Capitulo 23.-Cordón de tres dobleces…
Fue difícil romper aquel intenso beso, pasaron muchos meses sin que pudieran expresar aquel sentimiento anidado dentro de su pecho, Albert la abrazaba con delicadeza, como si estuviera sosteniendo algo demasiado delicado y ¿Cómo no tratarla de aquella manera? Dentro de ella crecía su hijo, aquélla personita que era parte de su sangre, aquél ser a quien aun no conocía pero que sin duda se había adueñado de su corazón por completo y que también era parte de aquella mujer a la que simplemente adoraba, ahora ya nada podía apartarlo de sus dos grandes amores.
Se detuvo un poco extasiado al sentir como algo lo golpeaba con suavidad, era el pequeño dentro de aquel vientre, se encontraba inquieto, quizá estaba alegre al sentir tanto amor entre aquellos que le habían dado la vida, se aparto al instante tomando el rostro de Candy entre sus manos y la miro sin dejar se sonreír, ella seguía llorando ante tantas emociones.
-¿Eso fue…?
-Tu hijo mi amor…Nuestro hijo…-respondió emocionada
-Oh es maravilloso-dijo sin poder evitar llorar
Llevo sus manos hasta el abultado vientre de su amada, y con ternura murmuro palabras de amor a aquel pequeño ser que sin duda estaba recibiendo un claro mensaje de amor, los movimientos fueron mucho más fuertes, Candy estaba conmovida por aquella demostración de afecto de ambos, ella sabía que sería un varón el médico lo había confirmado esa mañana. Sonrió al imaginar lo que sería su nueva vida, esta vez no tenía miedo a nada, ni a Isabella ni a nadie más, contar con el amor de Albert le daba la fuerza suficiente para poder luchar contra todo aquello que se interpusiera en su camino.
-Cásate conmigo-pidió secando las lagrimas del rostro de ella
-Albert….
-Vamos Candy, no es la primera vez que te lo pido,asi que no me digas que lo hago por el bebé…
-Lo sé mi amor…
-No sabes cómo extrañaba escucharte…abrazarte y perderme en tu mirada…Te amo Candy…Te amo para siempre y para mas allá de la vida…Así que no me hagas parecer un tonto ¿Quieres casarte conmigo?
-Solo iba a decir "Si"-respondió sonriendo mientras sus labios se unieron nuevamente en un beso
O o O
La observo por unos segundo que parecían no tener fin, ella era lo más hermoso que sus ojos habían visto desde hace mucho tiempo, nunca pensó que paradójicamente esa sería la última vez que podría verla, ahora era ajena….Ahora todo el amor que algún día fue para él, le pertenecía a aquel hombre que llego de improviso a sus vidas, pero solo el había sido el culpable de que alguien más se colara en el corazón de la chica a la que amaba. Candy ya no era una jovencita, era una mujer que ahora estaba unida al único hombre que realmente la merecía…
-Terry-lo llamo Chris poniendo una mano sobre su hombro
-¿Lo dejaste entrar?-pregunto con la voz entrecortada
-Lo siento-se encogió de hombros-Lo único que deseo es lo mejor para ella
-¿Y ese tipo es lo mejor?-dijo son burla
-Es el padre de su hijo, es el hombre a quien ella ama…Lo siento
-No te preocupes…Debo irme...¿Puedes darle un fuerte abrazo de mi parte?
-Deberías despedirte…
-No puedo hacerlo, ella estará en buenas manos…
-Terry, espero que estés bien-dijo Chris sintiendo un poco de pena
Terry solo asintió dejando caer las rosas que llevaba en la mano en la mesa más cercana y con las manos en los bolsillos salió de aquel lugar, había sido en vano albergar todas aquellas esperanzas en su corazón, él solo se había ilusionado con la idea de tener una relación con ella, de formar una familia a su lado, pero no podía culparla jamás le dio ningún motivo para creer que aquello podía ser posible "Adiós para siempre Pecosa" murmuró débilmente antes de abandonar aquel lugar.
O o O
Candy suspiro mientras acariciaba la seda entre sus manos, en tan solo unas horas más, podría al fin pertenecer por completo al hombre que amaba, no es que en ese momento no sintiera que era suya por completo, si de algo estaba segura era de que no había parte de ella que no fuera de él, pero todo cambiaria a partir del momento en que al fin pudiera presentar sus votos ante Dios. Para ella eso era importante y no existía en su corazón mayor anhelo que unirse para toda la eternidad con aquel a quien amaba.
