Vaya que tenía mucho tiempo que no actualizaba Sun and Moon y en realidad no hay ninguna excusa que pueda darles al respecto, sólo contratiempos y más contratiempos, además de que me perdí precipitadamente en el hilo de la historia de mi otro Fic, No Regrets, en verdad lo siento y les pido una disculpa. Así pues espero que lo gocen, pues sé que era algo que muchos esperaban, ahora sin más preámbulos:
-Girasol-
Hinata exclamó cansada cuando Boruto lanzó al suelo la cucharilla con la cual intentaba alimentarlo. Estaba sentado en su silla y desde la distancia el utensilio de metal se veía tan lejano que la mujer de cabellos negros se cansaba de sólo pensar el hecho de ir por él para continuar con el ritual de alimentación de su pequeño tornillo. Resignada se alzó cargando consigo su enorme vientre y caminó lentamente hasta el lavatrastos, en donde tenía más cucharas. Tomó una y trastabilló un poco para después sentarse frente a Bolt, quien se negaba a comer y reía alegremente.
—Boruto-chan, por favor, no me obligues a buscar la cuchara otra vez. – no era la primera ocasión que lo hacía, eso era cierto y Hinata respiraba agobiada ante la idea de que se repitiese.
—¡Oka-san quiero avión! – gritó emocionado y Hinata sonrió en respuesta.
—Está bien, está bien… - tomó un poco de comida y la alzó un poco, haciendo ruidos con la garganta emulando un avión. —¡Aquí viene, Boruto-chan, abre bien la boca! Di ah…- el niño reacción mientras respondía positivamente y comía tranquilo. —¿Esta bueno? – el pequeño asintió mientras saboreaba y pasaba su lengua por sus labios.
—¡Más, oka-san, más! – solicitó.
—De acuerdo… - tomó más comida y cuando estaba a punto de darle el próximo bocado Hinata entrecerró los ojos al momento que su vientre se tornaba sumamente duro y esta vez, a diferencia que otras ocasiones la contracción era dolorosa. Jadeó y se quedó con la cuchara al aire, sin hacer más fiesta para que su primogénito comiera.
—¡Avión, oka-san, avión! – insistió Boruto, acababa de cumplir los dos años y aún gustaba de los mimos de su madre, mas esta vez era diferente, la princesa del clan Hyuga se veía preocupada y dolorida.
—Sí, ya va… - no quería alarmarse, ya había tenido dolores antes, contracciones de entrenamiento, como solía llamarlas, pero en esta ocasión, había sido significativamente más dolorosa.
—¡Hambre, oka-san, hambre! – bufó el chico, sin comprender que no era el mejor momento para elevar la voz, pues su madre apenas estaba recuperándose de la contracción.
—Sí, Boruto, ya va. – sin más por el momento se dedicó a continuar con la comida. Pero, en el resto del proceso volvió a sentirlas más y más seguido. Hacía una semana que sentía que su vientre se ponía duro, pero en dichas ocasiones nunca tuvo dolor, en esta ocasión era diferente, sentía como si fuera un globo a punto de estallar y eso la desconcertó.
Miró a su primogénito y frunció el ceño, necesitaba encargar a Boruto con alguien y después llamar a Naruto, para que la llevase a un hospital, pues de lo contrario ella terminaría cayendo a bruces a la primera muestra de dolor.
—Boruto, ven. – le extendió los brazos y el niño respondió automáticamente. Hinata lo cargó pero resintió dicha acción casi inmediatamente, la cadera y su espalda lumbar le dolieron a horrores. Lo más normal, considerando que Boruto casi pesaba los 18 kg, por lo que caminar con él a cuestas en dicho estado sería peligroso. Hinata buscó alrededor y encontró un teléfono, una nueva forma de tecnología que había llegado a Konoha y era muy popular. Inmediatamente marcó el número de la torre del Hokage, respondiendo al otro lado nada más y nada menos que el susodicho.
—¿Si, diga? – sonaba atareado y fatigado, para variar.
—Kakashi-sensei. – jadeó Hinata, aliviada por haber contestado tan rápido.
—¡Ah, Hinata! – el hombre suavizó su voz con gustoso. —¿Cómo estás?
—No muy bien. – confesó, ligeramente encorvada tras reprimir un gemido doloroso.
—¿Todo en orden? – el veterano se sintió extrañado.
