C16/ Recurrente

Esta no era la primera vez que pasaba.

Era muy probable que tampoco fuese la última.

Pero no por ello resultaba menos doloroso el tener que estar de nuevo de pie, rodeado por una pila de escombros, contemplando la devastación del propio hogar con poco más que impotencia corriendo junto con los restos de adrenalina por las venas.

Naruto apretó el desgastado kunai en su mano hasta que los nudillos se le pusieron blancos. No había soltado el arma desde que terminó la batalla, casi como si temiera desmoronarse por completo, roto y exhausto, en el mismo momento en que no sintiera la necesidad inmediata de luchar y estar alerta. Lo cual era probable considerando sus heridas, el cansancio acumulado y el absoluto caos que eran entonces todas sus emociones.

Farfullando maldiciones, el Jinchuuriki siguió caminando, esquivando obstáculos a su paso mientras se movía por lo que quedaba de una calle secundaria hasta llegar al enorme boquete en el muro de la aldea. Por allí habían entrado los invasores cargando suficiente armas y explosivos para volar media Konoha fuera del planeta. A juzgar por la devastación a su alrededor casi parecía que lo habían logrado.

Frente a él un equipo médico de combate retiraba los últimos cadáveres del lugar, separando enemigos de compatriotas en los casos en los que aún quedaba algo en claro que poder identificar. No podía apartar la vista del macabro procedimiento y ninguno de los presentes tampoco le dijo nada, como si un entendimiento respecto a lo que cada uno hacía allí hubiese pasado entre ellos sin necesidad de palabras. Cuando el último grupo pasó a su lado con su carga en dirección a la morgue del hospital Naruto sintió como si le hubieran estrujado el estómago, anudándolo con alambre de púas. No era por el olor a sangre y viseras o por la desfiguración grotesca de algunos de los cuerpos que transportaban, era por la impotencia de haber llegado demasiado tarde… la impotencia de no haber estado allí, como debía, para salvarlos.

Había caído en la trampa de Kabuto como un idiota y no podía recriminar a nadie más que a sí mismo.

Algunas cosas no cambiaban con los años ni la distancia; otras crecían frente a tus ojos hasta hacerse irreconocibles. Él mismo se sentía igual que siempre, pero sin duda ya no era aquel niño inadaptado, el último de la clase, incapaz de hacer un bunshin decente en todos sus años de academia. Ahora era un hombre, con un poder descomunal bajo su mando, con muchas vidas más que la suya dependiendo de él… ¿Por qué no podía entonces poner algo de control sobre sus sentimientos? ¿Por qué no podía detenerse a pensar antes de actuar?

Aquellos ojos, una mano tendida y él se había lanzado sin dudarlo tras su mejor amigo, como siempre.

Ahora, tener tanto poder en su cuerpo y no poder hacer nada para remediar el daño causado o recuperar las vidas perdidas, le estaba matando.

¿Qué más injustas podían ponerse las cosas?

Temblando visiblemente, Naruto cerró los ojos y trató de concentrarse con todas sus fuerzas disponibles en luchar con el sentimiento lamentablemente familiar que le quemaba desde dentro, azuzado siempre por las palabras violentas que el Kyuubi susurraba en su oído.

Odia... Mata…

¡Véngate!

Tomar todo ese dolor que sentía entonces, toda esa rabia insana e insidiosa, y no permitir que se transformase en odio, sino transmutarla en fuerza positiva era, probablemente, lo más difícil que tendría que hacer en toda su vida. ¡Pero lo haría con un demonio!

Porque si de algo estaba seguro Naruto, era que la alternativa de seguir por el camino del rencor y la enemistad no era viable en el mundo que él quería construir.

Y un doloroso recordatorio en la forma de Sasuke, había vuelto de la muerte a echárselo en cara con toda la altanería que derrochaban siempre los Uchiha.

Toda la situación parecía salida de una de sus pesadillas recurrentes: la impotencia de no poder alcanzar a su mejor amigo, de no poder salvarle de sí mismo y de su odio, era su mayor frustración y a la vez, su mayor temor para el futuro. ¿Y si volvía a fracasar así? ¿Y si fallaba en proteger a su familia, a sus amigos o a su aldea de nuevo?

¿Y si no encontraba la respuesta que necesitaba?

Justo cuando creía que las cosas estaban comenzando a cambiar en Konoha, que poco a poco estaban venciendo al sistema, las consecuencias de una vida de "odio engendrando odio" se materializaron justo debajo de sus propias narices y de la peor manera posible. ¿Cómo no sentirse traicionado cuando todos a su alrededor le estaban engañando? Descubrir que no sabía lo que pasaba de verdad en su propia aldea, que estaba viviendo una ficción, que no le habían contado todo sobre Sasuke, le llenaba de una rabia que…

Naruto arrojó el kunai con todas las fuerzas que le quedaban, sin hacer blanco en nada, sin abrir los ojos para mirar siquiera si había golpeado algo o no. Porque podía verlo aun ahora tras sus parpados, como si estuviera tatuado allí: El rostro de Sakura contorsionado de vergüenza y angustia, diciéndole sin palabras que ellos también ultrajaban la memoria de su compañero de equipo, de su hermano, porque eran ninjas y no había lugar para los sentimientos o el honor en el mundo shinobi.

Y todo por el maldito Sharingan…

¿Cuándo dejarían a Sasuke descansar en paz?

Dando un par de bocanadas profundas en aquella miserable y fría mañana, Naruto pudo saborear en su lengua el olor a fuego y madera quemada. Se dejó caer en cuclillas, hundiendo la mano en la tierra húmeda de lluvia y sangre. Apretando un puñado de ella se la llevó contra los labios, haciendo un juramento silencioso por los que ya no estaban y por los que aún continuaban de pie, luchando con el espíritu de fuego.