Sonrió mientras las lagrimas corrían por sus mejillas, pero esta vez no eran de tristeza, está vez sus lagrimas eran de felicidad, no había sido nada sencillo llegar a ese momento, después de tantas dificultades al fin podía acariciar la dicha que ahora era enorme, en su vientre llevaba el fruto de aquel amor que llego de improviso para colarse por siempre en su corazón. La puerta se abrió abruptamente dejando entrar a una presurosa Annie seguida por una pacifica Patricia ambas vestidas de azul, se giro para encontrarse con sus queridas amigas.
-Hay no Candy-protesto Annie-ahora no amiga
-Lo siento amiga…No pude evitarlo-se disculpo
-Este día debes de lucir preciosa-dijo Annie con voz conciliadora-este día solo debes de tener felicidad
-Annie, debes calmarte-sugirió Patty-no quiero ni imaginar el día en que tú seas quien se prepare para su boda
-Ni lo digas, creo que ese día enloqueceré por completo-sonrió-pero bueno para eso falta muchísimo tiempo…
-Hay no Annie, por favor hoy no te pongas triste-protesto Patty
-Nunca pensé que Archie resultara ser todo un idiota-dijo Candy abrazando a su amiga
-Lo más triste es que ni siquiera puedo guardarle rencor, al menos fue sincero
-Pero bueno creo que he visto a cierto chico muy entusiasmado contigo-bromeo Candy haciendo un guiño
-Oh cierto-rio Patty-Y por cierto Chris es guapísimo
-Chicas, no alucinen por favor-dijo Annie rodando los ojos
-No es alucine, creo que el pobre muere de amor por ti
-Candy, deja de preocuparte por tus amigas y debes de apresurarte si no quieres que tu pobre novio enloquezca al ver que no apareces-dijo Annie sonriendo con melancolía
-Albert…-susurro con una mirada de ilusión-Cuantas cosas sucedieron para llegar a este día
-Amiga, creo que todo ha valido la pena ¿no? Ustedes se adoran-dijo Patty sonriendo-A nadie alrededor nos queda duda de ello
-Excepto a tu adorada suegra-dijo Annie con fastidio
-Se que Albert está muy afectado por esa situación-expreso Candy con un poco de melancolía -Jamás se atreverá a decirlo, pero sé que es así, después de todo es su madre
-Eso a ti no debe de preocuparte-dijo Patty abrazando a su amiga-Se que este día lo tiene lleno de ilusión, y además esta como loco por lo de tu embarazo…
-Bueno ya basta de tanta charla-interrumpió Annie-Debemos dejar preciosa a la novia
-Eso sí que será todo un reto-bromeo Candy-Estoy enorme
-Esta lindísima y ese caballero esperando por ti en el altar solo tendrá ojos para ti
Candy sonrió mientras por su mente pasaba la imagen de Albert vestido con ese fino frac negro esperando por ella frente al altar, no pudo evitar que las lagrimas corrieran por sus mejillas, aunque sabía que aquellos solo desencadenaría un sermón de su querida amiga Annie, pero no podía evitar llorar después de todo lo que tuvo que pasar al fin estaba tan cerca de lograr la felicidad y recordó con emoción aquel encuentro en donde Albert descubrió que serían padres. Nada le provocaba más emoción que sentirse amada y querida por tantas personas a su alrededor ,su madre no se sorprendió ni un poco cuando los vio aparecer meses atrás en Chicago, la idea de ser abuela la enloqueció por completo y empezó a tejer sin parar, su hija más pequeña seria madre y eso la lleno de orgullo. Rose se encontraba muerta de felicidad y ni que decir de Eleonor y William ya habían mandado construir una área de juegos en su enorme jardín. Su dicha era infinita y esta vez nadie podía arrebatársela de las manos.
-Hola chicas-la voz de Anthony hizo que todas giraran el rostro hacia la puerta
-¡Anthony!-Exclamo Patty con indignación
-Lo siento, es que ¿Sera posible que me dejen hablar con la novia unos instantes?