—Necesito comunicarme con Naruto, es urgente. – no quería sonar alarmada, pero supuso que sería buena idea agregar un poco de apuro al asunto.
—Vino por la mañana pero le asigné una misión. No tardará mucho creo, el problema en sí es la distancia. – la escuchó sollozar. —¿Hinata?
—Kakashi-sensei… - hubo una pausa alarmante y el Hokage se levantó de su escritorio instintivamente. —Voy a dar a luz. – confesó y el hijo del Colmillo Blanco casi da un salto ante esto.
—¡¿A luz?! ¡¿Ahora?! – miró a todos lados y Shizune, quien había entrado en silencio con una pila de papeles retrocedió perdiendo el equilibrio ante el grito de su líder. —¡No te preocupes, me comunicaré con él! ¡Voy por ti!
—No es nece… - lo escuchó colgar. Hinata suspiró, tomó el directorio y se sentó u rato para llamar a Hanabi, estaba segura que ella no entraría en pánico como su maestro.
Shizune se levantó con todos los papeles en sus brazos y vio como Kakashi se apresuraba por la ventana.
—¡¿A dónde cree que va?!
—¡No puedo hablar ahora…! – se lanzó por ahí e invocó en el acto a Pakkun. Explicándole la situación el perro asintió y emprendió su búsqueda.
—No te preocupes, Kakashi, traeré a Naruto en menos de lo que canta un gallo. – avanzó por los techos a una velocidad considerable, Kakashi asintió mientras aceleraba el paso, el veterano y Hokage fue visto por las personas con desconcierto, incluso Rock Lee, quien paseaba con Gai a unas cuantas cuadras exclamaron emocionados al verlo prácticamente volar entre los tejados.
—Ah, maldito Kakashi. – expresó el sensei del equipo Gai. —Pero estoy seguro que si aún continuara en forma lo vencería.
—¡Hasta con los ojos cerrados, sensei! – exclamó orgulloso Lee.
—¡Eso Lee, ese es el espíritu! – coreó emocionado, mientras aceleraba la silla a una velocidad envidiable. —¡Tal vez mis piernas estén lastimadas, pero nadie me gana con los brazos!
—¡Voy detrás de usted, Gai-sensei!
Kakashi, por su parte llegó a la casa de Naruto tan rápido como pudo, Hinata estaba afuera esperándolo, probablemente a él, y tan rápido como llegó la observó ligeramente inclinada por los dolores.
—Estoy aquí, Hinata. – la tomó en brazos. —¡Te llevaré al hospital!
—Espere, Kakashi-sensei no… - no logró decir lo otro, sino que una nueva contracción la detuvo.
—Vamos, no perdamos tiempo… - se preparó para saltar cuando sintió algo cálido y húmedo en la ropa, el hombre miró su pantalón, mojado y caliente la esposa de Uzumaki estaba totalmente roja.
—Quería decírselo, he roto aguas apenas. – tragó saliva, Hatake asintió también sonrojado.
—¿Eso es bueno?
—No lo creo… - Hinata volvió a encogerse, las contracciones aumentaron.
—¡No puedo perder tiempo! – pareciera que los años no le hubiesen valido de nada el Copy Ninja dio un salto envidiable que lo alzó por los aires sorprendentemente rápido. —¡Llegaremos rápido, Hinata no te preocupes!
—Pero Kakashi-sensei… - la joven madre no logró seguir hablando dado que los saltos del Hokage eran tan repentinos que sentía que su cuerpo rebotaba completamente y tras la sacudidas las contracciones sumaban un contrapunto especial a su labor.
Finalmente Kakashi llegó al hospital y para suerte de ambos, Sakura se encontraba recibiendo la guardia. La puerta de urgencias se abrió violentamente y la médico ninja casi se coloca en guardia para golpear al incauto que había hecho tal tontería, pero entonces se percató que era Kakashi y que cargaba una verdadera urgencia, pues el parto de la chica estaba en pleno proceso.
—Hinata, ¿Desde cuándo tuviste dolores?
—Desde hoy, he roto aguas. – comentó.
—Bien, la pasaremos a la sala de labor, preparen todo para el nacimiento.
—Espere, Sakura-san, antes de que me internen, ¿No está aquí Hanabi o Naruto?
