Corazón un año más. ¡Felicidades!. Creo que ya no te acuerdas de que va esto, pero tu sabes que es con cariño. Aunque sea medio boba y me olvide de las cosas, o me confunda te doro y pues aspiro que te guste, al menos un poquito.


Capítulo XI: Fragmentos.

Elfo/Belka –Cazadora.

-¿Problemas para conciliar el sueño?.

Parece estar en todas partes.

-Puedo decir lo mismo de usted, sacerdotisa.

-Oh no, a decir verdad me encanta pasear por los jardines en noches como esta. Me da cierta sensación de paz que bien vale la pena el sacrificio.

-No le preocupa entonces.

Es extraño, ella no estará en la primera línea pero no me parece el tipo que es indiferente a los que lucharan en el frente. Pero reconozco que su calma me desconcierta un poco. No será una batalla fácil, tendremos que utilizar muy bien la limitada fuerza ofensiva que tenemos y nuestra mejor opción será aguantar hasta que se agoten, me temo que muchos van a morir.

-Lo mismo se podría decir de usted Signum. Está inquieta por la batalla pero no realmente preocupada… ¿Está segura de que vencerá?.

No hay otra opción. Lo que Balkar pretende hacer va más allá de lo que él mismo dimensiona, ahora que sé un poco más sobre mi misma y mi gente entiendo que no puedo dejarme llevar por un deseo de victoria. No importa lo que ocurra mañana, de alguna manera habremos perdido todos, los caídos y los heridos, la sangre élfica que derramemos mañana jamás podrá recuperarse. Será una batalla difícil, nunca he luchado por más que mi misma y ahora siento que todos estos hombres y mujeres han puesto una gran esperanza en mí, han dejado en mis hombros una responsabilidad que extrañamente no me pesa.

-No hay opción. Si perdemos mañana Alfheim cambiará drásticamente, no creo que pueda decirse que en manos de Balkar habrá un futuro.

Me mira durante unos segundos, luego ríe y menea levemente la cabeza.

-Cuando aún era aprendiz nunca fui muy... popular por decirlo de alguna manera, las demás sacerdotisas siempre estaban metiéndose conmigo, me jugaban bromas, algunas de peor gusto que otras y les encantaba hacer de cuenta como que yo no existía. Eso no me molestaba, siempre he preferido un poco la soledad, creo que me ayuda a pensar mejor. No creo que ninguna hubiera imaginado que sería yo elegida para suceder a la antigua matriarca…

Lentamente se sienta en el suelo y observa el cielo. Siento que imitarla es lo más apropiado y así lo hago.

-Siempre me interesó mucho la historia de las Flame Jewel, el motivo de los antiguos para su creación, la leyenda de Ysera… todo ello me fascinaba y durante mucho tiempo estuve buscando información sobre el tema. Encontré muchas cosas, todo me parecía espectacular. El heroísmo, la valentía. En fin, en una ocasión buscando entre unos textos demasiado antiguos encontré una historia de un rey humano que tenía tres valientes hijos varones y una pequeña hija que nada sabía de guerra. Según la historia los tres príncipes se enfrentaron a sus violentos vecinos por salvaguardar la paz del reino y bajo tal estandarte cientos de hombres perecieron en las fronteras, la guerra se extendió por meses, años incluso, las cosechas empezaron a escasear, el hambre y la pobreza empezaron a extenderse por todos los rincones del reino pero aun así los tres príncipes se negaron a firmar acuerdo alguno. Seguían encarnizados en su batalla, eran valientes y gallardos supongo que tal como se espera de un joven heredero….

Hump. Humanos, elfos, dioses. Ya no estoy segura que haya una diferencia verdaderamente esencial, al final del día, todos y cada uno estamos siempre enfrascados en alguna batalla.

-… la princesa en cambio se opuso. Se levantó sin atender los reproches de su madre y las miradas reprobatorias de su padre, caminó hasta el caudillo enemigo y le ofreció ser su esposa si terminaba las hostilidades y permitía a su gente volver a conocer la paz, la alegría, la abundancia. Toda la corte se silenció y el enemigo sonrió aceptando la propuesta, dando tres días al rey abandonó la corte junto a su comitiva y esa misma noche el amenazante ejército fue retirado hasta la frontera más cercana. Los tres príncipes discutieron durante horas la manera más efectiva de salvar a su hermana, un asesino que se encargara del hombre era por supuesto la opción más efectiva y poco les importó que esa acción trajera más muerte y desolación. Pero la princesa que conocía bien el carácter de sus hermanos esperó hasta que el asesino fuera a la caballeriza y entonces le preguntó si el dinero que sus hermanos le darían tenía suficiente valor como la vida de cientos de personas, si con esas monedas sería capaz de comprar suficiente licor para olvidar por completo que ese trabajo llevaría a la ruina a una nación completa. Quizá no fueron las palabras, como si la forma en que la princesa lo dijo lo que penetró el duro corazón del asesino, partió tal como lo solicitaron los príncipes pero jamás llevó a cabo su cometido. El día de la boda la reina dio a su hija una cruz dorada que había estado en su familia durante generaciones, con manos temblorosas la colocó en una bella cadena y la colgó en el cuello de su hija. Durante la ceremonia, el mayor de los príncipes tomó una daga que había logrado esconder y se abalanzo contra su enemigo pero su hermana más rápida de lo que hubiera nadie pensado se interpuso entre los dos y en el momento que el acero cortaría su piel aquel pendiente brilló cegando a todos. Cuando finalmente pudieron ver algo, frente a la princesa había una gran espada que había destrozado por completo la amenazante daga, flotó durante unos segundos más antes de caer al suelo. Durante varios minutos nadie se atrevió a decir ó hacer nada, hasta que el príncipe muy lentamente se agachó para levantar la extraña arma más por mucho que intentó no logró moverla un centímetro. Los murmullos de la multitud no se hicieron esperar, entonces el segundo príncipe subió y ocurrió lo mismo, los curiosos empezaron a revolverse inquietos cuando también el tercero falló y todos contuvieron el aliento cuando el rey enemigo lo intentó, pero la espada seguía en el mismo lugar. Empezaron los cuatro a discutir, la multitud también vociferaba y el rey no salía de su asombro cuando escucharon todos el sonido del metal al rozar la piedra. Era la princesa quién sostenía la espada con su mano diestra, como si no pesará más que una pluma. Aunque el suceso pudo haber cambiado la historia la princesa fiel a su palabra contrajo nupcial con el rey, la paz fue firmada y sus otrora enemigos llegaron a quererla tanto que durante los cuarenta años que reino junto a su esposo ni una sola vez nadie se atrevió a cuestionar que era ella la artífice de la bonanza que vivía la nación.

Una Flame Jewel.

-Es una bonita historia. Pero lo importante es que ninguno de los príncipes, de los guerreros pudo levantar siquiera la espada, y sin embargo, una princesa que en su vida había sostenido un arma fue capaz de hacerlo aunque quizá jamás la utilizo. Me llevó un tiempo pero entendí que las Flame Jewel hacen unas extrañas elecciones de portador y que la persona en apariencia menos adecuada puede ser la elegida.

-Tenía algo que sus hermanos no.

Sonríe, me mira y afirma despacio un par de veces.

-Algo así. Ya sabes que las Flame Jewel fueron dadas a los campeones por su creadora antes de desaparecer, aunque en realidad un fragmento de su divina alma reside en cada una. Siempre ha sido de gran interés conocer las razones que tuvo Ysera para escoger a quien llevaría las armas, pero no hay manera de saberlo a ciencia cierta y aunque si sabemos que son las reliquias mismas quienes han escogido a sus portadores subsecuentes. Es probable que nunca conozcamos las verdaderas razónes, pero por ahora me alegro que alguien como tu sea quién tenga a Thor'Idal.

-No es como si hubiere muchas opciones, hasta dónde sé los dos hermanos de Balkar están muertos, lo más cercano que puede considerarse como familia soy yo. Y si es verdad todo lo que dices, era imposible que la Flame Jewel escogiera un candidato tan pobre como él.

Camina sin decir nada, su sonrisa permanece intacta. Mira en derredor un par de veces y decide finalmente sentarse en una gran roca cercana al pequeño lago artificial a unos metros de mí. La sigo, me interesa más esta conversación de lo que estoy dispuesta a reconocer. Las dudas de Hayate respecto a este destino no me son indiferentes, por cierto, me pregunto cómo la estará pasando.

-Cuando era joven pasaba mucho tiempo leyendo, investigando, la historia de las Flame Jewel siempre me pareció muy interesante. No que me emocione particularmente los conflictos pero nunca está de más estar bien informado ¿No es así.?