Por el momento sólo tenía una respuesta a la situación: renovar su vieja promesa con más convicción que nunca. ¡No se iba a echar atrás en su palabra! Encontraría la forma de cambiar el mundo ninja y acabar con el ciclo del odio, aunque fuese lo último que hiciese en la vida. ¡Ese era su nindo!

Dejando que la tierra se deslizase de vuelta al suelo por entre sus dedos, Naruto decidió poner su atención en la figura semioculta que le observaba, hacía ya varios minutos, desde las ruinas de un edificio vecino. Puede que su compromiso fuese más firme que nunca, pero por el momento su ánimo no estaba como para lidiar con la mierda que la vida ninja acumulaba a sus pies.

Y menos con los responsables de haberla puesto allí, en primer lugar.

"¿Qué-quieres?" escupió sin moverse.

"La Hokage demanda tu presencia de inmediato" entonó despacio una voz asexuada desde la distancia.

"Yo no quiero ver a nadie" .

"Es una orden".

"¿Y qué se supone que significa eso?" gruñó, poniéndose finalmente de pie para confrontar a la figura a sus espaldas. "Que debo apagar mis emociones y fingir que no me afecta lo que pasa a mi alrededor"

Dio unos pasos al frente, las manos en la cintura y las piernas abiertas en un despliegue de bravuconería que invitaba a iniciar una trifulca.

"Que debo ser una máquina de matar como tú…" el Jinchuuriki enseñó los dientes, desafiante. "¿Ne, Kakashi-sensei?"

El infame ANBU-Lobo no se movió de su posición y su completa falta de reacción pareció enfurecer más a un Naruto que estaba a una excusa de distancia de ponerse hecho colas y arremeter contra su interlocutor sólo por el placer de ventear su rabia. El copyninja también le había estado engañando sin piedad, le informó el Kyuubi agitándose contento en su bajo vientre.

Naruto parpadeó varias veces, tratando de despejar el rojo que teñía su visión

"¡¿Por qué no me contestas?" gritó al rato, aún ofuscado.

"Ya tendrás tiempo para deprimirte después, ahora Konoha te necesita".

"¿De veras? Parece que las cosas marchan muy bien sin mi ayuda en esta aldea, considerando que nadie me dice nada…".

"¡Ya es suficiente, Naruto!" el Comandante estaba de pronto unos pasos de pie frente a él, sus movimientos demasiado rápidos para ser vistos por ojos humanos.

"¡NO! ¡No lo es con un demonio!" ladró el rubio por respuesta, la voz comenzando a quebrarse contra su voluntad. "Nunca va a serlo… Nada de lo que hago… Yo…".

Se dio la vuelta, incapaz de seguir mirando la odiosa máscara del ANBU en lugar de la más familiar de su viejo sensei. "¿Qué clase de amigo deja que sus compañeros sigan sufriendo hasta después de muertos, Kakashi?"

"La clase de amigo que aún siente compasión a pesar de todo lo ocurrido, que se preocupa incluso después de tanto tiempo", contestó con su propia voz, calmándole con ello más que sus palabras, "aún si no puede hacer nada más que sufrir con ellos"

"Y de qué me sirve eso en un mundo que sólo se aprovecha de ello" dijo bajito, los hombros caídos en señal de derrota.

"No debes olvidar que eres un shinobi con el espíritu de fuego que heredaste de tus padres, ser diferente es lo que te hace al final más fuerte". Una mano apareció de la nada sobre su hombro derecho apretando con fuerza. "Sólo por eso aún estás con vida, ¿no es así, Uzumaki Naruto?"

El Comandante ANBU estaba de pie justo a sus espaldas y el rubio apenas se volvió a tiempo para ver la transformación del asesino anónimo en el shinobi que conocía desde su infancia. Detrás de la porcelana blanca y el henge que oscurecía su cabello y su sharingan estaba en verdad Hatake Kakashi, luciendo bastante vapuleado, con la máscara sucia y raída en las esquinas, pero con el estoicismo de siempre en sus ojos perpetuamente cansados. Aunque ahora que le tenía tan cerca, Naruto no pudo evitar notar una atípica urgencia brillando en el fondo de su ojo sano.

"¿Sabes por que las fuerzas especiales fueron creadas, Naruto?"

La pregunta completamente fuera de lugar le descolocó por completo y enseguida sacudió la cabeza por toda respuesta. Nunca se lo preguntó realmente porque, a su parecer, la razón estaba más que clara: un ejército de élite entrenado en el arte de matar de un millón de formas diferentes al servicio de los que pudieran pagar un escandaloso precio por ellos. Sin preguntas, sin escrúpulos. Era un gran negocio sin duda y de ello vivían todas las aldeas ninjas, ¡duh!

"El ANBU fue el intento del primer Hokage, Senju Hashirama, por separar lo más cruento de la vida ninja de la mayoría de los shinobis, dejándole sólo a un pequeño grupo selecto la responsabilidad de matar".

Naruto abrió la boca. La volvió a cerrar. Nunca había pensado en el ANBU como un contenedor para el odio y la muerte asociados a la vida ninja. Pero ahora que Kakashi lo decía con tanta claridad parecía hasta una solución lógica al problema que plagaba sus días. Si sólo unos pocos eran asesinos en la aldea, shinobis como él y sus amigos no tenían que matar si no era verdaderamente necesario.

Viendo el entendimiento iluminar el rostro del Jinchurriki, el copyninja asintió satisfecho y continuó explicando. "Esa fue su solución para romper el ciclo del odio: unir a los clanes dispersos en aldeas y dar una oportunidad a la mayoría de su población de vivir una vida más normal, alejados del estigma que persigue a los asesinos".

Eso tenía sentido. Si no se podía suprimir por completo las razones que engendran el odio, al menos se podía limitar y controlar el daño que causaban dentro de los límites de una aldea que brindaba seguridad y un futuro para las familias de todos los shinobis. Era de nuevo, el sacrificio de unos pocos por el bien de muchos.