—Ya vendrán después, Hinata, vamos. – la adentraron a la sala aún con sus protestas y Kakashi logró respirar finalmente tranquilo para después sentarse en la sala de espera. Recargó la nuca en el respaldo de la silla para voltear a su derecha y encontrarse con un niño pequeño que comía una paleta a su lado, él sonrió debajo de la máscara y le saludó un poco con la mano, el niño, por otro lado le dedicó una mirada significativa y después bajo el rosto para ubicar sus pantalones.
—Te measte. – le dijo entonces y Kakashi se sonrojó al darse cuenta del estado de su ropa.
—No, pequeño yo…
—¡Te measte! – gritó más fuerte y las personas lo voltearon a ver.
—N-No es lo que parece es que…
—Touma-chan… - la madre de la criatura lo tomó de los hombros. —Deja en paz al señor… Discúlpelo, es que… no resiste a decir la verdad.
—¿Qué? – no podía estar más apenado.
Entonces la puerta volvió a abrirse repentinamente llegando casi como una brizna de viento Uzumaki Naruto.
—¡Hinata! – gritó a todo pulmón buscando a su esposa.
—Naruto, has llegado muy rápido.
—Oh, Kakashi-sensei. – se acercó y tomó una gran bocanada de aire. Afortunadamente Pakkun lo había encontrado cerca de Konoha y al saber la buena nueva no dudó en utilizar hasta el chakra de Kurama para adelantarse al resto de su equipo.
—Hinata está dentro, Sakura se está haciendo cargo ahora.
—¿Cómo esta ella? ¿Está bien? – se apresuró a preguntar desesperado.
—Acaba de llegar, no me han dicho nada pero…
—Quiero entrar con ella, la vez pasada no pude pero… - tragó saliva.
—Debes tener paciencia, Naruto. – Kakashi ahora había cambiado su semblante a uno más sabio; pero claro era porque no se trataba de su esposa.
—Si pero… - entonces se escuchó un gritó tremendamente fuerte desde la sala de partos. Naruto se mordió la uñas asustado y Kakashi le respondió con la misma cara.
—¡Hinata! – gritó por fuerza pero una de las enfermeras lo acallo.
Se escuchó otro grito y la voz de Sakura después de ello mucho movimiento y finalmente un silencio súbito, para entonces Naruto ya no tenía más uñas que morder.
—Se ha quedado todo muy silencioso de repente. – opinó Hatake, Naruto estaba pálido. Pasaron unos minutos más y Sakura emergió sonriente.
—¡Sakura-chan, como está…!
—Muy bien. – le colocó una mano en el hombro. —Felicidades Naruto, es una hermosa niña.
—¡¿Una niña?! – sus ojos resplandecieron. —¿Puedo entrar a verla?
—Espera unos minutos, ahora terminaremos con Hinata.
—Sí, sí, está bien. – estaba sumamente contento.
—Felicitaciones, Naruto. – Kakashi sonrió a su lado.
—¡Naruto! – antes de que ambos hombre iniciaran una conversación Hanabi entró por la puerta saludando.
—Ah, Hanabi. – la saludó fraternalmente.
—Hinata me llamó, ¿Cómo está ella? Pensé que no estabas en Konoha.
—Sí, acabo de llegar… - entonces la abrazó efusivo. —Hanabi, es una niña, una preciosa niña. – parloteó contento el rubio.
—¿Enserio? – Hanabi se sonrojó y sonrió. —¡Es increíble! Ahora Boruto será hermano mayor y podrá cuidar a su hermanita, como Hinata lo hizo conmigo.
—¡Lo sé! – Naruto rio contento y las carcajadas se expandieron hasta que lentamente se silenciaron.
—Oye, Naruto… - Hanabi miró a todos lados. —¿En dónde está Boruto? – El de ojos azules se quedó completamente tieso y miró a Kakashi sudoroso.
—Kakashi-sensei… ¿Boruto no estaba…?
—No yo… llegué por Hinata y… - entonces una gota de sudor corrió por su cien.
—¿Qué? – Naruto continuaba expectante.
—Creo… que lo olvidé…
—¡¿Qué?! – Naruto estalló pávido. —¿Lo dejaste solo en casa?
—Bueno… yo…
—¿De qué están hablando? – la hermana menor de Hinata comenzó a ponerse pálida también. —¿Entonces no está aquí con ustedes?