Muevo apenas los hombros. Ella continua.

-Alleria, la primera portadora de Thor'Idal era una alta elfa, de sangre pura y aquí entre nos, bastante orgullosa de sus raíces. No era una elfa particularmente fácil de tratar, sus padres tenían por derecho de sangre derecho al trono y durante sus varios años se consagró junto a sus padres a reclamar lo que según ellos les pertenecía. Después de varios intentos, lograron hacerse con la lealtad de los otros nobles, aunque creo yo que era más por mera conveniencia mutua y dieron el golpe final haciéndose con el poder pero a pesar de que había sido Alleria quién más hizo para que aquel plan funcionare sus padres subieron al poder a su hermano mayor. Creo que es fácil de imaginar la ira que experimentó en ese momento contra su familia, y estoy segura, fue esa la razón por la cual desapareció por tantos años sin que exista un solo registro oficial de su paradero.

-¿Oficial?.

-Bueno, cuando tienes tanto tiempo como yo solía hacerlo te puedes divertir mucho relacionando historias aisladas que parecieran no tener ninguna conexión. Bien, su familia continuó gobernando durante décadas y a pesar de que su hermano se hacía cada vez más mezquino, prepotente y orgulloso los nobles que disfrutaban todos los beneficios de ese gobierno hicieron todo lo posible por derrumbar cualquier resistencia que pudiera hacerse medianamente fuerte. Y durante los años que su ciudad natal vivía sumida en la represión Alleria entrenó con ermitaños del sur pues ella deseaba más que nada vengarse, para ella, el trono le pertenecía y lo tomaría aunque fuere por la fuerza. Sin embargo, los ermitaños no son tontos y sabían perfectamente quien y que intenciones tenía la joven elfa que apenas dormía por perfeccionar sus habilidades. Al parecer cuando sus habilidades estuvieron en un alto nivel, decidió que era el momento de obtener su venganza pero para su infortunio una gran guerra estallo en los mundos. Elfos y humanos se unieron para repeler Vanir y Altos Elfos que deseaban imponer un nuevo orden, los Aesir permanecían neutrales y casi daba la impresión que solo esperaban al vencedor de esa disputa para atacar cuando el conflicto los dejara vulnerables y así demostrar su supremacía una vez más. Pensó entonces que era el momento de regresar, derrotar a su hermano en frente de todos, tomar el poder y luego llevar a su gente a la victoria demostrando así que era ella quién verdaderamente merecía el título. Más uno de sus maestros vio más allá de su propia sed de venganza, le pidió hacer un viaje con él y como a pesar de su naturaleza el elfo se había ganado su respeto y cariño ella accedió. No hay un registro de que sucedió realmente en ese viaje, pero cuando Alleria regreso y partió en busca de su venganza ninguno levantó sus armas para detenerla.

Así que la gran Alleria no era muy diferente de Balkar. Quizá entonces lo raro sea que me haya escogido a mí y no a él.

-La cuestión es que cuando asesino a su hermano y se hizo con el poder todo pareció fluir normalmente, lideró el ejército contra sus vecinos elfos y ella misma dio muerte a más de un líder que opuso resistencia a sus condiciones de rendición. Pero aun con todo el éxito que estaba teniendo como gobernante tenía problemas para conciliar el sueño. A medida que avanzaban la resistencia de los Elfos se hacía cada vez más notoria, ya no era tan sencillo para sus tropas conquistar nuevos territorios hasta que llegó el punto en que se vio forzada a detener la marcha, al parecer los Vanir tenían problemas en Midgard pues un grupo de soldados liderados por un humano con un arma muy extraña había estado dándoles un buen número de problemas. Alleria consideró que sus enemigos apenas tenían fuerzas para defender sus posiciones por lo que mando más de la mitad de su ejército de regreso a la ciudad, quedándose con un tercio y el resto lo envió a Midgard para apoyar la ofensiva contra los reinos humanos del norte. De modo que permaneció con un regimiento relativamente pequeño en una posición algo peligrosa, pero estaba tan segura que sus enemigos no tendrían la fuerza para pensar siquiera en atacar que esa noche cuando el campamento fue asaltado la desventaja era notable.

-¿Entonces escapó?

-Por supuesto que no, era demasiado orgullosa para hacerlo. Alleria fue derrotada, los soldados que se quedaron con ella murieron ó huyeron hacía el bosque, pero ella permaneció firme, aferrada a su espada retando con la mirada a cualquiera intentar doblegarla y había ya asesinado varios guerreros cuando uno se abrió paso entre la multitud. No le costó mucho reconocer a su maestro, dudo unos segundos pero al final terminó por empuñar su espada y él solo pasó a su lado tomándola del brazo y alejándola de los demás, la dejó ir sin más.

Eso no tiene mucho sentido.

-Cuando llegó a su hogar todos se sorprendieron al verla con vida, por supuesto que habían ya empezado a decidir quién subiría al trono tras su trágica muerte. Pero de momento era el gesto de su maestro, la reacción de sus enemigos y sobre todo la suya propia lo que no la dejó conciliar el sueño durante días. Al cabo de un tiempo regreso al frente de su ejército pero empezó a notar las miradas recelosas de aquellos que se llamaban sus aliados, sabía que en realidad no podía confiar en ninguno y empezó a distanciarse más y más de su propia corte. En Midgard un segundo extraño guerrero había aparecido e inclinado la batalla en favor de los humanos, aunque en Alfheim conservaban su ventaja suponían los lideres Vanir que solo era cuestión de tiempo hasta que otro de esos guerreros apareciera, por lo tanto debían actuar rápido y dado que los elfos eran de momento el eslabón débil lo más inteligente era forzar a los humanos a ir en su ayuda. Y así lo hicieron. Durante días asaltaron sin tregua campamentos y ciudades pequeñas, forzando a los humanos a cruzar los portales para enviar refuerzos más solo podían enviar puñados de soldados siendo apenas suficiente para defender puestos estratégicos, pero debilito también la ofensiva en Midgard.

-¿Y Alleria solo seguía órdenes de sus aliados Vanir?.

-Si. ¿Es extraño verdad?

Demasiado. Si en verdad era tan orgullosa le debía resultar muy difícil solo seguir órdenes porque dudo mucho que tuvieran en cuenta su opinión, de hecho estaban seguramente planeando como deshacerse de ella. Supongo que ella lo sabía, aunque no estoy segura de mi motivación esta historia me interesa bastante.

-¿Y que planeaba hacer?. Estoy segura que llegaría en momento en que no les sería útil.

-Ah, bueno, la guerra continuó. Un tercer guerrero apareció y luego un cuarto, esta vez un Vanir. Como te puedes imaginar fue una gran sorpresa porque desvelaron al fin el misterio y la lucha se tornó aún más violenta. Sin embargo, Alleria estaba distante y sinceramente ella misma notaba que ya no le traía emoción alguna ostentar la corona, quería saber por qué él la había dejado vivir aun cuando ambos sabían que era un error. Y también se cansó de luchar en una batalla que poco o nada le importaba, ordenó la retirada y como era apenas natural muchos de los que se decían sus generales que habían ya pactado generosas recompensas con sus aliados, por lo que los dos o tres que accedieron a movilizar el ejército fueron asesinados. Y si ella no hubiera tomado una decisión inteligente al huir hubiere muerto también, así fue como perdió su precioso trono pero curiosamente no sintió más que alivió.

-¿Cómo es que sabes todo eso?. No es algo que se pueda encontrar en un libro.

Ríe, levanta la mirada al cielo y contesta con calma.

-Le gustaba escribir, un trozo de pergamino era lo más cercano que había tenido por periodos a un amigo y le se fueron acumulando con los años…

-Un diario…

-Exactamente.

¿Cómo es que algo tan valioso fue a terminar en sus manos?. Esta elfa es bastante extraña, pero en estas circunstancias creo que no tengo muchas opciones y si tengo que confiar en alguien parece que no tengo alternativa.

Luego le preguntas, deja que siga contando.

-¿Qué ocurrió después?.

