Tuve algunos problemas con este capítulo más que nada por el tiempo... la Universidad es un monstruo cruel y despiadado que me aleja de mi adorado tiempo de ocio sin sentido. Estuve en temporada de exámenes y adelantando a otro proyecto que tengo que estoy haciendo y que espero poder sacar adelante pronto, además del hecho de que me fui a un tipo de "intercambio extranjero" a Francia y sinceramente mandé al carajo todo lo que no tuviera relación con eso.
Sin más, espero que disfruten el capítulo.
PD: En mi mente, Gennai sigue en su versión de "hombre joven". ¿Por qué? Eso lo explicaré en la historia. Debo agradecer esto a mi clase de inteligencia artificial que me dio una visión mucho más amplia y me hizo entender mejor a lo que se refieren con los de la clase de Gennai. (Sorry, trato de no hacer spoiler)
Disclaimer: Ni Digimon ni sus personajes me pertenecen. Lo único que me pertenece es la trama a desarrollar y los personajes que han sido de mi invención al igual que de Jani-Shimizu/ShimizuStar, quien me hizo el favor de dejarme utilizar a dos de sus personajes (Kokone Kominato y Yoshiro Igarashi) para esta historia.
Digimon Legends
Capítulo 2
- Preguntas sin respuestas -
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¿Qué significaba esto? No estaba acostumbrado a no entender el porqué de las cosas, a no poder encontrar una explicación lógica a los sucesos, a no saber cómo actuar ante la situación a la que ahora se enfrentaba… no había sentido tanta impotencia desde hace décadas. Se sentía perdido, igual que en aquellos días de oscuridad, caminando a ciegas por un camino sinuoso, pero al menos en esos tiempos de desolación sabía que había una luz al final de camino, una entidad que le había dado un fin, una misión, una comunicación con instrucciones a las cuales aferrarse, en cambio ahora estaba completamente en blanco, no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba pasando… no, mentía, sí que lo sabía, la respuesta estaba justo en frente de él, brillando cual rayos de sol, tan radiante que no estaba seguro de poder sostener la mirada por mucho más tiempo.
La respuesta era obvia, el Digimundo estaba en peligro. ¿Cuál era la interrogante entonces? No tenía ni la menor idea.
– Gennai. – Lo llamó el digimon a su lado, su voz firme pero sin poder esconder el desconcierto y la intriga en su tono al pronunciar el nombre de aquel ser – Esto es… – El de apariencia humana se tensó ante esas palabras y su mandíbula estaba tan apretada que no le sorprendería que esta comenzase a romper en cualquier momento, se limitó a asentir con la cabeza aún con la mirada fija en esos objetos que brillaban con tanta intensidad – ¿Cómo? – Pronunció anonadado de nueva cuenta el ser digital después de unos minutos en silencio, temeroso de la respuesta que pudiera obtener pero a la vez preparado para lo que se avecinara.
Gennai se limitó a negar con la cabeza mientras agachaba un poco la misma no pudiendo esconder esa impotencia y frustración que había estado sintiendo con sigo mismo desde esa mañana en las ruinas que habían recién descubierto, donde todo este desastre había comenzado. ¿Cuánto tiempo había estado viviendo en la ignorancia para no darse cuenta de lo que tenía justo en frente de sus ojos? Ni siquiera sus muchos clones que tenía dispersos en todo el mundo digital habían reportado nada similar. Eso le preocupaba y en cierta forma le aterraba la idea que esa fue la última vez que pudo escuchar a los entes de luz.
– Si no tengo las preguntas, mucho menos las respuestas. – Sentenció con derrotismo – Sólo queda esperar. –
El digimon lo vio con preocupación y acto seguido volvió a dirigir su mirada hacia el prominente resplandor. Una luz tan cálida como preocupante.
Esto era mucho más grave de lo que pensaba.
[…]
Oscuridad, era lo único que había, acompañado de un silencio sepulcral, su percepción de tiempo y espacio estaba totalmente desorientada por no decir que era prácticamente nula, y por si fuera poco, su cabeza le daba vueltas una y otra vez como una jaqueca infernal que se negaba a desaparecer. Podía hasta asegurar que después de que aquella misteriosa luz tan incandescente surgiera de la fuente del parque de forma tan repentina, había quedado ciego... viéndole el lado positivo, gracias a su ensombrecida visión ya no tendría que verle la cara de culo a ese maldito güerejo que había tirado su balón al interior de la fuente... inconscientemente sus labios comenzaron a curvarse en una sonrisa ante ese pensamiento.
– Ugh... –
Hasta sonreír le dolía.
– Oye. –
Alguien lo llamaba, alguien a quien nunca había escuchado exigía su atención, se oía alarmada, con un deje de preocupación y curiosidad mezclados, era la voz de una chica eso era seguro por la tonalidad suave que esta poseía, pero ¿En dónde se encontraba realmente? ¿Quién era la dueña de esa demandante pero a la vez delicada voz?
¿Por qué no podía abrir sus ojos? ¿Por qué sentía como si sus parpados pesaran más de una tonelada cada uno? Ya estaba harto de todo y esa voz que producía un eco interminable en su mareada cabeza no lo ayudaba a mantener la serenidad y compostura que tanto necesitaba. Finalmente y con dificultad, logró enfocar su visión a su entorno, y con lentitud parpadeó un par de veces... Ahora sí que estaba confundido.
Takuto se fue reincorporando con sumo cuidado, claro que con un poco de ayuda de la dueña de la voz que lo había sacado de su aparente estado de inconsciencia, observando atónito el ambiente que lo rodeaba ¿Esto debía tratarse de una broma cierto? Un sueño quizás ¿Pero que eso fuera realidad? Era más probable que fuera un montaje para una broma muy pesada de cámara oculta… a su alrededor se encontraban arboles enormes y tupidos, rodeados de una extraña pero a la vez colorida vegetación de ambiente templado junto a extravagantes arbustos que formaban parte de la fauna habitual de los bosques del Digimundo.
– ¡Despierta de una puñetera vez! – Exclamó un muchacho al cual sí era capaz de reconocer para su desgracia, y que acababa de propinarle un buen golpe en la cabeza para "sacarlo de su trance" – Tu estado de zombie retrasado no está ayudando. – La exasperación de su voz era palpable y ciertamente, cómo el mismo rubio acababa de señalar, su propio ataque de nervios tampoco aportaba nada de utilidad para ayudarlos a entender lo que había sucedido o resolver su situación.
Sabía que no era momento pero tampoco iba a soportar que el rubio de bote lo tratara como a un saco de boxeo sin voluntad.
– ¡Y tus nervios y ataques de histeria son cero aporte! –
– No. – La chica soltó en un hilo de voz – No peleen. – Estaban pasando de ella olímpicamente mientras discutían y competían por decirse la mayor ofensa entre ellos – Escuchen por favor. – Suplicó ya un poco más demandante pero siendo ignorada de nueva cuenta, obteniendo una negativa por parte de los dos chicos a pesar de sus esfuerzos… definitivamente no había visualizado esto en su deseo. Suspiró y sin más, posicionó sus dedos de cierta manera en su boca que al soplar produjeran un silbido tan fuerte y agudo que les sorprendería que no hubiera despertado a todos los digimons de la zona.
– Siempre me he preguntado cómo hacen eso. – Comentó el de los goggles tratando de colocar sus dedos en una posición para poder imitarla pero sin éxito.
– Pelear entre nosotros no resolverá nada. – Habló la chica atropelladamente – Si los tres estamos en la misma situación deberíamos trabajar juntos para solucionarlo, no atacarnos. –
Luego de unos momentos de un incómodo y tenso silencio entre los presentes Taiga se decidió a abrir la boca finalmente.
– ¿Y cómo planeas hacer eso? – Dijo cruzándose de brazos y alzando una ceja.
Yumemi dio un respingo y bajando su mirada se encogió en sí misma, tratando de ignorar esa inquisitiva e intimidante mirada que tenía el rubio sobre ella, y ante esto el chico no hizo más que soltar un bufido y dedicarle una sonrisa socarrona.
– ¿Lo ves? Si no sabes, no hables. – Le recomendó como si estuviera dando una importante lección de vida, provocando que ante cada palabra la de ojos negros se sintiera cada vez más estúpida por haber intervenido – Calladita te ves más bonita. Nunca lo olvides y llegarás lejos en la vida. –
Esta vez un escalofrío recorrió la espalda de la muchacha mientras seguía reprendiéndose mentalmente por lo que a los ojos de aquel petulante joven parecía lo más idiota y sin sentido del universo ¿Acaso haber pedido que detuvieran su absurda pelea entre ellos había estado tan mal que ahora el objeto de la ira del de cabellos claros era ella?
Viendo la tensión que se había propagado en el ambiente, Takuto decidió que era tiempo de intervenir, esta vez con algo más coherente y benéfico para todos.
– Ya es suficiente. – Habló determinante y esta vez posicionándose entre el ojicafé y la de cabellos azulados – Lo que ella sugiere es realmente lo que necesitamos hacer, tenemos que poner las piezas del rompecabezas juntas por más infantiles que algunos sean. – Dirigió una mirada mordaz a su mejor amigo en el mundo, hablando sarcásticamente claro está, que igualmente le regresó la mirada con la misma intensidad – Tenemos que encontrar… –
Justo antes de que el moreno terminara la frase, un grito muy agudo hizo eco en el bosque, un grito tan lleno de desesperación y miedo, les taladró los oídos a los tres jóvenes y los embargó de ese sentimiento de preocupación ante lo que ese alarido lastimoso pudiese significar.
– ¡Vamos! – Exclamó el castaño emprendiendo su marcha siendo guiado por los constantes gritos que resonaban con cada vez más frecuencia, siendo seguido de cerca por la Murasaki.
