Esta historia me costó terminarla por falta de tiempo. Pero espero que les guste tanto como a mí. Un episodio dedicado al duo de rubios Uzumaki más tremendo de todos. Por favor, disfrutar de la lectura.
Papá.
Tras dar un puntapié a uno de los barrotes que sostenían la mesa, Naruto apretó los ojos y las mejillas para no gritar con dolor. Se retorció y casi pareció inverosímil como uno de los ninjas más poderosos del mundo era capaz de ser doblegado por una mesa de madera.
—Maldita cosa. – gruñó agachándose y tomando su pie.
—¿Estás bien, Naruto-kun? – Hinata emergió desde la cocina, sosteniendo a Bolt en sus brazos.
—Sí, estoy bien. – sonrió distraídamente mientras suspiraba. —¿Estás segura que debes irte?
—La verdad es que no quisiera, pero Hanabi me ha atado enserio. – le miró con algo de lamentación. —Pero sólo será por hoy, ¿No tendrás ningún problema?
—No, no, claro que no.
Hoy era el día libre de Naruto y tras pensar en que pasaría el día entero con su hermosa esposa y su hijo de un año de edad, la decepción fue grande al comprobar que había olvidado que Hinata iría a una reunión familiar en la cual se tratarían algunos asuntos privados del Clan Hyuga y desgraciadamente para él no podía asistir. Bolt tal vez sí, pero era muy pequeño y distraería a su madre al intentar ocuparse de él. Por lo que el propio Naruto le sugirió a su esposa que él se haría cargo del pequeño mientras iba a esa susodicha reunión.
—Bien. – le entregó a Bolt. —La leche está en el refrigerador, recuerda que debes calentarla al vapor, también dejé algunas verduras cocinas por si quiere comer otra cosa. Por la tarde le toca baño y además…
—Nee, tranquila. – besó un frente, suficiente para callarle. —Estaremos bien, ¿No es así, Bolt? – el bebé sólo rio ante las ocurrencias de su padre y balbuceó algunos sonidos sin forma. —¡Oh, casi dijo algo! – expresó emocionado. —Tú y yo nos divertiremos muchos. – lo estrechó cariñosamente y el chiquitín balbuceó otras cosas para después reír.
—Está bien. – Hinata respiró un poco más tranquila, besó a su hijo y luego a su marido. —Cualquier cosa no dudes en llamarme y…
—Descuida, Hinata. Todo estará bien. – tras despedirla la chica asintió y salió para ir al lugar de reunión, el cual sería fuera de Konoha. Al final quedaron los dos rubios solos. —Bien, pequeño remolino, ¿Qué deberíamos hacer primero? – la respuesta le fue dada inmediatamente cuando el pequeño pareció hacer alguna clase de pujo y después le miró inocente. Naruto frunció el ceño, todavía no pasaba ni cinco minutos en los que Hinata se había ido y él ya había hecho una de sus gracias. Suspiró resignado y se encaminó a la habitación, el día acababa de hacerse muy largo de pronto.
…
Tras un laborioso intento de cambiar un pañal sucio y un baño que al final no salió del todo bien, pues Naruto no tuvo otra opción que bañarse con su pequeño tornillo, dado que quedó más sucio que el bebé al intentar bañarle, ahora estaban los dos recostados en la confortante cama matrimonial. Naruto observó a su hijo que jugueteaba con sus piecitos. Era increíble la elasticidad de Bolt, estaba seguro que si él lo intentaba terminaría lesionándose una rodilla.
Se giró sobre sí mismo y recostó su cabeza contra la palma de su mano artificial. Apreció a pequeño un rato más hasta que éste miró directamente a su padre, conectándose unos segundos los dos en una mirada larga y sin parpadeo. Llegó a tal punto en el que Bolt simplemente se cansó y regresó a lo suyo. Naruto rio ante la falta de interés de su hijo, después se giró sobre sí mismo y contempló el techo de la casa. Soltó una gran bocanada de aire y se relajó por completo.
No fue hasta cinco minutos después que su estómago rugió intempestivamente que regresó de aquel páramo para tocar su barriga con algo de molestia. Giró a ver a Bolt quien hacía rato chupaba sus dedos.
