Capitulo 21.-Verdades en la cara Parte II
Por unos segundos todos habían permanecido inmóviles en su sitio. Isabella lloraba desconsoladamente ante la mirada de reproche de Rose, sabía que tenía demasiadas cosas que explicar a su hija pero sobre todo tenia que enfrentar a su hijo menor que seguía sentado a escasos pasos de ella con la mirada perdida y el rostro desencajado. Llevó las cosas demasiado lejos, alimentó demasiado el odio de su hijo hacia su padre y ahora todo salía a la luz.
Pero esta vez no tendría excusa alguna, sabía que cualquier cosa que pudiera decir solo seria en balde, ahora afrontaría sus consecuencias aunque no sería nada sencillo. Albert podía ser noble y cariñoso pero también era un hombre que no temía decir lo que pensaba y en esos momentos nada bueno podía pensar de ella. Pero Isabella era uno de esos seres que solo viven para sí mismos, podía perder la compostura en algún momento, pero jamás sería algo sincero, para ella todos eran culpables por no comprenderla y ella era solo una ví era el papel que más le gustaba asumir.
-¿No vas a decir nada?-grito Rose encarándola
-¿Qué es lo que quieres escuchar?-respondió con su característica mirada altanera
-Es increíble Isabella-continuo Rose negando con la cabeza-Todos estos años, mintiendo…permitiendo que pensáramos cosas que nunca fueron reales
-Tú no sabes nada Rose-Protesto poniéndose de pie-Tu padre nunca me dio el trato que merecía
-¡No te escudes en eso porque sabes que no es verdad!-alzo la voz con molestia
- Siempre fue bueno contigo, has sido tú quien nunca supo hacerlo feliz-apretó la mano de su padre con fuerza y lo vio a los ojos-Fui tan feliz cuando encontró a Eleonor, ahora me alegra mucho mas
-Rose, saca a esa mujer de aquí-dijo Albert con voz débil-No soporto escucharla un segundo mas
-Pero hijo…Will…Debes escucharme-murmuro
-Isabella, no tienes idea de todo el daño que me has causado con tus mentiras ¿Cómo fuiste capaz de algo semejante? Tú eras mi todo, confiaba en ti…
-Aun podemos solucionarlo hijo
-¿Solucionarlo? Fueron años de vivir una mentira…Años preguntarme ¿Por qué mi padre me había dejado de querer? Alimentaste cada día mi rencor hacia él, cuándo sabias perfectamente que no lo merecía, no tienes idea de lo mucho que me has herido
-Creo que debo de retirarme-dijo Marie sintiéndose un poco incomoda-Debo ir a ver a mi hija
-Señora-la llamo Albert-Muchas gracias por todo. Quiero que sepa que amo a su hija y que lamento mucho haberme equivocado
-Lo sé Albert y aunque en un principio no estaba segura de su relación, sé que nada puedo hacer ante lo que sienten, solo deseo que mi hija sea feliz
-Te llevare a casa Marie-Susurro un conmovido William
-No es necesario William tomare un taxi, gracias por todo
-Al contrario Marie, muchas gracias por darme el valor de decir la verdad
-Lamento mucho haberlos herido-dijo mirando con pena a Albert y Rose-pero lo más importante es que sepan que tiene un padre maravilloso que nunca ha dejado de amarlos
Albert y Rose permanecieron en silencio unos segundos después de que Marie se marchara el ambiente se había tornado mucho más tenso. Albert mantenía la mirada fija en el piso sin poder siquiera emitir una palabra más. La mujer a la que tanto había admirado a quien tenía colocada en un altar no era más que una ilusión.
Isabella le había mentido durante muchos años, aún no sabía cómo enfrentarse a eso. Una mezcla de vergüenza y compasión se anidaron en su pecho, había juzgado duramente a su padre, lo humillo infinidad de veces con su actitud hostil y su enorme soberbia y ahora no sabía ni como verlo a la cara. Elevó su mirada poco a poco no importaba que se dieran cuenta que estaba empañada por el llanto que se negaba a dejar salir, esta vez ya no le importaba parecer débil. Intentó contener las lagrimas pero en cuanto sus ojos se encontraron con el azul intenso de la mirada de su padre fue inevitable llorar, ésa mirada solo le transmitía amor y anhelo.
