre el que descansaba Naruto.
"Aquí lo tienen, el futuro del mundo ninja. ¡El soldado perfecto!"
No hacían falta explicaciones para entender lo que estaban viendo. Shinobis genéticamente cultivados, modificados y cruzados con quien sabe que jutsu para hacerlos más fuertes. Muchos de ellos se parecían entre sí, como si fuesen parte de la misma familia. El recuerdo del sello de Sasuke le vino a la mente con la desagradable certeza de que los experimentos de Orochimaru sólo se volvieron más macabros luego de su muerte.
Todo lo que habían enfrentado hasta ahora no era más que el ninja promedio. Kabuto les había estado reservando el plato fuerte para el final.
Sakura sintió más que vio la señal casi imperceptible que lanzó el Comandante Lobo. A su lado, ANBU-Alce saltó con increíble agilidad hacia atrás, multiplicando su ya increíble tamaño en el aire y aterrizando sobre un grupo de desprevenidos shinobis. Pero el jutsu por el que era tan conocido el Clan Akimichi no se detuvo allí. Su tamaño seguía aumentando a una velocidad increíble, llenando el amplio espacio con rapidez y lanzando a todos los presentes en completo caos tan pronto el techo comenzó a agrietarse contra su cabeza. Sus manotazos certeros dieron cuenta de las galerías y el lugar se volvió una lluvia de escombros que había que esquivar tanto como a los enemigos que saltaban por doquier.
Tan pronto comenzó el frenesí de la lucha, la kunoichi no se lo pensó dos veces. Salió disparada hacia Naruto, mientras sus compatriotas cerraban la formación en torno a ellos, manteniendo ocupado a Sasuke y a los extraños clones que seguían avanzando como animados por las carcajadas de Kabuto, quien parecía genuinamente divertido con la situación.
Con un tremendo crujido trozos de techo comenzaron a desprenderse sobre ambos y Sakura trató como pudo de proteger el cuerpo de Naruto al tiempo que intentaba comprender como liberarlo sin hacerle daño. Desactivar el sello apropiadamente podía tomarle mucho más tiempo del que tenía, pero si intentaba romperlo a la fuerza lo ponía en riesgo de sufrir consecuencias impredecibles. Quién podía decir que tipo de protección se activaría al romper el jutsu y si Naruto sobreviviría a ello.
Entonces, mientras se debatía respecto a la mejor manera de proceder, con el rabillo del ojo vio pasar la figura de un ANBU haciendo sellos a toda velocidad.
"¡Kokuangyou no Jutsu!"
Lo último que vio Sakura antes de que la ilusión les cubriera a todos por completo fue a Kakashi siendo rebanado en dos por la katana de Sasuke.
En la total oscuridad que invocaba el jutsu, sólo le restaba confiar en que lo que había visto era un clon y no al verdadero, morir.
-o-
Estaba demasiado viejo para esto, pensó mientras trataba de recobrar el aliento, en cuclillas descansando su peso contra el muro. Del otro lado sus compatriotas luchaban fieramente, tratando de abatir a los ninjas invasores que se colaban desde varios puntos donde las defensas habían sido vulneradas. Ya estaba muy cerca del lugar por donde saldría de Konoha, pero a medida que avanzaba, tratando por todos los medios de mantenerse oculto, más y más combatientes le salían al paso, obligándolo a desviarse y dar rodeos, o a esperar oculto como ahora, a que la conmoción pasase antes de seguir adelante.
Él nunca había sido un ninja de acción, de ofensiva, pero estaba orgulloso de sus habilidades, aun cuando los años y la inactividad habían mermado sus capacidades. Ahora era un shinobi de oficina, de maquina de café y salida a las cinco. Y francamente lo prefería así, a pesar de que sus contemporáneos seguían entrenando regularmente y manteniéndose en excelente forma. Pero al menos le reconfortaba que, en caso de necesidad, las viejas lecciones sobre ocultamiento y desaparición estuvieran tan profundamente arraigadas a su psique que sus desgastados músculos y articulaciones respondían más por instinto que por voluntad propia.
Aprovechando el movimiento de los contendientes hacia los techos, se escabulló por un callejón adyacente sin ser visto. Iba muy retrasado respecto a la hora pautada para la entrega, y ya no podía darse el lujo de perder más tiempo. Podía ver el muro de la ciudad a un par de cuadras de distancia. Estaba muy cerca de lograrlo. ¡La salvación de todos dependía de ello!
Saltando de una sombra a otra con sigilo, apuró el paso, apretando entre sus manos el contenedor donde transportaba a la muerte misma. La perdición de tantos en la ambición desmedida de unos pocos. Con ello sentía que la propia parca le seguía de cerca, esperando pacientemente a que él también se desplomase víctima de la maldición que ahora le quemaba las manos tanto como la consciencia.
La traición era la única forma de hacer lo correcto, estaba convencido de ello, pero no por eso la carga de lo que estaba por hacer resultaba más sencilla de sobrellevar.
La destrucción del mundo ninja, el fin de Konoha y de las demás aldeas ocultas.
Una nueva oportunidad para vivir.
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NDA: Hay links en mi profile a varios one-shots que he publicado para los que les interese el narusasu y el itasasu. Debo muchos comentarios, gracias a todos por la paciencia!