– ¿¡Están locos!? – La voz del tercero los alertó y detuvieron su carrera – Si alguien grita así no es por nada. Lo más lógico es correr en la otra dirección ¡Ir hacia allá es suicidio! – Gritó tratando de hacer entrar en razón a esos dos que el ya calificaba como unos locos maniáticos y ahora suicidas. ¿Qué había hecho él para tener que lidiar con esa clase de gente?
Estaba harto, ese niño bonito ya lo tenía atravesado a más no poder, esto se acabaría aquí y ahora, fuese de la manera que fuese.
– Escúchame bien quejica. – Gruñó tomándolo de ambos lados de la chaqueta para poderlo encarar mejor – Hace menos de 10 minutos estábamos como si nada en uno de los parques de Odiaba, y por magia digimon aparecimos aquí sin la necesidad de utilizar un Digi-Translator. Podemos pensar que fue una falla en el sistema y que puede que haya más personas en nuestra situación por ahí perdidas o… ¡Por el amor de los digimons legendarios! Es el día de los digielegidos ¿Qué tu diminuto cerebrito del tamaño de un cacahuate no procesa que hay más personas en el Digimundo celebrando el día? ¿Personas que nos pueden ayudar? ¿O tan siquiera ayudar a alguien motivado por la empatía? ¿No puedes auxiliar a alguien más que no sea tu cabello? – Arremetió soltándolo con brusquedad, la chica se limitó a mirarlos con los ojos bien abiertos y sin decir palabra alguna. Ya había aprendido que entre ellos no volvería a meterse – ¿Sabes? Has lo que te venga en gana. – Volvió a trotar hacia la dirección de donde proveían los gritos – Si tienes forma de regresar por tu cuenta, perfecto… Yo no la tengo. – Admitió para después ponerse a correr tan rápido como podía. La muchacha un poco dudosa ante esas últimas palabras que había soltado el moreno de forma tan amarga, lo siguió unos cuantos metros atrás, sabía que ella tampoco tenía la posibilidad de regresar a la Tierra por cuenta propia así que lo mejor sería pegársele al muchacho de los goggles que en todo caso se veía más accesible que el rubio malhumorado.
El Hakimoto resopló con molestia y se cruzó de brazos viéndolos alejarse de a poco. Aunque no quisiera reconocerlo, muy en el fondo sabía que el torpe y atrabancado chico de goggles estaba en lo cierto, no era posible que fueran los únicos en todo el Digimundo justo en el día de los niños elegidos, al menos debería estar el personal encargado de impartir el servicio de Digi-Translators y el mantenimiento de estos, y como había dicho bien… no tenía forma de regresar por él mismo. No tenía un digivice que lo identificara en los Digi-Translators, no podía cruzar la puerta sin él, cuando iba al mundo digital siempre iba acompañado de alguien que tuviera uno para así asegurar su regreso, si bien una falla en el Digi-Translator del centro del parque natural pudo haberlo llevado a esa extraña situación junto con el cabeza hueca de pelos locos y la mudita, lo último que necesitaba era perderse en la arboleda, aunque bien podría esperar de brazos cruzados a encontrarse con alguna otra persona, pero eso arruinaría su itinerario de citas con las chicas más guapas que conocía, no iba a arriesgarse a perderlas por nada del mundo. Maldijo por lo bajo.
– Existen personas con mala suerte. – Suspiró derrotado – Y luego estoy yo. –
Dicho esto emprendió su carrera por alcanzar a los dos suicidas con los que muy a su pesar, tenía que agruparse. Igualmente solo tenía que seguir los gritos y lloriqueos que cada vez eran mucho más audibles.
El trío de jóvenes no tardó en llegar a un claro junto a un enorme lago. Tendidos en el suelo se encontraba un joven de cabellera azabache y una chica de resplandeciente melena dorada que al parecer se encontraban, a pesar de los gritos de la otra muchacha presente, inconscientes. La tercera persona que se encontraba de rodillas en el suelo no muy alejada de los otros dos, era una joven de pelo cenizo adornado por una elegante cinta rosada, la cual gritaba como si la estuvieran matando y claramente estaba al borde de las lágrimas. ¿Qué demonios les había pasado?
Los tres se le acercaron a la que estaba haciendo todo ese escándalo alarmados de lo que la hubiera podido inducir en tal estado.
Takuto fue el primero en alcanzarla e hincándose a su lado la tomó de los hombros con toda la delicadeza que le fue posible en ese momento, que ciertamente no era mucha, tan solo para comprobar que sus orbes marrones estaban desorbitadas, al parecer la pobre estaba experimentando un ataque de pánico. Alarmado giró su rostro hacia sus acompañantes y tratando sonar lo más seguro que le permitía su voz habló finalmente.
– Ayuden a los otros y comprueben que su estado no sea nada serio. –
Yumemi acató sus órdenes a la primera, asintiendo en forma de entendimiento y mientras él la seguía con la mirada cuando ella se dirigía hacia el pelinegro que estaba tendido unos metros hacia su derecha pudo apreciar como otras tres figuras humanas se abrían paso entre la arboleda para llegar al claro, al parecer no habían sido los únicos que habían escuchado los gritos y que estaban dispuestos a ofrecer una mano.
Volvió a girarse hacia la traumatizada chica que tenía entre sus brazos y que no dejaba de balbucear incoherencias.
– No pasa nada. – Habló tratando de calmarla, las palabras no eran su fuerte, hasta él mismo se haría burla de lo torpe que sonaba y lo lento que era para ese tipo de cosas – ¿Te encuentras bien? ¿Qué fue lo que pasó? –
Pero antes de que pudiera contestarle, una mano lo tomó de la parte de atrás de su playera y lo hizo a un lado con tanta brusquedad que le sorprendió no haber caído y darse el tortazo de su vida.
– ¿¡Pero a ti qué te pasa!? – Reclamó enojado ante las acciones de su mejor amigo en el mundo mientras recuperaba el equilibrio y agitaba los puños furioso.
El mencionado se limitó a chasquear la lengua con molestia y con una mano en la cintura y la otra apuntándolo de forma acusadora soltó sus argumentos.
– Si tú crees que voy a dejar que te salgas con la tuya y aproveches la situación para quedarte con la chica linda, estás muy equivocado. – Finalizó sacándole la lengua de una forma tan infantil que ni siquiera Takuto hubiera consentido hacer.
– ¡Idiota! Ese no es el punto ahora. – Reprendió mientras manoteaba en el aire – Ella podría tener un ataque de pánico serio o estar herida. Sí, es linda pero no por eso no define quien puede o no ayudarle, no es momento para tus superficialidades fuera de lugar –
Es que en serio, no sabía si este tipo era de verdad, nadie podía ser tan hueco.
– ¡Exacto! – Le dio la razón sorpresivamente – Y lo que está fuera de lugar aquí eres tú. Así que lárgate y déjanos solos… Shoo~ – Hizo un gesto con la mano tratándolo como si fuera un perro al que ahuyentar. Tarde o temprano su puño iba a romperle esa cara de la que estaba tan orgulloso.
– ¡Eres un…! –
Si bien Takuto estaba harto de él, Taiga sentía exactamente lo mismo hacia el moreno, así que sin pensarlo dos veces le dio un ligero empujón para alejarlo del lugar.
– Dime preciosa. – Pronunció ignorando al otro presente – ¿Te dolió la caída? –
Y esas palabras fueron suficientes para despistar al castaño ¿Caída? ¿Qué caída? Si cuando llegaron ella ya estaba de rodillas en el suelo ¿O no? Ahora sí que estaba confundido y estaba pensando en la posibilidad de conseguirse un par de gafas. Tal vez no era mala idea dejar al niño bonito ocuparse de la situación, al menos hasta comprobar sus problemas de visión.
– Porque si un ángel como tú cayó del cielo, no debió ser nada fácil, más aun conservando tu belleza intacta. –
Y esa fue la gota que derramó el vaso. Takuto se limitó a levantar una ceja y a poner sus brazos detrás de su cabeza.
– ¿Es en serio? ¿Eso es lo mejor que tienes rubio de bote? – Negó con la cabeza y lo miró con burla y desaprobación – Esa es la frase más cutre y gastada de todos los tiempos. –
– ¡A ti nadie te preguntó! –
– No es mi culpa que tengas frases para ligar gastadas y baratas. Hasta yo hubiera podido hacerlo mejor. –
– No me hagas reír. – Bufó sonriendo con suficiencia – Esto es lo más cerca que podrás estar de una belleza como ella. –
Y mientras ambos jóvenes volvían a insultarse como si no hubiera un mañana la chica que hasta ese entonces permanecía con oídos sordos hacia todo lo que la rodeaba y gritando y gimoteando como una histérica, habló de forma coherente, llamando la atención de los dos muchachos que en el instante que escucharon su voz con claridad guardaron un silencio total y centraron toda su atención en la de ojos marrones.
– Duele. – Pronunció con total claridad.
Tanto el rubio como el Cataño se miraron interrogantes y tragaron saliva nerviosos.
– ¿Qué te duele? – Preguntó Takuto con decisión.
– Me duele mucho. – Susurró esta vez con la voz dolida.
– ¿Qué te duele? – Taiga formuló la misma pregunta.
– ¿¡Qué no ven!? – Se giró la chica para encararlos directamente por primera vez, extendiendo su brazo para que este les fuera completamente visible y comprendieran la razón a la que se debía su sufrimiento.
Ambos miraron con asombro el brazo de la muchacha… estaba en perfecto estado. No había nada fuera de su lugar, ni un raspón, cortada, moretón, inflamación o sangre, y la rotura del brazo estaba completamente descartada puesto que si ese fuera el caso ni siquiera podría moverlo.
– ¿Qué tiene de raro? – Inquirió el moreno con los ojos bien abiertos aún sin entender.
– Es un lindo brazo. – Admitió el otro con una sonrisa boba en su rostro, recibiendo una mirada reprobatoria del de ojos castaños por perder el punto clave de la situación.