"Entonces, para controlar lo que sucedía en el interior de las fuerzas especiales, Hashirama nombró a su hermano menor como el Primer Comandante ANBU: Jaguar". La atención de Naruto se redobló con esa revelación. Mucho se había especulado respecto al origen e identidades de los Comandantes del ANBU, pero oír la confirmación de uno de ellos era casi un auténtico milagro.

"De este modo se mantuvo la estabilidad en los 'dos lados' de la aldea".

"¡Los Hokages en la Sombra!" exclamó el rubio apuntando a Kakashi como si le acusara de un delito al que el copyninja asintió, culpable, pero satisfecho de que su hiperactivo pupilo pudiera atar cabos un poco más rápido por estos días sin necesidad de mucha explicación.

Mientras, el Jinchuuriki comenzó a dar vueltas de un lado a otro, rascando su cabeza y murmurando para sí mismo, como tratando de ajustar toda esta información con el resto de las revelaciones de las últimas horas, que no eran pocas, y con sus propias ideas sobre la aldea y su futuro.

De repente se detuvo y enfrentó de nuevo a su sensei, animado ante la posibilidad de sacarle más información. "¿Entonces, los demás Comandantes…?" demandó.

"Cuando Senju Tobirama se convirtió en el Segundo Hokage, el nombró al Segundo Comandante: Buey".

"¡El viejo Sandaime!"

Kakashi asintió de nuevo y Naruto no pudo contener la sonrisa de triunfo y el puño al aire por haberlo deducido sin ayuda. Ya no le quedaban dudas, los Comandantes eran los candidatos a Hokage en cada generación.

El copyninja rascó su barbilla, pensativo, antes de continuar el relato. "Luego, Sarutobi nombraría al Tercer Comandante: Hiena, y ese sería su mayor arrepentimiento".

"¡Espera, espera, esta también me la sé!"

Kakashi no pudo contener su propia sonrisa ante el rostro apretado en concentración que ponía Naruto y que no había cambiado nada desde que era niño.

"Hiena era Danzo" contestó por fin él mismo antes de que el atolondrado rubio se sobrecalentará demasiado.

"En lugar de cumplir su rol como contraparte del Hokage, Hiena se convirtió en el foco de disidencia dentro de ANBU, creando Root e imponiendo una línea más tradicional de pensamiento que pretendía extender a toda Konoha. El ninja como una máquina sin sentimientos bajo el control de una élite que manejaría no solo la aldea, sino todo el país de fuego".

"¿Todos los ninjas serían como Sai? ¡Ugh!"

Kakashi ignoró su comentario y continuó, su voz cambiando sutilmente a una que demandaba atención absoluta de sus pupilos. Naruto estiró la espalda en respuesta.

"Con el peso de ese fracaso y una guerra en puertas, el Sandaime decidió romper la tradición y él mismo nombró al cuarto Comandante".

Enseguida Naruto abrió mucho los ojos, un vacío formándose en su estómago por la anticipación de las palabras que sabía, vendrían a continuación.

"Muy pocos saben que tu padre estuvo en ANBU, pero así fue. Sarutobi creía que no se podía ser un verdadero Hokage sin experimentar en carne propia lo que pasa en ese otro lado de la aldea. Y esto es justamente de lo que Tsunade te ha estado protegiendo, Naruto".

"¡Esa vieja bruja! Ya debería saber que no soy un niño". Se quejó dando muestras de lo contrario, si el puchero en su boca y los brazos cruzados en protesta eran un indicio. Kakashi sonrió un tanto más tras la máscara, a pesar suyo.

"No, ya no lo eres", dijo tendiéndole la máscara del Lobo en sus manos. Naruto lo miró confundido por varios segundos, los ojos yendo entre la ensangrentada porcelana blanca y la mirada bicolor con rapidez.

"Namikaze Minato fue el primer ANBU-Lobo".

¡Eso lo confirmaba! Las identidades animales de los Comandantes también eran heredadas según pasaban las distintas generaciones de candidatos a Hokage. Naruto tomó la máscara, admirando con una nueva luz los trazos rojos y negros que delineaban con precisión los rasgos de un lobo, que si bien lucía feroz e insaciable, podía ser justo y paciente también.

"¿Y a quién nombró mi padre?" preguntó sin despegar la vista de la porcelana, limpiando de manera inconciente la sangre con su pulgar.

"El Quinto Comandante fue Rata".

Cuando fue evidente que el copyninja no diría nada más Naruto levantó la vista por fin. "¿Y?" preguntó impaciente.

"Y, cuando seas Hokage sabrás quién es".

"¡Oi, eso no es justo!" exclamó levantando la voz más de lo necesario, pero el copyninja decidió ignorar su arranque de indignación una vez más, cortándole con rapidez. "Lo que tienes que entender ahora es que Tsunade se ha negado a continuar con esta tradición, más que nada porque a quien debe nombrar ahora como uno de los Comandantes, pasado o nuevo, es a ti, Naruto".

El Jinchuuriki apretó puños y dientes pero la mano enguantada de Kakashi sobre su hombro detuvo la predecible pataleta. "Aunque también" dijo con renovado énfasis, "es porque ella tiene la esperanza de que pronto, ya no tenga una razón para hacerlo".

Un gruñido disconforme fue toda su respuesta, aunque él entendía bien lo que Kakashi estaba tratando de decirle. La esperanza de no tener que continuar con esa morbosa tradición estaba puesta en él mismo y en su capacidad para acabar con el ciclo del odio. En medio de la impotencia de no poder cambiar las cosas, las identidades animales significaban, para cada uno de los Hokages, la esperanza de construir un futuro mejor puestas en el centro mismo del odio y la deshumanización: el ANBU.

