Es bueno ver las relaciones entre Naruto y el resto de su familia, por lo que en este capitulo especial lo veremos. Una disculpa monumental, chicos enserio que la vida circula de formas complicadas a veces. Espero lo disfruten.
-Disimiles-
El cómo llegaron a aquella situación no era del todo clara, el cómo fue que los convencieron tampoco, pero de cierta medida el héroe de la aldea y el patriarca de los Hyuga se miraron con un gran signo interrogante en sus caras al tiempo que Hinata y Hanabi desaparecieron.
No era un misterio que el clan Hyuga era una familia sumamente conservadora, el hecho de que le hubiesen permitido a Hinata casarse con Naruto era quizá más un misterio que una simple bendición, pues para que Hiashi aceptara que su hija se fuese de aquel santuario especialmente hecho para perpetuar el Byakugan, debía haber más de fondo.
No obstante, había sucedido y ahora Naruto Uzumaki formaba parte de su familia, para bien o para mal; y precisamente por esa razón era que se encontraban como ahora.
Hiashi carraspeó mientras sentía la garganta seca, Hinata había sido convocada para una misión de rango inferior pero a la cual Kakashi abogaba era sumamente necesaria, Hanabi acudido a asuntos del clan, por lo que el único disponible, dado que los demás del clan debían asistir urgentemente a la ceremonia secreta de la cual Naruto no estaba interesado saber, él era el único disponible para cuidar de su querido suegro. Boruto, por otro lado, estaba encantado por convivir con el abuelo, que pese a que estaba en cama y aun recuperándose por las heridas de su misión pasada, siempre encontraba un rato en medio de su descanso para reír por las caras y voces del abuelo.
—Esto, con permiso. – Naruto entró cargando una taza de té caliente y la tetera en una bandeja. Boruto yacía en los brazos de su abuelo, el chico reír risueño mientras jugaba con algunas piezas en la extensa cama del mayor de los presentes. Al escuchar a su yerno entrar Hiashi miró de soslayo a Naruto, quien acomodaba todo en la mesita de noche del patriarca.
—Gracias, Naruto. – la forma en la que siempre se dirigía a él era solemne, como si en realidad le hablase a una figura pública y no a otro familiar. Sin embargo, esa era la personalidad de Hiashi y muchos la comprendían.
—¿Cómo se siente hoy suegro… digo, Hiashi-san? – Naruto era muy amistoso con todos los familiares de Hinata, pero cada que intentaba hacer migas más profundas con su suegro el hombre parecía renuente a reconocerlo.
—Mejor, gracias. – asintió con educación mientras tomaba el té preparado. Al sentirlo en la lengua su cara dibujó una expresión llena de asco, era el té más amargo que había probado en su vida. —¿No había azúcar? – no pudo disimular su disgusto.
—No la encontré. – dijo apenado, aun de pie a su lado.
—Está bien. – suspiró, dejando la taza de lado. —Siéntate, Naruto, te veo tenso.
—Sí, gracias. – así lo hizo, pero no por ello disminuyó su estrés.
El silencio continuaba y sólo se escuchaban los chascarrillos y risas de Boruto, quien acomodaba de aquí acá unos cubos de madera.
—¡Jii-chan! – llamó el pequeño y el rostro de Hiashi se modificó radicalmente, al sonreír y acudir de inmediato.
—¿Qué pasa, Boruto-chan?
—¿Cubo? – le mostró la pieza, que tenía el símbolo de la hoja. —¡Hoja! – rio mientras lo juntaba a otro, que tenía el dibujo de un kunai. —¡Ninja! – era muy listo.
—Así es, ese cubo simboliza nuestra aldea. – explicó pacientemente.
—¡Ninja! – gritó el pequeño nuevamente, estaba por cumplir los dos años y era sumamente curioso e imaginativo. —¡Oto-san! – llamó a Naruto. —¡Quiero ninja!
—¡Hai, Boruto, papá es un ninja! – dijo sonriendo y acercándosele, el niño estiró sus bracitos hacia él y como era de esperarse lo cargó contra su pecho. —¿Quieres volar, Boruto? – preguntó Naruto, anticipando lo que vendría.