– ¡No me duele el brazo! – Negó con la cabeza frenéticamente – ¡Es mi mano! – Les acercó la mano a solo unos centímetros de sus rostros provocando que estos casi retrocedieran ante lo rápido que esta se levantó y realizó tal acción – ¡Mi mano! – Volvió a exclamar para hacer énfasis.
Los chicos enarcaron una ceja al mismo tiempo, puesto que su mano estaba en tan buen estado como el resto del brazo, incluso podían oler la esencia dulce de su piel aromatizada.
– ¿Has considerado ser modelo de manos? – Aduló el rubio. Recibiendo un coscorrón por parte del joven de goggles.
– ¿¡Con esto!? ¡Mi mano ha quedado deforme! – Expresó con pesar y con lágrimas formándose en sus cuencas al mismo tiempo en que retraía su mano hacia su pecho.
– Pues yo no veo nada. – Admitió frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.
Y tan pronto como Takuto dijo eso sintió como un aura oscura comenzaba a emerger de la muchacha que ahora lo veía con una furia indescriptible. No quería admitirlo pero se veía intimidante, quien iba a pensar que detrás de esa fachada de la niña más guapa del universo se encontraba un monstruo sediento de sangre y destrucción.
– ¿Es que estas ciego? – Dijo mientras se acercaba hasta quedar de frente a él y mostrarle su mano derecha mientras señalaba hacia su dedo índice con la mano izquierda – ¡Mi manicura francesa está arruinada! – Anunció a todo pulmón con una tristeza incontenible – Duele como no tienes idea. Y más duele lo que pagué por este hermoso trabajo de calidad – Pronto su rostro cambió de enojo a uno de miedo y preocupación, llevándose las manos a la cara – ¡El concurso! No puedo participar así… ¡Sería el hazmerreír de todos! –
– … –
– … –
– ¡Estas de broma! – Gritó sin poder soportarlo más – ¡Tanto jodido drama por una mala manicura! –
– ¡Claro que no! – Se defendió la acusada – Era una manicura perfecta… ¡Pero ahora está arruinada! –
– ¡Es la misma cosa! –
– ¡Solo un gorila pensaría eso! –
– ¡Pues tal vez este gorila tenga un poco más de sentido común! –
– ¡O tal vez ni siquiera sepa lo que la palabra "manicura" significa! –
– ¡Por lo menos no tiene que preocuparse por eso! –
– ¡Y parece que ni siquiera se preocupa por su apariencia al llevar unos goggles tan pasados de moda y ridículos! –
Takuto la miraba sin poder creerlo ¿Tanto escándalo por eso? ¿Estaban discutiendo por uña rota? ¿Eso era todo? Su cabeza iba a explotar, en serio, ya lo veía venir. Por su salud mental decidió que era momento de alejarse de la situación a pesar de lo mucho que le dolía dejarla estar con la última palabra dicha de una manera tan ridícula, pero sabía que si seguía hablando, de su boca saldrían una sarta de insultos que estaba seguro ninguno de los presentes, ni siquiera él mismo, debería escuchar, incluyendo el hecho de que su madre siempre le había dicho que tenía que ser más considerado con las mujeres. Apretando la mandíbula para evitar que de su boca salieran más palabras que motivaran esa ridícula conversación, se dio media vuelta encontrándose con la mueca burlesca del rubio, sin embargo eso no le importó y para sorpresa de su compañero, el castaño se le acercó con una cara de total seriedad.
– Toda tuya. – Le informó dándole unas palmaditas de ánimo en la espalda y se alejó del lugar lo más pronto posible antes de que comenzara a arrancarse el cabello de la frustración que sentía. Definitivamente debería mantenerse alejado de esos dos.
[…]
No muy apartados de la discusión de Takuto, Taiga y Mei, se encontraban Yumemi y los recién llegados auxiliando a los que aún se encontraban inconscientes en medio del claro, los cuales, ante los obvios gritos de aquel particular trio que mantenía su disputa a todo lo que daba, prefirieron ayudar a los demás antes que intervenir entre los muchachos, nadie era lo suficientemente tonto o suicida para hacerlo.
Mientras Yumemi se hincaba junto al muchacho de lentes y trataba de moverlo un poco para que este quedara recostado bocarriba y que no permaneciera en esa incómoda posición, para de esa manera proseguir a hacer que recuperara la conciencia, pudo apreciar que entre los tres jóvenes que acababan de aparecer, igualmente atraídos por los gritos de la castaña, una muchacha de larga cabellera azabache les dijo algunas palabras al pelirrojo y al castaño que la acompañaban, los cuales se limitaron a asentir y a dirigirse hacia la chica rubia que aún estaba tendida en el suelo pero en dirección opuesta, mientras que la de cabello negro corría hacia su dirección, a brindarle una mano con el chico que estaba intentando despertar.
– ¿Cómo lo ves? –
Interrogó la recién llegada a la peliazul, presionando sus dedos índice y del medio en la muñeca izquierda del chico para comprobar su pulso.
– Al parecer no tiene ningún daño físico, no vi marcas o rasguños cuando lo moví. –
– Bien… Su pulso no muestra nada extraño y respira con normalidad. – Suspiró soltando la muñeca del afectado para después tentar un poco en su cabeza buscando alguna prominencia que le indicara que ésta se hubiese impactado en algo, para su alivio todo parecía estar en orden – ¿Tú estás bien? –
Yumemi se sorprendió un poco ante las palabras de la ojiverde, nadie le había preguntado por su estado desde que despertó en medio del bosque junto a un rubio histérico y un moreno más dormido que despierto.
– Sí. – Contestó en un susurro – Un poco adolorida pero estoy bien. –
– Me alegro. – Suspiró sacando un pequeño frasco de su bolsillo con un líquido transparente dentro – Nos alarmamos cuando escuchamos los gritos. – Confesó mientras abría de a poco el frasco.
Yumemi trató de seguirle la conversación pero la curiosidad por saber del contenido de aquel frasco la carcomía por dentro.
– ¿Qué es eso? –
Mikoto parpadeó un par de veces desconcertada para luego dirigir su vista al pequeño contenedor.
– ¡Ha! Esto… Es alcohol etílico. –
– ¿Siempre traes eso contigo? – Preguntó sorprendida la peliazul. Sabía de la existencia de personas precavidas, pero ¿Cargar alcohol etílico a todas partes no era exagerar? ¿Y más para una adolescente? Aunque eso les venía como anillo al dedo en la situación en la que se encontraban, pero no era algo común de ver todos los días.
La de ojos jade sonrió de lado y negó con la cabeza, transmitiéndole la negativa.
– No es mío. – Contestó con calma para después girarse un poco y señalar hacia el otro extremo del claro, en donde los dos muchachos que llegaron con la pelinegra, ayudaban a sentarse a la pequeña rubia que aún parecía estar un poco atolondrada – ¿Ves al pelirrojo? – Lanzó la interrogante, obteniendo un asentimiento por parte de su acompañante – Tiene un par de estos frasquitos. Así fue como me despertó hace rato. – Explicó como si fuera de lo más casual del mundo – Tiene una mochila deportiva con el logo de Cady… supongo que ha de ser alguno de sus atletas, no lo sé, no le conozco de antes… pero eso explicaría el por qué los tiene en su mochila, posiblemente prefiera prevenir a lamentar cuando hace deporte. –
– Entonces ustedes… Yo creí… Eso significa… –
Las palabras simplemente se atoraban en su garganta. Yumemi juraba, o al menos tenía la esperanza, de que ellos tres fueran de las personas que habían venido al Digimundo a festejar el día, sin embargo, por el contexto utilizado por la mayor, lo único que podía deducir era que al igual que los demás presentes, habían llegado al mundo digital así sin más, esto ya comenzaba a ponerla de los nervios… tenía un mal presentimiento.
Mikoto se encogió de hombros y posicionó el pequeño frasco a una distancia prudente de la nariz del chico, quería despertarlo, no ahogarlo o drogarlo en ese horrible y penétrate olor que despedía el alcohol.
– No lo sabemos. – Se limitó a decir para meditar un poco sus siguientes palabras – Lo único en lo que coincidimos, es que ninguno llegó aquí por su propia voluntad. –
Dicho esto, la de ojos negros bajó levemente la cabeza, no se habían dicho nada en concreto, nada estaba claro, pero el simple hecho de tenerlo en consideración bombardeaba su cabeza con más y más interrogantes hasta quedar inundada. Cuando quiso volver a hablar un ruido gutural se interpuso en su camino. El muchacho había despertado.
– ¡Ups! Demasiado cerca. – Se dijo la azabache a sí misma, retirando de golpe el frasco con alcohol – Lo siento ¿Te encuentras bien? –
El joven de ojos azules seguía tosiendo aunque ahora con menor brusquedad, poco a poco su nublada vista se fue aclarando, pero al ver dos rostros completamente extraños a una cercanía tan próxima lo único que atinó a hacer fue dar un respingón tratando de retroceder, y como toda acción conlleva a una reacción, el muchacho volvió a caer de espaldas contra e piso. Rodó sus ojos y observó a su alrededor, era un ambiente totalmente diferente al del parque natural central de Odaiba, un ambiente que reconocía bien, el Digimundo.
– ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? ¿Cómo fue que…? –
Ambas chicas se miraron ante la interrogante del joven no sabiendo cómo decirle que muy a su pesar ninguna tenía la respuesta a eso, simplemente suposiciones.
– Tal vez quieras sentarte primero. – Contestó Mikoto, desconcertando aún más, si es que se podía, a Ryuta.
[…]
Cuando llegaron al claro guiados por los gritos ensordecedores de una muchacha y vieron a los otros dos jóvenes tirados en la tierra, Mikoto se apresuró a pedirle a Hikaru uno de los frascos de alcohol etílico que había utilizado con anterioridad en ella y les pidió tanto a él como a Yoshiro que se aseguraran del estado en el que se encontraba la niña rubia mientras ella iba a auxiliar a la peliazul con el otro joven, la cual por su expresión facial se podía deducir que su nerviosismo la estaba consumiendo.