Sin decir palabras se acerco a su padre y se fundieron en un intenso abrazo, ambos sollozaban sin temor a demostrar sus sentimientos. William había esperado por mucho tiempo por ese abrazo, pero aquella espera había valido la pena, se lamentó en silencio por todos los años perdidos, pero él no quería lastimar a sus hijos. En el fondo temía que jamás creyeran en su palabra en el momento en que todo ocurrió eran solo unos pequeños, pero ahora las cosas serian totalmente diferentes, ahora la verdad por fin fue dicha directamente en la cara.
O o O
Candy despertó muy de mañana, la noche anterior a penas y pudo dormir, últimamente no se había sentido nada bien, pero lo atribuyo a que se alimentaba muy poco, la situación con Albert la tenía muy triste. Pero fue justo en el instante en que se encontraba sentada en el piso de aquel resplandeciente cuarto de baño, después de devolver el estomago que a su mente llego una posibilidad que jamás tomó en cuenta. Habían pasado tan solo un par de semanas pero no pudo evitar que pasara por su mente aquella absurda idea.
De inmediato se puso de pie y observo su rostro en el espejo, tenía un aspecto terrible sus ojos estaban completamente enrojecidos y sus mejillas sonrojadas por el esfuerzo hecho minutos antes. Abrió la llave del lavabo para mojar su rostro sin dejar de verse fijamente. Su corazón latía frenético dentro de su pecho, dio un paso hacia atrás sentándose sobre un taburete cercano, quería pensar que solo se trataba de un error pero ¿Seria aquello posible? Sabía la respuesta aquello si podía estarle pasando a ella quizá no en el momento adecuado pero era una enorme posibilidad.
En cuanto logro tranquilizarse un poco, salió velozmente hacia la habitación, se dirigió al armario y con prisa tomó un suéter y unos jeans para vestirse. Reviso su bolso sacando torpemente su billetera para saber con cuánto dinero contaba, no era mucho pero si lo suficiente para terminar con aquella duda,que en tan solo unos segundos le había provocado un fuerte dolor de cabeza. Recordó la visita de Patty advirtiéndole que quizá su madre viajaría a New York, las cosas se complicaban muchísimo más si aquello resultaba ser cierto.
Salió sin decirle nada a nadie ni siquiera a el personal de servicio que se encontraba realizando sus tareas diarias de aquella enorme mansión. Caminó varias calles por lo lujoso de la zona era casi imposible conseguir un taxi. Sintió un ligero mareo pero aun así continuo su carrera, eso no podía estarle sucediendo, no a ella no en ese momento. Después de unos minutos de caminar sin rumbo fijo encontró el auto que la llevaría directamente con el médico "Por favor que no sea cierto" murmuro mientras abordaba el vehículo.
O o O
-¿Cómo que mi hija no está?-exclamo Marie confundida
-Lo siento señora, pero acabo de ir a su habitación y esta vacía
-Quizá se marcho a la universidad-dijo Eleonor con voz tranquila
-Necesito verla, algo me dice que no está nada bien-continuo la mujer con desesperación
-Marie, sé que estas alterada por lo ocurrido ¿Por qué no tratas de tranquilizarte y dejamos que Anthony vaya a buscarla?
-De acuerdo, pero prométeme que en cuanto la encuentres la traerás de regreso
-Lo prometo señora White-respondió el rubio
Anthony trato de disimular su preocupación pero le parecía ilógico que Candy se hubiera marchado sin despedirse algo demasiado grave debió de ocurrirle para que actuara de aquella manera tan poco considerada. Mientras ponía el auto en marcha rogaba al cielo por que su amiga estuviera bien.
O o O
Isabella no pudo tolerar por mucho tiempo aquel reencuentro de padre e hijo, se puso de pie con molestia lanzando una mirada de desprecio a los hombres mirándose con devoción muy cerca de ella. Aún a pesar de todo, su soberbia le impedía ver la magnitud del daño que había causado con sus mentiras y enredos. Ahora William tenía la oportunidad de estar nuevamente con sus hijos pero jamás recuperaría el tiempo perdido.