-Por supuesto-respondió Annie-Pero por favor no demoren demasiado o el novio se sentirá plantado en la iglesia
Ambos rieron mientras las chicas salían a toda prisa, Anthony se quedo inmóvil unos segundos admirando a la hermosa novia frente a él. Candy le extendió la mano con una sonrisa en los labios mientras se sentaba en la cama, él tomo su mano e hizo lo mismo, permanecieron así unos segundos, ambos sabían que se debían esa conversación, pero ninguno de los dos encontraba las palabras para romper ese silencio.
-¡Estas preciosa!-dijo al fin
-Gracias aunque no me siento para nada linda-sonrió tímidamente
-Lo eres, eres la novia más linda que he visto en mi vida
-Hasta ahora-dijo ella-Algún día veras aparecer en la iglesia a la más bella de todas
-Mientras ese momento llega, tú tienes ese título en mi corazón
-Anthony…
-Sé que mi hermano te hará feliz así que no tengo de que preocuparme, solo necesitaba decirte que puedes contar conmigo siempre, que de ahora en adelante seremos familia y eso me hace muy feliz
-Gracias Anthony-murmuro conmovida
-Bien ahora el momento ha llegado, no quiero que mi hermano enloquezca-dijo poniéndose de pie
Se abrazaron unos instantes, él sabía que era el momento de dejar ir de una vez por todas aquellos sentimientos románticos que tenia por ella, para dar paso al amor fraternal.
O o O
Albert estaba demasiado inquieto sus manos sudaban frio y caminaba de un lado a otro ante la mirada divertida de Rose, nunca pensó ver a su hermano tan nervioso, no podía ni imaginar el día en que naciera su pequeño retoño, se acerco a él y le susurro al oído que se calmara un poco pero aquello fue inútil su inquietud iba en aumento. Resignada se encogió de hombros y se dirigió al lado de Eleonor y su padre. George que había visto los inútiles esfuerzos de Rose por tranquilizar a su hermano se acerco con una enorme sonrisa.
-George-saludo dándole un abrazo al hombre-me alegra que estés aquí
-No me perdería este momento por nada del mundo
-Gracias, no solo porque estar aquí este día, si no por todos esos años en los que fuiste lo más parecido a un padre
-¡Rayos!-exclamo-había olvidado el porqué odiaba las bodas, todos son tan sentimentales
-Especialmente el novio-bromeo sonriendo
-Me alegra tanto que verte tan feliz…
-Ojala y mi pudiera compartir mi dicha con mi madre-suspiro bajando el rostro
-Albert, creo que debo decirte mi opinión al respecto…Isabella es la que decidió salir de tu vida y mi muy humilde consejo es que no permitas que una vez más sea ella la que se interponga en tu felicidad, sus manipulaciones y egoísmo solo te han traído problemas
-Tienes razón George, pero eso no impide que tenga ciertos sentimientos al respecto, a pesar de todo ella es mi madre
-Lo sé, pero debes de entender que de hoy en adelante tu familia serán tu esposa y tu hijo…Y me alegra mucho que decidieran bendecir su unión…Ya sabes "Cordón de tres dobleces…"
-No se rompe facilmente…**
-Así es-sonrió-Se que serán muy felices…
Albert sonrió sintiéndose satisfecho con la decisión que había tomado, quizá no fue lo suficientemente romántico al proponerle matrimonio a Candy, en las dos ocasiones que lo había hecho careció de ello, pero más que una cena con velas y champagne, lo más importante es que no existía nada en el mundo que deseara más que pertenecer a Candy, había nacido para amarla y de eso no tenia duda alguna. De pronto los aplausos de los presentes le indicaron que la novia había llegado con ilusión espero por ella frente al altar, todo en él era un torbellino de sensaciones, no sabía si reír o llorar, jamás en su vida sintió nada parecido.
