Sentada en una seductora pose frente a su tocador, una hermosa y pequeña mujer de porcelana contemplaba su reflejo níveo.
- A veces pienso que soy sólo una cara bonita.- suspiró, volviéndose hacia mí.
- Por qué lo piensas?- le pregunté con dulzura. Me hería que pensara así, y quería gritarle que no lo hiciera. Pero el amor me había enseñado a escuchar y a tener paciencia.
- So..sólo soy... interesante por fuera. - murmuró con dolor en su voz.- Por dentro, en cambio...
- ...eres dulce, alegre, explosiva, valiente, artística, inteligente, considerada, festiva...
- ...Y vacía. Tengo un gran hueco en el cerebro... hasta mi corazón perdió algo.
- Cariño, eso no es cierto. Eres la persona más lista que jamás conocí.
- No me refiero a eso. - me corrigió, una pequeña sonrisa despuntando en sus labios.
- Lo sé, tesoro mío- le dije tomándola en brazos.- Pero por qué importan tanto los malos recuerdos cuando tienes a los más felices contigo?
