NDA: Este es el último capítulo de LeN. Originalmente tenía planeado escribir más, pero siento que tengo que terminar este fic de una vez y dejar de esperar por el tiempo perfecto para hacerlo. Así que esta es la versión condensada, que concluye la misión de Sakura con el sharingan.
c/19 Resultados
En la media penumbra del amanecer, Sakura se sintió despertar a incrementos. Entre músculos adoloridos y la novedosa sensación de estar borracha sin haber tomado una gota de alcohol, algo se sentía diferente dentro de ella. Era, claro, la misma persona sin duda, pero sentía como si se hubiese detenido por primera vez luego de haber estado corriendo por mucho tiempo. Se sentía ligera y poderosa a la vez. Flotaría fuera de su cuerpo, si no fuese por ese brazo posesivo y pesado, anclado en torno a su cintura.
Brazo que culminaba en una traviesa mano, que acariciaba sin parar su seno bajo las sábanas.
"Buenos días".
El murmullo contra su nuca explotó sobre piel sensible, erizándola deliciosamente.
"Buenos días" contestó, estirándose un tanto y girándose otro, su cuerpo encajando a la perfección en los espacios que le cedía Kakashi en su movimiento. Enseguida unos labios se sellaron sobre los suyos y la calidez bajo las sábanas aumentó exponencialmente.
Había ya una familiaridad entre sus cuerpos, en el movimiento de sus manos sobre curvas y valles, en el sabor compartido entre sus bocas... Kakashi la había despertado al menos dos veces durante la noche, insistente y sólido entre sus piernas. Demandando de ella tanto como daba de regreso en atenciones, con caricias infinitas acompañadas de murmullos pervertidos que la hacían sonrojar.
Sakura se entregó de nuevo a las mismas sensaciones, ahora con la poca luz que se filtraba por las ventanas, iluminando a medias el rostro de Kakashi. Sus labios estaban pegados a su pezón, succionando insistente como un niño, entre mordiscos juguetones que tenían la clara intención de provocarla. Su respuesta más coherente entonces fue una serie de gemidos entrecortados, los dedos enredados entre la maraña plateada halando y apretando, indecisa entre animar o de detener la deliciosa tortura.
"Creo que no te conteste ayer, ¿cierto?"
Sakura frunció el ceño, tratando de entender las palabras de Kakashi dichas sin detener el tormento de sus caricias.
"¿Qué cosa?" susurró sin aliento.
"Yo también quiero estar contigo, Sakura".
Un mordisco malicioso le hizo gemir la respuesta, cualquiera que esta fuese. Kakashi comenzó a descender, abandonando sus seños en favor de dejar un camino de besos abiertos y húmedos hasta sus caderas.
En medio del placer, las palabras hacían eco en su cabeza con todo lo que Kakashi dejaba oculto entre líneas: 'quiero estar contigo, aunque no tengo que ofrecer, aunque mi trabajo y lo que soy está primero que todo, aunque mañana no vuelva con vida de una misión'.
Sakura no podía sacarle de ANBU, de ello ya estaba segura finalmente. Pero al menos podía poner una razón para hacerle desear volver una y otra vez… con vida y a casa.
A ella…
De repente, Kakashi detuvo sus atenciones, su cuerpo tensándose unos segundos antes de...
"¡Comandante!"
"¡AIIIIIIIIIEHHWWWWWWW!"
El grito de Sakura estremeció las paredes de la habitación, dejándose escuchar lo menos en medía aldea, a juzgar por el medio brinco que logró sacarle al operario que se había materializado en la ventana, interrumpiéndoles. Claro que la kunoichi no disfrutaría la hazaña de hacer saltar a un ANBU de la sorpresa, ocupada como estaba en desaparecer bajo las sábanas.
Kakashi, por su parte, hacía gala de su patentado aburrimiento indiferente.
"Reporte" ordenó con clama, sin molestarse en cubrir su desnudez, como si lo hubieran interrumpido leyendo y no tirando.
"Material cinco terminado, informe de transferencia comienza a las seiscientas".
"Entendido".
Con eso el ANBU desapareció de la ventana, tan silencioso como había llegado.
"Ya puedes salir de allí, sabes" la voz teñida de risas y un par de tirones en las sábanas hicieron aparecer a una desaliñada kunoichi, el rostro paralizado en una expresión de absoluto horror.
"¡Qué rayos fue eso! No pueden tocar la puerta o algo así antes de aparecer de la nada".
Kakashi se encogió de hombros, sonriendo. "En su defensa, no suelo tener compañía en mi casa, estoy seguro que tú le sorprendiste tanto como él a ti".
"¡Oh por Kami! ¿Es alguien que conozco, verdad?" chilló desesperada mientras se pasaba las manos compulsivamente por la cara, "¡no espera, no contestes a eso... prefiero no saber!".
"No pensaba decirte de todas formas".
"¡Hey, eso no es…!"
El resto de las protestas quedaron selladas con un beso, que le hizo olvidar desde la identidad del inesperado visitante hasta el día de la semana. Con el calor encendiéndose de nuevo en su vientre a la velocidad de la lengua recorriendo su boca a placer, poco importaba ya el pobre diablo que la pilló medio desnuda, ni porque fuese la propia Hokage.
Entonces Kakashi se detuvo de nuevo, esta vez separándose por completo de ella. Sakura cubrió su pecho expuesto por instinto, mirando de la ventana a cada rincón de la habitación con aprensión.
"¿Qué... qué pasa ahora?"
"Tengo que irme".
"Tienes que... ¿ahora mismo?"
"No puede esperar".
Sakura sólo atinó a mirarle por unos segundos con la boca abierta, mientras él se vestía con la economía de movimientos de siempre. El cambio entre el hombre y el ninja siempre en servicio fue tan rápido, que por un momento le pareció imposible que ambos fuesen el mismo personaje. Tan imposible como le resultaba todavía el creerse que realmente estaba allí, presenciándolo todo.
