Disclaimer: Ni Percy Jackson ni La Casa de la Noche me pertenecen.
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Shaunee se gana la simpatía de los dioses
— ¿Es posible que Neferet nos esté jodiendo en el más allá y ahora todos estemos drogados en algún barrio nada agradable dándonos tumbos o cosas así? —pregunto Aphrodite. Todos estaban sentados en el sillón circular de cuero de la cabaña veintiuno, su nuevo hogar.
— Aphrodite, esto es serio—le regaño Stevie Rae; normalmente se diría que era caso perdido reclamarle cualquier cosa-o hablarle en sí, aunque eso era en broma-pero las circunstancias eran otras.
— Estoy hablando en serio; por la diosa, ¿Se dan cuenta de donde estamos? —Hablo levantando los brazos y moviéndolos alrededor, señalando el espacio— Semidioses, dioses griegos y romanos, lo más cuerdo que he visto es a un chico sacando fuego de sus manos; Neferet drogándonos desde la muerte tiene más lógica.
— No tengo experiencia en drogas exceptuando la vez que me emborrache por la sangre de Heath—dijo Zoey; lo que de repente le hizo saltar de sorpresa en su mente, Aurox estaría en el otro mundo sin tener idea de lo que sucedió; se obligó a mantenerse centrada, no podía pensar en eso— Sin embargo todo parece bastante real.
— A mí también me parece real—se voltearon a ver a Nicole, que en si observaba todo en su puesto al lado de Shaylin y Shaunee— Y en ese caso no nos queda más que resignarnos; ya nos adaptamos a la idea de ser vampiros, tendremos que hacerlo con lo de ser semidioses.
— Al menos en la parte de vampiros teníamos una idea—la poseedora de la afinidad del fuego miro a la chica, apartándose un poco para ello— Aquí no tenemos ideas más que uno que otro mito, eso y la película de Disney de Hércules que me imagino que lo conocerá la mayoría.
Por mayoría hablaba de todos exceptuando al que no era humano hace poco más de un año; no obstante habían aprendido a tener delicadeza con el tema. El mismo aunque escuchaba tenía la mente dividida; el adaptarse con los vampiros le había costado, otra nueva vida parecía mucho para él, lo positivo es que el resto se encontraba en la misma posición que él.
Zoey suspiro; ya estaban cansados de por si por la jornada más la situación demandaba que todos hicieran un esfuerzo, tenían que ver que podían hacer— Bien; Damien, ¿Qué sabes de semidioses?
El chico se notó perplejo, y algo avergonzado— B-Bueno, no se demasiado; no hay muchos famosos exceptuando a Dionisio que se hizo dios y formo parte del consejo olímpico, o Hércules que hizo mucho trabajos en venganza de Hera ya que le odiaba por ser hijo de Zeus—menciono lo último para que se notara que en la película había una buena mentira en medio, pero ni modo que en una película infantil mostraran lo que realmente paso en el mito—y Orión que fue un cazador que enamoro a Artemisa y luego le engaño; pero no son muy claros en la parte de poderes exceptuando que Hércules poseía una fuerza excepcional, y nunca apareció ningún campamento mestizo.
— Okey, ¿algo más útil? ¿Cosa de semidioses en general? —inquirió Stark; envolviendo en su brazo a su novia. Él había sido menos posesivo y controlador desde que vencieron a Neferet; de hecho desde entonces su sacerdotisa no había tenido problemas en general, y cuando creía que por fin estaría feliz con ella ¡Pum! Nuevos peligros y quién sabe qué más en puertas; ahora que no era vampiro se preguntaba si necesitaría pastillas contra el dolor de cabeza.
El chico puso los labios en una línea recta, antes de responder— No mucho; son hijos de dioses, son poderosos; su vida suele acabar en tragedia y sus padres divinos o no pueden intervenir o no les interesa.
Con esa última frase se quedaron en silencio; su diosa se los dijo y lo dejo en claro, los quería, pero la ley de Zeus era clara, no podía interferir en sus vidas y mucho menos tan lejos de ellos. Básicamente, estaban a su suerte.
— Lo mejor es que vayamos a dormir—intervino Darius, mirándolos a todos—estamos cansados, ya veremos en la mañana que logramos saber sobre semidioses, pero aquí no encontraremos respuestas.