-La batalla continuó durante meses, con las fuerzas relativamente equilibradas era difícil que cualquiera de los dos bandos hiciera grandes progresos. Alleria vagó por un tiempo haciéndose pasar por refugiada, aunque poco le importaba la dichosa guerra ó la traición. Lo que mantenía su mente ocupada era su maestro, pero confundida como estaba no hizo nada hasta tiempo después cuando los Altos elfos y Vanir empezaron a avanzar con la ayuda de un inesperado aliado. Llegaron noticias al campamento dónde se escondía del implacable avance que sus antaño tropas hacían, la destrucción y muerte que dejaban a su paso era tanta que incluso parecía que no era su objetivo conquistar, sino únicamente asesinar. Empezaron a organizarse grupos de asalto para intentar retrasar el avance en tanto que las villas eran evacuadas, pero era poco lo que un puñado de elfos sin verdadero entrenamiento podían hacer y por alguna razón que ni ella misma entendió decidió ayudar a organizar grupos de asalto. Tomando otra identidad comenzó a entrenar hombres y mujeres, los ataques furtivos empezaron a probar efectividad bajo su mando y poco a poco fue entendiendo que quienes le seguían a la batalla cada día lo hacían porque reconocían en ella un igual, no por su linaje. Sin embargo, sabía que pronto llegarían a Doraimere y el significado que traía a los Elfos era tal que si caía muy seguramente el ánimo de las tropas se desmoronaría. Unieron fuerzas con otros tanto refugiados y plantaron una defensa lo más sólida posible, con mucho sacrificio lograron detener el avance de sus enemigos y durante un tiempo mantuvieron la posición fortaleciéndose únicamente con la convicción que eran quizá lo único que se interponía entre el fin de la guerra y la victoria. Entonces de Midgard empezaron a llegar reportes de grandes cantidades de soldados, y raras criaturas que hasta hace poco había formado parte del asalto en Alfheim, ciudades humanas comenzaron a ser devastadas y la lucha por uno de los bastiones fue tremenda. Era cuestión de tiempo para que los humanos fueran derrotados y decidieron los altos mandos que no podían dejar que eso sucediera, debían enviar sus tropas para apoyar a sus aliados y surgió el problema entonces de como transportarlos a tiempo. Los grandes archimagos que se negaban a abandonar la ciudad convencidos de que existía la posibilidad de salvarla idearon un arriesgado plan: encantaría en una porción del bosque cercano con un hechizo muy especial y poderoso el cual conectaría temporalmente los dos mundos y permitiría el paso de las tropas. Y así lo hicieron, tomo varios días y la zona elegida fue severamente custodiada, Alleria contándose entre los voluntarios que ofrecieron sus armas para la peligrosa tarea.

Hump. Empiezo a notar ciertas similitudes, aunque claro quizá solo sea una coincidencia. Todavía no estoy segura de poder confiar en esta elfa, tiene algo que no termina de agradarme, puede ser que todo lo que ha contado hasta ahora sea verdad pero no logro dejar de pensar en cómo llego a sus manos ese diario. Más extraño me resulta que con cada detalle que añade a la historia me parece menos probable que logre inventar todo ello, y a pesar de esa certeza que se fortalece algo sigue molestándome.

-… finalmente lograron lanzar el conjuro y con gran jubilo comprobaron que en efecto funcionaba. Enviaron un pequeño escuadrón y esperaron ansiosos su regreso. No mucho después parecieron materializarse de la nada junto a otro grupo de exploradores humanos que no pudieron ocultar su alegría y Alleria quien observaba a lo lejos sonrió creyendo que por fin la fortuna les era favorable al fin en aquella cruenta guerra. Confiados en su plan dedicaron dos días a transportar las tropas y esconderlas en las murallas de la ciudad, el plan era simple pero efectivo: esperarían que sus enemigos confiados de su superioridad atacaren la ciudad y cuando estuvieran dentro, los soldados ocultos atacarían al mismo tiempo que los archimagos conjurarían una poderosa barrera para aislar la infantería enemiga del resto del ejército. Y por supuesto los magos de combate y los arqueros dispararían todo hechizo y flecha contra sus semejantes desprotegidos, eso les aseguraría una victoria pues el guerrero Vanir y su misterioso aliado habían demostrado la suficiente arrogancia para atacar sin pensar. Con los soldados apenas justos para defender la posición al ataque al reino humano empezó, las tropas enemigas rompieron la línea de trincheras y cuando estuvieron en posición los refuerzos ocultos salieron llenos de adrenalina impulsados por una seguridad que se desvaneció prontamente al dar de baja un enemigo y ver como cinco más desaparecían ante sus ojos. Doraimere caía ante la fuerza aplastante de un ataque devastador, pero incluso en medio de tal masacre Alleria y su reducido grupo de guerreros no abandonó su posición, lucharon con toda su fuerza hasta que parecía la muerte ser inminente un rayo de energía rojiza corto el firmamento y un arco de extraña manufactura se clavó en el suelo justo frente a sus pies. Sin pensarlo estiro su mano diestra y al tocarlo las llamas la envolvieron sintiendo un enorme poder esparciéndose por su cuerpo, como si no fuera la primera vez que viera el arma tenso la cuerda y una ráfaga de flechas encendidas atravesaron limpiamente un bloque de enemigos, metros más adelante estallaron quemando todos lo que en su rango de efecto se encontraban. No hubo tiempo para maravillarse ante el extraño suceso, pues cientos de enemigos pujaban tras esos pocos caídos, ráfagas de flechas diezmaban las tropas pero era como si aquel ejército no tuviera fin, pero los pocos elfos que resistían se negaban a dejar que la ciudad fuera tomada y la misma Alleria quien se había resignado a morir en esa ciudad extrajera se sorprendieron cuando un grupo de soldados aliados irrumpió pero no para luchar como ella espero sino para procurar que algunos de ellos sobrevivieran en tanto se retiraban. Con lágrimas de rabia resbalando por sus pálidas mejillas tuvo que aceptar la derrota, gracias a los conjuros y las barreras unos cientos salvaron sus vidas, pero al ver de lo lejos como la ciudad era reducida a ruinas, casi parecía, por la falta de brillo en sus ojos que hubieran preferido estar muertos. Enojada y frustrada apretó con fuerza el arco e intentó regresar a la cuidad, pero un elfo enorme le cerró el paso, intentó rebasarlo pero el dio un paso al costado nuevamente bloqueando el camino, furiosa levantó la vista y le tomó varios segundos reconocer a su mentor quien le miraba con tranquila apariencia.

-Admito que tiene talento para contar una historia.d

Rie.

-Está bien. Me he tomado algunas licencias pero es mucho mejor para contar de esta manera, quizá Alleria gustaba de escribir sus pensamientos aunque no era particularmente poética. Sin embargo, todo lo que estoy diciendo es verdad y si me permite continuar…

Asiento y me acomodo como puedo mirando el cielo estrellado.

-Para el momento en que el ejército regresó no había nada que se pudiera hacer, Doreimere había sido reducida a pilas de escombros, aunque la mayoría de los no combatientes había sido evacuados a tiempo. Los soldados enemigos no avanzaron más, regresaron a su campamento celebrando su victoria con gran pompa, los sobrevivientes marcharon con poco descanso durante varias noches hasta llegar a una villa que podían utilizar como campamento temporal. Las mujeres y los infantes fueron enviados junto a una mínima comitiva a Hyjal, aquellos que deseaban unirse a la lucha eran bienvenidos y aunque el golpe para su moral fue fuerte comprendieron pronto que la guerra no terminaba. Alleria entre tanto había pasado los días con su mentor, le contó sin ocultar detalles lo que ocurrido en su natal ciudad, su exilio y como descubrió algo más importante que el poder que siempre pensó deseaba más que nada en su vida. Como era apenas lógico se acercaron lo suficiente para que ambos empezaren a dejar que sus sentimientos salieran a flote, pero era imperativo que Alleria viajara a Midgard pues con Doreimere destruida sus enemigos atacaban los bastiones humanos sin tregua, además debía reunirse con los otros guerreros portadores de esas poderosas armas y una vez allí le explicarían que eran exactamente. No es esperaron más de lo estrictamente necesario luego de organizar una simbólica defensa, pues al parecer el ejercito enemigo ahora si había cruzado hacía Midgard. Todo indicaba que la batalla decisiva se daría pronto, si perdían no tendrían otro destino que el de esclavos para quienes no perdieran la vida en batalla.

Sé la historia. En general todos la saben.

-Cuando Alleria estuvo frente a los otros tres campeones ellos mismos, uno por uno le contaron como había llegado a ellos esa arma y cuando hubieron finalizado un anciano elfo le reveló que habían sido forjados por Ysera, la última de los antiguos para que fueran ellos quienes decidieran su propio destino. Si ese fragmento del alma sagrada de Ysera la había escogido como su portadora legítima entonces era su deber luchar, pero la motivación para hacerlo ya la había encontrado antes de que se transformara en su destino…

-Un momento, ¿Quieres decir que esta guerra es mi destino?.

-Oh. Mmm mal haría pero… me temo que mañana será una buena batalla, una que puede decidir que vendrá para Alfheim pero no es más que un conflicto interno.