Y tal vez sí que estaba alucinando. Con su cochina suerte, en realidad estaba amarrada a una cama, babeando sin parar, encerrada por siempre en algún rincón olvidado del ala psiquiátrica del hospital. Todos decían que más temprano que tarde iba a perder los tapones por trabajar a ese ritmo.
¿Y no había ya algunas apuestas supuestamente secretas entre los pasantes?
Más vale que Ino le esté llevando flores frescas en su convalecencia, al menos.
Kakashi interrumpió sus fantasías fatalistas inclinándose sobre ella, plantando un beso suave sobre sus labios antes de subir la máscara a su posición de siempre.
"No llegues tarde al hospital, Sakura-chan".
Canturreando la advertencia, se lanzó por la ventana sin más, desapareciendo en el aire tras el ANBU en menos de un parpadeo.
A pesar del irritante aviso, Sakura siguió tendida en la cama un rato más, pensando en todo lo ocurrido desde que había llegado al apartamento de Kakashi el día anterior.
Luego de meses de incertidumbre y ansias, Sakura se encontró sonriendo genuinamente y al borde de las lágrimas al mismo tiempo. 'Es una tontería ponerse a llorar', se dijo a sí misma persiguiendo una gota rebelde empeñada en bajar por su mejilla. El alivio y la alegría que sentía eran las primeras luces luego de un largo túnel, que pasaba por el auto-reconocimiento y la aceptación de su identidad como mujer y como kunoichi de Konoha.
Contemplando el techo y sus sombras moverse a medida que el amanecer rompía por completo en el horizonte, Sakura entendió por fin la sencilla revelación de cómo el mundo se expande sobre sí mismo, solo porque se comparte con otro.
Con todo, la enormidad de las últimas horas estaba comprimida dentro de su pecho en una sensación tan sofocante como hilarante y maravillosa.
Estaba con Kakashi.
En su cama y entre sus sábanas.
¡Estaba con Kakashi y Kakashi quería estar con ella!
La Sakura interior le dio un efusivo espaldarazo. Nada en el mundo podía hacerla bajar de la nube en la que estaba flotando.
Todo lo que podía ver ahora, al cerrar sus ojos, era el rostro de Kakashi, sin barreras, honesto, crudo y hermoso. Un rostro que, solo para ella, se mostraba abierto, cálido, intenso… un rostro con las marcas del pasado y sus heridas. Sakura sentía una nueva responsabilidad en la confianza que le daba Kakashi al dejarla acercarse por fin a él. Un deseo de cuidar y proteger a toda costa el tesoro que acababa de descubrir, se renovó en su pecho.
Tal vez se estaba precipitando; era obvio que aún tenían mucho que hablar entre ellos sobre cómo iba a funcionar su relación, pero no podía evitarlo. Ya podía verse con facilidad despertando todas las mañanas así, entre los brazos del copyninja, compartiendo su espacio y su intimidad, soportando sus manías y chistes pervertidos a cambio de esos besos que le hacían apretar hasta los dedos de los pies.
Todo había sido perfecto, pensó mientras se estiraba con pereza entre las sábanas revueltas.
Bueno, todo menos la interrupción del ANBU en la ventana. Conociendo la velocidad a la que viajaban los rumores en Konoha, Sakura no tenía muchas esperanzas de que el secretismo de las fuerzas especiales le fuese a salvar de las lenguas más afiladas antes del final del día.
Eso era algo que definitivamente tenía que hablar con el copyninja cuanto antes. ¿Cómo iban a manejar su relación en público? Tal vez Kakashi no quería que se supiese todavía. Sakura ya podía imaginar la reacción negativa de los más conservadores en la aldea. A ella en particular no le importaba demasiado la opinión de otros, aunque no se engañaba pensando que sería una presión fácil de navegar. Ya se podía imaginar que algunos colegas en el hospital iban a ponerse intensos con…
'No llegues tarde al hospital, Sakura-chan'.
"¡NOOOOOOOOO!"
Con otro grito que terminó de levantar hasta a los muertos del vecindario, Sakura comenzó frenética a buscar las piezas de su ropa que habían quedado regadas anoche, por el camino del sofá a la cama, mientras maldecía entre dientes a todo lo imaginable.
Se le había hecho tarde para ir a trabajar por estar soñando despierta y todavía debía pasar por su casa a cambiarse, sino quería anunciar a los cuatro vientos sus cuáles habían sido sus más recientes actividades nocturnas.
Lo peor de llegar tarde era que, después de todo, no podía culpar a Kakashi por ello.
'¡Estúpido copyninja!'
-o-
El laberinto de túneles cavados en roca viva que se extendían por kilómetros bajo la parte norte de Konoha, eran un lugar poco conocido por sus habitantes y un secreto para otros países.
En los primeros niveles, los más accesibles y bien señalizados, se encontraban los almacenes de armas e insumos y los refugios preparados para emergencias.
En los últimos niveles, oscuros e imposibles de seguir sin perderse, funcionaba una parte de la unidad de inteligencia de la que muy pocos querían hablar.
Si le preguntaban por ello a Morino Ibiki, Jefe de la Unidad de Interrogación ANBU, era un tabú sin sentido, además de una actitud completamente hipócrita de la sociedad ninja el suponer que se puede tener información sin extraerla de manera violenta, cuando hay resistencia. Claro que para él, la tortura no era sino una forma de comunicación como cualquier otra.
Hatake Kakashi no tenía necesidad de estar allí personalmente, en uno de tantos túneles para una sesión de seguimiento rutinaria. Pero el hombre colgando de las cadenas en medio de la habitación frente a él, le intrigaba de manera personal. No tenía el perfil de traidor que era típico encontrar en estos casos. Revisando a fondo su expediente quedaba claro que era tan solo un científico e intelectual pasado de años, con muy pocas ambiciones personales y, en general, dedicado a su trabajo sin ninguna infracción o incidente notable.
¿Por qué, entonces, su repentina alianza con Kabuto?
¿Por qué su interés en el sharingan?
¿Y por qué a Sakura le importaba tanto este hombre?
