Nuevo capítulo, más Confort que nunca XD. Espero que les gusté, este capitulo es para darles un poco de tibieza a aquellas noches frías en las que parece que el sol no saldrá. Por favor, disfrutar de la lectura.
-Allegados al corazón-
Hinata se sobresaltó un segundo cuando Hanabi apareció del otro lado de la puerta de su hogar, se le veía llorosa y totalmente empapada, puesto que llovía a mares esa tarde en Konoha. Lo primero que preguntó fue el motivo de su estado tan deplorable, lanzándose ella hacia los brazos de su hermana mayor y lamentándose entre sollozos el motivo de su tristeza: Hiashi había sido herido peligrosamente en una batalla y estaba en el hospital, y por si fuera poco, antes de que esto sucediera la menor de las hermanas y el patriarca habían tenido una pelea que finalizó en un deseo de muerte para con el padre de ambas.
Con el corazón lleno de culpa y pena, Hanabi se sintió tan culpable que había corrido a la primera persona que pensó podría consolarla, su querida hermana mayor.
—¿Cómo está papá? Debemos ir a verlo. – apuró Hinata mientras se volteaba e iba por un abrigo y un par de paraguas.
—One-san. – Hanabi sorbió su nariz y Hinata comprendió su llanto.
—Cierto, cierto, ven. – la condujo hasta su habitación, le prestó una toalla y ropa, que pese a que le quedaba algo grande, le protegería del frio. La ayudó a secarse el cabello y también vestirse, le acarició la espalda con amor maternal y no dijo nada al respecto, acompañándola en un perfecto silencio. Para cuando terminaron, la madre se levantó con algo de trabajo, este era su cuarto mes de embarazo y hacer esfuerzos le causaba siempre algo de mareos, que pese a que no eran tan seguidos, todavía los sentía.
—Perdóname, One-san, te empapé toda y en tu estado no debes enfermarte. – su hermana le acarició el vientre levemente abultado.
—Descuida. – ella no recriminó nada. —Debemos estar con papá.
—¿En dónde está Naruto y Boruto-chan?
—Fueron a visitar a Sakura-san y Sasuke-kun, pero creo que no volverán hasta que pare la lluvia.
—¿Sería buena idea que salieras de casa?
—Sí, no te preocupes, vamos a ver a papá. – insistió preocupada.
Así que tras abrigarse mejor emprendieron camino al hospital. Al llegar al sitio, las dos mujeres fueron conducidas a la cama del patriarca, estaba inconsciente cuando llegaron y ambas se dedicaron acompañar en silencio a su padre.
Hiashi despertó tres horas después de la llegada de ambas, sorprendiéndose por la presencia de sus dos hijas, pero imposibilitado de hablar solamente se dedicó a sostener las manos de ambas. En ese momento Hanabi se disculpó severamente con él, a lo que el hombre le acarició la mejilla en busca de tranquilizarla.
Para entonces, la lluvia empeoró y dada la insistencia de su familia, Hinata tuvo que quedarse más tiempo, tentando a la suerte de poder ir a su casa o no.
—Espero que Naruto-kun no se preocupe. – le dijo a su hermana y ella le respondió que estuviera confiada en que no pasaría a mayores.
…
—Joder, si esta lluvia continúa así no podré ir a casa. – reprochó Naruto mientras se fijaba por la ventana de la casa de los Uchiha.
—No veo el problema de que salgas de aquí y te empapes. – carraspeó Sasuke con rostro de pocos amigos, cosa que era una completa realidad.
—Sasuke-kun, Bolt-chan se podría resfriar si salen con esta tormenta. – recriminó con paciencia Sakura, quien sostenía a su hija entre sus piernas. Bolt estaba dormido en el sofá, al lado de Sasuke.
—Entonces que lo deje aquí. – frunció el ceño.
—¿Tú sólo quieres que me largue, no? – Naruto le miró con molestia y no hizo falta leerle el pensamiento a Sasuke cuando este lo expresaba perfectamente bien. —Maldito teme. – gruñó Naruto.
