Bien, estoy aquí con otro capitulo para esta pequeña serie. Espero lo disfruten. ¿Saben algo? Les quiero compartir esto. Pese a que al principio sólo escribía SasuSaku el NaruHina siempre me gustó. De hecho, Hinata es una de mis personajes favoritos, mi Kunoichi favorita de hecho, y esto desde hace años, cuando recien conocí el anime. No sé, había algo en ella que me llamaba la atención, a pesar de esa actitud tan timida, era un personaje muy perseverante y eso me agradaba.

Estoy contenta con el final de Naruto y ahora nos da material suficiente como para crear historias como estas.


-Casa para tres-


Los pasos duros y sonoros de Hatake Kakashi resonaron en la clínica, pues, al igual que Uchiha Sasuke, quien también presenciaba el ir y venir de su viejo maestro, la mirada impasible del hombre estaba cada vez más impaciente, a diferencia que Sasuke estaba de pie recargado en la pared y el Hokage iba y venía.

—Kakashi-sensei, hará una zanja si continúa así. – reclamó Sakura quien estaba sentada al lado de Naruto. Esa madrugada la clínica de Konoha estaba vacía, sólo el equipo 7 yacía en aquel frio y al mismo tiempo cálido lugar.

—¿Ah? – el hombre reaccionó al escuchar la voz de su alumna. La miró un segundo y después reflexionó lo que le había dicho.

—Tienes razón. – se sentó a su lado. —Lo siento. – se sentó al lado de ella y se cruzó de brazos, no sin antes comenzar a alzar la rodilla impaciente.

—Kakashi-sensei, por favor no haga eso.- pidió Naruto, él tenía más tiempo ahí sentado que cualquiera de ellos, pues había llegado empezada la noche y tras ser separado de su esposa tuvo que esperar en la sala mientras ella tenía el trabajo de parto sola. Era una pena, pero las reglas del hospital eran así de claras.

Los nervios de Naruto fluían sin parar, al principio cuando Hinata empezó con la fase prodrómica iba y venía corriendo alrededor de la casa, si no fuese porque la joven Hyuga le calmaba que tal y como Tsunade había explicado el verdadero dolor sería el indicativo de que la hora real estaba por empezar. No fue hasta el día siguiente, en el que, a las ocho de la noche el dolor se hizo insoportable y ya no era capaz de caminar más de tres pasos sin retorcerse. Fue ahí cuando Naruto la tomó en brazos y corrió al hospital, llevaba todo, incluido una serie de documentos legales, nunca se era demasiado precavido y él era padre primerizo además.

Hanabi fue la primera en enterarse, pues había ido constantemente a visitar a su hermana dado que el momento del parto se acercaba, acompañó a Naruto hasta las doce de la noche y tuvo que marcharse para ir a comer algo a casa. Sakura llegó a las diez de la noche, pues estaba ocupada en la biblioteca investigando sin percatarse de la hora, cuando salió de ahí encontró a Hanabi quien iba a la clínica. Hiashi estaba de misión, por lo que no acudió. Sasuke acababa de llegar, entregaba su reporte en la torre del Hokage y cuando llegó a casa no encontró a Sakura, supuso que estaba en el hospital, cuál sería la sorpresa al encontrarla en la sala de espera junto a Naruto. Kakashi llegó al último al recibir un mensaje de ambos.

Ahora estaba sólo el equipo siete, eran las tres de la madrugada y salvo una que otra enfermera que iba y venía diciendo que todavía faltaba para el momento, no tenían más información. Sakura estaba de vacaciones, ya tenía cinco meses de embarazo y coincidieron. Pero dentro de unos meses gozaría de su periodo de descanso para sobrellevar el resto del embarazo, lo que le daba tiempo de sobra para disfrutar del mismo; no obstante, dado que ya no estaba activa por ese periodo de tiempo, no tenía la misma clase de acceso que cuando trabajaba, por lo que decidió acompañar a Naruto.

El joven estaba sumamente nervioso, antes de internarla, el médico le había dado la oportunidad de despedirse de ella, le dio un beso dulce y preocupado en los labios y le sostuvo la mano con ternura, asegurándole que todo iba a estar bien. Dado la ocasión, Tsunade llegó para vigilar la evolución de Hinata, pero tampoco había salido a informarles.