—¿Tú también tienes hambre? – el bebé le miró ante sus palabras. —Tomaré eso como un sí. – lo tomó en brazos y se levantaron juntos. Fue a la cocina, con el bebé aún en brazo y tras revisar en la nevera encontró rápidamente las botellas de leche materna que Hinata había dejado para el pequeño. Las calentó al vapor, tal como su esposa le había indicado y una vez que terminó sentó al niño en una sillita entrenadora y le dio su biberón. A estas alturas aún le daba la mamila para evitarse problemas; Sakura solía decir que no era correcto darles en biberón, puesto que a la larga se destetaban del seno materno y se hacían flojos para comer, sin mencionar que se le enchuecaban los dientes, pero sinceramente Naruto no estaba para escuchar a Sakura todo el tiempo y aprovechando que su hijo bebía ansiosamente él podría prepararse algo de comer.
Buenos o malos, le daba igual, él sólo quería un poco de tiempo libre para comer algo. Tras buscar un rato su decepción marcó paraje en su intención cuando se dio cuenta que no sabía nada preparado con anterioridad y que tanto la fruta como la verdura escaseaban en simples trozos ya echados a perder. Naruto carraspeó, generalmente Hinata era la que se encargaba de hacer la compra, si no es que ambos iban, era obvio que su tímida esposa lo había olvidado.
—Oye, Bolt, ¿Qué te parece si vamos a compras? - su niño simplemente jugueteó con el biberón vació, tomando Naruto aquello como una afirmación. —¡Bien! – sacó al pequeño de su silla entrenadora, limpió los restos de leche de su carita y lo posicionó en una cangurera de correa que le había regalado Ino la semana pasada.
Así, sin nada más, Naruto salió de casa con dos objetivos, uno de ellos era ir de compras y el otro comer un rico plató de ramen en su restaurante favorito.
…
Ya llevaban dos cuadras de camino cuando la gente se agolpó a su alrededor al verlos. Naruto seguía siendo una novedad, pues no en vano era un héroe, además de que Bolt robaba escena en cualquier sitio.
—¡Oh, Naruto-san! – una mujer mayor se acercó mientras pellizcaba una de las mejillas del menor. —¡Es hermoso! ¿Cuánto tiene ya?
—Un año. – contestó Naruto, apenado de la atención sobre su hijo.
—¡Que chico más lindo! – tomó ambas mejillas con sus manos y las aplastó tan fuerte que Bolt protestó golpeando sus manos con sus puñitos.
—Disculpe, señora. – Naruto se percató de esto. —Necesitamos llegar a un sitio…
—¡Ah, claro, claro! – dejó en paz al infante y éste le agradeció mudamente a su padre. —¡Saludos a Hinata-san! – tras decir esto desapareció. Naruto suspiró y acarició la mejilla izquierda de Bolt, la cual estaba enrojecida por la presión.
—Ya, ya, no llores. – el pequeño estaba haciendo pucheros con sus labios, mas se tranquilizó al contacto con su padre. —Anda, vamos a Ichiraku a comer algo delicioso. – continuó avanzando.
Llegaron al centro de la ciudad y tras esquivar algunas chicas y mujeres mayores que también querían ver a su pequeño y ofuscarlo, pudo ubicar y alcanzar su meta al fin.
—¡Buenas tardes! – saludó enérgicamente y el viejo Teuchi respondió a lo lejos.
—¡Ah, Naruto! – inmediatamente su mirada se dirigió a Bolt. —¡Oh, veo que has traído a Bolt-chan! – el bebé sonrió al verle. —¿Qué te sirvo?
—Me gustaría un tazón con cerdo y para Bolt…
—¿No pensarás en pedir ramen para él, o sí, Naruto? – una tercera voz los interrumpió y el chico giró para encontrarse con su vieja compañera de equipo.
—¡Ah, Sakura-chan! – saludó y de la misma forma que la gente lo había hecho con su hijo, no pudo evitar notar a la pequeña Sarada de algunos meses que dormitaba en los brazos de su madre. —¡Pero si es Sarada-chan! – acarició la cabeza de la niña, sin perturbar su sueño.
