c17/ Retribución

Era desconcertante la facilidad con la que la rutina de su vida se reinició sin más.

De su casa al hospital, y del hospital de vuelta su casa. Trabajar, comer y dormir, en ese orden de importancia. En algunas ocasiones ocurría alguna interrupción emocionante como ir a la Torre Hokage a cubrir el interminable papeleo administrativo o el verse con las chicas en las siempre infortunadas (para ella), salidas de los jueves por la noche.

Era aún más desconcertante cuando dicha rutina –que había defendido con uñas y dientes ni un mes atrás– ahora le parecía un total sin sentido.

No se necesitaba ser un genio para saber que le estaba haciendo cambiar de opinión.

La nueva distancia con sus compañeros de equipo –sus mejores amigos– estaba al tope de su lista de situaciones que le obligaron a abrir los ojos ante el engaño de dar las cosas importantes de tu vida, por seguras.

Naruto seguía sin hablarle. Kakashi hacía un trabajo fenomenal del ignorarla, si es que llegaban a cruzarse siquiera. Del primero, recibía un dolor que, en parte, sentía que se merecía; en parte, le volvía a clavar el cuchillo del remordimiento justo en el lugar donde ella siempre había puesto a Sasuke por encima de Naruto.

Del segundo, recibía un dolor tristemente familiar, porque su relación había retrocedido a sus días de genin, cuando el copyninja simplemente no tenía tiempo para una niñata enganchada en un mundo de fantasía y superficialidad. Ni hablar de la complicación adicional que venía con los nuevos sentimientos –nada platónicos– que tenía respecto al estoico shinobi y que aún estaba intentando descifrar, ya no digamos admitir en voz alta. En especial porque la línea entre encontrar a alguien irresistiblemente deseable y querer matarle a golpes era inexistente para ella, en lo que se refería a Kakashi al menos.

Si su situación personal era problemática, su situación profesional no iba por mejor camino. Tras una semana de comer nervios con las posibilidades de su sentencia por insubordinación, lo más inesperado ocurrió cuando por fin fue llamada por la Hokage.

La voluptuosa figura de la temperamental Godaime se movía de un lado a otro en la amplia oficina, las manos unidas tras su espalda, marcando un ritmo constante con el taconeo de su calzado. Había una calma atípica en sus movimientos por lo que Sakura mantenía los ojos pegados a la legendaria Sanin, esperando una explosión con cada paso. Con todo, estar por fin a punto de recibir un veredicto era, de una forma decididamente retorcida, un alivio para ella, aunque su postura tensa y al borde de la silla dijese todo lo contrario.

"No se va a abrir una investigación formal en tu contra". Dijo finalmente, la voz tan sosegada como sus movimientos, obligando a Sakura a parpadear repetidamente, cada vez más confundida.

"Tampoco habrá cargos levantados en tu contra por tu desobediencia a cuenta de tu inestimable servicio a la aldea durante la reciente crisis".

La kunoichi cerró los ojos entonces y contuvo la respiración por varios segundos, esperando un "pero" que para su sorpresa, nunca llegó.

"Esto es claro, gracias a que tus compañeros han hablado en tu favor, y a que yo, generosamente, he tomado en cuenta sus consideraciones".

Sakura estaba demasiado sorprendida con esa información y la falta aparente de un castigo como para burlarse mentalmente de la supuesta 'generosidad' de la Hokage. Considerando el lamentable estado de su relación con Naruto y Kakashi, sólo podía tratarse de Sai, quien también debía responder por sus acciones de ese día, y con suerte tal vez Yamato y Shizune, si les pillaba de buenas. Ino de seguro la acusó de asalto y tortura para excusar su ida de lengua.

"Espero que te des cuenta de la suerte que has tenido en este asunto".

En realidad era muy difícil entender toda la magnitud de lo que estaba ocurriendo porque ella nunca había gozado de ese tipo de buena suerte. Por el contrario, Sakura tenía tatuado un gigantesco letrero de culpable en la frente, o eso decía Ino cada vez que sus padres las pillaban en una travesura y ella se llevaba siempre la peor reprimenda. Ahora no sabía que pensar. Realmente se había librado por los pelos cuando muchos shinobis en su lugar ya estarían al fondo de un hediondo calabozo.

Por ello quizás, en lugar de alivio, la kunoichi sintió su cuerpo tensándose todavía más, tiñendo su voz de nerviosismo cuando por fin logró expresar un tentativo "Sí, gracias Hokage-sama".

"Claro está que este incidente quedará registrado en tu expediente", continuó la Godaime en el mismo tono despreocupado, "con lo cual tu aplicación para presentar el examen a jonnin ha sido rechazada de forma automática. No podrás re-aplicar hasta dentro de un año, pendiente de una revisión disciplinaria para su aprobación".

Decía mucho del triste estado de su vida que su mayor preocupación al respecto no fuesen las implicaciones a su carrera, sino el fin de su excusa para ver a Kakashi.