Naruto había pasado los últimos días sin poder dormir, dado que Hinata había tenido molestias y se quejaba de vez en cuando para después quitarle importancia, mostrando lo valiente e independiente que se había vuelto. No obstante, él no estaba cómodo con las respuestas de ella, cuando le dolía la espalda la semana pasada, él intentaba vigilarla para ayudarle a cargar las cosas que consideraba demasiado pesadas para ella, cuando hace dos días ella dijo que el bebé estaba muy inquieto y le dolían mucho las caderas, no pudo descansar dado que Hinata daba vueltas y vueltas en la cama intentando ponerse cómoda.

Pero ahora eso había quedado atrás, estaba cansado sí, pero presto a saltar si algo pasaba.

—¡Ya está aquí! – habló Tsunade cuando abrió súbitamente las puertas de la sala de tococirugía. Los cuatro integrantes le miraron con los ojos bien abiertos.

—¿Qué? – Naruto se levantó rápidamente y se acercó a la Quinta Hokage con ansiedad.

—El bebé ya nació. – reiteró.

—¡Al fin! – exclamó Kakashi en un suspiro.

—Felicidades, Naruto. – dijo Sasuke con una leve sonrisa.

—¡Shannaro! – Sakura le abrazó. —¡Muchas felicidades! ¿Qué haces aquí? Ve con ella. – le empujó levemente para que reaccionara.

—¡Abuela! – Naruto sacudió la cabeza. —¡¿Puedo pasar a verla?!

—Claro, pero necesito que… - Naruto entró sin más y la sanin sólo rio por esto. Le dejo ir.

—¡Hinata! – Naruto abrió la puerta e ignoró a todos hasta colarse a la última cama y ver a su esposa. Hinata estaba envuelta en sabanas blancas, con la cabeza recargaba en el respaldo de la camilla en un ángulo de 45°, mientras sostenía sobre su pecho a un pequeño bebé rubio y sonrosado.

—Naruto-kun. – dijo exhausta. , cuando le vio entrar. El muchacho se quedó de pie a unos metros mirándola como si fuera un espejismo. —¿Qué pasa? – ella sonreía radiante. —¿No quieres conocer a tu hijo?

—¿Hijo? – el parpadeó. —¿Es un niño? – sin más se acercó e inclinó sobre la cama para verlo.

—Es idéntico a ti. – ella destapó su cabecita, el bebé estaba comiendo del seno de su madre. Estaba con sus manos empuñadas, los ojitos cerrados y con la boca cerrada alrededor de la areola mientras tiernamente cortaba su respiración para succionar. El joven sonrió como un bobo y sin querer sus lágrimas rodaron, se limpió varias veces pero no podía parar de llorar.

Le tocó la cabeza con timidez y se sentó a su lado, en una silla puesta para él con anterioridad por Tsunade. Miró a Hinata sin saber cómo expresarse y le dio un beso en la cabeza, la muchacha correspondió al gesto con una sonrisa.

—Gracias, Hinata. – esta vez besó la frente de su hijo y él bebé gimoteó al verse interrumpido en su alimentación. Los dos padres rieron ante esto y unieron sus frentes con cariño.

—Bolt… Bolt… - Hinata canturreó cuando el niño dejó de comer y se retiró de su pecho, se acurrucó en su piel para dormir. —Creo que está lleno. – comentó y miró a Naruto, quien estaba recostado con los ojos entreabiertos. —¿Naruto-kun? – el chico susurró algo inatendible y después quedó completamente dormido. Ella sonrió y le besó en la mejilla, después se acomodó mejor y cubrió a su hijo, ella también bostezó y ahora, más relajada cerró los ojos para descansar de aquella ardua labor.

