Advertencia:este capitulo contiene Lemon si te disgusta este tipo de lectura por favor no leas.

Capitulo 17.-Mi amor por ti

Candy estaba nerviosa lo que en algún momento le hubiera parecido buena idea ahora estaba provocándole un malestar terrible, después de conocer a la madre de Albert no estaba segura de que impresión tendría de la hermana de este. Trató de controlar su respiración repitiéndose en su mente que todo estaría bien.

Albert estaba demasiado callado, no dejaba de pensar que era aquello que le inquietaba a su novia. Por un segundo recordó lo que Candy vivió con su madre, él conocía a Isabella a la perfección sabia lo inquietante que llegaba a ser algunas veces sobre todo cuando estaba molesta, era como si quisiera eliminar a su enemigo con la mirada y en aquellos momentos su novia lo era, volteo a verla y le regalo una dulce sonrisa, que la chica aprecio tomándole la mano con fuerza.

En cuanto llegaron a restaurante Albert la ayudo a descender del vehículo, se tomaron de las manos, él se detuvo justo antes de entrar, le deposito un tierno y fugaz beso en los labios. Rose prácticamente corrió a su encuentro en cuanto los vio aparecer, emocionada abrazo a Candy como si la conociera de años, aquel gesto relajo un poco a la rubia

-Así que tu eres Candy-dijo tomándola de los hombros-es un placer conocer a la chica que ha vuelto un tonto a mi hermano

-Rose-protesto Albert

-Mucho gusto Rose-saludo sintiendo que sus mejillas ardían

-Ahora entiendo porque mi hermano esta loquito por ti!-le guiño un ojo-pero pasen están en su restaurante

-Rose, solo estaremos un momento-dijo Albert un poco apenado

-Pero ¿Por qué? No creo que tengas demasiadas cosas que hacer ¿O si Candy?

-Bueno yo…en realidad no-se encogió de hombros

-Pero yo sí, debo de ir a ver unos departamentos

-Eres un bobo hermanito!, puedes quedarte en casa el tiempo que desees

-Rose, ya lo habíamos hablado

-Está bien, sé que quieres tu espacio-sonrió-¿desean algo de comer?

Ambos negaron con la cabeza. Momentos después conversaban amenamente, la hermana de Albert había resultado ser una mujer muy agradable .Rose por un momento se quedo analizando a Candy, era una chica increíble, ahora entendía el porqué su hermano la siguió sin lo, tenia principios solidos, defendia con pasión su punto de vista y a la vez era tan inocente. Pero su mirada tenía algo que simplemente no entendía. Le recordaba muchísimo a alguien pero por más que lo intento no logro solo era ver e ellos el brillo del amor, los rubios se veían a los ojos con tanta devoción que sin pretenderlo exhalo un suspiro, en algún momento de su vida estuvo tan enamorada como ellos.

Al llegar el momento de despedirse Rose nuevamente le dio un fraternal abrazo a su cuñada, Candy solo sonrió tímidamente cuando la llamo así, subieron al auto y dijeron adiós con la mano, fue entonces que Albert finalmente empezó a hablar.

-Y bien ¿estás mejor?-sonrió

-Mucho mejor, tu hermana es muy agradable y relajada-respondió

-Rose es increíble, mejor hermana no pude tener-dijo orgulloso

-¿En verdad piensas vivir solo?-cuestiono algo preocupada

-Candy, soy un hombre..no puedo vivir todo el tiempo con mi familia debo de ser independiente

-Lo sé, pero es que…no lo sé, olvídalo

-Pero ¿qué es lo que sucede? ¿Hay algo que te moleste?