—¡Sí! – rápidamente e imitando el sonido de una locomotora y un silbato lo alzó sobre su cabeza y lo giró en el aire, el pequeño reía contento, mas Hiashi miraba en silencio y con cara de pocos amigos.
—Ten cuidado. – dijo entonces, por lo que Naruto se detuvo antes sus palabras. No deseaba crear asperezas con él, todo lo contrario, por lo que se detuvo al decirlo, cosa que Boruto resintió y reclamó enseguida. —Lo agitas muy fuerte, puede zafarse. – argumentó el Hyuga, por lo que Naruto asintió algo aturdido.
—¡Oto-san, volar, volar! – insistía el pequeño, mas Naruto no le hizo caso, en lugar de eso lo dejó en el suelo. —¡No, yo volar! – reclamó.
—El abuelo tiene razón, Boruto, mejor quédate aquí.
—Oto-san malo. – frunció el ceño.
—No, oto-san bueno, soy muy bueno. – rápidamente se agachó y tomó uno de sus cubos. —¡Oto-san ninja! – dijo risueño, pero Boruto lo ignoró, volvía a entretenerse con los cubos. —Creo que el humor le va y le viene. – suspiró el rubio.
—Es un niño en crecimiento después de todo. – dijo Hiashi.
—Claro. – Naruto asintió para volver a sentarse.
De nuevo otro silencio incómodo se daba entre ambos.
—Hiashi-san. – Naruto, contra todo pronóstico se decidió a entablar una conversación formal con su suegro. —¿Hinata también era así cuando tenía esa edad? – ciertamente no era lo ideal, pero en sí debía empezar por algo.
—No, era muy tranquila. – dijo el patriarca de forma cortante.
—Ah, ya. Bueno, todavía lo es.
—Supongo. – Hiashi miraba fijamente a Naruto. —Naruto. – el tono con el cual lo dijo le causó un escalofrió.
—¿Sí? – tragó saliva, sospechaba que algo incómodo de responder vendría a continuación.
—¿Por qué te casaste con mi hija? – la pregunta había sido directa y sin miramientos.
—¿Perdón? – mas lo había tomado por sorpresa.
—Me gustaría saber, ¿Por qué te casaste con mi hija?
—Oh, pues… - ¿Qué decirle? ¿Qué era hermosa? ¿Qué era muy dulce? ¿Qué él era un idiota que nunca se dio cuenta de que ella lo amaba todo el tiempo? Pero ciertamente era difícil decirlo en pocas palabras y debía pensarlo bien antes de responderle algo a su suegro.
—¿Nada? – Hiashi había decidido desesperarse. —¿Acaso no te enamoraste de ella por alguna de sus cualidades?
—¡Por supuesto que sí! – dijo de golpe, tanto que hasta llamó la atención de Boruto.
—Te escucho. – sonrió astuto y se cruzó de brazos.
—Lo cierto es que… - Hiashi esperó impaciente. —Hinata es una persona increíble. Ella es muy dulce y amable, le gusta la armonía, es elegante y organizada. No como yo, que soy un desastre. – sonrió mientras se rascaba la nunca. —Supongo que por eso. Ella siempre estuvo ahí para mí, además.
—Que banal. – bufó insatisfecho.
—¿Banal? – Naruto frunció el ceño entonces.
—Esas son cosas que yo ya conocía de Hinata, te faltó también que tiene mucha compasión, ¿No te diste cuenta de eso? – esta vez Naruto captó la indirecta. ¿Acaso decía que Hinata lo amaba por lástima?
—Sí, es compasiva y muy justa. ¿Sabe? – Naruto se levantó, desafiante. —Me enamoré de ella por eso y más. Es fuerte y valiente, ella me salvó en varias ocasiones y cuando me di cuenta de eso desee tenerla conmigo siempre, no sé si el destino la hizo para mí o cometió un error, pero sea lo que sea, sé que Hinata me ama de la misma forma que yo a ella, no me compadece ni me ve como una carga a la cual debe apoyar, mi pasado no importa, quiero decir. De eso estoy seguro, ella me quiere y yo a ella.