Todos sus amigos se agolpaban en la cama del hospital cada vez que llegaban para conocerlo. Dado el reglamento de la institución no podían entrar todos, pero la situación se repetía una y otra vez. Al principio fueron Sakura y Sasuke, la Haruno acarició a Bolt una y otra vez de las mejillas, le dio un dedo el cual el pequeño aferró con fuerza y rio mientras le decía a Sasuke que cuando tuvieran al suyo sería algo similar. El moreno sólo asentía una y otra vez mientras miraba con una expresión pacífica.

Hanabi pidió cargar a su sobrino por un rato, pero éste lloró al verse separado de su madre, por lo que tuvo que regresarlo inmediatamente. Hiashi, quien llegó corriendo, aún vestido con su traje de ninja, se lavó las manos dos veces, asegurando que estaban demasiado sucias dado el trabajo como para cargarle, le acarició un rato y felicitó a ambos padres. Luego vinieron Kiba y Shino, Kurenai y por último Kakashi, quien los felicitó a ambos y se fue después de pasar unos minutos.

—Es tan pequeño.- comentó Naruto una vez que se vieron solos. —Tan pequeño… - estaba reflexivo.

—Pero crecerá. – aseguró Hinata. —Y se volverá un gran ninja, como tú. – agregó con una sonrisa maternal.

—Si eso es cierto, entonces tendré que tener listo el jabón todo el tiempo, porque te aseguro que tendré que limpiar el monumento de los Hogakes a diario. – bromeó sacándole una risa a su mujer.

—Tendremos que ser cuidadosos entonces. – lo apegó más a su pecho.

—Oh, parece que tiene hambre. – comentó al verle buscando comida por su propia cuenta en el pecho de ella.

—Sí, ya han pasado tres horas desde su última comida. – besó su cabecita y se descubrió para poderle dar lo que quería. Bolt agradeció mudamente pues estaba por gimotear y calló al instante al verse compensado con su preciada leche.

—¿Crees que la casa en donde vivimos sea lo suficientemente grande? – argumentó Naruto después de un rato. La chica le miró en silencio y pensó un poco antes de hablar.

—Eso creo, ¿Tú no?

—Sólo quiero que tenga suficiente espacio para jugar.

—Supongo que eso lo veremos conforme crezca.

—Tienes razón. – se relajó en el respaldo de su silla. —¿Cómo te sientes?

—Estoy bien. – suspiró e hizo un pequeño gesto cuando Bolt succionaba especialmente fuerte.

—¿Duele? – preguntó consternado Naruto.

—Generalmente no, si está bien posicionado, pero cuando jala con fuerza sí.

—Anda, muchacho, no seas duro con mamá, ¿Qué no ves que está muy cansada por todo lo que la hiciste pasar? Pequeño travieso. – rascó su cabeza con amor y Hinata sonrió.

—No creo que te haya escuchado, Naruto-kun. – comentó con una pequeña carcajada, pues volvía a succionar con fuerza.

—¿Ah? – Naruto hizo un puchero. —Bueno, no importa, ya crecerá y entonces sí que tendrá que escucharme. – comenzó mostrando su blanca dentadura.

—Sí. – la madre besó la frente de su hizo y luego se recostó.

—¿Por qué no duermes un poco más? – sugirió Naruto. —Yo cuidaré de los dos.

—Te lo agradezco, Naruto-kun.

—No tienes por qué. – le besó en los labios con cariño. —Siempre estaré aquí para ambos, lo prometo. – las lágrimas emergieron de los ojos de su esposa y él limpio dichas gotas. —No te preocupes, tú sabes que no retrocedo a mi palabra.

—Hai… lo sé. – lo sabía, lo sabía de sobra.

A la mañana siguiente Hinata había sido dada de alta junto al pequeño Bolt. La pareja salió con total paciencia del lugar, dado que Hinata aún estaba algo resentida por el parto y caminaba despacio. Los dos recorrieron Konoha en silencio, hablando sólo de lo necesario. Quizá era por que acababan de asimilar el importante detalle de que ahora no sólo serían dos en el domicilio, sino que tendrían que compartir su tiempo enormemente con el pequeño bebé que tenían en brazos.