—Hola, Naruto. – saludó formalmente la Haruno. —¿Salieron a pasear? – ahora ella acariciaba a Bolt quien bailoteaba en el pecho de su padre (pues lo cargaba en aquella cangurera) al ver a una cara conocida.
—Fuimos de compras, pero primero iba a pasar por algo de comer.
—¿En donde está Hinata?
—En una reunión familiar, cosas ultra secretas de su clan o algo así. – dramatizó.
—Oh. – Sakura se sentó a su lado. —Así que te quedaste con Bolt.
—Sí, solos él y yo.
—Pobre Bolt. – rio Sakura.
—Qué mala eres, Sakura-chan. – Naruto lo tomó de forma amable. —Saliste a pasear con Sara-chan, supongo.
—Iba a la casa de mis padres. – dijo sin más.
—La orden está lista. – Teuchi entregó el plato de ramen.
—Viejo, ¿No tendrás de casualidad una silla en donde sentar a Bolt?
—No lo creo, Naruto.- él le miró con algo de decepción.
—Yo lo cargaré por ti. – ofreció Sakura, con una sonrisa.
—Pero ya estás cargando a Sara-chan…
—¿Acaso dudas de mi capacidad para cargar bebés? – retó ella con humos, a lo que Naruto negó inmediatamente.
—Nee, yo no dije eso. – sonrió con algo de nerviosismo. —Es sólo que…
—Mmm, más bien no me tienes confianza. – gruñó Sakura.
—¡No dije eso, Sakura-chan! Sabes que te confió mi vida siempre, pero no sé si será cómodo para ti…
—¡Entonces dámelo! – demandó la pelirrosa.
—Pero no te molestes…
—Entonces no me hagas enojar.
—Sakura. – la pelea se cortó ante la voz de Sasuke, quien acababa de llegar al sitio sin ser escuchado, los dos primeros miembros del equipo siete le miraron extrañados. —¿Por qué estás peleando con el dobe? Despertarás a la niña. – Sarada ya estaba haciendo muecas de disgusto.
—Sasuke-kun. – su esposa no supo que más decir al verle. —¿Acabas de llegar? – Uchiha estaba de viaje, por lo que no lo esperaba sino hasta la próxima semana.
—Sí. – estiró su brazo sano, desde que se habían casado Sasuke había sido candidato para la prótesis de células de Hashirama, no obstante todavía quedaban exámenes por completar, por lo que aún no podía usarla. No obstante era perfectamente capaz de cargar a su hija con una sola mano, por lo que a petición suya, Sakura le entregó a su retoño y así tuvo las manos libres para tomar a Bolt. El pequeño estuvo tranquilo en los brazos de su tía hasta que Naruto terminó de comer, durante ese lapso los tres integrantes del viejo equipo siete conversaron sobre varias cosas, desde los viejos tiempos, hasta los nuevos y las vidas que llevaban.
—Bueno. – Naruto estiró sus brazos hacia Bolt y el pequeño correspondió ante la figura de su padre. —Iremos de compras, así que nos retiramos. – Naruto se despidió y acarició a la pequeña Uchiha. Sarada había despertado hacía rato y tras varias miradas dedicadas de ambos dejó de prestarle atención al niño para juguetear con los cabellos de su padre. —Es tan inquieta, como tú, Sakura-chan.
—Eso parece. – comentó con ternura su madre. El matrimonio Uchiha se levantó junto a Naruto y tras pagar salieron del puesto. —Nos veremos pronto, Naruto. – ambos se despidieron de lejos.
—Hmp. – tan sólo dijo Sasuke.
—¡Adiós! – él por el contrario fue más expresivo. —Bueno, hijo, vayamos por la compra. – el pequeño sólo balbuceó un poco y su padre sonrió.
