El aroma de vainilla de los pastelitos solía sacarle una sonrisa, pero ahora sólo conseguía hacerla llorar. Eran los mismos que habían compartido en su primera cita. Cuando eran jóvenes y nada les impedía estar juntos. Suspiró. Rindiéndose, sacó el teléfono y compuso su número.
- Hola?
Era su voz. Quería decirle... Todo lo que sentía: ése vacío en su vida, ésa sensación de nostalgia que la sumergía con cada familiaridad. Ésas noches de lágrimas, ésas tardes desperdiciadas en su cocina, recordando, mientras sus compañeros salían a divertirse. Eso en lo que se había convertido su vida sin las motocicletas y las películas de artes marciales, sin las risas y los pastelitos de vainilla. Sin él y su cálida y amorosa compañía.
- Hola? Quién es?
Pero no pudo. Estaba petrificada de dolor.
Nunca había comprendido la reacción de Bella al irse Edward. Ahora la entendía: quería soltar el teléfono y llorar el resto de su vida.