Ningún Hokage renunció jamás al ideal que le había dado vida a Konoha, aunque sus órdenes no siempre fuesen las más cónsonas con ese deseo. Hacer del mundo ninja algo mejor era una ambición que hasta el propio Orochimaru había seguido, si bien de una forma retorcida y egoísta, no se podía negar que él también, a su modo, había tenido el espíritu de fuego.

El silencio volvió a descender entre ambos shinobis, mientras Naruto contemplaba absorto la máscara entre sus manos con una renovada sensación de finalidad. No sólo la batalla por defender Konoha había terminado ese día, también sentía que estaba cerrando la puerta a muchas cosas que, para el impulsivo Jinchuuriki era mejor no ponerles nombre. Él no era muy bueno analizando las cosas a fondo como Shikamaru, cierto, pero sí lo era siguiendo sus instintos y avanzando siempre hacia delante para cumplir su palabra.

¡Para ser un ninja excelente como sus padres antes que él!

Apretó con fuerza la porcelana entre sus manos. Estaba aún muy lejos de encontrar alivio para el enorme pesar en su corazón, luego de haber visto su peor fracaso en la aberración que era ahora Sasuke, pero conocer la verdad iluminaba un tanto el camino que quería seguir para enmendar los errores del pasado; para que nunca nadie más tuviese que pasar por lo mismo que pasó su mejor amigo, por lo mismo que pasó su padre…

…por lo mismo que pasaba ahora, su sensei…

Naruto levantó la vista, los ojos azules brillando con un nuevo entendimiento en la pálida luz del nuevo día.

"Gracias, Kakashi-sensei", dijo con sinceridad devolviendo la hermosa pieza de porcelana que, a pesar de su historia, preferiría no tener que ver nunca más en su vida.

"Es hora de irnos".

Traicionando su urgencia inicial por llevarle a la Torre, el copyninja simplemente guardó la máscara y se echó a andar al paso desenfadado de siempre, las manos en los bolsillos y la mirada perdida en algún punto del camino que sólo el parecía encontrar interesante.

Naruto se apuró en darle alcance, colocándose a su lado. El andar calmado de Kakashi de vuelta al centro de la aldea le hizo pensar que había un propósito para todo lo que hacía el copyninja. Llegar siempre tarde no era la excepción.

¿Tal vez a él también le gustaba ver rabiar a la Hokage?

En cualquier caso, esto le daba tiempo para poner un poco de orden en sus ideas y sentimientos antes de tener que hacer frente a la vieja Tsunade y la sarta de pretextos y reglamentos que seguro iba a intentar usar en su contra para continuar manteniéndolo al margen.

Marchando por entre las ruinas y la multitud de ninjas y civiles yendo y viniendo ajetreados, Naruto no pudo evitar admirarse por todo lo que el shinobi caminando con flojera a su lado le había revelado sobre la naturaleza de la aldea y sus secretos. Enseguida las preguntas se multiplicaron en su mente. Algo le decía que Kakashi finalmente comenzaría a darle más respuestas si él demostraba que las merecía.

Al menos ahora sabía lo que tenía que hacer; no más excusas. Asumir su responsabilidad con la aldea significaba no dejar que otros continuaran tomando las decisiones por él.

-o-

Sólo cuando dejó en el hospital y bajo estricta seguridad el contenedor con el preciado Sharingan, Sakura se permitió un momento para respirar por fin con un audible quejido mezcla de alivio y desazón, entrecortado por algunas lágrimas ahogadas a fuerza en su garganta. Estaba sola en el baño del segundo piso, en cuclillas, recostada contra las frías baldosas blancas de la pared y dentro de un minúsculo cubículo que había visto mejores días cuando la actual Hokage aún no había ni nacido.

Mirando el cielorraso con la intensidad propia de los que buscan las respuestas del universo, la kunoichi se preguntó por enésima ese día cómo es que todo le había salido mal, cuando ya sabía de antemano que las cosas podían salirle mal.

¿Qué paso con aquello de guerra avisada no mata soldado?

No tenía remedio. Era mal karma, y por cómo se sentía en ese momento, bien podía ya darse por vencido y aceptar que estaba jodida de antemano.

Golpeando la cabeza contra la pared con un ritmo errático, las escenas del día se repetían de nuevo ante sus ojos, mientras que sus reacciones habían quedado congeladas en pausa desde que había enfrentado a Omori-san, descubriendo así su rol en la serie de traiciones que habían sido orquestadas desde las sombras. Eran tantas las emociones que tenía que no podía concentrarse en ninguna por más de un segundo para decidir si lo mejor que podía hacer era gritar o rezongar o reír o llorar o simplemente lanzarse al río y acabar con todo de una vez.

Así que estaba suspendida dentro de un vacío que no parecía tener fin ni vías de escape conocidas. Y la verdad ella tampoco quería encontrar la salida; no de momento al menos, con todo el dolor que su estupor emocional estaba conteniendo. Ya sabía por experiencia que lo que venía después no iba a resultar nada placentero.

Recogiéndose del suelo con todo su confuso bagaje de emociones contenidas a cuestas, Sakura levantó el pestillo de la puerta y salió del cubículo más a fuerza de obligación que de voluntad. Aún quedaba mucho por hacer y no tenía ni tiempo ni derecho de quebrarse aún. Porque quebrarse era la única forma en la que conseguiría discernir lo que sentía y lo que debía hacer en consecuencia, antes de volver a pegar juntos los pedazos en un orden más o menos funcional.

La llave del agua giró bajo su mano con un penoso chirrido. De inmediato colocó el rostro bajo el potente chorro y un gemido de placer se le escapó como bienvenida al agua fría sobre su piel. Sus manos trabajaron rápido y con fuerza tratando de quitar la suciedad lo mejor posible sin jabón. Levantando la cara mandó una mirada desafiante a la chica de ojos hundidos de cansancio y cabello ridículo que la miraba desde el otro lado del espejo. Tenía que seguir adelante. Había una aldea que levantar y responsabilidades que no podían esperar.