—Hemos llegado. – anunció Naruto mientras abría la puerta de su nuevo hogar. Después de casarse ambos jóvenes habían trabajado para tener una casa más grande. El departamento de Naruto era acogedor y estaba lleno de recuerdos, pero era muy pequeño para el futuro que esperaban juntos. Tras gestionarlo y perfeccionarlo, la casa que anteriormente habían compartido Kushina y Minato fue dada a los dos; ahora contaban con una casa más grande, pero las dudas no dejaban de atentarlos.

—Gracias. – Agradeció la joven cuando su marido le ayudó a cargar sus cosas. Ella entró directamente a la sala, en donde se sentó en el sofá para descansar de la caminata. Apreció a Bolt mientras Naruto acomodaba lo demás.

—¿Estás cansada?

—Un poco. – dijo con sinceridad. —¿No tenías una misión mañana?

—Sí, pero hablé con Kakashi-sensei y me ha dado libre el día. Ahora que Bolt nació lo mejor es que esté contigo.

—Gracias. – ella miró a su hijo que dormía plácidamente. De pronto el estómago de Hinata sonó y ella se sonrojó inevitablemente.

—Suena a que tienes hambre. – comentó su esposo con una sonrisa. —¿Quieres que te preparé algo?

—Oh, no te preocupes yo puedo…

—¡No, no, Hinata! – la obligó a sentarse una vez que ella hizo ademanes para levantarse. —¡Yo me encargaré de darte una rica comida! Es lo mínimo que puedo hacer.

—Pero, Naruto-kun, no tienes que molestarte en eso…

—¡¿Molestarme?! – le miró incrédulo. —Todo lo contrario, estaré encantado, tú sólo espera. – se fue directamente a la cocina. Unos segundos más tarde se escuchó el sonido de los platos y las ollas al caerse, Hinata miró con algo de preocupación el camino a la cocina, pero decidió dejárselo a cargo a Naruto, se recostó en el sofá con Bolt aún dormido e intentó relajarse.

—¡Ah! – el gritó de Naruto la desconcertó.

—¿Todo bien por allá? – preguntó intrigada.

—¡Sí, descuida! – pero la verdad era que se había cortado el dedo intentando cortar algunas verduras.

Hirvió el agua, peló algunas papas y las picó en trozo, después buscó algo de arroz y lo coció, lavó algunos rábanos y cortó algunos trozos de carne, guisó todo y preparó una especia de salsa juntó a algunos condimentos. El proceso tardó una hora en total, pero cuando finalmente todo estuvo en su punto las quemaduras y cortadas valieron la pena.

—Huele bien. – comentó Hinata entrando a la cocina.

—Espero que te guste. – le tendió en un plato un poco de curry con arroz. —¿Bolt durmió todo el rato?

—Acabo de darle de comer y lo he limpiado, ahora duerme. Lo dejé en su cuna.

—¿Entonces… comemos los dos?

—Sí. – se sentó en la mesa. —Quiero probar el curry de Naruto-kun. – tomó una cuchara y probó un poco con parsimonia. Naruto miró atentamente las gesticulaciones de Hinata, esperando pacientemente su aprobación. —Está rico, Naruto-kun.

—¿Enserio? – comió un poco y frunció un poco el ceño. —No es como el tuyo.

—¿Cómo dices?

—Tu curry siempre es delicioso, tiene la mezcla perfecta, siempre es suficiente y nunca deja nada fuera de lugar. Comparado con el mío es…

—Nada. – aseguró ella. —Este es perfecto porque lo hiciste con mucha dedicación para mí. – comió un poco más y sonrió cuando lo tragó. —Está delicioso. Gracias por esta gran comida.

—Gracias, Hinata. – volvió a comer. Así duraron un rato, degustando de aquel platillo que con tanto amor había preparado para ella, a pesar de que no sabía cocinar muy bien.

La noche cayó sobre ellos y después un merecido baño, se fueron a su habitación a descansar. Bolt dormiría en una cuna contigua a la cama de sus padres, así podrían estar al pendiente de sus necesidades.