—No pensé que las nubecillas que se formaban esta tarde serían tan problemáticas. – Sakura se acercó a Naruto para ver por la ventana, Sarada estaba tranquila, recostada en el pecho de su madre, viendo a todos lados con curiosidad.
—Espero que Hinata no se preocupe, porque no creo que pueda llegar a casa. – suspiró resignado. Se acercó donde Sasuke y se sentó contemplando a su hijo.
—Sería bueno que le mandaras un mensaje. – sugirió Sakura.
—Es cierto. – Naruto se mordió el pulgar hizo algunos sellos e invocó a pequeño sapo. —Oye, amigo, ¿Puedes llevarle un mensaje a mi esposa? – el animal asintió.
—¿De qué se trata, Naruto-san?
—Dile que no se preocupes por mí y el bebé, estaremos en casa de Sakura-chan por la tormenta, pero en cuanto mejore el clima iremos a casa.
—Claro. – el sapo salió por la ventana remojándose sin la menor molestia.
—Eres un flojo, en vez de ir tú mismo. – repuso Sasuke.
—¡No me sacarás de aquí, teme! ¿Tan amargado estás como para no dejarme pasar la noche en tu casa?
—¿Amargado yo? – Sasuke le miró amenazante, pero sin aire violento.
—Ya basta los dos. – Sakura le entregó a la niña a su padre. —Prepararé chocolate caliente y después la cena, ¿Sí? Sólo no destruyan nada. – tras esto la pelirrosa desapareció camino a la cocina. Los dos descendientes de Hagoromo se miraron en silencio y sin agregar nada.
Haruno no tardó mucho en regresar con la bebida caliente, los tres se sentaron en una mesa de té, dejaron a los niños jugando en un lugar especial y a la vista de los adultos y mientras bebían tranquilamente, la chica se preparaba para servir la cena.
Una vez que los platillos se vieron Naruto miró con admiración a Sakura.
—Oh, Sakura-chan, esta comida se ve deliciosa. ¿Ya aprendiste a cocinar?
—Que grosero. – le dio un golpe en la cabeza. —Por supuesto que sé cocinar. – ante la sorpresa de los dos muchachos Sasuke soltó una carcajada baja y Sakura se sonrojó. —¡Sasuke-kun!
—¿Qué? – él sonrió con saña.
—¡Ah, hasta tu marido lo admite!
—¡Cállate si no quieres que Bolt quede huérfano! – le amenazó nuevamente y Naruto bajó la cabeza.
—Lo siento. – tragó saliva, nervioso.
—Comamos. – invitó Sasuke, para romper el hielo de la penosa situación.
Los tres comieron en paz, la comida de Sakura sí carecía de cierto sazón, pero era buena y digerible. Durante la cena hablaron del pasado, de las viejas misiones, de la guerra, de sus respectivas bodas y finalizaron con los nacimientos de ambos hijos.
Paso seguido, acudieron a cambiarlos y asearlos para después dirigirse a los respectivos dormitorios, Naruto dormiría en el sofá y Boruto con Sarada en la cuna, mientras que el matrimonio en su respectiva habitación.
La lluvia no cesaba y el sonido del techo siendo bombardeado por gotas gruesas y seguramente frías, arrulló el sueño de Naruto hasta que éste se quedó completamente dormido.
…
En medio de lo que parecía ser un campo de flores, Naruto miró el cielo azul combinado con nubes blandas muy parecidas a partículas de algodón. Pensó que era lindas y sonrió mientras se relajaba y colocaba sus manos tras la nuca. Era tan hermoso y cálido, casi un paraíso, pero entonces el panorama cambió, se hizo oscuro y nebuloso, había humo, el cielo se coloreó de rojo, las nubes de gris, la luna apareció con un singular dibujo que le hizo reaccionar inmediatamente y se colocó en guardia.
Tsukuyomi Infinito.