"Sí, Hokage-sama" asintió de nuevo con dificultad, bajo una mirada de evaluación tan intensa que la mantuvo por varios segundos sin respirar. Tsunade se había detenido muy cerca, buscando algo en ella que Sakura supo de inmediato, no iba a encontrar, fuese lo que fuese.

Con un gruñido que sonó a "fuera" y un agitar de manos, la Hokage la corrió del lugar como si ya no pudiera soportarla ni un segundo más sin tirarle algo contundente a la cabeza. Sakura se puso de pie enseguida, las piernas temblando bajo el peso de su propio cuerpo.

"¡Gracias, Shishou, muchas gracias!" exclamó con deferencia, sin atreverse a mirarle directamente, antes de darse media vuelta y salir de allí como si una jauría de perros rabiosos le lamieran los talones.

"Oh, eso me recuerda, hay una cosa más Sakura-", la kunoichi se detuvo con la mano en la perilla de la puerta a punto de girarla para salir.

"Desde este momento, ya no eres mi aprendiz".

Por primera vez en su vida Sakura sintió su cerebro detenerse, incapaz de procesar lo que había escuchado.

"¿¡QUÉ!?"

"Ya me oíste. Ahora vete, tengo mucho que hacer" dijo sin levantar la vista del pergamino frente a ella.

Dos semanas después y el estómago aún se le revolvía con violencia cada vez que sentía la mirada de lástima de Shizune sobre su nuca; cada vez que escuchaba las risas y comentarios maliciosos que la seguían como un murmullo por toda la Torre. La noticia de la "aprendiz caída en desgracia", circuló como pólvora seca por todos los círculos de chismes de la aldea, tan rápido y con tanta saña que la cabeza aún le daba vueltas con sólo pensarlo.

Sakura bajó la mirada hacia sus manos y se sorprendió al ver el pergamino que estaba intentando leer desde hacía media hora, arrugado más allá de todo arreglo entre sus puños. Se suponía que estaba trabajando, como la kunoichi responsable y madura que era, no dejándose llevar por otra sesión de tortura mental en horas laborales. Eso lo dejaba para las noches, en la soledad de su apartamento, cuando nadie podía ver lo mucho que le afectaba toda la situación.

Porque Sakura trataba de seguir adelante con toda la dignidad posible a pesar de los nuevos vacíos y las viejas inseguridades que hervían bajo la superficie de su piel. Para lograrlo ella se había refugiado en su trabajo, descargando toda su energía en la misión que –¡oh, ironía!– había iniciado todas sus actuales desgracias.

El problema era que, como siempre, no toda esa energía era aplicada de forma positiva y productiva.

"¡Kishiro-san! ¿Dónde carajo están los reportes que te pedí hace siglos?".

El grito repentino en la silenciosa oficina hizo saltar al flojo asistente de su silla dos metros en el aire, los brazos volando en todas direcciones regando papeles por doquier. La kunoichi sintió una sádica satisfacción con la exagerada reacción que había logrado.

"Los pidió hace cinco minutos para ser exactos, Jefe" resopló, tratando visiblemente de calmarse, "y aún no se materializan por si solos frente a mí, lo que es una lástima porque realmente podría usar un poco de ayuda para terminar primero con el…"

"¿Quieres que yo te ayude?" interrumpió, sonándose los nudillos.

"¡No, no Jefe, ya… enseguida voy a por ellos, Jefe…!" Kishiro se lanzó pasillo abajo con una rapidez envidiable hasta para un ninja, a por unos reportes que, la verdad, ella no necesitaba hasta la próxima semana.

Lo que ella necesitaba en ese momento era salir a la calle y gritar hasta sentir que las cuerdas vocales se le derretían en la garganta y sus pulmones se colapsaban por falta de oxigeno, mientras maldecía a todos y su puta madre.

Sakura se dejó caer de nuevo contra el respaldar de la silla, los brazos colgando inertes a ambos lados. Sabía bien que estaba cruzando la línea entre ser exigente con sus subordinados y ser una total déspota. Pero la verdad es que no estaba en ella el preocuparse por ello de momento. Necesitaba dar salida a toda la tensión y la rabia y la frustración, aunque eso significase comportarse de forma irracional.

Mejor eso a quebrarse en mitad de una sesión de quirófano para irse a llorar desconsolada en un rincón.

Sakura frotó su rostro, frustrada una vez más con su incapacidad para comportarse con cierta normalidad y decoro. Tenía que admitir que estaba totalmente fuera de control en esta ocasión y no sabía como resolverlo. La fecha de la operación se acercaba, cruces en el calendario frente a su escritorio que parecían acelerar su marcha a medida que aumentaba la aprensión en su pecho. Considerando que nada estaba saliendo como ella quería en el resto de su vida, no tenía muchas razones para sentirse optimista respecto a esta misión en particular, si bien los resultados preliminares eran mucho mejor de lo que ella misma esperaba.