—No entendí el contexto de tu oratoria. – declaró Hiashi. —Pero sí el trasfondo. – Naruto estaba irritado y al darse cuenta de ello decidió cambiar el curso de la conversación. —Según entiendo, tu amor por mi hija es recíproco. Pero dime, Naruto, ¿Qué tanto la amas realmente?
—Demasiado. – aceptó finalmente con una sonrisa. Hiashi ya no logró simular su sonrisa orgullosa.
—Tienes la actitud de tu madre, pero la confiabilidad de tu padre. – comentó, sorprendiéndole.
—¿Conoció a mis padres?
—Por supuesto. – Hiashi miró sus manos y vio que estaban vendadas. —Cada que te veo los recuerdo, más a Minato, te pareces mucho a él.
—Sí, lo sé. – sonrió.
—Boruto-chan se parece a él también pero, me recuerda más a Kushina-san. – el niño había decidido tomar una siesta en el suelo. Naruto sonrió y lo cargó al momento el pequeño se acostumbró al calor de su padre.
—¿Cómo los conoció?
—Minato no era precisamente una figura desconocida. Después de todo fue Hokage y Kushina-san era una kunoichi muy famosa por su temperamento. – logró sacarle una risa a Naruto.
—Eso dicen. – acunó a su hijo con cuidado. —¿Los conoció bien?
—Lamentablemente no. Minato era el Hokage, pero su periodo duró muy poco. Era un héroe, eso no puede cuestionarse, también gozó de una fama efímera dada su repentina muerte.
—Ya veo.
—Me gustaría que este pequeño heredara la voluntad de todos aquellos héroes que dieron su vida por proteger la aldea. – ahora el rostro de su suegro era muy diferente al de hacía un rato.
—Lo hará. – aseguró el rubio. —Mi hijo será un gran ninja, justo como su padre, su madre y sus abuelos.
—Seguramente Minato y Kushina-san estarían contestos de oírte, Naruto.
—¿Y usted, Hiashi-san?
—Ya lo estoy. – ambos hombres sonrieron. —Es natural que los padres estén orgullosos de sus hijos y nietos.
—¿Lo está?
—Cometí muchos errores. – suspiró cansino. —Hinata sufrió mucho por mi culpa, pero tal como dijiste antes, ella es fuerte, ¿Cómo es que no lo noté antes? – los ojos blancos de Hiashi se fundieron con los de Naruto. —Naruto, quiero pedirte un favor.
—Claro.
—Cuida a tu hijo y amalo. Siéntete orgulloso siempre, respeta sus decisiones sobre la vida, muchas veces ellos nos enseñan más de lo que creemos. Logra con Boruto, lo que yo no pude con Hinata.
—¿Qué no se da cuenta?
—¿De qué cosa?
—Hinata jamás lo odio, no fue más que un rencor proyectado que usted mismo sentía. Ella lo ama, Hiashi-san y usted a ella, ¿Si no por qué me cuestionaría mis sentimientos por ella? Sé que al principio tenía dudas, tal vez no confiaba por completo en mí, pero no somos tan diferentes, es natural que los padres se preocupen por los hijos, pero es más natural culparse a sí mismo por no haberles dado el afecto suficiente… yo lo hago.
—Naruto. – Hiashi cambiaba su rostro a uno lleno de aflicción. —Eres muy joven aún, pero tu sabiduría es digna de un antiguo guerrero. Boruto-chan, Hinata y el pequeño que viene en camino están en buenas manos. – sonrió. —¿No lo crees?
—¡Por supuesto, dattebayo! – Boruto despertó de golpe por ello, soltando un quejido molesto. —¡Oh, lo siento, Boruto-chan! – lo alzó un poco.
—¡No, yo volar! – respondió una vez espabilado.
—Ahora no, Boruto. – dijo Naruto.
—No. – Hiashi se levantó lentamente, todavía dolorido.
—Hiashi-san, no se levante todavía.
—Debo hacerlo. – su cara reflejaba paz. —Boruto-chan, ven con el abuelo.
—¡Sí! – rápidamente se giró hacia el viejo Hyuga, una vez en sus brazos el hombre lo alzó sobre su cabeza y comenzó a moverlo con ligereza.