Naruto miró alrededor y se asustó de lo rápido que se había modificado todo. Cómo el campo de flores ahora rebosaba en sangre, con muchos cuerpos de shinobis caídos en la guerra. Al frente suyo rugía el Juubi y la imagen de Madara sonriente a punto de soltar una carcajada le atormentó. Intentó llamar a Kurama, pero se sintió vacío y solo, el zorro no respondía a su llamado.
La desesperación le embargó cuando el monstruo de diez colas se lanzaba contra él y atacaba con estacas de madera, intentó protegerse pero no emitía chakra, quiso huir y tropezó, de pronto su cuerpo adulto se convertía al de aquel niño de diez años indefenso y malquerido por todos. Estaba aterrado y a punto de llorar; y casi lo hacía, si no fuese con una sombra que le protegió de la feroz bestia encarnada y tras decir varias palabras de aliento le hacía levantarse y sentirse seguro.
Al principio creyó que se trataba de una sola persona, pero todo cambió cuando varias manos se extendieron hacia él en forma de consuelo. El pequeño Naruto se sintió más seguro, pero aún indefenso, casi como aquel niño de doce años recién graduado de la academia.
—Ero-senin. – contempló a Jiraiya que le sonreía gallardo y le acariciaba la cabeza, tras esto su apariencia cambió al de aquel muchacho de 16 años, ya más seguro de sí mismo. El sabio le dio la espalda luego de esto y cuando quiso perseguirlo dos manos le tomaron por los hombros, miró desorbitado alrededor y se encontró con sus padres, que pese a que no le dijeron una sola palabra, le sonreían con tanto amor que los ojos de Naruto se llenaron de lágrimas. Se dejó abrazar por ambos y tras agradecer su amor, los esposos desaparecieron en una estela de luz.
Cuan dos soles.
Su cuerpo reaccionó al sentir entonces otra mano sobre su hombro derecho miró con calma y las lágrimas volvieron a agolparse en sus parlados.
—Neji. – el Hyuga sonrió mientras le saludaba para después comenzar a caminar hacia el mismo sitio que Jiraiya había partido. —Por cierto, Neji. – él lo detuvo antes de que desapareciera de su vista, el campo en el cual se encontraban ya no estaba lleno de cadáveres, sino de polvo y aire fresco. —Gracias, por todo. – el muchacho sonrió y asintió en silencio, después desapareció de la misma forma que sus padres en la silueta de un ave libre.
…
Naruto despertó sintiendo los ojos húmedos. Aún lloraba. Se incorporó en el sofá y limpió sus mejillas en silencio.
—¿Tuviste una pesadilla? – la voz de Sasuke le sorprendió, él estaba sentado en otro sillón, viendo hacia la ventana. Su Sharingan estaba activado, pues todo yacía en completas sombras.
—No, bueno, al principio lo fue, pero todo mejoró. – terminó de secarse las lágrimas. —¿Y tú?
—Algo parecido a lo tuyo. Suelo soñar con Itachi a menudo. – confesó de forma sumamente tranquila, sin dejar de mirar el cielo lluvioso.
—Oh. – Naruto guardó silencio, una inusual paz se instaló en ambos.
—¿Con quién soñaste? – se atrevió a preguntar Sasuke, en medio de la confianza recién instalada.
—Con papá y mamá, Ero-senin y Neji.
—¿El chico Hyuga? Murió durante la guerra, ¿No?
—Sí, se sacrificó por mí y Hinata. – sonaba triste, fue la impresión mental del Uchiha.
—Supongo que por eso le llamaste Boruto a tu hijo.
—Ah, sí y no. – Naruto se llevó una mano a la nuca, apenado. —Fue una coincidencia, pero creo que quedó perfecto.
—Supongo que sí. – ambos volvieron a callarse para escuchar el repiqueteo del agua en el exterior.
—Hinata me dijo que… sería una forma ideal de recordarlo. – dijo refiriéndose a Neji. —Le debemos la vida.
—Es un buen homenaje. – comentó Sasuke.