De inmediato supo lo que tenía que hacer, aunque las perspectivas fuesen muy poco atractivas. Había abandonado su puesto durante una situación de emergencia, contraviniendo órdenes y saliendo de la aldea sin autorización. Tenía que reportarse y asumir esa responsabilidad antes que todo.

Con pasos más o menos firmes salió del baño del hospital, las puntas de su cabello goteando aún agua fría sobre su espalda. La aprensión sobre las consecuencias de sus acciones apretándole el corazón y haciendo sus pasos cada vez más pesados en su camino hacia la Torre Hokage.

La consabida conmoción que viene luego de un ataque semejante era evidente en las calles, con los aldeanos regresando de los refugios a comprobar con ojos muy abiertos, brillando entre aterrados y sobrecogidos, lo que quedaba de sus hogares. Los campamentos temporales para los damnificados estaban siendo levantados en el parque detrás de la academia y muchas familias ya se dirigían allí, las cabezas colgando resignadas, luego de haber perdido todo menos la vida. Mientras, los shinobis hacían su parte en la organización y atención de los desplazados, con una rapidez y eficiencia que daba buena cuenta tanto del excelente entrenamiento que tenían como de la lamentable experiencia previa ante crisis como esa.

Era todo tan devastador que por un momento, Sakura se sintió aliviada por no tener que seguir mirando su aldea destruida cuando por fin entró por las puertas desencajadas de la Torre Hokage. Pero el alivio duraría poco, ante la actividad frenética que se encontró dentro y que enseguida le apretó los nervios un par de vueltas más.

El interminable flujo de shinobis de todas clases entrando y saliendo, haciendo reportes, recogiendo ordenes, coordinando las acciones de recuperación, rescate y defensa, eran un ejemplo de lo que significaba el orden dentro de un aparente caos. Todos sabían lo que tenían que hacer en medio de la agitación en la que estaban inmersos.

Subiendo las enormes escaleras de dos en dos, la kunoichi llegó en tiempo record a la antesala de la oficina de la Hokage. Allí se encontró de frente y sin anestesia con la verdadera magnitud de la traición que había puesto en movimiento todas las desgracias que les habían golpeado en las últimas horas.

El cadáver decapitado de la vieja Koharu Utatane, miembro más antiguo del Consejo de Konoha yacía frente a la puerta de entrada en un enorme charco de sangre que ya comenzaba a secarse. Este era un grotesco recordatorio, dejado adrede sin duda, para que todos supieran lo que pasaba a los que traicionaban el espíritu de fuego de la aldea.

Tragando grueso Sakura se preguntó por cuanto tiempo más pensaba Tsunade-shishou dejar el cadáver allí, mientras le rodeaba, cuidando de no acercarse mucho o de pisar la sangre. La expresión de los ojos en blanco, retorcidos de dolor en aquella mancillada cabeza era garantía de pesadillas en las noches venideras. ¡Cómo si no tuviera ya suficiente material para no dormir ni dos segundos durante la próxima década!

Justo en ese momento, las puertas dobles a las que se dirigía se abrieron con violencia, girando por completo hasta golpear con fuerza las paredes a ambos lados de la entrada. Sakura se detuvo paralizada ante lo que salía de la oficina. Restringido y custodiado por un grupo de oficiales ANBU, otro infame miembro del Consejo, Homura Mitokado, era arrastrado maldiciendo hasta casi echar espuma por la boca.

"¡Maldita! ¡Te vas a arrepentiiiiir!"

Al pasar al lado del cuerpo de su vieja compañera de equipo se desinfló visiblemente, una expresión de horror y rabia cruzándole por el rostro ya desencajado de dolor.

Sakura quería, pero no podía despegar los ojos de aquella figura retorciéndose casi sin fuerzas entre las manos de sus captores, tratando inútilmente de volver su cuerpo, de girar su cuello para seguir contemplando el cadáver de Koharu…

"¡HARUNOOOOOOOO!"

El estrepitoso grito le hizo dar un brinco de sorpresa en el sitio. Sus ojos se volvieron para encontrar el rostro enrojecido de furia de la Hokage, un dedo apuntando en su dirección. Enseguida la lengua se le pego al paladar, su cuerpo paralizado de puro terror.

Tsunade se le vino encima en un parpadeo.

"¡Ya tendré tiempo de lidiar contigo como se debe y no sabes cómo lo voy a disfrutar!", le amenazó, el rostro a milímetros del suyo invadiendo todo su espacio personal. "De momento ¡al hospital contigo!" gritó, señalando la dirección por la que la kunoichi había venido.

"Que yo… ¿qué?"

"¡AHORA!"

Sakura no esperó por más instrucciones. Cuando la Hokage estaba de ese modo, el cabello desaliñado, la ropa peligrosamente desajustada y sin el consabido aliento a sake, lo más prudente era estar lejos. A más lejos, mejor.

Volando escaleras abajo sin mirar atrás, la kunoichi comprendió que de momento era más importante para la aldea contar con todo el personal disponible en sus puestos de emergencia que andar distribuyendo castigos que bien podían esperar, cocinándose a fuego lento, hasta alcanzar el punto perfecto de fermentación. ¡Justo cómo le gustaban a la Godaime!

Un alivio temporal, pero bienvenido, relajó un tanto los músculos comprimidos por la tensión en su espalda. Ahora podría al menos concentrarse mejor en ayudar en el hospital sin la preocupación inmediata de tener que presentarse para su escarmiento. La kunoichi se permitió dar un suspiro largo que no tardó en volver a tragar de la impresión.