Y mientras la Tsukehara se abría paso hacia el otro extremo del claro, los dos muchachos restantes cambiaron su rumbo hacia la chica a su izquierda.
Ambos la movieron un poco y con sumo cuidado para que esta quedara acostada sobre su espalda y con la cabeza en posición recta con la mirada hacia el cielo, fue ahí donde algo hizo "click" en el cerebro del pelirrojo… ¡Era la chica con la que se había chocado en la calle! A la que por seguirla tratando de regresarle su Digi-D-Ary había terminado metido en ese embrollo.
Tanta había sido su sorpresa que descuidadamente soltó el pequeño contenedor de alcohol, por suerte el de ojos violetas contaba con unos reflejos impresionantes gracias a la horas invertidas en los videojuegos y pudo atrapar el frasco sin problemas. Justo iba a preguntarle a su compañero que chuchas le estaba pasando cuando este comenzó a hablar.
– ¡Es ella! –
El de cabellos castaños parpadeó un par de veces sin entender. Miró a la rubia que se encontraba inconsciente tan solo para regresar su vista al joven que tenía en frente.
– ¿La conoces? –
– Conocer, buscar, perseguir, encontrar, atropellar, tirar, tu hombría yéndose por el caño… puedes llamarlo como quieras. – Comenzó a balbucear mientras buscaba cierto objeto en su mochila deportiva, siendo observado por Yoshiro, creyendo este que el pelirrojo había perdido la cabeza – ¡Aha! Lo encontré. – Exclamó sacando el Digi-D-Ary.
–…–
–…–
–… No juzgo tus gustos por tener uno, pero ¿no podías al menos haberte conseguido uno de otro color? –
Y Hikaru casi cae sobre su espalda por el comentario del castaño ¿de verdad tenía esas pintas?
– ¡No es mío! – Exclamó negando con los brazos enérgicamente, y pensar que su día había comenzado tan prometedor – ¡Es de ella! Al menos creo que es de ella… quería devolvérselo y por eso la seguí. – Genial… ahora había sonado como un maldito stalker acosador – Ok eso sonó mal… –
Y mientras Hikaru seguía divagando provocando que la sonrisa de Yoshiro de ensanchara más ante cada palabra, el ajetreo que este estaba causando había sido suficiente para hacer que Kokone recuperara la conciencia sin la necesidad del alcohol etílico.
– Ngh… –
Ese quejido fue lo único que necesitaron ambos chicos para fijar su mirada en la recién despierta rubia, la cual aún pestañaba constantemente tratando de adecuarse a la luminosidad del espacio en el que se encontraba. Entreabriendo sus parpados un poco, giró su cabeza ligeramente a la izquierda para toparse con unas orbes violetas, sin embargo su alrededor aún seguía borroso, pestañeó de nuevo y esta vez giró hacia la derecha, observando esta vez un par de ojos dorados que cuando fue capaz de enfocar con el hasta entonces borroso trasfondo, cayó en cuenta de que conocía, al menos de vista, al dueño de esas orbes color caramelo y fue entonces que se volvió consiente de su situación, la chica ahogó un grito y en un acto reflejo se sentó de golpe… literalmente de golpe, ya que debido a lo rápido que realizó sus acciones provocadas por el pánico, se sentó de una manera tan brusca y rápida que no solo le causó un terrible mareo, sino que como la cereza que decoraba su pastel, chocó su frente contra la del pelirrojo y en efecto ambos se llevaron un potente cabezazo junto con una placentera jaqueca de regalo, simplemente hermoso.
Tanto Kokone como Hikaru terminaron tendidos en el suelo en un estado de K.O. Yoshiro se limitó a verlos alternadamente y después de reírse un poco por la escena consideró que era momento de despertarlos, aunque por razones obvias primero acercó el frasco de alcohol hacia el pelirrojo, ya que temía que si comenzaba con la rubia este se llevaría un destino igual o peor que el de su compañero, y si eso pasaba al menos quería que alguien estuviera ahí para proporcionarle una vida extra después de su doloroso game over de inconciencia.
El Shiraiwa no tardó el despertar con la ayuda del otro muchacho, eso sí, con su inseparable jaqueca de por medio y un posible chipote en la frente, incluso pensó que podría llegar a hacerle competencia a un Unimon, no había sido suficiente el haber sido brutalmente tacleado por una niña que obviamente era menor que él, no, ahora también lo había noqueado de un cabezazo, agradecía que ni Suichi ni Arata hubieran estado presentes ya que sus burlas serían eternas, pero de su cuenta corría que estos nunca se enterasen.
Posteriormente volvieron a su plan original y utilizaron el pequeño recipiente de alcohol para que la Kominato volviera en sí. Igual que la vez anterior, la chica abrió los ojos con lentitud, pero ahora dirigió ambas manos hacia su frente con una mueca de dolor en el rostro… Hikaru la miró con tristeza, el comprendía su dolor, mientras que Yoshiro trataba de reprimir su sonrisa, pues sabía que el karma siempre jugaba sucio. Un poco más calmada, aceptó la ayuda de los jóvenes que la ayudaron a incorporarse y a quedar sentada sin la necesidad de que alguien más saliera herido.
– ¿Qué… qué pasó? – Preguntó un poco aturdida – ¿Estamos en… en el Digimundo? – Miró el entorno y con sus ojos azules reflejando preocupación y desconcierto se atrevió a musitar – ¿Por qué? –
Hikaru se limitó a rascarse la nuca mientras negaba con la cabeza, Yoshiro por su parte la miró directamente y apenado por la situación le confesó lo evidente.
– Es lo mismo que nosotros nos preguntamos. –
Eran 9 jóvenes, 9 personas tan diferentes entre sí que parecía broma que les hubiera tocado pasar por esto juntos, pero esos 9 individuos tenían algo en común y eso estaban por descubrirlo.
[…]
– Entonces… esperen, me perdí, eso ya no lo entendí… – Sinceró Takuto.
– Que novedad. – Se burló el rubio, recibiendo una mirada de eterno odio y desprecio por parte del aludido.
– Hey córtala. – Intervino Hikaru – En sí es algo difícil determinar qué fue lo que pasó y cómo debemos proceder, no es sencillo digerir todo de a una… y te aseguro que más de uno necesita que lo repitan ¿o me equivoco? – Dijo esto último alzando una ceja, tratando de ser lo más sutil posible en su comentario que evidenciaba que había dado en el clavo al sospechar que para el Hakimoto tampoco había quedado del todo claro lo que se estaba hablando.
El rubio resopló con molestia cruzándose de brazos al ver truncada la única fuente de diversión que lo distraída de su desastrosa situación, que precisamente era burlarse del chico de goggles, tal vez tendría que plantearse hacer algo con el pelirrojo también.
– Recapitulando. – Habló Mikoto regresando la atención al tema que se suponía era el centro de su conversación y que habían estado discutiendo desde hace ya un rato – Todos coincidimos en que ninguno de nosotros vino al Digimundo por voluntad propia ni había llegado aquí antes te de que esto sucediera… todo fue en el mismo tiempo y lugar. – Habló con serenidad y ante cada afirmación los presentes asintieron sin decir palabra – Todos estábamos en el parque natural central de Odaiba alrededor de las 5:00 pm. – Nuevamente un asentimiento grupal – Finalmente estuvimos presentes cuando una extraña luz emergió de la fuente que se encuentra en el centro del parque y después de eso… –
– Henos aquí. – Interrumpió Ryuta.
– Exacto. – Finalizó la pelinegra.
Hubo un silencio entre los 9 jóvenes, un silencio tan pesado que era casi irreal que la castaña que hasta hace unos minutos había sido presa de un ataque de histeria por culpa de una uña rota, estuviese de lo más tranquila e incluso se diera el lujo de tararear una canción. Finalmente cuando se dio cuenta de la mirada ausente y consternada de sus acompañantes, con un deje altanero en su voz decidió que era tiempo de iluminar sus mentes.
– Es una tontería. – Exclamó con una sonrisa, descolocando a los demás – Parece que se les olvido lo evidente. – Comenzó a juguetear con un mechón de su cabello – Fuese lo que fuese que estuviera mal con los Digi-Translators, tan solo necesitamos una cosa para regresar y no tener que volvernos a ver las caras en lo que nos queda de existencia… un digivice. Basta con que alguno de nosotros saque el suyo y c'est fini* –
Nuevamente un silencio incomodo los embargó, esto ya estaba sacando a Mei de sus casillas, quien se cruzó de brazos e inspiró hondo tratando de contener su enojo. Está bien, comprendía que si había ocurrido una falla en un Digi-Translator eso no significaba que alguno de otra zona no estuviera en correcto funcionamiento.
– ¿Ahora cuál es su problema emos de cuarta? –
Takuto levantó la cabeza un poco molesto por el tono de voz de la muchacha, igual y como ésta decía, no volvería a verles las caras a ninguno de los presentes, así que ¿para qué quedarse callado? Si iban a burlarse de él por no tener un digivice y por ende un digimon, mejor que lo hicieran rápido y lo regresaran a su mundo lo antes posible, no estaba de humor para aguantarles más pero tampoco iba a dejarse amedrentar por desconocidos.
– Yo no tengo. –
Rompiendo el silencio, las palabras del mayor llegaron con claridad a los oídos de los presentes, los cuales lo miraron con sorpresa ¿habían escuchado bien? Un extraño sentimiento se había formado en su interior.
– ¿No tienes qué? – Inquirió Yumemi incrédula de encontrar a alguien que viviera en su misma situación.
¿Era en serio? ¿Es que eran sordos o qué? No le era algo fácil de decir y ahora tenía que repetirlo… menuda mierda.