En eso tiene razón. Balkar podrá ser un rufián, pero no tiene la suficiente visión para convertirse en una amenaza más allá de este mundo. Entonces tengo razón y nos están reuniendo para luchar en Asgard, la pregunta entonces es ¿Por qué?.

-La guerra continuó y cada vez la alianza de humanos y elfos perdía terreno valioso, no paso mucho hasta que se vieron atrincherados, los refuerzos de las islas estaban todavía lejos y parecía que los Vanir y altos elfos estaban listos para la batalla final. Alleria y Alostibas, harían frente al soberbio Vanir, Shiho y Hrafnkell lucharían contra Amentis, su antiguo amigo y aliado. Por lo que Alleria escribió la batalla contra el Vanir fue dura y muy aguerrida, no parecía que ni con lo mejor de sus habilidades iban a derrotarlo, los soldados también luchaban fuertemente y no había manera de predecir claramente un ganador, después de casi una hora de lucha intensa sus fuerzas comenzaban a menguar por lo que el Vanir empezaba a tomar ventaja y todos vieron una gran ráfaga de magia estallar a lo lejos, justo dónde Shiho y Hrafnkell batallaban. Por varios segundos el combate se detuvo, luego una segunda explosión y un grito desgarrador, los pocos que aún se aferraban al combate giraron atónitos ante los rayos de blanca energía cayendo desde el cielo. Un tercer grito, pero proveniente de las miles de gargantas allí reunidas se escuchó y el hechizo más poderosos que Alleria había visto en su vida impacto la mayoría de tropas enemigas junto a uno de sus líderes. Luego de unos segundos un segundo rayo de energía, esta vez de un intenso color dorado surco el campo de batalla y la explosión al llegar a su objetivo fue tan intensa que todos tuvieron que apartar la vista cegados por la luz. Cuando el polvo se disipó, tendido en un gran cráter causado por el doble impacto se hallaba inconsciente un joven humano, con dificultad su aliado bajo al enorme agujero y agachándose se acercó al cuerpo, pasaron varios minutos pero nada sucedía y entonces fue la maga quien apoyándose con dificultad en el bastón llego al lado de ambos para observarlos. Entre los dos intentaron levantarlo, pero les resulto imposible y varios soldados bajaron para ayudar con la tarea. Alleria y Alostibas giraron al unísono al percibir el gruñido furibundo del Vanir que cargó contra ellos con fuerza desmedida, el caballero logró empujarla apenas para que ambos pudiera esquivar el ataque, la batalla entre los tres se reinició con las tropas observándolos sin animarse a intervenir, Alostibas había decidido atacar el flanco derecho del Vanir ya que esperaba Alleria pudiera enajar alguna flecha en su izquierdo más vulnerable, pero por el momento no había tenido suerte penetrando la armadura helada del guerrero y decidió que era el momento para cambiar sus proyectiles con verdaderas saetas de fuego. El Vanir, siendo el orgulloso guerrero que era no se molestaba en esquivar todos los proyectiles y aunque el humano daba buena batalla sabía que no era rival para su fuerza, tomó la gran lanza en un movimiento fuerte y rápido golpeando de lleno al hombre que bufo dolorido pero se mantuvo firme para golpearlo con su mano libre en el rostro. Surf gruño molesto, contrajo su brazo y se dispuso a dar un nuevo golpe con mayor fuerza cuando una de las flechas de Alleria lo alcanzó en el pecho pero contrario a las demás no rebotó, otro y otras más le siguieron, el Vanir retrocedió furibundo pero comprendió que si no quería morir allí más le valía huir. Con su arma cortó el remanente de las flechas que sobresalía y levantando el brazo ordeno a sus tropas atacar a los dos campeones, en tanto el conjuro enormes bloques de hielo que cayeron sobre las desprevenidas tropas enemigas. Para cuando Alleria logró despachar un número considerable de enemigos el Vanir había ya huido.

-Bien, ganaron la guerra entonces.

-No, una batalla de gran importancia. Pero el ejército de su natal Silvermoon aún controlaba Alfheim, y el ejército Vanir, aunque mermado era una fuerza de cuidado. Sin embargo, es justo decir que fue en ese campo dónde los soldados, humanos y elfos, creyeron nuevamente en sí mismos y en que era posible ganar el conflicto. Siguieron varias batallas, poco a poco ganaron terreno e incluso en Alfheim forzaron al enemigo a replegarse casi por completo en las tierras que una vez gobernó.

Balkar quiere recuperar lo que cree que le pertenece, las tierras, el poder, únicamente porque desciende de ella. Pero la verdad es que solo significa que desciende de un traidor, los dos lo somos.

-¿No cree que sería buena idea descansar?.

Si, pero antes no me interesó la historia como ahora. Y quiero escucharla, necesito saber. Y también me intriga como es que puede esta elfa tener tanta información sobre Alleria si durante tanto tiempo su gente ha estado luchando encarnizadamente con la mía.

-¿Qué sucedió después?.

-Mmm muy bien. Asumiré que pregunta por Alleria, no por la guerra pues ya sabemos todos que para fortuna nuestra Surt fue vencido y la alianza ganó la llamada guerra de los mil años. Los altos elfos no perdieron su territorio pero tampoco ganaron un centímetro, sin un líder firme se enfrascaron en pequeños conflictos que jamás tenían un vencedor visible y Alleria permaneció al lado de su mentor y compañero durante algún tiempo. En un principio se pensó reconstruir Doreimere pero luego de muchas reuniones se decidió que era mejor no hacerlo, sus ruinas les recordarían siempre aquella guerra y sería un incentivo para mantener la paz a toda costa. A medida que los altos elfos se daban cuenta que sus rencillas no les llevarían a ningún lugar la idea de que Alleria regresara al trono cobraba mayor fuerza, aunque había pequeñas facciones que se oponían no paso mucho hasta que una comitiva llego a Hyjal solicitando les fuera permitido hablar con ella. Alleria los escuchó pacientemente, cuando terminaron declino la oferta de tomar el trono pero no podía desentenderse de su gente y accedió a encabezar un gobierno temporal en tanto se lograba llegar a un acuerdo satisfactorio para todas las facciones. Fue así como Alleria regresó a su hogar, con el poder que le habían concedido destituyó la monarquía y en su lugar estableció un consejo que se encargaría de escoger un regente adecuado, reagrupo el ejército y lo trasformó en un cuerpo de seguridad y defensa para la ciudad misma, otros tantos cambios de menor resonancia también fueron hechos durante su regencia temporal. Cuando creyó que su labor estaba concluida pues ahora podían seguir por si solos intentó regresar a casa, más durante la reunión que marcaría su regreso el consejo decidió que el primer regente electo de Silvermoon no podía ser otra que ella.

-Hump. ¿Por qué acepto?

-Aunque habían cometido muchos errores seguía siendo su gente, la ciudad donde había crecido y aun guardaba con aprecio los escasos buenos momentos que había vivido allí. En cierta forma pensaba que gracias a ellos había logrado formar su carácter, y ahora que tenía la oportunidad pensó que quizá lograría hacer que su gente aprendiera de sus errores. Como siempre, algunos grupos eran más perceptivos a los cambios y enseñanzas que con ellos conllevaban por lo que al final de su regencia era notorio un pequeño cambio en la población. Regresó a Hyjal y no mucho después tuvo un hijo, el tiempo trascurrió con tranquilidad hasta el día que una comitiva humana se presentó solicitando asistencia en un conflicto. Alleria se ofreció para mediar, aunque en realidad su motivación era mucho menos noble pues uno de los soldados de la comitiva -que no había apartado sus ojos de ella- capto su atención. Durante el tiempo que pasó en Midgard los dos fueron acercándose (algo lento para la fuerte atracción que sentían), eventualmente Alleria debía regresar a Alfheim, por supuesto no lo hizo y escribió una carta dónde explicaba le explicaba al elfo su motivación. También escribió a su hijo, él joven fue el único que respondió e intercambiaron correspondencia hasta que él viajo para conocer las dos pequeñas que nacieron durante la primavera.

Así que los rumores eran ciertos.

-Alleria permaneció en Midgard hasta que el humano falleció, solo una de sus hijas regresó con ella a Silvermoon.

-¿Y eso es todo?.

-Bueno, las entradas del diario son muy esporádicas…

-Mientes, hay algo más… algo relevante.

Me mira intensamente durante varios segundos, mantengo su escrutinio. No sé como pero tengo la certeza de que hay algo más que sería bueno saber y que no desea que yo lo conozca, su expresión se torna seria poco antes de decir hablar.