Llegaron a un centro comercial, Naruto entró a tranquilamente, tomó una canastilla y ajustó la correa que sostenía a su hijo, pues de camino ahí Bolt había decidido dormirse un rato. Caminó por los pasillos del supermercado mientras tomaba algunas latas, algunas verduras y artículos de limpieza. Fue cuando pasó por la zona de juguetes que Bolt despertó para sonreír y entretenerse con un osito de peluche que estaba a unos pasos. Naruto recorrió con la mirada el lugar hacia donde los bracitos de Bolt se estiraban y atinó a acercarse hasta tomar el oso.
El bebé balbuceó risueño mientras Naruto le daba el juguete y le permitió traerlo un rato, no obstante al momento de llegar a la caja para pagar y al escuchar el precio del juguete los ojos del futuro Hokage se hicieron grandes. Esa cosa costaba más que la compra de sus alimentos.
—Lo siento, Bolt, será la próxima. – dejó el animal de felpa en manos del cajero y tomó las bolsas para emprender el camino, mas el llanto incesante de su hijo lo detuvo. Los empleados y la gente miraron acusadoramente a Naruto, pues pese a sus intentos por parar su llanto el bebé lo intensificaba.
—Señor, ¿Sucede algo? – una madre de familia se acercó con preocupación y Naruto negó sonrojado de la pena.
—No, no, nada de nada. – alzó a Bolt en sus brazos y lo meció. —Bolt, Bolt, no llores, pórtate bien. – fuera de hacer caso, el niño haló los cabellos de su padre, no por malicia, sino por desesperación, y Naruto inclinó la cabeza dado que le dolía. —¡Bolt, suéltame! – obviamente razonar con un bebé era de tontos, pero no encontraba otra forma de parar aquello. —Bien, bien, te compraré el maldito oso, pero suéltame el cabello. – casi como si la pequeña bola de carne entendiera a su padre, el niño aflojó el agarre y Naruto aprovechó para apartarlo un poco, le miró sonrojado, dado que se había dejado convencer de una forma patética, y rechinó los dientes cuando Boruto reía triunfante. —Eres un demonio, ¿Lo sabías? – dio media vuelta, le quitó el oso al cajero y se lo entregó a la brevedad posible, después de eso sacó su monedero y lo vació en las manos del joven.
—¡Gracias por su compra! – alcanzó a gritarle mientras Naruto salía de ahí refunfuñando.
Ya alejados unos pasos Naruto suspiró más tranquilo, fuera de todo, no podía negarle nada a su hijo. Acarició la cabecita de Bolt y después rio.
—Eres un pillo, ¿Lo sabías? – el bebé no le prestó atención, pues estaba más entretenido jugando.
No obstante, lo que pasó a continuación fue tan inesperado que ni el mismo Uzumaki Naruto, ninja número uno en sorprender a la gente, pudo hacer algo al respecto. Un águila apareció de la nada y le arrebató de sus manitas el preciado muñeco a su hijo, los dos quedaron en silencio un rato hasta que lo asimilaron, resultando en un llanto incesante por parte de Bolt y un quejido incrédulo por parte de Naruto.
—¿Qué demonios…? ¿De dónde salió esa cosa? – miró al cielo y apreció como se alejaba cada vez más de ellos. Bolt lloro con más intensidad y Naruto se mortificó.
—Tranquilo, tranquilo. – pero en vez de obedecer chilló con más fuerza. —¡Está bien, lo capto! – miró a su derecha y se encontró con Rock Lee, quien venía hacia ellos leyendo el periódico. —¡Lee! – se acercó con prisa y antes de que este pudiera saludarle como era debido le dio las bolsas del mandado y le colocó a Bolt en sus brazos.
—¿Naruto-kun?
—¡Regreso en un momento, cuida de Bolt! – saltó a enorme velocidad y tras ubicar al ave mientras corría por los tejados ajustó su mira. —No escaparás. – juntó sus manos y emergieron dos clones. —Bien, trabajo en equipo debemos alcanzar a esa ave. – los otros Narutos asintieron, tomaron a Naruto de las manos y lo lanzaron por los aires, volando como un proyectil. Llegó justo a un lado del ave y tomó el juguete de una pata, no obstante, la velocidad disminuyó y no tuvo cómo sustentarse en el aire.
—¡Animo, Naruto-kun! – Lee estaba cerca.