Con nada podía recuperar aquellos momentos que se perdió solo por cubrir a una mujer que jamás valió la pena, aquélla por la que lloro demasiadas noches en la soledad de una habitación de hotel. Ésa por la que renuncio a la dicha de disfrutar del amor y la compañía de sus hijos mayores. De nada le sirvió sacrificarse por ella esperando que algún día recapacitara y le permitiera acercarse a ellos, no tenía que decirles la verdad pero contrario a eso, ella se dedico a sembrar odio en el corazón de Albert y Rose.
-Creo que salgo sobrando en esta escena-dijo con voz débil
-¡Vaya¡-exclamo Albert con una cínica sonrisa-¿Aun no te has marchado? ¿Qué esperas para hacerlo?
-Will, no le hables así-intervino William-después de todo es tu madre
-No sabes cómo te admiro-le dijo con honestidad-a pesar de todo te preocupas por ella, eres un gran hombre
-Will, habla conmigo por favor-le pidió
-No, jamás podría Isabella, no solo me alejaste de mi padre, si no que no descansaste hasta lograr separarme de la mujer que amo
-Hijo yo…Rose-los vio con mirada suplicante
-Deberías irte, todavía puedes tomar un vuelo-sugirió Rose
Sintiéndose incapaz de recriminar el tono severo en el que su hija le dijo aquello, salió con paso lento de aquel lugar, jamás pensó que aquello ocurriría, de nada le habían servido todos aquellos años de mentiras, ahora salía derrotada ante la mirada indiferente de sus hijos.
Albert sintió un poco de tristeza al ver a la mujer que había sido todo para él, no podía evitar seguir teniendo fuertes sentimientos por esa mujer aunque estuviera molesto con ella pero si algo pudo aprender era a no ceder ante sus caprichos. A pesar de todo no podía dejar de quererla después de todo era su madre, pero estaba molesto. Entonces recordó una linda sonrisa y una mirada de color esmeralda que tanto necesitaba en aquellos momentos. Su padre adivino en seguida en donde se encontraban los pensamientos de su hijo, le basto con ver aquella mirada de ensoñación para darse cuenta que estaba recordando a la mujer que amaba.
-¿Cuándo es que vas a ir a buscarla?-pregunto sonriente
-Lo más pronto posible-respondió soltando un suspiro
-Eso significa que iras ahora mismo-dedujo Rose
-Si, eso quiere decir que en este momento me voy-contesto sin poder esconder su felicidad
-Bueno padre, eso quiere decir que solo seremos tu y yo para el desayuno que más bien se convirtió en almuerzo-bromeo abrazando al hombre mayor
Ambos reían mientras veían salir a un Albert completamente feliz. William agradeció en silencio que todo se aclarara, en ocasiones sentía que no podía mas con el peso de aquella mentira, con el sufrir diario de saber que sus hijos estaban tan cerca y a la vez tan lejanos. A su mente llegaron los recuerdos del ayer, cuándo Albert era solo un pequeño asustado por la obscuridad de la noche y él lo cobijaba en sus brazos para protegerlo de todos esos fantasmas en su mente y ahora todo era distinto; ahora su pequeño era todo un hombre dispuesto a luchar por su felicidad y estaba satisfecho por eso.
O o O
Entro a la clínica sintiendo como todo su cuerpo temblaba, nunca antes había tenido aquella sensación, era como si algo le estuviera oprimiendo muy fuerte el corazón. Un sudor frio descendía por su frente, con paso lento se acerco a la recepcionista que le dio la información que necesitaba. No quería imaginar el rostro de terror que tenia, ya que la chica le pregunto en más de una ocasión que si se encontraba bien.
En cuanto entro al pequeño consultorio, nuevamente las nauseas se presentaron, todo parecía girar a su alrededor. En tan solo unos segundos apareció un hombre portando una reluciente bata blanca, no pudo evitar juguetear con el cordón de su bolso retorciéndolo una y otra vez mientras mordía su labio inferior, nunca antes estuvo tan nerviosa. Se suponía que ella debería de saber de esas cosas ¡Valiente estudiante de medicina había resultado! Respondió las preguntas de rigor y mientras la aguja se clavaba en su carne cerró los ojos.