Henka se había recuperado rápida y eficientemente de la traición de Omori-san. Ishikawa Kotaro, insoportable y altanero como era, estaba resultando ser el voluntario perfecto para el procedimiento, con una compatibilidad sin precedentes. Todos estaban listos para la operación que iba a realizarse en apenas un par de semanas. La idea de fallar les resultaba a todos, aterradora; a ella simplemente le hacía sentir enferma, luego de tanto esfuerzo puesto en lograrlo.

Y aun así, la idea de tener éxito le repugnaba todavía más.

Desde su vuelta de Sonido, cada vez que entraba a la oficina no podía evitar escuchar la voz de Kabuto, burlona, retumbando en su cabeza, provocándola, haciéndola sentir inescrupulosa y cínica por estar haciendo lo mismo que él: experimentación humana, jugar a crear soldados perfectos. Estaba poniendo las bases para que alguien más, en el futuro, lo repitiera todo, no con el sharingan quizás, pero con otro Kekkei y a mayor escala. Ahora las intenciones para hacerlo podían ser más o menos honorables por parte de su aldea, pero como el mismo Kabuto había probado, ese no siempre iba a ser el caso.

Un escalofrío la sacudió de pies a cabeza. El desquiciado médico era una espina en su costado que se enterraba más y más a medida que el recuerdo de lo ocurrido le hacía dudar de su deber como kunoichi y de las decisiones que había tomado hasta ahora.

Y lo peor de todo era que la posibilidad de darle al menos un buen puñetazo en la cara para sentirse mejor, le estaba siendo negada.

Luego del ataque, Konoha había iniciado, casi de inmediato, una ofensiva conjunta con Suna hacia Sonido. Estaba claro que las demás aldeas estaban siendo manipuladas por los intereses del protegido de Orochimaru, y si bien lo lógico hubiese sido contraatacar hacia Roca en retribución, era vital de momento concentrarse en desmantelar el poder desmedido que Kabuto había acumulado lo antes posible.

Así que mientras Sakura estaba sentada en una oficina, gritando a sus compañeros de Henka sin razón y lanzando dagas con los ojos al estúpido calendario y sus cruces, un grupo de élite conformado por los mejores shinobis de las dos aldeas estaba, en ese mismo momento, tomando por asalto Sonido.

Naruto y Kakashi estaban allí.

Sai y Yamato también.

Luchando por su aldea y tratando de salvar el alma de Sasuke, de nuevo.

Si se empeñaba, Sakura estaba segura que podía hacer saltar a Kishiro aún más alto antes de que el día acabase.

-o-

Kakashi terminó de trazar la compleja circunferencia de símbolos con sus dedos, deteniéndose por unos segundos a admirar su trabajo.

Con más tiempo y los materiales adecuados podría haber logrado un efecto mucho más dramático, digno de la ocasión, pero de momento se conformaba con hacer el trabajo y salir de allí lo más pronto posible.

"¿Estás listo?" inquirió, levantando la vista hacia el joven ninja, inusualmente quieto y silencioso delante de él. El humo denso flotando en el ambiente le escocía los ojos obligándole a parpadear profusamente tras la porcelana mientras esperaba la respuesta.

Naruto asintió luego de una larga pausa, su rostro cruzando el camino familiar desde la agonía hasta la determinación. Esta había sido su petición y aunque no tenía mucho sentido hacer esto con un montón de barro y un trozo de pergamino –ahora vacante de alma– parecía importante para el jinchurriki y él no tenía en su ánimo el negarse.

Era clara su necesidad de dar un cierre a otro capítulo más en las desventuras del Team 7, y eso era algo que Kakashi podía entender muy bien.

El copininja bajó la mirada al tiempo que comenzaba una sencilla secuencia de sellos con sus manos. Su palma golpeó el suelo y el jutsu de purificación se activó, los restos del cuerpo que hasta hacía escasos momentos habían contenido el espíritu de Sasuke, disolviéndose en un breve destello blanco.

Esta vez no hubo palabras de despedida, ni juramentos redundantes. Ambos sabían que ésta no iba a ser la última vez que encontrarían a su viejo compañero en el campo de batalla.

Irguiéndose, el Comandante Lobo miró a su alrededor, una medida de satisfacción tiñendo su indiferencia habitual. El edificio principal del complejo ardía en llamas mientras los ecos de algunas escaramuzas aún se escuchaban a lo lejos. Aunque sólo fuese una victoria parcial, al menos el ataque orquestado entre Konoha y Suna había logrado desmantelar la red de inteligencia de Kabuto y hacerlo huir. La población civil había sufrido poco durante la invasión y las negociaciones empezarían pronto para tratar el tema de la transición del liderazgo bajo la supervisión de ambas aldeas.