Naruto cayó del cielo perdiendo el equilibrio y tras ganarle en peso al animal, éste soltó el muñeco, Naruto sonrió con saña mientras le sacaba la lengua para percatarse que caía sobre un abismo lleno de picos. El gritó del muchacho adornó el aire.
—¡Rasengan! – la técnica creada por su padre se convertía ahora en una paracaídas, con él destrozó los primeros pinchos, los cuales corrieron por los vientos rompiendo parte de sus ropas y ensuciándole. Sin embargo, una vez que pasó de eso, se las apañó para correr entre los escombros y salir del foso.
Naruto miró con pavor el estado del juguete adorado, el cual era terrible. La lluvia de pequeños pedazos de roca lo había dejado maltrecho y muy sucio.
—Este día no puede ponerse peor. – y lo hizo, mientras aquella ave tomaba venganza y hacía sus gracias sobre su cabeza. Naruto enrojeció.
…
—Nee, Naruto-kun, ¿Pudiste alcanzar a esa ave? ¡Oh, pero que huele tan mal!
—Cállate, Cejotas… y gracias. – tomó a Bolt entre sus brazos y se lo acomodó en su cangurera, después sus bolsas de la compra y se encaminó a cierto lugar con el animal maltrecho en mano y aquel olor endemoniado.
En su camino se topó con Kiba, quien al instante reconoció el olor del excremento y se burló de él, empero, la mala leche de Naruto lo hizo guardar silencio. Si bien Naruto tenía una mirada aterradora cuando sus ojos se coloreaban de rojo, Kiba reconoció que la había liado cuando contempló que el mismo Bolt guardaba silencio por el humor de su padre.
Llegó a la residencia Uchiha y tras tocar la puerta con firmeza Sakura atendió la entrada.
—¿Naruto? – tan sólo bastó un segundo para que se cubriera la nariz. —¿Pero qué…?
—¿Puedes arreglarlo? – le mostró el oso de peluche y al verlo Sakura asintió. —Gracias. – se lo entregó.
—No preguntaré que te paso pero… hueles muy mal. ¿Quieres tomar un baño? – ofreció con amabilidad.
—Tan sólo quiero regresar a casa para poner todo en orden.
—Tardaré más de unos minutos arreglando el oso, además de que tengo que lavarlo. Anda, meteré tu ropa también, toma un baño y usa la de Sasuke, no creo que le moleste.
—Bueno, si insistes. – dejó la compra en la entrada y se quitó los zapatos, Sakura tomó al bebé y esperó a que Naruto entrara, al hacerlo recibió una mirada desaprobatoria por parte de Sasuke.
—Naruto. – los dos descendientes de Hogoromo se miraron con intensidad. —Apestas.
No hubo respuesta ante tal punto. El rubio simplemente se adentró a la casa y se acercó a Sasuke, sus miradas se cruzaron, azul contra negro.
—Oye, Sasuke, ¿Qué talla eres?
—¿Talla? – él alzó una ceja. —Grande. – respondió con curiosidad.
—Yo también. – se volteó a Sakura. —¿Bolt puede quedarse con Sara-chan un rato, no?
—Sí, yo lo vigilaré.
—Gracias. – caminó a la habitación de Sasuke, pasando de éste y sacó un juego de ropa.
—¡Oye, Naruto! – el gruñó al verlo.
—Tomaré un baño, así que no molestes.
—¿Y piensas usar mi ropa? – retó.
—¿Tienes algún problema… mejor amigo? – sus caras se enfrentaron.
—Bien, me alegra que sigan llevándose tan bien como siempre. Prepararé el baño. – Sakura se adentró y dejó a Bolt en un corral junto a Sarada, los dos se entretuvieron jugando. Tras terminar los preparativos Naruto se adentró en el cuarto de baño pese a las protestas de Sasuke, Sakura lavó todo y vigiló a los pequeños mientras.
Naruto terminó rápido y sin aquel olor a azufre, se sentó en la sala, a un lado de Sasuke, esperando que su ropa se terminara de lavar y secar y que Sakura remendara el juguete. Los dos hombres se miraron de soslayo un momento y después ladearon sus caras con indignación.