-No, nada-se encogió de hombros-ni siquiera tienes auto

-Ya conseguiré uno, además existen los taxis

-Albert… ¿Qué es lo que haras?, es decir…tu negocio…

-Te perseguiré día y noche-soltó una carcajada- solo bromeo Candy, trabajare con Rose, ella se la vive quejándose de que tiene demasiado trabajo así que ahora me encargare un poco del restaurante

-Lo siento-bajo la mirada-solo es que jamás habíamos hablado de esto

Albert solo sonrió tomando su mano mientras seguía conduciendo, su dicha era desbordante, ahora estaba muy cerca de ella, las cosas no podían ir mejor, lamentaba mucho haberse ido de Chicago sin despedirse de su madre, pero no quería enfrascarse en una discusión que solo lo pondría mal, no ahora que solo deseaba ser feliz con la mujer que amaba

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Anthony había estado evadiendo a Candy en la universidad, ella se dio cuenta de inmediato lo que estaba sucediendo, aquello la entristeció pero nada podía hacer al respecto, lamentaba mucho que su amistad estuviera tan mal, por razones que ella desconocía. Esa tarde se encontraba algo melancólica ,cuando Patty la sorprendió en la cafetería.

-Candy ¿Estás bien?-pregunto sentándose junto a ella

-Sí, es solo que últimamente he visto tan poco a Albert!, he tenido demasiados deberes, además Anthony sigue con esa actitud-le señalo al chico que conversaba con su antigua amiga Amy

-Tú sabes lo que sucede-respondió encogiéndose de hombros-él pensaba en ti, no solo como amiga

-Pero jamás le di motivos…debo reconocer que lo extraño mucho

-Amiga hay algo que debes de saber, en unos días Terry vendrá a New York..

-¿Terry?-repitió arqueando la ceja-bueno supongo que es normal sus abuelos viven en esta ciudad

-Amy me dijo que iría a Chicago para festejar el cumpleaños de su primo y a su regreso el vendría con ella

-Bien, pero no se que tenga que ver eso conmigo, hace mucho tiempo que rompimos, además…

-Disculpe ¿la señorita Candy White?-ambas voltearon a ver al joven que sostenía un enorme ramo de rosas

Candy lo tomo emocionada, ante la mirada de los jóvenes de la universidad, algunas chicas la veían con recelo. Ella sentía que sus manos le temblaban cuando tomo la nota que llevaba el hermoso detalle. Patty sonreía expectante, mientras a lo lejos Anthony vio aquella escena y salió a toda prisa del lugar.

-Es de Albert-dijo con los ojos cristalizados por las lágrimas

-¿Pero qué dice?-pregunto Patty con interés

"Preciosa:

Quiero verte, paso por ti a las ocho, para cenar tu y yo…a la luz de la luna ¿te parece?...te amo más que a mi vida misma y necesito verte por favor

¿O es que acaso piensas matarme?..Te extraño!

Siempre tuyo Albert"

Patty abrazo con cariño a su amiga, verla tan contenta le producía una alegría infinta, apreciaba mucho a la rubia, había sido su amiga desde que tenía memoria. Sintió un poco de pena por Anthony pero su amiga tenía razón, ella jamás le dio motivos para que pensara que entre ellos había la posibilidad de algo más que una sincera amistad la castaña suspiro pensando en que nada podía hacer, si ella tenía los mismos sentimientos así que comprendía en cierta forma el dolor de su amigo.

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Al llegar la noche Candy terminaba de arreglarse frente al espejo, no sabía a qué lugar la llevaría Albert, así que opto por usar un sencillo vestido negro de encaje, recogió su cabello y uso un maquillaje discreto. Estaba ilusionada, la relación con su novio seguía tan intensa como al principio, pero debía reconocer que últimamente casi no tenía tiempo de verlo, el vivir en el campus le complicaba un poco las salidas nocturnas.

En cuanto escucho el auto de su amado bajo corriendo a recibirlo, era increíble como el tan solo saber que lo vería le producía un leve cosquilleo en todo su cuerpo, no importaba que tan a menudo se encontrara con él, aquélla sensación se repetía como si fuera la primera vez.

Albert la recibió con los brazos extendidos, le parecía que lucía hermosa, el paso del tiempo había hecho cambios sorprendentes en su pequeña novia, ahora era una mujer hermosa, con curvas delineadas y su rostro era aun más bello que cuando la conoció. Después de un interminable beso la ayudo a subir al vehículo, ella estaba radiante de felicidad, anhelaba tanto verlo pesar de vivir en la misma ciudad en ocasiones le era tan complicado.