-Al parecer el poder de la Flame Jewel tiene un costo inusual… los cuerpos dos campeones humanos que usaron al máximo sus armas se deterioraron con mayor rapidez, igual sucedió con Alostibas y Alleria, por supuesto, no fue la excepción.

-¿Y el muchacho?

-Ah, sí su situación no hubiera sido tan particular, supongo que también se hubiera afectado al mismo nivel. En fin, aunque Alleria utilizo por más tiempo su arma no forzó su cuerpo como los otros campeones y por tanto su longevidad no se vio tan afectada.

Entiendo. Aunque estoy segura que no lo dice por la batalla de mañana. Sin embargo, ya es tarde y estoy algo cansada, me viene bien dormir un poco.

Me levanto, ella me observa y al cabo de unos segundos hace lo mismo. Sonríe. Y siento el impulso de llevar mi mano hasta la Flame Jewel que cuelga de mi cuello, llevo ambas manos qdeshago el pequeño nudo, tomó el arma y dejo que se invoque levantándola con mi brazo diestro. La observo durante unos momentos, levanto la vista y la veo devolverme la mirada intrigada, ahí está ese impulso de nuevo y lanzo el arco que ella atrapa justo antes de estrellarse con su cuerpo. Thor'Idal mantiene su cambio, lo que significa que ella y yo provenimos del mismo campeón, y además, que la elección del arma no es única.

-Hump. Si algo me pasa, quizá encuentre menos tedioso portar un arma legendaria.

Ríe nerviosa. Camina hacia mí y me entrega el arco. Puedo ver que esta confundida, la dejo ser y se va sin decir nada, yo permanezco unos minutos más contemplando el cielo.

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-¡Arqueros!

Levanto la vista, los soldados delante de mí preparan sus arcos, el comandante espera con la vista en el frente de batalla dónde ya la infantería se encuentra luchando, tras de mí están los magos, sacerdotes y algunos curanderos que esperan ansiosos la instrucción para entrar en batalla. La suma sacerdotisa ha decidido que guiará ella misma sus sacerdotes, según me explico pueden lanzar algunos hechizos de protección y crear barreras para desviar los proyectiles. El potencial mágico es limitado, hace mucho su gente renunció al poder arcano así que todo el poder mágico proviene de unos pocos refugiados de Silvermoon. Puedo ver en sus rostros pálidos y desencajados que no es su ferviente deseo luchar pero entienden que no tienen otra opción, Balkar y el ejército que amenaza Hyjal no van a retroceder y su única esperanza de seguir con vida es luchar. Y yo, con la armadura que me facilitaron simplemente estoy de pie observando sin atreverme a tomar mi arma y ayudar.

¿Por qué de repente me siento extraña?. No me levante así, cuando me colocaba la armadura todo en lo que podía pensar era en el momento que estuviera en batalla, mientras caminaba entre las tropas note que quizá solo la mitad de estos hombres y mujeres ha estado alguna vez en por lo menos una escaramuza. Han entrenado, pero eso no puede prepararlos para los desafíos que supone una batalla real, pensé que seguramente el ejército de Silvermoon arrasaría en poco tiempo y me decidí a no dejarlos morir. Más ahora me doy cuenta que esos elfos delante de mí, con sus espadas, escudos, lanzas, arcos y bastones tampoco merecen morir. Solo siguen órdenes, no saben lo que en verdad ocurre, la verdadera razón de Balkar para traerlos a morir en esa planicie, tengo claro que debo luchar. Tengo que encontrarlo y acabar con esta batalla antes de que deje secuelas irreparables.

Un grito de sorpresa se expande entre los soldados, levanto la vista y un número considerable de proyectiles se estrella contra el escudo que han creado los sacerdotes. los rostros de quienes canalizan el escudo no se inmutan, una segunda oleada de proyectiles se estrella pero el escudo resiste y cuando llega la tercera oleada ya no son flechas sino enormes bolas de fuego las que impactan con violencia, algunos elfos se desploman y la alta sacerdotisa tiene que empezar a canalizar algo de su energía para fortalecer la protección. El comandante bufa molesto, no hay manera de levantar el escudo para disparar, implicaría quedar expuestos a sus proyectiles mágicos. Escucho alguién conjurar un hechizo, alcanzo a percibir el brillo naranja de un misil de fuego y levanto la vista en el momento justo en que atraviesa la barrera y se dirige hacía el enemigo, estalla a la distancia, una barrera azulada se hace visible por algunos segundos. Y un puñado de voces se unió a la primera, varias ráfagas de misiles atravesaron la barrera e impactaron uno tras otro en un mismo punto del enorme escudo azul, durante los segundos que era visible note como comenzaba a resquebrajarse y seguramente lo notaron también del otro lado porque un número mucho mayor de proyectiles se estrellaron violentamente con nuestra barrera. Mire a la alta sacerdotisa quien con los ojos cerrados y sumamente concentrada mantenía junto a los sacerdotes más capacitados la protección. En el frente la lucha se desarrollaba más bien lenta, cada pareja de enemigos intercambiaba golpes bloqueando la mayoría con sus escudos, casi me parece que no deseaban hacerse daño, veo sus lanceros avanzar para reforzar la primera línea y también los nuestros se dirigen al frente con el mismo objetivo.

El intercambio de proyectiles mágicos continúa. Puedo ver ya los primeros caídos de ambas facciones, pero sigo de pie sin saber qué hacer, o más bien, sin decidirme a hacerlo. Me forzó a apartar la vista, a centrarme en el campo de batalla frente a mí, sé que en algún lugar está él y encontrarlo es la única manera de ponerle fin a este conflicto sin derramar más sangre de la que ya corre en este campo. Puedo ver los arcanistas conjurando sus hechizos, los comandantes gritando órdenes a los escuadrones y más atrás, lejos del peligro y casi que por completo protegido lo veo. Tomo el arco que ha descansado en mi espalda todo este tiempo, tenso la cuerda justo como lo haría para disparar cualquier otro y la saeta de fuego se materializa, siento los soldados apartarse de mi lado, fijo mi objetivo y disparo. El proyectil deja un rastro rojizo a su paso y destroza el campo de protección, no se detiene, avanza provocando que los magos y la comitiva de Balkar más él no se mueve y solo observa la flecha ardiendo en la hierba a sus pies.

Dejo el arco descansar en mi espalda y me dispongo a caminar, sé que nadie se interpondrá en mi camino y si Balkar no desea perder esta guerra entes de luchar tendrá que ir a mi encuentro, veo como sus tropas intercambian miradas confusas, ansiosas. Puedo reconocer miedo en algunos rostros, otros parece más odio y finalmente veo abrirse lentamente una brecha entre los soldados, alguien avanza entre ellos y por el bien de todos espero que sea él.

-Vaya, vaya.

-Balkar…

-¿Qué clase de magia has utilizado para corromper un arma sagrada y como te atreves a mostraste aquí?.

-Suficiente Blakar, esto ha llegado demasiado lejos. Tu ansia de poder se acaba aquí y ahora, no más derramar la sangre de nuestros semejantes por una causa tan egoísta y nada noble como has hecho creer a estos elfos.

Intenta decir algo, puedo ver la furia arder en sus ojos, pero levanto mi voz y continúo.

-Tú y yo, una batalla justa. Como debió ser desde el principio… cuando estés derrotado todos estos soldados regresarán a Silvermoon de inmediato, afrontarás un juicio justo una vez que el nuevo regente sea elegido. Veré personalmente que el proceso sea respetado, pero también que pagues por cada crimen que has cometido.

-¡Muere escoria! ¡Conquistaremos esta patética ciudad, acabaremos con cada gota de sangre impura, purgaremos Alfheim y te dejare vivir solo para atestiguar mí grandeza!.

Se lanza directamente hacía mí, un ataque rápido y fuerte pero carente de toda estrategía o técnica, está furioso, esquivo. Desenfundo mi espada, bloqueo los golpes que intenta darme y el acero de nuestras armas vibra con fuerza con cada poderoso choque, si, Balkar es un hombre fuerte y un guerrero decente pero yo soy muy superior. Sin embargo, no voy a concederle el placer de una batalla corta, debo destruir su imagen por el futuro de nuestro mundo. Giro, y le encajo un puñetazo directo al mentón, tambalea y gruñe, regresa al ataque con una serie de poderosos golpes por mi flanco derecho.

-¿Recuerdas tu Zest ?. Esa basura a la que llamabas amigo…

Seguramente está muerto, como todos los que le hicieron frente.