Nadie protesto, luego de la noche que habían pasado el ir a la cama y relajarse no parecía mala idea. Cada uno se levantó y fue hasta su alcoba. La mayoría no tardo en dormirse de una forma u otra, entre las parejas hablaban un poco pero llegaban a la misma conclusión que en grupo: no llegarían a nada y ciertamente necesitaban un sueño reparador.
Finalmente, en poco menos de una hora casi todos estaban dormidos; la única que seguía dando vueltas en la cama era Shaunee.
Tenía la cara contraída en concentración, como si de esa forma pudiera lograr dormir, rodaba y cambiaba de posición, o golpeaba la almohada, o se quitaba/ponía la manta. Notando que no se oía nada en el fragor de la noche, abrió los ojos observando el techo; allí también se podía ver la noche estrellada, que era lo única diferencia que existía en su habitación de cuando estaba en su mundo.
"Otro mundo" repitió en su mente, sin todavía poder creérselo. Era por eso que aun con su cuerpo cansado y la cabeza nublada no lograba conciliar el sueño; había pasado por transiciones bruscas y rápidas cuando aparecieron los iniciados rojos, Kalona y Neferet, pensó que luego de eso el acostumbrarse a cosas nuevas sería cosa de coser y cantar; por lo visto no funcionaba tan bien.
De un manotazo se quitó la colcha anaranjado rojiza que tenía en su cama, sentándose en la misma miro su habitación. Había decoraciones divinas de la muerte, mucho era de Pier1, si uno se concentraba notaba que la mayoría eran muy caras, y que existía una clara tendencia al rojo y al azul, como fuego y agua. Solo las personas más cercanas a ella sabían que no solo varias de esas cosas fueron de Erin, sino que las tenía por el duelo que tuvo con su muerte y nunca se había deshecho.
A veces fingía que ella seguía con vida; cuando se encontraba medio dormida, pensaba que llegaría su Twin para que fueran a desayunar, solo que esta no estaba tan obsesionada con las compras y los chicos; era la chica que juraba que al menos en unos momentos, estuvo con ella, la que se preocupó por su bienestar aunque no se notara, que no era tan mala y chismosa, la misma chica en la que se fijó la primera vez ese día y se convirtió en su mejor amiga.
Pero no importaba cuanto tiempo estuviera en la cama, ella nunca llegaba; se tenía que levantar a seguir su día a día, sin esa chica a su lado.
No la malinterpreten, se sentía mejor ahora que era ella misma, tenía buenos amigos-los más cercanos eran Rephaim, Nicole y Damien-; pero eso no quitaba la pena que sentía. Cuando dejo a Erin, una parte de ella murió, porque para volverse ella misma de la forma que tan desesperadamente trato de evitar; necesitaba dejarla ir. Fue lo mejor, no lo duda; no obstante seguía sintiendo como si cargara con un muerto, ¿Ese era la parte que murió, o lo que quedaba del recuerdo de Erin? Aun no lo sabía.
Negó con la cabeza frenéticamente; no, no iba a pensar en eso, ya iba a tener mucho en que pensar como volver con sus problemas filosóficos; no era la solución, sin embargo prefería ignorar de plano el problema y hacer como si no existiera, si lo dejaba de pensar, este quizás desapareciera.
Con esa idea poco probable pero alentadora; decidió que quizás un vaso de leche le ayudaría. Traía puesto un piyama lila y magenta que era una camiseta de tirantes y pantalones sueltos-respectivamente con los colores-; dudaba encontrarse con alguien al salir y no es que le molestara que la vieran con esa vestimenta. Una vez fuera miro la habitación, la estatua de Nix, el sofá, las puertas y las mesas; no había otra cosa allí.
Frunció el ceño; debió imaginar que comerían y tendrían sus cosas en otro lugar, a diferencia de Aphrodite no tenía una mini nevera-donde guardaba su agua fuji, champan y vino por temor a que los "nerds" se lo robaran, paranoica-y que como dudaba que tuviera leche-y aunque tuviera, no se la daría-se debatió si entre ir afuera a buscar la cocina o ir a su cama a su ritual de deshacer su cama.