Naruto terminó por arroparlos a ambos mientras Hinata acunaba a su pequeño recién nacido con delicadeza. Tarareaba una canción de cuna y al mismo tiempo se mecía, provocando que no sólo Bolt se durmiera, sino que ella también cerrara los ojos con algo de sueño. Uzumaki tan sólo apreció en silencio aquel evento. ¿Quién habría imaginado que tener un hijo fuera tan hermoso? Bueno, al menos él desconocía esa pregunta hasta ahora. Sentía que algo nuevo había crecido en él y madurado como si fuera una flor abriéndose al sol. Abrazó a Hinata y la pegó a su pecho, ambos recargados en la cabecera de la cama.

—Hinata.

—¿Umm? – estaba algo somnolienta.

—Estoy completamente feliz. – ella despertó al escuchar aquella confesión y le miró con ternura. —Me has dado un hermoso hijo y tu amor, ¿Qué otra cosa podría pedir? Soy el hombre más feliz del mundo. – cualquier hombre enamorado diría eso, pero estábamos hablando de Naruto, aquel que pasó por tanto sufrimiento, abandono y desprecio en su vida, al punto en el que creyó que nadie en el mundo lo apreciaba, que lo mejor era quedarse en el olvido, pero… que de no ser por sus amigos y todos aquellos que siempre le brindaron su amistad, no sería nada.

No obstante, ahora que conocía la alegría de ser padre y esposo, sentía que esa parte de su alma se había llenado de una calidez tan grande que nada podría sobrepasarla y Hinata podía percibirla.

—Naruto-kun… - musitó maravillada por tanta honestidad.

—¿Sabes? Al salir del hospital… tenía muchas dudas. Estaba asustado por el nuevo compromiso que acababa de adquirir. Es decir, ahora soy responsable de un hijo, una persona a la cual hay que amar, vestir, alimentar, cuidar… pero, cada vez que pienso en lo difícil que es, doy gracias por estar aquí contigo, por no estar solo, por tener el apoyo de todos nuestros amigos. Me llena de paz el saber que no importa lo que pase, no importa lo difícil que se torne, sé que siempre voy a amar a Bolt… - los ojos de Hinata se llenaban de lágrimas. —Nunca lo dejaré solo, lo protegeré con mi vida… - la miró a los ojos. —A ti también. – miró la habitación y después a Bolt, que reposaba en los brazos de su madre y le acarició la cabeza con amor paternal. —Ahora sé, que esta casa nunca será lo suficientemente grande como para hacerme sentir inseguro. Es más, puede que incluso se haga más pequeña con el pasar del tiempo. Bolt no será un bebé por siempre ya sabes, además… Tal vez tenga hermanos, ¿No? – miró pícaramente a su esposa y ella se sonrojó enormemente.

—A-Aún es muy pronto para pensar en eso. – abogó abochornada.

—Sí, esperaremos. – le dio un beso en la frente. —No te lo había dicho porque estaba muy distraído por la emoción, así que: Bienvenido al mundo Uzumaki Bolt. Mi nombre es Uzumaki Naruto, soy tu papá, encantado de conocerte. – se carcajeó un instante. —Y ella es tu mamá, Hinata. Aunque creo que ya la conoces muy bien, después de todo ella te trajo a este mundo. – le dedicó una mirada llena de significado. —No sabes lo agradecido que estoy con ella.

—Na-Naruto-kun. – ella sólo tartamudeaba cuando se sentía apenada. Hinata miró a su hijo y le besó en la frente. —Ya escuchaste a tu padre, Bolt-chan, bienvenido a casa. – llevó su mano a la de Naruto y la entrelazo con la suya. —Siempre cuidaremos de ti.

—Siempre. – completó Naruto.

Esa noche, la joven pareja se durmió una vez que la luna adornó el sitio más alto del oscuro cielo. La felicidad reinaba en sus corazones y también la paz.

Sin embargo, independientemente del amor y la luz que les rodeaba cuan sol, las necesidades de un hijo son tan notorias, que en más de una ocasión tuvieron que turnarse para consolar al pequeño Uzumaki, pues era ahora cuando necesitaba su cariño y protección más que nunca.

Ahora era una casa para tres, el sol, la luna y una pequeña estrella naciente en lo más alto del firmamento.

Fin.

Gracias por disfrutar.

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Yume no Kaze.