– No tengo un digivice ¿de acuerdo? – Se cruzó de brazos pero no bajó la mirada, sino que por el contrario esta mostraba una intensidad mayor, no estaba dispuesto a doblegarse, no después de esa platica que tuvo con su madre – No tengo un compañero digimon. Así que si planean ir a un Digi-Translator, que el que tenga un digivice lo saque rápido y terminemos pronto con esto. Guárdense las burlas para después, sirve que las piensan mejor, y por favor, sean originales, que ya he escuchado de todo. –
Las miradas de los otros 8 presentes estaban sobre él, rostros impávidos y ninguno de ellos se atrevía a soltar palabra. La situación era simplemente irreal, no estaban solos, esa pequeña carga con la que habían crecido había sido compartida por otro… o tal vez más.
Sin embargo esta era la peor tortura a la que el chico de goggles se había enfrentado. Generalmente, cuando las demás personas se enteraban que no tenía un digimon, se reían de él y se burlaban hasta el cansancio, pero esto… que nadie dijera nada, absolutamente nada, al respecto, lo estaba matando por dentro. ¿A caso era tanto su rechazo hacia él que ni siquiera merecía comentarios mordaces? Incluso uno de los insultos del rubio de bote le ayudarían a calmar esa incertidumbre interior a la que se enfrentaba… estaba desesperado, más que eso, incluso comenzaba a sudar frío y su boca se encontraba por demás, desértica.
– Yo tampoco tengo uno. –
Finalmente, un alma caritativa se había apiadado de su alma e intervino en su auxilio… pero no de la manera esperada. Su ángel salvador había sido la joven de cabellera oscura y resplandecientes ojos jade, pero… ¿Era en serio? No iba a decir eso solo para ilusionarlo y después darle un fuerte golpe de realidad con una gran risotada en su cara ¿o sí? Por lo poco que habían hablado, o por lo menos escucharse mutuamente, la chica no se veía con pintas de alcanzar ese nivel de crueldad, pero quién sabe, las apariencias bien podían engañar.
Presa de las miradas de todos, Mikoto se encogió de hombros y con voz tranquila no dudó en aclarar lo anteriormente mencionado.
– Lo digo en serio. Yo tampoco tengo un digivice, mucho menos un digimon ¿De qué me serviría mentir sobre algo como eso? –
La Tsukehara miró hacia su derecha tan solo para comprobar que esos ojos chocolates llenos de incredulidad pertenecientes al castaño de goggles no se apartaban de ella, que va, ni siquiera pestañeaba, incluso tenía la boca abierta de la sorpresa. La muchacha le dedicó una casi imperceptible sonrisa esperando así poder tranquilizarlo un poco, al menos el chico logró salir de su transe y cerró la boca, pero sin apartar la mirada.
– Pues ya que estamos en esas. – Habló Yoshiro – Que seamos 3 los que estamos en las mismas. – Confesó rascándose la nuca un poco apenado, aunque igualmente con una sonrisa en el rostro.
Nuevamente unos segundos en silencio se hicieron presentes hasta que Taiga resopló con pesadez y amargura al mismo tiempo en que giraba la cabeza y fruncía el entrecejo.
– Que seamos 4. –
– Yo tampoco cuento con uno. – Sinceró el de lentes.
– Ni yo. – Secundó Yumemi.
Ante todas esas confesiones Kokone se limitó a negar con la cabeza, que si bien el saber que habían más personas en su misma situación, no solo en su problema actual al haber sido arrastrada al Digimundo en contra de su voluntad si no al hecho de no tener un digimon acompañante. Simplemente aún no podía creerlo posible. Pero había algo que la consternaba, y que parecía algo que ninguno de ellos caía en cuenta aún… ¿No era esto demasiada coincidencia?
– Pues yo tampoco tengo un digimon… aún. – Dijo Hikaru con una sonrisa en el rostro. Cuando se dio cuenta de que había atraído todas las miradas e incluso algunas de confusión y lástima, se limitó a soltar una pequeña risa – ¿Qué? La esperanza es lo último que muere. – Algunos igual le devolvieron la sonrisa, aunque sea solo por mostrar compasión ante ese pobre diablo que aún creía en lo imposible.
El ambiente era más relajado, ninguno se había conocido con anterioridad, pero ante ese simple hecho de compartir una pena con un peso tan grande en sus corazones los hacía sentir, de alguna extraña manera, unidos, identificados, con una sensación de pertenencia y comprensión indescriptibles. Si bien cada uno había tenido que vivir esa experiencia de forma diferente y hubiese gente que los apoyara a sobrellevar el trago amargo que les había dado la vida, no era lo mismo que compartir esa inseguridad con alguien en su misma situación, con alguien que vivía en carne propia su sentir.
– ¡Pfft! –
Mei no había podido contener más la risa.
– ¿Y se puede saber qué es lo que te causa tanta gracia? – Preguntó Mikoto con las manos en jarras, no solo porque se trataba de un tema sumamente delicado para todos, pues suponía que al estar todos en el mismo barco, al menos habría una mínima de consideración hacia sus personas, pero también a su problemática actual… nadie tenía un digivice para identificarse y cruzar por un Digi-Translator.
– Lo siento. – Admitió secándose una lágrima provocada por la risa – Pero es que todos se ven tan patéticamente adorables en su momento emocional al descubrir que ninguno de ustedes pobres inútiles tiene un compañero digimon que dan risa de lo cómico que es. – Volvió a reír, una risa tan delicada como insultante.
Muchos se limitaron a fruncir el entrecejo y maldecirla en su mente como todo caballero que se respeta, mientras que otros bajaban la mirada apesumbrados, y el Kinose luchaba con todas sus fuerzas para no decirle todas sus verdades a la muchacha que desde hace rato estaba colmando la poca paciencia de la que era poseedor.
– Entonces debo suponer que tu si tienes un digivice. – Más que una suposición era una formación por parte de la azabache, afirmación que hizo sudar frío a la Tokudome – ¡Perfecto! Es hora de buscar un Digi-Translator y salir de aquí. Es una suerte que contemos contigo – Dijo esto último con ironía.
– ¡Pe… pero por supuesto que yo si tengo uno! – Un hilo más a su telaraña de mentiras.
– Pues eso lo decide todo. – Anunció el mayor – Puesto que eres la única con un digivice entre toda esta bola de, según tú, inútiles, eres libre de guiarnos princesa. –
Mei tragó saliva con dificultad, esta no era una mentira cualquiera, no podía salirse tan fácilmente, o al menos eso pensaba hasta que su cerebro maquinó una idea, una idea tan simple como eficaz.
– Aunque no hay nada que me apetezca más que salir de aquí y librarme de… – lo medito por unos momentos, tampoco quería sonar tan petulante, tenía que tratar de sonar convincente – Ustedes. Lamento decirles que aunque sí, tengo un Kudamon divino en casa, hoy he ido a hacer unas compras para el concurso de "Miss digidestinada" y por las prisas, me deje el digivice en mi habitación. –
Y fue ahí donde Takuto descubrió sus instintos asesinos al sentir la necesidad de desaparecer a la "Miss inútil" de la faz de la Tierra… o en este caso de la faz del Digimundo.
– ¿Y de qué nos sirve que te jactes de tener uno cuando eres incapaz de dejarlo por una barata de vestidos? –
– En primera, solo quería resaltar el punto de que "yo sí" tengo uno. – Sonrió meciéndose de un lado a otro – Y segunda, ¡no era una barata de vestidos! Son los vestidos más finos y elegantes de alta costura que te puedas imaginar, gorila de quinta. – Corrigió mostrando una de las múltiples bolsas con las que había llegado al Digimundo con el logo de "Sheertz". Un diseñador del cual los simples mortales no podían ni soñar con hacerse de alguno de sus diseños.
– El punto… – Habló el pelirrojo mientras que con una mano se sostenía el puente de la nariz con frustración –…Estamos varados. –
– No hay de qué preocuparse, podemos encontrarnos con alguien que si tenga. –
– Suena fácil pero… el Digimundo es grande. –
– ¡Por favor! Es el día de los digielegidos, media población de la Tierra está en el Digimundo. –
– Si todo fuera así ¿no crees que ya nos hubiéramos encontrado con alguna otra persona? –
Mientras 8 de los 9 afectados discutía sobre lo que deberían o no deberían hacer, Kokone, que hasta ese momento había hecho oídos sordos a su alrededor para centrarse en sus pensamientos, comenzó a alterarse ante la posibilidad de que, lo que pasaba por su cabeza, fuera cierto… alarmada sacó su DC4C y comenzó a presionar botones a diestra y siniestra.
– No. – Pronunció en un hilo de voz – No, no, no, no… – Repitió la acción una y otra vez, pero obteniendo lo mismo como resultado… nada – ¡No! – Exclamó finalmente, llamando la atención de los demás.
– ¿Ocurre algo? – Preguntó Yoshiro.
– ¡Pásame tu número de contacto de DC4C! – Pidió al castaño tan atropelladamente que a penas y ella misma se entendió.
– … –
– Al menos la chica es directa. – Bufó Taiga con diversión – Anda matador, dale tu número. – Animó al ojivioleta con una sonrisa socarrona.
La ojiazul no pudo evitar sentir sus mejillas enrojecer ante las insinuaciones del rubio, ¡y es que había malinterpretado sus intenciones! Y sus nervios tan solo fueron en aumento al observar que de a poco, el rubor comenzaba a formarse en las mejillas del castaño.
– ¡Y-yo… yo no me re-refería a eso! – Corrigió cada vez más colorada y apartando la mirada – El DC4C ha perdido la conexión por completo. – Informó mostrándoles como al intentar enviar un mensaje o llamada a alguno de sus contactos en la Tierra, tal acción era bloqueada del sistema y eliminada de inmediato.