Sin ninguna sutileza, ni pretensión de tenerla, Sakura ya le había interrogado un par de veces acerca de cuál sería el destino de Omori Akiyama luego de que el ANBU terminase con él. Inicialmente, Kakashi lo había atribuido a un sentimiento de culpa, pues se trataba de uno de sus compañeros en Henka y Sakura tenía la tendencia de cargar con los errores de otros como si fueran propios. Pero la inesperada compasión que siempre brillaba en sus ojos cuando hablaba de él, le descolocaba totalmente. Había algo más allí que no le dejaba de preocupar.
"¿Has venido a perder tu tiempo de nuevo, Kakashi-san?"
Ibiki salió de las sombras a sus espaldas y se detuvo a su lado, con un café humeante en su mano y la naturalidad de quien está en su ambiente preferido.
"Ningún cambio entonces" preguntó, sabiendo ya la respuesta. Frente a ellos, Omori le sonreía al vacío frente a él, al parecer despreocupado por encontrarse desnudo, atado y suspendido en un cuarto de tortura.
"No se trata de un sujeto particularmente difícil, ha estado cooperando sin mayores problemas. Pero en mi experiencia estos son los peores", contestó, dando un sorbo sonoro a su café. "Los que se creen parte de una misión vital que solo ellos entienden".
Kakashi asintió. Hasta ahora parecía ser algo personal lo que motivaba a Omori Akiyama, distanciándolo de los típicos fanáticos de Orochimaru.
Ibiki continuó con su evaluación. "Su razonamiento está viciado por una necesidad de propósito que trasciende las tradicionales razones de dinero y poder. Pero no me cabe duda que sabe más de lo que dice en cuanto a los planes futuros de Kabuto y Orochimaru".
Ambos jounin se quedaron en silencio, observando por la ventanilla como el interrogado era examinado por un médico a cargo de asegurar su salud, entre una sesión y otra de interrogación. No le darían mayor descanso hasta no sacarle lo que querían. Kakashi lo estudió entonces, tratando de encontrar en un semblante vagamente familiar las respuestas que le eludían. La sensación de que no veía algo obvio era permanente, como un cosquilleo al fondo de su cerebro.
El crujir del vaso en la mano de Ibiki le sacó de sus cavilaciones. El infame operario le miraba con una sonrisa que le deformaba aún más el rostro cubierto de cicatrices.
"Yo no me preocuparía demasiado por este, Kakashi-san. No es el primero ni será el último en estar obsesionado con el sharingan".
"Tal vez es hora de que vea uno, ¿no crees?" contestó, determinado a salir de allí con las respuestas que necesitaba de una vez por todas.
Quizás era egoísta e impulsivo de su parte, el gastar tanta de su energía en un hombre mayormente inofensivo como Omori-san. Pero desde que le capturaron no podía dejar de pensar en que había algo más en la historia de este hombre y que él mismo estaba involucrado en ella de alguna forma.
Sin esperar la respuesta de Ibiki, Kakashi entró en la habitación, corriendo con una mirada atravesada al médico que aún le atendía.
"¡TÚ!" Omori reaccionó de inmediato a su presencia con ajos algo desorbitados, llenos de una aprensión que, hasta ahora, no había manifestado en ninguno de sus interrogatorios.
Kakashi casi podía sentir a Ibiki relamiéndose de gusto desde la ventanilla.
"Tú no te acuerdas de mí" Omori continuó hablando, con la voz temblorosa, "pero yo nunca he podido olvidarte".
El copyninja se acercó un poco más a la figura suspendida en medio de la habitación, aumentando con ello su agitación.
"¿Y debería recordarte?" preguntó con fingida indiferencia.
El hombre sacudió la cabeza en negativa.
"¡Pero yo se lo advertí… la clase de monstruo que eres!"
Kakashi no necesitaba preguntar a quién se refería. De inmediato, cualquier duda que tenía acerca de lo que estaba por hacer se desvaneció. Con movimientos estudiados, el copyninja levantó su protector, descubriendo el arma que generaba tanto desprecio como interés en el ninja frente a él.
La comas en su ojo sharingan comenzaron a girar de inmediato, la mirada roja fija en el rostro contorsionado de terror que trataba de alejarse de él en vano. Ya no podía moverse, cerrar los ojos o escapar de la fuerza avasalladora que ejercía sobre su presa el legendario Kekkei Genkai.
Lo que Kakashi no sabía entonces era que, en la pesadilla de Omori, él iba a encontrar un reflejo inesperado de las suyas.
Ibiki siempre decía que la mejor tortura era la compartida, después de todo…
Muchas horas después de salir de aquellos túneles y deambular sin descanso por la aldea, Kakashi entró de madrugada al apartamento de Sakura.
Se desvistió sin hacer ruido y entró despacio a la cama, aferrándose de su kunoichi sin despertarla. Ella se movió en sus brazos, amoldándose inconsciente a su abrazo.
Kakashi hundió el rostro en la curva cálida de su cuello, y respiró profundamente, estremeciéndose con la revelación de tener el cariño y la confianza incondicional de otra persona, a pesar de toda la mierda en su pasado.
El cansancio le venció entonces, la imagen de su madre muerta en sus brazos, vista desde los ojos de Omori, desvaneciéndose por fin de su mente.
-o-
Las cruces finalmente llenaban todos los recuadros del calendario sobre su escritorio. Todos menos uno. Uno marcado con un enorme círculo rojo.
Sakura le clavaba la mirada, mordiendo inconscientemente lo poco que quedaba de sus uñas. Las últimas dos semanas se le habían pasado demasiado rápido. Estaba en la víspera y con todo a punto para una intervención que odiaba tanto como deseaba hacer para poner a prueba sus habilidades. Era también su examen como cirujano, de ninguna manera podía fallar.
Para mañana sabrían si todo el sacrificio y la preparación habían valido la pena.
Para mañana, tal vez habría otro copyninja en la aldea, u otra tumba en el cementerio.
Para mañana Sakura dejaría, al menos, lo peor de toda esta pesadilla atrás.