Subiendo las escaleras, un malencarado Naruto y un desentendido Kakashi venían directo hacia ella. Su primera reacción fue detenerse, echando mano del barandal en busca de algún apoyo para no caerse. Sólo Naruto la veía directo a los ojos como si quisiera taladrar un agujero al otro lado de su cráneo y ella lo sentía con una presión casi física, empujándola hacia el suelo. El copyninja por su parte miraba con estudiosa pasividad la pared del otro lado.

"Naruto…".

El nombre salió de sus labios junto con el deseo de acercarse a él, de tocarle tan pronto le tuvo cerca. Estaba muy molesto con ella, y claro que tenía razones de sobra para estarlo, pero ello sólo impulsaba a Sakura a tratar de alcanzarle cuanto antes, de comenzar a disculparse con él de algún modo…

Entonces pasó algo que jamás, en todos los años que llevaban conociéndose, había ocurrido antes entre ellos: Uzumaki Naruto volvió los ojos al frente y procedió a ignorarla por completo, como si ella no estuviese allí.

Sakura se quedó paralizada en medio de la escalera viéndoles pasar a su lado. La boca abierta de la sorpresa y los puños apretados tratando de contener el dolor que le causaba el desprecio, bien merecido, de su mejor amigo.

Cuando encontró fuerzas, se volvió a contemplar las espaldas de sus compañeros de equipo continuar su camino escaleras arriba. Hubiera podido jurar que un segundo antes Kakashi la había estado viendo de reojo. Pero ahora sólo veía la maraña de cabello plateado desaparecer con el rubio en el siguiente recodo.

Mucho tiempo después, Sakura no podría recordar aquel día sin estremecerse de pies a cabeza; tan profunda había sido para ella la impresión de estar completamente sola y alienada del resto del mundo, apartada por completo e irremediablemente de las personas a quienes más quería.

Ya nunca más quería sentirse así.

-o-

No era un secreto que Hatake Kakashi había comenzado a usar una máscara desde muy niño.

Al principio porque le parecían mucho más imponentes y peligrosos los shinobis que las usaban a diario, como si fuesen verdaderas sombras sin rostro, sin límites, inmortales. Y Kakashi quería ser un ninja imponte para alcanzar la estatura infinita de su padre. Comenzó poniéndose una para entrenar o cuando trataba de verse mayor de lo que era e impresionar así a sus compañeros de academia, pero su madre le reprendía cuando la usaba en la casa o en su tiempo libre.

Luego, cuando su familia cayó en desgracia, ya nunca más volvió a quitársela.

A estas alturas de su vida era casi como una segunda piel, tan familiar y cómoda que muchas veces ya no estaba consciente de que la llevaba puesta. Se sentía expuesto sin ella, como un extraño desnudo en casa ajena.

Ahora mismo, en la abarrotada oficina de la Godaime Hokage, se la quitaría de buena gana delante de todos si con ello lograba por fin completar una sola respiración profunda. Se sentía extrañamente sofocado y algo claustrofóbico tras ella. Tal vez estaba más agotado de lo que pensaba. Pasó la mano por su nuca tratando de limpiar el sudor que le empapaba el cuello y rodaba por su espalda como quemándole. Su cuerpo estaba en automático, raspando los últimos restos de chakra al fondo del barril para no irse de bruces.

"¡No me importa si se trata de mi propia madre vuelta de la tumba, quiero a todos los implicados en prisión!"

Los alaridos de la Hokage le trajeron de vuelta al presente y a la conversación. A su alrededor estaban un grupo heterogéneo de shinobis que durante las últimas cuarenta y ocho horas habían demostrado ser leales en medio de lo que se convirtió en una revuelta interna a gran escala. Lo último que quedaba de la facción más radical de la aldea se había revelado en una movida desesperada por retomar el control y hacer realidad los ideales promovidos por el difunto Danzo. Por fortuna, habían subestimado la lealtad de la mayoría de los shinobis de Konoha hacia Tsunade y Naruto, y la capacidad de ellos dos para mantenerse de pie y luchando a pesar de la trampa que les habían tendido.

"Muchos de los involucrados tienen lazos estrechos con los líderes de sus clanes, sería muy difícil dar con todos los que intervinieron directa o indirectamente sin desatar otra revuelta". Nara Shikaku trataba, sin mucho éxito, de ser la voz de la razón en una reunión cuyo combustible principal eran las emociones volátiles de todos los presentes.

"¿Sugieres que los ignoremos entonces?" inquirió la rubia con un gruñido.

"Sugiero que prioricemos reconstruir la aldea y dejar a los clanes enterrar a nuestros muertos" El Nara se aproximó a la furibunda Hokage tendiéndole una nota con el parte preliminar de bajas. "Ya tendremos ocasión de iniciar las negociaciones una vez que hayamos seguido todas las pistas con la división de inteligencia".

Tsunade se sentó en la silla palideciendo un tanto frente al pergamino con la información de las bajas. Kakashi podía ver sobre su hombro la larga lista de nombres, recostado como estaba en la ventana tras su escritorio. Era más grave de lo que pensaba y la sensación de incomodidad que tenía se multiplicó. No iba a ser fácil reconciliar a la aldea con este panorama, por mucho que los cabecillas de la traición estuviesen muertos o detenidos. Todos los clanes estaban involucrados de un modo u otro por algunos de sus miembros y la profundidad de las conexiones con Sonido y Roca aun seguían sin dilucidarse por completo.

"También necesitamos establecer un Consejo temporal de emergencia, con gente que genere confianza".

La discusión comenzó y varios nombres se dejaron escuchar junto con los pros y contras de su designación. Era evidente que este asunto no se decidiría de inmediato, menos sin la consideración y aprobación de todos los clanes, pero al menos podían sacar en claro una lista de candidatos más o menos equilibrada.