Kabuto, siendo quien era, no tardaría en reagruparse y recuperar poder y claro, nada le impedía volver a invocar al último Uchiha, pero por el momento esto les daba una medida de satisfacción al menos. Porque él no iba a negar, a estas alturas de su vida, el alivio que le sacudió hasta sus huesos por saber que uno de sus mocosos estaba descansando de nuevo.

"Esto no va a terminar nunca, ¿verdad?"

La voz distante de Naruto le hizo volver el rostro para verle.

"No. Pero eso no va a impedir que lo sigas intentando, ¿cierto?"

"¡No, no, claro que no!" dijo rascándose la nuca con una media sonrisa boba dibujada en el rostro. Verla siempre iba a darle una sensación de alivio, muy a su pesar. Mientras Naruto no perdiese su estúpido optimismo, ningún sacrificio sería en vano.

"Es sólo que… me hubiera gustado hacer algo más por él".

Kakashi vio los ojos de Naruto desenfocarse con lentitud para perderse en la distancia del pasado. Él sabía bien lo que era malgastarse en dar vueltas a los viejos remordimientos, pensando obsesivamente cómo las cosas podrían haber cambiado si tan solo hubiese hecho algo de una forma diferente.

"Yo también perdí a mi mejor amigo sin poder hacer mucho por él" el copyninja se escuchó decir antes de poder arrepentirse. "Él murió para salvar mi vida y yo nunca podré reponerle por ello".

Naruto le miró con la solemnidad del entendimiento y Kakashi apuntó con el pulgar hacia su sharingan, cubierto por un jutsu y la porcelana ANBU. "También era un Uchiha, aunque él me recuerda más a ti que a Sasuke, ahora que lo pienso".

Una nueva tensión se apropió inesperadamente del jinchurriki y Kakashi parpadeó confundido por su reacción. "¿También le hicieron… lo que quieren hacerle a los ojos de Sasuke?" escupió las palabras con puños apretados, fallando en contener la evidencia de la violenta cólera que la sola idea del ultraje a su mejor amigo le provocaba.

"No, él me lo dio voluntariamente antes de morir junto con la lección más importante de mi vida".

Naruto lo miró expectante y Kakashi no pudo contener la media sonrisa tras la máscara.

"Los que abandonan una misión son basura…" en su voz, los puntos suspensivos hicieron crecer de nuevo una sonrisa en el rostro del alocado rubio.

"…pero los que abandonan a sus amigos son la peor basura". Naruto completó la frase y Kakashi asintió satisfecho. En algún lugar, estaba seguro, Obito se reía de él a carcajadas.

"Al menos a ti te dejó algo", la sonrisa se le derrumbó con demasiada rapidez. "Yo no tengo nada de Sasuke".

Kakashi cruzó la distancia que les separaba en dos zancadas rápidas, su mano encontrando el hombro del jinchuriki y apretándole con firmeza.

"¡Tú tienes lo mejor de Sasuke aquí!", dijo con vehemencia, apuntándole al corazón con un dedo. "Tú se lo sacaste, a regañadientes y de mala gana, pero lo obligaste a mostrar lo mejor de sí mismo y a dártelo a ti, Naruto".

Sacudiéndole un poco de los hombros, Kakashi intentó hacerle comprender lo inútil de dejarse consumir por la culpa. "Sasuke te salvó la vida, atando un lazo contigo que ni siquiera la muerte puede destruir, ¡por eso estamos aquí!"

Los ojos brillando con lágrimas a punto de brotar, Naruto asintió, incapaz de hablar por una vez, absorbiendo el significado de las palabras de Kakashi como un árbol reseco recibe las primeras lluvias.

"Ahora, no vayas a perder otra amistad por arrogancia. Puede ser muy tarde cuando te arrepientas".

No hacía falta decir su nombre. Naruto abrió mucho los ojos, asintiendo de nuevo.

Con un golpe de dolor en algún lugar indefinido de su estómago, Kakashi pensó entonces que él también debería seguir su propio consejo y enfrentar a la temperamental kunoichi de una vez por todas.

El resplandor que deslumbraba sus ojos cada vez que la veía, se estaba volviendo algo imposible de ignorar.

-o-

Una de las primeras memorias que Sakura tenía de su infancia, era la de encontrarse frente a frente con una kunoichi de verdad, de carne y hueso, de las que hablaban las historias de antes de dormir que le contaba su madre.

No podía recordar qué hacía o dónde estaba aquél día, sólo que de pronto una ninja apareció delante de su yo de cuatro años, devolviéndole una mirada curiosa. Era muy alta, esbelta, una larga cabellera castaña atada en una coleta. Su silueta estaba marcada por una armadura y un montón de artefactos, entonces desconocidos, colgando de su cintura. Su postura y la agilidad de sus movimientos delataban el increíble poder que parecía zumbar justo bajo su piel. Era tan fascinante como tremendamente intimidante y Sakura tenía la impresión de que todo el asunto había terminado con sus lágrimas rodando libremente por sus mejillas, más confundida que verdaderamente asustada, ocultando el rostro en el regazo de su madre.