Tsunade iba a estar como observadora del procedimiento junto con alguno de los nuevos miembros del Consejo. Las medidas de seguridad iban a ser insufribles, pero su equipo estaba dispuesto a soportarlo todo con tal de lograr el éxito de la operación. En el hospital, operarios ANBU ya estaban apostados discretamente por todas las instalaciones. El quirófano que iban a usar parecía más un centro de comando que una parte regular del hospital.
Secretamente, a Sakura le aliviaba imaginar que Kakashi estaba entre los operarios de seguridad designados, acompañándola en la distancia de la forzada discreción ANBU. Aunque en el fondo, sabía que esto no era más que una fantasía. Si en algo conocía a Kakashi, el estoico copyninja estaría lo más lejos que le fuese físicamente posible del hospital y de una situación que le tocaba tan de cerca, de manera personal.
Cerrando los ojos giró su cuello hacia ambos lados, tratando en vano de aflojar la tensión de unos músculos agarrotados al límite. La oficina estaba en penumbras y extrañamente desierta luego del frenesí de los últimos días. Ella misma había enviado con un buen grito a todo Henka a descansar antes del gran día. Pero por alguna razón, ella no podía levantarse de la silla ni despegar los ojos del calendario para hacer lo mismo.
Muchas cosas habían pasado detrás de cada una de esas cruces. Cada día había sido un ejercicio de paciencia para lidiar con el trabajo, y luego de más paciencia para lidiar con el copyninja.
En realidad, no le había visto mucho desde que estaban juntos, unas cuantas visitas sorpresas en su apartamento, hechas por Kakashi a horas indecentes, claro, y sin demostrar ninguna vergüenza. El Comandante Lobo estaba particularmente activo con todos los cambios internos en la línea de poder de la aldea y con el nuevo Consejo de emergencia. Luego estaba el caso de Kabuto y las secuelas de las relaciones con los países involucrados. Con todo, era obvio que la Godaime y su contraparte en las sombras estaban hasta los calzones de trabajo.
Eran las pequeñas cosas, que Sakura notaba en esos breves momentos compartidos, lo que le preocupaban; como su mirada se apagaba a ratos, perdida en recuerdos que le hacían ver de pronto más joven e inseguro; como su sueño era irregular, cortado por pesadillas insistentes e interminables. Kakashi se abría lentamente con ella, pero no lo suficiente para sentir que iban avanzando hacia algún otro lugar que no fuese directo a la cama.
Y no es que Sakura se quejase, porque el sexo con Kakashi era todo lo fantástico que ella podía desear y mucho más, considerando lo desinhibido y travieso que podía ser el copyninja entre las sábanas.
El color se le subió a las mejillas de solo recordarlo.
Por ello y a pesar de la preocupación constante que sentía por su bienestar, Sakura se aferraba a cada minuto que podían estar juntos, tratando de darle un espacio de sosiego a un muy desgastado Kakashi. Por eso no decía nada cuando desaparecía varios días sin avisar y regresaba sin explicaciones. Silencioso y taciturno, pero buscando su boca y el contacto de sus manos; y Sakura lo sostenía entre sus brazos (y piernas) sin hacer preguntas, porque sabía que no tendría respuestas hasta que Kakashi decidiese dárselas.
Sakura se preguntó entonces si, tal vez, Kakashi vendría a ella esa noche antes de la operación.
"¿Haruno-san?"
Girando sobresaltada sobre el eje de la silla, Sakura se encontró frente a una visita completamente opuesta a la que deseaba.
"Siento molestarte. No pensé que alguien estuviese aquí a estas horas".
Por primera vez desde que se inició la misión, la media sonrisa altanera estaba completamente ausente del semblante de Ishikawa Kotaro, su voz vacía de toda la acostumbrada zalamería típica del egocéntrico voluntario.
"Ya estaba por irme, pero ¿qué haces tú aquí? Les envié a casa a todos hace horas".
"Da igual a donde vaya… no creo que logre dormir esta noche".
Ishikawa Kotaro era un estúpido arrogante en el mejor de los días, un insufrible descarado en todos los demás, pero su repentina seriedad y el rostro evidentemente descompuesto, era algo que Sakura no podía reprocharle, dadas las circunstancias. El hombre estaba a punto de ponerse bajo el cuchillo por pura ambición egoísta, sí, pero él más que ninguno llevaba todas las de perder.
En cualquier caso, Sakura sí que necesitaba dormir y estar en la compañía de Ishikawa no estaba en su lista de cosas favoritas, precisamente.
"Bueno, pues yo me marcho ya, y tú también deberías irte e intentar descan-".
"Esta es mi última oportunidad, ¿sabes?" le interrumpió, con una nota de desesperación en la voz.
"Isikawa-san, sé que es difícil pero…".
"¡No! Tú crees que solo estoy asustado, ¿verdad? Pero para mí esto significa más que jugarme la vida" con el rostro ahora encendido y sudoroso, Kotaro parecía estar más perturbado de lo que Sakura pensó inicialmente.
"¡Esta es mi oportunidad de ser algo excepcional dentro de mi familia, de ganarme el respeto que me ha sido negado siempre!"
No que a Sakura le importasen sus motivos, pero esto al menos ponía matices a la ambición del shinobi. Hasta entonces la kunoichi hubiera jurado que el voluntario sólo quería el sharingan para ganancia personal. Fama y gloria, era lo que hacía funcionar a muchos shinobis como él.
En cualquier caso, ofrecerse como conejillo de indias era una manera estúpida de ganarse la aprobación de nadie.
"Es normal que te sientas ansioso en este momento, Ishikawa-san", Sakura hizo un esfuerzo por calmarle, usando su tono más conciliador posible. Un arrebato como este no le iba a favorecer en nada en la víspera de una operación de tanta sensibilidad.
"¿Ansioso? ¡Estoy es furioso!" espetó con rabia, comenzando a caminar de un lado a otro, frotando sus manos sin parar. Sakura supo entonces que no tendría escapatoria de la confesión que Ishikawa parecía determinado a hacerle.
"Seguro sabes que mi familia es influyente en el mundo shinobi. Tenemos muchos negocios y una reputación que mantener. Somos un clan pequeño pero con mucho dinero y contactos".