No tuvo tiempo, ya que inesperadamente oyó que alguien tocaba la puerta. Parpadeo un poco, ¿acaso aquí también iban invertidos con la noche como día? No, recordó cuando el centauro-Quirón, sino se equivocaba-menciono que no creía que alguno de los otros campistas estuviera dormido, eso y que en el consejo muchos traían piyamas con armadura.
Se oyó nuevamente, un toqueado de puerto, aun en silencio juraría que escucho "No me importa si tengo toda la eternidad, ¡No me gusta que me hagan esperar!" por raro que fuera, ciertamente esa no era la frase más rara que había escuchado; más en una noche como esa. Decidiendo que sea quién fuera era mejor no enfadarle, fue hasta la entrada y abrió la puerta.
Al frente había un hombre no muy mayor pero tampoco joven, vestía un atuendo café como el de un repartidor, poseía el cabello oscuro y entrecano; sus ojos que le parecían familiares de alguna forma lucían fastidiados.
— Um, ¿En qué puedo ayudarle? —pregunto amablemente. El hombre enarco una ceja, observando su tatuaje; pasaba mucho cuando veía humanos pero este no parecía el caso. Traía algunos paquetes en mano.
— Cabaña Nix sino me equivoco; ¿Qué le tomo tanto en venir a recibirme? Si ya les hago un favor con venir aquí, aunque el escaquearme unos minutos de esa desastrosa reunión también es una ventaja—parecía que lo último lo dijo más para así que intencional; la morena no le hizo mucho caso.
— Um, la mayoría están dormidos.
— ¿Cómo hijos de Nix no estarían despiertos toda la noche? Bueno, son los primeros en aparecer; supongo que es como decir que las cazadoras de Artemisa duermen en el día—al decir eso, recordó a la chica vestida de plateado, Thalia; parecía algo soñolienta en la reunión.
— Oiga, no es por ser maleducada pero, ¿A que vino? —interrogo, queriendo acabar de una vez la charla; el hombre parecía normal pero poseía un aura de poder que le estaba dando un poco de grima. Al instante pareciera que el hombre recordara algo.
— Tienes razón; total ya sabré de ustedes mientras los observo, todos mantendremos un ojo encima a partir de ahora, claro si mi padre les permite quedarse—la chica solo se quedó extrañada, aun sin conectar quién podría ser. El hombre saco del bolsillo su celular— tamaño completo por favor; George, Marta; vayan sacando los paquetes para la cabaña de Nix.
Al instante, lo que parecía un celular común y corriente se transformó en un enorme caduceo, con dos serpientes vivas y coleando que empezaron a vomitar paquetes en la entrada. Shaunee miro al señor-era preferible al ver el espectáculo de las serpientes bulímicas- tratando de recordar quién podría ser; cuando a la mente le vino la imagen de un hombre pequeño, con el mismo caduceo dorado, una toga y lentes de hippie pasados de moda-básicamente, la versión de Disney- que traía zapatos alados.
— H-Hermes—dijo, esperando decir correctamente el nombre, sin recordarlo del todo— El mensajero de los dioses.
Hermes enarco una ceja, sorprendido— Bueno, no solo el mensajero de los dioses; dios de los ladrones, de los viajeros; pero sí, ese soy yo. Al menos sabes bien que soy, supongo que Nix no nos tiene tanto asco como afirmo Dionisio.
En ese momento, el sentimiento de cariño y amor por la diosa que se fomentaba en la escuela salió a flote— Nix es una buena diosa, quizás se molestó un poco—en ese momento, trato de no recordar la forma oscura y horrible que mostro cuando llegaron al campamento; esa no era la diosa que tanto les había protegido y querido, era más que eso— Pero es buena; hizo mucho por nosotros y siempre ha amado a sus hijos.
La sorpresa de Hermes siguió presente— Vaya, uno pensaría que con lo hizo le guardarían rencor, muchos chicos de aquí se los tienen a sus padres—miro al suelo por un segundo, como si recordara algo malo; decidió que era mejor no preguntar al respecto—aunque normalmente les dicen madre o padre directamente.