Aunque ella no recordase casi nada sobre las circunstancias del encuentro –de seguro una más de tantas emergencias en la aldea– esa imagen se quedó con ella desde entonces.

Una vez que decidió convertirse en kunoichi, la figura misteriosa de su pasado se convirtió en una especie de ideal en su mente, lo que ella perseguía para sí misma. Quería ser fuerte, hermosa y competente como aquella sombra sin nombre que apenas recordaba. Sus padres, civiles como la mayoría de su familia, habían protestado inicialmente, preocupados por las implicaciones, pero viendo la determinación en su pequeña cedieron derrotados ante lo que parecía ser mucho más que un nuevo capricho de su única hija.

Sakura levantó la vista y trató de verse reflejada en el sucio espejo del minúsculo baño de la oficina. Ella era más bien baja de estatura, rellena en los lugares equivocados, y más torpe que ágil en sus mejores días. No era particularmente competente fuera de un laboratorio y su postura actual, encorvada como una anciana y no una veinteañera, denotaba que había pasado demasiado tiempo inclinada sobre su escritorio rumiando sus penas, mostrando también con ello, su falta de sentido común.

Con un gruñido de disgusto la kunoichi salió del baño apagando la luz tras de sí. Pasaba de la media noche y ya estaba más que llena su cuota de trabajo y tortura mental por ese día. Ahora lo único que deseaba era llegar a casa a colapsar en su cama y…

No estaba sola.

Pegando su espalda contra la pared comenzó a desplazarse en la oscuridad por el corto pasillo hacia la oficina principal, pateándose mentalmente el trasero por estar desarmada. Luego de un reciente ataque y a sabiendas del interés que había respecto a su investigación era una vergüenza el que la pillaran desprevenida de ese modo.

"Haruno Sakura".

El estremecimiento que le provocó su propio nombre le hizo detenerse en el umbral de la puerta, conteniendo la respiración. Su reacción estaba bien justificada por al menos dos buenas razones.

Una, estaba rodeada de figuras oscuras que parecían despegarse de las sombras sobre las paredes a medida que se manifestaban; kunoichi o no, nunca iba a dejar de ser aterrador para ella ver y sentir el poder de las fuerzas ANBU en acción.

Y la segunda era esa voz, que aún disfrazada por un jutsu, se estaba volviendo lamentablemente familiar.

"La Hokage ha dado instrucciones para que esta información sea entregada en tus manos".

No necesitaba mayores explicaciones, entre el aspecto vapuleado de los cuatro operarios ANBU que la rodeaban y la incursión a Sonido, era evidente que el asalto había concluido y de forma favorable, a juzgar por el botín de guerra que estaba por recibir. Una señal del Comandante Lobo y los ANBU comenzaron a deshacer pergaminos contenedores con eficiencia, llenando el lugar y haciendo que la punta de los dedos le aguijonearan con la curiosidad de siempre ante la posibilidad de ganar conocimiento.

Pero ni la perspectiva de nueva información era suficiente para apartar su atención por más de unos segundos del escurridizo copyninja, quien supervisaba el procedimiento a no menos de dos metros frente a ella.

La médico enseguida tomó nota del aspecto del Comandante con creciente preocupación por su estado, tratando con tan sólo una mirada de determinar posibles heridas y niveles de chakra. Lo cual era ridículo y él no se merecía en absoluto. Su lado más cínico comenzó a ganar la batalla de su ánimo tan pronto estuvo segura de que: a) el tonto no se estaba desangrando hacia su muerte, b) no había perdido ninguna extremidad, y c) ni siquiera se había molestado en volverse a verla, el muy maldito…

"Que extraño es verte haciendo el mensajero. ¿Están cortos de personal o el muy importante Comandante ANBU ha sido bajado de categoría?"

Oh, eso llamó su atención, la máscara del lobo volviéndose despacio en su dirección. Sakura se irguió un poco más derecha, elevando la barbilla en desafío, preparando más comentarios hirientes bajo la lengua. Sí, era triste, pero al parecer tenía de nuevo seis años y estaba empezando una escaramuza en el jardín de niños.

Por respuesta el copyninja hizo un movimiento con su cabeza, casi imperceptible, y los otros tres operarios desaparecieron como habían llegado, disolviéndose de vuelta a las sombras en la penumbra de la oficina. Entonces se quedaron solos y Sakura estaba segura que Kakashi podía oír el ruidoso redoble de su corazón con toda claridad en el reducido espacio.

"Quería estar seguro que todo llegara con bien a tus manos. Las investigaciones de Kabuto pueden ayudarte en mucho con la tuya, ¿no es así?".

La parte racional de su cerebro, que aún funcionaba a un mínimo de su capacidad habitual, le informó que éste no era sólo un procedimiento adecuado, sino esperado en una operación de tal magnitud y con información tan delicada e importante para Konoha. Pero Sakura estaba demasiado cansada para manejarse como una adulta. Quería hacer una pataleta porque todo era injusto en su vida y ella no sabía como resolverlo.