-¿A dónde iremos?-pregunto curiosa

-Es una sorpresa-respondió sonriendo

-Albert ¡no puedes hacerme esto!-dijo haciendo una mueca

-De acuerdo ¿sabes Candy?, en realidad prepare algo en mi departamento, pero si no te sientes cómoda con eso, vamos a donde prefieras

-No…en verdad no importa…yo iría contigo hasta el fin del mundo sin dudarlo confío, en ti…-respondió segura

Aquello provoco una enorme sonrisa en el rubio, apretó la mano de su novia sintiéndose el hombre más afortunado. Amaba a aquella mujer por sobre todo, la necesitaba más que a nada en ese mundo. Cuándo entraron Candy sentía como si sus piernas flaquearan a pesar de que Albert tenía ya varios meses viviendo en aquel lugar era la primera vez que ella estaba ahí.

El departamento era encantador tenia aquel toque masculino que le fascinaba de su novio, las paredes eran de un color sobrio, pero lo que más llamo su atención fue la puerta de cristal que conducía al balcón en el cual estaba una mesa preparada para dos personas. Un delicioso olor salía de la cocina, volteó a ver a Albert quien le sonrió

-Espero que todo este a tu gusto-dijo abrazándola por la espalda

-Es perfecto muchas gracias Albert ¿has cocinado tu?

-Por supuesto, te aseguro que es totalmente comestible

Ambos rieron, él puso una música suave mientras compartían de aquella agradable velada, reían como dos niños, no paraban de hablar era como si tuvieran demasiado tiempo sin verse, como si tuvieran toda la vida para hacerlo, el tiempo parecía no pasar cuando estaban juntos.

-¿Quieres bailar?-le extendió la mano

-Por supuesto-tomo su mano regalándole una dulce sonrisa

La tomo en sus brazos mientras la romántica melodía se escuchaba, susurro a su oído palabras de amor infinidad de promesas brotaron de sus labios, se sentía enamorado, sin duda lo estaba perdidamente, sabía lo que quería para su vida y eso era pasar el resto de su vida con aquella mujer que lo tenía loco de amor. Ella se refugió en aquellos cálidos brazos que la hacían sentirse hermosa, amada, necesitada, aspiro el olor de su novio era como si no necesitara nada mas en su vida, solo ser de él y de nadie mas

Albert descendió poco a poco hasta tener su aliento muy cerca, la beso tiernamente, pero poco a poco el beso fue cobrando intensidad, la apretó más hacia su cuerpo tratando de contener el deseo que brotaba desde lo más hondo de su ser, acarició su espalda suavemente mientras Candy se aferraba a su cuello como si su vida dependiera de ello, su excitación se hizo evidente por lo que un poco apenado se separo de ella.

-Lo siento Candy…yo… debemos de parar

-Albert-murmuro sin soltarlo-no quiero que te detengas

-Yo no quiero que pienses que este era mi propósito al traerte aquí-susurro en su oído-solo quería estar contigo, si no estás segura…

-No hables por favor-lo interrumpió depositando un beso en sus labios-ámame por favor…solo ámame

Aquella simples palabras fue todo lo que necesito para seguir con aquellas audaces caricias, pero sus manos le exigían sentir mas, necesitaban tocar aquella piel que se ocultaba bajo la ropa. Lentamente bajo el cierre del vestido, deslizó el tirante del vestido sin dejar de verla a los ojos, beso el hombro desnudo de la chica que lo miraba expectante el cerro los ojos aspirando el aroma de aquella suave piel que lo estaba descontrolando, subió trazando un camino de besos por el cuello hasta llegar a aquellos labios que lo llevaban a la locura, ella se estremeció por completo cuando le mordió suavemente el labio inferior, reclamando la humedad de su boca, esta vez ella no tenía miedo lo deseaba desesperadamente su buen juicio se había evaporado…si aquel amor era verdadero, si ellos se amaban de la forma en la que lo hacían nada podría estar mal.