La discusión acalorada de antes descendió a un murmullo más o menos colectivo que se extendió por varios minutos hasta que una voz menos estridente de lo normal pero no por ello menos insidiosa, dijo lo que todos, concientemente o no, estaban evitando comentar.

"Todo eso está muy bien pero qué pasa con el maldito de Kabuto entonces".

Un silencio incomodo siguió a la declaración del Jinchuuriki. Nadie quería lidiar de momento con las implicaciones de lo revelado acerca del verdadero poder de Kabuto y los alcances de su nuevo jutsu que le hacían intocable dentro de sus fronteras, mucho menos con el lado personal que el asunto tenía para Naruto.

Pero claro, el tonto-rubio-hiperactivo no estaba dispuesto a dejarles ninguna vía de escape más o menos diplomática en este asunto. Dando unos pasos al frente se plantó en el centro de la habitación, mirando directamente a la Hokage sentada con severidad tras su escritorio.

"No podemos dejarle suelto por más tiempo. Además, él tiene a Sasuke como rehén".

Jiraiya, quien hasta entonces había dicho muy poco y parecía tan a punto de irse de bruces como el propio copyninja intervino por fin, tratando de sonar razonable y no recién levantado luego de una noche de juerga. "Naruto, sé que esto es difícil para ti" carraspeó feamente para hacerse entender mejor, "pero tienes que comprender que se trata de…"

"No me digas de nuevo que ya está muerto, Ero-sennin, o que no vale la pena el esfuerzo que hago por él". Naruto hablaba con una seriedad y claridad atípicas en él, lo que pronto le ganó la atención absoluta de todos los presentes. "¡Sasuke está allí, me importa un bledo en la forma que sea: una marioneta, un zombi, un puto perro faldero… él está allí, atrapado por un jutsu, y yo no lo pienso abandonar!"

"No, no lo vamos a abandonar" Tsunade se puso de pie lentamente, la mirada fija en Naruto. Su respuesta les tomó por sorpresa a casi todos. Para Kakashi, en cambio, estaba claro que esto se trataba del inicio de una expiación de larga data. Al menos en lo que se refería al Jinchuuriki, ella tenía que comenzar a rectificar su actitud o los cambios que todos deseaban y por los que luchaban sin descanso nunca pasarían. Naruto nunca iba a ser el líder que necesitaban si lo mantenían preso y sobreprotegido tras las paredes de una aldea enferma.

"¡No estamos en condiciones ni de defendernos, menos de iniciar una ofensiva que…!"

"¡Es muy arriesgado en este momento…!"

"… no podemos ser demasiado cautelosos de nuevo".

"No tiene sentido…".

"…hay que detenerlo antes de que haga más daño".

"No podemos hacer esto solos, menos contra un ejercito sin fin…".

"¡Kabuto no es sólo nuestro problema!"

"Otras aldeas tienen que ayudar…".

Las voces de protesta no se hicieron esperar, iniciándose una discusión acalorada que los dos rubios ignoraron por completo. Casi parecía que ambos habían entrado en un trance, diciéndose cosas con la mirada mientras los demás perdían la cabeza a su alrededor. Había allí un desafío y una promesa; luego vendrían las explicaciones y las no-disculpas, porque en el fondo la presente administración de la aldea era igual o más culpable que el propio Kabuto, manteniendo también una parte de Sasuke atrapada y flotando al fondo de un frasco.

El copyninja sintió por su parte el peso de una mirada y la encontró al otro lado de la habitación, desde donde Jiraiya con su escrutinio le decía también unas cuantas cosas sin hablar.

Y ninguna que él quisiese escuchar.

-o-

Había algo de justicia poética en la lluvia que invariablemente caía durante los oficios fúnebres. Era triste y extrañamente alentadora a la vez, un recordatorio de que no estás solo en tu tristeza. Una constante cuando todas las certezas parecen desvanecerse.

Quizás por ello, el sol quemando su nuca sin piedad durante las últimas dos horas de funeral con un cielo brillante y despejado a juego, le parecían a la kunoichi casi como una afrenta personal.

Sakura cambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra tratando de revolverse lo menos posible con la incomodidad del calor y el cansancio acumulado de varias noches de desvelo. Las interminables hileras de shinobis, todos vestidos de estricto negro sólo contribuían en hacerla sentir más abochornada de lo normal.

Al frente, la Godaime Hokage terminaba sus palabras, solemnes y sobrias en memoria de todos los caídos, pero que ella apenas y había escuchado. Entonces vendría el fin de la ceremonia con cada uno de los presentes desfilando hacia el memorial para encender un incienso y elevar una última plegaria por los que ya no están.

Mucha gente conocida había muerto en el ataque, aunque por fortuna nadie realmente cercano a ella. Pero igual era muy difícil hallar en ello un verdadero consuelo cuando sólo encontrabas los vacíos que esas personas habían dejado. En los tres días posteriores al ataque Sakura no había hecho más que ir del hospital a su casa y de vuelta al hospital, y cada vez que faltaba uno de sus pacientes regulares se le comprimía el corazón; cada vez que subía o bajaba las escaleras de su edificio y no se tropezaba como de costumbre con alguno de sus vecinos shinobis se le venía el alma al suelo; cada vez que entraba a la antesala del hospital y Nakae-san, la recepcionista del turno de la tarde, no estaba allí para dedicarle palabras amables y animarla a salir a divertirse luego de las largas jornadas de trabajo, sentía ganas de ponerse llorar.

Pero no lloraba ni reía, sólo seguía funcionando por su sentido del deber, cumpliendo con sus labores de emergencia en el hospital mientras esperaba la sentencia que Tsunade mantenía en suspenso sobre su cabeza. Sus escasos minutos libres los dedicaba a fantasear con que, tal vez algún día, Naruto la llegase a perdonar.