"¿Por qué tienes que sonar tan razonable cuando estoy molesta?" musitó en voz alta su frustración. "Prefiero que vuelvas a ignorarme y evadirme, que me resulta mucho más fácil de manejar que… esto", remató con un ademán sin sentido que intentaba abarcar todo lo que andaba mal con ellos y la presente situación.

Para su absoluta sorpresa, Kakashi comenzó a remover el jutsu y la máscara ANBU bajo la que se escondía en un movimiento fluido, deshaciéndose del asesino con una facilidad desconcertante. La sorpresa dio rápido paso al fastidio cuando vio la evidencia de unos ojos cansados y hundidos que la perenne máscara de tela no podía ocultar.

"Yo no te he estado ignorando, Sakura".

"Haces muy buen trabajo en disimularlo" respondió tragándose la preocupación por su salud a favor de dar rienda suelta a su carácter y seguir peleando.

"Creí que apreciarías tener un poco de espacio".

"¿Espacio para qué?"

Con un encoger de hombros el copyninja sentó en el escritorio más cercano a ella, apoyando las manos a ambos lados de su cuerpo y encorvando la espalda hasta quedar a nivel con sus ojos. Sakura movió su peso de un pie a otro frente a él, no sabiendo que hacer a continuación, más que mirarle mientras el incómodo silencio se alargaba entre ambos.

Kakashi estaba por fin delante de ella, a su alcance, bajando la guardia y dispuesto a hablar, y ella no sabía por donde empezar. Se daría un par de cachetadas a sí misma si la situación no la tuviese completamente paralizada.

"Tal vez este no sea un buen momento…" ni bien el copyninja comenzó a erguirse cuando Sakura encontró su voz de nuevo.

"¡Dijiste que ya no querías… que no te importaba más…!" exclamó tropezando las palabras en su prisa por detenerlo.

"En contra de mi buen juicio estoy aquí, ¿no es así?" se sentó de nuevo, sonriendo a medias.

"¿Por qué tienes que hacer que las cosas sean tan difíciles?".

"Porque quiero hacerte entender, que lo que tú buscas, ya no existe, Sakura".

La kunoichi sintió su mandíbula colgando tontamente, todo sonido abortado en su garganta.

"No queda nada detrás de la máscara; nada que valga la pena al menos". Un escalofrío bajó como un latigazo por su espalda ante la terrible sinceridad y simpleza de sus palabras. Kakashi en verdad creía en lo que estaba diciendo. "Así que, mientras aprecio que te preocupes por mí", continuó, "tampoco quiero que esto termine contigo sintiéndote culpable por algo que no es ni tu culpa, ni se puede evitar a estas alturas".

Sakura se sintió vibrando con la necesidad de soltar todo lo que tenía atorado de una sola vez, y trató sin éxito de enfocarse lo suficiente para lograr ser coherente en medio del caos que eran sus sentimientos. Como siempre la rabia le ganaba a la razón en su ánimo, porque Kakashi era muchas cosas, pero no un derrotista que se iba a desvanecer por cumplir con el deber a su aldea sin importar las consecuencias.

"¡Esa es una mentira que tú mismo estás empezando a creerte, sólo porque te resulta conveniente!" estalló agitando las manos "¡y eres francamente muy estúpido si crees que yo voy a sentarme aquí a tragarme tus escusas!"

El copyninja ladeó un poco su rostro, entre sorprendido y confundido por no más de dos segundos antes de recuperar su semblante habitual de indiferencia. "Y tú sabes mucho de engañarte a ti misma, ¿no es cierto?" inquirió.

Sakura no esperaba un ataque verbal como ese, y tenía que admitir que le dolió más de lo que era justo. Al parecer el momento de decirse las verdades en la cara había llegado para los dos, y quizás por ello la respuesta que le tenía –igual de ácida, pero mucho menos sincera– se desvaneció tras sus labios. Había innumerables instancias en su vida en la que eligió creer en una fantasía en lugar de enfrentarse a lo que estaba frente a sus ojos; como el idealizar durante años a un Sasuke que sólo existía en su cabeza, a pesar de toda la evidencia; o fingir que su vida era su carrera y que no necesitaba… que no deseaba nada más.

¿Era su ego tan grande que no podía admitirlo en voz alta? O quería seguir siendo una optimista compulsiva que trataba de forzar la felicidad imaginando reales los imposibles. Después de todo, ella era quien había apelado a la sinceridad entre ambos.

"Vale, tienes razón. He cometido muchos errores de juicio y he llevado las cosas demasiado lejos por orgullo y terquedad." Cerró los ojos por un respiro, tratando de darse valor para seguir. "Tal vez yo no tenga mucha moral para hablar de esto, pero eso no justifica que tú te sientes allí a decirme que ya estás muerto".