— No somos sus hijos, no biológicos al menos; solo nos da la marca y nos considera como tal, pero seguimos teniendo nuestros padres— "aunque no siempre somos cercanos a ellos" casi agrego, pensando en los propios; sin embargo se contuvo.
Se encogió de hombros, simplemente— Ya me terminare de enterar cuando este por allá; ¿Cómo te llamas, por cierto?
— Shaunee, Shaunee Cole.
— ¡Oh bien! Es justo uno de los paquetes que tuve que llevar en mano; me dieron todos para entrega express y no pude meterlos todos en el caduceo—dijo, entregándole uno que era un caja larga aunque relativamente delgada con una bolsa de tela que sonaba a monedas; los otros los dejo en el suelo al lado de los que dejaron las serpientes, que por fin habían dejado de vomitar.
Curiosa, agarro lo que era más fácil de desenvolver; en la bolsa había unas monedas de color dorado del tamaño de galletas, tenía imágenes de dioses y las de Empire State-se preguntaba porque estaba el mismo edificio en ambas dimensione y que tendría que ver-notando que claramente no tenía idea de que era, el dios le contesto.
— Son Dracmas de oro, niña—la chica dejo la bolsa para mirarlo— monedas de oro, las usamos los dioses como dinero; Nix le dio varias a cada uno para lo que necesiten.
— Gracias—contesto, tanto por traer los paquetes como por decirle. Recordando lo que menciono una vez su padre de mantener contentos a los empleados-muchas veces tenía que hacer envíos y sabía que si eras buenos con los mensajeros, era menos probable a perder el paquete-por lo cual agarro unas cinco monedas y se las entrego— ¿Esto es suficiente?
Se sentía un poco ridícula por tener que preguntar sobre eso, pero era mejor estar segura antes de que el dios lo tomara como un insulto. Por el contrario, pareció incrédulo a que por una vez, le pagaran por algo más que el envió y las molestias; tomo las monedas— Aprecias el trabajo y las buenas propinas; estaré a favor con que se queden, tienes cara de ser buena chica Shaunee.
Al terminar la frase, en un resplandor dorado se fue. La chica de Connecticut se quedó perpleja-o más de lo que ya estaba-antes de decidir investigar los envíos. Todos estaban apiñados en la entrada, haciendo un poco difícil que alguien quisiera entrar/salir de allí; todos estaban identificados y cada uno se encontraba cerca de una de las bolsas de dracmas que Hermes le entrego. Pensó en despertarlos, pero no parecía ser tan urgente la entrega; no sabía cuánto quedaba para que tuvieran que salir con los otros semidioses y estaba segura que apreciaran que respetara sus horas de sueño.
Aparte de lo que le entregaron no había nada más con su nombre, así que se acomodó en el sillón y empezó a deshacerse del tirro que protegía las aberturas de la caja. Dudaba que la diosa le fuera a entregar alguna clase de vestido de marca-como ciertamente le hubiera gustado-o bien podría ser una clase de guía de cómo ser semidiós-¿Si había una para iniciados, por qué no para ellos?-más al deslizar el objeto para verlo, se dio cuenta que no era ni remotamente parecido a cualquier cosa que pensara.
Poco le falto para pegar un grito; lo que tenía entre manos era una especie de hacha. No de esas para cortar leña; era una hacha doble, era una labrys, esta de 40 centímetros de largo, tenía cuchillas redondas de ambos lados como una alabarda, el mango era de una clase de acero negro mientras que las cuchillas brillaban color bronce, en las hojas tenían grabados de luna y filigranas vampíricos. En el extremo superior del mango, brillaba un zafiro perfectamente circular. Y en el mango tenía escrito ηλιοφάνεια, que sorprendentemente entendió "Iliofáneia" o "Luz del sol" traducido, no entendía como lo leyó o como sabía lo que significaba, pero no podía responder esa pregunta.
Nunca fue fan de las armas, normalmente solo las veía si un guerrero de Erebus las portaba-y no es que se concentrara demasiado en el arma-pero debía admitir que esta era hermosa. Noto que junto con la labrys cayó una nota; la agarro.
"Te he dado esta arma a ti y a tus hermanos debido a que en el mundo donde están ahora, las cosas serán más peligrosas de lo que creían. Helios en secreto encargo estas armas a Hefesto-aunque no sé cómo, logró esconder su identidad y propósito- algunas eran especializadas, otras por otro lado las he escogido pensando en cómo le irían mejor. Benditos sean.