Sakura miró en dirección a la distintiva cabellera rubia muchos puestos por delante del suyo y suspiró resignada. Él seguía ignorándola y ella no podía hacer nada más que mirarle desde lejos con una disculpa perenne esperando en los labios.

Cuando las ordenadas filas de shinobis comenzaron a moverse para finalizar la ceremonia, Sakura se encontró incapaz de seguir adelante con un protocolo que le hacía sentir más desconectada que nunca del sentir colectivo de la aldea. Como si ella estuviese funcionando en una frecuencia distinta a los demás. ¿Quizás su lado cínico estaba por fin tomando el control de su vida? Al menos por eso su shishou sí que estaría contenta, luego de años diciéndole que era una sentimentalista disfuncional sin remedio.

Cuando llegó su turno de moverse, la kunoichi comenzó a caminar en dirección contraria, esquivando indiferente las miradas reprobatorias de los otros asistentes e ignorando las protestas de una confundida Ino cuando pasó a su lado, decidida a no mirar atrás.

Era patética, sin duda, y eso le importaba, de momento, un puto bledo.

Cuando por fin llegó a la salida del camposanto tropezó con lo que había estado deseando encontrar por los últimos tres días pero que, en ese preciso instante, no estaba buscando ni por error.

De hecho era lo último que quería ver cuando comenzaba a sentirse de nuevo al borde de ese precipicio que sabía bien, no podía saltar.

"¿Por qué estás aquí?" dijo sobresaltada luego de rebotar contra el copyninja en su prisa por dejar el lugar.

"¿No están todos aquí acaso?" preguntó, fingiendo su indiferencia de siempre. Las manos en los bolsillos y la espalda medio encorvada completaban ese personaje que representaba a la perfección. Sakura se cruzó de brazos tratando de contenerse, pero la frustración de todo lo que estaba ocurriendo entre ellos estaba alcanzando el límite de su siempre escasa paciencia.

"Estás llegando tarde, claro, que tonta soy pensando que estarías a tiempo al menos para esto. Pues la ceremonia está por terminar, aunque seguro deciden empezarla de nuevo sólo por ti".

"Hm"

¡Oh respuesta equivocada! Una mierda con contenerse…

"Y dime, tú también estás molesto conmigo ¿no? Piensas ignorarme como hace Naruto o ya conseguiste que no te importe más, Comandante…"

Su ojo visible centelleó hacía los suyos. Esa también había sido una respuesta equivocada, estaba claro, pero el sarcasmo venenoso había dejado en sus labios un gusto demasiado exquisito para arrepentimientos.

Kakashi empezó a avanzar hacia ella y de repente era el doble de alto, tres veces más intenso y nada de indiferente. Sakura se encontró de nuevo retrocediendo contra el muro que bordeaba el cementerio, el copyninja a un par de pasos de distancia luciendo para variar como el asesino que realmente era. El déjà vu de la situación se manifestó fuerte y claro con un escalofrío que recorrió su cuerpo de punta a punta cuando ya no pudo retroceder más.

Sólo que esta vez, sin importar las consecuencias, ella no permitiría que las cosas terminaran de la misma manera.

"¿Qué va a ser esta vez?" le increpó agitada, sacando valor de ganas, "¿Abusar de mi o desmayarme de nuevo para no tener que lidiar conmigo?" levantó el mentón en claro desafío. "No creo que seas tan cobarde…".

Estaba jugando con algo que apenas comenzaba a crecer entre ellos, peligroso y volátil, guiándose por instinto más que por experiencia, y sin ninguna esperanza de poder controlar.

"¿Acaso no tienes miedo?" preguntó por fin el ninja que la miraba con la ventaja de su altura, desde una distancia que se le antojaba infinita. Sakura contuvo la respiración, lista para dejarse devorar por el depredador en sus ojos.

"Estoy aterrada…" contestó en un susurro sincero. Entonces se acercó a él contradiciendo sus propias palabras hasta que las puntas de sus pies chocaron con los del copyninja, sus cuerpos a milímetros el uno del otro. El corazón iba a reventarle las costillas por la fuerza de sus latidos y Sakura estaba segura que Kakashi podía oírlo, pero quería… no, necesitaba volver a sentirlo: esa mezcla imposible de miedo y excitación que este hombre tan indomable como inaccesible le provocaba con su cercanía, cuando dejaba caer un poco sus barreras de civilidad y le mostraba más de su verdadera naturaleza. Una de sus manos subió lentamente hasta el rostro enmascarado, tocando levemente su mejilla con curiosidad, en una caricia tentativa.

Kakashi cerró los ojos y Sakura le vio luchar contra las ganas de inclinar la cabeza hacia la palma de su mano y dejarse llevar.

O eso creyó cuando le dijo "hola" a la grama en el suelo.

"¡Uff!"

"Tal vez quieras trabajar más en tus reflejos, sigues algo lenta para ser una aspirante a jounin".

Con ambos brazos doblados dolorosamente contra la espalda y una rodilla inmovilizando sus piernas era difícil discutir eso.

"Y tal vez, quieras aprender también a cerrar la boca y dar la vuelta cuando aún estás a tiempo".

La presión sobre su cuerpo desapareció y Sakura se encontró sola de nuevo, maldiciendo al copyninja mientras se ponía de pie con afectada agilidad, tratando de salvaguardar algo de su vapuleada dignidad ninja.

¿Cerrar la boca, eh?

¡Si ella apenas estaba por comenzar!

-o-

NDA: creerían que me perdí por los caminos de la vida? Eh, vale, mejor nada de excusas a lo copyninja. Siento mucho el mega-súper-hiatus de la muerte. Ya estoy de vuelta más o menos completa, gracias como siempre por seguir allí!

Este fue el primer asalto y yo diría que fue un empate, ¿no? ;)

Pues nada, el extra de Kakashi's Closet sale en próximos días, ya les dejaré la dirección en mi perfil. Nos leemos pronto!