Una expresión indefinible cruzó el rostro del copyninja, sus manos apretando notablemente el borde del escritorio. Por un momento Sakura tuvo la impresión de que el asesino detrás de la fachada sólo quería saltar a devorarla.

"¡Y no intentes negarlo!", continuó nerviosa, cortando las evasivas que sin duda vendrían si le dejaba. "He visto ya a muchos shinobis perder las ganas de vivir, las ganas de luchar, que sólo se sientan a esperar la oportunidad de ponerse delante de un kunai".

Tan rápido como había llegado, la tensión desapareció de los brazos y hombros del copyninja, su cuerpo relajado inclinándose un poco hacia atrás, contemplándola con cuidado.

"Detener un kunai con la cabeza es una muerte tan útil y digna como cualquier otra".

"¡Cómo puedes ser tan frustrante y tan estúpido y tan… cómo puedes sentarte allí y decirme que tu vida no vale que me preocupe, cuando tú te preocupas lo suficiente como para venir hasta aquí a hablar conmigo, para ir con Naruto a salvar a Sasuke… cómo puedes pensar que no eres importante para nosotros cómo para luchar por ti cuando tu lo haces siempre por nosotros!".

Sakura se arrancaría de buena gana todos los cabellos de la cabeza de pura y absoluta frustración, si ya fuesen lo suficientemente largos como para poder asirlos. Dando vueltas en el reducido espacio de la oficina, resistió la tentación de poner su puño contra el piso y destruir toda el ala oeste del hospital. Algo le decía que Tsunade si que la iba a echar en un calabozo sin llave sólo por llegar a considerarlo.

Un par de respiraciones profundas después, la kunoichi logró controlar sus nervios lo suficiente como para mirarle de nuevo, esperando algún tipo de respuesta que, a juzgar por el semblante aburrido, no iba a llegar sin usar algo de violencia.

"Tal vez tengo que persuadirte de otro modo…" señaló sonándose los nudillos significativamente, a sabiendas de que sus amenazas tenían muy poco peso con un hombre como el copyninja.

"No, de preferencia" contestó con un ademán desinteresado.

Vale, igual Sakura iba a golpearle un poco sólo por el placer de hacerlo, libre de costos.

"Necesitas un cambio de actitud, ¿sabes?", dijo con dificultad entre dientes muy apretados.

"Tú también. Ese acto de tapar tus inseguridades con mal carácter se está haciendo viejo".

"¡Igual que el tuyo de indiferencia!" devolvió.

"Parece entonces que estamos a mano", encogió los hombros con sencillez, como si con eso lo resolviese todo.

La kunoichi no pudo contener el gruñido de pura frustración que salió de su garganta. ¡Por Kami cómo quería zarandearlo de un lado a otro hasta hacerle entrar en razón! Deteniéndose de nuevo frente a él, estaba lista para explicarle, con cuatro buenos improperios, por dónde podía meterse su estúpida indiferencia, cuando lo que vio le dio pausa, pensando por un momento que había entrado por accidente en una dimensión diferente.

"Tú no puedes hacer nada, Sakura, nadie puede…". Su voz era apenas un susurro, ojos cansados vueltos hacia algún punto indefinido en la penumbra de la desordenada oficina; el rostro abierto, vulnerable, su cuerpo más encorvado que nunca. Por primera vez desde que había llegado, el verdadero Hatake Kakashi se dejaba ver.

"¡Sólo porque tú no dejas que nadie se acerque lo suficiente para ayudarte!" chilló con una vehemencia que la sobresaltó incluso a ella.

"No vale la pena".

"¡Esa no es tu decisión!"

"Tampoco es la tuya, porque en realidad, Sakura, tú no me conoces".

Por unos segundos Sakura se olvidó de cómo respirar, el pecho comprimido como si la Torre Hokage se le hubiese desplomado encima.

"Sí, es cierto" admitió forzando el aire a sus pulmones "no te conozco y aún así me importas, ¿qué le dice eso al genio copyninja, ah?"

"Que eres más inocente de lo que había pensado si crees que sólo con desearlo, las cosas se van a arreglar".

"Y tú eres más cobarde de lo que yo pensaba, si no te atreves siquiera a intentarlo".

"¿Cobarde?" Kakashi rascó su barbilla, pensativo. "Sí, supongo que lo soy, ¿pero qué hay de ti? No crees que rehusarte a vivir es tan malo como lo que yo hago".

"Yo no estoy…" Las palabras se quedaron a mitad de camino, porque era cierto. Era más cómodo fingir que su vida era su trabajo que arriesgarse a enfrentar por completo una realidad que difería tanto de sus expectativas. De nuevo, ella no tenía derecho a hablar de ese modo. Con mucho estaba siendo tan cobarde como Kakashi.

"Al menos yo no soy tan estúpida como para apartar a los que son importantes para mí", dijo por fin, tratando de salvar algo de su argumento inicial.

"Pero tampoco dejas entrar a nadie más, si tu vida amorosa es un indicio".