P.D: Por suerte, algunas de estas armas pueden camuflarse; en el caso de Iliofáneia presiona el zafiro."
Queriendo averiguar, lo presiono; al instante, el arma empezó metamorfosearse hasta quedar en un bolso de cuero marrón, era delgado y simple con una tira larga, lo único que tenía en común con el arma era el zafiro decorativo.
"No sé para que necesite un arma, pero eso es útil" pensó, agarrando los dracmas y la bolsa entro a su habitación. No tenía idea de cuánto tiempo tomo el encuentro, no obstante seguía sin sentir sueño; pensando que seguiría sin dormirse, agarro una bata-no de las de baño, sino de las que se usa para salir a buscar el periódico-color canela con unas sandalias, llevándose a Freya en modo de bolso con algunos dracmas; si antes de salir de la cabaña tuvo que usarlos uno nunca sabe.
Con mucho cuidado, cerró la puerta tratando de no hacer ruido. Aunque parecía ser verano, el aire estaba frío; no le molesto, como vampira no tenía problemas con las bajas temperaturas y puede que eso se siguiera manteniendo como semidiosa, quién sabe.
Miro a su alrededor, oía el murmullo del agua y a lo lejos creía distinguir un lago, al otro lado parecía alzarse lo que parecían unas gradas, ¿Alguna clase de arena de batalla? No podía verlo por la lejanía, y ahí noto que veía todo con total claridad, "Bueno, si somos los hijos de la noche, no es de sorprender que veamos bien en la oscuridad" opino, al menos conservarían eso.
A la mente se le vinieron todas las demás habilidades que tenían, en especial la suya, que era la afinidad con el fuego; temerosa, invoco su poder, sacando leguas de fuego como hace un rato. Ella no le temía a lo que podía hacer, se había adaptado a ellos; por el contrario, lo que le daba miedo era el perderlo. Fue algo que aprendió mientras lo dominaba, el elemento del fuego era algo más que calor y chispas; ese poder era casi como un ser vivo, una fuerza parecida al bien y al mal, lo vio cuando los elementos estuvieron con Zoey cuidándola al estar débil, o la soltura y cariño con el cual Stevie Rae invocaba a la tierra; ella tenía una fuerte unión con el fuego, ¿Al estar allí, sería acaso que lo perdería?
Apago las llamas, agarrando con firmeza su bata para envolverse mejor; eran los primeros en hace esto, no había forma de confirmarlo por ahora y quizás tampoco de evitarlo, todo lo que quedaba era esperar.
Camino con cuidado, sin estar segura si habría más gente despierta, bien podría haberse fijado en las ventanas-pensando que la cocina debería estar cerca, se quedó cerca del área-no obstante no pudo debido a que se quedó maravillada con las cabañas. La de Nix era espectacular, pero había algunas que no tenían nada que envidiarle; observo una que parecía de oro macizo, otra poseía colores como nebulosa y desprendía niebla con un aire misterioso, también se observaba algunas sencillas como una simple de madera con un caduceo-Hermes sin duda- y otra con un aire lindo como una casa de muñecas. En el centro había un fuego pequeño, se sorprendió al notar que parecía haber alguien allí, ¿No se supone que todos estarían dormidos?
Se acercó hacia la fogata, donde pudo ver mejor quién estaba atizando las llamas. Era una niña pequeña, ¿De ocho, nueve años? Poseía un vestido marrón sencillo a juego con su cabello castaño recogido en un pañuelo, como una niña de campo. De cualquier desconocido que hubiera esperado ver, este era el más inesperado.
— ¿No es muy tarde para que estés aquí? —pregunto, mirándole curiosa. La niña se volteó a verla, incrédula; como si fuera raro que estuviera allí "Claro que es raro, ¿Quién se encuentra a otra persona en medio de la noche?" se regañó.
Ignorando sus palabras, la examino con la mirada; al igual que el dios de los ladrones, se le quedo viendo los tatuajes.