– Pero… ¿Cómo es eso posible? – Inquirió Takuto anonadado – El DC4C fue creado a partir de una red digital que permite la intercomunicación de datos entre ambos mundos sin problemas. – Automáticamente frunció el ceño – Está basada en un principio semejante al del Digi-Translator que permite seguir la misma línea temporal entre los mundos… que va es un protocolo de comunicación a nivel mundial… ¡Es imposible que falle! –
Rápidamente el Kinose alzó la mirada tan solo para encontrarse con esos 8 pares de ojos puestos fijamente sobre él sin siquiera molestarse en ocultar su sorpresa… y es que se les hacía difícil entender como era que si el chico era capaz de saber y comprender todo lo que había dicho con anterioridad ¿Por qué chuchas se le había dificultado tanto el entender el origen de su problemática situación justo cuando lo estaban discutiendo? ¡Habían tenido que aclarárselo más de 5 veces! Por lo que habían asumido que el joven era algo lento ¿¡Y ahora les salía con una lección de intercomunicación entre las dimensiones del digimundo y la Tierra!?
– ¿Qué? – Pronunció sin entender por completo la razón a la que se debía el estado catatónico de los otros – Mi padre trabaja en el centro de investigación e inteligencia digimon. Siempre habla de cosas como estas… algo se me tenía que pegar. – Explicó con una sonrisa de oreja a oreja al sentirse omnipotente ante sus propios conocimientos.
– Bueno… sí, como dices, es una conexión casi imposible de interceptar. – Kokone le dio la razón, pues si bien no comprendió del todo lo que el chico de goggles dijo, si sabía algo, y era, como él había dicho, que esa red de comunicación era un 99.99% a prueba de fallos y eso porque su tío había trabajado en el mismo departamento que el padre de Takuto, pero que actualmente estaba retirado – Es por eso que quería el número de contacto de alguno de ustedes, la comunicación no puede enlazar con la Tierra, así que al menos quería comprobar si sucedía lo mismo con el Digimundo. – Hizo una pausa y dirigió su mirada hacia el de rebeldes cabellos castaños – Corrígeme si me equivoco pero… lo más favorable para nosotros sería que tampoco tuviésemos comunicación entre nosotros estando en el mundo digital. –
– ¿Y eso por qué? – Preguntó Yumemi con preocupación, ya que desde su punto de vista, quedar completamente incomunicados era un escenario aún peor.
– Si tampoco tuviéramos comunicación aquí. – Contestó Takuto – Eso significaría que efectivamente algo hizo que la red cayera. No es un problema que no tenga solución, aunque sí puede llevarse su tiempo remediarlo. –
– ¿Cuál sería el peor de los casos? – Fue Ryuta el que terminó por preguntar lo que nadie quería escuchar.
– Si la línea de comunicación estuviera estable entre nosotros… – Comenzó la rubia.
– Indicaría que no es un problema de la red, sino más bien se trataría de un bloqueo dimensional. Por lo tanto ninguno de los servicios que conlleven una comunicación entre la Tierra y el Digimundo se encontraría en funcionamiento. – Secundó el mayor.
– Eso significa que si ese es el caso… todos los Digi-Translator estarían bloqueados. – Concluyó Mikoto sintiendo los ánimos abandonar su cuerpo, si bien no era un hecho, no era una visión muy alentadora.
– También está otro factor. – Interrumpió Hikaru esa atmósfera llena de desolación. Sabía que con su comentario no haría más que aumentar la incertidumbre del momento, pero tenía que decirlo – Es demasiada coincidencia que justamente 9 personas sin digimon. – Mei tosió con molestia a lo que el pelirrojo rodó los ojos – Las personas que sean… se encontrasen de la nada y no nos hayamos topado con nadie más desde que llegamos siendo que es el día en el que ocurre una sobrepoblación en el Digimundo. Piénsenlo… es extraño. – Comentó encogiéndose de hombros.
– Sí, sí, mucho misterio y preguntas sin respuesta… yuhuu~ – Bromeó Taiga – No me interesa saber el porqué, ni el cómo, ni a quién se deba esto. Lo único que quiero es irme de aquí de una puñetera vez. –
– Pues adelante, el Digimundo es enorme. Nadie te detiene. – Sonrió el Shiraiwa, sonrisa que no hacía más que provocar al rubio.
– Admito que eso es demasiado como para ser considerado coincidencia. – Interrumpió Ryuta acomodándose los lentes – Pero creo que por ahora es más importante confirma el estado de la comunicación y dependiendo de eso, tratar de comprender los asuntos faltantes. Si nos atiborramos de preguntas ahora… al final no tendremos ni una respuesta. Un paso a la vez. –
Y era lo más razonable que habían escuchado hasta ahora.
– ¿Alguien que quiera hacer la prueba? – Animó la más pequeña del grupo extendiendo su DC4C.
Nadie estaba seguro de afrontar tal realidad pero era un hecho que tenían que hacerlo. Yoshiro sacó su DC4C del bolsillo de su pantalón y comenzaron a intercambiar números… hasta que cayeron en cuenta de algo.
– ¿Cómo te llamas? – Preguntaron al unísono.
Tanto ellos como los demás jóvenes se sintieron como idiotas ante esa interrogante; después de todo lo que llevaban vivido en la que era la peor broma del universo, a ninguno se le había ocurrido preguntar por el nombre de los otros. Simplemente habían dado por hecho que se trataba de un desafortunado accidente aislado en el funcionamiento de los Digi-Translators y que no era necesario aprenderse el nombre de personas a quienes no volverían a ver en sus vidas después de que el incidente se viera resuelto.
Sin embargo, ni siquiera tuvieron tiempo para las presentaciones cuando una luz idéntica a la que habían visto salir de la fuente del parque en Odaiba comenzó a salir del fondo del lago, pero esta vez la luz era mucho más brillante y centrada. De repente del lago comenzaron a salir pequeños proyectiles en dirección al grupo de jóvenes.
– ¡Abajo! – Gritó Takuto al ver uno de esos objetos pasarle justo por las narices y ver su vida pasar frente a sus ojos en cámara lenta.
Ninguno de los presentes dudó en hacer caso a la orden dada por el moreno, y es que tampoco eran tontos, nadie tenía la más mínima intención de quedarse inmóvil como si se tratara de una mira en un juego de "tiro al blanco". Entre gritos y algunas maldiciones, los jóvenes se echaron pecho a tierra y se cubrieron la cabeza esperando que nada les impactara encima. No pasó mucho para que todo el ajetreo formara parte del pasado cuando de nueva cuenta, una luz, esta vez un poco más tenue y apacible se manifestó alrededor de cada objeto que había salido del fondo del lago. Lentamente se fueron incorporando viendo con curiosidad esas luces tan próximas a ellos, hasta que en un abrir y cerrar de ojos, el proyectil salió disparado cual estrella fugaz directamente a las manos de los adolescentes, quienes entre una mezcla de incredulidad y desconfianza miraron en lo que estos se transformaban.
– ¿Un… un digivice? – Musitó Takuto un poco atontado. Tenía tantos sentimientos encontrados que no sabía ni cómo explicar lo que pasaba por su mente ni esa agradable sensación que lo embargaba por dentro pero que a la vez era tanta que se tornaba sofocante.
En efecto, lo que sostenían entre sus manos era un digivice, su digivice. Sin embargo, había algo curioso en ellos. Conforme los años pasaban los digivices se iban tornando un poco diferentes tanto en diseño como en color, eran tan diferentes que ya era extraño ver alguno que tuviera remembranza con los 8 originales, ese pequeño artefacto que habían encontrado en su primera aventura en las ruinas de la isla File, un digivice que era bien conocido por las ilustraciones de este en los libros de Takeru Takaishi sobre el Digimundo. Y así eran, los digivices que sostenían tanto el de goggles como los de sus acompañantes eran justamente iguales a aquellos que habían en las ilustraciones de aquellos magníficos e inolvidables libros… lo menos que quería hacer el Kinose era quejarse sobre la apariencia de su digivice, ya que al menos ahora que por fin tenía uno sentía que su alma había ido y vuelto del cielo en menos de un segundo pero simplemente era extraño, esta clase de digivices no se habían visto en mucho más de 50 años.
– ¿Soy el único que está tan sorprendido como feliz por esto? – Balbuceó Yoshiro.
…Silencio…
– Lo sé, a mí también me cuesta hablar. – Se contestó a sí mismo.
No era un sueño, realmente estaba pasando, simplemente era indescriptible… tanto que parecía ficción. Ninguno sabía bien cómo responder, habían esperado tanto por eso momento, lo habían añorado tanto… que simplemente no habían palabras ni actos que pudiesen reflejarlo todo. Algunos como Kokone y Yumemi no podían contener la humedad en sus ojos al ver ese preciado dispositivo y traviesas lágrimas de felicidad comenzaron a rodar por su mejillas, a Taiga y Ryuta bien les podrían entrar moscas en la boca si no proseguían a cerrarla rápido, mientras que Mikoto casi temblaba… estaba feliz, no podía ni quería negarlo pero la imagen de su hermano y su fallecido digimon también ocupaban un lugar en sus pensamientos ¿cómo lo tomaría Kouga? ¿Se pondría feliz por ella o se hundiría más aún en su depresión?... Yoshiro y Hikaru por otro lado estaban festejando a más no poder y a todo pulmón puesto que era tanta su emoción que si no la externaban de seguro explotarían, finalmente Mei estaba segura de que volvería a gritar como histérica… al menos si la voz no se le hubiera ido de la impresión, tan solo esperaba que esos 8 individuos no notaran que ella también acababa de recibir uno.
Lo más importante de esto, es que todos daban por hecho que con un digivice en sus manos sus problemas estaban resueltos… no sabían que estos estaban por comenzar.
– Ok… esto ha sido de lo más extraño. – Habló Hikaru con una emoción indescriptible y con una sonrisa tan ancha que parecía no caberle en el rostro – Pero igual me lo quedo. –
– ¿Ni siquiera te da desconfianza que hayan salido del fondo del lago y que casi nos rompen la cabeza? – Preguntó la pelinegra con obviedad.