Momentos después se encontraba en la sala de espera, veía las manecillas del reloj con detenimiento pero parecían no avanzar en lo absoluto. Una pareja de esposos entro en esos momentos y tomo asiento frente a ella, no pudo evitar fijar su mirada en aquellas personas que tenían el rostro rebosante de dicha, la forma en la que él joven veía a su esposa mientras ella acariciaba con ternura su vientre. ¿Cómo pudo ser tan tonta? Se dejo llevar por sus sentimientos, en ningún momento pensó en las consecuencias que sus actos irresponsables le traerían. Después pensó en Albert, en la forma en la que la veía cada que estaban juntos, en su sonrisa mientras le propuso que compartieran su vida, fue hermoso soñar con eso, en ningún momento dudo de que pudieran lograr ser felices juntos hasta que se presento su madre y el la vio de aquella manera.
Si Albert estuviera a su lado en esos momentos las cosas serian completamente diferentes, pero él no estaba ahí, decidió echarla de su vida sin consideración y sin explicación alguna, Y cuando finalmente la había buscado solo la hizo sentir como si fuera un objeto de su propiedad, pero aun así lo amaba; lo seguía adorando como desde el primer día que probo por vez primera la dulzura de sus labios, cómo lo había amado aquella noche en la que se entrego a él, sin miedos. Aún con todos sus defectos y con todos sus errores lo seguía amando más de lo que realmente quisiera amarlo.
Cuando la recepcionista dijo su nombre se puso de pie como un resorte, no recordaba cuanto tiempo tenia esperando en aquel lugar que le parecía tan sombrío. Se acerco al mostrador y tomo el sobre que la chica le extendía con una expresión que no supo descifrar sin duda su aspecto no era el mejor, segundos antes la joven pareja le había dirigido la misma mirada de compasión. Observó el sobre por unos instantes sin atreverse a ver el contenido, quería saber pero a la misma vez saberlo le aterraba por una y mil razones.
Después de dudarlo un poco, salió con el sobre cerrado en sus manos, tal vez debería de leer los resultados en un parque cercano, la naturaleza siempre lograba relajarla y ese día en verdad necesitaba respirar aire puro. No tuvo que caminar mucho a tan solo unos metros se encontró con un parque lleno del bullicio de algunos niños que seguramente se detuvieron después de salir del colegio.
Se sentó en una banca frente a un grupo de ancianos que compartían del resplandeciente día. Observo unos segundo más el sobre sin atreverse a abrirlo, tenía que hacerlo, emitió un fuerte suspiro de resignación ante lo que sentía era inevitable, si aquello resultaba ser cierto las cosas no serian nada sencillas para ella. Armándose de valor abrió lentamente aquel sobre blanco, sus manos parecías torpes mientras desdoblaba aquella hoja, en cuanto leyó el contenido tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no llorar. Pero en el fondo de su corazón sabía que tenía que hacerlo, sus ojos se abrieron de par en par, sin saber cómo reaccionar se puso de pie conteniendo el llanto que estaba a punto de brotar.
Salió corriendo para buscar un refugio cercano en donde pudiera dejar que aquel llanto insistente se desbordara por completo. Sin quererlo tropezó con una persona que distraída caminaba por aquel lugar, casi se le va el aliento cuando levanto la mirada y se encontró con unos ojos azules que la veían sin ocultar su emoción.
Continuara….
Chicas no me odien jajaja lo lamento mucho no era mi intención tardar tanto en actualizar, prometo que se los compensare. Una enorme disculpa si es que se encuentran con algunos horrores la verdad no me he sentido nada bien en estos días.
Mis especiales agradecimientos a:
Quevivacandy,Gatita Andrew,Angdl,Alexa Monnie,Chiquita Andrew,Friditas,CandyFan72,Sayuri1707,Lu de Andrew,Heidy,Jenny,Karina,Marisol92,Lady Susi,Amigocha,Josie,Guest,Liovana,Artemisa,Tiny 12,Litzy,Eluz, gracias por sus comentarios tan valiosos para mi,siempre me roban una sonrisa.