— Nunca te había visto por aquí, ¿Eres nueva? —aunque su mirada se notaba fija en su frente, le siguió examinando. Luego le dio una sonrisa— Mejor cuéntame aquí, junto al fuego, tendrás frío—al decir eso, se movió hacia un lado, dándole espacio para que se sentara en el tronco donde ella estaba.
Shaunee no era de las que se sentaba con desconocidas, pero, ¿Quién sospecharía mal de una niña? Sobre todo de una que se veía tan agradable; se acomodó a su lado— Pues sí, recién llegue hace un rato; soy una de las hijas de Nix.
— ¿Hijas de Nix? —si antes le miraba raro, ahora era como si viera un bicho raro. Carraspateo un poco la adolescente.
— Si; es un poco enredado y aun no lo entiendo muy bien, pero soy una de sus hijas; nueve amigos y yo estamos en la nueva cabaña—explico, o eso intento. Queriendo quitar un poco la incomodidad del ambiente, le dio una sonrisa— Soy Shaunee.
En unos segundos, la pequeña no tardo en devolverle la sonrisa. Ahora tenía una idea de porque se sentía cierta agitación en el olimpo-no estaba allí cuando empezó, creyó que sería alguna de las discusiones de tormentas de Poseidón y Zeus y cuando pasaba prefería no estar presente-y tan pronto como terminara la charla iría para allá; hija de Nix o no, se había acercado hasta ella y eso era algo que pocos héroes hacían.
— Eres muy agradable Shaunee—hablo, en vez de decir su nombre como espero que hiciera— En los últimos años, solo tú y Nico lo han hecho.
— ¿Nico? ¿Cómo el hijo de Hades? —recordó, volviéndole a la mente la imagen de ese chico de quince años con unos ojos negros como pozos sin fondo; tembló.
— No es como piensas—le interrumpió los pensamientos; al hacerlo evoco una sonrisa algo rota— No es sencillo de manejar, pero ha tenido una vida dura; ser un hijo de Hades no ha ayudado—menciono, moviendo la cabeza; instantes después miro a su nueva amiga— Aquí no se opina muy bien de Nix, dime, ¿Eso te hace oscura?
Shaunee frunció el ceño ante esas palabras; a decir verdad el chico le había parecido bastante oscuro-hijo del dios del Inframundo, duh-sin embargo tenía razón en algo, no por ser su hija era igual a ella. Aunque el comentario le molesto un poco, decidió no decir nada al respecto.
— ¿Cómo te llamas? —interrogo, deseando cambiar de tema. Hestia le miro por un momento, mas no tardo en mostrarse misteriosa.
— Lo sabrás, a su debido tiempo—la chica de procedencia jamaiquina quiso protestas, aunque al mirar la cara que puso creyó que sin importar cuanto preguntase no le respondería. Hestia prefirió guardarse en secreto quién era por el momento; pocas veces los semidioses se acercaban a ella y está por lo visto no sabía mucho de los dioses griegos, se quedaría con esa amiga por un rato, hasta que pensara que fuera bueno decirle la verdad.
Oyó el gruñido de un estómago, la mestiza se sonrojo agarrando el mismo; en ese momento recordó que cuando estaban llegando a los túneles iban a cenar y no les dio tiempo de hacerlo. La diosa solo estaba divertida al respecto, así que sin que esta pudiera verlo; apareció algo de pan y leche.
— Toma—le entrego la comida; que luego de la humillación la chica decidió no protestar o siquiera pensar de donde lo saco. El pan poseía cierto sabor ahumado, siendo pan cazador, y la leche estaba fresca y deliciosa; la chica degusto con deleite. Mientras comía, la mayor de los hijos de Cronos observo un detalle— No tienes miedo del fuego.
Claro, la chica se mantenía resguardada de las llamas para que no la quemasen, no obstante parecía bastante cómoda con las mismas. Tragando, no tardó en responderle— Soy cercana al fuego, tengo una afinidad con el—notando que eso no explicaba demasiado, dejo el vaso en el suelo y apareció llamas en la palma de su mano, llenándose de un aura rojiza.
La niña no retrocedió, solo parecía impresionada; frunció el entrecejo— Ese no es un poder de Nix.