– Simples gajes del oficio. Puedo vivir con eso. –
– ¿Y eso también es un gaje del oficio? – Intervino Yumemi al darse cuenta de que el agua del lago comenzaba a dividirse en dos, dejándoles ver unas no tan pronunciadas escaleras de piedra.
– ¿Quiénes se creen que somos? ¿El Moisés del Digimundo o qué? – Vociferó Taiga que hasta entonces había estado sorpresivamente callado.
– Quién sabe. – Dijo Takuto finalmente saliendo de su trance – Solo hay una forma de averiguarlo. –
Dicho esto, el joven emprendió su andar a través de las escaleras del lago, siendo seguida de cerca por los otros… exceptuando a cierto rubio, por supuesto.
– ¿¡Es enserio!? – Gritó con frustración – Un pasadizo secreto se abre de la nada y ustedes van justamente hacia ahí en plan de "Oh esta es la mejor idea del universo, es tan extraño y creepy* pero no me importa, nada malo puede pasarme aquí." – Nadie pareció escucharlo, o en todo caso prefirieron ignorarlo – ¡Es por cosas como estas que nadie sobrevive en las películas de terror! –
– Hey genio. – El pelirrojo interrumpió su monólogo – Si el digivice vino del fondo del lago ¿Dónde crees que va a estar el digimon? ¿En la cima de un árbol? –
De esta forma Hikaru emprendió su descenso, dejando al Hakimoto solo con sus pensamientos y maldiciones… ya se vengaría del pelirrojo entrometido y sabelotodo, por ahora se limitaría a seguirlos, no porque el otro tuviera la razón al bajar, sino porque eso era lo que quería y punto, jamás admitiría sus errores… al menos no en público.
[…]
– Esto… se lleva el premio a las rarezas del día de hoy. –
Ante las palabras del moreno de goggles los demás solo atinaron a asentir.
Frente a ellos se encontraba una enorme mansión al estilo japonés antiguo, justo ahí en medio del fondo del lago, incluso contaba con un imponente jardín… aunque claro que era extraño ver a los peces nadar a su alrededor cual pájaros, simplemente no tenían esa sensación de estar bajo el agua, por un carajo que incluso podían respirar a pesar de que el pasadizo se había cerrado tras ellos.
– Ya había leído algo de esto. – Externó Kokone – Takeru Takaishi describe un lugar parecido a este en su primer libro. – Dice más por inercia que por aclarar las dudas.
No había ser humano en la Tierra que desconociera el contenido de esos libros que abrieron las puertas a un nuevo mundo tan lleno de misterios como de aventuras. Y si bien no se sabían el contenido de esos hologramas literarios de memoria, la mención del encuentro con un ente distinto a los digimons en su primera aventura en el mundo digital era una anécdota memorable, ya que ese ser les proporcionaría información que les fue vital en su lucha para que la paz regresase a ambos mundos. Sin embargo, nunca se rebeló el lugar específico donde residía tal presencia fuera de los que fueron los pioneros de aventurarse en este nuevo mundo.
– Me estaba preguntando cuando se dignarían a aparecer. – Los llamó una misteriosa voz proveniente del interior de la mansión – Adelante, no sean tímidos. –
Los jóvenes dieron un leve respingo cuando se les concedió el permiso de entrar al interior de la estructura pero no dudaron en acceder a la petición.
Ya en el interior de la mansión, justo en la que parecía ser la sala de estar, una persona los estaba esperando. Era un hombre, un adulto joven de piel morena con cabello castaño y brillantes ojos azules, usaba una túnica y en su rostro reflejaba una mezcla de preocupación y concentración infinitas. A ninguno, por más lento, cabezón, ignorante o hueco que fuese, le era desconocido tal hombre, Gennai no solo era el ente que se encargó de ayudar y proporcionar los conocimientos necesarios a todas las generaciones de niños elegidos que fueron llamados para defender el Digimundo, sino que también fungía como embajador oficial y representante del mismo ante las autoridades de la Tierra.
Sin saber bien cómo actuar ante la presencia del que era dueño de la mansión, el hombre les hizo una indicación para que tomaran asiento, y estos, aturdidos por todos los sucesos que acababan de vivir en tan poco tiempo, se limitaban a obedecer cual robots, era comprensible, de toda una vida al día de hoy habían crecido sin conocer el lazo especial con su digimon predestinado, y de buenas a primeras eran arrastrados a la fuerza hacia el Digimundo donde finalmente el digivice, ese preciado dispositivo, se les había hecho presente, no habían pasado ni 5 minutos de eso y ahora estaban enfrente de una de las más legendarias figuras de este mundo y no solo eso, el tenerlo ahí, justo en frente de ellos, después de recibir su digivice y sin el conocimiento del paradero quienes se suponían serían sus digimons acompañantes simplemente no les daba buena espina. Sus cabezas estaban que explotaban de información, preguntas, cuestiones y más, era algo difícil de digerir, de aceptar, de encontrar cabida a tantos sentimientos encontrados y emociones, era un proceso exhaustivo, no tanto físico como mentalmente.
– ¿Qué significa esto? – Y finalmente esa pregunta tan temida había sido formulada por Takuto, quería respuestas y las quería ahora.
Gennai los escrutó con la mirada durante unos largos segundos, para finalmente seleccionar sus palabras con cuidado y hablar.
O al menos esa era su intención.
Unos estrepitosos pasos comenzaran a escucharse, cada vez más fuerte, más cerca, más presentes. Gennai bajó la mirada y suspiró con pesadez, mientras que los jóvenes intercambiaban miradas de llenas de curiosidad y desconcierto ¿Es que había algún tipo de estampida dentro de la mansión?
– ¡No huyan cobardes! – Se escuchó gritar justo detrás de la puerta de papel de la habitación que conectaban con el jardín – ¡Los voy a atrapar, ya lo verán! – Múltiples risas igualmente fueron percibidas – ¡No! No toquen eso. –
De repente, la puerta de papel fue destruida y ni más ni menos un gran Dorulumon cayó en el interior del cuarto, seguido por una avalancha de digimons en etapa bebé que caían y brincaban deliberadamente sobre él, provocándolo aún más.
– Dorulumon… – Lo llamó Gennai – Te encargué que los vigilaras, no que jugaras con ellos. –
– ¡No estaba jugando! – Se defendió el digimon león – Ellos escaparon… –
– Son solo unos bebés. – Aclaró el hombre.
– ¡Juegan sucio! – Acusó mientras les dedicaba una mirada de odio a los 9 digimons mencionados, para después reparar en la presencia de los 9 humanos – ¿Ellos son…? –
No pudo ni siquiera terminar de formular la pregunta cuando de nuevo, fue víctima de la estampida provocada por los pequeños digimons.
– ¡Están aquí! – Corearon una y otra vez las pequeñas creaturas, corriendo de un lado a otro, su felicidad era prácticamente incontenible, tanto que era imposible no contagiarse de ella en la pequeña fiesta que estos se habían montado hasta dar con los brazos de su propio humano. Con los digimons en sus brazos, cada joven se limitaba a verlos con sorpresa, aunque claro, sin poder ocultar su felicidad en ellos. Cuando el digimon de colores violetas azulados habló en un tono de voz más fuerte, todas las miradas repararon en él y en el que era su humano acompañante.
– Por un momento creímos que nunca vendrían. – Sonrió el pequeño Dorimon con ilusión – ¡Te he esperado tanto! Mi nombre es Dorimon. –
– El… el gusto es mío. – Atinó a decir, las palabras simplemente no le salían, era tanta su emoción que no sabía qué hacer con ella… tenía un digimon, tenía un Dorimon. Con una sonrisa tan ancha como su cara, el castaño comenzó a dar vueltas a su alrededor con el ser digital en brazos, ambos riendo como si no hubiese un mañana. Finalmente, le dedicó una mirada a Dorimon y levantándola pudo observar a los demás con los ojos sobre él – Yo soy Takuto Kinose. – Le aclaró tanto al bebé como a los demás presentes.
– Soy Kyokyomon. – Prosiguió el digimon reptil que flotaba alrededor de Ryuta – Me alegra conocerte. –
– Ryuta Souma. – Pronunció tanto para el bebé como para los otros, tratando de mantener la calma y no dejarse llevar por el impulso de imitar a Takuto en su efusiva muestra de afecto hacia su digimon.
– Yo soy Xiaomon. – Se presentó un digimon muy parecido a un perro que movía su cola de un lado a otro mientras se acurrucaba en los brazos de Mikoto – Pensé que te habías olvidado de mi… ¡Qué bueno que no fue así! – Vitoreó moviendo su cola aún más rápido.
– ¿Olvidado? – Susurró un poco confundida, pero dejando esos perturbadores pensamientos atrás y centrarse en el hecho de que por fin podía sostener a ese añorado digimon – De eso nada. – Aseguró con una sonrisa y ojos cálidos mientras acariciaba al mimoso Xiaomon – Mi nombre es Mikoto Tsukehara. Es un gusto conocerlos a todos. –
– ¡Gummymon! – Rió el digimon de un cuerno mientras se subía al hombro del ojivioleta – ¿Tú también me estabas buscando? –
– ¡Por supuesto que sí! – Exclamó el chico con alegría mientras imitaba al de goggles y brincoteaba por toda la estancia con el digimon de etapa bebé – ¡Me alegra conocerte finalmente! A ti y a todos ustedes. – Admitió con júbilo – Yo me llamo Yoshiro Igarashi. –
– Soy Budmon. – Se anunció el digimon planta que era sostenido con delicadeza por la pequeña rubia, no solo por el cariño y afecto que ya sentía hacia ese ser digital, sino también por las diversas y muy variadas espinas que le cubrían el cuerpo – Sabía que algún día podría conocerte. –
– Yo también Budmon. – Afirmó la chica asintiendo y tratando que las muy persistentes lágrimas de felicidad se quedaran dentro de sus cuencas – Siempre quise conocerte. Yo me llamo Kokone Kominato. –
– Pinamon. – Animó una pequeña ave digital con entusiasmo mientras corría en círculos alrededor del pelirrojo quien fracasaba de forma deprimente en sus múltiples intentos de atraparlo – ¿Crees que después de todo lo que te tuve que esperarte te lo voy a dejar tan fácil? – Se burló entre risas.