Continua dando golpes, esquivo y aprovecho para golpearlo cada vez que puedo sin arriesgarme. Intenta con un corte horizontal y me agacho girando sobre mi misma para golpearlo con fuerte en la parte posterior de la rodilla, cae y clava su espada para evitar irse de bruces contra el suelo. Tomo un segundo para darle un rodillazo que lo manda de espalda y no tiene más opció que girar para levantarse lejos de mí, no lo voy a golpear en el suelo. Quiero que todos vean la clase de hombre que han seguido hasta este momento, lo que realmente es.

-Levántate Balkar, toma tu espada. Zest, al igual que todos aquellos a los que asesinaste tendrán justicia.

-¡Ahh!

Intenta golpearme, puedo ver la desesperación en sus ojos con cada puño que no me alcanza, lo único que hago por el momento es esquivar, puedo ver también como los soldados se miran cada vez más confundidos. Su líder, el que debía ser el más fuerte, aquel que les prometió limpiar Alfheim de los impuros como yo, el mismo que proclamaba su fuerza y supremacía, no ha logrado asestar un solo golpe. Esta desarmado, furibundo e indefenso, ellos saben bien que está a mi completa merced, si yo quisiera pudiera acabar con él de un solo golpe. Más no será así, mis padres, Zest, por todos los que ha asesinado y por los que tenemos que vivir con las cicatrices de su ambición.

-¡Pelea cobarde!.

Me grita.

Con un movimiento rápido a su derecha quedo lo suficiente cerca para asestarle un patada tan poderosa que cae bruscamente cerca de su arma aún enclavada en el suelo. Gruñe, se levanta poniendo la mejor cada, pero ni así puede ocultar la mueca de dolor que florece en su rostro…

Te diviertes demasiado.

No. Lo que hago poco y nada tiene de divertido, pero debe ser de esta manera. El mensaje debe quedar claro.

-¡Pelea!.

Grita de nuevo al tiempo que se lanzar al ataque empuñando su espada, esta vez apenas esquivo el filo del arma y lo recibo con un fuerte golpe en estómago, un gemido escapa de sus labios, cae de rodillas casi al instante y aprovecho para erguirme asestándole un nuevo golpe con el codo en el rostro. Esta vez no escucho su cuerpo caer al suelo. Segundos después siento un dolor fuerte penetrarme las costillas del costado derecho y acto seguido una explosión nada despreciable mandarme varios metros por el aire hasta que logro caer con una voltereta, una de mis rodillas en el suelo y levanto la vista. Apenas tengo tiempo para esquivar dos esferas de energía que explotan al impactar el suelo.

-¡Muere!

Conjura más proyectiles, cada uno con mayor velocidad, me duele el que logro atinarme y me está costando esquivarlos todos. Además, no puedo acercarme para atacarlo con mi espada, no tengo más opción que utilizar el arco, no debería, no es necesario tanto poder para derrotarlo pero si esos hechizos me alcanzan no me ira bien.

Alcanzo el dije, y materializo el arco, al mismo tiempo que esquivo como puedo sus ataques y aprovecho unos segundos entre proyectiles para responder con una flecha que corta limpiamente a través de una esfera y neutraliza por completo su magia. Hago lo mismo con cada esfera, ya ni siquiera me tomo el trabajo de esquivar, alcanzo a distinguir su rostro contorsionado por la ira y lo veo canalizar una cantidad mayor de magia en sus manos, acto seguido una ráfaga a gran velocidad sale disparada en dirección a mis aliados. El grito de horror generalizado llega a mis odios y me dispongo a disparar mi propia arma en ráfaga cuando observo como la barrera de la sacerdotisa se levanta a gran velocidad y los pocos magos que tenemos tratan de desviar la mayor cantidad posible de proyectiles. Era demasiado aspirar a una batalla limpia.

Balkar grita lleno de ira, una enorme cantidad de energía empieza a fluir de todo su cuerpo para concentrarse en el espacio que ha dejado entre sus manos. Una ráfaga arcana, estoy segura y una bastante poderosa. Me preparo para bloquear, la ráfaga de energía sale disparada hacía mí, no tengo más opción que utilizar mi cuerpo para bloquear la mayor parte del impacto y que le energía que se disperse con el contacto no cause mayor daño a las tropas a no muchos metros de mí. Su hechizo, llega a menos de un metro y se dispersa pasando mi cuerpo limpiamente sin causarme ningún daño, giro y veo como la esfera se dirige a los soldados, el escudo que habían levantado se despedaza y el pánico se apodera de la primera línea de defensa. Me muevo un poco, sé que no lo puedo llegar pero disparo un par de flechas y aunque dan en el blanco apenas disipan un poco de energía. Lo escucho reír agotado. Sabe que ha perdido. Preparo una tercera flecha antes del impacto, pero justo al momento de dispararla puedo ver como la esfera se detiene en seco, acto seguido empieza a regresar con tanta o mayor velocidad, giro y la dejo pasar, el rostro de Balkar se contrae en una mezcla de pánico y sorpresa. Cuando su propio ataque lo impacta grita y la explosión ahoga su voz hasta que al disiparse su cuerpo está tendido en el suelo, sus ropas destruidas y desde aquí puedo ver que sus heridas no son fatales aunque necesita tratamiento. Cuando me levanto, a lo lejos, entre las tropas se ha despejado una pequeña cantidad de soldados, en medio hay una mujer, es seguro asumir que ella lo ha hecho.

¡Vamos Signum. Déjame ayudar. Además, hace demasiado tiempo que no me divierto un poco!.

Muy bien.

Phyress toma control de mi cuerpo por unos segundos, la sensación es algo rara pero con la enorme sonrisa que se pinta en mi rostro levanta Thor'idal para un ataque especial.

Pulverizing Storm!

Una tormenta de flechas sale disparada, la gran mayoría del alto mando cae inconsciente antes de tener tiempo a preguntarse qué ha pasado. El cuerpo mágico de las flechas sobresale de los cuerpos y todos, absolutamente todos están petrificados.

-¡Y eso que es solo una técnica paralizante!. ¡Imaginen lo que puedo hacer si lucho en serio!

Phyress me regresa mi cuerpo.

Estarán bien en cuanto saques las flechas. Solo están fuera de combate, ni un rasguño. Lo juro. En cuanto a él, creo que necesitara un buen sanador. Y un montón de reposo… ¡Espero que le guste la celda en la que lo pondremos!.

¿En serio?. Yo espero que la deteste…

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-¿Lo estás considerando?.

-Ya he dicho que no me interesa. No quiero ser regente. Tendrán que buscar alguien más.

Silvermoon no ha cambiado mucho. Cuando llegamos, tal como era de esperar, la mayoría parecía al menos aliviada de que Balkar no fuera más el regente. Supongo que a pesar de todo, no era popular y sus simpatizantes solo guardaron silencio cal vernos pasar con su líder en una camilla con el cuerpo vendado casi por completo. Los demás marchaban atrás resignados, aunque en verdad estaban atados por precaución esta sensación de haber entrado como un conquistador no me gusta. Y si ahora acepto que me elijan regente solo lo empeora. Igual, no soy un político, no sé nada de gobierno. Además, descontando mis motivos personales… está la Valkiria.

-Si no les queda más opción supongo que es lo que harán. Sin embargo, Balkar tiene aún simpatizantes con poder, ¿Que si alguno de ellos llega a ser Regente? ¿Segura que quieres arriesgarte a que lo dejen prácticamente libre, en tanto recuperan fuerzas y lo intentan de nuevo?.

Eso es verdad. Sabe que mi silencio le da la razón. Pero aun así, no tengo deseo de ser Regente.

¿Te importaría mucho si me entrometo en la conversación?.

Phyress toma nuevamente control de mi cuerpo.

-Hola, pariente lejana. ¡¿Ey, no es rarísimo pero emocionante que las tres ramas de la familia estemos reunidas?!.

Casi me da risa la forma en que la impasible sacerdotisa me está mirando.

-Soy Phyress. Gusto en conocernos al fin.

-Encantada.

-Saben, quizá digan que no cuenta porque yo nací con el título de princesa, pero no me sentía muy de la realeza. Siempre preferí el campo de tiro a las enormes salas del castillo, las lecciones de política y economía me aburrían de muerte, era mucho más feliz con un arco entrenando en los campos de tiro. Pero como era la menor, nadie esperaba mucho de mí, así que me dejaron ser. Mi hermano Kain sería el heredero, así que el pobre siempre estaba atareado aprendiendo como gobernar, Celes nuestra hermana se uniría a la guardia real de Dipán en parte por tradición y en parte porque lo deseaba.

Phyress hace una pausa en su relato, su tono jovial cambia un poco adoptando mayor seriedad.