—No, claro que no. – Naruto pasó de eufórico a histérico.
—Es que él no estaba en vuestra casa, fui primero ahí pero como no lo encontré entonces… pensé que… - los tres se miraron con un arco azul entre los parpados, el color había desaparecido por completo de sus rostros.
—¡Oh, por Dios! – Naruto gritó asustado. —Debe estar caminando solo por ahí… - se iba a preparar para ir a buscarlo.
—¡Iremos a buscarlo! – rápidamente Hanabi se apresuró a salir.
—Kakashi-sensei usted…
—Naruto. – Sakura lo interrumpió, como ya se estaba haciendo costumbre en ese momento. —Hinata quiere verte. – le sonrió pero el rostro perturbado de su compañero la desconcertó. —¿Sucede algo malo?
—No, no, ya voy, Sakura-chan… - rio nervioso y dirigió su mirada a su sensei y cuñada. —¿Qué demonios voy a decirle?
—No desesperes… - Kakashi lo consoló. —Nosotros lo buscaremos, tú ve con tu esposa.
—Pero y sí algo malo…
—Descuida, cuñado, nosotros lo encontraremos antes de que algo más pase. – el Hokage y la heredera Hyuga asintieron con decisión. Así que con paso decidido emergieron del hospital cuan feroces ninjas al acecho. —Con el Byakugan será mucho más sencillo. – comentó Hanabi y Kakashi estuvo de acuerdo.
Pero lo que ellos no sabían es que a un paso confiado y sin prisas caminaba por la acera, de forma graciosa y tambaleante un pequeño Uzumaki Boruto, quien por su parte parecía más distraído alrededor de lo habitual, pero era como si sus piecitos lo guiasen a algún lugar en específico. Caminaba por la calle central y entonces sintió una corriente de aire que lo dejaba caer al suelo de un solo impulso.
—¿Qué ha sido eso? – cuestionó una anciana.
—Creo que era el Hokage… -contestó un hombre.
—¿Ah sí?
—Sí y con razón corría tan desesperado… seguro se estaba meando, lástima que no alcanzó a llegar a tiempo… - musitó. Boruto por su parte había caído en una canasta llena de flores y lloriqueo un poco con frustración intentando levantarse. Estiró sus manitas y tomó una de las esquinas, logró enderezarse y ya de pie se sacudió un poco, entonces avanzó un poco más para después detenerse en la florería Yamanaka.
Afuera exhibían un precioso ramo de girasoles, esas eran, sin su pequeña memoria no fallaba las flores que solía colocar en casa su madre. Se puso de puntillas, intentando tomar una del florero que estaba en el suelo. Finalmente logró tomar uno y contento la conservó pulcramente para reiniciar su camino.
—Ino, ¿Puedes contar los girasoles otra vez? El mensajero llegara por el pedido en unos minutos. – era la voz de su madre y la kunoichi, quien por cierto estaba contabilizando algunas cosa en el mostrador correspondió ligeramente con un gesto.
—Qué extraño…- mencionó para sí misma. —Estaba segura que eran diez. Ahora son nueve. – se encogió de hombros.
—¡Boruto-chan! – gritó Kakashi a todo pulmón en el parque. —¡Boruto! – caminó entre los arbustos y adentró las manos en estos separándolos. —Oh, vamos, ¿En dónde pudo haberse metido? ¡Boru…! – se detuvo cuando sintió una dolorosa punzada en una de sus manos. Entonces miró al frente y tragó saliva, acababa de toparse con un enjambre. —Esto no puede ponerse peor.
—¡Bola va! – gritó un adolescente y Kakashi recibió el pelotazo en la nuca lanzándolo de golpe contra la colmena. Ese día el Hokage se lamentaría y no precisamente de la culpa.
Hanabi, por otro lado estaba más que frustrada, pues tras usar sin parar su técnica familiar había fallado estrepitosamente. ¿Cómo era posible que ello le pasara a ella? ¿Cómo podía ser que estuviera pasando penurias porque su travieso sobrino había escapado, su descuidado Hokage lo había olvidado y su cuñado no tenía ni idea de qué pasaba?
—¡Maldita sea! – gruñó. —¡Uzumaki Boruto, será mejor que aparezcas! – pateó la tierra irritada y la tragedia volvió a amedrentar su suerte. —Esto no puede… ser cierto… - el olor al excremento del canino que acababa de pisa era una muestra de ello y como si el mundo quisiera burlarse un poco más la gracia de un ave cayó sobre su ropa.