– ¿Y tú crees que después de buscarte toda mi vida te voy a dejar ir de rositas cuando te tengo justo enfrente mio? ¡Ni de broma! – Y en un rápido movimiento, que incluso el mismo muchacho se sorprendió, fue capaz de atrapar al escurridizo digimon corredor – Sabes, tenemos más en común de lo que crees. – Sentenció riendo al ver como inútilmente el pequeño trataba de salir corriendo de nuevo y no pudo hacer más que rendirse – Hikaru Shiraiwa. –
– Soy Cupimon. – Se presentó el digimon alado ante la peliazul con un leve sonrojo en sus mejillas, recibiendo una sonrisa llena de afecto por parte de la joven.
– Un placer. – Contestó Yumemi haciendo una ligera reverencia – Me llamo Yumemi Murasaki. – Dice abrazando a Cupimon con delicadeza sin poder contener las lágrimas que formaban los ríos en sus mejillas – No puedo creer… que finalmente te tenga aquí… conmigo. – Musitó para después reír avergonzada – Soy un desastre por llorar así… pero nada me importa mientras estés a mi lado. – Los colores se le subieron al digimon quien procedió a abrazarla.
– Soy Kapurimon. – Afirmó el digimon con un casco de metal sobre la cabeza – Y tú… –
Ni siquiera pudo terminar su frase cuando Mei comenzó a llenarlo de besos, abrazarlo y apretarlo tan fuerte que al pobre casi se le salía todo el aire de sus pulmones.
– Tu digievolucionarás en un Kudamon ¿Cierto? – Inquirió la chica con ilusión.
– Hee… yo… puedo tratar. – Contestó el intimidado ser con un hilo de voz.
– ¡Perfecto! Ahora todo está resuelto. – La de cabellos cenizos por fin veía la luz al final del túnel lleno de telarañas de mentiras, frente a ella estaba el digimon que daba solución a todos sus problemas.
– Lo bueno, es que la princesita ya tenía un Kudamon en casa. – Se burló Takuto provocando la risa de Mikoto que se encontraba a su lado.
– ¡Cállate! – Gritó la Tokudome con histeria y las mejillas completamente rojas… sinceramente esperaba no tener que verlos de nuevo.
– Y yo soy Bukamon. – Afirmó alegremente posicionándose sobre la cabeza de Taiga desordenándole un poco el cabello – Soy tu digimon. –
– Taiga Hakimoto… – Aclaró con cara de pocos amigos al ver lo que el digimon hacía con su, hasta ese entonces, perfectamente peinada cabellera – Estoy por replantearme el hecho de querer un digimon acompañante si no dejas de hacer eso. – Sentenció con enojo, provocando que el pobre de Bukamon se congelara de la impresión y tristeza ante las palabras del rubio – ¡Vamos que estoy bromeando! – Exclamó con una sonrisa para después bajarlo de su cabeza y estrujarlo entre sus brazos – El tenerte junto a mí solo demuestra que ahora, soy simplemente perfecto. –
Ante esas palabras los demás se limitaron a verlo sin poder creer el exceso de confianza en sí mismo que desprendía el altanero rubio. Su digimon por otro lado, sin poder comprender en su totalidad dichas palabras se limitó a sonreír junto a su humano.
– ¿En serio? ¡Genial! – Dijo el inocente Bukamon.
Un carraspeo proveniente de la garganta de Gennai les llamó la atención, volviendo a centrar su mirada en él.
– Lamento interrumpir este emocional encuentro. – Sinceró con pesar – Pero me temo que tras esto solo pueden encontrarse malas noticias. –
Esas palabras bajaron a las 9 jóvenes de sus nubes a una realidad que estaba por consumirlos.
– ¿Qué quieres decir? – Preguntó Takuto.
– Me temo que eso es algo que no puedo explicar en su totalidad. – Negó con la cabeza – Pero lo que sí sé es lo siguiente… –
Los 9 humanos y digimons pusieron total atención a las palabras que salían de aquél personaje de amplios conocimientos. Su mundo iba a ponerse de cabeza, ni siquiera Gennai sabía a ciencia cierta a lo que se enfrentaban.
[…]
– ¡Esto es imposible! –
Estaban comenzando a entrar en una etapa de pánico indescriptible, los primeros minutos habían sido cruciales, pero a medida que pasaba el tiempo, todo iba cayendo lentamente en un completo y abrumador caos.
Nadie comprendía que había pasado o a qué hecho se debían estos sucesos, nada había sido detectado. Aunque algo si era seguro… desde eso momento habían perdido por completo el contacto con el Digimundo.
– ¡Sigan intentando! – Ordenó un hombre castaño y de ojos negros – Tiene que haber algo ¡Cualquier cosa! –
– Pero doctor Kinose. – Se atrevió a contestar uno de sus subordinados del centro de investigación e inteligencia digimon – No hay nada en las lecturas. Todos los sistemas de detección de fisuras u ondas interdimencionales entre los mundos no muestran absolutamente nada… según los programas no hay nada fuera de lo normal. –
Y eso era cierto, todos los aparatos y sistemas de detección de ondas que identificaban problemas entre el Digimundo y la Tierra no mostraban nada fuera de lo normal. ¿Entonces cómo era posible que todas las puertas hacia el mundo digital estuvieran cerradas? No, cerradas no era la palabra, bloqueadas, ese término le quedaba mejor.
Justamente alrededor de la de la tarde, sucedió lo inimaginable, precisamente el día de los digielegidos, ni más ni menos… no solo las puertas al Digimundo se habían bloqueado de un momento a otro, si no que todos los humanos que se encontraban en él celebrando el día junto a sus digimons habían sido transportadas a la Tierra sin consentimiento y dejando a sus compañeros digitales del otro lado de la puerta. En pocas palabras, todas las personas que se encontraban en el mundo digital cuando sucedió el bloqueo de puertas habían sido devueltas a su mundo y separadas de sus digimons, y los digimons que aún estaban en el mundo humano no podían regresar a su mundo.
Las autoridades del D-Squad* aún estaban investigando en campo, donde testigos comentaban sobre una extraña luz proveniente del parque natural central de Odaiba, y hasta que el D-Squad no regresara con pruebas de campo, no podían hacer más que indagar en las profundidades de las redes digitales interdimencionales.
Sin embargo, nada de esto tenía ni pies ni cabeza. A pesar de que lo sucedido un tuviera su razón de origen en la red, eso no explicaba porque ninguno de los dispositivos detectó nada, era prácticamente inconcebible.
– ¿Qué está pasando? – Se preguntó a sí mismo Hiroto Kinose masajeándose las sienes – Esto no tiene sentido. –
Y a pesar de que todo su equipo estuviese trabajando como loco para encontrar una explicación, un indicio, algo… todo parecía inútil.
– ¡Hiroto! – Lo llamó una mujer de cabellera dorada y ojos verdes.
– Shizuka, no es el momento. –
– ¡Deja de decir tonterías! El D-Squad está aquí. –
Tan solo le bastó decir esa oración para que el Kinose dejara el centro de procesamiento central y acompañara a la rubia hacia las oficinas de la zona preferencial.
Pero al cruzar las enormes puertas automáticas lo supo, no tenía más que ver las caras de los individuos que tenía enfrente.
No traían buenas noticias.
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Es todo por ahora o al menos hasta que vuelva a encontrar un poco de tiempo para seguir con la historia. La verdad es que hay veces que voy súper inspirada a escribirla pero llego a puntos que no me motivan tanto ya que contienen demasiados bloques de texto que si bien proporcionan información importante, no avanzan la continuidad del fic, son más como explicaciones para que se pueda entender la ambientación y es por eso que son esenciales escribirlos para un buen desarrollo de la trama… pero como que llego a un bloqueo entre mis ganas de continuar y mi flojera por escribir bloques de texto sobre cierto asunto xD tengo peleas internas conmigo misma pues ;w;
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Aclaraciones
* c'est fini*: Se terminó, se acabó, etc. En francés.
* Creepy*: Horripilante, extraño, terrorífico, espeluznante, etc. En inglés.
*D-Squad*: Una asociación que se encarga de los atentados con digimons. Si bien es parecido al Data-Squad de Digimon Savers no es lo mismo.
...
Recordando los nombres de los nuevos elegidos y sus digimon:
Takuto Kinose (16 años) – Digimon: Dorimon (en etapa bebé).
Ryuta Souma (14 años) – Digimon: Kyokyomon (en etapa bebé).
Mikoto Tsukehara (15 años) – Digimon: Xiaomon (en etapa bebé).
Yoshiro Igarashi (13 años) – Digimon: Gummymon (en etapa bebé). – Personaje original de ShimizuStar/ Jani-Shimizu, que muy amablemente me prestó para la historia.
Kokone Kominato (12 años) – Digimon: Budmon (en etapa bebé). – Personaje original de ShimizuStar / Jani-Shimizu, que muy amablemente me prestó para la historia.
Hikaru Shiraiwa (15 años) – Digimon: Pinamon (en etapa bebé).
Mei Tokudome (14 años) – Digimon: Kapurimon (en etapa bebé).
Taiga Hakimoto (15 años) – Digimon: Bukamon (en etapa bebé).
Yumemi Murasaki (13 años) – Digimon: Cupimon (en etapa bebé).
Muchas gracias por leer.
Wolf-Fer