-Dipán era un reino poderoso, la capital era prácticamente una impenetrable fortaleza, la mayoría de ciudades contaba con fortificaciones lo suficiente fuertes para resistir un asalto el tiempo suficiente para que el ejército llegara. Incluso los puertos contaban con enormes torres de vigilancia y las fortificaciones desanimaban cualquier intento de invasión. No había ningún reino que tuviera la fuerza suficiente para atreverse a atacar Dipán, en otras palabras, estábamos en la cima de la pirámide. Había escaramuzas de vez en cuando, en especial en las zonas continentales, pero nada serio y en todo caso, solo servían para mostrar al resto de reinos la superioridad del reino más allá del estrecho marítimo. Pero aún con eso, Zan Hue y Kirto se unieron para recuperar el territorio que habían perdido en una guerra contra Dipán más de doscientos años atrás.

Phyress ríe. Puedo sentir su tristeza.

-Tenía 21, aunque nadie esperaba mucho de mí como princesa si deseaban que prolongara la línea de sangre y por eso no deseaban dejarme participar en la guerra, pero yo quería luchar, quería salir del castillo y unirme a los soldados con quienes había entrenado para defender nuestro reino, porque a pesar de mis desdén por mis obligaciones reales amaba a mi país. Kain había tomado a la hija de un noble como esposa pero aún no lograban conceder y Celes se negaba a procrear, por mucho que mi padre amenazara con desterrarla, y yo no estaba entusiasmada con la idea pero tampoco me oponía. Suponía que si conocía algún chico lindo podía ser, claro que además de eso tenía que aprobarlo toda la corte y mi querido padre era muy especial. En fin, logré que me enviaran con Celes y aunque las batallas en las que me dejaron participar no eran de mucha importancia cada vez fui enamorándome más del campo de batalla. Y como no era nada mal soldado, mi hermana decidió enviarme al frente si era lo que quería, por supuesto fui y aunque perdimos una cantidad nada despreciable de solados logramos vencer. Infortunadamente, el campamento central dónde Celes y sus comandantes dirigían el ataque había quedado poco vigilado y cuando regresamos lo único que pudimos observar fue un mar de fuego. Cuando las llamas cedieron, era obvio que no quedaba nadie con vida, pero entre los muchos cadáveres que no logramos identificar estaban seguros que estaba el de mi hermana. Jamás lo creí, estuve presente en su pomposo funeral, me quede al lado de mi padre con mi nueva armadura de soldado real durante la presentación de su estatua como un héroe más de guerra, pero en mi corazón tenía la certeza que Celes estaba viva.

-Leí sobre ella. Celes me refiero. Según el libro era uno de los mejores solados que murió en aquel conflicto.

-Solo que no murió. Verán, el tiempo pasó, mi padre decidió que mi querido hermano estaba listo y dio un paso al costado para que Kain se convirtiera en rey, su hijo de dos años, en príncipe heredero. Cuando el novenario de celebración terminó, fuimos hasta la tumba de Celes dentro de la catacumba real para presentar nuestros respetos, por ese entonces la idea de su muerte me convencía poco a poco, pero no del todo. Estaba distraída pensando en una buena razón para no dudar más de su fallecimiento cuando algo salió detrás de la pequeña escultura de mármol, sentí un dolor levísimo en la nuca y vi una espada atravesar el pecho de mi hermano por completo. Aunque empecé a sentirme mareada desenfunde una pequeña daga que siempre cargaba conmigo y aunque torpemente logre apuñalar al agresor en una pierna, cuando cayó me abalance rogando no desmayarme antes de incapacitarlo por completo pero en nuestro forcejeo su capa cedió y solo me paralice al reconocer el rostro de mi hermana. Tenía una cicatriz enorme cruzándole el rostro justo a mitad de la ceja izquierda, sus ojos eran fríos y su piel más morena de lo que recordaba pero… era Celes.

Hace una pausa, luego ríe con amargura.

-Y fue así como el poderoso reino de Dipán, el más fuerte en todo Midgard terminó sin Rey y sumido en la total confusión. Sabía que no podía decir la verdad de lo ocurrido en la catacumba, así que el asesino de mi hermano no tenía rostro, pues la ineptitud de su hermana era tanta que no alcanzó a verlo. Tuve que soportar a toda la corte mirándome con una rara mezcla de compasión y desprecio. Formaron un consejo provisional y durante algunas semanas ellos tomaron todas las decisiones del reino, pero la gente no veía el consejo con buenos ojos, no pasó mucho hasta que exigieran un regente… uno que perteneciera a la familia real.

-¿Le eligieron entonces?

-Eso me temía. Por eso, al caer la noche me escabullí por el puerto y me fui de la ciudad. No tenía ningún interés de ser regente, además, había pasado más de un mes encerrada luchando la urgencia de buscar a mi hermana y ante las circunstancias simplemente decidí que debía hacerlo. Gracias a la red de espías del reino encontré algunas pistas, aunque no sabía si eran o no verdaderamente útiles, muchos asesinos usaban largas capas y tenía más de una cicatriz en el rostro pero la búsqueda si se reducía cuando preguntabas por una mujer. Al cabo de varios meses escuche los rumores que una rebelión se planeaba en el corazón de Dipán, la mayoría de ciudadanos no apoyaba el consejo, y muchos especulaban que mi desaparición no era sino una cubierta para mi asesinato. La gente estaba convencida que también el pequeño príncipe desaparecería y consideraban su deber resguardarlo… quizá debí regresar en ese momento… pero estaba tan cerca de dar con mi hermana, tenía tan buenas pistas y estaba tan convencida que era cuestión de días que ignore mi deber. En fin, me tomo dos meses más encontrarla y cuando al fin la tuve frente a frente no pude hacer más que llorar. Lloré por lo que ella era en ese momento, pero lloré más por los recuerdos que nuestra infancia en Dipán junto a Kain y nuestros padres, pero ella no se inmutó, por más que grité e imploré una explicación ella solo se quedó en silencio, saco sus dagas y me atacó. Luchamos… era mucho mejor que yo en combate cuerpo a cuerpo y aunque lograba defenderme no había forma que pudiera ganarle, pudo ser la pérdida de sangre pero esa mujer que intentaba matarme no la reconocí más como mi hermana y en un arranque de ira logre hacerle un tajo en la pierna, me alejé y tomé mi arco tensando la cuerda para segundos después escuchar un grito ahogado… directo al pecho, no al corazón… pero moriría.

Detiene su relato una vez más, ríe, aunque esta vez con alegría.

-Me acerque, quería preguntar una vez más… pero con lo último que tenía de energía tomo mi espada y me cortó el brazo, justo abajo del codo. Ya estaba segura que moriría, así que me desplomé llorando a su lado… pero no morí. Me desperté una semana después con un dolor horrible, débil y con muchísima sed, el muchacho que había salvado mi vida parecía muy orgulloso de su trabajo pero, en ese momento, lo odié por arrebatarme lo único que con seguridad me hubiera liberado del dolor. Para cuando logré colocarme de pie, la rebelión en Dipán no era solo un hecho sino la comidilla de todas las conversaciones, dónde fuera lo escuchaba, no había una sola calle dónde la culpa no me consumiera. Quería regresar, pero ya no podía soportar la idea.

Me fuí, caminé durante días y sobreviví como pude, hasta que terminé adentrándome en un bosque y por más que caminaba todo a mí alrededor seguía igual. Pensé que en algún punto me había desmayado, ó que quizá, con suerte, estaría muerta. No sé por cuanto caminé, no sentía nada, ni cansancio, ni sed pero mi cuerpo seguía adelante y fue cuando ví una mujer caminando delante de mí. Tenía una armadura que me parecía de lo más rara, cuando se detuvo también yo, giró y sus facciones aunque nunca la había visto me eran familiares, no habló solo levantó un brazo y señalo un camino al costado, luego al otro. Cuando miré pude ver mi familia, justo como era cuando niños… mis hermanos sonreían, mis padres… solo faltaba yo. Mire al otro lado y solo había un niño, un hombre y una mujer muertos a sus pies, una figura encapuchada con un puñal ensangrentado le miraba y tras él otra más vestida con el uniforme de la guardia alejándose. No necesitaba ser muy inteligente para entender lo que es mujer quería de mí, y reconozco que en un principio desee volver a ese recuerdo de nuestra infancia, por última vez anhelé que todo fuere feliz como alguna vez lo fue pero luego miré al niño, tan solo y vulnerable y aun así, en sus ojitos azules empapados de lágrimas había un deseo de vivir, una llama que se negaba a ser extinta antes de poder arder con majestuosidad. Sentí pena, lloré acurrucada mi debilidad que ahora podía ver con claridad había traído tantas desgracias. Cuando me levanté y quise caminar hacía el niño, mi sobrino, ahí estaba arrodillada a su lado limpiando sus lágrimas y sonriendo. La mujer que me había llevado hasta allí se acercó y tomó mi mano, colocó algo en ella a la vez que susurraba una palabra en mi oído luego me desmayé.