La kunoichi muchas veces se había preguntado porque alguien de la categoría social de Kotaro arriesgaba la vida apostando a una incertidumbre. La mayoría de los que se presentaron eran shinobis pobres y mediocres, deseando cambiar de vida. Ishikawa en cambio, tenía dinero y posición. Su título de jounin experto en comunicación y defensa era tal vez más influencia que verdadera habilidad, pero no se podía negar que, en su mediocridad, era superior a todos los que habían estado dispuestos a tal sacrificio.
"Mis hermanos mayores son héroes de guerra, diplomáticos, o han logrado matrimonios ventajosos… hasta mi hermano menor ya me supera en todo a los ojos de mis padres…" el shinobi daba vueltas halándose de los pelos, los ojos brillando con la luz de la rabia y el miedo. "¡Yo no soy nada comparado con ellos!"
Entonces se detuvo frente a la kunoichi aun sentada en su silla, respirando agitadamente y más desencajado de lo que Sakura le había visto nunca.
"¡Júrame que esto va a funcionar, que la operación va a resultar!" demandó.
"Yo no puedo hacer eso y tú lo sabes" contestó enseguida, con firmeza pero no sin sentir, por primera vez, verdadera pena por el hombre frente a ella.
"¡No lo entiendes! ¡Tiene que funcionar!" gritó.
Sakura se puso de pie con rapidez y eso pareció hacer reaccionar a Kotaro, quien enseguida dio un par de pasos hacia atrás, luciendo entre avergonzado y desconcertado por su pérdida repentina de control.
Era evidente que el shinobi tenía tanto miedo a fracasar frente a su familia como a perder la vida y Sakura no podía darle la espalda ahora. No importaba lo mucho que le detestase, nadie se merecía pasar por algo así sin apoyo.
"Tú sabes cuales son las probabilidades y el trabajo que hemos hecho para prepararnos". Explicó despacio, colocando una mano sobre su hombro y apretando con fuerza. "Lo único que puedo prometerte es que todos… que yo, voy a poner todo mi empeño y mis habilidades para que esto salga como lo planeamos".
Ishikawa asintió, la mirada en algún punto en el piso entre sus pies. Tomó un par de bocanadas profundas antes de contestar, la voz disminuida luego de su arrebato.
"Gracias, Haruno-san".
La mezcla terrible de emociones que vio brillando en sus ojos en ese momento era algo que Sakura supo, nunca olvidaría mientras viviera.
Todos en Henka habían aceptado la misión por diferentes motivos, pero a todos les iba a pesar en la conciencia, sea cual fuese el resultado final. Viendo a Kotaro tratar de recuperar el control frente a sus ojos, le hizo recordar sus propios momentos de debilidad. Rayos, si esa misma semana ella había sufrido un par de crisis de pánico que la dejaron llorando a todo moco, encerrada en el retrete más cercano.
La primera sucedió al terminar el examen pre-operatorio del ojo de Sasuke que sería trasplantado. Las manos le temblaban tanto que tuvo que excusarse sin terminar el procedimiento de seguridad. La segunda, cuando Tsunade le informó de manera casual que en caso de éxito, Kakashi ya había sido comisionado para liderar el proceso de adaptación y entrenamiento de Kotaro, siendo el único poseedor de un sharingan activo. Sakura trató de ahogarse en el lavamanos…
No, ella no iba a juzgar a Ishikawa Kotaro por demostrar, finalmente, que era tan humano como los demás, detrás de toda su pompa.
"Ve a descansar" le ordenó. El shinobi asintió de nuevo antes de marcharse sin decir una palabra.
Sakura desistió de inmediato de sus planes de ir a casa.
Nunca estaba de más dar otro repaso al plan de la operación, volver sobre el mapa de chakra, revisar de nuevo el último informe de resultados…
-o-
La mayoría de la población de Konoha, civil o shinobi, desconocía las verdaderas razones, pero bien les bastaban las advertencias, hechas junto con el sospechoso retumbar constante de la tierra, para saber que era mejor seguir la recomendación de mantenerse lejos de los campos de entrenamiento.
Kakashi no se sentía particularmente valiente o bien dispuesto esa mañana para hacer caso omiso de dichas advertencias. Solo era el último candidato que quedaba de una larga lista de voluntarios (y no tan voluntarios), que habían tratado –sin éxito– de acabar con el más reciente disturbio que estaba manteniendo en vilo a la aldea. Tsunade ya estaba al borde de perder la poca paciencia que le quedaba con el asunto.
Quizás debería sentirse culpable por haberse demorado tanto en ir a buscarla. En especial sabiendo que él era el único que tenía verdadero chance de detener a la pequeña furia de cabello rosa en su camino demoledor. Ya tenía muchas horas reventando rocas y devastando con sus puños toda superficie (o persona), disponible.
Quizás debería, también, acercarse de una vez a ella. El copyninja tenía no menos de 40 minutos espiándola, apertrechado en una rama cercana pero fuera del radio destructivo que provocaba su kunoichi.
Quizás, si él fuese una mejor persona. Pero no se sentía particularmente decente, menos paciente para lidiar con lo que sabía tendría consecuencias mucho más complejas que un campo de entrenamientos destruido.
Kakashi se dejó caer al suelo y comenzó a aproximarse despacio, haciendo un círculo alrededor de una grieta particularmente profunda, en donde la kunoichi estaba escondida. Lo último que necesitaba era tomarla de sorpresa y ganarse un puñetazo por sus esfuerzos.
"Tenías razón, como siempre. ¿A eso vienes, verdad, a oírme decirlo?"
La voz de Sakura tenía ese tono rebelde que a él tanto le gustaba contradecir. Desafiante, aun cuando era evidente lo mucho que estaba sufriendo. De cuclillas, con los músculos de espalda y piernas tensos, parecía una fiera herida lista para saltar y defenderse a muerte. Su rostro vuelto hacia el piso no dejaba ver la extensión del daño que el más reciente fracaso de la división científica de la aldea, había ocasionado en ella.