…
Naruto miró lleno de ternura a su pequeña hija y sonrió como un bobo al verla moverse entre los brazos de su madre. Tocaba su tierna mejilla delicadamente con su dedo y resistía el inmenso impulso de llorar frente a su esposa.
—¿Quieres cargarla? – preguntó Hinata, enternecida por la escena de padre e hija.
—Oh, no, no, no, tengo las manos muy sucias. – cuestionó tembloroso.
—No te preocupes. – volvió a ofrecérsela y finalmente aceptó. La tomó lentamente entre sus brazos para volver a sonreír y soltar una carcajada cargada de ternura, miró a Hinata nuevamente y después a su hija.
—Tiene tu cabello. – agregó tragando saliva, aún nervioso.
—Lo sé. – ella sonrió. —También tiene tus bigotes.
—Oh, es verdad… - le acarició las mejillas con la nariz, y se sentó al lado de su esposa para recargarse en la camilla de la misma y compartir aquel momento tan íntimo y feliz.
—Boruto estará muy ansioso de conocerla.- dijo la mujer que para sorpresa de ella Naruto pareció tensarse repentinamente.
—Ah, si… definitivamente… - desvió su vista a su hija, quien acababa de dormirse en sus brazo. —A qué es muy hermosa.
—Lo es, sí. – Hinata le dedicó una mirada llena de dulzura, pero ello no la hizo cambiar de tema. —Naruto-kun, ¿Boruto estaba contigo?
—Eh… - tardó unos segundos en responder. —Sí, él…
—¿Qué pasa? – no era fácil engañarla y Hinata al verlo titubear se sintió ansiosa de repente. —¿Está aquí contigo, no? Cuando Kakashi-sensei me recogió se fue tan rápido que… ¿Él está aquí, verdad? – ahora ella se llenaba de ansiedad.
—Sí, descuida. – pero Naruto no sabía cómo mentirle a su esposa y el sudor apareció rápidamente en su rostro.
—¿Na-Naruto-kun? – Hinata frunció el ceño.
—Oh, pero miren que detalle. – Sakura entró a la sala repentinamente y con un tono alegre. Era como si la Uchiha estuviese ese día ahí para interrumpir en medio de sus nervios, pero Naruto le agradeció infinitamente y más cuando vio en los brazos de su amiga al pequeño revoltoso que más amaba.
—¡Boruto! – gritó Naruto emocionado e ilusionado que no midió su volumen y la pequeña Himawari despertó asustada, llorando por el escándalo. —¡Oh, oh, perdóname, pequeña! – la meció desesperado y Hinata estiró los brazos, sabía cómo se ponía su marido cuando los bebés lloraban. Con tan sólo sentir el calor de su madre la criatura lentamente guardó silencio hasta relajarse otra vez.
—El pequeño Boruto le ha traído un regalo a su hermanita. – comentó Sakura mientras el pequeño niño mostraba en sus manos una flor de girasol ligeramente maltratada.
—Oh, es preciosa, mi amor. – Hinata permitió que Sakura lo acercara y le besó en la frente.
—Lo encontré obedientemente sentado en la sala de espera, supongo que era injusto que esperara hasta que Naruto fuese por él. – la pelirrosa entregó al niño a su padre. —Bien, los dejaré solos.
—Pequeño torbellino. – Naruto le acarició los cabellos a la vez que los besaba.
—¿Estaba afuera esperando todo el tiempo? Menos mal, por un momento pensé que lo habías olvidado en alguna parte. – dijo Hinata, aliviada en realidad.
—Sí, sí… - Naruto rio nuevamente. —Y además mira el bonito regalo que trajo a su hermanita, un girasol.
—Un girasol… - Hinata apreció la flor un momento y después miró a su hija. —Girasol, Himawari. Me gusta. – le besó en la coronilla.
—¿Cómo? – su esposo la observó sin entender.
—Himawari, quiero que sea su nombre, ¿No te agrada, anata?
—Himawari, Hima-chan… - se sonrojó y volvió a sonreír cual bobo. —Es perfecto. ¿Te gusta Boruto? – el bebé no despegaba la vista de la pequeña y sonrió enérgicamente para después aplaudir.