— Quizás aquí no, pero en mi mundo ella podía dar poderes como estos—apago su fuego y el aura se fue, temiendo que quizás pudiera desgastarse; no sabía que pasaría allí. No pudo evitar mostrarse algo triste, cosa que para la otra no pasó desapercibido.
— ¿Temes perder tu poder?
— Si, pero no por lo que parece—se explicó; cuando manejas el fuego uno podría pensar que era solo por la habilidad, no entendían el vínculo que se formaba— De donde vengo, los elementos no son solo eso; son fuerzas poderosas, tu no las escogen, ellas te escogen a ti—instruyo, mirándola para ver si lo captaba— Sonara raro, pero yo relacione cierta relación con mi elemento; es una unión que te conecta con algo más allá de ti, no es que yo lo controlaba, el fuego confiaba en mí y me ayudaba con las peticiones que hacía—diciendo esto último, se alejó un poco para que no notara la mueca triste que se asomaba— ahora que estoy aquí y si dices que Nix no lo maneja…supongo que lo perderé en algún punto.
Hestia ahí noto algo más en la chica; al igual que Nico había pasado tiempo difíciles-no tan duros como los del chico, pero igual-solo que ella poseía cierta chispa que el otro no tenía, cierta chispa de pasión y calor en su alma; no le sorprendía que en ese mundo el fuego la eligiera. Puede que el fuego la volviera a elegir. La sonrisa que había tenido con Shaunee se hizo más grande, aunque esta no lo noto.
— Ya es tarde, ¿No te parece? —observo, como si nada hubiera pasado— Si es tu primer día te espera un pesado despertar, debes descansar.
— Si, tienes razón—le dijo, se levantó quitando la suciedad de su bata haciendo lo mismo en su mente con los vestigios de tristeza. Le miro extrañada— ¿No debes irte tú a dormir?
— Me iré en unos momentos, no te preocupes—la adolescente no estaba tan segura que tan buena idea sería hacerlo; aunque no tardo en recordar a los niños que vio cuando llego, quizás fuera algo normal. Encogiéndose de hombros, se fue a su cabaña; y una vez que estuvo fuera de vista, en un resplandor naranja, la diosa desapareció.
La adolescente no tardo en quedarse dormida por fin, ahora que se había descargado un poco se sentía más ligera; con algo de suerte podía encontrarse de nuevo con esa rara niña, y quizás podría quitarse aquel muerto con el que cargaba.
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Vale, sé que este capítulo estuvo más largo-cosa que supongo que les extrañara pues trataba de acortarme en los otros-¿Cuál era la diferencia? Estaba decidida a que esto fuera en todo un capítulo, no lo iba a cortar.
Espero que fuera más entretenido que los otros; no sé porque yo logró escribir más sobre relleno inútil, que les digo. No tengo idea de cómo hare, pero tratare de aplicarle un poco más de dinámica a esto, siento como si escribiera un muermo.
Con respecto a porque diantres Shaunee tiene un labrys/hacha, es simple; me parece absurdo que con la cantidad de armas blancas que existe-soy un poco aficionada al tema-Rick ponga en su mayoría espadas y dagas; no tenía internet al escribir esto así que fui pensando en algunas armas y las adjunte como a los chicos; ya verán el resto en el otro capítulo.
¿Por qué un bolso? Fue lo que se me ocurrió, habrá algunas que se transformen y otras que no, ya veré cuales.
A pesar de todo, me agrada Shaunee y creo que si bien no se ha explicado del todo en la casa de la noche, me gusta el que tuviera cierto crecimiento personal que espero proyectar aquí.
Con respecto a los vínculos y elementos; en mi opinión al menos con Stevie Rae no parecía simplemente pedir y controlarlo-como lo vi en Zoey-sino que realmente existía una relación como tal.
Tengo una idea para los poderes; sé que perfectamente podría quitarles sus poderes y punto-porque según la lógica de esta historia, los tienen que perder-pero con lo que se me ha venido a la mente…pues creo que ya sé que escribiré.
Sé que tiene que ser fastidioso que apenas aparecieran los semidioses, pero dense cuenta que una cosa es que lleguen unos chicos raros y otra es pasar literalmente a otra dimensión; así que me parece bien centrar mi atención en ellos.
Creo que no hay más que decir, se despide cordialmente;
Lira.