Deslizándose con la agilidad de siempre, Kakashi llegó al fondo de la grieta, deteniéndose frente a ella.
"Todo el trabajo… todo fue una pérdida de tiempo, un fracaso" continuó hablándole sin mirarle. Su tono denotaba la ira profunda que marcaba su aura.
"¿Eso crees?"
"¡Claro que sí lo fue!" replicó irritada. "¡Una pérdida de tiempo que le costó la vida a un shinobi!"
Kakashi no podía refutar eso, pero para él, ese shinobi había estado muerto desde el momento en que se ofreció como voluntario, un fantasma andante entre los vivos.
"Un shinobi que puso su vida en mis manos… ¡y yo solo pude verlo consumirse en segundos por el maldito sharingan que yo misma le puse!" Un puño al suelo y Kakashi saltó a penas a tiempo para esquivar la avalancha de rocas que hizo desaparecer en segundos la grieta donde estaban.
El rumor de la tierra continuó por varios minutos antes de que Sakura se dejase ver de nuevo, saliendo de entre las rocas deslizadas unos metros más adelante. Su ropa estaba raída y sucia, su cabello desaliñado, la piel de brazos y piernas llena de laceraciones. Kakashi se acercó tomando nota de su estado con preocupación. Definitivamente se había demorado demasiado en buscarla.
Sakura se volvió a verle por fin, una rabia brillando en el verde de sus ojos, tan profunda como los surcos marcados sobre su piel donde las lágrimas ya secas se habían abierto paso por entre la tierra sobre sus mejillas.
"¿Por qué fracasé, Kakashi?"
Era una pregunta para la que el copyninja no tenía respuesta, pero el tono de desesperación con la que había sido hecha, le hizo desear asesinar a todos los que habían puesto a su kunoichi en semejante posición. En el fondo, Sakura lo que quería no era una respuesta en sí, sino una razón a la que aferrase para no caer al precipicio de desesperanza por el que terminaban cayendo todos los shinobis, en algún punto u otro de sus carreras.
En ese momento recordó la conversación que habían tenido al inicio de la misión, en ese mismo campo de entrenamiento, cuando Sakura se debatía entre la moral y su deber. Ella había buscado simpatía de él y solo había conseguido frustrarse más con su indiferencia.
'No tiene importancia lo que piense o no porque simplemente no creo que sea posible repetir la operación, Sakura. Sólo estás perdiendo tu tiempo'.
'¿Cómo puedes decir eso? ¡Si tú mismo eras la prueba de lo contrario!'
'Eso fue diferente'.
'Ayudaría mucho si me dijeras que fue lo que pasó entonces'.
Tal vez fuese muy tarde, pero esa respuesta era la única que podía darle ahora.
"¿Por qué fracasé, Kakashi?"
"Porque fue un regalo… mi regalo de promoción a jounin en realidad. Entregado muy a destiempo claro, pero Obito siempre iba atrasado con todo, así que era de esperarse…".
El copyninja observó con cuidado como Sakura parpadeó varias veces por unos segundos, tratando de comprender sus palabras cuando la simplicidad del asunto le golpeó de lleno, su rostro encendiéndose con entendimiento, derrumbándose segundos después con la renovada frustración de lo imposible.
Obito: Un regalo dado libre y voluntariamente por el cariño profundo, que solo nace entre los que enfrentan juntos lo peor y salen fortalecidos de ello.
Kakashi: Un regalo aceptado por la determinación de cumplir una promesa y el respeto al sacrificio de un amigo que él no se merecía.
Rin: Un regalo hecho posible por el amor incondicional que ella sentía hacia ambos.
Tal vez Obito no estaba completamente consciente de ello, pero él le había entregado el sharingan al único que podía entender, como ninguna otra persona en la aldea, la verdadera crueldad del mundo ninja y el sacrificio detrás de la construcción de un poder corrupto como el que escondía el sharingan. Simplemente no se podía maldecir a alguien que ya está maldito en primer lugar.
No era solo chakra en exceso y compatibilidad de sangre. Kakashi simplemente tenía la medida justa de oscuridad necesaria para sobrevivir a la fuerza corruptora y destructiva del sharingan, que acababa de cobrar a su última víctima en una sala de operaciones.
Circunstancias como las del infame equipo del Yondaime no se podían reproducir ni en el más avanzado de los laboratorios.
Kakashi vio entonces a la kunoichi frotarse el rostro vigorosamente, como tratando de despejar una pesadilla persistente que te acompaña en la vigilia. Ella le miró a los ojos por fin, asintió, y sin más se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la aldea, dejándole solo en medio de la destrucción.
El copyninja le siguió en la distancia, todo el camino hasta su casa.
Sólo cuando vio las luces de su apartamento apagarse Kaskashi se marchó, saltando silencioso sobre los techos de Konoha.
-o-
"Entiendo muy bien la importancia que todo esto tiene para la aldea en las presentes circunstancias, Hokage-sama, y por ello di lo mejor de mí en esa sala de operaciones".
Era un verdadero esfuerzo el controlarse lo suficiente para hablar con claridad. Caminando de un lado a otro en la amplia oficina de la Hokage, Sakura trataba de canalizar el exceso de rabia y frustración en sus piernas y no en sus puños.
"Pero yo no voy a volver a pasar por esto. ¡Ninguno del equipo de Henka se merece pasar por esto de nuevo! Sé que no es un procedimiento ortodoxo, pero quiero pedir que nos transfieran a otro proyecto de inmediato".
Tsunade tamborileaba sus dedos sobre el escritorio, mirando a su otrora aprendiz con interés. "Vale, estoy de acuerdo contigo".
Sakura continuó su diatriba, sin escuchar la respuesta.
"Por eso estoy dispuesta a hablar con el Consejo y con quien haga falta para lograr que nos permitan…".
"¡Sakura!" la Hokage alzó la voz para cortarla, "¡dije que está bien!".
La kunoichi se detuvo en seco, volviéndose con sorpresa hacia la Godaime. "¿¡Cómo dijo!?"