Cuando Candy entro en la iglesia, Albert la observo ilusionado a la mujer que era todo en su vida, de pronto era como si todo se hubiera iluminado, sonrió para encontrarse con la mirada de su prometida…Su mujer…La futura madre de su hijo. Aquéllos segundos le parecieron una eternidad no veía la hora de tenerla a su lado, ambos se veía con adoración y para ninguno de los presentes existió duda alguna del gran amor que se profesaban. Para Candy no existía nadie más dentro del recinto…Solo lo veía a él a nadie más, era escoltada del brazo de William, no podía dejar de sonreír su dicha era infinita y su corazón saltaba dentro de su pecho para ella era el hombre más perfecto que podía existir sobre la faz de la tierra y era suyo…La amaba así tal y cual era, con todos sus miedos e inseguridades a pesar del tiempo y superando todos los obstáculos que la vida les presento. En cuanto estuvieron cerca se tomaron de la mano y ese momento fue mágico.
Marie estaba conmovida, sin quererlo recordó el día en que ella unió su vida a Fred, quizá su boda no fue tan elegante ni había demasiados invitados, pero de algo estaba segura ese día había lucido exactamente igual a su hija, enamorada y su matrimonio había superado pruebas demasiado difíciles, pero amo a su esposo y estuvo con él hasta el ultimo día de su vida. Y ahora estaba presenciando el momento mas romántico y significativo en la vida de su hija, agradeció a Dios por lo afortunada que había sido, sus dos hijas al fin estaban labrando su propio destino, se aferro al brazo de su hija mayor…Susan le brindo una sonrisa a su madre como si pudiera adivinar sus pensamientos.
O o O
Los años no habían sido nada buenos con ella, en ocasiones sentía que solo estaba pagando las consecuencias de su soberbia, esa mañana le habían dado los resultados de laboratorio, jugueteo con el sobre sin atreverse a abrirlo ¿Por qué ahora? ¿Por qué en ese momento que se encontraba tan sola. El viento cálido del verano acaricio su rostro cansado, el parque era el único lugar al que pensó en dirigirse después de haber salido de aquel sucio departamento.
Cinco años habían pasado ya desde la última vez que tuvo alguna noticia de sus hijos y jamás se había decidido a doblegar su orgullo y buscarlos. Estaba tan sola y decepcionada, minutos antes había sido echada de la peor manera, se sentía sucia y humillada, pero sobre todo estaba terriblemente sola, una lagrima rodo por sus mejillas al recordar las frías palabras de aquella mujer…"Por favor Isabella, no molestes…¿A mí que rayos me importa que estés enferma?...A decir verdad tu vida me importa poco, bastantes problemas tengo yo…"
Y dicho eso le había cerrado la puerta en la cara, Ericka resulto ser todo un desencanto, ahora entendía que aquella mala mujer nunca amo a su hijo ni la queria como tantas veces lo pregono. Pero ¿Qué podía esperar de ella?¿Que podía esperar de esa mujer que ahora se vendía en bares de pésimo prestigio, ésa mujer que vendía su cuerpo a hombres sucios y mal olientes…Al menos su hijo no había terminado sus días con aquella mujer sin escrúpulos que ahora vivía en un sucio departamento y estaba en la ruina.
Por su mente paso por un segundo la posibilidad de buscar a sus hijos pero sabía que nunca tendría el valor para volver a verlos a la cara, abrió el sobre y después de leer el resultado apretó los ojos como para borrar aquello que acababa de leer, no podía ser posible que ella tuviera esa maldita enfermedad, se preguntaba si podía soportar ese tratamiento tan severo…Cáncer…El solo pronunciar esa palabra le dolía demasiado. Se puso de pie entre tambaleos…Sin quererlo choco con un pequeño que alegre corría por el parque.
Intento decirle algo pero en cuanto se volteo y lo vio se quedo congelada en su sitio, ése dulce mirar ella lo conocía demasiado bien y esas péquelas pecas en su rostro le recordaron tanto a la mujer por la que había perdido el amor de su hijo… Pero no eso no podía estarle pasando a ella. El pequeño le sonrió después de disculparse sin dejar de verla directamente a los ojos, ella reconocería ese color de ojos en cualquier parte del mundo, era una mirada clara y limpia, sus pensamientos fueron interrumpidos por los padres de aquel niño que lo llamaban a gritos, ella reconoció aquella risa…Tenia que moverse pero sus pies no le respondían, en cuanto pudo hacerlo se oculto detrás del árbol más cercano, jamás permitiría que la vieran de aquella manera.