La risa de los bebés llamó la atención de los padres, quienes guiaron sus ojos hacia los dos niños que compartían sus cosas sin dudarlo. Naruto sonrió ante esto y se dirigió a Sasuke, quien estaba en silencio.
—Se llevarán bien en un futuro. – aseguró el Uzumaki.
—Hmp. – era de esperarse viniendo de Sasuke. —Ser padre es… algo difícil, ¿No? – compartió para sorpresa de Naruto.
—Y que lo digas. – suspiró éste con fatiga. —Pero, ¿Sabes? Al final vale la pena.
—Claro. – Sasuke sonrió orgulloso al ver a Sarada mientras le arrebataba a Bolt un cubo de plástico de diferentes colores. —Hagamos nuestro mejor esfuerzo. – murmuró y Naruto asintió a la par.
—Chicos. – Sakura entró con la ropa de Naruto limpia y el oso remendado. —He terminado. Aquí tienes, Naruto.
—¡Gracias, Sakura-chan! – fue a vestirse y agradeció el rico olor a flores del suavizante de telas. —Vamos Bolt, día adiós a los tíos. – tomó a su hijo y volvió a acomodarlo donde siempre. Se despidió del matrimonio Uchiha y la pequeña Sarada y emprendió camino a su hogar.
Mientras el chico se alejada un silencio se instaló entre ambos Uchihas.
—Sakura.
—¿Umm? – respondió mientras jugueteaba con Sarada en sus brazos.
—Esa ropa… - se refería a la que le había prestado a Naruto. —Quémala. – Sakura soltó una carcajada ante esto.
—Claro, Sasuke-kun, claro. – se adentró a la casa, sin hacerle caso a su marido.
…
Ya estaba cayendo el sol cuando Naruto terminó de bañar a Bolt y le dio la última botella de leche materna. Respiró cansado, cuidar de su pequeño retoño sí que había sido un desafío y debía admirar a Hinata por aquella labor tan ardua todos los días. Ahora la entendía un poco más.
Tumbó a Bolt en la cama que compartía con su esposa y al verlo dormir decidió recostarse a su lado. Acercó el osito de peluche y se rio al recordar la odisea que había hecho por recuperarlo.
—Me causaste problemas hoy, pequeño. – bostezó tras decir esto. —No cabe duda, eres mi hijo. – rio tras decir esto. —Te quiero Bolt, siempre estaré para ti cada que me necesites, incluso si no quieres. Por ello, quiero que vivas feliz y sin sufrir lo que yo. Crecer sin un padre es difícil. Nadie te recibe cuando llegas a casa, nadie se preocupa de que comas bien, nadie que te arrope por las noches. – cerró los ojos. —¿Sabes algo? Ayer, soñé con papá. Él fue un gran hombre, me hubiese gustado que lo conocieras, estoy seguro que estaría encantado, después de todo, te pareces mucho a él. – besó su cabecita sin despertarlo. —Espero estar haciéndolo bien, después de todo nadie te enseña a ser papá. Por lo que, cuando crezcas y puedas hablar, me encantaría que me hicieras saber si estoy haciéndolo bien.
El pequeño balbuceó algo en medio de su ensoñación y Naruto sonrió.
—Mmm.. pa…
—¿Eh? – Naruto ajustó sus oídos.
—Pa… -balbuceó Bolt en sueños. —Pa… - dijo para volver a caer en un sueño profundo. Naruto le miró maravillado y una lágrima rebeló por su mejilla.
—Gracias. – sollozó a su somnoliento hijo. —Gracias. – lo atrajo a su cuerpo y le volvió a besar. —Duerme, Bolt. Papá está aquí. – cerró los ojos mientras sonreía y lloraba al mismo tiempo.
Lo que Hinata vería cuando ya entrada la noche llegase a su casa, sería a un Uzumaki Naruto profundamente dormido con un Uzumaki Boruto sobre su pecho, sujetando con su manita derecha, sobre el corazón de Naruto, un hermoso osito de peluche.
Fin.
Gracias por leer.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