Sentada imponente detrás de su escritorio, solo una mandíbula apretada traicionaba el aire de pretendida indiferencia que quería dar a sus palabras.
"Estoy de acuerdo contigo en esto, Sakura. Todos están fuera del proyecto".
Sakura sintió su propia mandíbula descender y moverse, tratando de formar palabras que su cerebro no terminaba de formular.
Había pasado las dos últimas semanas pensando en todo lo que diría a la Hokage, una vez juntase el coraje suficiente para venir a hablar con ella. Tenía todo un discurso preparado de argumentos y contra-argumentos que la iban a dejar dando vueltas en su silla de la impresión… ¿pero esto? Que cediera a sus demandas sin siquiera pelear –aunque fuese solo por el placer de hacerlo– era demasiado bueno para ser real.
"¿Dónde está el truco?" demandó de inmediato, una vez que recuperó la voz.
"No hay truco, Sakura. La verdad no creo que tú seas la adecuada para el tercer experimento".
Haciendo honor a su carácter contradictorio, Sakura se sintió ofendida de inmediato por ser descalificada de semejante manera.
"¿Y eso qué quiere decir?" exclamó, poniendo sus manos en la cintura.
"Quiere decir que el Consejo tomó una decisión al respecto que yo no apoyo, ni condono y sé que tú, tampoco lo harías. Así que esto está fuera de tus manos. Puedes estar tranquila".
Eso le gustaba aún menos que ser descalificada como incompetente. Algo muy malo se estaba cocinando si Tsunade –a quien ya no le quedaban muchos escrúpulos– le parecía una mala idea.
"¿Qué decisión? Naruto no va a estar contento si se trata de algo peor…".
El cambio de Consejo era sin duda una mejora de su situación anterior, lo que no significaba que las decisiones iban a ser mediadas por la moral, cuando se trataba de obtener poder o de un arma como el sharingan para la protección para la aldea.
"Naruto tendrá que hacer frente a muchas cosas cuando sea Hokage. Por el momento es poco lo que puede hacer".
Sakura sintió plomo caer en su estómago. "¿De qué se trata esta vez?"
De inmediato la kunoichi notó como la mirada de Tsunade vaciló por medio segundo antes de hablar. "Esa información es clasificada".
"¡Por favor, Tsunade-sama!" rogó acercándose al escritorio, lista para humillarse si fuese necesario. "Realmente necesito saber que quieren hacer… con Sasuke". Ella tenía derecho a saber, era lo que quería decir, pero eso Tsunade ya lo sabía.
En cualquier caso, la mención de su difunto compañero de equipo pareció ser la palabra mágica. La Godaime se puso de pie, caminando a lo largo del ventanal y dándole la espalda.
"El Consejo decidió programar la próxima operación para dentro de un año, tiempo en el cual continuarán con las investigaciones. Esta vez han decidido que se trabaje en torno a las variables que fueron descartadas al inicio".
"¿Qué variables?" preguntó, con el corazón latiéndole en la garganta.
Tsunade la miró por encima de su hombro por unos segundos y Sakura sintió un sudor frio bajar por su espalda en respuesta al vacío que vio en sus ojos.
"Para potenciar el éxito, esta vez el voluntario será un niño".
De ser físicamente posible, el mentón de Sakura estaría pegado al suelo.
"De la edad aproximada en la que Kakashi recibió el suyo" continuó impasible, mirando a la aldea frente a ella. "Un niño que aún este en desarrollo pero con el potencial para alcanzar el nivel requerido".
¿Qué se podía responder ante semejante aberración? Sakura cerró los ojos y haciendo una reverencia rígida que la Hokage no vería, le agradeció con formalidad ensayada y se marchó de allí tan rápido como era posible, sin ser grosera.
Mientras bajaba a toda velocidad las escaleras de la Torre, las palabras de Omori-san le parecían ahora una sentencia, más que las divagaciones de un hombre enajenando.
'El Sharingan está maldito…'
'…ya no tendremos que hacer esto a nuestros niños'.
-o-
Aun desde la distancia, en una mañana ordinaria como aquella, Sakura podía apreciar las cosas extraordinarias que ocurrían cuando se juntaba tanto poder en un solo punto. El aire estaba cargado de energía, como en la víspera de una tormenta eléctrica. Caliente como si el bosque a su alrededor estuviese en llamas. Su propio cuerpo parecía vibrar en una sintonía desconocida.
No los veía, pero Sakura sabía que en todo el perímetro a su alrededor un número indefinido de operarios del ANBU vigilaba con recelo el lugar, atentos a cualquier intromisión indeseada en lo que era, a todos los efectos, una sesión ordinaria de entrenamiento.
O tan ordinaria como se puede cuando se trata del futuro Hokage aprendiendo la técnica más famosa y poderosa de su padre. El secretismo en torno al Hirashin del Yondaime no ameritaba nada menos.
Era así como en el fondo del valle que descendía frente a ella, cuatro siluetas formaban un círculo cerrado, sus cabezas juntas como conspiradores reunidos en secreto, mientras Ino y Sakura les espiaban con todo descaro, tendidas en la grama a una distancia prudencial. Nadie podía predecir lo que podría ocurrir cuando Kakashi y Yamato entrenaban a Naruto, con la ayuda impertinente de Sai.
"¿Me estás escuchando?" la continua cháchara de fondo se detuvo, y Sakura se encogió, culpable, sobre sí misma.
"¡Claro que te estoy escuchando!" negó con naturalidad todo pecado, desde luego…
"Como sea… te estaba comentando sobre de la fiesta en casa de los Iwashi" Ino agitó su cabellera a un lado y siguió charlando como si nada. "Todo el mundo va a estar allí. Dicen que el Clan va a hacer un anuncio muy importante para la ocasión".
"Hmnh" remarcó inteligentemente, demostrando que ahora sí que la oía y seguía sin interesarle.
"No sé por qué me molesto en hablarte".
"¿Y yo no sé porque te preocupa tanto esa fiesta?" Sakura parpadeó genuinamente confundida por los misterios de la vida social de su, no tan querida, rival.