Su relación había madurado con el tiempo ella ya no era una niña, ahora era una mujer que sabía lo que aquel paso implicaba, ahora estaba completamente segura nada la haría retroceder esa necesidad de sentirlo era superior a cualquier razonamiento.

Su cuerpo le reclamaba mas y mas cercanía, esta vez no quería postergarlo, era una necesidad enfermiza de saborear aquellos labios perderse en aquella caricias. Era una forma de amar a alguien tanto que ya no bastaba con tomar su mano, ni besar sus labios, ahora lo quería todo, pertenecer a él por completo, quería sentir que él era solo suyo en todos los aspectos. Con las manos temblorosas empezó a desabrochar los botones de la camisa de Albert necesitaba el calor de su piel.

Cuando sus cuerpos desnudos se encontraron las sensaciones fueron subiendo de intensidad poco a poco se fueron encaminando a la habitación del rubio, sin que les importara nada más que saciar aquel deseo que los estaba consumiendo. Albert sentía que estaba en la gloria, esperar tantos años por poder llegar a ese momento, nunca espero que fuera ese día pero sin duda esperaba que tarde o temprano sucediera.

La recostó en su cama acariciando con sus labios cada centímetro de su cuerpo. Candy sentía que sus mejillas ardían no sabía si por la excitación o por la timidez de estar completamente desnuda sobre la cama de su novio que la veía de aquella manera tan sensual, pero lo anhelaba ya no podía ni quería dar marcha atrás. Albert era un hombre maduro que la estaba guiando a la perfección para disfrutar de ese momento. Le lamio los senos con suavidad, dando pequeños mordiscos en los pezones erectos de la rubia, lo que provoco que un gemido escapara de la garganta de la chica.

Albert ya no podía esperar más, quería sentir por completo a aquella mujer que lo estaba llevando al más desesperante abismo de la pasión, se introdujo lentmente,y se detuvo un momento al toparse con aquella barrera que le indicaba que sería el primer hombre en su vida, abrió los ojos buscando el rostro de Candy quien jadeo por el leve dolor que se desvaneció para dar paso al más inconfesable placer,se aferro más a las caderas de su amado lo que le indico que podía continuar con aquellas deliciosas embestidas. Él no dejo decirle al oído lo mucho que la amaba, ella cerró los ojos perdiéndose en el goce de aquella entrega.

Cualquier cosa que hubiese escuchado de las experiencias de sus amigas era incomparable a lo que estaba experimentando en aquellos momentos, estaba enamorada por completo y se estaba entregando al hombre más maravilloso y perfecto que podía existir. Jamás se arrepentiría de aquella decisión, su alma, su corazón y ahora su cuerpo le pertenecía por completo solamente a él.

La mañana llego trayendo consigo los primeros rayos del sol que iluminaban los rubios rizos de la mujer que descansaba a su lado. La observo sin dejar de sonreír ,el dulce perfume de Candy llenaba cada rincón de la habitación, acarició su espalda suavemente procurando no despertarla, necesitaba tocarla para saber que no lo había soñado, que aquello realmente había sucedido, ahora Candy le pertenecía por completo, ahora era toda una mujer…Su mujer y ya nunca más la dejaría ir.

Continuara….

Chicas pues se hace lo que se puede jajaja ya saben lo mucho que se me dificultan esta clase de relatos…

Este capítulo va dedicado con mucho cariño para mis amigas: Quevivacandy,Lu de Andrew,CandyFan72, Heidy,Chiquita Andrew y Gatita Andrew…Chicas gracias por creer en esta historia…ustedes saben lo importante que es para mí…espero no decepcionarlas!

Y mis enormes agradecimientos a :Friditas,Rose Grandchester,Lio,Karina y Jenny…les agradezco con el alma sus comentarios!

Nos leemos próximamente! Saludos y bendiciones!