—¿Tú por qué le pusiste Sarada a tu hija? – era una pregunta que le picaba la curiosidad desde el día en el que la presentaron como tal.
—De la misma forma que Indra y Ashura derivan de cierta mitología, Sarada es el nombre de una diosa. – aclaró Sasuke. —Cuando Sarada nació me lo figuró. – Sasuke sonrió entre la oscuridad y extrañamente Naruto se dio cuenta.
—Es muy linda. ¿Sabes? Me gustaría tener una niña. Espero que el próximo bebé lo sea.
—Cierto, tu mujer está esperando. – no parecía envidiarle nada. —Debes estar feliz.
—Claro; y ansioso. ¿Por qué tú no tienes más hijos? – quizá pareció indiscreto, pero Sasuke no se disgustó por ello.
—No lo sé, queremos esperar un poco antes de planear más descendencia. – hablaba en un tono calculador, pero ciertamente era algo que ansiaba.
—Está bien, si eso quieres. – Naruto volvió a recostarse y bostezó, había recuperado el ánimo. —¿Te digo algo, Sasuke?
—¿Umm?
—Aunque nos entristezcamos por las pérdidas de nuestros seres queridos al final del día debemos sonreír y dar gracias.
—¿Dar gracias? – alzó una ceja.
—Sí, por haber tenido la oportunidad de conocernos. – concertó. —Después de todo ellos nunca se van de nuestro lado, siempre están con nosotros, en lo más profundo del corazón. – Sasuke había desactivado el Sharingan, por lo que Naruto no sabía si le veía directamente.
—Supongo que tienes razón.
—Cuando nazca mi hija le llamaré de tal forma que sea el recuerdo vivo de aquellas personas que me amaron tanto en el pasado.
—Hmp. – dijo sin más y Naruto rio.
—Buenas noches, Sasuke. – él le dio la espalda e intentó conciliar el sueño, esta vez sin lágrimas.
—Buenas noches, Naruto. – el vengador se levantó y se dirigió a la cama, en donde Sakura dormía plácidamente.
Se acostó a su lado y le acarició los cabellos con infinita paciencia. La mujer reaccionó y le miró somnolienta.
—¿Qué pasa? – bostezó y dijo con voz adormilada. —¿Otra pesadilla?
—No. – Sasuke cubrió a ambos con las mantas. —No más.
—Me alegro. – dijo para quedarse dormida de nuevo. Sasuke hizo lo mismo.
…
A la mañana siguiente la tormenta cesó. Hinata había recibido el mensaje de parte del sapo, cuyo pobre animal tuvo que vagar casi toda la noche hasta que llegó a dar al hospital.
Hiashi se veía más tranquilo al igual que Hanabi y ahora que se había cerciorado que su familia estaba mejor, tenía que ir con su esposo e hijo. Así que temprano, y aprovechando que el sol quería salir, se encaminó a su domicilio. Antes pasó por la florería de Ino, quien acababa de abrir para que las flores estuvieran más frescas y luego de saludarla un hermoso girasol llamó su atención, lo compró naciendo en ella una idea repentina.
Sin darse cuenta sus pies la llevaron al cementerio de Konoha, en donde se encontró la tumba de su primo. Limpió la lápida de la humedad y se agachó para depositar en un florero la flor.
—Buenos días, primo Neji. – sonrió con cariño. —Te traje esta flor, sé que eran tus favoritas. – se llevó una mano a su vientre y lo acarició con cariño. —Oto-san estaba mal, pero ya se siente mejor. Yo he estado bien… ¿Te cuento una cosa? Estoy embarazada, nuevamente. – se sonrojó ante esto. —Boruto está creciendo fuerte y sano, algún día será tan inquieto como su padre, esperemos que sea igual de perseverante. – rio ante este comentario. —Ojala estuvieras aquí, los días son tan solos sin tu compañía.
—Lo son. – Hinata se sobresaltó al escuchar una segunda voz, miró detrás y se topó con Naruto, quien llevaba a Bolt en brazos y al igual que ella tenía un girasol en su mano. —¿Viniste a traerle una flor? – se acercó y le dio un beso de buenos días. —¿Cómo pasaste la noche?