"¡Las apariencias son todo en el mundo ninja! ¿Cómo es que no sabes esto?"
A Sakura le parecía el asunto una tontería más de las de Ino. "¿No crees que exageras?".
Su amiga-rival procedió a mirarla de arriba abajo como tantas veces, dejándole claro en milésimas de segundo lo que pensaba de su apariencia y de todas sus decisiones personales hasta la fecha, sin decir palabra. ¡Ese era el poder oculto de su relación!
"En cualquier caso" continuó con naturalidad, "te juro que voy a partirle el brazo a Shikamaru si no llega afeitado y presentable de esta misión".
Sakura volteó los ojos con ganas. Desde que el shinobi se había dejado crecer la perilla, Ino estaba en una misión personal para hacerle afeitar. Como si el vello facial fuese una ofensa mortal a sus sensibilidades.
"No puedo ir a la fiesta con él luciendo como un salvaje. ¡Ya parece que tiene un animal muerto pegado a la cara!".
Y la cara de limón exprimido de la rubia ilustraba perfectamente el concepto.
"No deberías estar más preocupada porque regrese, no sé, ¿con vida?" Sakura inquirió con malicia, su atención dividida ahora entre burlarse de Ino y seguir los movimientos de los cuatro ninjas que entrenaban en el claro a sus pies. "Además no puede ser tan malo. A mí me parece que se ve guapo".
La risa de cerdo que se le salió a Ino por respuesta era, sin duda, mucho menos atractiva que cualquier barba, Sakura estaba segura.
"Tú no tienes remedio", sentenció entre risas, con una mano levantada benignamente en su dirección. "Cuando le des un beso a un puercoespín me cuentas como te va, frentona".
"¿Has intentado, no sé, razonar con él?"
"¡Ya se lo he pedido miles de veces!"
"Razonar Ino, ¡no gritar y ordenarle que se afeite!"
"Le he dado muchas buenas razones, particularmente la de mantenerse en una sola pieza".
Una explosión, acompañada por un leve temblor de tierra las interrumpió entonces. Para cuando las chicas volvieron la mirada hacia el valle, un pequeño cráter humeaba en el claro, con Naruto tirado en el medio del mismo, cubierto de ceniza y rascándose la nuca con una risa boba.
Frente a él, Yamato le increpaba visiblemente molesto, articulando con sus manos como le iba a estrangular, mientras Sai trataba de apagar uno de sus pergaminos a pisotones.
Kakashi… Kakashi la estaba mirando directamente a ella.
"Tal vez pueda convencerlo de usar una máscara" el tono maliciosamente casual de Ino hizo que Sakura se encogiese de nuevo, esta vez con aprensión.
"Eso puede funcionar, sí…" continuó implacable. "Pero tú eres la experta, no. ¿Dime qué opinas?"
"Ino…"
La advertencia clara en su voz hizo muy poco efecto, como era de esperarse. En el claro la acción se había reanudado, la atención de Kakashi puesta de nuevo en Naruto.
"¡No, nada de Ino!" Le reprendió con un dedo apuntando directo a su cara. "Me has tenido semanas esperando por los detalles y ya me estoy cansando de las evasivas".
"Es… personal".
"Es justo por eso que me interesa, frentona."
"¡Eres horrible!"
Además de sus amigos más cercanos, a Sakura ya no le importaba quien supiese sobre su relación con Kakashi. La discreción inicial que habían intentado mantener no les había durado mucho, cuando fue evidente para quienes les conocían de verdad, que algo ocurría entre ambos. Eso y la lengua de Ino hicieron el resto.
En general, la información era pública y la verdad Sakura había esperado una reacción más dramática por parte de la aldea. Sin embargo y para su sorpresa, la mayoría de la gente no decía nada, o al menos no a ella y menos en su cara. Sakura no sabía cuánto se debía a su famoso mal carácter y cuánto, a la protección de Kakashi.
Porque Sakura ya había aprendido a no subestimar el respeto y el miedo que provocaba en otros la sola presencia del copyninja, no importaba lo muy inofensivo que su apariencia desganada le hiciese parecer.
Mientras Ino la seguía increpando por un lado, y sus chicos seguían entrenando por el otro, Sakura tomó nota de como las cosas más importantes para ella seguían siendo las mismas, dentro de lo diferente que era ahora su vida. Sus afectos seguían allí, a su lado, más intensos, maduros y afortunadamente, menos impulsivos.
Sus intereses, su profesión y su aldea, eran ahora un objetivo más claro para ella, habiéndose desecho por fin del velo de idealismo que le había cegado por tanto tiempo, a las realidades más duras del mundo en el que había escogido vivir.
Y no era la única. La mirada de Naruto ya no brillaba tanto, su sonrisa era menos permanente aunque igual de contagiosa. Y eso no era necesariamente malo. Habían enfrentado juntos otra faceta de la vida ninja y estaban madurando por ello, preparándose para ocupar los roles que el espíritu de fuego requería de ambos.
Los roles que shinobis como Kakashi habían aceptado en su momento a costos inhumanamente altos.
Por ello Sakura iba a aceptar también su legado, con el mentón en alto y la mirada limpia. Con sus convicciones renovadas y la certeza de que, sin importar lo que deparase el futuro, ella podría superarlo todo, sin dejarse ahogar por los remordimientos.
Con la certeza de que un verdadero cambio en el mundo ninja, estaba aún por venir.
Y ellos lo iban a traer.
¡Shanarooooo!
-o-
NDA2: Por fin está terminado! Este fic ha sido un aprendizaje maravilloso para mí y no puedo agradecerles lo suficiente a todos por el ánimo constante, las recomendaciones y los reviews que han hecho de este fic. Después de 7 años es más de lo que merezco.
¡Gracias por la paciencia y por acompañarme hasta el final!
Me toca ahora desempolvar Suzaku, para lo cual es muy probable que busque un co-autor que me eche una mano para escribirlo o no voy a terminar nunca. Si hay interesados pueden contactarme por los canales de siempre.