-William-grito la mujer rubia tomando al pequeño entre sus brazos
-Mamá-protesto el niño entre risas
-No debes de alejarte demasiado campeón-dijo el hombre acariciando el cabello rubio de su hijo-Candy quizá no deberías de correr así
-¡Albert! No estoy enferma solo estoy embarazada
-Lo sé cariño-dijo abrazándola protectoramente-pero es que no deseo que nada malo les suceda, ustedes son mi vida entera.
-Te amo Albert Andley-musito depositando un beso en sus labios
-Agh-exclamo el pequeño poniendo cara de horror
Se alejaron entre risas y demostraciones de afecto, la mujer seguía oculta en aquel sitio, había sido testigo de la enorme felicidad de su hijo a pesar de que muchas veces ella lo intento todo por verlo lejos de aquella mujer que tanto le recordaba su fracaso. Pero algunas personas a pesar de las terribles pruebas de la vida sencillamente tiene un corazón lleno de odio, ése era el caso de Isabella, la frustración se apodero de ella al ver como aquellos felices enamorados se reunían con Marie White quien abrazo al pequeño en su regazo, ellos eran una familia feliz…Una familia en la que ella como siempre estaba de mas…Se encamino a su auto sin dejar de sollozar, había hecho cosas terribles, había herido a sus hijos y renuncio a la dicha de pertenecer a una familia…Lo más triste de todo aquello es que no estaba arrepentida en lo absoluto.
O o O
La noche había llegado casi sin que pudiera sentirlo, estar con los seres que amaba le llenaba el corazón, en ocasiones no podía creer que toda aquella dicha fuera posible. Después de dejar a su hijo dormido en la habitación se dirigió a la terraza, necesitaba sentir la brisa acariciándole el rostro, cuándo la fin sucedió cerró los ojos agradecida por todas las bendiciones que Dios le había dado, se sentía plena dichosa y afortunada.
Albert abrió la habitación con mucho cuidado, sonrió al descubrir la silueta de su esposa en la terraza, le parecía la mujer más hermosa sobre la tierra, en su vientre llevaba aquella prueba del inmenso amor que ambos se tenían. Candy su preciosa esposa, la mujer que seguía despertando en él la misma ternura y cariño de aquel día en que la conoció, era su complemento ideal, no eran dos personas unidas por el amor, eran una sola alma habitando en dos corazones. Lentamente se acerco a ella y la abrazo por la espalda tomándola por sorpresa.
-¿Sucede algo señora Andley?-susurro en su oído provocando el estremecimiento en la rubia
-Nada, solo agradecía por tanta dicha…-sonrío sintiendo el aliento de su esposo sobre su cuello
-Pues agradezcamos juntos-dijo trazando un camino de besos en su cuello
-Señor Andley-dijo vibrando en sus brazos-¿Es que no ha tenido suficiente?
-Nunca tendré lo suficiente de ti…
Dijo tomándola en sus brazos y llevándola hacia adentro de la habitación. Nuevamente se entregaron su amor sin reservas, ése amor había nacido inesperadamente, ella había crecido junto a él, se habían amado a pesar de todo y por sobre todas las cosas y ahora tenían un matrimonio solido basado en el amor y la comunicación. Por suerte para ambos el pasado había quedado atrás y los errores de sus padres nunca fueron lo suficientemente fuertes como para destruir aquello que construyeron con el tiempo. Nada en el mundo podría agotar ese amor.
FIN
**"Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe fácilmente "Eclesiastés 4:12(Reina Valera)
Buauauaua nenas no saben lo mucho que me ha costado terminar este capítulo, lo escribí demasiadas veces y jamás quede conforme con el final, así que discúlpenme pero para mí no es fácil terminar esta historia ya que existen demasiadas cosas personales en ella. Sobre todo porque ha sido muy criticada pero bueno agradezco a todas aquellas que durante todo este tiempo han estado al pendiente de ella, se los agradezco con el alma. Bendiciones para todas las adoro!
Mis especiales agradeciemientos a :Mayra Exitosa,Chiquita Andrew,CandyFan72,Heidy,Sayuri1707,Ale Salinas,Amigocha,Quevivacandy,Marisol 92,Amiriux,Friditas,Lu de Andrew,Karina,Andleysbabe,Tiny12,Liovana,Chicuelita99
Y sobre todo a aquellas que leen aunque no dejen sus comentarios nenas yo se que están ahí y eso es lo que importa…Muchas gracias!