Al despertar estaba cerca de Solde, el puerto más cercano para viajar a mi reino y por primera vez en años no dude un segundo, mientras el barco surcaba el mar me di cuenta de lo mucho que extrañaba mi país y también mi brazo, pero llegué a la conclusión de que me acostumbraría porque tenía asuntos más importantes que atender. Cuando por fin llegué a la capital, la ciudad casi parecía un pueblo fantasma, la mayoría de los guardias del castillo habían sido reemplazados y aunque habían escuchado hablar de mí no conocían mi rostro por lo que no me permitieron la entrada al palacio. Tuve que hacer venir uno de los capitanes antiguos, quién no daba crédito a sus ojos al reconocerme en mi nueva y patética condición. Palabras más, palabras menos el consejo no quería entregar el poder a una Princesa soldado que abandonó al país a su suerte cuando más lo necesito, regresando casi dos años después con una pinta terrible y solo un brazo. Pero las personas no deseaban que Dipán siguiera en manos de un grupo de hombres en quienes no reconocían poder alguno, por lo que de mala gana tuvieron que nombrarme regente hasta que mi sobrino tuviera edad suficiente para gobernar, o hasta que alguno de sus intentos de asesinato tuviera éxito, lo que gracias a mis reflejos y la lealtad de mis soldados no sucedió.

En cuanto a mi sobrino, intenté ser más que una tía para él, aunque nunca fue mi objetivo reemplazar a su madre o padre. Creció para convertirse en unos de los mejores Reyes que Dipán pudo tener, aunque eso solo lo supe cuando la Valkiria pidió a mi espíritu servir su causa. Cosa que hice con mucho gusto. En fin, morí 25 años después por culpa de un resfriado poco después de la boda de mi quería hija con un aprendiz de mago.

La sacerdotisa no comenta nada, simplemente me observa casi como si pudiera adivinar lo que estoy pensando. Pero es más complejo, quiero a mi país, no deseo que sigan sufriendo bajo el yugo que Balkar ha impuesto mas no soy la persona indicada para tomar las riendas de Silvermoon. No tengo ni la más remota idea de cómo se gobierna, bajo mi dirección solo pudiera llevarlos a una ruina mayor a la actual, lamento no poder llenas las expectativas que tienen para mí. Además, Fate, la Valkiria, las Flame Jewel y el hecho de que según la maga blanca este reuniendo a sus portadores me lleva a pensar que pronto ocurrirá algo en verdad importante que va a requerir mi presencia.

-Ya veo. Tampoco yo pedí ser líder, a decir verdad nunca se me ocurrió que pudiera suceder. Pero confío en realizar un trabajo por lo menos aceptable. Sin embargo, entiendo la negativa de Signum, la energía de los mundos está cambiando, hay algo muy poderosos que parece estarle afectando y si Valkiria está reuniendo a los guerreros portadores de las Flame Jewel es seguro que se trata de algo importante, y peligroso. Por mucho que me cueste admitirlo, quizá lo más apropiado de momento sea no tomar la posición de Regente y esperar que se desarrollen los eventos, aunque debemos permitir que un simpatizante de Balkar logre hacerse con el título. Quizá tenga una solución…

-¿De verdad?. Sin ofendernos, pero si parecer ser la más inteligente de las trés…

Estas dos…

-Gracias, supongo. Como sabrán los traidores, tal como Balkar los denominó, han estado luchando desde hace un buen tiempo entre las sombras, más que todo espionaje y sabotaje interno. Claro, todo eso antes de que el conflicto escalara y las disputas se volvieran abiertamente violentas. Hay un soldado que cuenta con la admiración y respeto de muchos, quizá no sea el mejor líder político pero si me permite con mi ayuda pudiera ser un buen Regente temporalmente, dudo mucho que quiera el cargo de manera permanente ya que me parece ustedes dos tienen bastante en común, después de todo fue su maestro.

Recupero el control de mi cuerpo, Phyress protesta ante la brusquedad de mi acción y no puedo evitar la ansiedad en voz al preguntar.

-¿Zest?. ¿Está vivo? Pensé, pensé que había muerto hacía tiempo…

-Magullado pero vivo.

Mi maestro, mi único amigo y quizá el único elfo en quién puedo confiar ciegamente. Si, será un buen Regente, además, ha estado en esta batalla desde el principio y los soldados, la población en general seguro lo verá con mejores ojos que si yo tomo el cargo. Incluso con Thor'Idal no me parece que vayan a aceptarme con facilidad.

-Cuando tenga mejor cara iremos a verlo, por ahora el sanador recomendó que permanezca en completo reposo.

-Muy bien.

La Sacerdotisa decide que es tiempo de ir a dormir.

Días más tarde se anuncia al nuevo Regente y Zest, aunque cojeando, toma posesión mirándome fijamente puedo ver el reproche en sus ojos pero luego de haberlo hablado también él está de acuerdo en que es la mejor opción. A partir de allí, ayudo en lo que puedo y aunque he intentado preguntarle a Phyress por su pasado ella insiste en que un día, cuando también la sacerdotisa esté disponible responderá a todas mis inquietudes. No entiendo bien su insistencia en que este la elfa, pero me parece que de alguna manera nos hemos reencontrado como familia. Me resulta muy extraño, aunque no me molesta como seguramente lo hubiera hecho antes, a lo mejor es que he cambiado.

Esta mañana, después de intercambiar ideas con Zest me he sentido inquieta, tengo una sensación extraña en el pecho que ha ido fortaleciéndose con el paso de las horas. Debo partir hacia Hyjal, no entiendo el porqué pero tengo la seguridad que ella puede ayudarme con lo que sea que esto es ó signifique, me parece que Hayate debió llegar ya a Hyjal supongo que puedo aprovechar para agradecerle, esta vez en serio y con sinceridad por salvar mi vida. Voy hasta mi habitación, tomó una de las capas y me dispongo a partir hacía el establo cuando veo a la sacerdotisa prácticamente corriendo en mi dirección.

-¿Partes?

-Iba a… Hyjal… tengo una sensación extraña que no puedo sacudirme y pensé que Hayate ya había llegado, pero supongo que tu presencia aquí descarta esa posibilidad. ¿Qué ocurre?.

-Precia.

La miro unos segundos sin entender nada.

-Lord Odín ha iniciado el ritual de Sovereing para despertar a Precia, la reemplazar por la Valkiria actual y me temo que nada bueno puede resultar de ese cambio. Tienes que darte prisa, tus compañeras están en grave peligro, en especial la maga blanca.

-Muy bien. En marcha.

-No. Vamos al jardín pedí a uno cuantos invocadores que te llevaran a Jotunheim, el cuarto guerrero está listo para unirse al grupo. Y me temo que si Precia logra despertar su ayuda será vital para derrotarla antes de que recupere su fuerza.

No dice nada más. Caminamos hasta el jardín, los invocadores tiene ya el portal listo.

-Cuando cruces de nuevo el portal te llevará a Midgard, espero que no sea demasiado tarde. Agradécele a Yuuno de mi parte y recuérdale que a pesar de sus transgresiones contra mi gente no olvidaré este servicio.

¿Quien?. No importa, no tengo tiempo. Me despido con un leve movimiento de cabeza y cruzo el portal. Al salir, el panorama helado me da la bienvenida y un muchacho cubierto de nieve y una rara sustancia azulada me observa tenso.

-¿Quieres algo conmigo?

Me pregunta. Me limito a responder con la verdad.

-Tu ayuda.

-¿Por qué habría de dártela?

Supongo que no tengo un argumento que darle, a alguien que veo por primera vez en mi vida, para convencerlo ó para justificar mi petición. Pero, si todo lo que he aprendido en este viaje, si él es en verdad un portador entonces vendrá conmigo. No respondo, giro e intento encaminarme de regreso al portal, pero me detengo y lo observo. Se me ocurren dos opciones: La primera, contarle lo que sucede y aspirar a que decida venir conmigo voluntariamente, pero perdería tiempo que no tengo, o la segunda, pudiera darle una paliza y obligarlo que venga conmigo.

-¿A dónde lleva el portal?.

Pregunta tensándose un poco. Quizá me he delatado.

-Midgard.

Camina hacía el portal. Se queda observándolo unos segundos y me incita a cruzar primero. No lo pienso, no tengo tiempo doy un par de pasos y lo cruzo, solo espero que no sea ya demasiado tarde.