—Estuve en el hospital.
—¡¿Qué?! – el pánico se disparó en Naruto, recordando la ocasión de su primer embarazo, en el que tuvo que ir a verla a una sala de hospital debido a una infección respiratoria.
—Tranquilo, me encuentro bien. Oto-san fue herido en una misión y fui a acompañarle.
—Ya veo. – se relajó un poco. —¿Cómo está tu padre? – agregó preocupado.
—Mejor, Hanabi se quedó con él.
—Entiendo. – suspiró aliviado. Se agachó y depositó el regalo en el lugar correspondiente. —Soñé con Neji. – comentó de repente. —Le agradecí por todo lo que hizo por nosotros.
—¿Y él… se veía bien?
—Sí, sonreía. – la tomó de la mano, entrelazando sus dedos. —¿Los girasoles eran sus flores favoritas?
—Sí, nunca lo admitía en voz alta, pero le gustaban mucho. En una ocasión me dijo que le recordaban a su madre.
—Himawari. – dijo de pronto Naruto.
—¿Himawari?
—Sí, sería un buen nombre para nuestra hija. – agregó mirando su vientre, subió a Bolt en sus hombros, el niño sonreía encantado.
—Pero, aún no sabemos si será niña.
—Tengo un presentimiento. – sonrió.
—Bueno, pues entonces… si es niña que se llame así. – ella le correspondió.
—Está decidido. – Naruto miró la tumba de Neji. —Nos veremos pronto, Neji. Prometo venir más seguido.
—Yo también.- dijo Hinata.
—Vamos. – Naruto dio media vuelta. —No quiero que te resfríes. – agregó insistente.
—Está bien. – la pareja caminó unida a su hogar.
…
—Hinata. – ambos estaban sentados en el corredor de la casa, contemplado la noche llena de estrellas, pues luego de la tormenta la calma llegó con gala y lujo.
—¿Uh?
—Extraño a mis padres, no hay un solo día en el que no los recuerde, lo mismo con Ero-senin, fue como un padre para mí. Siempre me protegía, me enseñó y educó, para bien o para mal. – agregó riendo. —También a Neji, jamás imaginé que seriamos tan buenos amigos, al principio creía que era un presumido y abusivo de lo peor, pero luego comprendí el por qué era de esa forma. Siempre le estaré agradecido.
—Yo igual. – confesó.
—Pero a pesar de todo no me duele ya casi, porque cada vez que pienso en ellos, siento una calidez en mi pecho, ¿Sabes por qué?
—Porque ellos te amaron tanto que ese sentimiento nunca morirá. – explicó ella. —Podremos olvidarnos de sus nombres, de sus rostros, incluso de su existencia, pero jamás olvidaremos ese sentimiento tan profundo e importante. – Hinata se recargó en su pecho. —Nuestro corazón nunca los olvidará.
—Es cierto. – Naruto recargó su mejilla en la cabeza de su esposa. —Ya no puedo esperar para ver a Himawari. – agregó de la nada provocando una carcajada tímida por parte de su mujer.
—No falta tanto. – consoló, pues lo mismo había pasado en el embarazo de Bolt.
—Lo sé. – rio Naruto. Todavía faltaba para conocer a su hija, pero mientras esperaba, sería paciente y recordaría a aquellos que amó y seguía amando, pues después de todo, tal como Hinata le había dicho, en noches como estás, su corazón sentir todo el calor que sólo el amor de otros podía proveerle.
Y muy pronto le daría espacio para su hija, que poco a poco se las arreglaba para crecer y darse un espacio especial en el corazón de sus padres.
Fin.
¡Himawari está en camino! ¡Que lindo! Espero que les haya gustado, decidí involucrar un poco a Sasuke y Sakura en este capítulo, pues sería algo así como un especial de amigos y familia. Nos veremos en el proximo capítulo o actualización.
Ja ne.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