—Hima, Hima… Mamá, Hima-chan. – aludió Boruto mientras sonreía y ella asintió, complacida.
—Así es, Boruto, ella es tu hermana, Uzumaki Himawari. Deberás cuidarla mucho y enseñarle a hacer el bien, ¿Puedo contar contigo?
—Sí. – asintió inflando el pecho. —Yo la cuido.
—Así me gusta. – Naruto también lo felicitó.
—Chicos. – Sakura entró nuevamente. —Debemos trasladar a Hinata a su habitación, después podrás verla con más calma, por ahora necesitamos despejar la sala de labor.
—De acuerdo. – Naruto se levantó con su hijo en brazos.
—¡No, mamá, Hima-chan! – protestó Boruto y Naruto simplemente sonrió.
—No te preocupes, Boruto, volveremos a verlas en un ratito, tranquilo.
—¿En un ratito?
—Sí, pero ahora vámonos porque sabes cómo se pone tu tía Sakura cuando se enoja.
—Sí, sí, vámonos.
—Naruto, ¿Qué le acabas de decir a tu hijo? – su compañera frunció el ceño y se cruzó de brazos.
—¡Que ya vamos afuera! – y se apresuró a salir.
…
—¿Lo encontraste? – Kakashi miró a Hanabi preocupado y ella al verlo gritó asustada y retrocedió.
—Hokage-sama, ¿Qué le pasó? – tragó saliva al verlo lleno de marchas y bulas.
—Tuve un problemita en el parque… ¿Y a ti? ¿Qué es ese olor?
—Ah, yo… también tuve un problemita con la fauna.
—¿Qué haremos? Lo único que me queda es movilizar algunos ninjas para buscar a ese niño, pero primero debemos decírselo a Naruto, estoy seguro que si nos ayuda con su modo senin… - las palabras murieron tras la máscara de Naruto al entrar por la puerta del hospital y ver a Naruto con su hijo en brazos.
—¡Ah, Kakashi-sensei! – se les acercó contento. —Boruto apareció, gracia por dejarlo en… - se calló estrepitosamente. —¿Qué rayos les pasó? – los dos adultos miraron a Boruto con algo de rabia y después suspiraron derrotados.
—Ya estoy muy viejo para esto…
—Vaya sobrinito, realmente es tu hijo, Naruto. – protestó Hanabi. —Se acabó, iré a tomar un baño y después visitaré a Hinata, salúdala de mi parte. – la menor de los Hyuga salió de ahí sumamente agotada.
—No estoy entendiendo mucho que está pasando pero… - miró a su sensei. —Gracias por buscar a Boruto.
—De nada. – desvió la vista, humillado. Ese niño lo había burlado enserio, pero para empezar fue su error desde el principio el dejarlo olvidado en la entrada de la residencia Uzumaki.
—Conocí a mi hija, es preciosa, le llamaremos Himawari.
—Que bien. – pero a pesar de contentarse por su alumno lucía muy agotado.
—Sí, si quiere después puede conocerla…
—Claro… - se sentó en una silla de platico, intentando relajarse y resistir la tentación de rascarse las picaduras de abeja. Naruto asintió y le hizo otro comentario, después de eso la puerta volvió a abrirse abruptamente para variar.
—¡Aquí está! – Shizune llegó apresurada donde él. —¡Se escapó del trabajo y dejó muchos formatos sin terminar! ¿Pero que diantres le pasó?
—No preguntes Shizune, no preguntes. – entonces escuchó una pequeña carcajada de Boruto y tras fruncir el ceño después el también soltó una pequeña risa. —No cabe duda, eres el hijo de tu padre… pequeño tornado. – le acarició la cabeza y se levantó finalmente derrotado. —Bien, vamos a donde nos quedamos.
—¿No quiere mejor tomar un baño? – comentó Shizune.
—Sí, eso definitivamente suena mucho mejor…
…
—Por cierto, Kakashi-sensei, no quería comentarle esto pero… ¿Sabía que mojó sus pantalones?
—…Ya estoy viejo para esto.
…
Fin.
Ese Boruto es todo un loquillo, jijiji. Espero que lo haya disfrutado, a mi me pareció buena idea agregar un poco de comedia a todo esto y claro, además de nuestra buena dosis de dulzura cortesía de esta linda pareja, ¡NaruHina Canon!
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