—¡Mira, Boruto, puedes volar! – celebró, dejando a Naruto sorprendido y a Boruto lleno de risas. —¿Lo estoy haciendo bien, no?
—Sí. – Naruto sonrió. —¡Mira, mira Boruto, papá y el abuelo te harán alcanzar las nubes! – le estiró las manos a Boruto y el niño rió.
—¡Nubes, nubes! – repitió.
—Tu turno, Naruto.
—Claro. – le pasó al pequeño y lo hizo girar haciendo ruidos raros con la boca. —¡Vuela, vuela! – continuó su padre.
—¡Oto-san bueno, Ji-chan bueno! – gritó el niño, lleno de carcajadas. Los hombres se miraron unos segundos y rieron.
—Tienes razón, Boruto, papá y Hiashi-san no son tan diferentes.
—No lo creo así. – contribuyó Hiashi, desconcertando a Naruto. —Claro que lo somos, Naruto, aun. Eres un buen hombre y yo, no soy más que un padre que se alegra de ver a sus hijas felices, pronto serás como yo. Por eso… seguimos siendo diferentes.
—Entiendo. ¿Le digo una cosa, Hiashi-san?
—¿Umm?
—Deseo que nuestro próximo bebé sea una niña… y será tan hermosa como Hinata. – el patriarca sonrió con ternura.
—Lo será. – le puso su mano sobre su hombro. —A mí también me gustaría.
—¿No te gustaría, Boruto? – lo dejó en el suelo, mientras el pequeño ya estaba más tranquilo. —Tendrías una hermanita.
—¡Sí, hermanita!
—¡Ese es mi muchacho! – le acarició la cabeza.
—¡Oto-san, Naruto-kun! – la voz de Hinata adornó la casa y Boruto enloqueció al escuchar a su madre.
—¡Mamá! – se levantó en sus piecitos y corrió hasta ella. La chica abrió la puerta para ser recibida por su retoño.
—¡Boruto-chan! – lo alzó con amor y le besó en la frente. —¿Te divertiste con tu padre y el abuelo hoy?
—¡Sí, oto-san y ji-chan vuelan! – gritó alzando sus bracitos.
—¿Eh? – no entendió eso pero aun así sonrió. —Bueno, me alegra que te divirtieras. – se acercó a su marido. —Hola, Naruto-kun.
—¿Cómo te fue? ¿No tuviste ningún problema?
—Oh, no, se trataba de dar una clase en una escuela para niños pequeños.
—¿Y eso era una misión? – su mujer se encogió de hombros. —Bien, no importa. – le tocó su vientre. —¿Te divertiste como mamá? – Hinata rió, como si le hiciera cosquillas.
—Oto-san, ¿Cómo te sientes? Veo que ya estás de pie.
—Mucho mejor, hija. – se acercó a ella y ante la mirada de los esposos el hombre le acarició la cabeza y le besó en la sien. Hinata se sonrojó rápidamente.
—Me alegro. – le regresó una mirada amorosa.
—No será necesario que cuiden de mí, pueden retirarse a su casa y convivir juntos.
—¿Estás seguro?
—Absolutamente. – se dirigió a Naruto. —Nos veremos otro día.
—Hai. – la chica observó que la tensión usual entre su padre y esposo había desaparecido por completo.
—¿Me he perdido de algo?
—No lo creo. – Naruto jugueteó con Boruto.
Así, la familia se despidió del patriarca Hinata se adelantó y cuando Naruto estaba a punto de salir, Hiashi lo detuvo y le dijo algo en el oído, Naruto abrió los ojos sorprendido y después asintió para despedirse alegre.
—¿Qué te dijo? – cuestionó curiosa la chica.
—Tan sólo se despidió.
—Está bien. – le tomó la mano y él entrelazó sus dedos. —¿Qué quieres para cenar?
—¡Ramen!
—¡Ramen! – Boruto lo acompañó.
—De acuerdo, de acuerdo, ramen será.
…
Por cierto, Naruto… no es necesario que sigas llamándose Hiashi-san, suegro o papá está bien.
…
Fin.
¡Al final podrá llamarlo papito suegro! Je, je, je. Espero que les haya gustado nos leemos.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