"No tener novio no significa que sea una incapacitada emocional como tú". Se defendió, ofendida por las implicaciones.

"¿Estás segura?"

"¡Sí, estoy muy segura!" Su voz se quebró con el esfuerzo por contener las ganas de llorar que la asaltaron de repente, la certeza de sus sentimientos golpeándola con fuerza. "Tan segura como que mi corazón está latiendo ahora mismo, a punto de salirse de mi pecho sólo porque tú estás aquí conmigo, porque te veo, porque sé que estás bien, porque te…".

'…porque te quiero'.

Aún sin pronunciarlas, las palabras quedaron suspendidas entre ambos, como un hilillo de humo, frágil, tentativo.

Kakashi no dijo nada, no se movió ni parecía siquiera respirar, mientras Sakura se obligaba a sostenerle la mirada sin parpadear, a no rendirse bajo sus propias inseguridades y mirar a otro lado, derrotada. Apretó los puños aun más, las uñas cortas hundiéndose en las palmas para ocultar que era una masa de nervios y de dudas y de pura desesperación. Su mente trataba de dar con palabras que le permitieran, de algún modo, alcanzar por fin al hombre imposible y frustrante sentado frente a ella; el ninja que llevaba a cuestas el mundo desde siempre, y siempre solo. Ahora entendía perfectamente las palabras de Omori-san. Nadie podía cargar tanto peso por tanto tiempo sin quebrarse, y le dolía tener que darle la razón ahora.

Kakashi se iba a quebrar de nuevo y Sakura quería, más que nada en el mundo, compartir ese peso para evitarlo.

Entonces lo supo. No eran palabras –que rebotaban de él como si fuese impermeable a ellas– lo que necesitaba ahora.

¡Al diablo con todo!

Sakura se lanzó hacia él, echándole los brazos al cuello y abrazándole con toda la fuerza que podía sacar de sus músculos sin el uso de chakra.

El que llegase a lograrlo, con un hombre con reflejos rápidos como el rayo, era menos un milagro y más la voluntad del copyninja de dejarla.

El que Kakashi le devolviese el gesto, ambos brazos cerrándose en torno a su cintura casi enseguida, asegurándola contra él, le dobló las rodillas.

Sakura ocultó el rostro en la curva entre su hombro y su cuello, el olor familiar del copyninja apenas podía ser percibido bajo varios días de sudor, humo, sangre y el largo camino de ida y vuelta a Sonido. Kakashi venía de una batalla más, con vida aunque con menos ánimo para seguir viviendo, pero lo importante era que de momento, aún estaba vivo y entre sus brazos. Sakura preferiría sufrir todas las torturas en el diario secreto de Ibiki-san, que dejarlo ir nunca más.

"Por favor, Kakashi, por favor…" susurró despacio. Estaba tan exhausta, tan preocupada y desesperada que ya no estaba segura de poder articular con propiedad lo que necesitaba.

"Esto no está bien Sakura, tú… tú no sabes lo que estás pidiendo".

La kunoichi levantó el rostro enseguida para protestar. "¡Claro que está bien, es genial es perfecto es…! Por favor Kakashi… déjame, déjame…"

Acercarme,

Tocarte,

Besarte,

Lo último no estaba segura si lo había pensado o dicho en voz alta, pero sus labios encontraron los del copyninja sin su permiso; curvas suaves y un calor delicioso que se escapaba a través de la tela de su máscara. No había nada más que desesperación y anhelo en la breve caricia de sus labios, y en la igualmente breve respuesta bajo los suyos. Un renovado fervor se extendió desde el centro de su cuerpo hacia sus extremidades haciéndola temblar de nuevo. Estaban suspendidos a milímetros el uno del otro, compartiendo el aire y el calor y las ansias. La emoción atorada en su pecho no tenía un nombre que ella pudiera darle, pero estaba más que dispuesta a buscarle uno sin importar el costo.

"Es muy tarde para que estés en la oficina, es mejor que vayas a casa a descansar".

Sakura parpadeó rápidamente, como quien sale de un trance profundo insegura de si está despierta o todavía alucinando. "¿Qué? Pero…" Una mano grande, enfundada en el negro de los guantes de reglamento se deslizó hasta su rostro, dedos tentativos acariciando la línea de su mandíbula hasta su nuca.

"Escuché todo lo que dijiste, Sakura. Ahora quiero que vayas a casa, ¿está bien?" el pulgar trazó un par de círculos en su mejilla antes de dejarla ir, ambas manos soltándola despacio y con intención.

Sakura dio un paso atrás y tragó el grueso nudo de ansiedad en su garganta, encontrando difícil algo tan sencillo como respirar. Pero sus ojos se mantuvieron firmes, sosteniendo la mirada del copyninja sin vacilar.

Porque ahora Kakashi le estaba pidiendo tiempo.

Y ella se lo iba a dar.

-o-

NDA: *lanza confeti*